Disclaimer: Victorious y sus personajes no me pertenecen.


Viernes, el castigo se había terminado para Jade y venía el fin de semana. Lamentablemente no podría pasarlo con Tori, ella prácticamente vivía encerrada en su casa o en el Café…

"… Eso el Café".

Se levantó de la posición horizontal en la que había permanecido desde hace un par de horas pensando en como lograr ver a su novia durante el fin de semana, fue directo al armario a buscar un atuendo para salir en la noche y se vistió.

—¿A dónde vas? ¿No estabas castigada? —preguntó su hermano pequeño al verla alistándose.

—Mi castigo terminaba a medio día e iré a verme con… Cam.

—¿Y mamá lo sabe?

Importante detalle, no, no lo sabía, pero con un mensaje se enteraría, mientras tanto, seguía eligiendo qué chaqueta llevar puesta y que botas le quedaban mejor, todavía tenía unos minutos para salir de casa antes de que llegara su madre y le dijera que no quería que fuera a ningún lugar.

«Lista para la noche de películas», recibió un mensaje de su amiga Meg que iba en camino junto con su novio, Ryder. Los tres tenían planes desde hace más de dos semanas, eso sería lo primero que haría el día que recobrara la libertad, claro que cuando decidieron hacer una maratón de películas de los ochentas, ella todavía no regresaba con Tori y eso lo cambiaba todo.

—Diablos, olvidé lo de esta noche.

«¿Podemos mejor salir de casa? Hoy termina mi castigo y la verdad no quiero pasarla aquí encerrada».

En lo que enviaba el mensaje escuchó la puerta principal abrirse y los pasos inconfundibles de Amanda, había salido con anticipación de la oficina y llegó justo para encontrarse con su hija en la escalera.

"Maldición, maldición, maldición", se dijo a si misma mientras inventaba algo que decirle para poder salir.

—Hola, mamá.

—Hola, cariño… —La mujer se detuvo a contemplar a su hija, iba muy linda y bien arreglada, algo que era típico en ella si pretendía dejar la casa, es más, ese labial lo usaba únicamente en sus citas—. ¿A dónde crees que vas?

—Emm… Meg y Ryder acaban de mensajearme para que salgamos a tomar un café, querían ir al Magic Box.

—Hoy hay concierto, ¿no?

—Noche de micrófono abierto en realidad… según me contó Cami.

Amanda recibió a su pequeño que entró de repente a la sala y saltó a sus brazos. Aun abrazada de él se enderezó y volvió la atención a su hija mayor.

—¿Y a qué hora piensas regresar?

—A eso de la media noche, una de la mañana, no más.

—Mhmm… —Amanda hizo un sonido gutural un tanto incrédulo y dándole unas palmadas en el trasero a Ben lo mandó a alistar su maleta.

—Tengo que viajar hoy noche a San Francisco y, tú y tu hermano, deben ir a pasar el fin de semana en la casa de tu papá…

—Aj, mamá, ¿es enserio? Ya tengo diecisiete años, no necesito a Camila de niñera y puedo quedarme aquí, sola.

—¿Quieres dejarme terminar de hablar antes de que te quejes por todo?

Jade rodó los ojos y volteó la cara mirando al techo cruzada de brazos.

—Tu papá me comentó que Camila se siente un poco indispuesta de salud, así que prefiero que, si vas a salir, vuelvas y te quedes el fin de semana aquí.

—Bueno, si eso es lo que tú quieres… okey —Su hija no se demoró en contestar. Le estaban entregando oportunidades en una bandeja de plata.

—Ajá, tú tan complaciente, sobre todo, Jade. —Su mamá le contestó y se puso muy seria para la siguiente advertencia—: quiero que estés muy consciente de que has pasado castigada un mes por una estupidez que espero que no se te ocurra repetir este fin de semana.

—Mamá…

—Falta menos de un año para que cumplas los dieciocho, pero para beber, te faltan tres años más.

—Lo sé…

—Tú sabes que ni tu papá ni yo te hemos puesto limites o nos preocupa que tomes un trago en una fiesta, pero otra cosa es llegar completamente borracho a casa.

—Entendido…

—Jade, hablo en serio. No quiero que vuelvas así a casa nuevamente o que se te ocurra tener una fiesta aquí o las mil cosas que estás pensando hacer sin supervisión.

