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Exilio

Capítulo 35. Sin mirar atrás

A la mañana siguiente, el Sol salió iluminando la villa oculta de la Hoja de la misma forma inocente que hacía todos los días, sin saber el terrible peso que los habitantes de la aldea sentían sobre sus hombros al ver esos primeros rayos dando comienzo así a lo que podía ser su último día.

Sin embargo, Sasuke ya llevaba un rato despierto cuando la luz del Sol se coló a través de las finas cortinas que adornaban el dormitorio de Sakura, iluminándolo todo tenuemente. Él siguió observando a la chica que dormía a su lado acaparando la mayor parte de la sábana estampada con grandes flores azules, acarició lentamente su brazo derecho con la punta de los dedos con temor a despertarla mientras la miraba con algo parecido a la tristeza en sus ojos azabaches.

No podía creer que la estuviera arrastrando a la muerte, debería tomarla ahora mismo en brazos y salir corriendo de allí tan lejos como pudiera y mandarlo todo al cuerno, pero sabía que eso no iba a suceder, era su deber frenar a Madara. También era inútil pedirle que se marchara sin él porque ella ya le había dejado claro que no iba a hacerlo, podría obligarla pero en el fondo algo le decía que no funcionaría. De modo que se había visto obligado a aceptar que cualquiera que fuera su destino, sería compartido por ambos.

Sonrió levemente, Sakura no se quedaba sólo por él, ella defendería su aldea hasta el último aliento peleando por sus amigos y todo lo que quería. Una vez había dicho que no era de las que se levantaba una y otra vez para luchar en una batalla imposible sólo porque alguien tuviera que hacerlo, recordó que ella había deseado por aquel entonces que ese alguien no tuvieran que ser ellos, que pudieran vivir su vida en paz, que lejano parecía ese día y cuanto habían cambiado los pensamientos de la pelirrosa.

El muchacho se obligó a apartar la mirada, el Sol ya iluminaba completamente la habitación y eso significaba que ya había llegado la hora de enfrentarse a la realidad, esa mañana tenían demasiadas cosas que hacer como para quedarse todo el día allí, por mucho que lo deseara.

Lentamente se sentó en el colchón apartando el pequeño retazo de sábana que le cubría y no había sido atrapado por Sakura, buscó sus pantalones que afortunadamente no estaban lejos y se los puso casi con pereza, como si quisiera retrasar el momento de salir de allí. Lo mismo ocurrió al calzarse sus botas ninja, sin embargo cuando se disponía a atarse el cinturón que usaba para llevar su katana unas manos lo detuvieron.

En silencio, Sakura se había despertado y acercado a él deslizando sus pasos sin que lo notara. Con lentos y delicados movimientos, la chica retomó la tarea del Uchiha anudando su cinturón que la noche anterior ella misma había desatado con pasión, sus manos ascendieron sin prisa acariciando sus abdominales, subiendo por su torso. Todavía sin cruzar una palabra y bajo la atenta mirada del chico, colocó sobre sus hombros el haori que horas atrás le había quitado a tirones entre fogosos besos, sus manos recorrieron ahora el camino inverso bajando por su torso para terminar de acomodar la ropa haciendo que la piel se le erizara como si todavía tuviera grabadas las caricias que le habían vuelto loco por la noche y él soltara un corto e involuntario jadeo. Entonces la chica se puso de puntillas y le rozó los labios con los suyos levemente, cerrando los ojos y suspirando.

El Uchiha correspondió al beso alzándola del suelo y girándose para recostarla delicadamente sobre la cama, deslizó las manos subiendo por sus muslos con lentitud recordando la manera en la que los había recorrido esa noche y como había arrancado suspiros de los labios de ella. Recuperando su falda ninja de algún rincón del suelo comenzó a vestirla con tanto cuidado como si fuera de porcelana, Sakura alzó las caderas para facilitarle la tarea del mismo modo que horas atrás había usado para que pudiera quitársela. Deslizó sus labios por su suave piel dejando un húmedo camino de besos desde el ombligo de la pelirrosa hasta sus labios.

