Lo extraordinario
Las celebraciones han seguido por días. Todavía no puedo decir que estoy acostumbrada a toda esta parafernalia. Me cuesta convencerme de que esto sea real. Desde el primer día, con esa recepción extraordinaria en un lugar cuya existencia debiese ser imposible. Parecía un sueño al principio, o mejor dicho, el punto medio entre un sueño y una pesadilla, en un estado de permanente anticipación en caso de que todo colapse en un caos y terminemos muertos. No entiendo qué hacemos aquí, y, peor aún, tengo la certeza de que no nos dejarán ir. Ellos tienen a su dios renacido, lo esperaron por cientos de años. Las probabilidades de que lo dejen partir son nulas.
Es una cultura extraña, definitivamente. Hemos aprendido mucho de ellos en estos días, y queda muchísimo más por saber. He acompañado a Hans a cada una de las celebraciones y cultos posibles. Es diferente a lo que esperaba. No es como mi Dios, ni el Dios de los católicos o musulmanes. El concepto de dios de los Nahar Keel se parece al de los griegos y romanos. No creen que sea un ente todopoderoso o creador del mundo, sino una personalidad humana que corresponde a alguien con poderes sobrehumanos. Es extraño. Le llaman hijo del sol, pero lo tratan como en los reinos de Europa tratarían a un monarca. Saben que es diferente, y adoran su magia, pero nunca lo tratarían como una entidad a la que temerle, sino más bien alguien cuyos favores todos quieren ganar.
Eso lo he notado con la observación. En todos estos días entre los salvajes. Tuvimos una reunión con los que, asumo, son los sacerdotes de esta gente. Es tan chocante esta cultura. Nunca imaginé que podrían ser así. Son una muestra de sincretismo cultural de oriente y norte en un mismo lugar. Es desconcertante e interesante al mismo tiempo.
El día que llegamos fue esa reunión, junto con una especie de presentación al pueblo desde el balcón de esta suerte de palacio-templo en la que estamos viviendo. Es un lugar relativamente pequeño, todavía no entiendo cómo es que alberga a tanta gente. Y las construcciones fueron moldeadas en roca volcánica para crear la ciudad. Cuando el primer dios del fuego de esta gente, Nasser, llegó al norte, se encargó de crearla para usarla como asentamiento para él y la gran cantidad de seguidores que tenía. Eran muchísimos más, hay otras de estas pequeñas "ciudades" alrededor, en los demás túneles. Sin embargo, todas ellas están abandonadas. La gran mayoría de los seguidores de Nasser no estaban habituados al clima, y una vez que murió su dios, no lograron mantener la ciudad que se alimentaba del calor que proporcionaba su creador. Murieron congelados, salvo en este asentamiento, que es la ciudad central, y aquella que se conservó mejor.
Otros tantos murieron a causa de las enfermedades. En un recinto cerrado, la gripe se convirtió en un equivalente de lo que fue la peste negra en la Europa del medioevo. Cientos murieron por resfríos y fiebres. La gente de oriente no resistió. Los pocos que quedaron, sobrevivieron al adoptar las costumbres de los pueblos nórdicos que compartieron su fe. Nasser se encargó de adherir a muchísimos norteños a su culto. Al parecer tenía un encanto natural con la gente. Nunca fue temido, lo respetaban y adoraban por su magia, no por su poder destructivo.
Eso me da una pequeña fracción de esperanza, de que tal vez no sean tan barbáricos como esperaba. Aunque tienen costumbres en extremo extrañas. Son diferentes a nosotros, mucho más ruidosos en su idioma, que es tan disonante como el ruso. No tienen conocimiento del concepto de espacio personal. Y me han quedado viendo de una manera que no me agrada en absoluto, algunos hombres lascivos, las mujeres con odio. Supongo que eso es lo que se obtiene al ser quien comparte cama con su dios. Tampoco tienen concepto de privacidad, las mujeres que están encargadas de nosotros entran y salen cuando quieren.
También me desconcertó el haber visto familias donde los hijos tienen diferentes progenitores. Y las mujeres que intentan acercarse a Hans. Son más de las que quisiera, y vestidas de una manera totalmente impúdica. Tratan de complacerle, sí, complacerle. Él finge ignorarlas, pero noté que se queda viendo a una de ellas, una morena de baja estatura, cabello negro muy liso y curvas voluptuosas. Es atractiva, mucho más que yo. Aunque quisiera ponerla en su lugar, aquí no tengo voz alguna. Ella es parte de este pueblo, yo soy la foránea que no es bienvenida.
