Prótesis
Abandonaron el bloque A juntos, pero Daryl dejó que Mara se dirigiera sola a su celda, para evitar un encuentro con Olga en esas circunstancias, y se acercó hasta la cocina exterior, donde Scott, Zack y Beth hablaban animadamente, bromeando sobre el alijo de tabaco que parecía tener el primero.
—Nunca se separa de la bolsa de cajetillas —aseguraba Zack—, es lo primero que coge cada vez que nos trasladamos.
—Es uno de los placeres de la vida —aseguraba Scott—. Así todo se hace más llevadero.
—Hey, amigo —llamó Daryl con cierto retintín—. ¿Tienes más de esos?
Scott se giró sorprendido al escuchar a Daryl, pero asintió y se acercó tendiéndole un cigarro.
—¿Fuego? —preguntó ofreciéndole el mechero.
—Aha... —asintió y aspiró encendiendo el cigarrillo—. Espero que seas discreto con lo que viste en la foto y no lo comentes con nadie —dijo con voz velada expulsando el humo.
—Yo no he visto nada que a los demás les interese —aseguró el joven.
—Eso es.
—No lo hago por ti, sino por ella —aseguró—. No soy tan capullo como puedas pensar.
—Como sea, mientras mantengas la boca cerrada —dijo y se alejó del grupo, en dirección al bloque C
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La celda estaba vacía para fortuna de Mara cuando llegó, pero mientras estaba guardando el cepillo y otros útiles de aseo personales en la mochila, Olga apareció en la celda.
—Así que te vas —dijo—. Casi deberías darme las gracias, por ponerte en bandeja de plata la excusa.
—Por un momento pensé que realmente lo lamentabas —aseguró—, pero veo que soy una ilusa.
—Me arrepiento en parte, pero lo hice con motivo —se defendió.
—Tú siempre llevando la razón en todo, pues está vez te equivocas, no hay motivos para transgredir así mi intimidad.
—Era la única forma de entender porqué pierdes tu vida con ese hombre —dijo.
—¿Pero qué estás diciendo? Puedes dejar de meter a Daryl en todo.
—Es como el otro —aseguró mostrando su asombro con teatralidad—. Tienes un pésimo criterio para las parejas, ahora sé que es algo que has tenido siempre y no aprendes la...
—Haz el favor de callarte —se la encaró intentando no gritar, pese a lo alterada que se sentía—. Por mucho que pienses que me conoces por leer una líneas privadas, no tienes ni idea.
—No quieres oír porque llevo razón y lo sabes —aseguró.
—Él único que tenía razón aquí es Daryl, eres una zorra —dijo saliendo de la celda cargada con sus cosas.
Al salir encontró a Daryl apoyado en la pared de enfrente, bajo los grandes ventanales, se acercó hasta ella y cargó con uno de los bultos, encaminándose sin decir nada hasta la celda superior. Mara le siguió, era evidente por su expresión que aquella situación la entristecía profundamente.
—Coge la ballesta y vayamos a practicar —indicó él—, no hay nada como ensartar unas cuantas cosas para desfogarse.
—Gracias —dijo, dándole un beso en la mejilla agradecida.
Se dirigían hacia el exterior, cuando en el recibidor Megan y Shelly, nerviosas y visiblemente apesadumbradas, se abalanzaron a Mara.
—No te vayas —le pidió la pequeña abrazándose a su cintura.
—Sé que mi madre no lo ha hecho bien, pero no nos dejes por ella —Suplicó la hermana mayor.
Mara se sintió conmovida por la petición de las niñas, de buena gana hubiera aceptado satisfacerlas. Pero no podía volver a aquella celda, no podía seguir compartiendo su vida con Olga después de lo que había hecho. Se sentía traicionada y engañada. No se trataba de que le hubiera mentido, sino de que nunca podría volver a confiar en ella.
—Meg, lo siento —dijo agachándose y abrazando a ambas niñas—. Me duele tanto como a vosotras, pero lo mejor es que me cambie de celda.
—Pero... —comenzó a decir Megan que miraba a Daryl, el cual se había apartado un par de pasos.
