C38-Arco del cazador de brujas.

Desde la declaración de libertad de Sirius a mediados de agosto, todo se había calmado en la vida de Harry, el padrino del niño que vivió fue al hospital mágico de San Mungo, donde se sometió a una terapia para sanar sus dolencias , tanto física como emocionales.

Aunque ahora, en la mansión del joven Potter, este preferiría lidiar con un supuesto padrino acecino, que con su amiga Daphne, esto debido a que durante las aproximadas dos a tres semanas, en que Harry estuvo concentrado en el tema de Sirius, desatendió un poco a sus amigos, estos le habían escrito para su cumpleaños, también le habían enviado regalos, a los que el muchacho no respondió.

-NI UNA CARTA, NI UNA SOLA CARTA, ¿SABES COMO ME SENTÍ HARRY JAMES POTTER?.

El aludido solo podía esconder la cabeza entre los hombros, tratando de dar una explicación coherente.

-Daphne, tienes que entender, estábamos resolviendo un tema muy delicado.

-QUE DELICADO NI QUE NADA, ¿NO SABES LO ASUSTADOS QUE ESTABA CUANDO VIMOS LOS TITULARES EN EL PROFETA?, A PESAR QUE NOS DIJISTE QUE NO CREYÉRAMOS NADA ME PREOCUPE, digo...nos preocupamos.-dijo en un tono un poco avergonzado, debido a que había sido muy autoreferente.

-Amiga, creo que tienes que ser un poco comprensiva con Harry, no todos los días organizas un plan para demostrar la inocencia del primer fugitivo de Azkaban, ¿no es así Neville?.-dijo Tracey de forma un tanto nerviosa.

-ehh, si , afirmativamente, Harry no lo hizo con mala intención, no deberíamos ser tan duros-respondió aún más nervioso por la ira de su amiga rubia de Slytherin.

-Y dime Harry, ¿cuan podremos ver a tu padrino?-dijo la castaña-rojisa a su amigo pelinegro, intentando cambiar un poco de tema.

-Podríamos ir hoy si queremos, durante todo lo que quede del verano estará con muchos cuidados, para tratar de componerse de la estancia en Azkaban, pero no hay problema con recibir visitar, de hecho le ayudan a sanar, estoy seguro de que les gustará conocerlos, ¿ no hay ningún problema con esto Remus ?-preguntó Harry al nuevo inquilino de la mansión Potter.

-Ninguno Harry, estoy seguro que Sirius se alegrará de conocer a tus amistades.-dijo alegremente el hombre lobo.

El adulto y los cuatro niños se dirigieron a la chimenea, tomaron un puñado de polvos flu cada uno y fueron a San Mungo.

El hospital estaba lleno de gente, que iba y venia, algunas personas llegaban con heridas muy graves, estos eran llevados a urgencias, otros venían a pedir hora para algún tratamiento no tan inmediato, algunos salían con bebes en sus brazos muy felices, mientras otros lloraban a algún familiar que acababa de irse, era increíble como la vida y la muerte convergían tan armoniosamente en el hospital.

Remus fue a la recepción, habló con una joven enfermera, unos instantes después, estaban yendo a ver al ex-prisionero de Azkaban, por lo visto a Sirius lo habían cambiado de habitación, pues ya no estaba tan grave como cuando llego, de detuvieron frente a la habitación 123, tocaron la puerta, una voz dentro les dio la instrucción de ingresar, abrieron la puerta viendo a un hombre acostado en una cama, este los miro, aunque aun seguía bastante flaco y pálido, ya no tenia el aspecto casi de cadáver de la primera vez que lo vieron.

-Lunático, cachorro, que bueno verlos.-dijo Sirius intentando levantarse.

-No te fuerces canuto, podrás verte mejor, pero no significa que lo estés totalmente.-dijo el hombre lobo dándole un abrazo.

Ese abrazo fue seguido por el de Harry, las ultimas semanas había podido conversar mucho con su padrino, conociéndose mejor, había podido conocer muchas historias de su padre y de los "merodeadores" , como les gustaba decirse a si mismos, al grupo formado por su padre, Remus y Sirius, bueno también habría que mencionar a Peter, pero como dijo bien Remus:

"Esa rata quede deshonrosamente expulsada de los merodeadores" .

Los amigos de Harry estaban en la puerta sin querer interrumpir el momento de su amigo, este solía ser bastante melancólico y les agradaba verlo sonreír, cada vez iba quedando poco del niño desconfiado de todos que conocieron en el tren a Hogwarts.

-¿Quienes son estos jóvenes que te acompañan cachorro?.-preguntó Sirius señalando a los tres niños.

-Son mis amigos del colegio, dejame que te los presente: Ellas son Daphne Greengras y Tracey Davies , compañeras miás en Slytherin.

Ambas chicas hicieron una pequeña reverencia ante Sirius, como lo hacían en épocas antiguas.

-Es un honor conocer al jefe de la antigua y noble casa de los Black-dijieron al unisono ambas chicas de manera muy educada.