No es precisamente mi lugar favorito en el mundo. Son cavernas, sin importar que formen una especie de viviendas de roca. Son funcionales, pero están lejos de ser como la arquitectura de Europa. No hay división de habitaciones, apenas hay pasillos en los que está todo mezclado, con partes de "cocinas" precarias y chozas. La única más decente es la suerte de palacio en la que vivimos. Y sus baños… todo lo que respecta a su aseo lo realizan en un río que surca toda la cueva. No es precisamente lo más higiénico del mundo. Agradezco profundamente que Nasser dejara su propia vertiente para el palacio, y esa piscina en el suelo. Extraño muchísimo las comodidades que teníamos en Arendelle.
Sin embargo, no puedo quejarme demasiado. No tengo con quien, entre que los salvajes ni me escuchan ni lo harían de entender mi idioma. Y no quiero molestar a Hans, está totalmente entusiasmado con todo esto. Encontró un lugar donde puede ser adorado por la gente, y mostrar su magia para maravillarlos. Me encanta verlo así. Está feliz, radiante, y sabe representar su rol a la perfección. Hasta ha hecho el intento por aprender algunas palabras en el idioma de los Nahar Keel.
Es la única razón de que siga aquí, en esta ciudad de pesadilla, donde el calor es agobiante. Para ellos está perfecto, pero para mí es como estar en el infierno. Es más literal de lo que esperaba. En un abismo profundo, donde el calor es insoportable. Pareciera la escena que relata la pintura El infierno del Bosco. Comparado con esto, Arendelle era el Jardín de las delicias. Extraño el frío, los colores azules, el cielo abierto, el viento helado, la nieve, todo.
Para colmo, estoy condenada a ocultar mi magia. No sé cómo, estoy tensa todo el día, a la defensiva, con mis poderes pulsando dentro de mis venas. Pronto llegará el momento en que ya no pueda contenerlo más. Es más fuerte, necesito liberarlo. Intento compensarlo con pequeños actos de magia cuando estoy en la habitación. Pero ni siquiera eso puedo, dado que hay un "balcón" al final de nuestra habitación, a la vista de toda la ciudad. No puedo usar grandes cantidades de mi poder, porque lo verían desde afuera. En resumen, estoy jodida.
Un lugar increíble con gente extraordinaria. Así es como describiría a la ciudad del eterno resplandor, también llamada corazón del volcán. Fue moldeada dentro de la cámara magmática de uno. Es extraordinario, pensar en todo lo que fue creado a partir de roca fundida y una fuente poderosa de magia. En este pueblo mestizo, como una torre de Babel tan improbable que se necesita conocerla para creer en su existencia.
Todavía nos queda mucho por conocer. A veces me abruma la cantidad de información nueva que recibo cada día que pasa. Es como conocer un mundo nuevo, o como conocer el mundo por segunda vez, con otros ojos. Como despertar del sueño. Es curioso, la vida en las Islas del Sur se me antoja tan lejana, tan distante, como si hubiesen pasado años desde aquella época. No es que les preocupe, de seguro todavía no notan mi ausencia. Sander, por otro lado, debe estar rompiéndose la cabeza. El problema es que no hay manera de comunicarse con él. De hecho, ya perdí la noción de los días que han transcurrido.
Las últimas fechas que recuerdo son el cumpleaños de Elsa, que fue en diciembre 21, la nochebuena, navidad y año nuevo. No es que pudiésemos celebrar mucho estando aquí. Todavía no sé qué festividades tienen estas personas, además de los carnavales y toda la parafernalia que han tenido estos últimos días. Es impresionante, pasar de ser nadie en mi tierra natal, a un alguien en Arendelle y ahora un dios. Sigo sin acostumbrarme del todo a la idea de ser la deidad de los Nahar Keel.