—No os dejo —aseguró, cogiendo de la mano a Megan para que no dijera nada a Daryl —jamás lo haré.
—Mamá lo siente mucho, no lo volverá a hacer nunca —dijo Shelly, como decía de ella misma cuando quería que le levantasen un castigo.
—Cariño, no se trata de eso —intentó explicarle—. Pero ahora necesito mi espacio, que me cambie de celda no me separa de vosotras. Tenéis que entenderme.
—¿No te alejarás de nosotras? —preguntó Megan
—¿Por qué iba a hacerlo? No habéis hecho nada —la tranquilizó mirándola a los ojos —Pero tenéis que entenderlo, vuestra madre ha hecho algo que está muy, pero que muy mal, a veces, cuando se hace algo tan malo el arrepentimiento no soluciona el daño.
Tras tranquilizarlas, intentando que no se sintieran agraviadas por su traslado, las invitó a acompañarlos a practicar, para que vieran que el hecho de estar con Daryl, no las alejaba. Sabía que Olga se opondría a ello de saberlo, pero no la importó, al contrario. Ella a las buenas era buena, pero si se lo proponía, a las malas podía ser mucho mejor.
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Se encontraban apartados del resto, practicando. Shelly se había atribuido la labor de recoger las flechas fallidas y traerlas de regreso, cada vez sus viajes eran menos.
—Aún tienes que acostumbrarte a ser más rápida —dijo él —tardas demasiado en apuntar.
—No es fácil, ¿sabes? —se defendió ella.
—Tienes que ser más intuitiva, adelantarte al objetivo —aconsejó—. Calcula, tienes que calcular y saber donde estará el objetivo para que la flecha acierte, te acostumbraras con el tiempo.
—Eso espero... —deseó.
—¿Puedo probar? —Preguntó Megan con cierta timidez.
—Tus brazos no son suficientemente largos —dijo Daryl con tono dubitativo, haciendo que Megan extendieran los brazos observándolos.
—Si lo son —contestó con mayor seguridad.
—De momento quédate con las pistolas —le aconsejó —son más fáciles.
—Pesa demasiado, cariño —explicó Mara viendo la decepción en su mirada.
—Deberíamos ir terminando, comienza a oscurecer —comentó Daryl mirando en derredor, Mara asintió.
—Meg, ¿por qué no la llevas tú y Shelly el carcaj? —ofreció la ballesta—, así os podéis ir acostumbrando.
La niña la miró cargada de ilusión y extendió los brazos para coger el arma, como si fuera lo más frágil y valioso del mundo, caminó delante de la pareja junto a su hermana. Ambas estaban pletóricas de orgullo.
—¿Irse acostumbrando para...? —preguntó Daryl ceñudo.
—Para aprender a usarla en una década... tal vez dos —bromeó—. Hay que motivarlas.
—Manipuladora... —dijo rodeándole el cuello con el brazo—. Lo has hecho bien —la animó—. La ballesta es complicada y ya la manejas con soltura, eres exigente, es bueno.
—Tengo un buen maestro —contestó dedicándole una sonrisa —me motivas mucho.
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Al llegar a la celda Daryl se quitó la cazadora junto con el chaleco y los tiró sobre la cama, pero tras mirar a su alrededor se apresuró a ordenar sus pocas pertenencias y dejar espacio a las cosas que Mara había traído con ella. Cuando la joven llegó tras dejar a las niñas en su celda, él se levantó un tanto nervioso.
—Te he dejado parte de la mesa libre —indicó, pasándose el dedo bajo la nariz —por si quieres colocar algunas cosas y tenerlas más a mano.
—Gracias —dijo Mara mirando la nueva disposición de la celda—. Por suerte te tengo a ti —confesó y se abrazó a su cintura apoyando la cabeza en su hombro.
—A lo mejor ella lo hizo por eso mismo —comentó.
—¿La estas justificando?
—No, es sólo...
—Tú no tienes la culpa de lo que ella ha hecho —declaró con seriedad—. Nunca le has gustado, siempre ha tenido estúpidos prejuicios.
—Si en ese cuaderno ha leído algo sobre ese cabrón, eso no la hará verme con mejores ojos...
