Capítulo 35

Cosecha

― ¡Oh, Aaron! Está hermosísima y es muy exquisita, y aunque aún no se le define el color de los ojos, en verdad espero que los tenga grises como los tuyos ― levantó la mirada hacia su marido ― cómo los de Haymitch ― bajó de nuevo la vista hacia la bebé que sostenía en sus brazos y con un dedo le acarició la nariz y la mejilla ― ¿Ya la viste, Katniss? ― se le acercó muy sonriente.

Había ido más temprano a casa de la familia de su mentor porque Effie había llegado y necesitaban repasar algunas cosas para la cosecha del Vasallaje que se llevaría a cabo al día siguiente, pero Aaron había llegado sorpresivamente de visita y su escolta había estado muy emocionada al poder conocer a su nueva sobrina.

Katniss no pudo evitar observar la manera en la que Effie se comportaba con la bebé, había algo ahí, quizás ¿anhelo?

Su escolta malinterpretó su mirada ― ¿Quieres sostenerla? ― le preguntó.

― No ― levantó las manos ― Se ve que está muy a gusto entre tus brazos y no me gustaría hacerla llorar ― no tenía ningún problema con cargar a un bebé independientemente de que no deseara tener uno propio, pero sabía lo importante que era para Effie estar con esa bebé a quién acababa de conocer, ella ya la conocía desde hacía más de una semana en una de las visitas que le hizo a su mentor.

Volteó para ver el reloj que se veía a través de la puerta abierta que daba a la cocina, después se reprendió mentalmente por hacerlo, era la tercera vez que revisaba la hora pues había quedado con Peeta desde el día anterior que hablarían a las seis de la tarde, más temprano de lo usual, debido a que él tenía mucho trabajo preparando un evento que se llevaría a cabo con motivo de la cosecha y del que ellos serían proveedores.

Todos los días había charlado por teléfono con el panadero, y aunque en un inicio esas llamadas la fastidiaban, tras una semana había cambiado poco a poco de parecer hasta esperar ansiosa la llamada. La verdad se sentía muy nerviosa con el Vasallaje y su primera vez como mentora, y Peeta sabía exactamente como distraerla y hacerla olvidarse de todo por un momento, inclusive lograba hacerla reír. Ella no aportaba mucho a la charla, era más reservada, pero el rubio era una de esas personas que siempre tenía algo que decir y con la que nunca te aburrirías.

De pronto escucharon que llamaron a la puerta. Katniss pensó que quizás se trataba de su hermana, quien seguido iba a casa de la señora Abernathy, pero cuando Eva fue a abrir se dio cuenta de que era otra persona.

― ¡Sophie! No esperaba verte hoy ― dijo en un tono más alto de lo normal.

― No encuentro las llaves de la casa, vengo por la copia de Aaron.

Effie de inmediato se giró hacia su cuñado para entregarle a la bebé.

Él le contestó en un susurro ― No, Effie. Sara también es mi hija, tú sobrina, y quiero que la cargues.

― Por favor, Aaron ― insistió ― Tómala, no quiero causarte problemas.

El joven cedió y tomó a la bebé en brazos, la cual Katniss pudo darse cuenta de que vestía uno de los trajecitos que su escolta le había regalado.

― Aaron, creo que perdí las llaves de la casa… ― entró Sophie a la sala donde se encontraban ellos y de inmediato se percató de la presencia de Effie.

― Hola, Sophie. Felicidades por tu hermosa hija ― le sonrió su escolta ― Katniss y yo necesitamos revisar varias cosas para mañana, así que, con permiso, nosotras nos retiramos a su casa a trabajar ― le hizo una seña con la mirada para que le siguiera el juego y se marcharan.

Katniss se puso de pie, pero Sophie pasó delante de ella y le cerró el paso a Effie ― Gracias por todo lo que nos mandaste para la niña ― después la sorprendió con un fuerte abrazo ― No es necesario que te marches, quiero que conozcas a Sara.

La castaña al ver la escena le hizo un gesto de despedida a su mentor y decidió irse a su casa.

Cuando llegó, vio de nuevo el reloj, faltaban aun veinte minutos, así que se preparó un té antes de subir a su habitación y asegurarse de cerrar la puerta para no ser interrumpida.

Tomó el teléfono de la mesilla de noche ― ¡Diablos! ― pensó. Como siempre se le olvidaba ponerlo a cargar y le quedaba poca batería, así que lo conectó de inmediato, esperando que fuera tiempo suficiente.