Sasuke la tomó de nuevo en brazos para levantarla y poder colocar su ineludible camisa rosa acariciando sus brazos y su cintura mientras lo hacía, sin poder evitar acercar los labios a su cuello y hacerla suspirar rememorando en sus oídos el eco de sus gemidos cuando se habían unido terminando agotados y sudorosos. Finalmente terminó de subir la cremallera y se inclinó para juntar su frente con la de ella mirándose por fin a los ojos, esos mismos ojos en los que el deseo había ardido haciéndoles perderse en el otro. Sakura enroscó los brazos al cuello del pelinegro sin romper la mirada y se mordió el labio con angustia.

—¿Crees que… estamos haciendo lo correcto? —preguntó la pelirrosa hablando por primera vez.

El muchacho observó su mirada temblorosa unos instantes antes de contestar.

—No… al menos no lo correcto para Konoha —hizo una pausa antes de continuar con determinación—, pero si es lo correcto para nosotros.

Sakura asintió con acuerdo y suspiró como si intentara tomar fuerzas.

—Es la hora —dijo la kunoichi separándose y caminando hacia los cajones de su cómoda seguida de cerca por Sasuke.

La pelirrosa se detuvo frente al mueble de madera clara y abrió el primer cajón para que pudieran tomar lo que guardaba dentro. Alzó sus ojos jade para mirarse en el espejo que había encima de la cajonera y levantó las manos para colocarse la banda ninja, que había sacado del cajón, a modo de diadema mientras contemplaba el reflejo de Sasuke a su lado ajustándose la suya a la frente tal y como recordaba que la llevaba cuando eran genins.

La chica esbozó una leve sonrisa al recordar cómo antes de salir del despacho de Tsunade esta le había lanzado algo al Uchiha diciendo "Sí vas a luchar con Konoha, necesitarás una de estas". Una sensación de calidez se apoderaba de ella al contemplar a Sasuke llevando de nuevo el símbolo de la aldea.

Sakura terminó de anudarse la cinta y volvió a fijar su atención en el espejo desde donde una pareja de jóvenes ninjas le devolvían una mirada de determinación desde el cristal.

—Que empiece el espectáculo —dijo la pelirrosa con voz segura.

—Hmp.

. */*/*/*/* .

En el puente de Konoha sólo se oía el sonido del río pasando bajo él. El Sol aun no estaba demasiado alto puesto que era temprano y bañaba todo con su alegre luz como si fuera un día cualquiera.

Unos pasos comenzaron a resonar en las tablas de madera a medida que Sakura y Sasuke avanzaban hacia la mitad del puente, se detuvieron apoyándose en la baranda mirando al infinito. A los pocos minutos vieron acercarse a otra persona con las manos en los bolsillos, Naruto. El rubio caminó hasta ellos apoyándose también en la barandilla junto a Sasuke, parecía uno de esos antiguos días en los que el equipo siete quedaba en ese puente para recibir sus misiones, sin embargo, en esta ocasión todos se mantenían en silencio en lugar de gritarse como había sido costumbre en ese entonces mientras esperaban a su sensei.

Un leve "puff" les indicó que el último miembro del equipo había llegado y por primera vez en la historia, Hatake Kakashi no había llegado tarde. Cuando por fin estuvieron todos se miraron en silencio por unos instantes, tal vez recordando cada ocasión en la que se habían reunido en ese lugar.

—¡Ichiraku's Ramen! —gritó entonces un sonriente Naruto encaminándose hacia su lugar favorito seguido por todos los demás.

En verdad nada podía apagar las esperanzas de ese cabeza hueca. Aunque supiera muy bien cuál era la situación real seguía actuando con la misma alegría que si fueran a esa misión de capturar un gato.

Cuando Sasuke y Sakura llegaron la tarde anterior a casa, Kakashi ya le había contado al rubio lo que Tsunade había dicho en la reunión y el muchacho se había marchado en seguida para ver a Hinata, así que no habían podido hablar con él, sin embargo, lo conocían lo suficiente para saber que no era una persona que se dejara llevar por el abatimiento. Cogería todo el miedo que sentía y lo transformaría en esa energía incombustible que lo empujaba a seguir adelante prometiendo no rendirse jamás.

Finalmente, sus pasos terminaron en el puesto de ramen que prácticamente era la segunda residencia de Naruto y se sentaron en los taburetes que siempre ocupaban. Al hacerlo, Sakura no pudo evitar contener una pequeña risa al recordar una anécdota ocurrida hace días por culpa de esos mismos taburetes.