—No tiene nada que ver, no te pareces en nada a Robbie —sentenció con rotundidad—. Tú eres completamente diferente y mejor que la mayoría de personas que he conocido en mi vida —explicó ella, Daryl la miró extrañado tras esa afirmación —Lo eres y el que no te lo creas te hace aún mejor.
—Vamos a Dormir, Chip —dijo apartándose un poco incómodo—, mañana hay mucho que hacer.
—Me pido arriba —bromeó, lo que hizo que Daryl se girase a ella mirándola confuso.
—Pufff... no me jodas —juró negando con la cabeza.
Aún riendo, Mara le abrazó y se impulsó entrelazando sus piernas en la cintura de Daryl, el cual se acercó hasta la litera y se dejó caer con ella en brazos besándola. Pasando sus manos por todo su cuerpo, intensa pero lentamente. No había ninguna prisa esa noche, no tenían que regresar a ningún lado, nadie les molestaría, ni les irían a relevar, tenían toda la noche para ellos, todas las noches de aquí en adelante.
Como si de un ritual se tratase se fueron quitando la ropa el uno al otro, acariciando y besando cada parte de su cuerpo que dejaban al descubierto. Mara se había acostumbrado a la presencia de las cicatrices que marcaban la espalda y torso de Daryl, ya no las ignoraba, sencillamente no dejaba que le nublasen la visión del conjunto. Daryl tenía un cuerpo fuerte y atractivo, reflejo de su persona, su pasado no debía dominar sobre su presente.
Tras deshacerse de la ropa interior Daryl se colocó entre las piernas de ella, sujetándola por los muslos con fuerza.
—Dije que me pedía arriba —susurró con voz pícara.
—Esta noche no —contesto él con voz ronca —Esto es una muestra de bienvenida, para que no dudes quedarte.
—Eso no va a pasar —dijo ella acariciándole la mejilla con cariño —puedo dudar que el sol salga mañana, pero no que quiero quedarme aquí contigo.
Daryl la besó con intensidad por toda respuesta y tras acomodarse mejor sobre ella, entró provocando un gemido ahogado. Aunque nunca se lo confesaría, secretamente se alegraba de prescindir de los condones, por la libertad y las posibilidades que le brindaba. Podía repetir y alargar aquel juego tanto como quisiera sin preocupación, sin parones ni barreras.
Intentaron mantener la discreción pues seguían compartiendo galería y las celdas no eran demasiado intimas. El pensamiento de que Scott se encontraba a un par de celdas de distancia se le cruzó perversamente a Daryl por la cabeza, pero tras unos instantes de ciego pensamiento de macho dominante, miró a Mara, que estaba completamente entregada a él, y se dijo que no tenía nada que demostrar, ni quería recordar en absoluto a Scott cuando pensase en esa noche.
Según el placer se adueñaba de todo su cuerpo, Mara le rodeó con las piernas, atrayendo más aún hacia ella, sin posibilidad de que parase, le besó para poder acallar sus propios gemidos, pero Daryl se apartó de sus labios y hundió la cabeza en el hueco de su cuello, precisamente para poder escucharla, gimiendo de placer junto a su oído, para su propio disfrute.
Cuando había estado con otras mujeres, nunca se había preocupado por satisfacerlas más allá de su propio placer, en cambio ahora era precisamente saber que ella disfrutaba lo que mejor le hacía sentir.
Cayó sobre ella jadeando y se quedó unos instantes así, dejando que ella pasara con suavidad las yemas de los dedos por sus espalda con movimientos largos y suaves, después se giró a un lado para no incomodarla con su peso. Se colocó con la espalda sobre el colchón y su brazo como almohada de ella, hasta que la joven rompió el silencio.
—¿Daryl? —susurró Mara, a lo cual él contesto con un sonido nasal —Tengo el culo fuera, me voy a acabar cayendo.
Aunque había estado todo el tiempo compartiendo litera con Shelly, una niña de 6 años no era comparable a un hombre adulto.
—Date la vuelta —pidió Daryl abriendo los ojos.
Mara obedeció quedando de espaldas a él y dejándose rodear por sus fuertes brazos, sintiendo como respiraba junto a su oído.