—Mamá, relájate ¿quieres? Solo saldré a tomar un café y no haré nada más. —Le aseguró su hija sonriendo internamente. Se le ocurrían mil cosas que hacer, sí, todas con Tori. Podrían inventar algo para que Nya le dé permiso de salir de su casa y voilà tendrían un lugar para ellas solas.

—Está bien, confío en ti…

La chica tenía ganas de ir ya con Tori e idear algo, se moría por contarle las noticias, pero sus amigos todavía no llegaban y su mamá tenía un par de preguntas más que hacerle.

—Así que van al Café… —mencionó su mamá con sospechas—. ¿Vas a verte con Tori hoy?

—Emm, pues… no creo que trabaje hasta tan tarde, pero no lo sé… quizá.

—¿Y cómo te sientes al respecto?

—Aj, ¿vas a hacerme mil preguntas? ¿Qué, eres psicóloga ahora?

—Jade, ¿cuándo será que dejarás de protestar tanto y empiezas a tener conversaciones como una persona adulta?

—Mamá, no quiero un sermón.

—Ya, ya, no quiero discutir. Si ves a Tori mándale un beso de mi parte.

—Gracias, mamá —Jade le dio una rápida sonrisa y salió apurada para esperar a los chicos en la vereda.

—A un café… ajá, mi pobre hija cree que yo nací ayer —se decía a si misma la mujer mientras subía las escaleras para ayudar a su hijo a hacer su maleta con ropa para ambos días—. Solo espero que las cosas vayan bien con Tori.

La noche iniciaba bien y todo prometía para un excelente fin de semana, claro, necesitaba primero idear algo para sacar a Tori de su casa, lo que sería difícil dado que la latina seguía castigada todavía. La suspensión de sus privilegios duraría hasta el final del semestre y únicamente si lograba aplicarse y seguir las instrucciones de la terapeuta. Bueno, algo pensarían juntas, ahora el problema era poder hablar a solas entre tanta gente.

Los tres chicos entraron por la puerta principal y sin demora los empleados del local y ex-compañeros de trabajo la saludaron de lejos.

—Miss Popularidad, ¿nos invitas un café? A ti te salen gratis, además nos cambiaste el plan entero —propuso Ryder dándole un vistazo a la cartelera con los diferentes tipos de bebidas.

—No seas tacaño, y no, no te invito nada. Voy a saludar a los chicos —respondió ella excusándose—, ya regreso, guárdenme un asiento.

Se escurrió por entre la gente que se iba acumulando en el lugar y llegó hasta el mostrador intentando pasar a la sala de empleados hasta que un chico, evidentemente nuevo, la detuvo cuando quiso abrir la puerta del mesón.

—Esa es un área privada.

Jade lo miró con curiosidad y leyó la etiqueta con su nombre «Sebastián». parecía un niño en comparación a sus amigos, delgado, bajo, narizón y respingado y el uniforme le quedaba enorme.

—Tranquilo Pinocho, soy parte del personal.

—Lo siento, pero no te puedo dejar pasar.

Algunas cosas se le ocurrieron, entre ellas darle un soplido para quitarlo del camino; otra era decir que era la novia de la sobrina de la dueña, pero eso todavía era un secreto, así que caminó unos pasos hasta la caja y saludó con Julia.

—¡Jade! —La chica la saludó de regreso—. Déjala pasar, Pinocho.

Ella rió al ver que sus compañeros habían llegado al mismo apodo y, alzando sus cejas triunfante, pasó del chico, entrando hasta el salón de empleados donde se encontró con su morena novia acompañada de Theo y Nat.

—¡Hey, Gasparín! —exclamaron sus amigos

—Hola —le dijo Tori discretamente y le regaló una tierna sonrisa.

—Bueno, nosotros… emm… —dijo el chico.

—Tenemos que… rellenar los azucareros… afuera… —Terminó su amiga y las dejaron allí codeándose en su camino al área frontal.

—Seguro que todos se traen una apuesta de cuánto tiempo nos tomará volver —rió Tori al verlos huir.

—No lo dudo, de seguro ganará Cam.

—Me imagino que sí.

Un cortó silencio y una miradas cómplices las acompañaron por unos segundos. Todavía era muy extraño estar juntas en un sitio tan concurrido. Tori se limpió la garganta y presionando sus labios hacia adentro miró de lado a lado y tomó a Jade por la muñeca, jalándola suavemente al baño.

