Disclaimer: Los personajes y el maravilloso mundo de Harry Potter pertenecen a la genialidad de J.K. Rowling. Yo solo me adjudico la trama que nace de mi desequilibrio mental y esos deseos locos en donde todos los "y sí…" son posibles. Obviamente no me hago responsable por la inestabilidad y delirios que pueda provocar en los lectores, tendrán que costearse solos su medicación y leer bajo su responsabilidad, mis queridos.
… Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas…
Capítulo XXXVIII
Hermione giró instintivamente su rostro cuando sintió que la lluvia de flashes comenzaba una vez más. La luz que emitían las cámaras molestaba a sus cansados ojos que se veían resentidos por el cansancio y la falta de sueño, y el incesante sonido se colaba por sus oídos para seguir su recorrido hasta su cabeza en donde explotaba como cientos de fuegos artificiales.
Cuando todo acabó, volvió la vista a los periodistas de distintos medios mágicos que no se encontraban del todo conformes con la conferencia de prensa que recién acababa. Les dio un breve asentimiento y giró sobre sus talones para emprender su camino hasta los ascensores.
Bastó que se diera la vuelta para que los murmullos comenzaran. Ya se estaba acostumbrando a esto.
Caminó con seguridad a través de El Atrio y cruzó de un extremo a otro con toda la calma que le fue posible reunir, no quería que pensaran que estaba huyendo, aunque fuese lo que deseaba en realidad. Ese lugar jamás se había sentido tan vacío, y no era una metáfora. La planta del Ministerio que se suponía cumplía la función de una recepción para la mayoría de los visitantes que llegaban se encontraba totalmente vacía, ningún mago o bruja tenía autorizado estar allí, a menos que fuese estrictamente necesario y solo los Aurores en grupos custodiaban el lugar. Además, el silencio era sepulcral.
Los únicos que estaban todo el día merodeando y siendo observados con reserva por los Aurores eran los periodistas que esperaban por alguna noticia. El mismo Alastor se había encargado de ponerles un límite con un poderoso campo de hechizos que solo les permitía llegar hasta la mitad de El Atrio, era un campo infranqueable y esa era la idea. Con esa medida se aseguraba que no fueran hasta los ascensores y que tampoco utilizaran ningún otro medio para pasar hasta los otros pisos del Ministerio, en donde sí funcionaba todo con normalidad y estaban las brujas y magos trabajando.
La orden por parte de Dumbledore y Alastor había sido clara, nadie hablaba por ningún motivo. Ningún mago o bruja que sirviera al Ministerio tenía permitido acercarse a los periodistas o permitir que lo hicieran, y en caso que lo lograran, no podían dar entrevistas o comentarios con respecto a lo acontecido dos semanas antes.
Dos semanas habían pasado ya.
Mantenían todo en un riguroso hermetismo, muy pocos sabían todo lo acontecido y unos pocos tenían pedazos de historia, pero por seguridad lo mejor era limitarse al mínimo el número de personas que interactuaran con la prensa, y únicamente Hermione era la encargada de lidiar todos los días, dos veces al día con los periodistas para realizar una conferencia y mantenerlos actualizados con las novedades, medidas y noticias que iban surgiendo en torno al ataque que habían sufrido por parte de Lord Voldemort o El Innombrable, y todo lo relacionado.
Llegó hasta los ascensores que enseguida se abrieron, dentro ya la esperaban Gideon y Fabian. Se puso cada uno a un costado de Hermione y bajaron con más rapidez de la habitual, sin hacer paradas hasta el primer piso.
Una vez que llegaron, ambos Aurores la escoltaron hasta su despacho, en donde Hermione les agradeció con una pequeña sonrisa antes de entrar, ellos le devolvieron el gesto y se quedaron apostados en la puerta con sus varitas listas. Hasta que todo pasara, Alastor prefería que Hermione tuviese seguridad todo el día, además le gustaba la idea de ellos tres juntos porque en caso de cualquier eventualidad, llámese ataque de Mortífagos, podían protegerse bastante bien. Dumbledore por supuesto había accedido y Hermione no tuvo más opción que aceptar, y no podía mentir, le daba seguridad tener a los hermanos a su lado.
Hermione se sentó en su escritorio y descansó su cabeza sobre sus manos. A veces sentía unas ganas incontrolables de llorar. Siempre supo que el camino no sería fácil y que cambiar algunas cosas costaría más de lo normal, pero no se esperaba que tanto.
Pensó en el tiempo, en cómo pasaba con determinación y sin detenerse. Luego pensó en Dorcas y Regulus.
Dos semanas.
Catorce horribles días de incertidumbre habían transcurrido desde el ataque.
Después de haber ido esa madrugada hasta la casa de Marlene y asegurarse de que ellos y Orion estaban bien, durmió un poco y en cuanto amaneció se fue a San Mungo. El Hospital mágico se encontraba blindado por Aurores y a su alrededor periodistas molestos que no obtenían detalles de la noticia del momento, de la cual solo tenían retazos mal contados por meros espectadores.
Cuando Hermione llegó al cuarto piso fue nuevamente revisada por los Aurores, que si bien la conocían, tenían estrictas órdenes de Moody en cuanto a las medidas de seguridad en el lugar. Ella no se quejó, estaba de acuerdo.
La sala de espera era solo ocupada por cinco personas. Habitualmente repleta de familiares de magos heridos de gravedad, ahora estaba casi vacía. Los medimagos habían traslado a la otra ala del piso a los pacientes que allí se encontraban junto a sus familiares. Otra orden de Alastor.
La chica se detuvo a ver con detenimiento la postal que tenía frente a ella antes de acercarse, además ninguno había notado su presencia aún. Cada uno estaba perdido en sus propios pensamientos.
Sirius fue el primero sobre el que detuvo su mirada. El chico se encontraba sentado en el piso, su espalda recargada contra la pared, mientras jalaba despacio de su cabello y miraba fijamente una planta que decoraba el lugar. Su ropa y túnica estaban cubiertas de sangre, al igual que sus manos y cuello, pero no tenía heridas, era la sangre de Regulus.
Desvió su mirada hasta los Prewett, tampoco lucían mucho mejor que Sirius, sobre todo Gideon, quien también se encontraba con su ropa y manos cubiertas de sangre, la cual pertenecía a Dorcas. Ellos estaban sentados en las cómodas sillas de la sala de espera, justo detrás de Orion y Charlotte.
La postura de Orion era alerta, sostenía su elegante bastón y de vez en cuando lo giraba, su mirada era pensativa, aunque como siempre manteniendo la calma. Su mano derecha, con la que había apuñalado a Bellatrix, estaba manchada con su sangre. Estaba sentado al lado de Charlotte, ella estaba recargada en la silla e intentaba mantenerse despierta. En su rostro había dolor y sus pestañas aún se encontraban húmedas a causa de las lágrimas.
Hermione se miró en el reflejo de una puerta de cristal y se dio cuenta que no lucía mejor que el resto. Todos tenían profundas ojeras y sus rostros estaban pálidos por la falta de sueño. Suspiró agotada y se encaminó hasta donde se encontraban todos. El sonido de sus pisadas logró que levantaran sus rostros y la vieran.
Sirius se puso enseguida en pie y fue hasta ella. La rodeó con sus brazos y no dijo nada, solo escondió su rostro en el cuello de su esposa y se quedó allí, descansando con algo de alivio.
–¿Cómo está Orion? –Quiso saber de inmediato Charlotte.
–Se encuentra bien, no te preocupes. –Respondió Hermione sin dar más información y le dio un apretón a la mujer en su mano.
Charlotte y Orion le agradecieron con una sonrisa sincera. El segundo se puso algo más serio y habló con el entrecejo fruncido.
–Lestrange todavía no ha llegado, ¿dónde está?
–Bajo la mirada de Alastor en el Ministerio. –Dijo con amargura Hermione –Me pidió mantenerla con vida, no que tuviese privilegios.
Orion sostuvo la mirada de su nuera y asintió complacido por la actitud de la chica.
–Me parece justo. –Sentenció.
Hermione guio a Sirius hasta los asientos en donde también se encontraban los Prewett, quienes les hicieron espacio para estar todos juntos. Sirius se recostó y dejó su cabeza descansar sobre el regazo de Hermione, se quedó dormido enseguida. Con ella a su lado tenía la certeza de que todo estaría bien y en caso de cualquier novedad ella lo despertaría. La chica acarició el cabello de Sirius y miró en todas direcciones antes de preguntar a los hermanos qué había ocurrido después que desaparecieron de la A.M.A.D.
–No te preocupes, –dijo Fabian mientras bostezaba –hay hechizos en todo el lugar, aquí estamos seguros.
Hermione había escuchado eso tantas veces y luego los habían atacado igual que no pudo evitar enarcar una ceja.
–Es en serio. –Dijo muy seguro Gideon –Nos aseguramos con métodos poco ortodoxos que todo el personal sea leal al Ministerio y no haya infiltrados, además de los hechizos que pusimos, y sin mencionar que tienes un equipo completo de Aurores. –Finalizó el pelirrojo con suficiencia.
La castaña apretó sus labios con curiosidad y entrecerró los ojos.
–¿Cuáles serían esos métodos?
Fabian extrajo una pequeña botella de su bolsillo y se la mostró a modo de respuesta.
Veritaserum.
–Nada de maldiciones, además accedieron por voluntad propia. –Se defendió –Y tranquilízate, Alastor estaría orgulloso.
Hermione asintió complacida con la respuesta, evitando no reír, no era momento.
Los chicos la pusieron al día con todo lo ocurrido en esas pocas horas que habían transcurrido, y realmente no era muy alentador.
Fabian y Gideon habían sido los primeros en llegar a San Mungo con Dorcas que iba desmayada. Con la ayuda de los medimagos la pusieron sobre una camilla y enseguida la llevaron a otra sala para evaluar los daños.
–Perdió mucha sangre, –les explicó una medimaga a los hermanos que con su autoridad de Aurores los habían seguido para cerciorarse que harían todo lo posible por Dorcas –y sus heridas son profundas, casi no tiene signos vitales. –La mujer suspiró y los miró apenada –Haremos todo lo posible, chicos, pero deben entender que su estado es crítico y si sobrevive deben considerarlo un milagro. Y ahora, por favor retírense.
Ambos obedecieron y fueron hasta la sala de espera, en donde acababan de aparecer Sirius y Orion junto a Regulus.
La escena de Regulus se repitió tal como la de Dorcas. Los medimagos apenas notaron su presencia corrieron en su ayuda, sin embargo cuando ya estaba en la camilla y lo preparaban, notaron la marca tenebrosa en su antebrazo. Enseguida los medimagos y sus ayudantes quedaron estáticos y viéndose entre ellos sin saber cómo seguir. Era una vida que salvar, pero no podían obviar el hecho de que se trataba de un Mortífago.
Sirius al notar que ninguno hacía algo explotó.
–¿Por qué no hacen algo? ¡Está muriendo!
Orion miró a su hijo mayor y puso una mano sobre su hombro para calmarlo un poco y evitar que se lanzara sobre los medimagos. Uno de ellos se atrevió a hablar al ver que se trataba de los hijos de Orion Black.
–Es un Mortífago… –Aclaró el joven medimago con miedo.
–¡No es un Mortífago! –Gritó furioso Sirius –¡Es mi hermano, maldita sea! ¿Acaso no juran salvar vidas? ¡Hagan su trabajo sin juzgar, eso le corresponde al Wizengamot!
En ese momento Fabian y Gideon se acercaron para intervenir.
–¿Por qué no lo atienden? –Preguntó Gideon, quien no los dejó responder –Somos Aurores del equipo de Alastor Moody, estamos a cargo de la seguridad mágica, y créanme que si este chico representara algún peligro no habríamos permitido que llegara hasta San Mungo y nosotros mismos lo hubiésemos escoltado hasta el Ministerio. Ahora hagan su trabajo, de lo contrario recibirán la visita del mismísimo Ministro de Magia, Albus Dumbledore.
Los medimagos aún asustados asintieron y volvieron a sus labores.
–Gracias. –Dijo sinceramente Orion mirando al pelirrojo sin tanto resentimiento como antes.
