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LOS PERSONAJES DE INUYASHA NO ME PERTENECEN, SON PROPIEDAD DE RUMIKO TAKAHASHI. LA HISTORIA EN CAMBIO, ES MÍA.
-34-
EGO, ORGULLO Y SOLEDAD
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Kagome llegó corriendo, agitada y completamente mojada a su casa… se vio de pie frente a ésta, sintiendo su cuerpo frío y siguió llorando; su mente amenazó con traicionarla y hacerla retractarse.
Era una tonta, reconoció, pero aun sintiendo esa punzada en el pecho, todavía se forzaba a creer que estaba haciendo lo correcto.
¿Por qué tenía que doler tanto?
Su vista distorsionada por el llanto se fijó en la perilla de la puerta, negó en silencio y esbozó un intento de sonrisa irónica mientras se daba media vuelta, a recargar su espalda a la gruesa madera de la puerta y se deslizaba despacio al suelo por la misma… le acababan de robar sus cosas, entre ellas, sus llaves.
Abrazó sus rodillas y escondió su cara entre ellas… ahora estaba más sola que nunca.
El nudo de la garganta amenazó con quemársela y sus lágrimas, antes medianamente controladas, volvieron a caer con más fuerza; apretó los dientes y se reprochó su cobardía, su falta de carácter y su debilidad… ella sola tenía la culpa. Sus ojos se cerraron con fuerza al mismo tiempo que sus labios se abrieron buscando jalar aire, que no era más que un hipeo audible… ¿por qué tuvo que enamorarse así de él? ¿Por qué permitió que eso pasara?¿Cuándo fue que eso ocurrió… cuándo fue que dejó que el objetivo que ella tenía se olvidara y había comenzado a sentir cosas por él?
Apretó sus dedos en sus piernas, no tenía ni el valor ni las ganas de alzar su vista, tampoco de buscar ayuda para no pasar la noche afuera; quería seguir llorando y que dejara de doler.
Bankotsu no estaría más. Lo entendió cuando al paso de los minutos él no apareció… la lluvia seguía cayendo y un par de autos y apresurados peatones corriendo... ninguno era él.
—¿Qué se supone que voy a hacer… a partir de ahora?— se preguntó entrecortadamente y dos calientes y pesadas lágrimas cayeron a sus piernas.
Su cuerpo siguió temblando de frío y de miedo. Nunca creyó que ir contra sus sentimientos doliese tanto… En ese momento, cuando estuvo con él, estuvo a punto de rendirse y volver a creer en él y en lo que la hacía sentir, siempre había sido más fácil dejarse llevar por él, eso la llenaba, la hacía sentir bien… pero creía que no era amor de verdad; si las palabras de Midoriko eran ciertas, Bankotsu era ese amor arrebatador y desbordante que podía elevarla al cielo y después, así como llegó, se iría, dejándola ver lo que de verdad perdió.
—Nunca fue algo sano— se recordó… tal vez era sólo la emoción y ese sinfín de sensaciones que él le provocaba, lo que la tenía así, lo que le provocaba ese sentimiento de amor en ella… porque sólo con él lo había conocido. Tenía que ser eso… porque si no, acababa de arruinarlo todo.
Los minutos pasaron, la lluvia aumentó y con ella el viento y los destellos luminosos en el cielo, Kagome se estaba cansando de llorar y el nudo en la garganta seguía presente. Las luces de un auto iluminaron parcialmente su jardín y un coche se detuvo frente a su casa. Kagome se atrevió a alzar el rostro, con sus mejillas endurecidas por la salinidad de sus lágrimas y con el ceño fruncido sobre esos ojos rojizos…
"¿Es…?" pensó al ver la puerta del coche abrirse de golpe.
—¿Kagome?
—¿Ah?
—¡Kagome, por Dios!— alzó la voz la joven y asustada castaña al correr a ella.
—¿Sango?— mencionó y sus ojos volvieron a aguarse.
—Kagome, Dios, ¿estás bien?— cuestionó la castaña al detener su carrera a su lado y ayudarla a pararse cuando ella lo intentó —¿Estás bien?— repitió al verla llorosa y mojada.
—… Sango…— mencionó y el nudo de su garganta se apretó todavía más, las lágrimas volvieron a caer sin permiso —yo…
—Kag— la nombró la otra que también parecía querer llorar y la abrazó.
—Kagome— mencionó Yura que también había llegado y la pelinegra ya no la escuchó.
Kagome se apretó fuertemente a la espalda de la castaña y escondió su rostro entre su cuello y su lacio cabello… lloró, lloró tan sonoramente que Sango temió lo peor.
—Por Dios, Kag, ¿estás bien?— cuestionó Yura que comenzaba a asustarse.
—¿Cómo está? ¿Todo bien?—preguntó ahora Miroku que llegó tras ellas, portando entre sus manos una chamarra, la misma que no tardó en colocarle a la joven empapada.
—No sé…— confesó la castaña— no ha querido hablar— añadió preocupada al ver a los otros dos.
—Kagome, ¿qué haces aquí afuera?— preguntó Yura que creía entender lo que pasaba. Estaba con Sango cuando ésta le había marcado a Kagome y la escuchó alterarse durante la llamada, luego sólo la siguió mientras ella llamaba a Miroku para que las llevara, durante el trayecto se había enterado que al parecer Kagome había sido víctima de un asalto y se temieron lo peor.