Se acabó todo el té, se sentó en la cama un rato, después vio por la ventana, fue al baño. El tiempo pasaba muy lento para su gusto y odiaba esa impaciencia que la invadía en ese momento.

¿Podía marcarle ella? Sí, pero quizás él estaría ocupado y lo interrumpiría, además necesitaba que su teléfono pudiera cargarse un poco más.

Se pasó las manos por el rostro. Esto era una estupidez. ¿Quién era? ¿Acaso se había convertido en una de sus excompañeras de la escuela esperando afuera del salón a que pasara el chico que les gustaba?

El teléfono sonó cinco minutos más tarde, y de nuevo se molestó consigo misma debido a la velocidad con la que fue a contestar la llamada.

― ¡Hola!

¡Hola, bonita!

― ¿Cómo estás?

Ya sabes, preparando todo para mañana, pero los nuevos chicos que contraté son muy eficientes y entre todos creo que sacaremos todo a tiempo. ¿Y tú?

Suspiró y se recostó en la cama ― Bien, supongo. Ya llegó Effie y repasamos lo de la cosecha de mañana.

¿Cómo lo llevas?

― No quiero hablar de eso ― cerró los ojos.

Bueno, podemos…

― ¡Los conozco, Peeta! ― lo interrumpió ― ¿Te das cuenta? No estoy diciendo que sean mis amigos, pero según me dijeron los posibles voluntarios son de mi edad, lo que quiere decir que fuimos compañeros en la escuela. ¿Qué voy a hacer? ¿Qué les voy a decir?

― Kat no estás sola, al menos tienes a Haymitch y Effie a tu lado, esto no será un trabajo de una sola persona.

― ¡Vaya consuelo! ― se quejó ― El año pasado cuando iba de camino a mis Juegos, Haymitch se la pasó bebiendo, no sé si viste la cosecha, pero estaba bastante borracho y creo que empiezo a entender por qué, debe ser muy difícil subir a ese escenario sabiendo que eres la única persona que puede hacer algo por ayudar a los tributos. Sinceramente no sé cómo lo hizo, veinticuatro años como mentor, cuarenta y ocho niños, y en todo este tiempo solo yo logré salir con vida por el distrito Doce, apuesto que ya hasta había perdido la esperanza, y seguramente yo hubiera muerto si no hubiera sido por tu ayuda…

Katniss ― ahora fue su turno de interrumpirla ― Te lo he dicho y te lo repito, eres una mujer muy fuerte, mucho más de lo que imaginas, sé que podrás con esto ― respiró hondo ― Si pudiera tomaría tu lugar.

― Peeta, tú eres bueno con las palabras, yo no, ¿qué les voy a decir?

¿Qué consejos te dio Haymitch el año pasado?

Ella rio sin ganas ― Lo primero que nos dijo en el tren cuando estuvo en condiciones de dirigirnos la palabra fue que contempláramos la posibilidad de una muerte inminente y que nos convenciéramos de que no había nada que pudiera hacer él para salvarnos ― comenzó a reír de nuevo, pero esta vez con ganas y un poco de histeria ― ¿Crees que valga la pena repetirlo? ― dijo entre risas cuando tenía ya lágrimas al borde de sus ojos.

Era claro que Peeta no supo que decir al otro lado de la línea por un momento ― ¡Vaya! Puedes decirles lo que te ayudó a ti en la arena, cómo encontrar refugio o comida o agua ― se escuchaba preocupado ― ¡Diablos, Katniss! Al menos me gustaría estar a tu lado para darte mi apoyo.

Ella se tranquilizó un poco y secó con su palma las pocas lágrimas que habían caído sin su permiso ― A mí también me gustaría que estuvieras aquí ― pronunció en voz alta esas palabras que jamás creyó que diría, pero Peeta le ofrecía una distracción que necesitaba mucho en ese momento; porque era lo que hacía, la distraía y la hacía olvidar sus problemas, jamás admitiría que en el fondo también le gustaba ― Cambiemos de tema, háblame mejor de la pastelería o cómo están tus hermanos.

De acuerdo, de eso puedo hablar sin parar, y ¿sabes qué? Pasó algo muy gracioso hoy…

El teléfono emitió un ruido y la llamada se cortó.

Katniss volteó a ver la pantalla ― ¡Nooo! ― gritó frustrada y estuvo a punto de lanzar su celular, el cual se había quedado sin batería.

Se giró hacia un lado en la cama, mientras las lágrimas volvían a inundar sus ojos.


Estaban a punto de subir al escenario, la hora de la cosecha había llegado.