Por supuesto que Orion había pensado enrostrar su linaje o que era él quien pagaba los sueldos a todos los que estaban allí, e incluso que podía destruirlos en un movimiento, pero era inteligente y sabía que la situación en la que se encontraban no era la más favorable, menos para Regulus, es por eso que prefirió tomarlo con calma. Y sin pensarlo había sido Gideon quien había salido a su rescate.
–¿Por qué están tan asustados, es acaso que el chico ya les escupió su linaje y apellido en la cara?
Sirius quitó la vista de su hermano molesto y se encontró de frente con la medimaga que hace mucho tiempo había atendido a Hermione cuando Voldemort la había atacado en el Parque de Diversiones.
–Señor Black. –Dijo la bruja con amabilidad dirigiéndose a Orion –Tenemos que llevarlo a una habitación, detecto maldiciones en su cuerpo, además ha perdido mucha sangre y debemos evaluar qué tan profunda es esa herida y también está debilitado por algo en particular que no logro detectar…
La bruja dejó la frase en el aire para ver si alguien sabía. Sirius evitó rodarle los ojos de forma malcriada y respondió casi ladrándole a la mujer.
–Oclumancia.
La medimaga asintió y se marchó junto con todo su equipo y Regulus, lo llevaron hasta una habitación que estaba al lado de Dorcas.
Sirius y Orion se miraron aceptando que los próximos minutos y horas serían realmente largos.
Por su parte Fabian y Gideon comenzaron con un protocolo de emergencia en cuanto apareció Lily herida junto a James y Frank.
–¡Llévenla a una sala ahora! –Gritó Fabian.
Un par de medimagos fueron en su auxilio, mientras ambos pelirrojos recibían a los Aurores de refuerzo que enviaba Alastor. Comenzaron a trasladar a los otros enfermos y familias al otro lado del piso y colocaron hechizos. Afortunadamente por la hora no había mucha gente y solo unos pocos curiosos habían logrado ver una que otra secuencia.
–Y cuando llegaste acabábamos de terminar de organizar todo. –Dijo entre bostezos Fabian.
–¿Y Regulus, cómo es su estado? –Preguntó Hermione.
–Igual que Dorcas, –esta vez fue Gideon quien contestó –si sobrevive debemos considerarlo un milagro.
Hermione sintió que el aire se atoraba en sus pulmones.
–¿Y Lily?
–Bueno, ella se recuperará, está bien. –Dijo Fabian –Una lechuza trajo una nota con el hechizo que contrarrestaba la maldición, era para Sirius, firmaba anónima. Decía que él sabría qué hacer.
Hermione asintió, de seguro había sido Snape.
–Sirius aplicó el contra hechizo, pero estaba furioso.
Obviamente de Snape.
La castaña suspiró una vez más, definitivamente serían horas muy largas.
Y se habían equivocado, ya que las horas se convirtieron en días y luego en semanas.
Hermione volvió al presente cuando sintió unos golpes en la puerta de su despacho. Ya no estaba en su escritorio sentada, de alguna manera había llegado al suelo y abrazaba sus piernas mientras recordaba. Se reincorporó e hizo pasar a quien fuera que llamaba.
Alastor Moody pasó tan campante como siempre y se sentó frente a ella.
–¿Con ataque de nervios de nuevo? –Preguntó sin preocupación aparente.
–No sé a qué te refieres. –Contestó Hermione restándole importancia.
–Tu túnica está arrugada, supongo que estabas en el suelo como de costumbre, y también está el sudor en tu sien. Debes controlarte. –Aconsejó.
La chica prefirió cambiar de tema.
–En la mañana fuiste a San Mungo, Dumbledore me lo dijo. ¿Alguna novedad?
Alastor negó frustrado.
–Siguen sumidos en el más profundo de los sueños. –Respondió con tristeza –Dorcas fue la más perjudicada, algunas de sus heridas pasaron muy cerca de órganos vitales y han tardado en cicatrizar. Los medimagos dicen que lo mejor es no despertarla porque estando consciente será peor. –Comentó –En cuanto a Regulus, su herida ya sanó, la maldita de su prima tuvo mala puntería esta vez, pero a nivel físico quedó muy debilitado, no solo lo maldijeron de las peores formas, el duelo con Voldemort afectó su mente. Tú sabes que la Oclumancia puede destruirte, ese día el chico estaba en tres batallas a la vez.
Hermione asintió y miró sus manos. No solo había luchado con Voldemort a punta de varita, también resguardaba su mente, y por si fuera poco tuvo que lidiar con los recuerdos de ella y protegerla.
Los medimagos habían tomado la decisión de sumirlos en un profundo sueño hasta que estuvieran lo suficientemente fuertes como para aguantar las pociones y recuperación despiertos.
La castaña se dio ánimos como lo venía haciendo hace dos semanas y pensó que pronto todo acabaría y que los chicos estarían en casa como antes, recuperados.
Miró nuevamente al Jefe de Aurores y entrecerró imperceptiblemente los ojos.
–No has venido solo a informarme de la evolución de los chicos, eso ya podía saberlo por otros medios. –Afirmó desconfiada.
Alastor rio sonoramente y le dio la razón.
–Efectivamente. –Contestó burlón –Como bien sabes, tu prima política se encuentra bajo mi custodia y le pertenece a mi Departamento. –Hermione hizo una mueca al escuchar que estaba emparentada con la loca de Lestrange –Y hoy en la mañana recibí una solicitud de visita para Bellatrix Lestrange, la cual por supuesto denegué, pero a los minutos recibí otra lechuza apelando, aunque esta vez dirigida al Ministro, y en este caso… –Moody se estaba divirtiendo mucho –La que decide eres tú, Dumbledore solo firma, ya que es un tema administrativo. –Finalizó sonriente.
–¿Quién querría ver a esa loca además de su Señor Tenebroso? –Preguntó molesta Hermione.
Voldemort no estaba tan demente como para ir a visitarla al Ministerio.
–Alguien que quiere venganza. –Sugirió Moody doblemente divertido.
¡Por supuesto! ¡Cómo no lo pensó antes!
Orion Black.
–Dime que no es Orion. –Rogó la castaña tapándose el rostro con las manos.
–Acertaste.
Hermione gruñó y miró a Moody con reproche.
–¿Por qué no le diste la autorización y ya? ¡Lo haces para molestarme, Alastor!
–No es así, como Jefe del Departamento de Seguridad Mágica, no puedo permitir un asesinato en las celdas del Ministerio. –Respondió el Auror haciéndose el inocente –Menos si no hay una batalla de por medio, se llevarían al pobre de tu suegro a Azkaban y sin juicio.
–¡Tiene motivos y de sobra! –Gritó Hermione –Me lo dejas a mí porque sabes que no puedo decirle que no.
–Puedes, solo que no debes.
–Vete de aquí, Alastor. –Pidió Hermione mientras tomaba pluma y pergamino –Le escribiré a Orion que no es posible y haré que Dumbledore lo firme. ¡No se atrevería a enfrentarse a Albus!
Moody sonrió maliciosamente.
–De hecho… –Alastor apuntó en dirección a donde estaba el despacho del Ministro y Hermione movió la cabeza –Está con Dumbledore ahora.
Hermione se paró de un salto ofuscada y lanzando maldiciones al aire.
–¡Gracias por nada, Alastor!
Sintió a Moody y los Prewett tras de ella.
–Te dijimos que se enfadaría. –Hablaron al unísono los hermanos.
¡Alta traición!
Llamó tres veces a la puerta del Ministro antes de abrirla. Al entrar se encontró con Dumbledore como de costumbre en su escritorio muy sonriente. Frente a él estaba Orion y su lado lo acompañaban Narcissa y Andromeda.
Eso sí que le llamó la atención y suprimió en algo su malestar. Miró a los tres con intriga. De Orion podía esperar que quisiera ver a Bellatrix, tenían temas pendientes, pero de sus hermanas no lo imaginaba.
Narcissa se paró y le dio una tímida sonrisa a Hermione.
–Señora Black, –saludó alegre Dumbledore y le guiñó –justamente estábamos hablando con Orion y sus sobrinas de usted.
–Alastor Moody ya me dio las buenas nuevas, Ministro. –Contestó Hermione intentando mantener la compostura.
Orion se giró y le sonrió amablemente. Era un manipulador, ya sabía de dónde habían salido sus hijos así de caprichosos. Suspiró frustrada y se dirigió hasta el escritorio de Dumbledore en donde estaba la petición de visita. La firma del Ministro ya estaba plasmada en el papel. Tomó la pluma y antes de firmar miró a su suegro.
–No quiero que haga algo de lo que luego me arrepentiré por haberlo dejado pasar. –La advertencia de Hermione no dejaba nada a la imaginación –Y entrará un Auror con ustedes, la necesitamos viva para el juicio.
Dicho eso la castaña estampó su firma en el papel y se lo extendió a Orion.
–Muchas gracias, querida. –Dijo amable y sincero Orion –¿Cuándo será el juicio de la demente de mi sobrina?
–Fue fijado para el 15 de junio, Orion. –Esta vez fue el turno de Dumbledore para responder.
Orion asintió.
Moody junto a los Prewett los guiaron hasta las celdas. Hermione y Dumbledore los acompañaron por las dudas.
De camino se encontraron con Sirius, quien los miró con pánico.
–¿Le ocurrió algo a mi hermano o a Dorcas, papá? –Preguntó mientras se acercaba.
Hermione sentía una llama de orgullo dentro de sí cada vez que escuchaba que Sirius llamaba a Orion papá, y no que se dirigía a él por su nombre.
–No te preocupes, Sirius. –Respondió Orion mientras rodeaba a su hijo mayor por los hombros –Hemos venido por otros asuntos.
El chico los miró extrañado uno a uno, hasta que su vista se detuvo en su esposa. Hermione estaba molesta, así que no podía ser nada agradable.
–Hemos venido a ver a Bellatrix. –Fue Narcissa la que respondió.
Sirius los miró como si estuviese mal de la cabeza.
–Sirius, puede que Bellatrix sea una demente, pero es la hermana de tus primas, y tienen derecho a verla antes del juicio. –Orion se adelantó a su hijo, antes que comenzara a insultar a todos –Y yo tengo unas cuantas palabras que intercambiar con ella. –Agregó con cortesía, aunque esa frase escondía todo menos eso.
Continuaron avanzando hasta que finalmente llegaron a las celdas.
Bellatrix estaba en la última celda del corredor, la de máxima seguridad, era custodiada además por tres Aurores, entre ellos Frank Longbottom.
–¿Les ha dado problemas, hijo? –Preguntó Alastor a Frank y le dio un cariñoso, aunque tosco golpecito en el hombro.
El chico sonrió y negó.
–Lo de siempre, nada muy grave. –Contestó Frank con una media sonrisa y luego se explicó ante la mirada de curiosidad de los magos y brujas que acababan de llegar –A ratos comienza a gritar, nos amenaza, insulta, cuando entramos con la comida la arroja sin probarla...
Frank se vio interrumpido por los gritos que comenzaron a salir de la celda en ese preciso momento.
–¡Malditos impuros y traidores a la sangre, pagarán! ¡Mi Señor vendrá y acabará con todos ustedes! ¡Longbottom, te mataré con mis propias manos, sufrirás!
El joven Auror se encogió de hombros y les señaló la celda.
–Ahí la tiene. –Era una explicación más que gráfica.
Hermione y Dumbledore intercambiaron una pequeña mueca.
–¡Perfecto entonces! –Interrumpió Dumbledore mirándolos a todos –¿Quién acompañará a la familia Black?
Orion le extendió el pergamino con la autorización a Frank, él se la mostró a sus dos compañeros y todos asintieron.
–Entraré con ellos Ministro, Alastor. –Dijo Longbottom buscando la aprobación.
Tanto Alastor como Dumbledore asintieron complacidos.
–También quiero entrar, soy un Black. –Dijo fuerte Sirius.
Hermione lo miró con cara de pocos amigos.
–Sirius Black, escúchame. –Habló pausado la castaña –La última palabra sobre esto la tuve yo, y accedí únicamente porque tu padre prometió que no habría problemas.
–No haré nada malo, solo los quiero acompañar. –Se defendió Sirius levantando las manos.