—¿No tienes llaves?— preguntó la castaña al seguirla sosteniendo.
Kagome negó mientras se obligaba a controlarse y su abrazo perdía fuerza.
—Ah, Kag— mencionó la joven.
—Será mejor que la llevemos a mi casa— ofreció Yura, hacía semanas que no iba a ver a su familia, pero seguro su madre no le impediría el paso —. Si vamos a la universidad, llamará mucho la atención.
—No…— habló la pelinegra al separarse de Sango y apenas atreviéndose a verlos a la cara — quiero quedarme aquí.
—Pero…— habló Sango al verla notoriamente preocupada.
—Veré si puedo forzar alguna ventana— mencionó Miroku al girarse y comenzar a dirigirse al césped del pequeño jardín frontal.
—Kagome… estás bien, ¿verdad?— preguntó Yura al apoyar su mano sobre su hombro y agachar el rostro a verla.
La pelinegra se abrazó a sí misma, sosteniendo la chamarra sobre su espalda y asintió despacio.
—¿Te robaron todo?— volvió a cuestionar la pelicorta.
—Eso es lo de menos— intervino la castaña —¿No te golpearon, te lastimaron o amenazaron?— agregó sin perder la preocupación en sus finas facciones.
Kagome negó en silencio, sus ojos seguían acuosos.
—Sango, yo… yo te debo una explica-…— mencionó avergonzada en medio de su dolor interno.
—Sí, muchas— interrumpió la castaña antes de voltear a ver a Miroku que había golpeado una ventana y ésta había cedido —… pero no ahora, esperemos a entrar, ¿está bien?— finalizó al volver a verla.
Kagome asintió despacio y tras unos segundos la puerta tras ellas se abrió.
—Ah… deberías darte un baño caliente— aconsejó la pelicorta cuando comenzaron a entrar —. Yo prepararé té y Sango podría ayudar a buscarte un cambio, no queremos que te enfermes.
—Chicos…— mencionó y su ceño se frunció al volver a ser invadida por las ganas de llorar.
—Anda, Kagome, que es tarde y en unas horas tenemos clase— apresuró la castaña obligándola a caminar escaleras arriba.
—Supongo que esto es cosa de chicas… me pondré cómodo aquí abajo— habló Miroku cuando Kagome desapareció de su vista, para comenzar a dirigirse a la sala del lugar.
—Bien, yo iré arriba— avisó Sango al girarse.
—En seguida subo— añadió Yura desde la cocina, escuchó a Sango afirmar y frunció el ceño —¿y esto de dónde se prende?— se preguntó al ver la estufa y diversos botones en ella.
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Yura bostezó sonoramente mientras sujetaba la secadora que eliminaría la humedad del cabello de Kagome, al ayudarle a hacerlo.
—Entonces, ¿no llorabas por…?— mencionó Sango luego de que Kagome guardó silencio.
Ella negó despacio, usaba una de sus pijamas de ositos luego de haberse duchado y abrazaba su almohada al permanecer sentada en la cama.
—Ba-Bankotsu y yo… te-terminamos— confesó la pelinegra con sus ojos ardiendo, al parecer sus lágrimas se agotaron.
—¿Qué?— preguntaron ambas chicas al mismo tiempo, Sango sorprendida y Yura incrédula —¿Cómo? ¿Por qué?— agregó ésta última.
Kagome tragó pesadamente —l-la… la historia es más larga de lo que piensan— confesó viendo a Sango sentada frente a ella y a Yura que la veía extrañada a su lado.
—¿Qué tan larga?— preguntó la castaña que justo ahora tendría su explicación —¿fue por lo que él dijo en la universidad?
Kagome les sostuvo la mirada y se suplicó no llorar —Sí… bueno, no… es tan complicado.
—¿Cómo pudo complicarse tanto?— cuestionó Yura al fruncir el ceño —Salen desde poco después, de iniciar en la universidad.
Sango prestó atención a Kagome, no sabía cuánto ignoraba ella, de todo lo de su amiga y Bankotsu.
—Pasaron tantas cosas— confesó apenas sosteniéndoles la vista. Yura apagó la secadora y se sentó a un costado de Sango para tener de frente a Kagome.
Kagome encorvó su espalda al abrazar su almohada y su vista bajó y subió a ellas mientras hablaba… sus facciones cambiaron suavemente entre incredulidad, cuando contó de esa oferta que los uniría, vergüenza cuando confesó haber aceptado, pudor al contar sólo alguna de las cosas que ellos dos habían hecho; mencionó cosas importantes, los cambios de sensaciones, cómo poco a poco le fue perdiendo el miedo hasta finalmente sentirse muy cómoda a su lado.
—Entonces, aquella noche, en tu cumpleaños…— mencionó Sango incrédula.
—¿Cómo es que no me di cuenta?— mencionó extrañada Yura y frunció el ceño —, ah, sí…, creo que me embriagué— agregó ocultando su diversión al recordarlo.