Sirius en cambio las miró y se puso a reír, los niños estaban un poco desconcertados.

-Chicas, no es necesario ser formal conmigo, solo díganme Sirius, me siento viejo si me dicen "el jefe de la antigua y noble casa de los Black"-dijo el mago, haciendo una parodia de como se habían presentado las chicas.

Esto hizo reír a Harry y Neville, las muchachas por su parte habían quedado un poco descolocadas, Tracey empezó a actuar un poco más natural, por su parte Daphne intentó mantener la compostura, pero igual una sonrisa se le escapó de los labios.

-Y él es mi amigo Neville Longbotton de Gryffindor.-dijo Harry señalando a su mejor amigo.

-Un gusto señor….digo Sirius.-dijo Neville dándole la mano al padrino de su amigo.

-Un gusto Neville, mmm...Longbotton, ¿sus padres no nos causaron muchos problemas en la escuela lunático?-dijo Sirius con mirada que Remus conocía.

-Lo recuerdo perfectamente canuto, Frank y Alice eran prefectos, eran unos años mayores que nosotros, siempre te atrapaban a ti y a James con sus bromas, a mi nunca me llevaron a detención-dijo Remus haciéndose el inocente.

-Pues claro que nunca te llevaban, pues cuando nos atrapaban tu te ibas corriendo llevándote la capa de James, NOS DEJABAS A NUESTRA SUERTE.-dijo el adulto haciendo un puchero.

-No es mi culpa que ustedes se quedaran como babosos esperando a que los atrapen, además yo solo corría y que al hacerlo la capa se quedara atascada en mi-dijo haciéndose el desatendido de las penurias de sus dos amigos.

Los niños se rieron, Neville estaba feliz de saber algo sus padres, quizás aún estaban con él, pero tuvieron un destino peor que la muerte.

-Ahora que lo pienso cachorro, te estás juntando con muchos sangre pura, ¿no estarás intentando ser un nuevo señor oscuro?-dijo en tono de broma.

Harry no se había percatado, pero lo que decía su padrino era verdad, él era el único mestizo del grupo, aunque nunca fue su intención juntarse con determinado tipo de personas, a las chicas las conoció en el tren y a Neville lo había rescatado en su clase de vuelo.

-Harry NO ES UN PURISTA DE SANGRE-salió a defender Daphne.

-Tranquila Daphne, era una broma solamente-dijo Remus.

-Esta chica me agrada-dijo Sirius con una sonrisa.

Luego de un rato más conversando sobre cosas más mundanos, los chicos se despidieron, pues Neville quería ir a ver a alguien y sus amigos decidieron acompañarlo, luego se reunirían con Remus para volver a la mansión Potter.

Cuando los dos amigos se quedaron solos, el licántropo comento.

-Esa chica Daphne tiene su genio, le gritó a Harry por media hora por no haberle escrito en el tiempo que estábamos viendo como probar tu inocencia, ver la cara de él me recordó a la que ponía James cuando Lily lo regañaba por haber hecho alguna travesura contigo.

-Ella me recuerda a Lily, ya veía que me decía: BLACK, eres una mala influencia para Harry.-dijo riendo.

-Nuestro pequeño cornamenta aún no se a dado cuenta de los sentimientos de ella, es igualito a James en ese sentido, habrá que darle tiempo, para que madure en ese sentido.

Un pequeño silencio los atrapó a ambos, el ver a Harry les hacia sentir que James estaba ahí, sabían que el niño no reemplazaría a su amigo, pero ayudaba a mitigar el dolor.

-Te apuesto Lunático, 10 galeones a que antes de que terminé su tercer año, nuestro Harry será el novio de esa chica.

-Acepto la apuesta Canuto, pero yo digo que será antes de que terminen su cuarto año-dio mientras cerraba el trato con un apretón de manos.

Por su parte, los chicos se dirigieron a la sección del hospital encargada de cuidar a las personas que habían sido afectadas de forma permanente por algún hechizo.

-¿Podrían esperarme aquí un momento por favor?-dijo Neville en tono serio.

-¿Qué ocurre Neville?-preguntó preocupado Harry.

-Necesito ver a un par de personas, pero puede ser un poco chocante para quienes no están acostumbrados, por favor espérenme aquí.

Los 3 Slytherin obedecieron, su amigo entró en una habitación, mientras esperaban, una enfermera se acercó a ellos.

-Hola jóvenes, ¿puedo ayudarlos en algo?.

-No gracias, estamos esperando a un amigo que vino a ver a alguien.-dijo Tracey señalando por donde se había ido Neville.

La enfermera vio en la dirección que señalo Tracey, la enfermera abrió un poco los ojos.

-¿Son amigos de Neville Longbotton?

-Si, es amigo nuestro, ¿lo conoce?.-preguntó Daphne.

-SI lo conozco, viene a menudo junto a su abuela, viene a ver a sus padres.

-¿A sus padres?-preguntó Harry.

Las mujeres miraron a Harry.

-¿No sabes lo que le pasó a los padres de Neville?-preguntó Daphne.