Una vez que se fijaron que no había nadie en cada una de las cabinas, la morena se acercó a la puerta y la cerró con seguro.

—Okey, así está mejor.

—Sí, mucho mejor —acordó Tori y se acercó dos pasos hasta quedar a cortos centímetros de su novia.

—No tienes idea de cuanto te extraño —le susurró Jade, acercando apenas sus labios, dándole un corto beso, tomando sus manos en el proceso y entrelazándolas con tanto anhelo como si se tratara del abrazo que deseaba tanto.

Las muestras físicas de cariño avanzaban lentamente. Hace apenas dos días que habían retomado su relación y lo habían hecho únicamente con ese gesto, con sus manos entrelazándolas, paseando sus pulgares por la piel de la otra y nada más que sus labios juntándose en un beso, y ya, eso había sido todo.

Al día siguiente Jade intentó acariciar sus mejillas mientras se escondían unos minutos en el armario del conserje, lo hizo cuando se besaban, colándolas por sus cabellos hasta su nuca y de regreso a su rostro, pasando, casi imperceptiblemente, por su cuello.

Tori, en cambio tenía más contacto, siempre que se escabullían para verse, reposaba sus manos sobre la cadera de su contraparte, presionando de cuando en cuando, sobre todo cuando sentía ansiedad por cuán lejos llegaba sus avances.

Ella intentaba no bloquear ninguno de los movimientos de la otra chica, a pesar de que cada uno le provocaba un gran temor. ¿Cuándo querrá bajar a su espalda, ir por su estómago, cuando sentirá su delgadez? ¿Cuándo tendrá la curiosidad de explorar la longitud de sus brazos o sus piernas?

Jade iba con cuidado, dejando que sea su novia quien decida cada paso, cada roce, cada centímetro que le permitía tocar.

Dando una vuelta la llevó de espaldas hasta el mueble del lavamanos y, soltando el agarre de sus manos, se apoyó para subirse en él. Jade se acercó y permaneció de pie, acomodándose entre sus piernas. Sus manos reposando a los lados de sobre el mesón.

En un giro repentino de eventos Tori volvió a tomar de sus manos y las llevó lentamente hasta el inicio de sus muslos, justo donde terminaba su cola. Jade se alzó de cejas sorprendida por dicho acto, no esperaba que su novia quisiera un acercamiento tan directo, no todavía.

En silencio, mirándola tiernamente a los ojos, acercó su frente para reposarla junto con la de la latina. Ambas con cuidado de lo que sucedía, muy conscientes de cada movimiento.

Jade inició un suave desplazamiento, sus dedos haciendo círculos en el mismo sitio en el que fueron depositados. Tori se abrazó por encima de sus hombros, acariciando la parte trasera de su cuello de la misma manera, en pequeños círculos que encendían las hormonas de ambas al máximo. Pronto Jade fue navegando unos centímetros más, siguiendo las costuras de la agradable tela de ese jean que tenía puesto, hasta casi la mitad de sus muslos, deteniéndose de tanto en tanto siguiendo las instrucciones que su novia le daba con la mirada. Bajó por sus muslos en un ritmo continuo que le tomó unos minutos y, mucho antes de llegar a la rodilla, se detuvo y preguntó:

—¿Estás bien?

—Mmhmm —le contestó Tori, acercándose para darle un beso sentido, de verdad parecía que todo avanzaba en el área del contacto físico. Jade decidió mantenerse un tiempo en esa posición, simplemente acariciándola.

—¿Y ahora? —Insistió unos instantes después, bajando sus dedos un par de líneas más, precipitando la respiración de su novia. Era suficiente por ahora. Hasta ahí llegaría el avance. Retrocedió sus manos hasta un lugar que se sentía más cómodo y continuó el beso. De verdad no tenía apuro y con eso había sido suficiente, estaba muy feliz de llegar tan lejos.

—Y… —Inició la importante conversación que tenía pensada al entrar con ella a ese lugar, la cual se perdió en medio de otras actividades más relevantes en el momento—. Voy a pasar el fin de semana sola en casa de mi mamá. ¿Crees que habrá la posibilidad de inventarle a Nya algo para que pases un rato conmigo?

—No lo sé, sigo castigada —contestó la morena con un poco de pena—. ¿En serio vas a estar sola dos días? —preguntó de forma retórica—. Te envidio tanto.