El día que llegamos, todos en la ciudad salieron a la calle. Saludé a todos los que pude, sin comprender realmente lo que me decían. Intento aprender su lengua, pero hasta ahora solo he conseguido entender algunas frases y palabras sueltas. Es difícil, son solo sonidos y no tienen escritura. Toda su tradición es oral. Sus historias son transmitidas a las siguientes generaciones a través de sus chamanes, esos sacerdotes con parte mística, hombres y mujeres elegidos entre toda la población para ser guardianes del conocimiento y los rituales.
Ellos son la casta más alta, seguida de los políticos y altos señores, luego trabajadores, comerciantes y artesanos, para finalizar con los esclavos, que son unos cuantos hombres de la tribu Tehel Jiekna, los enemigos directos de esta gente. Los superan en número, pero los Nahar Keel tienen mejores refugios y defensas, su hogar es una verdadera fortaleza autosustentable. Tienen agua extraída de vertientes montañosas y los grandes ríos subterráneos, calor de las calderas de la tierra, ganadería de renos, y cultivos. Tienen grades parcelas bajo tierra, en un recinto anexo cuyo techo es de un cristal similar al vidrio, que permite la llegada de luz, para poder mantener las plantaciones. Lo limpian constantemente para que la nieve no tape la luz. Es realmente increíble.
El príncipe Nasser trajo consigo a varios inventores y hombres cultos, le ayudaron a diseñar todo esto. Su séquito era enorme y variado. Le siguieron toda clase de personas de todo el mundo, y de todos los oficios imaginables. Además de que consiguió una fortuna inconmensurable. Si juntásemos el oro del tesoro Inca de Llanganates con el de la tumba de Tutankhamun, podríamos tener un cuarto de lo que hay en las habitaciones del "hogar de dioses". Los nativos no se atreven a tocarlo, solo lo protegen. Tampoco es que pudiera sacarlo, no hay manera de transportar tanto peso. Es verdaderamente lujoso, todo lo extravagante era reservado para el dios hijo del sol. Y ahora para mí también.
Me permiten utilizar todo lo que alguna vez perteneció a su rey. Han creado imitaciones de su vestimenta, dado que las telas originales se deshicieron con el paso del tiempo. Nos obsequian todo lo que pueden, a mí y a Elsa, que es probablemente la mujer que recibe más atención en toda la ciudad. Es por su aspecto, sin duda. Los Nahar Keel nunca antes habían visto a una albina. Es toda una novedad. Al igual que mi cabello rojizo. Del color de las llamas, besado por el fuego. Es un rasgo que ayuda a entrar en personaje, puesto que soy totalmente diferente de Nasser.
Hay un fresco con incrustaciones de oro y piedras preciosas en el salón principal. Es un cuadro sobre el rey de reyes. Su piel era cobriza, su barba y cabello negro, tal como el de esta gente. Sin embargo, tenía los ojos de color ámbar anaranjado, como dos linternas ardientes. Cuentan que eran tan brillantes como el sol al amanecer. Fuera de eso, podría haber sido confundido con cualquiera de los demás hombres de la tribu. Su estatus divino se lo dio la magia y el carisma natural que tenía. Conquistó a su gente haciéndolos creer en su figura y su leyenda, no por temor a su magia. Sus seguidores quedaban asombrados con sus demostraciones, renunciaban a todo por seguirle, y como recompensa, eran bienvenidos a su reino del eterno resplandor.
Los últimos días han transcurrido en conocer a la gente, visitar las cuevas, y descubrir una infinidad de aparatos e instalaciones que requieren de mi magia para funcionar. Si tan sólo tuviese alguna idea de por dónde empezar. Lo que he descubierto ha sido accidental, por apoyarme en ciertos lugares o jugar con objetos. Sé que la roca volcánica responde a mi tacto, se mueve, pero requiere de un esfuerzo mucho mayor de mi parte. El fuego y las chispas son sencillos, pero mover toneladas de roca fundida, eso consume una cantidad colosal de energía.
Así fue como concluí que Nasser era mucho más poderoso que yo. O puede que sea la falta de entrenamiento. Jamás podría crear algo de estas magnitudes, una ciudad completa bajo tierra, y lo suficientemente autónoma para autosustentarse luego de su muerte. No puedo ser el dios que esta gente espera. Soy una mera sombra de su verdadero dios. No soy un creador, mucho menos el mesías de los Nahar Keel.
