- CAPÍTULO 32: COLAPSO -
El concierto fue un verdadero éxito. Cuando Michael entonó la última sílaba de la última canción tenía la frente perlada de sudor. La ovación que siguió después consiguió arrancarle una suave sonrisa, pese a la extenuación que le embargaba, observable en aquel pecho que ascendía y descendía rápidamente.
Emil se levantó el cuello de la chaqueta. En el transcurso de las horas la noche se había cernido sobre la Gran Manzana y cierta humedad en el aire provocaba al joven ciertos escalofríos. No recordaba que aquella noche fuera a llover. "Maldita sea, ¿Por qué no me he traído un paraguas?"
Oyó el sonido de una puerta abrirse a sus espaldas, y Michael salió con los brazos extendidos.
—¡Admitido!— El joven sonrió de oreja a oreja.
—¡Toma ya!— Respondió Emil, chocando una mano con su amigo. No podía contener la inmensa alegría que sentía.
Los dos se encontraban en la parte trasera del Club. Consistía en un pequeño espacio comprendido entre cuatro edificios, pero un callejón a la izquierda llevaba a la calle. Dado que era imposible salir por la entrada principal, Franz le sugirió a Emil esperar a su amigo en la salida de emergencia.
—El gordo y yo debemos hablar con él— Añadió con la sonrisa torcida, unos minutos antes- Debemos comunicarle si lo consideramos adecuado para el Club
Al parecer, había tenido lugar el mejor de los casos.
—Franz me ha dicho que aún tengo que mejorar, pero no es algo que no solucionen unas cuantas audiciones— Explicó con entusiasmo. Hablaba igual de rápido que cuando se trataba de leyendas urbanas, su afición por excelencia.
—Me alegro por ello— Emil respondió con una cálida sonrisa.
Michael se llevó una mano a la cabeza.
—Me han dicho que tengo que quedarme a recoger las cosas por aquí…
—Puedo esperarte, o incluso ayudar.
Hizo un gesto de negación con las manos.
—No, tranquilo. De todas formas, ya se está haciendo tarde. Cuando termine, Franz me acompañará en coche hasta mi casa, pero el resto de la banda va con nosotros y no habría sitio para ti— Le puso una mano en el hombro— Lo importante es que has venido. Con eso me siento más que ayudado— Emil notaba su tacto, que atravesaba la chaqueta y la camiseta hasta llegar a la piel. Miró un momento a otro lado y dudó antes de añadir— De todas formas, quería pedirte un último favor.
—¿Un último favor?— Repitió Emil, parpadeando.
Michael se separó y comenzó a rebuscar en sus bolsillos. Tardó poco más de unos segundos en sacar un papel. Parecía un folleto colorido. Se lo tendió a Emil y éste lo cogió con ligera cautela y leyó lo que parecía ser la carátula. Estaba equivocado: en realidad se trataba de una entrada para el Congreso de Física y Química.
—¿Pero c-cómo…?— Sacudió la cabeza— Tu madre me dijo que no había más entradas…
—Reservé una antes de que se agotaran— Replicó apresuradamente. Acto seguido habló en un tono más sosegado— He hablado con Franz y los suyos. Aunque haya sido admitido en la banda, mis padres no saben nada de lo que he estado haciendo en los últimos días…
Emil abrió los ojos al máximo. No era necesario escuchar el resto para saber por dónde iban los tiros. Michael paró al ver la expresión de sorpresa de su amigo. Esbozó una sonrisa torcida y extendió los brazos.
—¿Qué mejor manera de contárselo a lo grande?— Soltó una suave carcajada— No importa lo que me digas, pienso hacerlo de esta manera. Se quedarán tan pasmados delante de tanta gente importante que no se atreverán a decirme que no sin generar una polémica digna de las revistas del corazón. Sin embargo, quería que también tú estuvieras presente. Siento que ese día será el comienzo de algo grande, como una pequeña mecha que precede a una gran explosión— Hizo una pausa y volvió a ponerle la mano en el hombro— Dime, Emil Corbett ¿Aceptas esta oportunidad de ver cómo el Destino puede ser cambiado?