—Fue tan… no sé— habló Kagome con voz baja y ronca por el llanto —, aunque fue planeado, digo, que no fue nada espontáneo, fue… fue hermoso— aceptó y su piel se erizó al recordar la paciencia y casi ternura del moreno al entrar en su cuerpo… ese beso que le dio después de haberlo hecho y sus movimientos suaves y lentos, para momentos después, llevarla a tocar el cielo.
Hubo un silencio por parte de las tres y Kagome mordió su labio para que los mismos no temblasen.
—¿Lo amas?— habló Sango esperando escuchar un no. Bankotsu era una persona muy orgullosa, alguien de carácter impredecible y que sin lugar a dudas, podía lastimar a Kagome; aunque viendo a su amiga llorar, casi estaba segura que…
—Yo…
—¡Claro que lo ama, mírala!— interrumpió Yura.
—Ah, tú cállate— regañó Sango.
—¡¿Qué?!— se defendió la pelicorta — Kagome ha convivido mucho con él, el tipo la ha ayudado, ¡por Dios!, han compartido cama seguro muchas veces, es lógico que algo muy fuerte surja después de eso; no puedes simplemente acostarte con alguien por meses y no sentir nada por él— alegó muy segura.
—Sentir algo, es diferente a amar— debatió la castaña —. Tal vez se encariñó y le tiene agradecimiento, pero amor es una palabra muy fuerte, y ese sentimiento no aparece mágicamente.
Kagome sintió una punzada en el pecho al escucharla.
—Oh, ¡por favor!, Kagome no es de esa clase de chicas, me sorprende que tú lo digas así— respondió casi indignada la pelicorta —¿Desde cuándo hay que pensar tanto, para entregarse plenamente?¿Está mal sentir, o que el amor venga después del sexo?... es ridículo, no todas las historias de amor tienen inicios mágicos o de cuentos de hadas— mencionó fastidiada la pelicorta, hablaba por su propia experiencia.
—¿Entonces estuvo bien que el idiota la obligara?— alegó la castaña, que sentía cierto rechazo por el ojiazul, por haberla alejado de su amiga de ese modo.
—¿Obligar?¿Escuchamos la misma historia?— añadió irónicamente —Vamos, Kagome, dile que nunca te obligó a nada— agregó ahora volteando a ver a Kagome que las veía completamente inmóvil y con el ceño fruncido, notoriamente angustiada —¿Lo hizo?
Ella negó despacio —… no.
—¿Lo ves?
—Eso no dice nada… ella no lo amaba cuando se entregó a él.
—¿Y eso qué? ¿Has oído hablar del sexo ocasional?
—Eso no fue sexo ocasional, y ahora a mí me sorprende que tú creas que Kagome haría algo así…
—Pues…
—Basta ya— suplicó débilmente pero llamando la atención de ambas. Lo de ella no fue sexo ocasional, pero sí fue sexo sin amor… aunque después, entre sábanas, caricias, besos pasionales o tiernos, jadeos, gemidos y sudor, eso cambió. Conoció a la persona bajo ese aire frío y arrogante que siempre mostraba.
Las dos llevaron sus ojos sorprendidos, para pasar a extrañados en un segundo al ver esa joven pelinegra que había bajado su rostro.
—Él nunca me obligó— reconoció con voz débil pero audible —, al principio presionó, pero todo ocurrió con mi consentimiento y esa es la verdad…
—Kagome…— mencionó débilmente la castaña… ¿entonces ella sí estaba enamorada de él?
—Todo se complicó— continuó y movió una de sus piernas insistentemente al seguir sentada sobre la cama… tal vez creyó que hablándolo podría entenderse.
Yura negó despacio y fastidiada con la cabeza, apenas podía creer lo tonta que estaba siendo Kagome, y Sango, por su parte, escuchaba incrédula y con un dejo de desaprobación a su mejor amiga contarles sobre la vez que ella descubrió que lo quería, que eso que al principio fue un simple gusto, atracción, se convirtió en cariño… luego aparecieron los celos, y ahora…, ahora sentía amarlo.
—¿Midoriko dijo eso?— preguntó extrañada Sango y Kagome asintió despacio.
—¿Estás diciendo que por algo que dijo la mujer, que menos amor ha expresado, estás dejando a Bankotsu?— reprochó la pelicorta ahora sí indignada.
—… Sí— mencionó derrotada y Yura resopló— pero no es porque ella sea un experta o le crea ciegamente— explicó sin lograr quitarse esa sensación que le apretaba el pecho—, sino que… — mencionó y dejó escapar el aliento sonora y derrotadamente —¿no lo ves?— le preguntó a la pelicorta— Yo inicié con él para estar con Inuyasha, para quedarme con él, ¿y si después de quedarme con Bankotsu y que todas esas sensaciones pasen descubro que no es amor de verdad… que sólo es pasión? ¿es justo para ambos? … yo todavía no puedo decir que no siento nada por Inuyasha.
—Pero eso ya se fue a la mierda— mencionó secamente la pelicorta— ¿crees que el olvidará que te has acostado con Bankotsu no sé cuántas veces?— añadió molesta. Eso era tan absurdo para ella.
—Yura— mencionó Sango del mismo modo.
Kagome negó con la cabeza y se llevó una mano a la frente hasta resbalar su flequillo.
—No entiendes— corrigió.