Por ahora solo me dedico a hacer demostraciones superfluas de mi magia, para encantar a la gente. Es todo lo que tengo por ofrecerles. Además, eso les agradó a esos sacerdotes de este pueblo. Son más bien gente sabia que conserva la cultura. Esperan a preparar otra cámara subterránea para mostrarme algo importante. No sé qué podrán querer con eso, ni lo que sea que estén preparando, pero mi instinto de preservación sobrepasa con creces mi curiosidad. No vale la pena arriesgarse. Además, esperan que vaya sin más compañía que los altos 'sacerdotes'. Confío en ellos tanto como una liebre entre lobos hambrientos.
Las festividades comenzaron a declinar hace una semana. Esta gente ya se acostumbró a la presencia de Hans, dentro de lo desconcertante y asombrosa que es su habilidad. Me alegra que finalmente pueda mostrar su talento, compartirlo y hacer que otros disfruten con él. Se ve tan feliz, me encanta verle así. Por ahora, es suficiente para hacer que siga adelante con esta monótona y exhaustiva rutina diaria. Soy un adorno, mi rol, ante los ojos de los Nahar Keel, es mantener a su dios feliz y satisfecho. Como un adorno, sin voz, en segundo plano, solo como un accesorio dispensable.
Sé que se mueren por reemplazarme. No soy una ofrenda lo suficientemente digna para desposar a su rey. Ni siquiera estaríamos unidos según su tradición. Ellos no tienen matrimonio. Forman familias en las que los hijos pueden tener padres diferentes. Es una práctica totalmente incivilizada y moralmente reprochable. Hay ocasiones en que sus conductas realmente chocan con todo lo que sé. Me criaron en un palacio, entre la realeza, la élite, con una tradición protestante y una base valórica. No puedo evitar pensar en todo momento en lo salvajes que son en comparación al lugar en que me criaron.
En especial las mujeres. Hans las ignora, la mayor parte del tiempo. Son insistentes y parecen desconocer todo sentido de pudor. O auto-respeto. Tal vez ambas. Sus bailes y vestimentas son provocativos. No solo con Hans, buscan a cualquiera con un cargo alto. Claro que, él siendo su dios, es el máximo premio a ganar. Lo que darían por estar en mi lugar. Me odian por estar con él todo el tiempo. Además, se sienten ofendidas por mi apariencia. Su idea de belleza es totalmente diferente. Piel color bronce, cabello negro, liso y sedoso, y una contextura que, a mi parecer, es demasiado voluptuosa para ser atractiva. Pero para ellas es la norma.
En cambio, yo soy blanca, mis venas se notan en los brazos y parte de mi torso. Mi cabello es claro y ondulado, todo un agravio para esta gente. Y ni hablar de mi falta de una figura femenina. Al parecer no soy deseable, en absoluto. Todos los días siento ese desagrado, ese rechazo, lo veo en sus miradas, lo percibo en sus susurros. Ellos quieren como 'reina' a una mujer de su tribu, no una extranjera que claramente es imposible que encaje.
Hay más gente de piel clara, pero ninguna tan blanca como la mía, y cuyos cabellos son rubio oscuro o azabache. Ese tipo de personas son atractivas según sus estándares. En cambio, mi albinismo llega a ser una ofensa. Más aún porque su dios me escogió. No suelo tener problemas de autoestima, sé que en mi reino y muchos otros, soy atractiva. Pero en esta tribu me siento tan fuera de lugar… como si no tuviese el derecho a ser una mujer.
Y las ropas que usan, en los carnavales cerca de los fogones, en medio de la masa de gente… es más piel de la que estoy acostumbrada a ver. Me descoloca. Incluyendo los vestidos que me dan para usar a diario. Nunca había mostrado tanto de mi pecho. He pillado a Hans mirando mi escote varias veces… al principio era incómodo, pero ahora es… extrañamente alentador. Al menos tengo la certeza de que le gusto, de que todavía me desea. Me agrada esa idea más de lo que debería.
Tal vez sea por el contexto, por este lugar, por la gente, lo que se espera de nosotros… aquí tenemos todo permitido. Bueno, Hans tiene todo permitido. Nadie nos vería con desdén si quisiéramos tener un contacto más… íntimo. Es lo que se espera que hagamos. Las mujeres de servicio, esas que se ofrecieron a él, esperan que yo cumpla su función. Todavía no sé si deba hacer esto.