—¿Así mejor? —preguntó.
—En el paisano —contestó sonriendo.
—Me ocuparé de conseguir una cama decente para los dos —dijo acomodando mejor su cuerpo con el de ella.
—¿Daryl? —volvió a susurrar y él contestó de la misma manera que la vez anterior —Te quiero.
—Lo sé, ¿y tú?
—También lo sé
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Llevar casi una hora de viaje en absoluto y completo silencio estaba poniendo nerviosa a Mara, miró por centésima vez a sus acompañantes, Daryl junto a ella en el asiento del copiloto y Michonne en la parte trasera de la camioneta amarilla, volvió la vista al frente, a la carretera y al Hyundai que les precedía conducido por Glenn. Preguntándose si la compañía de Maggie y Tyreese hubiera sido mejor.
—O habláis de algo o me pongo a cantar —amenazó por fin—, y os aseguro que mi voz y la de Beth son polos opuestos.
—¿Quieres que conduzca yo? —preguntó Daryl.
—No, quiero que habléis, de lo que sea, ya sea la enigmáticamente expresión de la Gioconda o el sexo de los ángeles.
—¿Te valen los vecinos come-gente? —preguntó Michonne.
—¿Los muertos o los vivos? —preguntó Mara.
—Los vivos
—Me vale
—¿Qué pasa con esos cabrones? —preguntó Daryl con interés.
—Llevo días pensando que les lleva a estar día tras día observándonos —Dijo Michonne.
—Querían ver si éramos un posible menú del día —comentó Daryl.
—No hay que ser muy listo para ver que según sus métodos no somos una presa —continuó Michonne, lo que hizo que Daryl se moviera inquieto en su asiento.
—¿Qué quieres decir? —preguntó Mara que no veía a qué punto quería llegar su compañera.
—He leído la libreta y nos espiaron durante semanas —afirmó—. Nadie dedica tanto tiempo a algo si no tiene un objetivo claro.
—Esos hijos de perra cazan personas —saltó Daryl—, ¿intentas buscar sentido a lo que hacen?
—Daryl tu eres un cazador —comenzó Mara, que ya entendía más la teoría de Michonne —¿Estarías acechando un rebaño de ciervos que no puedes cazar?
—No, pero la prisión es segura. Aseguramos las tumbas y la zona derrumbada, hemos fortificado las defensas. No nos pueden atacar, no siendo tan pocos.
—Eso es evidente —dijo Michonne —por eso no entiendo su proceder.
Todos se quedaron callados de nuevo, pero la cabeza de Mara bullía en teorías e hipótesis y no le molestó el nuevo silencio.
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Circulaban con relativa tranquilidad sin encontrar ningún problema importante por los caminos, era un recorrido más largo pero apartado de las carreteras y los focos de rebaños. Cuando al llegar a lo alto de una cuesta otearon a menos de un kilómetro un gran grupo de Caminantes en los campos próximos.
—¡Hijos de puta! —dijo Daryl.
—¿Nos han visto? —preguntó Mara, pero nadie le contestó, ya que tras formular la pregunta reparó en lo estúpida de ésta.
—Retrocede, vamos, vamos —indicaba Daryl—. Daremos la vuelta en el cruce de hace un rato.
Michonne tras ellos buscaba en el mapa donde se encontraban para buscar una ruta alterna que les alejase de la horda.
—Tenemos que ir hacia el Este, de allí sale un camino casi paralelo a este, nos desviaremos un par de kilómetros, pero podremos incorporarnos a otro camino que nos llevara directo a Newman en menos de media hora.- Mara escuchó las indicaciones, intentando ordenar en su cabeza la información para orientarse y saber por dónde dirigir la expedición, pues la Camioneta ahora iba en cabeza.
—Dame el mapa —pidió Daryl—. Yo te indicaré cuando desviarte, de momento continua por este camino —la informó, conociendo el escaso sentido de orientación que tenía la joven.
—Vale —accedió Mara agradecida—, el bosque se espesa...esperemos no encontrarnos más sorpresas.
