Albus llevaba toda la tarde intentando concentrarse en sus apuntes, pero le estaba resultando muy difícil. Alice estaba justo frente a él y, mientras estudiaba, se abrochaba y desabrochaba el primer botón de su camisa celeste, dejando a la vista su sujetador blanco con florecitas rosas. Sabía que no lo estaba haciendo a propósito – probablemente ni siquiera era consciente de que estaba haciendo aquello, debía ser algún movimiento nervioso –, pero no podía apartar la mirada de su escote. Odiaba admitir aquello, pero llevaba tanto tiempo sin tener nada con nadie que estaba a punto de volverse loco. Y que Alice estuviera enseñándole su escote de aquella manera no ayudaba precisamente.

- Oye, Alice. – La llamó en un susurro para no atraer la mirada del resto de chicos que estudiaban en la biblioteca.

- ¿Sí?

La castaña levantó la vista de su libro y le dedicó una pequeña sonrisa.

- ¿Cómo vas?

- Bien, solo tengo que repasarme un par de temas. – Contestó. – ¿Y tú?

- Bueno, no me concentro mucho esta tarde.

- Intenta cambiar de asignatura, a lo mejor te viene bien. – Sugirió ella, sin imaginarse que los problemas de concentración del chico tenían que ver con ella.

- Sí, eso haré. – Albus asintió y tomó una bocanada de aire. – Por cierto, ¿irás a la fiesta de Navidad del próximo sábado?

- Sí, creo que sí. – Se encogió de hombros. – Mi último examen es el viernes por la tarde, pero no quiero perderme la obra así que supongo que aprovecharé y saldré esa noche y me iré a casa el domingo. ¿Por qué?

- Por si querías venir conmigo.

- Oh, claro. Eso sería genial. – Aceptó ella con una sonrisa. – Ya sabes que me encanta salir contigo, aunque ya sabes que lo de volver muy tarde…

- Te dejaré sana y salva en tu residencia, no te preocupes por eso.

- Pues entonces genial. Estoy segura de que la fiesta nos vendrá genial después de tantos exámenes.

- Seguro que sí. – Él asintió. – ¿Vas a quedarte mucho más?

- No más de media hora.

- Genial, entonces te espero y vuelvo a leerme esto.

"O a intentarlo", pensó.

Ambos volvieron a sus respectivas lecturas y la chica empezó de nuevo a jugar con el botón de camisa.

- Alice, si sigues haciendo eso, mi hermano suspenderá todas las asignaturas.

Los dos se giraron al escuchar la voz de Lily y la chica no pudo evitar ponerse completamente roja y apartar la mano de su camisa.

- Perdón, no me había dado cuenta. – Murmuró.

- Oh, no es tu culpa. Él tenía la vista donde no debía.

- ¿Qué quieres, Lils? – Albus puso los ojos en blanco.

- Nada. Es que os he visto y he dicho "oye voy a saludar a mi hermano y mi compañera de habitación", ¿o acaso no puedo?

- Claro que puedes, pero es raro verte por aquí.

- Me ofendes, Al. Lo dices como si yo no estudiara y Química es una carrera muy exigente.

- No te he visto estudiar mucha química, solo bastante anatomía, durante este semestre.

Lily lo miró ofendida y se cruzó de brazos.

- ¿Disculpa? Dios, eres gilipollas, Albus.

- Ni que hubiera dicho alguna mentira. – Le miró de forma burlona y tuvo que contener una carcajada. – Hermanita, cuando tú vas, yo vuelvo. No puedes decirme nada sin que yo te lo devuelva.

- Que te den. – Puso los ojos en blanco antes de girarse hacia la castaña. – Alice, ¿terminas pronto?

- Sí, ¿por qué?

- Porque voy a ir a comprar y no quiero ir sola. – Suspiró. – No me queda café, ni galletas de chocolate, ni patatas fritas.

- ¿Esa es tu dieta en exámenes?