Hermione entrecerró los ojos y buscó ayuda en Dumbledore o Alastor. Ambos hombres se miraron y le dieron un asentimiento leve.
–Entrarás, –dijo Hermione –pero a la primera muestra de violencia seré yo misma quien te saque de allí y ocuparás una de esas celdas, Black. Hasta que aprendas a comportarte.
Alastor rio sonoramente.
–Relájate Hermione. –Pidió el Auror de buen humor –No es como si todos los que entran hubiesen intentado matarla ya.
Andromeda los miró a todos. De Sirius y Orion lo podía entender, también de Frank, al ser Auror seguro que su hermana lo había sacado de quicio en algún minuto. Pero Narcissa…
Miró a su hermana con los ojos entrecerrados.
–Yo no diría que la quise matar. –Se defendió la rubia –Solo le di pociones muy fuertes para que no despertara en mucho tiempo y la torturé un poco.
Andromeda asintió sorprendida y aprobó la actitud de su hermana más pacífica. Al fin había despertado y visto la realidad.
Alastor los interrumpió cuando se acercó y extendió sus manos.
–Varitas.
A regañadientes uno a uno accedieron a entregar sus varitas, con excepción de Frank.
–Yo soy Auror, no tendría que entregarla, Frank no lo hizo. –Se quejó Sirius cuando Alastor le arrebató la suya.
–Frank entra en calidad de Auror, tú lo haces como familia. Hace un rato gritaste que eras un Black, que era tu derecho. –Respondió Moody burlón –Así que sin varitas, además la loca de tu prima está desarmada y no queremos problemas.
–Tus palabras te condenan, querido. –Susurró Hermione.
Sirius se acercó y susurró para que apenas ella escuchara.
–Padfoot no necesita varita, solo con los colmillos me basta.
Hermione no respondió, solo entrecerró sus ojos en advertencia.
Frank retiró los hechizos y abrió la puerta de la celda. Entró de los primeros e iluminó el lugar. Luego lo siguieron Orion, Narcissa, Andromeda y finalmente Sirius. Todos sintieron cómo los hechizos de defensa los atravesaban de forma sutil. Frank cerró la puerta y fuera quedaron esperando los Aurores, Dumbledore, Hermione y Alastor.
–Me gustaría saber qué hablarán. –Se quejó Hermione mientras se sentaba a esperar.
–Ponte cómoda, –sugirió Alastor sonriente –los gritos comenzarán en breve.
Dumbledore no pudo evitar sonreír, al igual que los Aurores.
Una vez dentro de la celda a todos les costó un poco acostumbrarse a la oscuridad, aun cuando Frank había iluminado, ya que no había ventana. Ese lugar estaba completamente cerrado y estaba repleto de hechizos. Era distinta al resto de las celdas, pero se entendía, la prisionera de ese lugar no era cualquiera.
Una risa burlona los interrumpió y todos se giraron hacia el final de la celda. Frank se quedó en la puerta con su varita lista.
En una esquina, sentada en el suelo se encontraba Bellatrix. Vestía sus habituales ropas negras, aunque estaban rasgadas por la lucha que finalmente la había llevado hasta ese lugar, y su cabello estaba más despeinado que nunca. Tenía una apariencia realmente demente.
Se encontraba atada con gruesos grilletes desde las muñecas hasta los antebrazos, impidiendo que tuviese a la vista la marca tenebrosa. Solo sus manos quedaban libres y la cadena que las amarraba tenía al menos un metro de largo que le permitía moverse con algo de libertad.
En el lugar había un pequeño cubículo en donde tenía un baño, y además contaba con una cama. Aunque claramente Bellatrix prefería el suelo.
Orion fue el primero en acercarse y romper el silencio.
–Buenas tardes Bellatrix, veo que luces tan bien como este lugar, es tu ambiente natural.
Bellatrix se puso en pie y con un soplido corrió un par de cabellos que le molestaban en el rostro. Sonrió en dirección a su tío y lo miró cuan altanera podía ser en su situación.
–¿Visita familiar? –Preguntó sonando inocente –¿Cómo sigue mi primo, tío? ¿Ya murió?
Narcissa instintivamente se abrazó a Sirius para evitar que la atacara. El chico estaba tenso.
–Oh, no querida. –Respondió amable Orion –Él está mejor atendido que tú.
–Dorcas te manda saludos, hermana.
Bellatrix se giró hasta Andromeda y le sonrió.
–¡Tantos años, Andromeda! –Gritó eufórica –¿Cómo está el fenómeno?
–Mucho mejor que tú, maldita basura. –Respondió con calma la aludida.
Lestrange sonrió y se giró nuevamente en dirección a su tío.
–¿A qué debo tan agradable visita, tío? –Preguntó con una mezcla de petulancia y curiosidad.
Orion se apoyó en su bastón y la miró con suficiencia antes de responder.
–Hemos venido a visitarte por última vez antes de tu juicio, querida. –Orion vio la sorpresa en su sobrina y sonrió –¡Oh, por lo que veo no sabías! Bueno, en breve será tu juicio y espero que ese mismo día te condenen, algo justo para todos los crímenes que has cometido.
Bellatrix relajó un poco su cuerpo y se apoyó contra la pared sin quitar la mirada a los ojos de su tío.
–Narcissa quería verte porque a pesar de todo eres su hermana, y obviamente Andromeda quiso acompañar a su pequeña hermana porque entiende lo que significa la familia, así que no te emociones, no está aquí por ti. –Hizo una pausa –Sirius no pudo evitar perderse esta reunión, y yo tengo motivos más personales.
–¿Cuáles serían los motivos? Suéltalo ya. –Susurró Bellatrix dirigiéndose a su tío.
Orion se acercó a ella hasta quedar ambos a unos centímetros de distancia. Su mirada era amenazante, como la de un cazador antes de dar el tiro de gracia a su presa.
–Primero, quería asegurarme que lo estás pasando muy mal, y por lo que veo, es así. –Comenzó susurrando –Luego, quería expresarte la vergüenza que me da que seas mi familia, aunque tengo reparos en ese lazo, ya que no puedo considerarte mi familia luego de que hayas intentado matar a mi hijo. –La voz de Orion se volvía cada vez más afilada –Desde hoy estás sola, Bellatrix Lestrange. Quizá tu tía continúe guardando cariño por ti y no te queme del árbol familiar, pero qué es ese árbol… No es nada más que un trozo de papel, no significa nada. Nosotros te hemos arrancado de nuestros corazones, ya no perteneces a la familia Black. –La mujer lo miraba con odio –Y por último he venido a avisarte que si a mis hijos o a alguien de mi familia le ocurre algo por tu culpa, yo mismo te daré caza y me encargaré que pagues por todo lo que has hecho.
–¿Te atreverías a matarme? –Preguntó con falso dolor Bellatrix.
–Por supuesto que no te mataría, eso sería un regalo. –Respondió Orion alejándose un poco para darle espacio a ver y metió la mano en su bolsillo –Pero digamos que antes de entregarte a los Dementores, para que pagues toda tu vida en Azkaban, te obligaría a ver cómo tu Señor Tenebroso se fragmenta pedazo a pedazo para acabar como un débil mortal que compartirá la celda de al lado sin gloria ni poder.
Bellatrix siguió los movimientos de Orion y sus ojos se hicieron cada vez más grandes cuando vio que de su bolsillo sacaba la Copa de Helga Hufflepuff.
–Como ves, somos muchos más los que sabemos el secreto de tu Señor Tenebroso. –Continúo susurrando Orion y regresó la copa al bolsillo de su túnica –Este terror que han sembrado acabará muy pronto, y tristemente escogiste tu bando. Quedarás completamente sola y arruinada, Bellatrix.
La bruja destilaba odio en su mirada cuando habló.
–¿Cómo la conseguiste? –Exigió saber.
–Fue un error guardar algo tan valioso en el banco de tu tío, querida. –Respondió sin remordimiento Orion –No fue difícil siendo sincero.
Bellatrix explotó en rabia.
–¡Eres un maldito traidor a la sangre, tú y tus asquerosos hijos! ¡Mi Señor acabará con todos ustedes, uno a uno! –Miró en dirección a Sirius –¡Tú tendrás tu merecido junto a la sangre sucia con la que decidiste manchar nuestro apellido y sangre! –Luego se giró a sus hermanas –¡Y ustedes por supuesto que sufrirán, espero ser yo quien acabe con ustedes!
Orion suspiró y cerró los ojos intentando calmarse y no estrangularla en ese mismo momento.
–La única que ha ensuciado nuestro apellido eres tú, Bellatrix.
Narcissa se acercó a su hermana con sus ojos llorosos y acarició su rostro. Bellatrix intentó soltarse del toque de su hermana.
–Bella, por favor muestra algo de arrepentimiento, quizá el Wizengamot tenga piedad en tu juicio. –La petición de Narcissa era un ruego desesperado en el que esperaba encontrar algo de bondad en su hermana –Ya acabó, estás sola y tendrás que enfrentar al Tribunal sin nadie a tu lado. No vendrán a tu rescate esta vez, solo te utilizaron.
–¡Jamás, maldita rata asquerosa! –Gritó Bellatrix a su hermana –Esto aún no acaba y ya me encargaré de ti más pronto de lo que imaginas, aunque no sea con mis propias manos, aun cuando no esté presente, te veré sufrir.
–¡Suficiente!
Orion alejó a Narcissa y la dejó con Sirius y Andromeda.
–Nos vamos chicos. –Ordenó y Frank enseguida quitó los hechizos para que salieran –Ya sabes Bellatrix, la conversación de hoy no la tomes a la ligera, quedas sobre aviso.
Salieron de la celda mientras escuchaban los cientos de insultos y maldiciones que les deseaba Bellatrix. Narcissa había sido la más afectada con la visita, ya que el resto no sentía ningún tipo de lástima por la situación de su sobrina, hermana y prima.
Hermione, Alastor y Dumbledore miraban curiosos la escena.
–Eso salió bastante bien. –Los felicitó Alastor.
–Pensamos que realmente se matarían allí dentro. –Comentó aliviada Hermione.
Todos volvieron hasta el primer piso. Orion se quedó conversando con Alastor y Dumbledore en el despacho del Ministro, mientras que Narcissa y Andromeda tomaron la red flu de Hermione.
–Está loca. –Dijo Sirius que estaba con sus brazos cruzados y recargado contra la chimenea.
Se habían quedado solos.
–El Wizengamot no tendrá piedad, –susurró Hermione –es el primer pez gordo que tienen. Por un instante pensé que no tendría juicio.
–Tú también tendrás que votar. –Añadió Sirius.
–No me lo recuerdes, sé que es una demente, psicópata y que ha intentado matarme más veces de las que nos hemos saludado, pero… es parte de tu familia. –Se cuestionó la castaña –Y aun así, mi deber es más importante, tendré que ser justa.
–Ella no es parte de nuestra familia, Hermione. –Contradijo Sirius con una media sonrisa.
Hermione le devolvió el gesto y corrió hasta sus brazos.
Los días fueron pasando y no había cambios en Regulus o Dorcas. Incluso el primer cumpleaños de Orion tuvo que ser una celebración pequeña e íntima. Marlene se había encargado de todo con Hermione y Charlotte. No porque fuese un bebé no tendría un cumpleaños. Lo llenaron de amor y regalos, todos querían que estuviese feliz porque de cierta forma sabían que notaba la ausencia de sus padres.
De momento el pequeño Orion seguiría al cuidado de Marlene, era un lugar seguro.
El tiempo continúo su carrera y así fue como llegó el 1 de junio. Era un día más en el Ministerio, Hermione estaba tomando apuntes de posibles respuestas que podía dar a los periodistas, pero de inmediato las tachaba, realmente ya no sabía qué decirles. Las preguntas se repetían una y otra vez en su cabeza.
¿Por qué Regulus Black fue atacado por El Innombrable si se supone era uno de sus hombres de máxima confianza?
¿Qué ocurrió realmente en la A.M.A.D.?
¿Cuál es el estado de Dorcas Meadowes y qué relación guarda con el ataque?
¿Por qué Regulus Black tiene un trato especial en San Mungo y no se encuentra confinado en el Ministerio junto a su prima, Bellatrix Lestrange? Ambos son Mortífagos.