—Creo que la que no entiende aquí eres tú— debatió la otra que se puso de pie —¿Sabes cuándo sabrás si es amor de verdad, lo que sientes por Bankotsu?— preguntó irónicamente al dirigirse a la puerta, Kagome la vio intrigada y Sango prefirió no verla — Cuando lo veas con otra— respondió fríamente haciéndola abrir sus ojos, Yura sonrió con ironía y decepción al notarle un rastro de angustia —… Y en ese instante sabrás lo estúpida que has sido— finalizó y se retiró del lugar.
El cuerpo de Kagome se estremeció ante esa idea, luego de unos segundos se atrevió a tragar pesadamente.
—Esto es un caos— confesó Sango que luchaba por entenderla, al cubrir con su mano sus cansados ojos.
"Ni siquiera quiero pensar que me equivoqué" reconoció internamente Kagome. Si eso era un amor carnal, pasión y placer tan grandes que se habían transformado en amor, un amor débil pero placentero, tanto, que no quería dejarlo ir, aunque irremediablemente terminaría desmoronándose, preferiría mejor apartarse antes de hacerle lo mismo que Midoriko a su tiempo.
Ella no se atrevería a dañarlo de tal modo, por eso el miedo y la incertidumbre la hicieron acabar con todo, poner el punto mucho antes del final; era preferible… la pasión se agotaba con el tiempo, si su amor no era tan fuerte, por ambos, eso no acabaría bien; y si ahora ya dolía, no quería pensar cuánto más podría hacerlo después.
—¿E Inuyasha?— volvió a hablar la castaña intentando unir todos los puntos —¿qué tanto tiene que ver en esto?
—Mucho— mencionó débilmente sin lograr quitarse esa inquietud del estómago por las últimas frases de Yura.
—¿Lo amas?
Kagome negó despacio y apretó sus ojos, intentando concentrarse en su amiga —No sé.
—Kagome…— mencionó incrédula.
—Con lo de Bankotsu, lo de Inuyasha poco a poco fue disminuyendo— confesó y la idea fugaz de 'el falso amor' intentó caer sobre ese peliplata, pero ella lo atribuyó al mar de dudas en el que estaba —. Inuyasha tiene mucho que ver… lo quiero mucho todavía— confesó—, y lo de Kikyo me dolió mucho— dijo e hizo un silencio.
—¿Qué?— preguntó curiosa la castaña.
—Kikyo… ella también…
—¿También qué?
Kagome apretó sus manos insistentemente al recordar cuándo fue que surgieron grandes dudas respecto a ese moreno ojiazul.
—Inuyasha mencionó que casi estaba seguro que Kikyo y Bankotsu tenían algo— dijo y eso vino a revolver más la angustia en su estómago.
—¿Tenían? ¿Cuándo?
—Antes— respondió—. Di-dijo que… que posiblemente por despecho Bankotsu buscó algo entre nosotros.
Sango frunció el ceño extrañada al meditar las cosas —¿Y tú qué crees?
Kagome negó despacio —¿Recuerdas cuando él y yo nos encontramos por primera vez?— le preguntó y sacó algo que la inquietaba desde esa vez que habló con el peliplata.
—Cómo olvidarlo— respondió Sango, había sido una tontería, algo que en su momento le provocó risas por horas, pero ahora ni una sonrisa le alcanzaba a dibujar.
Kagome sonrió débilmente —Mírame— prosiguió y sus ojos se aguaron al ver su pijama ridícula—, no soy mejor que Kikyo, ella es mucho más bonita, más mujer… ¿por qué razón se fijaría en mí?... no lo hizo en ese momento, ¿por qué hacerlo después?
—Kag… eso pudo ser— habló la castaña viendo el nuevo rumbo que tomaban las cosas y quiso animarla.
Kagome negó y se le apretó el pecho. Si eso era verdad, le iba a doler mucho… todavía había huecos en esa relación que tenía con Bankotsu, y esa era una gran verdad.
—Todo se me vino encima— confesó y sus ojos volvieron a aguarse —. Después de lo ocurrido con mis padres, quise afrontarlo… Bankotsu estuvo ahí, intenté olvidar esas dudas que tenía respecto a él, quise sólo sentir con él y creer en eso que sentía, que era de verdad— explicó y su voz se cortó por el llanto —… Luego vino Midoriko y dijo eso de… del amor real y el falso amor y…— añadió y ya no pudo seguir hablando.
Sango cerró los ojos y suspiró derrotada antes de acariciar el todavía mojado cabello de la pelinegra.
—… Y yo ya no supe ni dónde estaba parada— mencionó débilmente.
—No querías dejarlo— comprendió la castaña.
Kagome negó y sus lágrimas calientes siguieron bañando sus mejillas.
Luego de un par de minutos que vio con pena a su amiga, Sango suspiró preocupada al verla limpiar sus lágrimas y asegurar débilmente que estaría bien, y que realmente no tenía importancia seguir con eso.
—¿Y qué vas a hacer?
—Ya nada más— respondió desganada y agotada física y mentalmente, su mirada se desvió al buró que acompañaba su cama al recostarse… Estaba huyendo del dolor. Bankotsu era dolor, dudas y hasta inseguridades, amarlo le dolía; y eso que sentía, esa angustia al saberlo lejos debería ser sólo momentánea, si había hecho lo correcto, pronto dejaría de doler, se convenció de ello.
