¡Buenas una semana más! Aquí os dejo el siguiente capítulo de la historia. ¡Que comience la primera final!
35.
Bajo del coche con los nervios a flor de piel. Ha llegado el gran día, el día señalado por toda Raccoon City. La camiseta se me pega al cuerpo por el sudor. Ya veo por los exteriores del estadio a una gran multitud dirigirse hacia él. Madre mía. Espero que lo hagamos bien y no defraudemos a toda esa gente que nos ha estado prestando su apoyo en las últimas semanas.
Le hecho el seguro al coche y veo que hay muchos seguidores apoyados en la valla. Me gritan. Me aclaman. Les saludo sin demasiada convicción y empiezo a caminar hacia el interior. Veo que la mayoría del equipo ya está allí. Bien. Eso me mantendrá distraído hasta que empecemos.
Saludo con la mano a un par de guardas de seguridad. Les conozco de vista. Creo que incluso uno de ellos vive cerca de mi apartamento. Camino en silencio por el pasillo intentando dejar mi mente en blanco. Qué difícil es, y mis nervios tampoco ayudan.
Paso junto al vestuario de las mujeres. La puerta está abierta, pero no hay nadie en el interior. Jill no va a jugar más con nosotros. Por si la situación no era ya complicada, esto lo agrava aún más. Me quedo apoyado en el quicio de la puerta, y le propino un puñetazo.
Maldita sea. Con lo bien que lo estábamos haciendo, que incluso llegamos a estar primeros, se ha ido todo a la mierda en los últimos partidos. Todo se vino al traste esta mañana, cuando terminamos nuestro turno.
Irons mandó a llamar a Jill antes de las siete y media. Eran las ocho, y aún no se había presentado, así que supuse que la reunión o lo que quiera que fuera se había alargado. Así que decidí irme a casa y esperar para llamarla más tarde.
Cuando terminé de desayunar, a eso de las nueve y cuarto, decidí llamarla. Tenía mucha curiosidad por saber qué le había dicho ese cabronazo, aunque, desafortunadamente, me lo imaginaba. Tardó un poco más de la cuenta en cogerlo, e imaginé que no tenía muchas ganas de hablar. La conversación sigue muy fresca en mi memoria.
-Hola Chris –me saludó bastante alicaída -. Estaba esperando tu llamada.
Cómo me conoce…
-¿Qué quería nuestro querido jefe?
-Creo que te lo puedes imaginar… -se hace un silencio muy incómodo hasta que Jill vuelve a hablarme -. No voy a jugar más.
-¿Y eso por qué? –le pregunté muy furioso. Irons había vuelto a hacer de las suyas -. ¿Qué motivo te ha dado?
-Simplemente dice que no quiere arriesgarme más. ¿Cómo lo dijo? Ah sí, que mi valor y lealtad están dentro de la comisaría y no en una cancha de baloncesto.
-Gilipollas.
-Eso mismo pensé yo cuando me lo dijo.
Intenté sonreír, pero me costaba. No sabía exactamente qué decirle a Jill para tranquilizarla, pero estaba convencido de que cualquier cosa que pusiera como excusa no haría cambiar de opinión a Irons.
-Lo siento mucho, Jill –y lo dije de corazón. Es muy importante para el equipo por todo lo que aporta -. Espero verte aunque sea en la grada.
Suspira. Desde que está de baja no nos ha acompañado a ninguno de los encuentros. Imagino que se sentirá muy frustrada. A mí me pasaría lo mismo.
-Lo intentaré –me respondió sin demasiada convicción. Ya sabía yo que me costaría convencerla -. Chris… -se detuvo unos segundos -. Gracias por llamarme. Lo necesitaba.
-Qué tonta eres… -negué en silencio varias veces -. Los amigos siempre están ahí, y tú siempre lo estás, así que es mi deber ayudar y apoyar a los que me importan.
Lo pensé durante unos segundos. Desde luego que sonaba a una declaración de intenciones. Suerte que Amanda no estaba por allí cerca. Me habría crucificado. ¿Y por qué debería preocuparme? No lo sé.
-Gracias Chris. Sabes que yo también te tengo en muy alta estima. Suerte para esta tarde. Besos.
Y me colgó sin que me diera tiempo a decirle nada más. Debe estar muy dolida. Yo lo estaría. Decidí no comentar nada en el grupo. No me parecía justo. Sin embargo, poco antes de venir al estadio, he visto que Jill había escrito en el grupo. Ya les había dicho al resto lo que Irons consideraba "mejor" para el equipo.
Sólo espero que esté presente en las gradas. Tiene un sitio reservado detrás del banquillo. Amanda vendrá al comienzo del partido, y Claire está estudiando para un examen que tiene mañana. Tal vez debería llamarla.