La pluma de Hermione se rompió y con eso se dio por vencida. Tomó un pañuelo y limpió la tinta de sus manos. Su cabeza dolía de tanto pensar.
Se sobresaltó cuando la puerta de su despacho se abrió sin que llamaran antes, pero enseguida se calmó al ver que se trataba de Gideon y Fabian. Ambos cerraron la puerta, se veían exaltados.
–¿Qué ocurre? –Preguntó alarmada Hermione.
–Regulus acaba de despertar. –Informó Gideon con una sonrisa.
Hermione tampoco pudo ocultar su sonrisa.
–¿Quién más lo sabe? –Preguntó la castaña que ya estaba de pie y se dirigió a los hermanos.
–Orion nos informó, ahora está junto a Alastor y Dumbledore. –Contestó Fabián.
La castaña asintió y corrió hasta el Departamento de Seguridad Mágica. En uno de los salones se encontraba Frank dando una clase a los Aurores en entrenamiento. Hermione llamó a la puerta y el joven Auror se acercó.
–¿Ocurre algo?
–Frank, ¿puedes disculpar a Sirius por el resto de la clase, por favor?
Frank asintió y a los minutos Sirius salió al pasillo confundido al ver la enorme sonrisa de su esposa.
–¡Regulus despertó! –Anunció emocionada.
Sirius no pudo contener su alegría y le dio una vuelta en el aire. Luego ambos corrieron hasta el despacho de Dumbledore donde ya se encontraban los Prewett, Orion y Alastor.
–Las noticias vuelan. –Los molestó Alastor.
No esperaron más y todos se dirigieron por red flu hasta San Mungo. En cuanto llegaron se encontraron con Charlotte, quien les dio una sonrisa. Dorcas seguía dormida y sin dar indicios de mejorar pronto.
Orion había estado con su hijo antes de ir a darles la noticia al Ministerio, al igual que Charlotte que se había quedado cuidándolo, así que dejó que Hermione y Sirius fuesen los primeros en entrar. Los medimagos les advirtieron que solo podían estar cinco minutos por pareja, no debían agotar a Regulus.
Ambos entraron despacio y vieron a Regulus muy pálido, lucía agotado. El chico apenas los sintió se giró y les dio una pequeña sonrisa.
–Mi estúpido hermano. –Dijo Sirius a la vez que se sentaba a su lado y lo abrazaba.
–Sigo siendo el más inteligente, Sirius. –Contrarrestó el chico de buen humor.
Hermione se acercó emocionada y tomó la mano de su cuñado.
–Nos diste un buen susto, Reg.
–No sería un Black si no hago todo a gran escala. –Contestó sonriendo.
Estuvieron conversando apenas unos segundos, hasta que Regulus se puso muy serio.
–Sé que los sacarán en un par de minutos, hicieron lo mismo con papá y Charlotte, pero debo saber algo. –Dijo muy serio –¿Por qué Dorcas no ha venido? Charlotte y papá evadieron el tema, dijeron que estaba bien, que luego nos podríamos ver. ¿Dónde está? Ese día estaba herida, ¿ya le dieron el alta?
Sirius y Hermione se miraron una fracción de segundo para decidir si le decían la verdad o no.
–Por favor no me mientan, estoy muy débil para ocupar Legeremancia con alguno de ustedes, además se sabrían defender. –Pidió con sinceridad Regulus.
Fue Hermione quien resumió todo lo que había pasado y lo puso al día sobre el estado de Dorcas.
–Debo verla. –Dijo decidido Regulus.
–No puedes, no ahora. –Intervino Sirius –Acabas de despertar, primero recupérate y luego te prometo que seré yo mismo quien te lleve. Si debemos maldecir a los medimagos para que nos dejen verla, lo haremos.
Regulus asintió conforme y Hermione rodó los ojos.
–¿Saben que soy la Asistente del Ministro, verdad? Podría conseguirles un permiso a Azkaban si fuese necesario, solo no maldigan a nadie, dejen de meterse en problemas. –Pidió con la calma que le explicas historia antigua a un niño.
Ambos la miraron con los ojos entrecerrados y asintieron.
Una semana más tarde Regulus se encontraba casi totalmente recuperado y en solo unos días le darían el alta de San Mungo. Hermione se dirigía al Hospital para visitarlo, cuando llamaron a su puerta. Eran Dumbledore, Alastor y Orion, no llevaban caras de felicidad, así que seguro había un problema.
Hermione regresó a su escritorio y les indicó que se sentaran frente a ella.
Dumbledore le extendió un pergamino y comenzó a hablar mientras Hermione lo desdoblaba y leía con expresión horrorizada.
–El Wizengamot en su totalidad firmó la petición, solamente me resté yo y asumo que usted tampoco firmará, es por eso que vinimos en última instancia a verla. –Dijo apenado.
–¡Por supuesto que no firmaré! –Gritó Hermione.
La castaña miró desesperada a Alastor y Orion.
–Yo no estoy más contento que usted, Hermione. –Aclaró Orion –Sin embargo, entiendo las razones, aunque Dumbledore me ha asegurado que tendrá un juicio justo y que ustedes servirán de testigos, no correrá ningún peligro.
–¡Alastor! –Urgió la chica.
–Tranquilízate muchacha. –Pidió el Auror refunfuñando –No te hagas la sorprendida, entiendo tu enojo, pero esto iba a suceder en cualquier minuto. Nosotros sabemos la verdad, el resto del Mundo Mágico no.
–¡Entonces debemos decirlo! ¡Estamos hablando de Regulus, por Merlín! –Hermione jaló su cabello y tapó su rostro con ambas manos –¡Lo quieren meter en Azkaban! Él es inocente, sí, cometió crímenes, pero fue porque se vio obligado por ser nuestro informante. Su lealtad es con el Ministerio.
–Y se sabrá, Hermione. –La calmó Dumbledore –Prepararemos una buena defensa, con testigos y Regulus no correrá ningún peligro de ir a Azkaban o siquiera ser castigado de alguna otra forma. –El Ministro hizo una pausa para continuar –Sin embargo debemos cumplir las formalidades e ir por Regulus, quien se encontrará bajo la custodia de Alastor hasta el juicio. Estará con nosotros en el Ministerio, será más seguro hasta que todo acabe.
–Estoy de acuerdo. –Dijo muy a su pesar Orion –Llevarlo a casa o a otro lugar sería peligroso justo en este momento.
–¿Sirius lo sabe? –Quiso saber Hermione.
Todos negaron.
–Ahora iremos a San Mungo por el chico, Sirius seguramente está con él, hoy no se presentó a sus clases. –Comentó Moody –Y tú, –dijo señalando a Hermione –eres la encargada de informar de la situación a Regulus. Fabián y Gideon los escoltarán de ida y vuelta.
Hermione maldijo su suerte.
Los Prewett se les unieron con cara de pocos amigos y dieron una mirada triste a Hermione.
El viaje hasta San Mungo fue demasiado rápido.
Los dos Aurores que vigilaban la puerta de Regulus se hicieron a un lado en cuento vieron la comitiva que se acercaba. Al entrar se dieron cuenta que efectivamente Sirius se encontraba sentado al lado de su hermano. Jugaban ajedrez mágico y aprovechaban de conversar trivialidades.
Regulus se veía recuperado, hasta su semblante tenía color.
Orion se acercó a sus hijos y los saludó para que notaran la presencia de todos. Regulus los saludó con una sonrisa, Sirius en cambio frunció el ceño apenas notó el pergamino que llevaba Hermione. La chica desvió la mirada y se concentró para que sus expresiones no la delataran. Realmente entendía lo del juicio contra Regulus, pero no encontraba justo encerrarlo en una celda, él no era como el resto, además quería mucho a su cuñado y no quería causarle más dolor del necesario. Como si no fuese poco tener lejos a su hijo y a Dorcas al otro lado sin poder despertar.
Regulus notó a su padre tenso y de inmediato miró el pergamino. Se sentó derecho y realizó una última jugada.
–Jaque mate. –Exclamó victorioso ante la mirada incrédula de su hermano.
El juego había terminado.
–Veo que no es una visita normal como los otros días. –Señaló Reg y le dio una media sonrisa resignada a Hermione –Suéltalo ya, destructora de árboles genealógicos.
Hermione quiso reír, pero tenía un nudo en la garganta y el estómago. Quería abrazar a Reg y llorar. Desdobló el pergamino y miró a los tres Black que estaban sentados en la cama. A su derecha se ganó Fabian y a la izquierda Gideon, mientras Alastor y Dumbledore observaban desde la esquina.
–Traigo una orden de captura en tu contra, Reg. –Comenzó Hermione tratando que su voz no se quebrara –Están las firmas de todos los miembros del Wizengamot, quienes solicitan tu presencia inmediata en el Ministerio, mientras aguardas a tu juicio. –Le extendió el pergamino para que pudiese observarlo con detenimiento –Podrás ver la solicitud y las firmas, todas, excepto la mía y de Dumbledore.
Regulus y Sirius miraron atentamente el pergamino y asintieron, era original.
–¡No es justo! ¡Él no es un Mortífago real! –Comenzó a despotricar Sirius.
Alastor intervino al mismo tiempo que Orion lo calmaba.
–¡Cálmate muchacho! –Pidió el Auror –Tu esposa ya nos hizo un berrinche en el Ministerio y dijo todo lo que seguramente estás a punto de decir. –Puso sus manos tras su espalda y comenzó a dar vueltas por la habitación –Tenemos una defensa sólida.
–Solo estarás en el Ministerio hasta que sea el juicio. –Intervino Orion –Luego retomarás tu vida normal y tu nombre estará limpio, hijo.
–La señora Black y Alastor testificarán a tu favor, Regulus. –Fue el turno de Dumbledore para hablar –Además, me encargaré en persona de tu defensa, tengo esas atribuciones como Ministro. Nos encargaremos que todo el mundo mágico se entere de la enorme contribución que has realizado en esta guerra.
Regulus suspiró y asintió tranquilo.
–Confío en todos ustedes. –Dijo más calmado.
–También testificaremos si se nos permite. –Pidió Gideon mirando a su hermano quien enseguida asintió.
–¡Perfecto! Ya tienes cinco testigos de peso, muchacho. –Comentó sonriente Alastor.
Los medimagos entraron y autorizaron el alta de Regulus, estaba en condiciones de abandonar San Mungo, sin embargo todos los días lo iría a revisar un medimago hasta cerciorarse que estaba del todo curado.
En cuanto estuvo vestido salió junto a su padre a la sala de espera, en donde lo esperaban todos. Charlotte se acercó y le dio un maternal abrazo.
–Por obvias razones supongo que no puedo ver a mi hijo. –Dijo mirando con tristeza a su suegra.
–Es lo mejor por ahora, querido. Cuando todo esto acabe podrán estar juntos nuevamente. –La mujer le dio un suave apretón en su brazo y se apartó.
Regulus suspiró resignado antes de hacer una última petición.
–¿Puedo despedirme de Dorcas?
–Por supuesto que puedes. –Respondió enseguida Hermione.
Gideon los acompañó hasta la habitación de Dorcas. Una medimaga los esperaba en la puerta.
–Cinco minutos. –Informó y los dejó pasar.
La habitación estaba fría, era blanca y además de la cama en la que se encontraba Dorcas, no había mucho mobiliario. Regulus se acercó y tomó la mano de su esposa, su rostro lucía más pálido que de costumbre y su oscuro cabello descansaba sobre la almohada cubriendo todo a su paso. La respiración de Dorcas era acompasada, realmente se veía en calma. Regulus esperaba que el sueño aplacara cualquier dolor que pudiese tener.
Dejó un beso sobre su mano y se giró para abandonar la habitación. Gideon y Hermione lo observaban desde la puerta, no se habían acercado para darle privacidad.
De vuelta al Ministerio prefirieron ir por red flu directo al despacho de Dumbledore. Una vez allí se completaron todos los papeles administrativos y Alastor despejó el camino hasta las celdas. No querían curiosos. Los periodistas estaban desde primera hora reunidos en El Atrio, desde San Mungo se había filtrado que Regulus iba camino al ministerio y todos esperaban la conferencia para tener novedades.