Effie comenzó a sacudir varias veces las manos a su lado, algo nerviosa. Katniss podía apostar que era la primera vez que la veía así.

― Tranquila, princesa. Haces esto todos los años.

― Sí ― ella volteó a verlo ― Y no por ello es más fácil.

Su escolta giró la cabeza hacia las urnas de cristal que estaban dispuestas en el escenario, Katniss también las vio. En esta ocasión no estaban tan llenas como el año pasado, pues ahora solo contenía los nombres de los niños en el rango de edad de entre los doce y los quince años.

― Serán voluntarios, Effie. Ya lo verás, no vas a sacar ningún nombre de esas urnas.

Los tres en ese momento observaron a los chicos y chicas que estaban terminando de formarse. Ahora en la plaza solo se encontraban los niños que entraban en ese grupo edad, y ella sabía que Prim estaba en el grupo de los de catorce años.

― Tendría doce años ― pronunció su escolta en un murmullo y por un momento ella pensó que había escuchado mal.

― No ahora, princesa ― Haymitch la abrazó y ella no pudo evitar observarlos ― Por favor, no ahora ― bajó la voz y le susurró al oído lo que hizo que finalmente Effie relajara los hombros.

Cuando se separaron, él le dio un corto beso en los labios ― ¡Que comience el show! Y cómo siempre dices, barbilla en alto y una gran sonrisa.

Subieron al escenario junto con el alcalde Undersee y después tomaron sus lugares, ahora habían añadido una silla más y ella se encontró sentada entre los dos hombres, mientras su escolta tomó su lugar al frente.

Era increíble la transformación que había sufrido Effie, de haberla visto a punto de quebrarse hacía unos momentos, volvía a ser la de siempre, exagerando un poco su buen humor y repitiendo lo que decía cada año durante la cosecha. ¡Vaya! Sí que la había engañado todo ese tiempo al pensar que realmente disfrutaba de su trabajo y de elegir los nombres de los nuevos tributos de las urnas.

Katniss no podía ver al frente, a los niños. Era diferente cuando estabas allá abajo, formada entre todos ellos, donde simplemente enfocabas la mirada en la parte de atrás de la cabeza de la persona frente a ti, pero ahora que los veía de frente podía observar el miedo reflejado en sus ojos, era terrible. Tenía que mantener la vista hacia adelante, no podía voltearse, las cámaras la estaban filmando, así que en su lugar decidió enfocar la vista en las mariposas que sobresalían del vestido de su escolta y que, con la breve brisa que corría, parecían haber cobrado vida.

Así permaneció por un rato, las pequeñas alas de mariposa naranja con negro que aleteaban le prestaron una buena distracción hasta que escuchó la pregunta.

― ¿Hay alguna chica presente que quiera presentarse como voluntaria para este Vasallaje?

Se hizo un silencio total y Katniss sintió el miedo creciendo en su interior. ¿No se presentarían voluntarios? No habían transcurrido más que solo unos segundos que a ella se le hicieron eternos, antes de escuchar gritar a una joven justo cuando otra había dado un paso al frente.

― ¡Yo! ¡Yo me presento voluntaria! ― Kristel, una joven rubia comenzó a caminar hacia el frente al tiempo que su padre trataba de detenerla.

― ¡No! ¡No lo hagas! Regresa inmediatamente, tu compromiso fue cancelado, no tienes de qué preocuparte.

La chica no lo escuchó, y continuó su camino hacia el escenario, mientras un agente de paz, al que reconoció como Darius por los rizos rojos que salían bajo el casco, detenía a su padre para que no siguiera a la joven.

― ¡Muy bien! ― Effie juntó las manos fingiendo emoción ― Vamos, querida, colócate de este lado y dime ¿cuál es tu nombre?

― Kristel Barret ― pronunció fuerte y claro, y levantó la barbilla en un gesto de desafío hacia su padre y hermanos que ahora sostenían al viejo hombre.

― ¡Maravilloso! Una digna representante del Doce. Ahora bien, repito la pregunta, ¿hay algún joven presente que quiera presentarse como voluntario para el Vasallaje?

― ¡Yo me presento voluntario! ― gritó un joven de la Veta, alto y algo fornido, apenas terminó su escolta de pronunciar la pregunta.

Effie aplaudió ― ¡Esto es maravilloso! Es bueno ver el compromiso que tienen los jóvenes de este distrito.

El chico pronto se colocó a su lado.

― ¿Cómo te llamas? ― le preguntó.

― Helmer Grant ― pronunció como un grito de soldado.