-Flash Back-

En el puesto de Ichiraku's Ramen no era nada raro ver a la hora de comer como tres taburetes del mostrador eran ocupados por un muchacho rubio, una chica con pelo rosa y otro joven de cabello oscuro, a nadie le extrañaba lo más mínimo y podían pasar de largo sin prestarle atención, todos excepto la persona que se dirigía hacia ellos fulminando con la mirada al chico de pelo negro.

Largo de mi silla, idiota —espetó al llegar hasta el puesto de comida agarrando la parte de atrás de la camiseta del pelinegro y tirándolo al suelo para ocupar su lugar.

¿Sasuke qué… —se sorprendió la pelirrosa ante la repentina llegada del Uchiha que en ese momento se sentaba tranquilamente en el taburete sobre el que hace poco estaba Sai.

¿Tú silla? —preguntó el antiguo ANBU desconcertado sacudiéndose el polvo mientras se levantaba— no vi que pusiera tu nombre —señaló con inocencia.

Vuelve a sentarte en mi sitio y lo escribiré con tu sangre —contestó el vengador con una mueca macabra.

Sasuke no iba a permitir que le suplantaran, ese siempre había sido su sitio cuando comían en el Ichiraku, él, Sakura y el Dobe, por ese orden.

Ese siempre había sido su asiento, desde ahí podía ver todavía la marca que había hecho hace años con un kunai cuando el usuratonkachi de Naruto quiso hacerle pagar, y la mancha de corrosión que se había quedado para siempre en el mostrador cuando el rubio se empeñó en probar un nuevo refresco y lo derramó dejando un surco quemado, sobra decir que ya jamás nadie se atrevió a pedirlo. También sabía que el taburete de Sakura cojeaba desde que ella había golpeado al rubio con él. Eran muchos los recuerdos que tenía ahí, por esa razón el asiento era suyo.

Leí en un libro que los celos son un síntoma de inseguridad, Sasuke-kun —recitó Sai con una de sus sonrisas—. No te sientas amenazado porque me siente al lado de Sakura.

¿Amenazado? —murmuró el Uchiha estrechando los ojos.

Sai… - llamó nerviosamente la pelirrosa al notar la tensión homicida que se acumulaba en el ambiente— … siéntate aquí —"y cállate" quiso añadir señalando el asiento vacío junto a Naruto.

El muchacho obedeció sentándose donde le indicaba con su imborrable sonrisa en la cara.

Para evitar confusiones futuras te diré que no tengo intención alguna de seducir a Sakura, no tienes que temer que la aparte de ti, por lo tanto no deberías sentir celos porque me siente a su lado —finalizó su explicación contento de poder darle uso al conocimiento adquirido en sus libros sobre las emociones humanas.

Naruto le miraba con la boca abierta paseando sus ojos desde Sasuke hasta Sai esperando la reacción del Uchiha.

Yo no tengo celos de eso, siéntate dónde te dé la gana mientras no sea mi silla —espetó el pelinegro frunciendo el ceño ante la estúpida parrafada que había soltado Sai.

Oh, ¿entonces es porque me senté junto a Naruto? —preguntó el ex-ANBU con cara de comprensión mirando a Sasuke de arriba abajo.

Naruto abrió boqueó como un pez con indignación al entender la insinuación del chico, Sasuke activó su Sharingan amenazadoramente mientras Sakura casi se ahogaba en carcajadas sin poder contenerse.

No te reprocho tu elección —prosiguió Sai sin perder la calma—, Sakura es fea.

…Sakura es fea… fea… fea… fea… Las palabras del muchacho se quedaron flotando en el aire cortando de golpe la risa de la pelirrosa que lo miró ya sin atisbo de diversión.

Naruto se encogió en su asiento sabiendo lo que venía a continuación, Sasuke se reclinó levemente alejándose de ella y la kunoichi tronó sus nudillos con mirada asesina.

—¡Despídete de este mundo, shannaro!

-Fin del Flash Back-

Sakura se sentó en su taburete y miró con cariño lo que había escrito en la parte baja del mostrador de madera. A la mañana siguiente del incidente con las sillas, cuando el equipo siete había ido a tomar su tradicional almuerzo habían encontrado que frente a cada asiento alguien había grabado sus nombres con pulcra caligrafía en las tablas que formaban el mostrador "Uchiha Sasuke, Haruno Sakura, Uzumaki Naruto". Recordó haber sonreído con ternura al ver que frente al taburete que quedaba más a la derecha, el mismo que finalmente había ocupado el ex-ANBU el día anterior, estaba grabado "Sai".