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Dos horas después de salir de la prisión dejaban los coches en un parking desierto, frente a la fachada de "Georgia: Bones & Muscles"(1). Las persianas de los cierres estaban intactas, lo cual era una fantástica señal, pues el local no había sido saqueado.
—¿Podrías encontrar lo que necesitamos en poco tiempo? —preguntó Glenn.
—Eso espero —contestó Mara —pero no lo puedo afirmar, sé lo que busco, pero no sé dónde lo tendré que buscar.
—Los caminantes están dispersos —indicó, señalando a los solitarios que se veían a una considerable distancia—. Pero si disparamos a los cierres tendríamos un grupo en la puerta en pocos minutos.
—Con la palanca tardaremos media hora en forzar la persiana —opinó Daryl.
—¿Qué buscamos exactamente? —preguntó Maggie —La buscaremos todos y tardaremos menos en dar con ello.
—Un prótesis de pierna, sin rótula, solo gemelo —indicó —que se adapte a la altura, así que será solo el esqueleto, de metal. Desechar las que sean recubiertas de color carne por completo, pues no se adaptan.
—Bien —asintieron todos.
—Cuando veáis algo que se le parece lo cogemos y nos vamos —declaró —malo será que cada uno coja una y ninguna sirva.
Glenn se acercó hasta la persiana de metal que protegía el escaparate y apuntó con la escopeta.
—Aléjate —dijo Daryl a Mara, echándola para atrás —la bala podría rebotar.
La detonación acabó con la sensación de calma, que hasta el momento parecía reinar en las inmediaciones. Con agitación, Tyreese y Daryl levantaron el cierre, dejando el escaparate indefenso ante un martillazo de Tyreese que hizo añicos el cristal.
—Entrar, deprisa, deprisa... —indicaba Glenn.
—Yo os cubro —dijo Daryl quedándose fuera.
El resto accedió al interior, unos detrás de otros, e inspeccionaron la tienda, pero la cantidad y variedad de prótesis era meramente testimonial.
—Solo tiene muestras —informó Mara con frustración.
—No puede ser —dijo Maggie nerviosa —Debe haber más en algún lado.
—Un almacén, deben tener un almacén —indicó Glenn—. Esa puerta.
Todos corrieron hasta una puerta lateral, pero tras intentar abrirla, Glenn comprobó que también estaba cerrada con llave, aun así no era más que una puerta de madera con una cerradura simple, Maggie disparó sobre ella dos veces para abrirla.
—¿Qué pasa? —preguntó Daryl desde el exterior, al escuchar los disparos.
—Nada, ¿cómo vamos fuera? —Pregunto Glenn.
—Apretar esos culos —gritó Daryl —Empiezan a agruparse.
Entraron con rapidez en lo que efectivamente era un almacén, que también hacia las veces de despacho y sala de descanso. La habitación no tenía ventana alguna y todos encendieron las linternas para ayudarse a buscar. Mara enfocaba en los estantes, para saber donde debían centrar la búsqueda.
—Extremidades inferiores —Leyó en un pasillo—. ¡Aquí! —llamó a sus compañeros —Solo coger la de parte inferior.
Cada uno se puso a revolver un estante o sección diferente en busca de diferentes modelos, en menos de un minuto cada uno tenía una prótesis y se dirigía al exterior. Al saltar a la calle se encontraron con más de una veintena de caminantes llegando a sus coches, Daryl disparaba con la mayor celeridad que podía pero no era suficiente. Glenn y Maggie se pusieron a su lado y siguieron su ejemplo.
—Carga las prótesis —Ordenó Mara a Tyreese, dejando su bulto junto al de Glenn y Maggie en el suelo.
La joven siguió a Michonne, que se acercaba a los caminantes con la Katana desenfundada. Debían despejar los coches mientras los tiradores cubrían a Tyreese. Aunque llevaba la ballesta al hombro, desenfundó el Tanto y se abalanzó hacia un caminante, hundiéndole la hoja por el ojo cuando intentó morderla, se apartó de él, dejando que cayera inerte al suelo, seguidamente se dirigió hasta otra cambiante que se aproximaba con paso trabajoso, por tener la mitad de la pierna devorada, le pateó en la rodilla haciéndola caer y se inclinó para ensartar la cabeza. Michonne estaba a un par de pasos de ella y un caminante se le acercaba por la espalda, sin que la mujer lo percibiera, Mara se incorporó con premura y saltó sobre él, atravesándole la coronilla con su arma. Cuando Michonne reparó en él, ya estaba abatido.