Las noches en que Hans no está agotado, suelen ser más intensas. Nos besamos, nos tocamos sobre la ropa, pero siempre lo detengo. Y quedo con esa sensación de que no es suficiente, necesito más de él. Mis mejillas se ruborizan de solo pensarlo. Él es mayor que yo, tiene más experiencia, mucha más experiencia. Ha hecho tanto, me preocupa no ser… ¿satisfactoria? Para él. Ni siquiera tengo tantas curvas como las otras mujeres que podría tener. Intento no darle vueltas al tema, pero compartiendo tanto tiempo—y una cama—con él, es imposible.
Tomo un baño en esa piscina, que en realidad es sólo una especie de bañera enorme. Sin Hans, puedo tomarme la libertad de tener el agua tan fría como me dé la gana. Casi al punto de congelación. Tardo todo el tiempo que quiero. No me atrevo a sumergirme más allá de mis hombros. Cada vez que lo intento, recuerdo el día en que casi muero ahogada. Esa sensación de estar consciente de que me ahogaba, pero sin poder mover mi cuerpo, es espantosa.
Regreso a mis aposentos cuando los relojes dan lo que equivale a la medianoche. La ciudad está tranquila, observo desde el balcón los hogares de estos cientos de personas. Las pequeñas luces de la ciudad del eterno resplandor. Siempre hay luz y calor. Si el fuego, no existiría nada de esto. Veo los ríos subterráneos que cruzan la ciudad. Al cabo de un rato, lo dejo.
Voy a la cueva que usamos de dormitorio. En realidad es solo un espacio pequeño, apenas alcanzo a moverme erguido. Es acogedora, con todas las pieles, mantas y las antorchas en los costados. Y, por supuesto, Elsa. Sonríe en cuanto me ve. Es suave, genuina. Esa sonrisa de alivio, ahora no tiene que ocultarse. No ha sido ella misma desde el accidente, incluso antes. Diría que desde aquella primera tormenta.
En realidad no sé con qué la estoy comparando. Nuestra relación nunca ha sido estable. He visto tantas facetas de ella, como lados ocultos que yo le he mostrado. Nunca entenderé completamente por qué lo hice. Ni por qué ella sigue aquí, conmigo, después de todo lo que le hice, después de haberla convencido de aventurarse a este viaje que hasta ahora solo le ha traído problemas. Es lejos la compañera más leal que podría haber deseado. Compañera… no creí que alguna vez pudiera considerarla así. Es mi par, mi contraparte… es una suerte extraordinaria haberla encontrado.
A pesar de nuestra historia, estamos aquí. En la ciudad del eterno resplandor. Verdaderamente extraordinario. Las probabilidades de que dos personas como nosotros se encontrasen es comparable solo con la de que este lugar exista. Creí que la vida en las islas en que nací habría mermado completamente mi capacidad para maravillarme con este mundo, pero al parecer sólo la mejoraron. Mi magia era algo normal, crecí con ella, pero jamás creí que tendría este alcance, que podría funcionar como un motor, no, como el corazón latiente de un gran organismo que es esta ciudad. Además del hecho de haber conocido en un reino desconocido a la Reina de las Nieves, y haber llegado a enamorarme de ella.
Ahora que soy una especie de príncipe del fuego, supongo que puedo ser digno de su compañía. Pocas veces pienso en ella de ese modo. Cuando la veo así de vulnerable, como ha estado el último mes—o lo que asumo que ha sido un mes, la verdad no sé cuánto tiempo ha pasado exactamente—, se me olvida lo poderosa que es en realidad. La mujer de aspecto frágil que tengo en frente es en realidad más fuerte de lo que parece, y capaz de utilizar su magia a niveles sin precedentes. Si quisiera, podría hacer lo mismo que la bruja del hielo, pero no lo hace. Elsa es una buena persona, no seguiría sus pasos.
La mujer que tengo en frente puede haber congelado a su propio reino, pero jamás ha asesinado a alguien, ni usado su magia para hacer daño. Sólo la he visto defenderse una vez. Y aun así, fue un lapsus breve. Ella no tiene sangre en sus manos. Será impulsiva, pero se controla mejor que yo…
—Hans, ¿estás bien?
—Sí, no te preocupes.
— ¿Pasó algo?