—Viejo, ramen —pidió Naruto saludando como siempre.

—Toma Naruto, esta vez invita la casa —dijo el dueño con una sonrisa algo forzada dedicándole una triste mirada.

—¡¿En serio? ¡Genial 'ttebayo! —exclamó el rubio emocionado sin darse cuenta de la expresión del hombre y sonriendo de oreja a oreja— ¡Itadakimasu!

Si Naruto se hubiera parado un segundo a observar a las personas que tenía a su alrededor tal vez habría notado algo extraño, pero no lo hizo. En vez de eso se concentró en engullir rápidamente el bol de fideos sin tan siquiera respirar. Sakura miraba hacia el suelo mordiéndose el labio, Sasuke revolvía desganadamente los fideos de su plato con los palillos, Kakashi parecía muy interesado en su libro aunque su ojo se mantenía fijo en un punto de la página.

—…Perdónanos, Naruto —murmuró la pelirrosa casi inaudiblemente cuando el chico dio el último sorbo a su ramen.

—¿Por qué dices eso, Sakura-chan dattebayo? —preguntó Naruto carcajeándose. Pero al ponerse en pie de un salto un mareo le obligó a apoyarse en el mostrador cortando su risa— ¿Qué me… —parpadeó para despejarse.

El resto de su equipo le observaba de pie sin sorprenderse.

—Nadie debería crecer sin padre, Dobe, aunque sea un padre idiota como tú —dijo Sasuke mirándole a los ojos—. Háblale de nosotros, dile que aunque su padre sea un usuratonkachi era mi mejor amigo.

—…Sasuke… —consiguió decir Naruto con los ojos llenos de lágrimas entendiendo lo que sus amigos pretendían, cada vez le costaba más mantenerse despierto.

—La siguiente generación ahora depende de ti —intervino Kakashi.

—Sé feliz, Naruto y no estés triste por nosotros —dijo Sakura sonriendo con lágrimas en los ojos abrazada a Sasuke que le pasaba un brazo sobre los hombros—, vive y no nos olvides.

—No te conviertas en mi —continuó el Uchiha—, el mundo no necesita más vengadores.

—Espero que algún día puedas perdonarnos… te queremos —las palabras de la pelirrosa fueron lo último que escuchó Naruto antes de que la inconsciencia le ganara por fin la partida y cayera al suelo con la imagen de la despedida de sus amigos grabada en la retina.

Kakashi se subió a Naruto a la espalda atrapándolo antes de que callera al suelo, tenían que llevarlo hasta el lugar en el que los civiles se preparaban para abandonar la villa.

Cuando sabes que probablemente vas a morir ¿Qué te gustaría salvar? Algunos entregaban sus diarios a los que se marchaban tal vez para que se conservara alguna prueba de su paso por el mundo; otros, alguna de sus pertenencias para no ser olvidados, Ino había entregado toda su ropa a Hinata por ejemplo; muchos shinobi habían cargado los equipajes de algunos genin con álbumes de fotos… el equipo siete también había querido salvar algo, ellos habían elegido salvar a Naruto.

Mientras caminaban sin hablar, Sasuke recordó las palabras que Sakura había pronunciado esa misma mañana.

¿Crees que… estamos haciendo lo correcto?

No… al menos no lo correcto para Konoha. Eso había contestado, lo mejor para Konoha habría sido dejar que Naruto luchara en la batalla, que muriera en ella como todos los demás, así habrían tenido más posibilidades de vencer, de acabar con Madara y Akatsuki aunque no vivieran para verlo. Pero no estaban dispuestos a pagar ese precio, ellos harían todo lo posible por frenarle, sin embargo, no sacrificarían a Naruto en el proceso.

El día anterior en el despacho de Tsunade, después de hablar sobre el embarazo de Hinata, Sasuke había puesto una condición a cambio de enfrentarse con Madara…

—Quiero que el Kyuubi no esté presente en la batalla —pronunció con voz seria sabiendo que todos conocían el significado real de esas palabras—. Si Madara se hace con el control de los nueve bijus no podremos detenerle.