Se colocaron espalda contra espalda y dejaron que fueran los caminantes los que se les acercasen para eliminarlos. Daryl montó en la Econoline una vez cargada, mientras el resto montaban en el Hyundai. Las dos mujeres se subieron al vehículo amarillo una vez puesto en marcha.
—¿Estáis bien? —Preguntó Daryl, agitado mirando hacia atrás desde el asiento.
—Sí, salgamos de aquí —indico Michonne—. No paran de llegar.
—Comprobaré las prótesis —informó Mara —Siéntate delante.
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Pararon unos kilómetros adelante, para que Mara desechara las prótesis que no servían, y dejar espacio en el vehículo, aún debían recoger otros suministros necesarios. Pasaron por un centro comercial que hubiera sido un buen sitio para recoger cosas, pero había ardido hacia meses.
—¿Dónde vamos a ir? —preguntó Mara sacando la cabeza entre los dos asientos delanteros.
—Dejemos que lo decida Glenn —contestó Daryl—. Esto es lo suyo, tiene buen olfato.
Se desviaron hacia una pequeña ciudad, Mara no pudo leer el nombre, pues la señal de bienvenida estaba oculta tras un cartel que rezaba "Infectado". Las calles estaban como desiertas, no solo de personas, tampoco había coches ni indicios de saqueos, solo unas barricadas militares a unos metros. La presencia de los militares y su evacuación de la zona, seguramente en los primeros días de la infección, había ayudado a conservar aquel barrio periférico.
Con las armas preparadas y caminando en formación con sigilo, pero rápidamente, cruzaron una parte y rodearon un edificio, hasta el aparcamiento de una zona comercial, que se enclavaba en medio de esta y dos bloques de apartamentos. En el suelo del parking salían unas claraboyas y conductos de ventilación, lo que indicaba que había aparcamiento subterráneo, la tiendas eran de grandes franquicias, aunque abiertas y destartaladas parecían contener buena parte de su mercancía.
—Traeremos los coches hasta aquí, y los cargaremos —dijo Glenn—. Así será más fácil —el grupo asintió y el joven asiático se alejó junto a su mujer.
—¿Tenéis la lista? —preguntó Tyreese.
—Sí, toma —le tendió el papel Daryl—, Carol me dijo lo que necesitaba con más urgencia, no la necesito—. Chip, vamos —dijo entrando por uno de los escaparates.
Caminaron por los pasillos de la tienda observando que todo estuviera despejado. Tyreese portaba una cesta e iba comprobando los productos que introducía en ella. Mara cogió otra y hacía lo mismo con las cosas que Daryl la indicaba. Michonne se acercó hasta la joven con varios artículos en la mano.
—Gracias por lo de antes —dijo al tenerla al lado.
—No es necesario —contestó sonriendo—, te la debía, además.
Glenn y Maggie se unieron tras dejar los coches cerca de las tiendas, registraron varias tiendas junto a sus compañeros, con absoluta tranquilidad y sin sobresaltos. Pasaron frente a una librería&papelería, Mara propuso entrar.
—Necesito material para los niños —indicó.
—Claro, entremos —Accedió Maggie —habrá varias cosas útiles.
Pasaron al local, destartalado y desierto de vida. Al fondo tenía una zona de lectura infantil, que a Mara le resultó entrañable y se acercó junto a Maggie.
—Llevemos algunos a Judith —propuso la joven Greene.
—Este es perfecto para ella —dijo mostrando un ejemplar de "Papá, por favor, consígueme la luna*" —Es de mis favoritos, las ilustraciones son geniales —miró a su alrededor—. ¡Oh! Qué maravilla, me llevo este para los otros niños.
—¿Cuentos en verso para niños perversos**? —preguntó Maggie, extrañada —¿De verdad?