Me aparto del vestuario de las chicas y busco mi teléfono móvil. Lo tengo en el vaquero. Busco el número de mi hermana, aunque me lo sé de memoria, y me llevo el teléfono a la oreja. Pasan tres o cuatro tonos cuando lo coge. No debo entretenerme mucho. Irons estará a punto de dar la charla.
-¿Cómo está mi hermano favorito? –me saluda Claire con alegría. Espero poder verla pronto. La echo mucho de menos.
-Es el único que tienes –bromeo intentando contagiarme de ese buen humor. Mi hermana ríe al otro lado -. Espero que estés estudiando duro.
-¿Por quién me tomas? –me responde enfadada, aunque sé que no lo está. Casi nunca hemos discutido -. Claro que estoy estudiando. Ya sólo me quedan dos exámenes.
-Genial. ¿Cuándo es el último?
-El viernes que viene.
Lo pienso unos segundos. El partido es el sábado. Podría decirle que viniera… siempre y cuando merezca la pena ver el partido. Qué demonios… Que se venga sí o sí. Hace meses que no nos vemos.
-Pues ya sabes lo que tienes que hacer… Coges tu preciosa moto y te vienes a Raccoon. ¿Qué te parece?
-Hace tanto que no nos vemos…
-Lo sé, Claire… Vente.
-Iré, hermano. Te lo prometo.
-Voy a entrar al vestuario. Te avisaré cuando tenga un hueco. Te quiero Claire.
-Y yo a ti Chris. ¡Mucha suerte! Dale saludos a Amanda.
Cuelgo el teléfono y me quedo mirándolo unos instantes. Hora de enfrentarse al ánimo del vestuario. Estoy convencido de que el capitán Wesker estará intentando hacer todo lo posible para que el ambiente sea óptimo.
Abro la puerta y una música de rap inunda mis oídos. Bueno, al menos no están como si estuvieran en misa. Lo primero que veo, y que me llama mucho la atención, es a Kenneth sentado en una esquina con un rosario en la mano. Me quedo muy sorprendido. Jamás hubiera tomado al bueno de Kenneth por un religioso.
Enrico les está explicando algo a Richard y a Joseph. Supongo que será algo relacionado con el manejo del balón. Puedo oír sus voces aunque no lo que dice. La música está un poco más alta de lo normal. Paso junto al capitán. Levanta la mirada. Le devuelvo el saludo y me detengo dos asientos más a su izquierda, entre Forest y Barry.
-¿Qué tal chicos? –los saludo dejando mi bolsa en la taquilla. Llevo sólo ropa de repuesto y mis zapatillas. Las saco y las dejo en el suelo.
-Aquí estábamos hablando de cómo detener el juego interior de Maine –responde Forest mientras cojo mi chándal y la equipación.
-La otra vez nos trajo de cabeza –opino quitándome la camiseta. Mi miro unos segundos en el espejo. Estoy en muy buena forma. Me pongo la parte de arriba del conjunto. Jugamos de blanco -. La mayoría de sus puntos vinieron de ahí. Había un tal… ¿Trump?
-Trapp –me corrige Barry. Como para olvidarlo. Al capitán le costó horrores pararlo. Hizo treinta y tres puntos.
-Eso es… -murmuro quitándome los pantalones. Me quedo en calzoncillos y me pongo los pantalones cortos. Joseph pasa por mi lado. Se me queda mirando.
-Qué te gusta lucir palmito, Redfield –bromea cogiendo algo de su taquilla. Se gira y me mira sonriendo -. Las tendrás a todas locas.
Me río. Que les gusta meterse conmigo por lo atractivo que les resulto a las mujeres. Siempre que salimos a tomar algo se acercan más a mí que al resto.
-Yo ya estoy cogido –levantando las manos hago como que me disculpo. Me siento en la silla y me pongo los calcetines -. Te sorprendería saber que alguna me ha rechazado.
-¡Venga ya!
-Chicos… -nos advierte el capitán Wesker. Vale, lo hemos pillado. Se acabó el recreo.
Me pongo el chándal blanco a juego con el uniforme y me levanto para ajustarme el pantalón. Veo enfrente a Brad. Está con cara de no saber muy bien qué hace allí. En los últimos partidos ha jugado minutos, y nos quedamos sorprendidos al ver que pudo botar el balón más de dos veces seguidas sin que le entrara el pánico.
Le tiembla el labio inferior, y que Edward y Richard se pongan a aplaudirle cerca para asustarlo tampoco contribuye a que su ánimo mejore. Toda esta situación es realmente divertida.