Katniss lo conocía de la escuela, aunque jamás intercambiaron palabra alguna. Sabía que era conocido de Gale, y lo recordaba porque siempre traía un ojo morado o marcas de golpes en alguna otra parte visible del cuerpo debido a sus continuas peleas, pero era el segundo de cinco hermanos de los cuales tres se encontraban formados en la plaza.

― ¡Por favor, todos den un gran aplauso para nuestros dos voluntarios! ― pidió Effie.

Las personas del distrito en su lugar unieron los tres dedos de la mano derecha, juntando el pulgar con el meñique, y tras llevarse la mano a los labios, la subieron a modo de saludo.


Tenían ahora a la chica popular y el chico rudo.

Desde el momento que abordaron el tren al Capitolio, a diferencia del año anterior, Haymitch, Effie y ella se pusieron de inmediato a trabajar con los tributos. Tenían una pareja con potencial para ganar y no perderían las esperanzas tan rápido.

Observaron juntos los videos de las cosechas y tomaron apuntes. Como estaba previsto, absolutamente todos los distritos tenían tributos voluntarios, y por lo poco que habían visto, darían pelea. Lo más seguro es que el Capitolio tendría las batallas que deseaba para esos Juegos.

Kristel era gimnasta y se había puesto a entrenar desde que anunciaron el Vasallaje. Según le había contado Madge, se había interesado en presentarse como voluntaria debido al compromiso que su padre había hecho para casarla con un joven no muy estable mentalmente. Y cuando le preguntaron por qué a pesar de que su padre le dijo que el compromiso estaba cancelado había decidido continuar con esto, la chica les comentó que no confiaba en que su papá fuera a cumplir su palabra.

Helmer había comenzado a trabajar en las minas, sin duda era fuerte y aunque tenía fama de meterse en problemas, al menos sabía pelear. En su caso se había prestado voluntario para proteger a sus hermanos menores y primos.

Cuando llegaron al Capitolio, había más personas que el año anterior esperando la llegada de los tributos del Doce. El hecho de que ese distrito hubiera ganado el año anterior había favorecido mucho a la popularidad del Doce.

― Hacen una buena pareja ― Effie tomó asiento a su lado en las gradas, mientras esperaban a que diera inicio el desfile de los tributos y la ceremonia de apertura de los Juegos ― ¡Los trajes que diseñó Cinna son fabulosos!

― En cambio el tuyo es cada año peor ― murmuró Haymitch.

― ¡Te escuché! Tú parecerías vagabundo si no fuera por mí ― negó con la cabeza su escolta ― Como te decía, KATNISS, los trajes de este año te van a fascinar, y deberías ver el pobre intento de otros estilistas de imitarlos… oh, ya va a empezar.

La gente a su alrededor enardeció. Los gritos de las personas llamando a los tributos por sus nombres conforme iban saliendo en los carruajes amenazaban con dejarla sorda.

Era muy diferente estar ahora en el otro lado. Los recuerdos de su propio desfile eran un poco confusos, había estado demasiado nerviosa para prestar atención a lo que sucedía a su alrededor.

Ahora entendía lo que decía Effie, los tributos del Tres salieron con trajes que se encendían con pequeñas lucecitas, bueno, después de todo eran el distrito de la tecnología, pero ¿qué tenían que ver los cinturones de fuego que usaban los tributos del Diez, vestidos como vacas? Simplemente ridículo. Pero cuando por fin salieron Kristel y Helmer, Katniss pudo maravillarse con los trajes, estos eran negros, pero en lugar de prenderse con fuego como lo hizo el suyo el año anterior, estos parecían carbones encendidos, y el público de inmediato coreó sus nombres.

Los chicos saludaron al público y mandaron besos, bien, eso le fascinaba a los capitolinos, pero cuando llegaron finalmente al centro del circuito y el presidente Snow hizo su aparición, Katniss sintió el estómago revuelto, por un momento fue como si ella estuviera en ese carruaje de nuevo.

La sensación no desapareció después de que todo terminara.

― ¿Estás bien, preciosa? ― le preguntó su mentor con el ceño fruncido ― Parece que estás a punto de enfermarte.

― Estoy bien ― contestó y él no la presionó más.

A pesar de estar en un lugar abierto, de pronto le faltaba el aire. Se movió de prisa entre todas las personas, quería llegar rápido al centro de entrenamiento y subir al penthouse para desaparecer unos minutos en la azotea.

Escuchó su nombre varias veces mientras caminaba, pero no se detuvo a saludar a nadie.