—Sí, es genial, del autor de Charlie y la fábrica de chocolate. Son los cuentos clásicos narrados en poemas de forma satírica. A mis niños les encantaban.
—Bueno, este es tu campo —aseguró Maggie—, pero yo jamás compraría un cuento con ese título.
—Hay que intentar ver el elefante dentro de la boa, no el sombrero —Dijo recordando "El Principito", Maggie la miró sin entender.
Daryl se las acercó observando la conversación sin decir nada, no tenía mucho que aportar sobre el tema.
—Este si me gustó —dijo mostrándola el fino ejemplar de "Rebeldes***".
—No me lo digas, lo leíste de adolescente, ¿a que sí? —insinuó cogiendo el ejemplar.
—Con catorce, me lo recomendó un profesor —asintió Maggie.
—Yo con dieciséis, me lo regaló mi madre —recordó Mara —, ¿lo has leído? —preguntó a Daryl, que negó con la cabeza —Te gustaría —y se lo ofreció.
Daryl observó el libro, era fino, ojeo el resumen de la parte posterior y se lo guardó en el bolsillo trasero del pantalón, junto a su pañuelo rojo. Las dos jóvenes siguieron paseando entre las estanterías charlando, como si fueran dos amigas en una tarde de compras. Todo estaba calmado y tranquilo. Cuando el sonido de un disparo a poca distancia los sobresaltó a todos.
—¿Dónde ha sido eso? —preguntó Maggie pegada a una estantería.
—Ni idea, pero cerca —Contestó Glenn, que corría agachado hacia ella.
—Tenemos que salir de aquí —declaró a gritos Daryl.
Salieron del local deprisa, mirando a su alrededor, no había nadie, pero un nutrido grupo de caminantes estaba entrando en el aparcamiento por la única salida de coches.
—Corramos a los coches —dijo Glenn—, deprisa...
Habían estacionado los vehículos junto a la primera tienda que inspeccionaron y ahora estaban al otro extremo del parking, el cual se iba poblando de caminantes.
—Dame —dijo Tyreese cogiendo la cesta cargada de libros y material escolar que portaba Mara.
No podían llegar hasta los coches sin detenerse en eliminar unos cuantos caminantes, Maggie sacó su pistola.
—No, atraerás a más —le indicó Glenn—, Aun tenemos que salir de aquí, usemos los cuchillos -dijo cogiendo su machete de la cintura.
Mara se lanzó hacia un caminante con el Tanto en la mano, aquello se le daba mejor que la ballesta. Se acercó hasta Daryl y le ayudó a eliminar otros dos de ellos, pero un pequeño grupo se les acercaba con decisión por lo que se alejó del cazador, para dividir al grupo y menguar su peligro, hizo un quiebro a dos de ellos, subiendo por el borde de la claraboyas del aparcamiento y ensartó el cráneo de uno de ellos, pero la hoja se atascó entre los huesos, tardando varios segundos en sacarla, el segundo caminante se abalanzó sin poder impedirlo y la tiró al suelo, cayendo junto ella. El caminante se intentó incorporar para morderla, pero ella le golpeó el pecho con el antebrazo volviéndolo a tumbar y le clavó el filo entre los ojos. Respiró con alivio, cuando notó una leve vibración bajo su cuerpo. La expresión reflejó el pánico al comprender que sucedía y buscó a Daryl con la mirada. Él la observaba preocupado, aún más cuando leyó en sus ojos que algo no iba bien.
Un segundo después Mara se precipitaba al vacío, al romperse el cristal de la claraboya donde había caído, empujada por el caminante.
—Nooo... —gritó Daryl—. ¡Chip!
Todos se volvieron en la dirección donde miraba Daryl con desesperación, pero tan solo vieron la abertura en el cristal.
Mara había caído.
Continuará...
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TWD
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(1)Georgia Bones & Muscles: Georgia Huesos&Músculos, Aunque la localización geográfica de este lugar es autentica, el nombre de la empresa es inventado.
*Papá, Por Favor, Consígueme La Luna . Eric Carle
**Cuentos En Verso Para Niños Perversos. Roald Dahl
***Rebeldes. Susan E. Hinton
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