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O.O.O.O.O
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Los ojos chocolate de Kagome se deslizaron insistentemente por las personas que abarrotaban los pasillos de su facultad, reconoció esa ansiedad y negó en silencio, aunque su mirada traidora volvió a echar un último vistazo mientras ella se forzaba a avanzar.
—¿Qué estoy haciendo?— se reprochó.
Esa mañana había sido doblemente difícil abrir los ojos. Su mirada lucía cansada y rojiza, su aspecto era deplorable y ella se había forzado a seguir. Había intentado fingir naturalidad al levantarse y preparar un sencillo desayuno para sus huéspedes, Yura seguía disgustada y Sango y Miroku por suerte respetaron su decisión de no hablar más del asunto, aunque el joven ojiazul realmente sabía poco de ello.
Había llegado a la facultad y logró no buscar con la vista el auto del moreno, pero conforme pasaron las horas, su inconsciente la traicionaba, al paso de cualquier figura masculina que se le pareciera, ella volteaba su rostro por las ventanas del aula que estuviese, al principio sin percatarse, pero a esa hora, una vez que sus clases finalizaron, Kagome se dio cuenta que al menos necesitaba verlo, aunque fuese de lejos y saber que estaba bien.
No había cambiado de decisión y aun así, seguir preocupada, ansiosa… algo no se sentía bien.
"Ni siquiera tengo su número" pensó frustrada, cuando le robaron su móvil, perdió los datos de muchas personas, ella no alcanzó a memorizarlo.
—No hay nada qué hacer— se dijo convenciéndose, definitivamente no podía ir a buscarlo a su departamento… ¿a qué iría? ¿a ver cómo estaba? Era ridículo… era ridícula ella.
… "Deja de pensarlo, o ¿cuándo lo vas a olvidar?" se reprochó al llegar a su coche.
Tragó pesadamente al entrar y comenzar a salir del campus… todavía recordaba esa mirada azulina bajo ese flequillo negro y mojado, insistirle sincerarse con ambos, casi suplicante para que aceptara amarlo.
—Y dije que no— mencionó luego de torturarse al volver a pensar en aquél momento.
"¿Sabes cuándo sabrás si es amor de verdad, lo que sientes por Bankotsu?... Cuando lo veas con otra" recordó las palabras crudas de Yura y volvió a experimentar esa angustia casi sofocante en su pecho.
Kagome suspiró entrecortadamente buscando darse el valor para continuar. Ya había dado el paso más difícil… lo demás no tendría por qué serlo tanto.
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O.O.O.O.O
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El frío era más perceptible y el viento helado que ondeaba tanto las ramas de los árboles, como el negro cabello de Kagome, era constante, Diciembre había llegado ya y había pasado más de una semana sin saber nada de Bankotsu; los primeros días fueron realmente difíciles, estaba preocupada por él, sus amigas habían tomado muy en serio eso de no tocar el tema, las charlas con ellas le eran de cada vez menor interés e intentaba no demostrarlo… también le era un reto ver a Miroku y no preguntarle de la ausencia del moreno, aunque no lo era tanto como cuando en las noches pretendía no extrañarlo en su cama, su cuerpo tibio cubriéndola… todas las cosas se lo recordaban.
Ella suspiró profundamente al seguir caminando por la casi desolada calle, pocas personas salían de sus casas con ese clima tan frío, ella tampoco lo hubiese hecho si la comida de Buyo no se hubiese acabado justo momentos antes.
—¿Qué?— preguntó extrañada al fruncir el ceño al ver el auto conocido estacionado frente a su casa.
Sus pasos fueron lentos sobre esas altas y tibias botas negras… sin comprenderlo se acercó al joven que esperaba sentado en el cofre del auto, e inconscientemente apretó el pequeño bulto de alimento sobre ese grueso suéter morado que la vestía.
El par de fríos ojos voltearon a verla y ella titubeó en seguir caminando, pero tras tomar aire, lo hizo.
—He estado esperando por ti— el tono del joven fue áspero al voltear a verla para posteriormente erguirse.
Kagome lo vio a los ojos al seguir avanzando y ladeó el rostro para proseguir a entrar a la casa.
—Supongo que no mucho, acabo de salir— también fue seca, sabía que le debía una explicación y se sentía incómoda, todavía habían sentimientos rondándole por él.
El chico cerró los ojos y apretó el puente de su nariz al forzarse a calmarse… se había mantenido alejado de ella para no reclamarle nada, y a pesar que entendía que él también había tenido culpa del reaccionar de Kagome, le resultaba imposible fingir que nada pasó.
—¿Podemos hablar?— cuestionó cuando ella insertó las llaves en la cerradura.
—Por supuesto, Inuyasha, pasa— invitó la pelinegra al momento de abrir.
Un aire gélido entró antes que Kagome lo hiciera, cuando el peliplata le cedió el paso. Ella avanzó sin voltear a verlo y luego de ofrecerle algo de beber y él negarse, la pelinegra fue recibida por el regordete gato que llamó la atención del ambarino, pero prefirió dejarlo pasar.
—¿Es cierto?— habló el ojidorado fríamente.