Hermione, Alastor y los Prewett acompañaron a Regulus hasta las celdas, le dieron una que se encontraba en el medio, era la más cómoda de todas y además estaba iluminada.
–Un lugar de cinco estrellas, sin duda. –Comentó con sarcasmo Regulus.
–Serán solo unos días, Reg. –Dijo Hermione –Además no serás tratado como el resto, estás en calidad de acusado, pero viniste por tu propia voluntad y como testigo. Esto es solo una medida de seguridad para protegerte hasta que sea el juicio.
–¿Cuándo está pactado? –Preguntó el chico mientras se sacaba su túnica y se recostaba en la cama.
–Será el 15 de junio. –Casi escupió la castaña.
Reg acomodó sus brazos tras su cabeza y la miró con una ceja elevada.
–El mismo día que Bellatrix… –Soltó perspicaz –El Wizengamot está ansioso de matar dos pájaros de un tiro, seguro esperan tener un gran espectáculo.
–No me parece justo. –Comentó Hermione –Aunque al mismo tiempo puede favorecernos tener a Bellatrix a tu lado cuando ambos sean juzgados. Ella te odia y lo dejará en evidencia.
–Es un arma de doble filo. –La contradijo Regulus –Sin embargo es demasiado leal a ese lunático y la causa, puede funcionar.
Hermione se sentó un minuto a su lado.
–Te prometo que te sacaremos de aquí ese mismo día.
Regulus le dio una pequeña sonrisa, confiaba en ella.
La castaña se retiró de la celda y lo dejó en compañía de Fabian y Gideon, ambos se turnarían para custodiarlo junto a otros dos Aurores que Alastor enviara.
Llegó a su oficina, en donde Moody ya la esperaba.
–¿Quién podrá protegerme ahora? –Bromeó con sarcasmo Hermione –Me sacaste a Gideon y Fabian, los asignaste a la protección de Reg.
Moody le respondió con su habitual sonrisa maliciosa y Hermione supo entonces que ya había pensado en todo. Ella muy por el contrario de lo que todos pensaban no necesitaba custodia constante, aunque sí agradecía en esos días tener a un Auror cerca, sobre todo cuando debía enfrentarse a los periodistas.
–La rubia te acompañará hasta que todo se calme, además eso le dará la flexibilidad de tus horarios y podrá irse antes a casa, y ya que está cuidando al pequeño Orion, supuse que le sería de ayuda. –Explicó Alastor.
–¿Marlene? –Preguntó incrédula Hermione.
Sí, la relación de ambas era mucho más amistosa y habían dejado todo atrás, pero no estaba segura de que la chica se lo hubiese tomado de la mejor manera.
–Antes que digas algo, –interrumpió Moody sus pensamientos –no, no reaccionó de las mil maravillas, pero le desagradó menos la idea al saber que sería a ti a quien cuidaría, y de cierta forma esto le servirá para aplacar un poco su soberbia.
–Si tú lo dices. –Dijo Hermione sin nada más para opinar.
A las cinco en punto Marlene la espera fuera de su despacho y a modo de saludo le dio una mueca.
–Tampoco estoy de acuerdo con esto de tener uno o dos Aurores siguiéndome a todos lados, Marlene. –Aclaró enseguida Hermione –Aunque entiendo por qué es y lo agradezco, además los Prewett ahora tienen otras responsabilidades, por eso te asignaron conmigo.
Hermione se quedaba tranquila al saber que sus hermanos favoritos estarían con Regulus y en la seguridad del Ministerio.
–No me molesta cuidarte las espaldas, de cierta forma te lo debo. –Dijo Marlene bajando la voz a medida que hablaba –Es solo que Alastor lo hace a propósito, cree que soy obstinada y soberbia.
–¿Y no lo eres? –Preguntó Hermione mientras ambas se subían al elevador –Vamos hasta El Atrio. –Pidió la castaña.
–No tanto… –Respondió Marlene –Está bien, un poco menos que antes. –Reconoció rodando los ojos. –Pero ese es el punto, he cambiado y Moody en vez de mandarme a custodiar las celdas y rotar con los otros Aurores, o quizá darme la oportunidad de ir a una redada, me manda de niñera.
Hermione no pudo evitar reír.
–Será solo hasta el juicio, Marlene, luego retomarás todo con normalidad. –La calmó Hermione –Cuando trabajaba para Alastor muchas veces también sentía el impulso de desobedecer, pero créeme cuando te digo que él te valora mucho. –La miró con comprensión y la rubia le dio la primera sonrisa del día –Y no subestimes tu trabajo, estás con la chica favorita de los Mortífagos cuando quieren darle caza a alguien, soy uno de los objetivos de El Innombrable. –Tristemente la broma de Hermione no era divertida –Es probable que tengas mucha acción, sin contar que podrás entrar al juicio y ayudarme a evitar la prensa.
–Me agradan las cámaras. –Comentó con coquetería Marlene.
–Entonces estarás a mi lado, así nos toman fotografías a las dos. Los chicos siempre preferían esperarme en el ascensor y tenía que estar sola. –Dijo Hermione –Mañana serás portada en El Profeta y cada periódico o revista de nuestro mundo.
La rubia sonrió abiertamente y cuando llegaron hasta El Atrio siguió a Hermione. Esperó ligeramente unos pasos más atrás con su varita preparada por si surgía algún imprevisto.
Hermione comenzó el comunicado agradeciendo la presencia de todos y aclarando que no se responderían preguntas por orden del Ministro de Magia.
–En las últimas horas, Regulus Arcturus Black fue dado de alta de San Mungo, luego que se le informara que el Wizengamot emitió una orden de captura en su contra, por lo cual ha decido cooperar y por su propia voluntad nos acompañó hasta el Ministerio, en donde se encontrará recluido hasta su juicio. –Hizo una breve pausa para esperar que tomaran sus odiosas fotografías –El juicio en su contra se llevará a cabo el próximo 15 de junio, al mismo tiempo que el de la acusada Bellatrix Lestrange. –Una nueva pausa antes de terminar –Cabe aclarar que contarán con cargos y defensas totalmente distintas, por lo que no se trata de un mismo juicio, solamente coincidirá en fecha, hora y lugar.
Sin agregar nada más Hermione dio por terminada la conferencia de ese día.
Marlene la miró con aprobación y volvieron al despacho de la castaña.
–Es hermoso, no son ni las seis de la tarde y ya me voy a casa. –Exclamó la rubia feliz.
–Te dije que te la pasarías bien conmigo. –Hermione le habló con la típica expresión de te lo dije –Dale un beso a Orion de mi parte.
Marlene asintió y cada una partió rumbo a su hogar.
El 15 de junio llegó con la velocidad de la luz.
Hermione estaba frente al enorme espejo de su habitación terminando de arreglar su ropa y colocar correctamente su túnica color cereza, cuando Sirius apareció vestido todo de negro, lucía nervioso.
–¿La defensa es sólida, verdad? –Preguntó por al menos décima vez.
Hermione asintió convencida, no había dejado escapar ni un solo cabo. Ambos se veían cansados, no habían dormido la noche anterior por la expectación.
–Vamos entonces. –Dijo a la vez que soltaba todo el aire que tenía contenido en los pulmones cuando estuvo seguro que su esposa estaba lista. Hermione se había maquillado ligeramente para borrar el rastro del cansancio.
Llegaron por red flu hasta su despacho en el Ministerio, y allí ya los esperaban Orion, Narcissa, Andromeda y Dumbledore.
–Me adelantaré al Tribunal, señora Black. –Dijo Dumbledore con una sonrisa –Tendrán cinco minutos con Regulus antes que los Aurores lo lleven.
–Nos vemos entonces, Ministro. –Dijo Hermione con confianza.
–¿Podremos estar en el juicio? –Preguntó Narcissa al borde del llanto.
–Así es, –contestó Hermione –tienen autorización como familia, de hecho Sirius también podrá estar. –El pelinegro le agradeció con una sonrisa –Y fuera de los miembros del Wizengamot, habrá un periodista de cada medio, sin cámaras, solo con sus plumas y con prohibición de acercarse a ustedes. –Explicó calmadamente –Además estarán Alastor y los Prewett como testigos de Regulus. El resto de los Aurores estarán custodiando las entradas y salidas. Y por último Marlene McKinnon también se encontrará allí, ella tiene a cargo mi vigilancia.
Todos asintieron conformes.
–Los llevo con Reg. –Dijo la castaña.
En la puerta de su despacho ya esperaba Marlene con su mejor túnica. Se quedó al lado de Hermione y emprendieron la marcha hasta las celdas. En el lugar se encontraban Fabian y Gideon junto a otros dos Aurores, los cuatro esperaban a un par de metros de la celda de Regulus.
–¿Qué ocurre? –Preguntó curiosa Hermione.
–Le damos algo de privacidad a Regulus. –Explicó Fabian –Henry Macmillan llegó hace unas dos horas, está tomando nota de los últimos deseos de Regulus en cuanto a sus bienes, actualiza su Testamento, solo por si algo sale muy mal.
–No confía en nosotros. –Farfulló molesto Sirius.
–Teme por Bellatrix. –Corrigió Hermione a su esposo antes que fuese a interrumpirlo.
Solo un minuto después salió Henry con un maletín y sonrió al verlos a todos. Dio un amistoso golpe a Orion en su hombro.
–Todo saldrá bien Orion, mi querido amigo. –Luego se giró a Narcissa –Lo suyo querida está casi listo, pase por mi estudio cuando guste para afinar los detalles.
Narcissa se tornó de un rojo furioso y miró de soslayo a Gideon, se encontraba en el foco de atención.
–Gracias Henry. –Susurró la rubia.
La chica agradeció que por el momento la dejaran en paz y mejor se centraran en su primo.
Fabian y Gideon les permitieron la entrada y recordaron que el juicio comenzaba en quince minutos, por lo que solo contaban con cinco para estar con él.
Regulus llevaba la que de seguro era su mejor túnica, la más costosa y elegante de todo el Mundo Mágico. Estaba sentado en la cama y se veía tranquilo. También estaba repuesto y ni parecía que llevaba una semana confinado en una celda.
Se puso en pie apenas vio a su familia y recibió con agrado el abrazo y beso de su padre. Luego fue el turno de Sirius que era un poco más torpe, pero se las arregló para abrazar y golpear con cariño a su hermano. Narcissa y Andromeda se arrojaron a los brazos de su primo y lo besaron en repetidas ocasiones, dejándolo incluso manchado con maquillaje. El chico ya había comenzado a despotricar, cuando se acercó Hermione y con un pañuelo lo limpió.
–Hoy acabará todo, te lo prometo. –Susurró la castaña y se abrazó a su cuñado.
–¿Sabes algo de Dorcas? –Preguntó.
–No, Reg. –Respondió sincera Hermione –No sé nada distinto a lo que te hemos ido informando, pero cuando acabe el juicio podrás ir a verla.
–Si algo no sale bien tienes que ocuparte junto a Sirius de ella y nuestro hijo, Henry Macmillan los irá a ver de ser necesario. –Suplicó asustado.
Hermione asintió dándole una pequeña sonrisa para infundir confianza en su cuñado.
Los cinco minutos pasaron y Hermione se llevó a todos con ella hasta el Tribunal. A su lado iba Orion.
–¿La señora Black no vendrá? –Preguntó Hermione en un susurro.
Orion sonrió con tristeza antes de responder.
–Walburga está muy avergonzada de su hijo favorito, de hecho lo quemó del árbol genealógico de la familia Black, así que no espere que tenga una muestra de afecto el día de hoy.
Hermione asintió y permitió que ellos ingresaran primero. Fue así como Orion y Sirius se sentaron en primera fila junto a Narcissa y Andromeda.
–Quiero que te quedes junto a ellos, por favor. –Pidió a Marlene –Cualquier cosa que necesiten que seas tú con la única que tengan contacto durante el juicio.
Marlene asintió feliz.
Hermione ingresó al Tribunal cuando faltaban solo minutos para que comenzara el juicio. Dentro estaban todos los miembros del Wizengamot, no había faltado ni uno. La prensa del lado más alejado esperaba con expectación. La familia Black aguardaba en primera fila con la habitual postura de que nada ni nadie podía destruirlos.