A pesar de que sabían que sus palabras eran muy razonables y sensatas, todos pudieron ver el verdadero motivo que impulsaba al Uchiha a hacer tal petición, alejar al Kyuubi de la batalla significaría evitar que Naruto luchara en ella.

Después de tener la aprobación de la Hokage no fue muy difícil convencer al dueño del Ichiraku de que añadiera el sedante que Sakura había preparado al ramen que el rubio tomaría por la mañana, conocían demasiado bien a Naruto como para saber que no dejaría la aldea voluntariamente.

El plan había funcionado a la perfección, tal como lo habían ideado, el ninja hiperactivo numero uno había actuado según lo previsto y ahora no despertaría en varias horas, las suficientes como para asegurarse de que la lucha hubiera terminado y él estuviera ya en Suna junto a su familia.

Al final de la calle divisaron la caravana de refugiados que se preparaba para salir de la aldea a través de los pasadizos de la montaña de los Hokages. Una larga fila de carros tirados por animales que los aldeanos usaban en sus labores del campo llenaba la calle. Todos se apresuraban a cargar en ellos las pertenencias que iban a llevarse, el nerviosismo del último momento se traducía en frenéticos ir y venir de la gente que parecía al borde de la histeria desde que esa mañana Tsunade les había comunicado que la aldea iba a ser evacuada por un ataque inminente de Akatsuki, todos tenían aun muy presente el ataque de Pain, ejemplo de lo que era capaz esa organización.

Avanzaron entre la gente sin que nadie reparara en ellos, todo el mundo estaba demasiado ocupado para prestarles atención. A su alrededor se repetían escenas de despedida, madres llorando porque sus hijos eran shinobi que debían quedarse a luchar, un genin recién salido de la academia que exigía a su sensei que le dejara quedarse a luchar mientras su compañera le rogaba al maestro que fuera con ellos, algún joven chuunin que miraba todo con cara de pánico deseando que alguien gritara "sálvese quien pueda" para poder huir de allí.

En medio de todo el caos se acercaron hasta el lugar en el que la familia Hyuuga preparaba su partida. Manteniendo estoicamente la seriedad y calma que les caracterizaba, los Hyuuga cargaban algunas cajas en un par de carros y ayudaban a subir a los miembros más ancianos del clan que abandonarían la aldea.

Hiashi, como líder del clan estaba de pie con expresión seria supervisando todo el proceso. A su izquierda, Hanabi observaba a su alrededor asustada sin separarse un centímetro de su padre, al otro lado, Hinata contemplaba la escena con tristeza y preocupación posando una mano sobre su todavía plano vientre, tras ella estaba Neji con aire protector y la misma cara de seriedad que su tío.

—Hinata —al llegar junto a ella, Sakura la abrazó fuertemente— ¿está todo bien? —preguntó refiriéndose a su embarazo pero sin atreverse a ser más explícita por la presencia de los familiares de la chica.

—Tranquila, Sakura… mi familia ya lo sabe todo —la tranquilizó Hinata con su suave voz.

La tarde anterior, Naruto había ido a buscarla para informarle sobre el ataque y decirle que debía marcharse de la aldea por su propio bien y el del bebé. Después de tranquilizarla pacientemente, el rubio insistió en acompañarla a hablar con su padre ya que si iba a ser trasladada con los civiles él debía saber por qué.

Hinata sonrió levemente al recordar cómo el chico había esquivado a duras penas la técnica de sesenta y cuatro golpes con la que su padre le había atacado mientras Neji continuaba sentado tranquilamente sin ninguna intención de intervenir a no ser que fuera para atacarle también.

Pero al final, después de asimilar la noticia, Hiashi lo había aceptado, al menos ese embarazo salvaría la vida de su hija evitando que participara en la batalla, ya había estado a punto de morir en la batalla contra Pain y no quería que eso volviera a ocurrir, puede que Hinata no fuera la gran kunoichi que él había querido, que hubiera decepcionado sus expectativas en cuando a poder, pero a pesar de todo eso, a pesar de que en muchos momentos la había desplazado tratándola de insignificante, ella era su hija.

—Todo ha salido según lo planeamos —dijo Kakashi recostando a Naruto en una camilla que ya estaba preparada para eso—, no despertará hasta dentro de dos días más o menos.