-No, solo sabia que vivía con su abuela.

-Sus padres..bueno...ellos…-trato de decir Tracey.

-Ellos fueron expuestos a la maldición cruciatus por parte de un grupo de mortífagos, fue tanta la tortura que los dejaron locos, ellos están aquí desde que Neville tenia aproximadamente un año, fue una fortuna que en el ataque, él estuviera con sus abuelos, sino, no me quiero ni imaginar que le hubiese podido pasar.-dijo una preocupada enfermera.

Harry se quedó sorprendido por un momento, no solamente el había vivido una vida dura, Neville en ocasiones, le comentaba sobre las altas expectativas que su abuela ponía en él, debido a que sus padres fueron excelentes alumnos y aurores, que los méritos suyos, los atribuía a que "era hijo de sus padres", pero sus fracasos en cambio, solo se los atribuía a él.

-Fue una época muy oscura, muchas vidas se perdieron y por otro lado, muchas otras quedaron arruinadas, se sorprenderían de saber cuantos pacientes permanentes tenemos.-dijo la enfermera en tono triste.

En ese momento, algo llamó la atención de Harry, un par de personas pasaron al lado suyo, eran una mujer de unos treinta años de edad aproximadamente, aunque podía aparentar mucho menos, tenia el pelo de color castaño, amarrado en una trenza que la caía por uno de los hombros, usaba gafas que protegían unos ojos que eran una mezcla de azul con verde, su mirada parecía triste, la acompañaba un joven de quizás uno años mayor que él, vestía al estilo muggle, a diferencia de la bruja que lo acompañaba,tenia el pelo castaño oscuro y los ojos color café claro.

Cuando los ojos de este joven se clavaron en los del niño que vivió, este sintió miedo, inconscientemente dio un paso atrás, su pulso se acelero, los ojos de aquel joven, parecían los de un león dispuestos a devorar una presa y Harry era el ratón, era increíble como solo una mirada podía causar tanto en una persona, su instinto le decía que corriera, que se alejara, por suerte, su tortura su duró poco, pues las dos personas se fueron de ahí rápidamente.

El ojiverde miró a sus amigas que estaban igual de asustadas que él.

-¿Sintieron lo mismo que yo?-preguntó finalmente.

-Se sentía como ….-trato de decir Tracey, sin encontrar palabras.

-Como la mirada que tenias tú, el día que nos conocimos.-completó Daphne.

Su amiga rubia tenia razón, era una mirada que transmitía tristeza, ira y...una fuerza de voluntad tremenda.

-¿Sabe algo sobre esas personas?.-preguntó Harry a la enfermera.

-Lamentablemente si, ellos formar parte de la amarga lista de los familias que tienen un ser querido aquí, la mujer se llama Elizabeth Anderson ella es medimaga aquí en San Mungo, el chico se llama David Anderson, Elizabeth se casó con el hermano mayor de David, se llama Daniel, no llevaban ni un año de casados cuando un grupo de mortifagos atacó el hogar de la familia Anderson, mataron al padre y la madre de los muchachos, Daniel le pidió a su esposa que escapara con su hermano, mientras él detenía a los atacantes-dijo con gran pesar y lágrimas que se le formaban- Elizabeth asi lo hizo, tomo al niño de apenas cuatro años y escaparon, horas después volvió con muchos aurores, pero lo que encontraron fue horrible, los mortifagos no quisieron matar a David, seguramente consideraron que un hijo de muggles no era suficientemente digno de morir usando magia sobre él, pero le aplicaron tantas maldiciones sobre él, que ahora se encuentra en un sueño eterno.

-¿Sueño eterno?, ¿se refiere que está en coma?.-cuestionó Harry.

-Esa es la forma muggle de decirlo, pero si, llevamos años aplicando tratamientos, hemos sanado algunas heridas, pero otra no, su mujer y su hermano llevan aproximadamente once años viniendo.-dijo limpiándose una lágrimas con un pañuelo.-lamentablemente no todos los involucrados en el ataque están en Azkaban, algunos alegaron haber sido manipulados con la maldición imperius, pero yo no lo creo, pienso que simplemente usaron su dinero he influencia para salir libres.

Harry ahí supo que no era tan especial como pensaba, mientras vivía solo , luego de escapar de sus tíos, muchas veces se cuestionó porque la vida había sido tan dura con él, pero ese pensamiento ahora le parecía egoísta, Neville creció con una abuela que solo lo veía como la sombra de sus padres, este, tenia a sus padres, es verdad, pero era casi como no tenerlos. Por otro lado, este chico David, había visto morir a sus padres, para luego perder a su hermano ,más encima que algunos de los responsables salieran libres, entendía esa mirada, entendía ese sufriendo y por entenderlo le dolía a él también.

Luego de escuchar la información que le brindaba la enfermera, llegó Neville, con un envoltorio de dulce en las manos, ante la mirada de sus amigos lo guardó rápidamente, esta había sido una visita agridulce, como Harry había pensado al entrar en el hospital, era un lugar donde la vida y la muerte convivían.