La castaña se sentó al lado de Dumbledore.
La sala era circular, y en medio había dos sillas. Dumbledore le dio una imperceptible sonrisa.
Cuando el reloj marcó las nueve de la mañana las puertas del Tribunal se abrieron de par en par. La primera en entrar fue Bellatrix Lestrange, quien era fuertemente custodiada por Alastor Moody, Frank Longbottom y Kingsley Shacklebolt. Se sentó en la silla del lado derecho y enseguida sus pies y manos fueron amordazados por fuertes cadenas que aparecieron por obra de hechizo. Kingsley y Frank se retiraron de la sala, no sin antes dar una sonrisa a Sirius.
Un minuto más tarde ingresó Regulus custodiado por los hermanos Prewett. Él se sentó a la izquierda y al lado de su prima. Ocurrió lo mismo en cuanto tocó la silla, sus pies y manos fueron amordazadas. Se quedó muy quieto y respiro con tranquilidad.
Alastor lanzó un hechizo sobre ambos y se marchó con los Prewett para sentarse en primera fila.
Dumbledore se puso en pie y se dirigió a todos los presentes.
–Miembros del Wizengamot, como Jefe Supremo de este Tribunal doy comienzo al juicio contra los acusados, Bellatrix Lestrange y Regulus Black.
Miró a Hermione, quien también se pudo en pie.
–A la prensa, testigos y familia presente, les recuerdo que no pueden emitir comentarios o siquiera intentar acercarse a los acusados, de lo contrario serán expulsados del Tribunal.
Ambos se sentaron y Dumbledore tomó el enorme pergamino frente a él y comenzó a leer los cargos.
El reloj marcaba las nueve de la mañana con cinco minutos, Dobby estaba desayunando en la fría habitación del hospital, cuando fue alertado por la tos y quejidos que provenían de la cama de Dorcas. El elfo corrió en dirección a la chica que se encontraba de costado, acababa de despertar.
Dobby quedó paralizado sin saber qué hacer, habían esperado por tanto tiempo este día, y precisamente Dorcas había reaccionado el día del juicio de su esposo, justo cuando no había nadie a su lado.
–Señora Black, –dijo con mucho cuidado Dobby, mientras se acercaba –debe recostarse, iré por los medimagos.
Dorcas se aferró con fuerza a la mano de Dobby para evitar que se fuera, mientras con su otra mano presionaba su garganta y continuaba tosiendo. El elfo al darse cuenta de esto acercó un vaso con agua y se subió a la cama. Ayudo a Dorcas a sentarse y a beber el agua, eso ayudó en algo a calmar la tos. Lágrimas salían de sus ojos por el esfuerzo y su rostro se estaba tornando rojo.
La castaña volvió a sujetar a Dobby cuando sintió al elfo moverse discretamente para ir por los medimagos. Boqueó un par de veces, hasta que su voz salió con algo de dificultad, estaba un poco ronca.
–¿Dónde está mi hijo, Dobby?
El elfo se debatió entre si debía o no hablar.
–El pequeño Orion está bien, se encuentra en casa de la señorita Marlene McKinnon. –Respondió con cautela, pero al ver que Dorcas no decía nada continuó hablando –De hecho hace unas semanas celebramos su primer cumpleaños.
Se detuvo cuando vio cómo la cara de Dorcas pasaba de la curiosidad al espanto. Tragó pesado y se esforzó por recordar. De lo último que tenía memoria era de ella desmayándose frente a Regulus que se encontraba en el suelo herido.
Miró a su alrededor y reconoció la habitación de San Mungo.
–¿Cuánto tiempo llevo aquí, Dobby? –Exigió saber.
–Un mes y medio. –Susurro el elfo.
A Dorcas se le llenaron los ojos de lágrimas y cubrió su rostro con ambas manos. Dobby para calmarla comenzó a contarle todo lo que había pasado después del ataque, evitando mencionar a Regulus.
Fue peor.
–¿Y Regulus? ¿Dónde está? ¿Por qué no está conmigo? –Preguntó muy rápido Dorcas que comenzaba a desesperarse.
Dobby bajó de la cama y arrugó su nariz.
–Dobby debería ir por los medimagos. –Sugirió.
Dorcas negó.
–Dobby, dime la verdad. –Suplicó.
El elfo se agarró las orejas y las tiró un poco al mismo tiempo que pataleaba.
–Hoy es el juicio del señor Regulus Black, luego de que casi murió por culpa de su prima, la maldita de Bellatrix Lestrange, los Aurores vinieron por él y lo dejaron encerrado en el Ministerio. –Soltó de golpe –A esta hora está comenzando el juicio en donde lo culparán por los crímenes que cometió, por ser Mortífago y seguidor de El Innombrable. El Wizengamot quiere enviarlo a Azkaban, pero la señora Hermione tiene un plan, dice que todo estará bien.
A Dorcas le comenzó a faltar el aire, se dejó caer de espaldas en la cama y empezó a llorar desesperada.
Dobby aprovechó ese momento y salió de la habitación, corrió en dirección a la sala de espera, en donde estaba Charlotte conversando con dos medimagos.
–¡Despertó, ella está despierta! –Gritó el elfo.
Charlotte fue la primera en correr hasta la habitación de su hija, seguida de cerca por Dobby y los medimagos.
La mujer se acercó hasta su hija y comenzó a calmarla, acarició su cabello, pero nada lograba consolarla.
–Mamá, –susurró la chica –quieren encerrar a Reg, tengo que ir al Ministerio ahora. –Continuó mientras intentaba ponerse en pie.
Charlotte suspiró y miró a Dobby que enseguida se encogió de hombros y sonrió a modo de disculpa.
–No irás a ninguna parte, Dorcas. –Ordenó su madre –Ahora vendrán los medimagos y te revisarán, prometo que te contaré todo.
Y así fue, Charlotte le contó todo lo ocurrido en el último mes y medio a su hija, cada detalle y lo que ocurría en ese momento en el Ministerio. Eso calmó en apariencia a Dorcas. Los medimagos la revisaron y dejaron una poción para que durmiera y lograra descansar del shock que acababa de sufrir.
Dorcas se tomó el líquido y cuando su madre se giró, aprovechó para escupirlo y hacer un gesto a Dobby, pidiendo su silencio. El elfo volvió a jalar sus orejas y guardó silencio.
–Hablaré con los medimagos, hija. –Informó Charlotte –Dobby se quedará contigo, intenta dormir.
Charlotte salió de la habitación y enseguida Dorcas se sentó.
–Dobby… –Susurró apenas, y el elfo supo en ese minuto que se meterían en problemas.
Dumbledore terminó de leer los cargos legales contra Bellatrix, que se resumían a más allá de ser seguidora de Lord Voldemort, al hecho de participar activamente dentro de los Mortífagos, incluso teniendo la marca tenebrosa. Decenas de brujas y magos habían testificado en su contra luego de cada uno de los ataques en los que había participado, además de haber sido pieza clave en el ataque al Ministerio en donde cientos la vieron.
–Bellatrix Lestrange, se te acusa de ser fiel seguidora de Lord Voldemort. –Muchos susurros se sintieron en el Tribunal, solo Dumbledore tenía el coraje para mencionar la palabra que habían convertido en tabú. El Ministro sabía que Voldemort no se presentaría ese día, no era estúpido –De hecho eres su Mortífago de mayor confianza. –Continuó hablando Dumbledore –Desde hace meses hay una orden de captura en tu contra, frente a la cual en ningún momento aceptaste los cargos o te acercaste al Ministerio para colaborar. Además hay cientos de testigos en tu contra que han declarado haberte visto en las decenas de ataques que los Mortífagos han perpetrado en los últimos tres años. –Miró directo a los ojos a Lestrange que se encontraba tan altiva como siempre –Se te acusa de amenazas, complicidad, tortura y asesinato mediante las maldiciones imperdonables. ¿Niegas alguno de estos cargos?
Bellatrix los miró a todos antes de girar su mirada al Ministro y responder fuerte y claro.
–No.
–¿Bellatrix Lestrange, te arrepientes de los cargos y crímenes antes mencionados?
–No, y lo volvería a hacer. –Contestó la bruja con una risita.
–Te has negado a recibir defensa por parte del Ministerio, ¿tienes algo para agregar a tu favor ahora que estás frente al Tribunal Supremo?
La mujer se lo pensó y soltó una risotada, parecía una loca.
–No viejo, –contesto con soberbia –repito que lo volvería a hacer, y espero que mi Señor Tenebroso acabe con cada uno de ustedes… ¡Malditos traidores a la sangre! ¡Malditos sangre sucia! No eres oponente para mi Señor Tenebroso, Albus Dumbledore.
Cientos de murmullos volvieron a sentirse en el lugar. Los periodistas maldecían no poder tener sus cámaras, y se apresuraban en tomar notas textuales.
Dumbledore asintió con su mirada gélida puesta sobre la mujer. Se giró en dirección a Regulus y comenzó a leer el detalle de los cargos de los cuales se le inculpaba, así como los ataques en los que había sido participe y testigos que lo habían visto en el lugar de los hechos. También se mencionaron los crímenes y maldiciones que llevó a cabo.
–Regulus Arcturus Black, –inició Dumbledore mirando con expresión neutra al chico frente a él. Regulus lo miró y se sentó muy derecho –se te acusa de ser Mortífago, haber participado en ataques por orden de Lord Voldemort dentro del último año, y además haber asesinado a una muggle menor de edad y a Avery, mago y Mortífago. Además, recae sobre tu persona las acusaciones de tortura y utilizar maldiciones imperdonables.
Regulus bajó la cabeza, se sentía avergonzado por todo lo que acababa de escuchar.
Se hizo un largo silencio hasta que Dumbledore volvió a hablar.
–¿Regulus Black, niegas los cargos recientemente mencionados? –Preguntó Dumbledore.
El chico levantó la cabeza y miró a la primera fila en donde se encontraba su familia. Su padre lo miraba con tranquilidad, Sirius no paraba de mover una de sus piernas por los nervios que le provocaba la situación, y sus primas tenían sus ojos llenos de lágrimas y sostenían sus manos. Esa era su familia, que aun sabiendo todos los horribles actos que había cometido, continuaban a su lado.
–No.
Su respuesta fue sincera, sin soberbia.
–¿Te arrepientes de los cargos y crímenes mencionados? –Volvió a preguntar el Ministro.
Regulus tomó un suspiro y asintió, luego miró a Dumbledore.
–Sí, me arrepiento.
La sala volvió a llenarse de comentarios y gritos de incredulidad.
–¡Miente, Ministro! –Se alzó un mago del Wizengamot en forma de protesta.
–¡Silencio! –Exclamó Dumbledore y todos obedecieron.
Volvió su rostro a Regulus y le dedicó una imperceptible sonrisa complacido.
–A diferencia de Bellatrix Lestrange, tú sí aceptaste la defensa que ofreció el Ministerio, además de traer cuatro testigos más tu defensor. Entonces ahora te pregunto, ¿por qué te arrepientes de los crímenes que cometiste?
–Los hice por un bien mayor, Ministro. –Respondió el chico.
–Si nos pudieses explicar, por favor. –Pidió Dumbledore con nostalgia al escuchar su respuesta.
–Mi lealtad está con el Ministerio, jamás guardé sentimiento de lealtad con… Voldemort. –Explicó soltando con incomodidad la última palabra –De hecho participé como agente del Ministerio dentro de las filas de los Mortífagos.
Otra ola de exclamaciones se dejaron sentir en el Tribunal, incluso hubo brujas y magos que se pararon de sus asientos de lo conmocionados que estaban.
–¡Imposible! –Gritó una bruja.
–El Wizengamot lo sabría, está mintiendo. –Comentó otro mago.
Dumbledore llamó una vez más a la calma.
–Regulus Black, ¿puedes decirme quién solicitó tu cooperación como espía dentro de las filas de los Mortífagos? –Dumbledore le guiñó y el chico sonrió.
–Alastor Moody y Albus Dumbledore.
Hermione cerró los ojos cuando sintió nuevamente los gritos que pretendían dejar como mentiroso a Regulus y los cotilleos de los periodistas.
–¡Ministro, defiéndase de las injurias!