Hiashi asintió con solemnidad pues su sobrino ya le había informado de lo que el equipo siete pretendía. Hinata se situó junto a Naruto mirándole con tristeza y culpabilidad, sabía que él desearía quedarse a luchar y no era justo que ella se lo impidiera por egoísmo, pero no podía dejar que muriera, simplemente era demasiado horrible, no podría aguantar todo eso ella sola y mucho menos en su estado.

—… Naruto-kun… —murmuró la Hyuuga acariciando levemente su flequillo.

—Es la hora —dijo Hiashi al notar movimiento en el principio de la caravana, con un ademán de su mano ordenó que terminaran de cargar sus pertenencias y metieran a Naruto en uno de los carromatos.

Sakura se acercó hasta el rubio ya sin intentar ocultar sus lágrimas, depositó un beso en la palma de su propia mano y después tocó la cara del muchacho con ternura.

—Adiós Naruto… —su respiración entrecortada hacía notar sus sollozos, retrocedió unos pasos hasta situarse de nuevo junto a Sasuke y buscó su mano disimuladamente estrechándola, sorprendentemente él también apretó la suya. Después de todo, ambos sabían que no volverían a ver al rubio y a pesar de mostrarse decididos, una parte de ellos gritaba por huir también alejándose de la muerte.

—Padre… —Hanabi miraba al mayor de los Hyuuga con ojos temblorosos y asustados al ver que el momento de la partida había llegado. Habían educado a la hermana menor de Hinata con los valores del clan, no perder nunca la compostura, mostrarse firme y fuerte sin importar que fuera sólo una niña. Los Hyuuga no lloran, no se abrazan, no se dan besos de despedida, ni se dicen "te quiero padre, te quiero hija", los Hyuuga simplemente asienten con la cabeza aceptando la orden del líder del clan y se marchan, no importa la situación.

—Padre… —repitió la niña con tono suplicante, su mirada era un dique a punto de reventar. Hiashi le dedicó una mirada sin variar su expresión.

Los Hyuuga no lloran…

Hinata puso sus manos sobre los hombros de su hermana menor para que pudiera sentir que no estaba sola.

—Cumpliremos con honor la tarea que nos has encomendado, padre. Cuidaremos del clan por ti —dijo la kunoichi con su débil voz que en esta ocasión no tartamudeaba.

no se abrazan…

Los ojos de Hiashi se volvieron hacia su primogénita.

—No espero menos de mis hijas —sentenció.

Hinata comenzó a guiar a su hermana hacia el carro dedicándole una sonrisa a Neji a modo de adiós.

no se dan besos de despedida…

—Hinata —la llamó su padre haciendo que ella girara la cabeza— hay muchos tipos de fuerza, tal vez no todos se demuestren con ninjutsu.

ni se dicen "te quiero padre, te quiero hija"…

La kunoichi asintió ocultando la emoción que la recorría en ese momento al haber logrado por fin algo de reconocimiento en las palabras de su padre. Se giró de nuevo y siguió caminando para subirse a la carreta en la que habían instalado a Naruto e iniciar la marcha sin mirar atrás.

los Hyuuga simplemente asienten con la cabeza aceptando la orden del líder del clan y se marchan, no importa la situación.


Hola!

Bueno aquí vuelvo con otro capítulo que sigue aumentando la tensión pre-batalla. El equipo siete ha engañado a Naruto para que huya, me parece que alguna ya temía que algo así pudiera pasar jeje

¿Os ha gustado el… no sé si puedo llamarlo lemon del principio? Quería darle un aire algo más trágico que de costumbre y ha salido eso jaja un poco raro.

Actualizo a las cuatro y pico de la tarde (hora in Spain) cuando normalmente lo hacía a la una porque mis vacaciones se acabaron T.T

Muchísimas gracias por todos vuestros reviews *.* superando los 2000... creo que me moriré de un infarto waaaa! Ya cuando llegué a 1000 no podía creerlo pero ahora (no encuentro emoticono para expresarlo jaja) dos mil gracias a todos :)

Feliz cumpleaños a Chio! Le dedico este capítulo con todo mi cariño (jeje eres más vieja que yo ehh) sopla las velas y pide un deseoooo, suerte en tu examen y pásalo muy bien. Te envío un tirón de orejas y un Itachi-sexy-kun cantarín jeje

Hasta la próxima.

Besos Ela.