Cuando llegó finalmente a los ascensores, golpeó el pie contra el piso de frustración, había muchas personas esperando subir. Dio media vuelta sin saber realmente a donde ir, pero no quería quedarse ahí, su respiración era más agitada con cada minuto que pasaba, caminó tres pasos cuando la tomaron del brazo. Se volteó de inmediato para alejar a quien fuera que se había atrevido a tocarla, pero se topó con dos ojos azules que conocía muy bien.

― ¡Katniss, espera! ― dijo Peeta con algo de preocupación ― Te he estado llamando desde hace rato.

― ¡Peeta! ― no esperaba verlo ahí. Su cuerpo actuó solo y de pronto se encontró rodeándolo con sus brazos para después enterrar el rostro en su cuello.

El rubio le devolvió el abrazo, pero lo había sorprendido con su acción ― ¿Estás bien? ― preguntó después de un momento.

Ella respiró hondo, llenándose con el aroma de su loción con ese toque de canela, y automáticamente se relajó.

Ahora estaba bien.


Hace 23 años

― Entonces… ¿la pasaste bien en el Doce? ― le preguntó Lucrecia.

― Sorprendentemente, sí ― le dio un trago a su margarita ― Prefiero la vida de aquí del Capitolio, no voy a mentirte, amo las fiestas, el ritmo acelerado de vida que llevamos en la ciudad, los colores, todo, así que esto fue como tomar unas pequeñas vacaciones de todo el ajetreo, y descubrí que puedo sobrevivir un fin de semana completo sin asistir a ninguna fiesta ― rio.

― Yo disfruto mucho cuando vamos al Once, siento que hasta el aire que respiramos es diferente allá. Aquí todo es tan artificial… en cambio en el distrito todo huele a hierba fresca, tierra, ¡a sol! No sabía que podíamos oler el sol, pero descubrí que yo puedo hacerlo ― describió emocionada, estaba claro que su amiga amaba el distrito ― Además, la familia de Chaff es muy buena conmigo.

― Lo comprendo, mi suegra, Eva, es un amor, y Aaron mi cuñado ni se diga.

― Aunque yo no me puedo mover mucho en esta silla de ruedas, me conformo con disfrutar al aire libre dentro de la Aldea de los Vencedores.

― Mmm ― Effie se acabó su segunda margarita y después se pasó la lengua por los labios para quitarse el exceso de sal ― No creas, nosotros tampoco salimos mucho de la Aldea de los Vencedores, a Haymitch no le gusta. Solo fuimos a una cena a la casa del alcalde, al cementerio a visitar la tumba de su padre y al Quemador, que es un lugar donde venden muchas cosas y las personas van a hacer trueques.

― Acá también, hay un lugar así, lo llaman el Molino. Y dime, ¿te enseñaron a cocinar platillos típicos? Chaff es muy bueno en la cocina.

― Haymitch es mejor que yo, mi suegra trató de enseñarme algunas cosas, pero… ― negó con la cabeza ― lo arruiné ― dijo apenada ― Pero al menos aprendí a preparar tés, dos que le gustan a Haymitch para cuando está enfermo.

Lucrecia llamó a la muchacha de servicio para que les trajera otra bebida. Se encontraban en el jardín.

― ¿Puedo hacerte una pregunta? ― le dijo Effie una vez que se quedaron solas de nuevo.

― Lo que sea ― sonrió Loki.

― No te pasa que… ― se quedó pensando cómo decirlo ― ¿Qué tu esposo a veces se comporta como dos personas diferentes? Te lo comento porque siento que me casé con Dr. Jekyll y Mr. Hyde, ¡te lo juro! A veces Haymitch actúa tan… normal, por decirlo de alguna manera, ósea está relajado, feliz, pero en otras ocasiones está molesto TODO el tiempo y con TODO el mundo. Por ejemplo, ahora que fuimos al Doce, actuó con su versión normal toda la semana hasta el día que nos regresamos, una vez que nos subimos al tren empezó a despotricar contra el Capitolio, lo cual me molesta muchísimo, y bueno, puede que se haya molestado por unas publicaciones que hice en la red, pero tú sabes que debemos hacerlas, y así ha estado con un humor pésimo desde ayer.