—Mamá no quiere que moleste a Camila. Dios, papá si que se consiguió a la peor esposa en el mundo.

—¿Por qué, qué pasó?

—No lo sé, dice que está indispuesta, enferma o algo.

—Emm… no creo que ella pueda evitar enfermarse, eres muy dura con ella.

—Sí, sí, ya se que te cayó muy bien cuando la conociste. Igual, a mi no me agrada.

—Bueno, entonces ¿por eso pasarás a solas? ¿Y tú mamá?

—Viaje de negocios. Sería genial poder pasar unos días juntas, solas, sin presiones.

—Sí, lo sé. Estoy harta de que me vigilen como si hubiese asesinado al presidente o algo.

—Entonces no hay forma de que te escapes.

—Por escaparme es que estoy castigada, así que creo que no.

De repente se escuchó un golpe en la puerta del baño y, asustadas, regresaron a ver. Cami había entrado con su copia de la llave, tenía una cara de mayor sorpresa que ambas juntas y cerró la puerta detrás de ella, nuevamente con seguro.

—¿Alguien me explica esto?

—¡Diablos! —susurró Jade, ayudando a Tori a bajar del mueble.

—Emm… nada, Jade tenía un… algo…, estaba ayudándola a quitárselo.

—Ajá, un perejil en los dientes —dijo la incrédula chica, que notó de primera el acercamiento que sus amigas tenían la una con la otra—. Jade, tus amigos te están buscando como locos. Quieren saber si vas a acompañarlos o ellos mejor se van al cine.

—¡Aj, idiotas, les dije que me esperen!

—Eso fue hace como veinte minutos —le contestó su amiga, aun esperando una respuesta a su pregunta previa—… ¿y bueno?

—Pues… okey, no puedes decírselo a nadie, Cam…

—Entonces sí, ¿volvieron?

La pareja regresó a verse y negaron con gracia al escucharla.

—Sí, volvimos. ¡Pero es secreto, Cam, ni una palabra!

—Claro, no se preocupen. ¡Sí!

—¿Apostaron?… ¿Cuánto? —preguntó Tori, vencida. Era obvio, sus amigos siempre apuestan algo.

—Cincuenta dólares que ya gané.

—Vaya, por lo menos es algo sustancial —dijo Jade admirando el interés de sus ex-compañeros.

—Ve a ver a Meg y Ryder que de verdad estaban por irse y dijeron que no tienes quién te lleve a casa.

—Sí, tienes razón, voy, pero antes… ¿puedes voltearte? Quiero besar a mi novia, tal vez no pueda volver a hacerlo hasta el lunes.

Dicho esto, Cam se viró y cerró los ojos escuchando un par de «te amo» casi inaudibles y los sonidos de sus labios juntarse y separarse un par de veces.

—Te mensajeo en un rato a ver si algo se nos ocurre —le dijo a su novia mientras se alejaba y se dirigió a Cam—. Ni una palabra o te juro que te mato.

—Lo sé, lo sé, vete ya.

Jade dejó el lugar y se encontró son sus amigos en la puerta del Café, a punto de dejarla allí, varada.

—¿No podían esperar un rato?

—¿Te encontraste con… Tori?

—¡¿Qué?! No, para nada, fui a saludar con los chicos —fingió demencia y cuando su amiga giró la media vuelta con una actitud de enojo, salió caminando tras ella—. ¡Meg, vamos! —le suplicó que se detuviera.

—¡No, Jade, maldita sea! ¿Me crees estúpida, no?

—¡¿Qué?! No yo…

—Eres mi mejor amiga, la mejor y sí, sé que durante todo este tiempo que no has estado con ella la seguías vigilando de lejos, hasta el miércoles que desapareciste por dos clases y al medio día y después de clases… y el jueves que pasaste metida en el armario del conserje día, medio día y la tarde, otra vez y hoy también, lo mismo.

—Meg…

—Entiendo, ¿sabes? La amas —continuó la morena todavía bastante molesta—. Sabía que aunque te dispusieras a olvidarla eso no sucedería y por eso hablé con ella para que…

—¿Qué hiciste qué? ¿Cuándo hablaste con Tori?

Eso era algo que no le había contado. Después de la fiesta, se le había acercado a su entonces ex para advertirle que ya no la apoyaba más y que esperaba que se mantuviera alejada, que Jade merecía más que estar tan destrozada por alguien que, al parecer, no daba ni un segundo de su tiempo o interés por ella.