El corazón en el pecho de Kagome golpeó fuertemente y sus manos se congelaron mientras, de rodillas en el piso, abastecía el tazón del felino.
—Es cierto— volvió a hablar, pero esta vez lo afirmó; la vio levantarse y girarse, ella le sostuvo la mirada y luego de un par de segundos, desvió la misma —¡Ah!¡Maldita sea, Kagome!— alzó la voz sin controlarse y golpeó una silla cercana a él, y que al chocar contra la mesa, hizo temblar y caer un elegante florero sobre la misma.
Kagome cerró los ojos y su cuerpo tembló ante el estallido de furia… se molestó.
—¿Por qué? ¿Por qué demonios, Kagome?— volvió a reprochar el joven. Ya se había hecho a la idea, pero no creyó que teniéndola de frente y ver su figura frágil, y ante sus ojos, tierna, la viese como la persona que nunca creyó que fuese. No era más su Kagome angelical y pura… ella se había entregado tantas veces a otro cuerpo, uno que no la merecía en lo absoluto y que seguro sólo jugó con ella.
Kagome ladeó el rostro, y sus labios y manos empuñadas, temblaron.
—Quieres… quieres irte, Inuyasha— invitó con voz sombría y molesta.
—¿Qué?— preguntó molesto..., Kagome no lo podía estar corriendo.
—Que quiero que te vayas— aclaró —… si voy a recibir más reproches, no serán tuyos— agregó, por un momento se sintió avergonzada y sabía que le debía una explicación, porque a él también le ocultó cosas, pero verlo exigir respuestas de ese modo, despertó el carácter que pocas veces mostraba.
—¿Y por qué no?— su carácter testarudo también apareció— Tú sabías bien lo que nosotros…— agregó, ya no pensaba darle vueltas al asunto; ella como él sabía lo que ellos dos tendrían en un futuro cercano, aunque no lo hubiesen dicho abiertamente.
—¡Basta!— alzó la voz Kagome al tampoco intentar fingir que no sabía, ambos, incluso sus padres esperaban pronto un compromiso entre ellos—¿Y tú qué sabes?— reclamó—¿Lo recordabas acaso?, no tienes nada que reclamar. Fuiste tú el primero en fallar— finalizó al señalarlo con su dedo. Todos sus problemas y su situación emocional actual, se derivó del miedo que tenía de perderlo, en ese momento estaba muy enojada con él y con ella misma.
"¿Fallar?" pensó el ambarino.
—¿Qué quieres decir? ¿Qué lo hiciste por?— preguntó arrastrando molestia en sus palabras.
—No quiero decir nada, sólo vete. No eres quién para juzgarme— aseguró, ella era la primera en reprocharse, aunque ahora no se atrevía a arrepentirse de nada. Su mirada molesta tembló al fijarse en una similar dorada, y luego desvió la misma al intentar controlarse…
Kagome dejó escapar el aliento y se obligó a recordar que él no la forzó a nada, ese 'sí', al aceptar su complicada vida, salió sólo de ella; Inuyasha no la obligó, fue lo que sintió por él lo que lo hizo, lo que posiblemente seguía sintiendo debajo de todo ese embrollo sentimental que la aquejaba, ya no sabía.
El peliplata dejó caer su mano pesadamente sobre el respaldo de la silla que anteriormente había golpeado y resopló molesto.
Ella tenía cierta razón, ya lo había entendido antes de llegar ahí… debía calmarse si no quería arruinar todo definitivamente, Miroku, su madre e incluso el idiota de Shippo le advirtieron que algo así podría ocurrir. Contó mentalmente y se convenció de su teoría… Kagome sí se había enredado con el imbécil de Bankotsu, pero sólo había sido eso… ella no lo amaba, no podía hacerlo.
Apretó el puente de su nariz y lo soltó al decidirse no quedarse con alguna duda, observó a Kagome que se había recargado en la pared que dividía a la cocina y comedor del pasillo… ella evitaba verlo. Dejó escapar el aliento un poco más tranquilo y avanzó un par de pasos hasta acercarse.
—Kagome… tú… tú lo… ¿lo amas?— preguntó incrédulo y con voz baja. Un 'no' tenía que ser la respuesta.
Kagome mordió su labio, su cuerpo y sus ojos temblaron, éstos últimos ante la suavidad de la voz del peliplata, se aguaron.
Inuyasha negó despacio al fruncir el ceño y notar su cambio.
—¿Kagome?
Y ella volvió a revivir esos momentos con aquél moreno que no había intentado buscarla… dos ligeras lágrimas se derramaron a la mitad de sus mejillas.
El peliplata tragó pesadamente al cerrar los ojos. La escuchó sollozar y él dejó escapar el aliento sintiendo una punzada penetrar en el centro de su pecho.
Había perdido.
Kagome cerró los ojos y en ese momento estuvo más segura que nunca, que el amor que le tenía a Bankotsu lastimaba, y que él tampoco la amó de verdad… él nunca llamó o preguntó por ella. Estaba más sola que nunca y ella sola se puso en esa situación.
Sollozó una vez e intentó contenerse… no lo logró y posterior a eso, otro sollozo escapó; tapó sus labios avergonzada de su deplorable estado y de su ridícula fortaleza deshecha, e Inuyasha la abrazó.