― Definitivamente estar en el distrito es diferente para ellos, digo después de todo es su hogar, y sí, yo también noto a Chaff más relajado cuando vamos. Con respecto al odio hacia el Capitolio, bueno, creo que no debemos olvidar por qué están aquí, recuerda que su participación en los Juegos y sus matrimonios les fueron impuestos, creo que solo hay que darle tiempo, amiga. El primer año es de adaptación y puede ser más difícil porque todos siguen con la euforia de la boda y quieren saberlo todo sobre ustedes, con suerte, cuando Lyme, la nueva vencedora, se case, esperemos que desvíe la atención un poco de ustedes. Respecto a las publicaciones, en ese caso, nosotros aprovechamos para hacerle publicidad a mis libros, quizás puedas publicar algo más impersonal o del negocio de tu familia, juégalo a tu favor para que no se moleste Haymitch. Además, recuerda lo que les dijimos, es bueno que hagan algo con todo el tiempo libre que tienen, ¿vas a estudiar?

― Sí, lo haré, aunque aún no defino lo que quiero y bueno, trataré de convencer a Haymitch de hacerlo también ― suspiró y tomó la nueva bebida que colocaron frente a ella.

― Yo tengo algo que contarte.

― ¿Qué es? ― preguntó con curiosidad.

― Hay un nuevo tratamiento experimental para mi enfermedad.

Effie abrió mucho los ojos ― ¿En serio?

― No es una cura ― se apresuró a aclarar ― Pero si funciona me daría más tiempo y mejoraría mi calidad de vida.

― Lo vas a hacer ¿verdad?

Lucrecia suspiró ― Lo haré, pero… tengo miedo.

En ese momento vio lo vulnerable que era Loki, a pesar de que siempre la había visto como una mujer muy fuerte pese a su condición física ― ¿Es un tratamiento peligroso?

― No, no es eso. Bueno, me dijeron que puede ser algo doloroso, pero créeme que a estas alturas me he hecho muy resistente al dolor, no, tengo miedo por Chaff.

― ¿Por qué?

― Porque está realmente emocionado con este tratamiento… ― la vio con sus grandes ojos verdes a través de las gafas ― Está volcando todas sus esperanzas en esto y ¿si no funciona? ¿te imaginas lo desilusionado que va a estar? Yo me hice a la idea hace mucho que me quedaba poco tiempo, estaba bien con esa idea hasta que llegó él y…

― Te enamoraste ― terminó ella por Lucrecia.

― Se supone que no pasaría ― rio ― Eran dos años y listo, y aquí estoy y ahora… ― rio sin ganas ― no me molestaría para nada quedarme un poco más de tiempo, pero si este tratamiento falla… Chaff va a estar devastado.

― ¡Actitud positiva! ― estalló ― Es en serio, necesitas tener mucho optimismo y mentalizarte de que todo saldrá bien, está comprobado que esto en verdad funciona. La mitad del tratamiento depende de tu actitud ― le tomó la mano ― Tienes que hacerlo, Lucrecia. No solo por Chaff, sino por ti y por todos los que te queremos. Y si necesitas mi ayuda, no dudes en pedirla. Me encantaría acompañarte en este proceso y puedo ir contigo al tratamiento si a Chaff se le complica.

― Gracias ― sonrió la esposa del vencedor del Once con los ojos muy brillantes.

― Nadie lo sabe, pero mi abuela tuvo cáncer de seno hace años, y jamás dudo ni por un segundo de que lo superaría, que vencería la enfermedad. Siempre dijo que, si había ganado los Juegos, podía vencer cualquier obstáculo que se le pusiera enfrente.

Loki le apretó fuerte la mano ― Bien, porque sin duda necesitaré apoyo y una porrista no me vendría mal.

― Estás frente a la persona indicada ― le guiñó un ojo.

La puerta corrediza a sus espaldas se abrió, y las dos mujeres se giraron.

― Vámonos ― dijo Haymitch.

Ella frunció el ceño y tomó su teléfono para ver la hora ― Es temprano, ¿pasa algo?

― No me siento muy bien ― volteó hacia Lucrecia ― Gracias, por todo.

Loki le dio unas pequeñas palmadas en la mano ― Hablamos después.

Effie la abrazó antes de retirarse.

― ¿Quieres que le pida algo a Lucrecia antes de marcharnos? ¿Te duele la cabeza? Debe tener aspirinas ― le preguntó apenas cruzaron la puerta.

― Solo quiero irme ― le dijo su esposo cuando salieron de la casa.

― ¿Qué pasó? ― le preguntó preocupada en cuanto subieron al coche.

― Nada. Hoy no será una buena noche, dormiré solo.


Definitivamente algo había sucedido en casa de Chaff y Lucrecia.

Toda la semana habían estado durmiendo en habitaciones separadas y Haymitch se negaba a decirle qué le pasaba.

