Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean los ojos de Inuyasha Ahaaa v_v… aclarado esto aquí vamos

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Hiding

Por Mimi chan

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Premio 3:

Hurt

Durante miles de años había sido así, la gente ya ni siquiera recordaba cuando había pasado pero las cosas eran solo así. Las leyendas contaban que había habido un tiempo en el que los hombres y las mujeres habían vivido juntos, pero ahora no era así.

En todos los aspectos los hombres y las mujeres estaban separados. Los hombres desempeñaban trabajos que eran virtualmente imposibles para las mujeres y estas últimas se movían en aéreas casi inaccesibles para ellos.

La vivienda, la educación, el trabajo, incluso las áreas recreativas estaban dedicadas a cada género y había incluso ciudades enteras donde solo habitaba un género, todo estaba dividido. La convivencia y comunicación entre hombres y mujeres era prácticamente imposible.

Excepto por un punto. La química.

Nadie lo entendía pero había ciertos hombres y mujeres, eran solo uno entre cada mil seres humanos, que repentinamente se veían presas, enfermos de cierta atracción inexplicable que los obligaba a querer estar juntos en contra de toda la media normal. Eran discriminados por las demás parejas homosexuales y muy a menudo se veían desterrados de la sociedad imperante, pero nada parecía importar cuando se veían presos de esa enfermedad extraña.

Para ser dos especies tan diferentes era obvio que la lucha por la supremacía sería una constante, así que se enfrentaban en el único campo donde estaban verdaderamente a la misma altura.

La pelea física.

Lo que era más, eran situaciones tan extrañas y pasaban tan poco a menudo que se había convertido en un espectáculo. Se había creado una arena donde el combate se llevaba a cabo, era de hecho la única atracción donde hombres y mujeres se encontraban en un mismo lugar. Salían de sus ciudades a un lugar específico y neutral donde el circo se había construido.

En esta ocasión todos los espectadores del coliseo estaban más excitados de lo acostumbrado, los combatientes eran los más jóvenes que alguna vez habían participado en la lucha de poder.

Ella era Higurashi Kagome, con solo 15 años. Él, Taisho Inuyasha, otro joven de igual edad. Habían elegido la lucha con espadas y cuerpo a cuerpo de común acuerdo.

- Las reglas son simples. – Dijo el réferi entre los dos. – La lucha es a rendición o sometimiento, quien se rinda o caiga sin su arma pierde, ¿Están de acuerdo?

- De acuerdo. – Dijeron al unísono.

- En esta lucha se decide quién tiene la supremacía y quien será el líder en su unión. Esta batalla se designa como un contrato matrimonial. Sí la mujer gana, el hombre tomara su nombre y estará bajo el cargo de esta persona, será del mismo modo a la inversa. ¿Están de acuerdo con ese contrato?

- Estamos de acuerdo.

Ambos se pusieron en posición mirándose con atención siguiendo el movimiento de su oponente con cautela. Los ojos castaños de ella dentro de los dorados miel de él, ella sonrió, él la copio. Todo había empezado después de todo con una sonrisa.

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Kagome sabía que lo que estaba haciendo era arriesgado, pero tenía buenos motivos para hacer lo que hacía. Por un motivo que no entendía, la carrera espacial era un trabajo que se habían asignado exclusivamente los hombres, solo por una tontería como la importancia de la densidad de los huesos más óptima en los hombres.

Además no era como si quisiera subir a un cohete, solo quería ver en vivo la puesta en órbita de un nuevo satélite. Así que se había puesto unos jeans sueltos, había escondido su busto con una camiseta amplia y un estómago abultado hecho con una almohada, escondido su pelo en una gorra y corrido a cabo cañaveral.

Florida era territorio masculino, lo que era una pena porque había playas fantásticas allí; pero también en Florida estaba Cabo Cañaveral, lo que había convertido a la península en territorio de hombres a pesar de que Georgia, su vecina más próxima, era un estado femenino.

Las mujeres Higurashi habían salido de Japón hacia 200 años por que a medida que el tiempo pasaba más y más hombres se habían mudado a la isla para trabajar en tecnología de comunicaciones, otro rubro del género masculino. Era injusto y ella no estaba dispuesta a que esa injusticia la incluyera a ella.

Había viajado tres horas en una motocicleta para llegar a cabo cañaveral, de hecho, aún no sabía con que suerte se había logrado colar al campo de despegue de naves y se había confundido con un grupo de estudiantes que estaban allí para el mismo evento.

Había sido fantástico, de verdad fantástico, los altavoces haciendo sonar las instrucciones de despegue, como se había elevado la nave con el satélite y se había perdido de vista a lo lejos.

Kagome sabía que no había manera de que algún día pudiera estar en medio del proceso, pero por lo menos una vez lo había logrado ver de cerca.

Pero antes de que pudiera escapar del lugar el grupo entero se había empezado a mover y se había visto atrapada con ellos, habría podido huir en el momento que el grupo saliera del campo de cabo pero…

- Eso ha sido fantástico ¿No lo crees? – Dijo un joven a su lado, la voz aterciopelada y profunda la hizo sentir escalofríos.