—Estaba harta de ver como subías como la espuma y luego Tori dejaba que te des un clavado directo en el concreto.

—¡Eso no te incumbe!

—¡Claro que me incumbe, soy tu amiga! ¡Tú a-mi-ga!

—¡¿Si entiendes el daño que pudiste hacerle?!

—¡Tori está bien Jade!, bastante bien, es más, todos lo notan y tú también has estado bien.

—¿Bien? ¡No me jodas, tú sabes perfectamente que no es así!

Esta vez Meg se quedó callada, aceptando que Jade tenía razón, ella vio cuan duro fue para ella volver a respirar con normalidad, sin embargo, todavía creía que no se equivocó al hablar con la latina.

—¡Okey, okey, lo siento! Fue estúpido y no pensé en nada más que tus intereses, aunque… fui muy egoísta y… lo siento.

—Ya… ya fue… No importa. —Bufó Jade, tratando de pasar del disgusto con un rato de eterno silencio—. Tori y yo… estamos juntas otra vez y estamos bien. Solo que no le diremos nada a nadie, bueno aparte de ti y, claro, Ryder. —Quien se había quedado parado en la puerta el instante que las chicas salieron discutiendo, evitando inmiscuirse en pelea ajena.

—Y… ¿ella está bien, bien?, ya sabes…

—Sí, creo. No lo sé, no es como si tuviéramos mucho tiempo para hablar o esas cosas.

—¿Por qué diablos están haciendo esto a escondidas?

Esa respuesta era un poco difícil de dar. Habían pasado por tantas contrariedades juntas. Sus padres le habían mencionado lo bien que ella había estado ese último mes, sus notas, su ánimo. Las tías de Tori habían hecho lo mismo. Gayle, la terapeuta, le había dicho a Tori que no es el momento de iniciar una relación, que necesitaba enfocarse en ella misma y se lo había recomendado a sus tutoras.

Con esa amenaza, lo menos que las chicas necesitaban, era que Tori sea retirada de la escuela a la fuerza. Por lo menos así, aun le daban la oportunidad de elegir qué quería hacer, pero ambas estaban seguras de que si sus tías creían que se veía afectada de alguna forma negativa, le quitarían ese derecho hasta quién sabe cuándo.

—No pueden ser tan estrictas.

—Pues eso piensa Tori y ella es la que vive ahí y, además, yo conozco a Nya, no creo que sean solo ideas de mi novia —dijo Jade, ganándose una mirada escéptica de la otra chica—. ¡Mira como la tienen, de un lado a otro como un robot!

—Okey, sí, puede ser. ¿Y qué planeabas hacer ahora, además de tenernos vigilando un asiento vacío?

—Estaré sola en casa el fin de semana y quería inventar algo para que Tori me visitara.

—Hmm, noche de pasión, pícara pícara.

—No seas idiota, Meg.

En ese momento sintieron la presencia de alguien a sus espaldas, era Cam que venía a darle buenas noticias.

—El «mousse de chocolate» está listo. Pasa por aquí un cuarto para las doce recogiendo tu paquete y… tienes dos días… para terminarlo —dijo en clave, saliendo exactamente por donde llegó.

—¿Cami lo sabe?

—Nos acabó de encontrar en el baño.

—No quiero detalles, por favor —resolvió Meg sacando su celular de su bolsillo.

—¿Vamos por ahí a dar vueltas hasta que sean las once y treinta y pasamos retirando a Tori?

—Gracias, Meg.

—Descuida, ahora iré por mi desentendido novio y saldremos de aquí.

Jade tomó también su teléfono y envió un mensaje a su novia informándole que la retiraría en un par de horas y salió en camino al auto de su antes enemigo, Ryder Daniels.


Nota de autor:

Sí, ya lo sé. los dejé así como: ¿Qué? ¿Y el resto del capítulo? Pues espero que pronto lo pueda subir.

Y «mia», y todos en realidad, perdón por lo de no publicar ese día. La verdad, se me olvidó que había puesto eso y me distraje mucho estos días.

Gracias por leer. Su apoyo es increíble y no saben cuando me halagan cuando me dejan algo en esa cajita de comentarios. Si quieren pueden dejar las tan clásicas caritas ":)" o ":(" y, bueno, nos estamos leyendo pronto.