Miro a Barry. Le noto más tenso de lo normal. No se da cuenta de que lo estoy observando. Está mirando fijamente una foto de su familia. Sí, Barry es un buen hombre. Lo sé desde el momento en el que crucé la primera palabra con él.
-Se sentirán muy orgullosas de ti –le digo sacándolo de su estado de concentración. No he visto demasiadas veces a su mujer y a sus hijas, pero sé que Barry daría cualquier cosa por ellas. Moira debe tener unos cuatro años, y Polly dos. Barry me sonríe.
-El día que tengas una familia entenderás que cada cosa que haces es por ellos. Nunca les he fallado… ni les voy a fallar.
La puerta que da acceso al vestuario se abre. Lo primero que veo es a un tipo bajito y rechoncho vestido con un traje negro que no le pega ni con cola. Me pongo a mirar hacia otro lado para no reírme. Creo que a algunos de mis compañeros les pasa lo mismo.
-Bueno, espero que hayan cogido fuerzas –nos saluda Irons con un gesto de absoluto asco, dándonos a entender que prefiere estar en cualquier otro sitio menos allí -. Como ya sabrán, ya no contaremos con la ayuda de la señorita Valentine. Los médicos y yo hemos decidido que era mejor no forzarla en vista de los últimos entrenamientos realizados.
Tuerzo el gesto. Es una pena. Yo no he visto que lo hiciera mal en las pruebas específicas que realizaba. Pero bueno, si ellos han decidido eso será por el bien de Jill. Sin embargo, me da mucho coraje porque sé que se ha estado esforzando mucho para ayudarnos en estos dos importantes compromisos.
-Hoy tendrán un hueso duro de roer –sigue hablando el jefe de policía con una pizarra y un rotulador en las manos -. Los S.T.A.R.S. de Maine tienen jugadores capaces de tirar desde cualquier posición. No obstante, basan su juego en la zona –traza un círculo bastante mal hecho por la canasta. Intento no reírme de nuevo -. Ya sufrieron en sus propias carnes cómo se las gastan cuando sus hombres altos se mueven. Hoy, especialmente Wesker, Dewey, Marini y Sullivan, se encargarán de que eso no ocurra. Vamos a basar nuestro juego en defender la zona y en abrir espacios en ataque para jugar desde el exterior. ¿Alguna pregunta hasta aquí?
Se para unos instantes en mí. Le mantengo la mirada. Que no se crea que voy a achantarme porque él quiera. Tal vez debería sonreírle y enseñarle cómo se hace. Estoy completamente seguro de que lo enfurecería mucho.
-Para este partido jugarán de titulares Frost, Speyer, Redfield, Wesker y Dewey…
Tampoco es mucha novedad…
-Circulación fluida de balón –nos grita como si hubiéramos hecho algo mal, y eso que todavía ni hemos empezado -. Nada de pérdidas tontas. Posesiones largas y ayudas siempre que la situación no sea muy incómoda. Vamos, fuera.
Irons y yo compartimos una mirada de odio que sólo está reservada para nosotros. Me levanto detrás de los demás y ponemos rumbo hacia la pista. Vuelvo a ponerme nervioso. Cada vez queda menos para saber si vamos a seguir peleando o si se terminó todo para nosotros.
Camino por el pasillo tras Edward y Richard. Todos vamos en silencio. Estamos muy concentrados. Entonces, veo a un árbitro hablar con Irons. Me pregunto qué le estará diciendo. Se me ocurre una idea. Me agacho y hago como que me ato los cordones de las zapatillas.
-Disculpe, señor Irons. No le molestaría si no fuera necesario. Verá, según nuestra normativa, todos los equipos deben convocar a once jugadores aunque luego no disputen minutos.
-¿Y qué estúpida norma es ésa? Hasta ahora no he tenido problemas con nada de eso.
-Es que los registros se hacen a ordenador, pero hoy hemos tenido que hacerlo a mano, y al realizar un recuento, hemos visto que falta uno.
Éste es capaz de ponerse a sí mismo…
Termino de abrocharme uno de los zapatos y paso al otro. Lento, muy lento Redfield.
-¡Está bien! –exclama Irons alterado. Veo que el árbitro incluso está asustado -. Tenemos un jugador de baja. Si lo incluyo pero no participa, no habría ningún problema.
¿Cómo? ¿Estoy oyendo bien? ¿Va a incluir a Jill en la convocatoria?
-Así es, señor. Le pido disculpas por los problemas que pueda ocasionar.
-Maldita sea. Incluya a Jill Valentine en la lista.
-Sí, señor. Gracias.