El ojidorado apoyó su barbilla en la cabeza de Kagome al mismo tiempo que la aprisionaba contra la pared y su cuerpo… ella no logró contener el llanto y él la sintió temblar por el mismo.
Ahí él sintió el peso de su egoísmo. Si no se hubiese enredado con Kikyo, por mero y vano placer, Bankotsu no hubiese entrado en la vida de Kagome y ella no estuviese así… pudo haber sido únicamente de él.
—¿Cómo pasó?— le preguntó en voz baja al acariciarle el cabello, ¿cómo había surgido el amor? Ella había aceptado, sin necesidad de decirlo, que lo de ella y Bankotsu ocurrió por su culpa.
—No sé…— confesó sintiéndose envuelta en su abrazo y sin atreverse a devolverlo.
—Kagome…
—S-se… se acabó, Inu— aseguró Kagome con voz entrecortada… real o no, esa relación había terminado —… se acabó y yo… yo no…
No quería.
—Ah, demonios, Kagome— se lamentó el joven al entender, la apretó más fuerte contra él… la dejó luchar contra el llanto y no mencionó nada, la casa estaba en silencio, el mismo que sólo era cortado por el sonido de las manecillas de un reloj colgado cercano a ellos, el pasar de algún coche en la calle, y el gato que ronroneaba en los pies de Kagome después de haber comido.
—Lo siento… por todo— habló al apretar fuerte sus ojos y dejó escapar el aliento lentamente, ya no quería llorar, ella seguía siendo presa de una angustia dolorosa proveniente de aquél ser de ojos tan fríos y azules que nunca más apareció.
—Idiota— mencionó con su molestia disminuida el testarudo chico y la apretó más fuerte, ambos jóvenes sintieron en eso, el débil lazo de una mera amistad uniéndolos, Kagome tragó pesadamente por eso y él se negó a ello —. Quédate conmigo, Kagome… sé mi novia.
Los ojos todavía llorosos de la pelinegra temblaron cuando él la soltó y la vio a la cara.
Separó los labios y no supo cómo actuar —Y-yo…
Entonces él no la dejó hablar, tomó de su barbilla y unió sus labios a los entreabiertos de ella, para luego presionarla contra la pared que nunca abandonaron y profundizar el beso.
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O.O.O.O.O
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—¿Expulsado? ¿Otra vez?— sermoneó el hombre mirada rojiza, luego de haber escuchado por los propios labios del moreno esa información. Se molestó, comenzaba a fastidiarse por su falta total de madurez y compromiso con la empresa.
Bankotsu guardó silencio unos segundos, su mirada era fría y carente de emoción.
—Eso oiste— volvió a mencionar arrastrando un molesto fastidio en sus palabras, mientras agitaba desganado el vaso de licor que mantenía en su mano; el quinto de esa mañana.
—Totosai no va a estar nada contento con esto— recordó Naraku —¿Lo sabe ya?
—Como si me importara— respondió cortante.
—Debería, ¿acaso quieres volver a perder tus…?
—¡Ya basta con sus estupideces!— alzó la voz molesto al levantarse de uno de los sofás de la elegante sala que formaba parte de esa oficina presidencial… caminó y posteriormente se detendría frente al enorme ventanal que le mostraba gran parte de la fría ciudad —… Soy el maldito dueño de esta empresa y no pienso volver a permitir algo como eso— advirtió fríamente mientras lo veía del mismo modo.
Naraku resopló al llevarse una mano al puente de su nariz… si no tuviera asuntos más importantes, se tomaría el tiempo de sermonearlo hasta fastidiarlo, pero ahora tenía un asunto más delicado que tratar con él.
—Como digas— cedió sin mayor molestia—. Ahora colócate el saco, también eres la imagen de este lugar y en este momento tendremos una reunión importante— aconsejó e informó.
Bankotsu volvió a beber del embriagante líquido obscuro y quemante, mientras su mirada se perdía en un punto alejado de ellos.
—¿Reunión?— preguntó fastidiado sin voltear a verlo.
Naraku ajustó las elegantes mancuernillas en su camisa y luego alzó la vista al moreno de larga trenza que seguía con su camisa doblada hasta los codos… rodó los ojos.
—Sí, reunión— le recordó —. Te lo dije anoche que te cité aquí.
El moreno terminó su bebida y se giró para dejar el vaso de cristal sobre la pequeña mesa de centro y avanzó.
—Debí olvidarlo— mencionó con simpleza mientras tomaba, del respaldo de otro de los sofás, su saco —. Además, tengo casi media hora esperándote aquí, así que debo irme— añadió al sujetar con dos de sus dedos el saco para hacerlo colgar por su hombro.
Naraku omitió la molestia que le provocaba la desfachatez y rebeldía de aquél de ojos azules y lo siguió.
—No juegues ahora — habló creyendo que lo hacía.
—No lo hago. Citar a una persona antes de tiempo, es una falta de respeto, además, todavía no tengo nada que hacer en una junta de consejo o lo que sea— dijo al abrir la puerta y comenzar a salir, era el dueño, pero no oficial hasta no tener los papeles que lo abalaran como tal, y esos todavía seguían en manos de Totosai como abogado y consejero fiel de su fallecido padre.