–Debe haber una explicación sensata. –Comentaban otros.
–¡Ministro Dumbledore, por favor explíquenos!
Bellatrix comenzó a reír mientras miraba a su primo.
–Te comerán vivo, Regulus… y en Azkaban me pagarás todo. –Le susurró Bellatrix a su primo.
El chico la ignoró y tragó pesado. Todas las miradas estaban sobre él, se comenzaba a sentir mareado.
Dumbledore volvió a llamar a la calma.
–Le advierto a la prensa que si no se controlan, serán expulsados. –Advirtió el Ministro, luego se giró a los miembros del Wizengamot –Lo que acaba de declarar el acusado, Regulus Black, es cierto. –Se produjo un silencio sepulcral –Encontrándome en mis facultades de Director de Hogwarts, y en conjunto a Alastor Moody, Jefe del Departamento de Seguridad Mágica, reclutamos al joven Black, quien en ese momento ganaba fuerza en el círculo más cercano de Lord Voldemort, tanto por su apellido como por sus habilidades. Él fue hasta el ataque reciente en la A.M.A.D., parte fundamental para obtener información referente a ataques que los Mortífagos se disponían a realizar, además de ayudar al fracaso de muchos planes de Lord Voldemort.
El Wizengamot escuchaba atento, antes de emitir algún juicio querían tener el panorama completo.
–Si nadie se opone, la defensa de Regulus Black soy yo, y me gustaría poder realizar la labor que por derecho tengo. –Su petición fue secundada por Hermione.
–Brujas y magos del Wizengamot, quien se oponga, por favor expréselo ahora. –Pidió la chica.
Hubo unos breves segundos de murmullos y finalmente nadie se opuso.
Dumbledore bajó de su estrado y se paró frente a Regulus.
–Me gustaría escuchar a los testigos primero. –Propuso el Ministro y no hubo objeciones.
El primero en pasar fue Gideon.
–Me enteré que Regulus estaba de nuestro lado después del ataque en Cokeworth. Esa madrugada Alastor nos reunió a mí y Fabian y nos contó que estaba infiltrado en las filas de los Mortífagos y que obtenía información importante sobre ataques y blancos específicos, de esta forma el Departamento de Aurores podía adelantarse a ciertos movimientos de… El Innombrable. –Detalló Gideon titubeando si mencionar o no el nombre de Voldemort.
–¿Desde Cokeworth? –Preguntó irritada Bellatrix –¡Eres una rata asquerosa!
–Señora Lestrange, le pido respeto, usted decidió no tener defensa, sin embargo Regulus sí tiene derechos. –Pidió sin amabilidad Dumbledore.
Se giró nuevamente a Gideon.
–¿Cómo era el trato que tenían con Regulus? –Preguntó el Ministro.
–Nunca fue totalmente directo, siempre recibíamos la información o las órdenes a través de Alastor. –Contestó sin titubeos –Pero si lo encontrábamos en una batalla y había Mortífagos alrededor, lo tratábamos como a uno más, solo que atacando a inmovilizar o desarmar, nunca con la intención de dañarlo. Estamos en el mismo lado.
Dumbledore agradeció a Gideon e hizo pasar a su hermano Fabian. Las preguntas fueron parecidas, solo que la perspectiva cambiaba.
–En las batallas y ataques siempre parecía muy convincente porque no podía levantar sospechas, nosotros tampoco nos acercábamos más de lo necesario. –Explicó recordando más datos –Y toda la información que nos entregó siempre fue verdadera, como estaba en el círculo más allegado de… El Innombrable, todo lo que obtenía era muy detallado, nombres, lugares y horarios. Si no fuese por Regulus habríamos estado ciegos, gracias a él logramos llegar a tiempo siempre y hacer lo mejor que pudimos.
–Gracias Fabian. –Dijo Dumbledore.
El siguiente en pasar fue Alastor.
El Jefe de Aurores se sentó al lado de Bellatrix, le gustaba provocar a la mujer.
–El chico vino a mí hace casi dos años, acababa de tomar la marca tenebrosa y se puso a disposición del Departamento de Aurores para brindarnos toda la información que pudiese obtener. –Comenzó relatando Alastor –Al principio tuve mis aprensiones y te lo hice saber, Albus, sin embargo su determinación y las primeras muestras de lealtad que nos dio me hicieron confiar en él. De todas formas si me mentía le daría caza y lo hubiese matado. Me alegra que no fuese así.
–¿Le ordenaste alguna vez matar o torturar? –Preguntó Dumbledore.
–No, nunca le ordené tal cosa, no es uno de mis Aurores. –Pensó bien su respuesta –Sí le dije que el lunático de Voldemort debía confiar plenamente en él, y para lograr eso tendría que hacer cosas que quizá nunca se imaginó que haría, o incluso ceder en principios morales. A veces matar o torturar a alguien cuando se está en la posición de Regulus y debes ganarte la confianza del enemigo, son circunstancias ante las que solo debes actuar y no pensar. Eso puede determinar tu propia supervivencia.
–¿Cómo era la situación de Regulus dentro de los Mortífagos? –Continuó interrogando Dumbledore.
–Compleja y de extremo peligro. Sobre todo en los últimos meses que comenzaron a desconfiar de él, siempre estábamos en alerta permanente, preparados en caso que tuviéramos que actuar para sacarlo de allí. Lo considero parte de mi cuerpo de Aurores aunque no lo sea, es uno más de mis chicos. –Finalizó Moody con total sinceridad.
Dumbledore asintió y le agradeció con unos golpecitos en su hombro.
–Cómo pudieron ver y escuchar, magos y brujas del Wizengamot, Regulus Black, quien hoy está en el lugar de los acusados, ha sido fundamental en esta lucha que Lord Voldemort cada día vuelve más sangrienta y personal. –Se dirigió Dumbledore a todos los presentes –Sé que quizá la decisión que tomé en ese momento fue impulsiva, pero estábamos ciegos ante nuestro enemigo y tener una pieza poderosa en su círculo de confianza era atractivo en muchas formas. –Hizo una breve pausa y miró a Regulus –Él decidió arriesgarse todos los días por casi dos años para ayudarnos, por su lealtad, aun cuando iba contra sus principios, porque nunca es tarde para darnos cuenta de lo equivocados que estamos. Y les pido que comprendan que en la situación de riesgo que se encontraba, era información clasificada y que no podíamos compartir con el Ministerio por miedo a que lo descubrieran. Es por esto que lo mantuvimos en secreto en un reducido círculo de confianza y que cuando asumí como Ministro, validé.
Dumbledore volvió a su puesto y estaba dispuesto a proceder con la sentencia cuando Bellatrix comenzó a reír como desquiciada.
–También deberían preguntarle a la nueva señora Black cómo es que ella entra en toda esta historia y qué busca ganar en esta guerra. –Fue apenas un susurro, pero todos estaban tan atentos que fueron capaces de oírla –Puede que tenga más información de la que dice conocer.
Hermione se tensó en su asiento y Dumbledore le hizo un gesto para que no hiciera nada.
–Gracias por su innecesaria intervención, señora Lestrange. –Dijo Dumbledore –Ahora procederemos con el final de la interrogación a Regulus Black.
Un mago se paró en el fondo y solicitó la palabra.
–Ministro, creo que hablo por todos cuando digo que no desconfiamos de su palabra o la de los testigos que son magos más que respetables, pero… ¿cómo sabremos que Regulus Black dice la verdad? Además, la Asistente del Ministro tiene lazos familiares con el acusado, ¿eso no la convierte también en testigo clave? ¿Estaba ella al tanto de todo?
Fue Regulus quien interrumpió al miembro de Wizengamot.
–Tomaré Veritaserum si eso les da mayor seguridad de mi testimonio. –Propuso.
Dumbledore miró a Alastor sabiendo que no era una buena idea. Bellatrix estaba feliz, había logrado quebrantar la confianza que Dumbledore había generado.
Hermione se paró de su lugar y bajó desafiante al lado de Regulus. Sacó su varita y se la entregó a Dumbledore, quien la puso al lado de las varitas de Regulus y Bellatrix.
–Si el Wizengamot desconfía de mí porque soy la esposa del hermano de Regulus Black, pueden interrogarme, tomaré el Veritaserum también y si no les convencen mis respuestas, mi cargo está a disposición del Ministro para cuando este juicio finalice. –Hermione habló fuerte y claro, y nadie se atrevió a pronunciar una palabra.
Orion y Sirius se miraron entre sí, sabiendo que no era una buena idea, ambos estaban jugando con fuego.
Alastor acercó una silla en donde se sentó Hermione, además liberó de los hechizos y las cadenas a Regulus. Le dio a cada uno un frasco pequeño con la poción.
–A tu salud, Hermione. –Dijo Regulus y bebió todo el contenido.
–Que no nos condene. –Susurró Hermione y tomó su poción.
Ambos sintieron un escalofrío recorriendo su cuerpo y un leve mareo.
Dumbledore se dirigió nuevamente al Wizengamot.
–Brujas y magos miembros del Wizengamot, pueden comenzar con las preguntas que estimen convenientes y que sean referentes a este caso.
–Regulus Black, –comenzó una bruja de mediana edad que estaba justo sentada atrás de Orion –¿con quién es tu lealtad?
–Con el Ministerio, Albus Dumbledore y el Departamento de Aurores. –Respondió el chico.
–¿Crees en la pureza de la sangre y los ideales del Innombrable? –Preguntó un Mago que estaba al lado de Dumbledore.
–Por supuesto que creo en la pureza de la sangre, pero no es un requisito indispensable para que una bruja o mago sean grandiosos o aceptados en la comunidad mágica. Cualquiera que tenga magia en sus venas es digno de portar una varita. –Contestó mirando a Hermione.
–¿Es cierto que mató a una niña muggle, la nieta del Primer Ministro Muggle? –Lanzó sin piedad otra bruja que estaba casi al lado de Sirius.
Orion lo sostuvo para que no tuviese un arranque.
Regulus pasó sus manos por su rostro intentando sacar esas imágenes de su cabeza. Algunas lágrimas se escaparon de sus ojos y se aferró fuerte a la silla, mientras comenzaba a toser producto de su propia saliva con la que se estaba atorando.
–Será peor si no respondes. –Susurró Hermione.
–Sí, la maté con la maldición imperdonable. –Respondió Regulus avergonzado –Yo no quería hacerlo, –sollozo –él… Voldemort me lo ordenó y yo debía ganarme su confianza para poder obtener información y acabar con él, pero algo salió mal… debía matar a la nieta menor, la chica es bruja, y su hermana mayor se cruzó y recibió la maldición.
–Y si no quería hacerlo, ¿por qué no falló? ¿Por qué de todas formas lo hizo? –Continuó la misma bruja.
–No era opción fallar, si lo hacía… –Hizo una pausa para respirar –Él no solo se desquitaría conmigo, también lo haría con mi familia, y podía descubrirlo todo.
–Me da la impresión que su miedo principal no era que él descubriera su traición. –Comentó con un poco más de tacto otro mago –¿Qué más le escondía a él y a los Mortífagos?
Regulus soltó un poco su camisa, le faltaba el aire.
–A Dorcas y nuestro hijo, él ya los había intentado matar una vez y por poco los pudimos salvar… en el último ataque los quiso matar de nuevo, entonces ya no pude ocultarlo más. Él ya desconfiaba de mí. –Respondió.
–Y qué hay de la muerte de Avery, él era un compañero Mortífago. –Dijo otro mago –¿Por qué lo mató?
–Él estaba atacando a Dorcas y Hermione con maldiciones imperdonable, de hecho una casi alcanza a Dorcas, solo reaccioné.
La mayor parte de los magos y brujas estaban convencidos, murmuraban entre ellos.
–¿Es la señorita Meadowes su esposa podemos suponer? –Interrogó otra bruja.
–Así es, Dorcas Black. –Contestó Regulus más calmado.
Un mago se levantó de su asiento y se dirigió a Hermione.
–Señora Black, –Hermione se giró en su dirección, veía un poco borroso –¿qué tipo de relación guarda con todo esto, me refiero, desde hace cuánto sabía que Regulus Black era espía del Ministerio y qué participación tuvo usted?