Sus pies parecían obedecer una orden cuasi mecánica de volver a casa. O al menos eso confiaba Emil, cuya cabeza pululaba por voluntad propia.
Rebuscó en sus bolsillos y volvió a sacar el folleto. Sobre un fondo azul oscuro, un matraz y una probeta se cruzaban, rodeados de un aura eléctrica. Por encima de todo ello, unas letras excéntricas multicolor anunciaban el congreso y la fecha en la que iba a tener lugar.
"Queda menos de dos semanas" Pensó, preocupado. Había accedido a acompañar a Michael en aquel día tan importante para él, pero aún seguía teniendo sus dudas.
—Preferiría que no le contaras a tu familia que vienes al congreso— Le pidió, antes de despedirse— Ya sabes, tu padre podría comentárselo al mío…
Pensar en su padre le hizo detenerse un momento.
Su padre, su mentiroso padre…
Una ráfaga de viento que provenía del frente azotó su figura, susurrando a su oído algo que, de haber tenido forma, habría parecido una reprimenda. Sobre él, un cartel iluminado que indicaba la entrada a un pub parpadeó, amenazando con apagarse.
¿Aceptas esta oportunidad de ver cómo el Destino puede ser cambiado?
Respiró hondo y cerró los ojos. Cuando los volvió a abrir, un brillo de decisión llameaba en lo más profundo de aquellos cristales grisáceos.
—Voy a hablar con él— Pensó en voz alta.
Estaba harto. La cantidad de interrogantes que habían surgido en su entorno como si de una plaga se tratara le estaba saturando hasta el límite. No podía seguir así. Por cada pregunta que respondía surgían otras mil.
"De esta noche no pasa. En cuanto llegue pediré respuestas" Sentenció, tajante. Sintiéndose imbuido por una rabia incontenible, retomó el paso con enfado.
Sabremos si haces trampa.
"¿Y qué me importa eso, L?" Pensó para sí, en parte respondiendo a la vocecita que había surgido en su cabeza como advertencia "Gracias a lo que has montado ahora pienso que mi padre es un terrorista ¡Un terrorista, ni más ni menos! ¿Me pides acaso que me quede tan tranquilo y espere a "prestar atención a los pies que guían mi camino"? ¡Y una mierda!"
Pasó al lado de un coche de policía. En aquellos momentos sus dos ocupantes recibiendo una llamada por el transmisor. Emil no escuchó muy bien, pero parecía que un pub llamado "Heart-Shaped Glasses" había estallado en llamas unas cuantas manzanas al norte.
Michael le había enseñado una lección: podía existir el Destino, pero este podía ser cambiado. No bastaba con aceptar aquella red de situaciones que le llevarían al final de un camino cuyo final desconocía. Si no se sentía de acuerdo con lo que ocurría a su alrededor, debía tomar cartas en el asunto.
Estaba tan enfrascado en su enfado que no se dio cuenta de que empezó a andar por la carretera…
Todo ocurrió demasiado rápido. Sintió una luz que lo deslumbraba a la izquierda, y dirigió la vista hacia allá lo justo para ver que un coche a todo gas se acercaba de manera inexorable hacia él.
El chico gritó y se llevó los brazos a la cara en un gesto instintivo, pues no tuvo tiempo de reaccionar. Notó cómo caía hacia atrás, quedándose sentado, y su corazón se detenía un instante. Casi pudo sentir el capó del coche, impactando en su cara…
El coche desvió su camino en el último momento, pasando a centímetros de Emil. Oyó un gran golpe, como si un mecanismo se rompiera en mil pedazos. Y después, todo volvió al silencio. No se dio cuenta de que había tenido los ojos cerrados todo el tiempo. Espiró profundamente, como si hubiera vuelto a renacer. Se quedó por un momento mirando al frente, sin haber asimilado del todo lo que había ocurrido.
"El coche. Tiene que haber alguien"
Se levantó rápidamente, y miró a su alrededor.
Unos metros más adelante, el vehículo estaba parado con la parte delantera totalmente destrozada, detenido bruscamente por el impacto contra una de las farolas de la carretera. Ahora que las luces estaban apagadas, el joven pudo ver que se trataba de un Mercedes. El corazón le dio un vuelco al no escuchar siquiera un quejido proveniente del interior.