Fuera de las dos entrevistas a las que tuvieron que asistir esa semana, casi no lo había visto, él estaba de mal humor y se la pasaba en el estudio o en el jardín leyendo y por supuesto bebiendo en exceso y fumando. Ella no estaba dispuesta a tolerar sus desplantes, así que había aceptado la invitación del editor de una revista al que había conocido en una de las entrevistas, para participar en una campaña de una marca de cosméticos, al parecer una de sus modelos había renunciado y él consideraba que la gran popularidad que ella había ganado al convertirse en la esposa de un vencedor vendría muy bien. No solo iba a recibir un buen cheque y una dotación de productos, sino que esto la mantenía alejada de su casa una buena parte del día.

Pero todo tenía un límite y se estaba cansando de la actitud tan hermética que había adoptado Haymitch, además que ella era una persona curiosa por naturaleza. Deseaba enfrentar a su esposo, pero para eso necesitaba conocer lo sucedido, por lo tanto, esa mañana le había llamado a Lucrecia para que la ayudara a averiguar con Chaff qué había pasado la noche del billar. Ahora solo le quedaba esperar a que su amiga le devolviera la llamada, pero su respuesta llegó en forma de un mensaje de texto solicitándole que fuera a su casa, lo cuál solo la intrigó más.

Cuando finalmente le hablaron sobre la conversación que sostuvieron sobre el año par, quedó igual de impactada que Haymitch. Su abuela jamás le había hablado de eso, pero quizás porque ella participó en los primeros Juegos y jamás un pariente suyo salió cosechado después.

De regreso a su casa, hizo algo que no había hecho en mucho tiempo, se mordió las uñas. Ahora podía entender la actitud de su esposo y las pesadillas que había tenido esa semana, al menos tres noches lo había escuchado al otro lado de la puerta. ¿Aaron en los Juegos? No podía si quiera imaginarlo, eso los destruiría.

― ¿Dónde está el señor? ― preguntó en cuanto entró a su casa.

― En el cuarto de Juegos, señora. Ahí ha estado encerrado todo el día ― le respondió Hilda.

― Gracias ― podía darse una idea de lo que había estado haciendo, atacando el bar de esa habitación, ya que se había acabado sus botellas favoritas del bar de la piscina.

Cuando pasó frente al espejo a un lado del vestíbulo, se detuvo. Sería una muy mala idea verlo así, traía exceso de maquillaje con largas pestañas postizas y un vestido demasiado exagerado para sus gustos, que lo único que harían sería avivar más su odio contra el Capitolio, así que primero fue a su recámara para tomar una ducha y cambiarse.

Después del baño, secó su cabello y dejó que cayera en ondas naturales, omitió el maquillaje, y se vistió con unos jeans y una sencilla blusa celeste de tirantes que había comprado durante el viaje de su luna de miel que a Haymitch le había gustado.

Volteó a verse en un espejo de cuerpo completo antes de salir de la habitación; parecía una chica de distrito y estaba segura de que, si su madre la viera, le daría un infarto.

Respiró hondo antes de abrir la puerta del cuarto de juegos, pero todo estaba en silencio.

― ¿Haymitch? ― lo llamó, pero no obtuvo respuesta.

Cerró la puerta tras de sí y cuando iba a volver a llamarlo, se dio cuenta de que su esposo estaba dormido sobre el largo sofá curvo de cuero negro que estaba frente a la gran pantalla de televisión que se encontraba encendida, pero con el volumen al mínimo.

Se acercó con cuidado, no deseaba despertarlo. Estaba acostado de lado con el cabello cayéndole sobre el rostro. Se hincó a su lado con cuidado y le retiró el cabello de la cara; podía ver grandes círculos oscuros alrededor de sus ojos, pero aun así lograba quitarle el aliento. Sería mejor dejarlo descansar, ahora que al parecer dormía apaciblemente, pero cuando se iba a incorporar, movió las botellas que estaban sobre la alfombra y apretó los labios molesta, no estaba segura si se había bebido por completo la botella de whiskey, pero había una vacía y otra empezada.

Las tomó en sus manos para tirarlas, se sentía molesta, eso era demasiado. Arrojó la botella vacía al bote de basura, ahora sin molestarse si hacía ruido o no y la otra empezó a verterla en el fregadero del bar.

― ¿Por qué tanto escándalo? ― Haymitch abrió los ojos, pero de inmediato se llevó una mano al rostro e hizo un gesto de dolor.

Probablemente la cabeza lo estaría matando, tanta bebida seguro le había provocado migraña, bien. Effie no contestó y continuó esperando a que terminara de vaciarse la botella.