Y se marchan de allí sin haberme prestado atención. Me levanto rápidamente sin saber bien qué hacer. ¿Debería avisar a Jill para ver si así viene? Si está convocada, Irons no puede decirle nada por venir, pero ése es capaz de dejarla sentada sólo para humillarla.
Debo tomar una decisión rápido. Pronto se darán cuenta de que no estoy y vendrán a buscarme. Decido ir al vestuario. Sólo serán unos segundos. Abro la puerta rápidamente y la cierro haciendo bastante ruido.
Cojo mi bolso y saco el teléfono. Le escribo a Jill por Whatsapp, pero no esperaré su respuesta. No puedo perder tiempo.
Irons te ha incluido en la convocatoria.
Suficiente. Guardo el teléfono rápidamente en el bolso y me pongo de pie. Será mejor que me marche. Oigo pasos al otro lado. Ya sabía yo que venían a buscarme.
-¿Chris? –es Barry. Parece preocupado.
-Voy –miento abriendo la puerta -. Estaba en el servicio.
Barry me escruta con la mirada. Sé que no he conseguido engañarle. Nos conocemos desde hace mucho, y me tiene calado hasta el fondo.
-Estábamos preocupados –me dice Barry mientras caminamos por el pasillo -. Vi que saliste, pero ya te perdí el rastro.
-Ya te lo he dicho. Estaba en el servicio.
Dudo si contarle la conversación entre el árbitro y Irons. Sé lo que me va a decir: es un puro formalismo. No va a venir. Puedo oír al público en las gradas. Escuché que se habían repartido casi todas las entradas.
La grada que veo delante tiene aún muchos huecos libres, pero estoy seguro de que con el tiempo se llenarán. Los presentes gritan cuando nos ven aparecer a Barry y a mí. Sonrío un poco tenso. Tenemos que jugar como nunca.
Miro hacia la zona de nuestro banquillo, donde Irons charla con los médicos y los preparadores. El resto del equipo está calentando. Me uno a ellos. Entonces veo a Amanda justo detrás de uno de los doctores. A su lado hay una chica joven que me saluda con la mano. Me quedo boquiabierto. No puede ser.
-¡Claire! –grito olvidándome por completo de lo que iba a hacer. Corro hacia el banquillo y paso por el lado con Irons fulminándome con la mirada.
Mi hermana me espera con los brazos abiertos. Dios, qué guapa está. Hace unos seis meses que no la veo. Desde que celebramos mi cumpleaños concretamente. Claire se asoma a la barandilla que separa la grada del campo y la abrazo con fuerza.
-Eres una mentirosa de pacotilla, pequeña Redfield –bromeo sin dejar de soltar a mi hermana. Cuánto echaba de menos estar con ella.
-¡Oh, Chris! Cuando vi salir a todo el equipo menos a ti… Le pregunté incluso a Barry. ¿Dónde estabas?
-En el servicio. ¿No tenías mañana un examen?
-Las mujeres mentimos muy bien –sigue bromeando mi hermana dándome un beso en la mejilla -. Son la semana que viene.
-¡Redfield! –oigo una voz llena de furia gritar. Es Irons. Si las miradas matasen…
-Tengo que irme. Luego te veo. Estás genial.
Le aprieto la mano y miro a Amanda. Le guiño un ojo y echo a correr hacia donde está el resto del equipo. Veo que los del equipo Alpha están calentando y los del Bravo tirando a canasta. Esquivo a los del equipo Bravo como puedo y me sitúo junto a Barry. Está estirando las piernas y calentando los tobillos.
-No sabía que Claire venía –me dice cuando me pongo a su lado. Estiro mi cuerpo e intento tocarme los pies con las manos.
-Yo tampoco. Creía que tenía un examen –respondo viendo a Barry saludar a alguien con la mano. Miro hacia la grada y veo a Katie, su mujer, con sus dos niñas: Moira y Polly. Ambas están saludando a su padre. Sonrío. Es agradable ver todo el apoyo que nos está dando nuestra familia.
-Qué grandes están ya –comento cambiando el ejercicio. Ahora abro las piernas lo máximo que puedo e intento tocar el suelo sin doblar las rodillas.
-Cuando tengas niños, verás lo rápido que crecen –responde con los ojos llenos de emoción y orgullo. Aún me queda mucho para plantearme ser padre, aunque quién sabe dentro de un par de años.
-Me lo imagino.
Veo que por el pasillo empieza a venir el equipo rival. Los pitos son inmediatos en cuanto el locutor anuncia que los S.T.A.R.S. de Maine van a entrar en la pista. Las gradas están a rebosar. Ya van quedando muy pocos asientos libres. Raccoon City se ha volcado de lleno con nosotros. Tenemos que devolverles el favor.