- ¿Estoy hablando contigo, Albus? – Puso los ojos en blanco. – ¿Vienes conmigo entonces o no?

- Claro. – Alice asintió antes de mirar al chico. – ¿Te importa si lo dejamos ya?

- Para nada. – Se encogió de hombros y sonrió levemente. – La verdad es que estoy bastante cansado.

- Genial.

Ambos recogieron sus cosas rápidamente y los tres salieron en seguida de la biblioteca.

- ¿Nos vemos mañana a la misma hora?

- Claro, Albus. – La chica sonrió. – Y recuerda lo de la fiesta.

- No podría olvidarlo aunque quisiera, créeme.

- ¿Qué fiesta? – Lily frunció el ceño.

- La de Navidad, vamos a ir juntos. – Le explicó su amiga con tranquilidad antes de agarrarse a su brazo. – ¿Nos vamos, Lils?

- Sí, claro.

Las dos se alejaron tras dedicarle una última sonrisa al chico. Solo cuando estuvieron a una distancia prudencial, se atrevió la pelirroja a hablar.

- ¿A qué mierda estáis jugando mi hermano y tú?

- A nada.

- No soy idiota. – Bufó levemente. – Alice, ya te dije una vez que mi hermano era un capullo y que no te convenía acercarte a él, ¿por qué no me has hecho caso?

- Albus es simpático, me cae bien, nos reímos juntos y siempre cuida de mí en las fiestas y me acompaña de vuelta a la residencia.

- Solo porque quiere acostarse contigo. – Insistió.

- Lily, soy mayorcita, sé lo que estoy haciendo. No tienes que preocuparte por mí. – Suspiró. – Además, tu hermano no es tan malo como tú crees.

- Oh, venga ya. Le conozco a la perfección, ambos somos iguales.

- Bueno, pues entonces deja que juegue y me queme. – La miró fijamente y le dedicó una pequeña sonrisa. – No te preocupes, en serio.

La pelirroja asintió finalmente, con resignación. A lo mejor Alice tenía razón y había llegado el momento de comenzar a fiar en su criterio y en las buenas intenciones de Albus.


Scorpius entró en la casa de las Delta Gamma en silencio, intentando no hacer ruido. Era sábado, los exámenes habían terminado el día anterior y él tenía una sorpresa preparada para Rose. Solo esperaba que no le molestara que fuera a buscarla tan temprano.

Subió hasta su dormitorio y pegó en la puerta un par de veces, tratando de despertarla con la máxima suavidad posible.

- ¿Pero qué mierda pasa?

Sonrió levemente al escuchar la voz de Lizzy y una respuesta ininteligible de Rose.

- Chicas, soy yo. Scorpius.

La pelirroja no tardó en abrir al escucharlo. Lo miró con el ceño fruncido y miró la hora en su reloj.

- Scorp, son las cinco de la mañana, ¿qué estás haciendo aquí?

- Tengo una sorpresa para ti. – Se encogió de hombros. – Te he preparado una cosa.

- ¿En serio?

- ¿Y no podías dársela a una hora normal? – Lizzy bufó y se tapó la cabeza con la almohada. – ¡Tenéis un puto problema!

- ¿Mal despertar?

- No, es que el director de la obra les ha prohibido a James y ella acostarse por el bien de la obra así que llevan casi una semana sin hacerlo y está subiéndose por las paredes. – Bajó el tono de voz. – Se pone de muy mal humor cuando tiene que conseguir los orgasmos por su cuenta.

- ¡Rose!

- ¿Qué? – Se giró hacia ella y le guiñó el ojo. – Solo digo la verdad.

- Bueno, pues dejadme tranquila e idos con vuestras cosas de enamorados pastelosos. – Volvió a bufar. – Odio a las parejitas felices.

Los dos intercambiaron una rápida mirada y pusieron los ojos en blanco, pero decidieron que lo mejor sería no recordarle que justo eso era lo que James y ella parecían.