–Fui la que primero se contactó con Regulus, quería que nos ayudara, sabía que era distinto a lo que mostraba. –Contestó la castaña –Jamás esperé que tomaría la marca tenebrosa, no quería eso, pero luego entendí que era la única forma. De cierta forma lo introduje en esto en lo que está envuelto ahora. Me culpo, pero era la única manera, y él era nuestra mejor carta en tiempos de desesperación.
–¿Qué esperaba de esta asociación entre el Ministerio y el señor Black? –Cuestionó otra bruja.
–Estar un paso delante de Lord Voldemort, ganar esta guerra.
–¿Lo sabía su esposo, el señor Sirius Black?
–Se enteró casi de los últimos, como dijeron antes, se mantuvo en estricto secreto.
–¿Ha utilizado alguna vez una maldición imperdonable? –Consultó otro mago.
–Sí. –Contestó Hermione –Dos veces, ambas documentadas y con testigos de legítima defensa contra Mortífagos.
–¿Con quién es su lealtad, señora Black? –Preguntó por último una bruja.
–Mi lealtad es con el Ministerio, el Ministro Albus Dumbledore, el Jefe de Aurores Alastor Moody y la buena comunidad mágica.
Todos asintieron conformes y guardaron silencio.
Dumbledore con esa última pregunta les agradeció a todos y llamó a un receso para deliberar las condenas de ambos acusados.
Los testigos y la familia tuvieron que salir, al igual que Bellatrix y Regulus que fueron llevados a unas cámaras anexas dentro del mismo Tribunal y que estaban custodiadas por Aurores.
El debate se extendió por cerca demedia hora. Decidir el destino de Bellatrix fue unánime, pero en el caso de Regulus costó llegar a un consenso, aunque finalmente todos estuvieron de acuerdo.
Cuando faltaban minutos para las doce del día, los testigos y familia volvieron a entrar, al igual que los acusados, quienes se sentaron nuevamente frente al Ministro. Alastor colocó los hechizos y cadenas.
Dumbledore llamó la atención de todos.
–Primero quiero agradecer a los testigos y a la señora Black, quien por supuesto seguirá desempeñando su cargo como Asistente del Ministro, ya que no hay ninguna prueba o duda en su contra. –Con esa aclaración estaba listo para continuar.
Orion y Sirius sintieron sus corazones acelerados, aunque trataban de mantener la calma. Narcissa y Andromeda estaban de pie y presionaban con firmeza la reja de madera que las separaba de Regulus.
–Como Ministro de Magia y Jefe Supremo del Wizengamot, ordeno el traslado inmediato a Azkaban de la señora Bellatrix Lestrange, a quien este Tribunal ha encontrado culpable de los delitos de amenaza, tortura y asesinato. Todos estos delitos fueron cometidos en forma sistemática y sin mostrar arrepentimiento. Además es un peligro para la sociedad mágica, ya que forma abiertamente parte del grupo de los Mortífagos, todos seguidores de Lord Voldemort, siendo ella una de sus más allegadas participantes. –Hizo una pausa para ver a la mujer que sonreía con locura –Se le sentencia a cadena perpetua en la prisión de máxima seguridad de Azkaban, sin derecho a apelación, y su varita será destruida. La condena tiene aplicación de forma inmediata. Aurores, cumplan con su deber. –Finalizó tendiéndoles una autorización de traslado a Azkaban.
Alastor se acercó junto a los Prewett y quitaron los hechizos. Bellatrix por supuesto se mostró altanera y luchó bastante cuando la tomaron por sus brazos, así que Moody la tuvo que inmovilizar para que se calmara y dejara de insultar y amenazar a todo el mundo.
En una aparición conjunta y autorizada por el Ministro, desaparecieron, llevando consigo a Bellatrix hasta Azkaban.
Narcissa secó unas lágrimas de su rostro y se sostuvo en Andromeda.
Dumbledore posó su mirada en Regulus que se puso muy derecho en su silla. En ese minuto Alastor apareció nuevamente en el Tribunal y les informó que los Prewett se estaban encargando de dejar instalada a Bellatrix en su nuevo hogar.
–Regulus Black, –comenzó Dumbledore leyendo la sentencia –este Tribunal considera que eres culpable de los delitos cometidos de asesinato y tortura en los cuales utilizaste maldiciones imperdonables.
Regulus sintió que se iba a desmayar en cualquier minuto y lo único en lo que podía pensar era en Dorcas y su pequeño hijo.
Sirius y Orion miraron a Hermione que estaba estática en su lugar, mientras tanto Narcissa seguía siendo sostenida por su hermana para no caer, era mucho el dolor de tan solo pensar en ver a su primo en Azkaban.
Dobby se apareció en el despacho de Hermione y desapareció enseguida. Al minuto siguiente estaba en la habitación de San Mungo nuevamente.
Dorcas terminaba de colocarse sus botas y pidió ayuda a Dobby para que abrochara los botones de su vestido que estaban en la espalda. La chica se sostuvo en una pared y presionó su costado, aún dolía mucho. No se preocupó en arreglar su cabello o mirarse en un espejo, ella debía llegar al Ministerio cuanto antes y ya había perdido mucho tiempo.
–La señora Black no se ve bien para aparecerse, además la señora Hermione se molestará mucho con Dobby. –Reclamó el elfo.
–Hermione jamás se enojaría contigo, Dobby. –Lo calmó Dorcas –Además ella entenderá, ella haría lo mismo en mi situación.
El elfo le sonrió y tomó la mano de la chica.
–¿Es seguro entonces? –Preguntó.
–Sí, hay un punto de aparición activado, aunque no sé si usted aguantará una aparición. –Dijo preocupado el elfo.
–Al menos debo intentarlo, –contestó Dorcas –de todas formas no podría estar peor.
Dobby asintió y un segundo después Dorcas sintió el jalón en su estómago. Al segundo siguiente se encontraba tirada en la alfombra del despacho de Hermione en el Ministerio. Se paró con dificultad y con ayuda de Dobby. Llegó a la puerta casi arrastrándose y miró en todas direcciones antes de dirigirse al Tribunal del Wizengamot.
Marlene se acercó hasta Andromeda para ayudarla con Narcissa, entre ambas la sentaron y consolaron. Regulus era como un hermano.
Regulus mantuvo su atención en Dumbledore, aunque quería vomitar.
–Sin embargo, –continuó Dumbledore y todos estaban más expectantes que antes –también se considera como atenuante el hecho de que hayas decidido entregarte por propia voluntad, que muestres arrepentimiento, y sobre todo que hayas cooperado con el Ministerio como agente del Departamento de Seguridad Mágica, exponiendo tu vida al entrar en las filas de Lord Voldemort para ayudarnos a vencer esta terrible amenaza que representa junto a los Mortífagos. –Hizo una breve pausa –Es por esto que se te libera de todo cargo criminal, entendiendo que los actos que llevaste a cabo fueron parte de tu encomienda y papel que debías interpretar. –Dumbledore enrolló un poco su pergamino para finalizar –Teniendo esto en cuenta, y aun cuando se te libera de los cargos criminales, no podrás ejercer ningún cargo dentro del Ministerio, entendiendo el peligro que esto representaría tanto para ti como para la comunidad. –Miró a los periodistas –De la misma forma se limpia de forma pública tu nombre y el de tu familia. –Volvió la mirada a Regulus –Por el período de un año tendrás que acercarte mensualmente al Ministerio a reportarte al Departamento de Seguridad Mágica, y por el mismo período se te prohíbe abandonar el país, esto como medida adicional de asegurarnos que tu lealtad continúa intacta. Se te devuelve tu varita y de forma inmediata puedes abandonar las dependencias del Ministerio y retomar tu vida con normalidad. Eres libre, Regulus Black.
Regulus respiró con normalidad y miró a Hermione que le sonreía. La chica bajó de su lugar y le entregó su varita. Ni siquiera se había dado cuenta en qué momento Alastor había soltado las cadenas y retirado los hechizos. Se paró y abrazó emocionado a Hermione.
–Te dije que todo saldría bien. –Susurró la castaña.
Orion y Sirius fueron los siguientes en llegar a su lado. Se abrazaron a Regulus muy fuerte, no lo querían soltar.
–Gracias. –Susurró Orion a Hermione.
Sirius abrazó a su esposa y no paraba de agradecerle.
–Yo estoy en deuda con él. –Dijo la castaña mirando con todo el amor del mundo a su esposo.
Narcissa y Andromeda lloraban de felicidad mientras besaban a su primo.
–Salgamos de aquí. –Propuso Narcissa –Tengo la sensación que en cualquier minuto despertaré, espero no volver aquí nunca.
Los miembros del Wizengamot salieron primero, formando una gran masa de brujas y magos que ondeaban a su paso con sus largas túnicas. Al final salió Regulus rodeado de su familia y Dumbledore junto a Alastor y Marlene que iban tras ellos.
Regulus se apartó un poco de su familia que lo rodeaba.
–Debo ir con Dorcas, antes que salga la prensa. –Dijo apresurado.
La prensa era la última que saldría, precisamente para evitar el acoso.
Todos asintieron y Regulus salió corriendo en dirección a las escaleras, sin embargo se detuvo a medio camino cuando vio que por las escaleras acababa de aparecer Dorcas, quien era sujetada por Dobby para no caer. El negro resaltaba su palidez habitual, se veía cansada por el esfuerzo de estar en pie.
Solo le tomó unos segundos para reaccionar y correr hasta la chica. La tomó entre sus brazos y Dorcas enrolló sus manos en el cuello de su esposo para sostenerse mejor. Con una mano acarició su rostro y le sonrió.
–Luces como todo un Black. –Le recriminó con voz pastosa –Y mira yo. –Se señaló avergonzada.
–Te vez más hermosa que nunca, mi amada Dorcas. –La contradijo Regulus con sus ojos llorosos.
–¿Es real? ¿Estás libre? –Preguntó emocionada Dorcas –Apenas desperté y supe que te enjuiciarían me quise morir, y obligué al pobre Dobby a traerme como fuera, me escapé, necesitaba verte y evitar que nos separaran.
Regulus se sentó en la escalera y arrastró con él a Dorcas que quedó sentada en sus piernas y descansado su cabeza en su pecho.
–Es muy real, y tendrás que comenzar a acostumbrarte, desde ahora jamás nos volverán a separar, te lo prometo, ahora soy un hombre libre.
Dorcas sonrió mientras lloraba y besó a Regulus sin temor a que los vieran, parte de su familia y amigos estaban de espectadores, pero nada les importaba.
Ya no tendrían que volver a esconderse.
…Travesura realizada…
Nota de Autora: ¡Hola mi bellas! Sí, lo sé, me ausenté por un largo período y les pido disculpas. Los últimos meses tuve muchos cambios a nivel personal y social, eso realmente consumió mis tiempos libres. Además pasé por momentos de mucho estrés, asociados a factores que en este momento no vienen al caso, y eso logró bloquearme de cierta forma, y cada vez que retomaba este capítulo, al rato lo borraba y comenzaba de vuelta. No sé cuántas veces lo escribí, hasta que logré esto, muy largo, pero como me lo imaginé.
Para la tranquilidad de todas, NO voy a abandonar la historia, como les dije antes, quedan pocos capítulos y cuando pensé esta historia, lo primero que visualicé fue el clímax y el desenlace, luego vino el resto. Así que les pido paciencia si actualizo cada dos semanas o una vez al mes, pero tengan la seguridad que lo haré y podrán disfrutar conmigo de esta hermosa locura.
Les agradezco infinitamente sus palabras, fueron como un bálsamo, una brisa de aire fresco y reconexión, realmente me emocionaron.
Gracias a AnaelDelNottZabinni, Magali, Kadimi, Abril Elena, Mesalina, Mademoisselle Narcissa, Mitzuki19, Milu que comentaron en el capítulo anterior. También muchas gracias a todas las lectoras que siguen la historia en silencio y a las que siempre comentan.
Y bueno… espero que les haya gustado este nuevo capítulo y por supuesto que espero sus comentarios, que me digan qué les pareció, qué creen que ocurrirá y todo lo que quieran decirme.
Mil gracias una vez más por el aguante, el apoyo que medan y el cariño que le tienen a la historia.
Nos leemos en el próximo.
¡Besos!