Recorrió la distancia que lo separaba del coche tan rápido como pudo. Antes de darse cuenta ya estaba corriendo. Su pierna izquierda no tardó en enviar un dolor punzante a su cerebro. Había veces en las que se olvidaba de su discapacidad a la hora de correr, pero en aquellos momentos le daba igual.
Miró por la ventana del copiloto. Aunque la oscuridad no le permitía ver con mayor detalle, en el asiento del conductor había sentada una mujer joven con la cabeza mirando al techo. Emil intentó abrir la puerta, pero estaba atascada por el choque.
—¡Oiga!— Dio unos golpes fuertes contra el cristal— ¡Oiga! ¿Me oye?
No hubo respuesta.
"Mierda…" Miró de un lado a otro de la calle. No había nadie que pudiera asistirle. "No. Vamos, tranquilízate. Piensa" Inspiró profundamente, forzándose a detenerse por unos segundos y no bloquearse por los nervios. Aunque sus manos seguían temblando, su cerebro agradeció aquella oleada de oxígeno. "Respira. Tengo que ver si respira"
Se desplazó al otro lado del coche. Intentó abrir la puerta, pero tampoco hubo suerte.
—¿Me oye?— Volvió a probar suerte.
—Uhm…— Murmuró en respuesta. Ahora que podía observarla de cerca tenía una brecha sangrante en la frente, pero como si de un milagro se tratara aún seguía consciente.
—Voy a llamar a una ambulancia ¿Me oye? En cuanto la tenga sobre aviso voy a sacarla de ahí— Le informó el chico lo más lento y claro posible, pero dudaba mucho de que la mujer comprendiera lo que estaba diciendo…
Ésta se desplazó un poco hacia la ventanilla y apoyó una de sus manos sobre el cristal.
—Eres el hijo del señor Corbett— Murmuró a medio camino entre el cansancio y la sorpresa. Se recostó, mirando al techo del coche mientras murmuraba débilmente— Qué irónico es todo esto…— Añadió con una risa débil.
—¿Cómo?
—Que como bien dice la expresión, parece ser que hoy voy a matar dos pájaros de un tiro-
Alarmantemente cerca de él había surgido una figura corpulenta, responsable de aquella voz suave. Algo le decía que no deparaba nada bueno.
Se separó tan rápido como pudo hasta quedar arrinconado contra la pared. El personaje reaccionó con indiferencia ante aquel gesto. En su lugar se revolvió el cabello corto, a lo militar, y le dirigió una media sonrisa. Eso, y un ojo tuerto.
—Tranquilo, no voy a matarte. Muy a mi desgracia no puedo decir lo mismo de esta bella dama ¿No crees que deberíamos acabar con su sufrimiento cuanto antes?— Emil no podía articular palabra. Su corazón le martilleaba la caja torácica por dentro. No sólo el hombre había aparecido de la nada, sino que además hablaba de matar a alguien ¿Acaso la mujer estaba huyendo de él y por eso casi lo había atropellado unos minutos antes?— ¿Te ha comido la lengua el gato? ¿Acaso no preguntas "quién eres" o toda la demás parafernalia que suelen inventarse en las novelas?
Pero Emil se dio cuenta de otra cosa. El hombre iba vestido todo de negro: gabardina y mono incluido. En el pecho de la primera prenda, en el lado izquierdo, llevaba un símbolo que había visto en otra parte…
—Tú… tú eres de ese clan. El Clan del Pie
—Veo que has hecho los deberes— Se inclinó, como si de un caballero se tratara— No creo que mi nombre importe mucho, sobre todo cuando me encuentro ante alguien tan importante como tú; pero puedes llamarme Leto.
Aquello le había dejado estupefacto.
—Un momento, un momento… ¿qué me has dicho?— Reaccionó después de un par de segundos de silencio tenso.
—Que me llamo Leto— El hombre seguía inclinado. Cuando se volvió a levantar, llevaba en su mano derecha una especie de ballesta sin cargar.— Vaya coincidencia que nos hayamos encontrado en la calle, ¿verdad? ¿O no es una coincidencia?