― ¿Qué haces? ― le preguntó Haymitch ― ¿Has decidido robarme mi whiskey?

― Todo lo contrario, me estoy deshaciendo de él ― contestó en ese tono exagerado que a él le molestaba.

― ¡Nooo! ― se puso de pie algo inestable y casi se va de boca si no fue porque se sostuvo de la mesa de centro.

Ella arrojó la botella ahora vacía al bote de basura y se colocó frente a él con las manos en jarras ― No puedes seguir así, Haymitch.

― ¿Así cómo? ¡A ti que te importa!

― ¡A mí también me importa Aaron! ― le gritó.

Él abrió mucho los ojos.

― Me acabo de enterar de lo del año par, te juro que no lo sabía ― bajó los brazos lentamente ― ¿Por qué no me dijiste lo que te estaba molestando, Haymitch?

― ¡Para qué! ― gritó ― ¿Qué vas a hacer tú? ¡No puedes hacer nada! ― se pasó las manos por el cabello, y ella notó que traía los ojos muy rojos ― ¡No debí haber ganado! ¡Hubiera sido mejor morir en la arena!

― ¡No puedes decir eso! ― trató de acercarse a él.

El rubio se giró de pronto y la tomó de los brazos, lo que la sorprendió ― ¡Te das cuenta de lo que hice! ― le habló muy cerca del rostro de forma que ella podía oler su fuerte aliento a alcohol ― Puse una pistola cargada en la sien de mi hermano que puede dispararse en cualquier momento ― la voz se le quebró un poco.

― ¡No lo vamos a permitir! ― clavó sus ojos azules en los grises de su esposo ― Hablaré con mi abuela.

― Puede… ¿puede evitar que mi hermano vaya a los Juegos? ― la apretó más de los brazos algo desesperado. Ella hizo un gesto de dolor y él de inmediato la soltó al ver lo que le estaba haciendo.

― No lo sé ― dijo en un murmullo ― Pero voy a investigar.

Haymitch le dio la espalda y comenzó a reírse de manera histérica, antes de sentarse en el sillón y cubrirse el rostro entre sus manos ― No todo lo puedes comprar con dinero, princesa. Te compraste un esposo, no puedes comprar un vencedor.

― Las probabilidades de que Aaron sea cosechado son muy pocas, no te tortures con esto.

― Es fácil decirlo cuando no es tu familia la que está en esta posición ― dijo con cansancio.

― ¡Aaron es mi familia! ― se acercó a él y le quitó las manos para forzarlo a verla ― Amo a tu hermano como si fuera de mi propia sangre, y escúchame bien ― lo agarró de las orejas para evitar que se volteara de nuevo ― Tu hermano no irá a los Juegos, no lo permitiremos cueste lo que cueste, confía en mí.

Su esposo la sorprendió enterrando el rostro contra su vientre y abrazándola fuertemente por la cintura. Effie podía sentir su blusa humedecerse, pero se limitó a acariciarle el cabello para tratar de tranquilizarlo.

Solo le quedaba confiar en que su cuñado estaría a salvo, pero si fuera a los Juegos, harían hasta lo imposible por sacarlo de ahí con vida.

Para los Quincuagésimos Segundos Juegos del Hambre salió cosechada Raquel Bortles, una chica preciosa, hermana menor de Simon Bortles, Vencedor del distrito Nueve.


hola!

Espero que les haya gustado el capítulo, me encantaría que me dieran su opinión.

Ya empiezan los nuevos Juegos, tanto en el presente como en el pasado. Y veremos a Katniss en su primera vez como mentora.

No se preocupen, no dedicaré mucho tiempo a esta etapa, sé que muchos ya quieren ver la tan esperada boda de Peeta y Katniss, aunque hay algunos cosas antes que eso.

Y bueno, qué opinan del pasado? Y todos los miedos de Haymitch?

Muchas gracias por leer esta historia. Espero ansiosa sus comentarios, esos que me ayudan a seguir inspirándome, y por cierto muchas gracias por sus sugerencias, todas son tomadas en cuenta. Gracias por tomarse el tiempo de escribirme: AnaM1707, claudiacobos79, AbyEvilRegal4Ever123, TheOnlyHayffie, Addy Ortiz, Noxllar, 75everything, Ady Mellark87, Sizi, Brujita22, Ilovehayffie, BrendaTHG y Gagonaya.

pd. el viernes hubo actualización de El circo de la Esperanza, esta historia ahora la publico de manera quincenal.

saludos

Marizpe