- Si. – Respondió con voz ronca. – Asombroso.

- Pero vamos, quítate esa gorra, seguro no viste nada por esa cosa.

Kagome sostuvo las orillas de su gorra para que no se la quitara, no estaban lejos de la salida, solo a unos 100 metros su moto escondida bajo un matorral

- No lo creo Arizona. – dijo con su voz real y sonriendo, lo vio a la cara. Se sintió fascinada por sus ojos, dorados, realmente mágicos, él la miro igual de asombrado.

- Una chica.

Ella hizo lo mismo que había hecho un montón de veces con Sango cuando quería que guardara silencio, puso un beso en sus labios y aprovechando su confusión salió corriendo.

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Pero en la carrera por salir había dejado caer la chaqueta que tenía atada a la cintura y allí estaba su cartera con su identificación. Un mes después había llegado una carta de desafío a su casa. Lo cierto es que durante todo ese mes había estado esperando que llegara esa carta o ella misma habría investigado la identidad del chico de ojos dorados y aliento de miel para retarlo.

Si, estaba contagiada.

Ahora estaban frente a frente empuñando espadas. Ella había tenido una educación larga con espadas japonesas, su abuela había sido maestra de kendo, pero él, era enorme y poderoso.

- Podríamos hacerlo fácil, Kagome. – Dijo él sin dejar de acosarla.

- ¿Fácil? – preguntó.

- Sin dolor. – dijo el con una voz calmada y dulce, como queriendo sonsacarla.

- ¿Sin lucha? – Dijo ella con una amplia sonrisa sosteniendo la espada japonesa con seguridad - ¿Sin dolor? ¿Dónde está la diversión en eso?

Inuyasha sonrió y atacó, ella lo esquivó con facilidad, era fuerte y era rápido, pero ella era sin duda alguna más ágil, dejo que el filo de su katana rozara su pierna, un hilo de sangre a presión ensucio su filo pero él no se detuvo parecía no sentir siquiera el dolor del corte.

La gente estaba eufórica, la algarabía era aplastante, la batalla era aún mejor de lo que habrían esperado de dos chicos tan jóvenes.

Las chispas volaban sobre sus cabezas cuando las espadas chocaban una con otra, había algo salvaje y excitante en la forma en la que uno atacaba al otro sin piedad. La lucha se alargo varios minutos, ella estaba dominando la pelea hasta que la espada de él rozo su brazo, dejando un rastro de sangre por todo su pecho, pero ella no se detuvo, contra ataco con fiereza barriendo su pie y tirándolo al piso se sentó a horcajadas encima de él, apoyando su espada en su cuello.

- Ríndete – dijo excitada y borracha de adrenalina.

Él sonrió, ella estaba tan íntimamente cerca de él, su calor y el aroma de su cuerpo junto con su sangre eran hermosos. Jaló su cabeza contra la suya y la besó.

Él sabor de su beso era la mejor cosa que hubiera probado alguna vez en su vida, tan lleno de ternura y delicadeza que parecía imposible que viniera de un hombre. Acarició delicadamente su mejilla absorbiendo su calor, tuvo que soltar su espada para ello, en un ágil movimiento el volteó los papeles poniéndola a ella de espalda al piso de la arena y sentándose sobre su cuerpo, apoyando su peso en sus rodillas para no aplastarla, apoyando su espada contra su cuello como lo había hecho ella antes, solo a unos centímetros de la delicada piel.

- ¿Te rindes? – la retó.

- Jamás.

- No quiero lastimarte pequeña gaviota. – Dijo apoyando su frente en la suya respirando profundamente, sangre, polvo y avellanas. – Quiero mostrarte algo completamente diferente al dolor.

- Ríndete tú. – dijo seductoramente. – Y prometo dejar que me enseñes todo lo que quieras.

- ¿Que dices si lo declaramos un empate?

- Me suena justo.

Inuyasha soltó su espalda y devoró su boca en un beso tórrido, un beso que exigía, que robaba el alma.

Se levantó del piso jalándola con él. El público aplaudió eufórico y emocionado. Los jueces deliberaron rápidamente la decisión.

- El ganador de la contienda es…

Ni Inuyasha o Kagome escucharon el veredicto. Que la sociedad tuviera el veredicto que desearan, entre ellos dos, eran iguales.

Inuyasha la atrajo cerca, posó su boca sobre la herida de su hombro. Kagome sintió un escalofrió delicioso por todo el cuerpo, estaba ansiosa por todo lo que él le podría mostrar, verdaderamente lo quería todo.

Fin

Martes 07 de enero de 2014

7:56 p.m.

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Nota de autora: Pues aquí el tercer premio tres de Ariadnek espero la ganadora le guste y a todos ustedes también.

No olviden dejarme un mensajito estaré sumamente feliz de recibirlo.

Tata

Mimi chan