- Bueno, entonces, ¿tienes una sorpresa?

- Oh, sí. Vístete, vamos a un sitio.

- ¿Dónde?

- Ya lo verás, solo te digo que tenemos que ir en coche y que son muchas horas así que tenemos que salir ya si queremos estar de vuelta para esta noche.

- ¿En serio? – Enarcó una ceja, sorprendida. – ¿Vamos a la otra punta del Estado?

- No seas impaciente. – El rubio lanzó una carcajada. – Con una sudadera y unas mallas irás bien. Vamos, vístete.

- Ya voy.

Rose cogió su ropa rápidamente y entró al baño para cambiarse.

- Más os vale estar aquí de vuelta para la obra. – Lizzy se incorporó en la cama y bostezó. – Porque te juro, Malfoy, que si Rose no está, os mataré a ambos.

- Dios, das miedo cuando estás frustrada.

- Y además tengo sueño.

- Lo siento, supongo.

- No lo sientes y da igual. – Suspiró. – Es un detalle muy bonito. A mí nunca me han hecho algo así.

- Bueno, James fue a llevarte al aeropuerto y luego te recogió con flores.

- Ya, eso fue bonito. – Una sonrisa tonta se dibujó en su cara y no pudo evitar morderse el labio. – Aunque, bueno, luego yo…

- Prefiero no saberlo. – La cortó el rubio antes de que dijera nada más. – De verdad.

- Pero si no he dicho nada.

- Ya, pero puedo imaginarme de qué se trata y, de verdad, no hace falta. No sé qué manía tenéis James y tú con ser tan gráficos.

La chica lanzó una pequeña carcajada, pero no añadió nada más. Por suerte, Rose no tardó en salir del baño, preparada. Se había recogido el pelo en una coleta alta y solo le faltaban los zapatos. Cogió unas deportivas de debajo de la cama y se las puso rápidamente.

- ¿Así voy bien?

- Perfecta. – Scorpius la besó con dulzura y sonrió. – Podemos irnos cuando quieras.

- Genial. – Se giró hacia su amiga y sonrió. – Estaremos aquí a la hora de la obra, no te preocupes.

- Es a las nueve, que no se os olvide.

- No, tranquila.

- ¡Pasadlo bien!

- Eso haremos.

Scorpius condujo durante horas, sin contestar a las continuas preguntas de Rose, que cada vez tenía más ganas de saber dónde iban. Solo sabía que iban hacia el sur y que se habían ido alejando de la costa, pero nada más.

A las ocho pararon en un bar de carretera para desayunar. Aparcaron junto al establecimiento, se bajaron y entraron. A pesar de la hora y de que era fin de semana, había bastante gente y tuvieron que sentarse en una mesa algo alejada de la entrada. La camarera no tardó en llegar con dos tazas de café y los menús.

- ¿Qué vas a tomar? – Le preguntó ella, ojeando la carta.

- Unas tostadas supongo.

- ¿Y tú?

- Huevos, beicon, tortitas con sirope y un cuenco de fruta. – Dijo, tras dudar unos instantes. – No sé si pedir también un zumo o será demasiado. No, soy una Weasley, podré con ello. También un zumo de naranja.

El rubio rió. Rose era una de las personas con más apetito del mundo –heredado de su padre, según ella– y ya estaba más que acostumbrado a sus pedidos en los restaurantes, pero aún así a veces no podía evitar sorprenderse.

La camarera no tardó en volver y anotar su comanda, dedicándoles una sonrisa amable. Debía estar pensando la pareja tan adorable que hacían.

- ¿Nos queda mucho para llegar al lugar misterioso?

- Si mis cálculos no fallan, unas cuatro horas.

- ¿Cuatro horas más? – Abrió mucho los ojos. – Si vamos a México, creo que es importante decir que no he cogido el pasaporte.

- No vamos a México. – Contestó él, riendo.