—¿Qué quieres decir?
En respuesta, entonó casi en un susurro:
Cegado por la furia y la confusión, sigue tus instintos.
No hay pistas, tan sólo un sexto sentido.
PRESTA ATENCIÓN A LOS PIES QUE GUÍAN TU CAMINO.
—¿Q-qué?— Emil se llevó una mano a la cabeza. Aquello era demasiado en una noche, demasiado…. Preguntar si él era el autor del segundo mensaje era una cuestión retórica. En su lugar inquirió— ¿Cómo has podido planear toda esta situación?
—En realidad encontrarte hoy no estaba en mi agenda— Señaló con la cabeza a la mujer que seguía en el coche. Había perdido la consciencia, pero podía ver el vaho del aliento salir de su boca— Pero era algo que iba a pasar tarde o temprano. A fin de cuentas, la voluntad de Shredder es la voluntad de Shredder.
—¿Quién?— Saltó el chico, visiblemente confuso.
—El líder de nuestro clan ¿Quién si no?— Respondió como si se tratara de algo obvio— Él ha sido el que nos ha metido a ti, a mí, incluso a L en este jueguecito. Un jueguecito…que acaba esta noche
"Eso no suena a nada bueno"
—Sé que eres inteligente, al menos lo suficiente para saber que si intentas huir o llamar a la policía acabarás muerto mucho antes que esta alma en pena— Leto habló con fría tranquilidad, como si se tratara de la explicación de un problema de matemáticas— Sin embargo, déjame la oportunidad de hacer que veas esto de otra manera
—¿Una manera que me haga dejar de pensar que probablemente me encuentro con un psicópata?
Leto rio suavemente.
—Algo mucho mejor, créeme— Hizo una pausa solemne. Cuando retomó la conversación, su tono se parecía al narrador de una tragedia— Nuestra historia comienza con un chico cualquiera, normal y corriente. Con virtudes y defectos, pero desde luego nadie especial. Se entera de que lo que le rodea no es más que una mentira. Su padre, benévolo en la superficie, demuestra en el fondo un ser despiadado que no atiende más que a sus deseos. Nuestro protagonista piensa que no puede ir a peor cuando la trama toma un giro inesperado…
Emil no era muy dado a la literatura, pero lo que había entendido de todo aquello le estaba dejando un vacío interior que nunca había experimentado.
—…y es entonces cuando se da cuenta de que no sólo ha visto la mentira, sino que también forma parte de ella. Él, y toda su familia. Todos bailando al son de una música que dicta el bueno y simpático de Harold Corbett. ¿No lo ves? Ya es hora de que tengas las respuestas que buscas. Es hora de que veas el verdadero lugar que ocupas en todo este entramado. Tus padres jamás dirán nada, pero si vienes conmigo quizá podamos cambiar este destrozado destino…
Le tendió la mano que tenía libre, esperando una respuesta.
Todo quedó en silencio. La realidad se redujo a aquella mano desconocida que prometía respuestas y esclarecimiento. Jamás había hablado con él, pero por otro lado…
"Mi padre. Mi mentiroso padre"
Un ruido característico le devolvió a la realidad. Parecía un motor…
—Parece ser que tenemos compañía…— Leto se separó de Emil y volvió la vista a la carretera justo cuando la moto del Vengador Nocturno se detenía en un derrape bastante ruidoso.
—¡Ya te he encontrado, ninja de pacotilla!— El susodicho se bajó tan pronto como pudo, sacando de sus caderas lo que parecían ser unas cadenas. Fue entonces cuando se fijó en Emil y sus hombros parecieron tensarse aún más. No podía ver sus facciones, ocultas tras aquel casco tan peculiar, pero el tono de su voz delataba verdadera sorpresa— ¿Qué demonios haces tú aquí?
N/A: ¡Muy buenas a todos! ¿Cómo andáis? Por mí bien, pero poco más tengo que contar esta vez (lo que tiene la monotonía xD). Sí puedo decir que continuaré el domingo 31 de Agosto con el siguiente capítulo.
Un abrazo.
Con cariño.
Jomagaher.