—Sólo estaba pensando—se acerca a mí, toma mi rostro entre sus manos.
—Puedes confiar en mí, dímelo.
—Es complicado, solo… pensaba en ti. En que te controlas mejor que yo.
—Para nada, creo que lo hemos probado las veces suficientes. Tú no congelaste tu reino, yo sí.
—Lo dices porque me conociste estando bajo control.
—Me dijiste que nunca habías tenido problemas.
—Supongo que mi hermano tampoco te lo dijo. Le debo una, no estarías aquí conmigo si te lo hubiera dicho.
— ¿De qué hablas? Me estás asustando.
—No siempre he tenido el mismo nivel de control sobre mi magia. De niño tuve muchos arranques… incluso siendo mayor.
—Yo jamás te he visto perderlo… incluyo cuando estamos en peligro.
—Es porque domino mis emociones. El punto es sentir, pero no dejar que te dominen a ti. La ira, el miedo, pueden ser sobrecogedores.
—Créeme, conozco lo del miedo mejor que nadie.
—El miedo, pero no la ira. Eres calmada, naturalmente.
—Tú también.
—Ahora. No siempre lo fui.
—Eso no importa. Aprendiste, haces lo que yo quiero llegar a ser capaz de hacer.
—Importa, pero no quiero amargarte la noche con esas historias. Es algo que deberías saber de mí, pero temo que dejarías de verme como antes.
—Eso no lo sabes.
—Lo sé. Fue terrible, honestamente, es una de las pocas cosas de las que me arrepiento de haber hecho en la vida.
—Hans, puedo soportarlo. Te conozco, estuve a punto de ser tu víctima… igual que Anna. No tienes idea de lo que me cuesta congeniar ese dolor con lo mucho que quiero estar contigo.
—Te costaría más si te contara.
—Sólo hazlo.
—Elsa, cada vez que hacemos esto, terminamos peor que como estábamos antes.
—Te lo he dicho hasta el cansancio, necesito conocerte. Quiero saber de ti, puedes confiarme secretos.
—Me temo que esto es personal… bueno, personal y familiar al mismo tiempo.
—Hans, sé mucho de tu familia, no sé si un secreto más importe tanto.
—Incendié el palacio varias veces. En las islas, cada rabieta mía era un incendio. Mis padres me dejaban en un cuarto de piedra en el subterráneo, hasta que se me pasara… el problema es que no siempre llegaban a tiempo…
— ¿Quemaste a alguien? —agacha la mirada.
—Exacto. Tenía diez años la primera vez que pasó… no recuerdo bien por qué fue, sólo sé que al momento siguiente, toda la cocina ardía en llamas. Con los sirvientes y conmigo dentro. Ahí descubrí que el fuego no me quemaba. Me escondí en un rincón mientras las llamas devoraban todo, y los gritos se ahogaban.
—Es… Hans…
—Me pasó nuevamente cuando tenía trece, poco antes de unirme a la marina. Esa vez lograron salvarse… todos menos un ama de llaves, Danae. Todavía recuerdo a la mujer gritando.
— ¿Cómo? No entiendo, fue un accidente o…
—Nunca quise que pasara, pero no podía controlarlo. Es algo que intento no recordar. Dejé de pensar en ello hace años, pero por alguna razón, me lo recuerdas de vez en cuando.
— ¿Yo? No veo por qué…
—No es algo que hagas a propósito. Solo lo recuerdo cuando pierdes el control. El incidente en las montañas, cuando huiste de palacio. Es parte de por qué te detuve.
—No es el mejor recuerdo.
—Claro que no lo es. Me recuerda que tenemos una capacidad para destruir sin precedentes.
—Pero ninguna fue intencional… al menos eso creo.
—Es nuestra defensa. El problema es que podemos ser letales.
—Dejaste de serlo, no tienes que seguir torturándote con eso. Eras un niño, no podrías haberte detenido.
—Tenía la edad para saberlo, es sólo que no podía.
—Tu hogar era un lugar terrible, sigue siéndolo. No creo que alguien pudiera ayudarte… pero ya no estás solo. Me tienes a mí.
—Somos dos con poderes que apenas entendemos, es como estar juntos en un bote sin remos.
—Remos o no, llegamos hasta aquí.
—También pensaba en eso. En la suerte extraordinaria de haberte encontrado.