- ¿Estás seguro? – Enarcó una ceja. – Nunca he estado y estaría bastante bien.

- Iremos este verano.

- Genial. – Bebió un poco de café. – Entonces, no es México.

- No.

- Y quedan cuatro horas.

- Sí.

- Pues no tengo ni idea de dónde vamos.

- Un poco más de paciencia, pequeño saltamontes.

Se acercó a ella y le dio un beso en la nariz y Rose no pudo evitar lanzar una carcajada. Solo esperaba que el tiempo pasara rápido.

Finalmente, a las doce y media llegaron a un paraje natural. Aparcaron y el chico la guió rápidamente por aquel lugar, internándose entre los bosques a través de una senda concreta. Se notaba que sabía exactamente hacia dónde iba.

- Vamos, Rose, date prisa. – Le dijo, tirando de su brazo. – Tenemos que irnos en menos de dos horas o no llegaremos para la obra y Lizzy nos matará.

- No se dará cuenta siempre que lleguemos antes de que la obra termine. – Le guiñó el ojo. – Además, ¿no querrás tenerme todo el día sin comer, no? Tenemos que almorzar y luego parar a cenar.

- Traigo el almuerzo en la mochila y, tranquila, la parada para cenar está programada.

- Genial. Además, lo importante es llegar a la fiesta. – Insistió. – Ya hemos visto a James y Lizzy discutir mucho y no creo que vayan a enrollarse delante de todo el mundo. Aunque, la verdad, ya los pillé una vez y no quiero repetir la experiencia.

- Bueno, ya veremos qué pasa. – Se detuvo un momento en un cruce de caminos y fruncí el ceño antes de entrecerrar los ojos y asentir. – Es por aquí.

- Como nos perdamos…

- Sé perfectamente dónde estamos, tranquila. Confía en mí.

Ella asintió y siguieron caminando hasta que se detuvieron ante una imponente roca junto a una cascada.

- Hemos llegado.

Rose abrió mucho los ojos y sonrió. Tenía un hueco en forma de corazón y era, simplemente, preciosa.

- Vaya…

- Bienvenida a Heart rock. Llevo bastante tiempo queriendo traerte, pero entre los trabajos y los exámenes no encontraba el momento.

- Es preciosa, Scorp.

- ¿Verdad? – Sonrió y apretó con un poco más de fuerza su mano. – Yo he venido un par de veces, estamos solo a hora y media de Los Ángeles y mis padres me trajeron de pequeño y después vine con todos mis amigos, aunque esto es más de parejas que de amigos, la verdad.

- Es genial pero, ¿cómo se te ha ocurrido? ¡Mañana tienes que hacer casi este mismo recorrido!

- No es nada, solo son unas horas conduciendo y por ver la cara que se te ha quedado ha merecido la pena.

- Qué tonto.

- Te quiero.

- Yo también te quiero.

Se acercó a él y lo besó, primero con más dulzura, pero poco a poco aumentando la intensidad y la pasión. Scorpius la empujó levemente y apoyó su espalda contra un tronco. Enterró una mano en su pelo, sin dejar de besarla, frente a aquel corazón. Siguieron con aquello, sin pensar en el tiempo, ni en lugar, solo en ellos y prometiéndose el uno al otro, sin palabras, que lo suyo sería tan eterno como aquella roca frente a la que en ese momento se besaban.


Hola a todos :)

Espero que os haya gustado el capítulo. Si es que Scorpius es un cielo de niño *-* (Por cierto, gracias a EmmaRDoyle por encontrar ese sitio y decirme que sería ideal para que apareciera en la historia ;)). Y lo de Albus y Alice, bueno, parece que no va mal, ¿no? ;)

En el próximo capítulo nos vamos de teatro y de fiesta... Y va a ser movidito, no adelanto más ;)

Como siempre, gracias por el apoyo y muchos besos. Nos leemos la semana que viene :)

María :)