—Lo sé, no creí que fuera a encontrar a alguien como tú. Me haces cuestionar todo lo que conozco y en lo que creo.
—Y tú me pusiste el mundo de cabeza, mujer. Si tan solo supieras…
—Créeme, te conozco mejor que nadie. Eres calculador, egoísta, manipulador, y con todo eso te arriesgaste a venir conmigo. Sé que estás dispuesto a todo… por mí.
—Tú eres insegura, inestable, y no sabes lo que quieres… traté por todos los medios posibles de romper esa coraza de hielo que tienes, y seguiré intentándolo. Sé que no merezco esta oportunidad, pero quiero tomarla de todos modos.
—Esto… no sé qué decir.
—Pues no digas nada. Ven.
Tomo su mano, la guío para que se siente en la cama conmigo. Es tan extraño, saber que de alguna manera somos más parecidos de lo que esperaba, que sentimos de un modo similar. Podría quedarme despierto toda la noche si eso significa poder captar cada detalle de ella. Nos besamos. Ella acaricia mi barba, que ahora está mucho mejor mantenida. Sé que prefiere que me la afeite, pero no tengo los implementos para eso. Además, no es tanta, apenas lo suficiente para tener el borde de la mandíbula y un bigote unido. Ahora que lo pienso, realmente me parezco a Caleb con esta barba. No es momento de pensar en eso.
Aprovecho de tocar la piel que queda expuesta gracias a su vestido. Ella se aparta en cuanto llego a su clavícula. Se da vuelta. Oh, no. No hemos terminado. Me gusta jugar con sus límites, ver que tan lejos llega. Dejo que se calme unos minutos, antes de seguir. Tiene puesta una blusa y falda larga. Perfecto.
Beso la parte posterior de su cuello, consiguiendo que se arquee hacia atrás. Hay una delgada línea de piel expuesta justo por debajo de donde termina su blusa. Coloco mi mano sobre ese lugar, para introducirla lentamente dentro de la tela que cubre su espalda baja. Es deliciosamente suave. Escucho su respiración entrecortada, cada vez más rápida, a medida que voy dejando besos húmedos sobre su piel. Me encanta verla así, totalmente desarmada. Con mi mano libre, sujeto su cabello, de modo que está obligada a ladear la cabeza. Muerdo su hombro derecho.
—Hans…
—Shhh, solo siente—continúo mordisqueando su hombro y cuello.
—Sabes lo que pienso de esto.
—Es mejor no pensarlo.
—Lo digo en serio.
—Y yo también.
—No puedo pensar con claridad si haces esto.
—Esa es la idea—subo la mano que está debajo de su blusa. Sin el corsé y todas esas estúpidas prendas femeninas, puedo tocar su piel con total libertad.
—Basta, por favor.
— ¿No te gusta?
—Claro que sí, pero ya sabes lo que pienso de esto.
—Bien…
Retiro mi mano de su espalda, con toda la lentitud posible. Quiero que extrañe mi contacto. La deseo, quiero tener más que esto… dormir juntos se ha vuelto una verdadera tortura. Estar tan cerca, y a la vez, no lo suficiente. Necesito tenerla en mis brazos. Quiero mostrarle lo que se ha perdido por tanto tiempo. Si tan solo no fuese tan difícil… hemos estado así tantas veces, es frustrante. En estos momentos, desearía que ella fuese más asidua a perder el control en lo que se refiere a nuestras actividades nocturnas. En fin, así es esto, un instante sí, el otro no. A veces realmente somos polos opuestos.
A/N: Hello! tenemos otro capítulo.
Les comento que estoy intentando avanzar en este fic los fines de semana, lamentablemente mi tiempo se reduce muchísimo con los estudios (tengo tres controles mañana, literalmente escribo esta nota mientras viajo).
Quisiera saber qué les gustaría conocer sobre esta cultura, sobre esta ciudad de eterno resplandor en la que están Hans y Elsa, para poder aclarar más en el próximo capítulo. Además, todavía no llegamos al lado más mitológico de su estadía. Queda mucho por descubrir, entre otras novedades que vendrán con el próximo capítulo.
No olviden comentar (contesto en cuanto pueda :c), siempre leo sus reviews :3 pueden seguir la historia marcando follow o favorite.
Bye.