—¿Desde cuándo te importan a ti las faltas de respeto?— ironizó al preguntar indignado, por la comodidad como él ajustaba las cosas a su conveniencia — La reunión de ahora es con el abogado de uno de tus todavía socios— agregó al hacerlo detener.
Bankotsu volteó de medio lado en medio de ese gran espacio de recepción.
—Entonces encárgate— ordenó seriamente —. Ahora tengo algo que hacer— cortó y avanzó, últimamente le resultaba difícil permanecer en un mismo sitio durante mucho tiempo.
Su mirada azulina observó fugazmente a la secretaria de presidencia -que por el momento estaba bajo la orden directa de Naraku-, ésta le indicaba a un alto y elegantemente vestido peliplata la dirección que debería tomar, y un vago interés surgió al reconocer rasgos familiares en el sujeto hasta ahora desconocido para él.
Llamó al elevador y volteó de medio lado a observar al sujeto que también parecía interesado en su presencia… su rostro se mantuvo estoico, la soberbia y autosuficiencia se mezclaban con el poco interés de estar ahí, y por un par de segundos sus ojos azules se fijaron en los fríos del altivo y orgulloso ojidorado; el moreno ignoró la molestia que le provocaba solo verlo y giró su vista cuando la puerta del elevador frente a él, se abrió.
—Joven, Bankotsu— lo llamó la chica al acelerar su paso para alcanzarlo.
—¿Qué ocurre?— cuestionó secamente, la figura del peliplata que ahora era recibido por Naraku lo fastidió.
La chica que esperaba que bajara del elevador, tuvo que hablar al no percibir intención de su parte de hacerlo:
—E-el… el señor Taisho ha pedido verlo— explicó la joven al señalar con su rostro la dirección del joven, que era invitado por el de ojos rojizos a la elegante sala de juntas donde ya una decena de directivos debían estar esperando.
"Taisho" pensó molesto… así que no era una sola coincidencia… ¿qué demonios querría un Taisho en su empresa?
La puerta del elevador sonó al comenzar a cerrarse y los ojos fríos del moreno siguieron el camino de ese sujeto.
—Ah… ba… ¿bajará?— preguntó la joven que intentó meter su mano a impedir el cierre de las puertas.
—No. Naraku se encargará, yo ya voy de salida— se negó fríamente, en ese momento no tenía ganas de lidiar con nadie.
—Pero, joven..., señor— insistió en voz baja la delgada chica.
Bankotsu se recargó en las relucientes y frías paredes metálicas del elevador, mientas las puertas terminaban por cerrarse. Sus ojos se deslizaron a alguna esquina de ese elevador y sin importarle más, se decidió a ir.
•
O.O.O.O.O
•
Kagome suspiró tratando de darse ánimos… otro día comenzaba, eran cerca de las nueve y por fortuna ese día sólo tenía un par de clases.
Su mirada cansada prestaba atención a guardar los pocos libros que ese día necesitaría, presentaba ya un par de ojeras de las constantes noches de desvelo; a pesar de tener algo de tiempo entre su trabajo para estudiar, y las horas que ganaba en la universidad para el mismo fin, parecía no concentrarse, por las noches, después de llegar de trabajar, intentaba seguir estudiando… la noche anterior se había levantado completamente agotada de ese escritorio y ni tiempo tuvo de guardar sus libros… y ni así había servido de algo.
Su cama se sentía inmensa y fría, el silencio de la casa y la soledad de la misma parecían perturbarla más que calmarla, como lo harían con cualquier otra persona.
—Vamos, Kagome… no empecemos mal el día— se suplicó y negó en silencio para espantar las ideas apesadumbradas de su cabeza. Con su mochila al hombro se dirigió al armario y sacó un elegante abrigo blanco que acompañó los jeans de mezclilla, cerraría la puerta corrediza de inmediato para evitar ver las prendas del moreno que se habían quedado con ella.
Bajó corriendo las escaleras y salió de su casa con prisa, el día otra vez era frío y un cálido vapor salió por sus labios al separarlos con sorpresa, al ver nuevamente ese auto estacionado al frente.
—¿Tarde?— preguntó el ojidorado de pie frente a su coche.
—Ah… algo— mencionó ella y apenas pudo sonreír.
—Te llevo— animó el joven con al indicarle con el rostro que lo acompañara.
Ella frunció el ceño apenada —Lo siento, Inuyasha… no quiero molestarte, no debiste venir; yo, yo viajo en mi auto por practicidad— explicó —, tengo el tiempo justo para volver y…
—Yo estaré esperando cuando terminen tus clases— interrumpió el ojidorado al avanzar a ella y abrazarla para obligarla a caminar.
—Nuestros horarios no coinciden— le recordó la joven.
Inuyasha negó y sonrió irónicamente —Hace más de una semana que estoy suspendido, Kagome.
—¿Qué?— preguntó la sorprendida chica.
Él le abrió la puerta del coche y le ofreció subir — Desde la pelea con Bankotsu fui suspendido, de verdad me sorprende que no lo hayas notado— mencionó el sentido joven y Kagome separó los labios sorprendida —. Sube— dijo y ella obedeció sin decir más.
"… entonces por eso él tampoco se ha presentado" pensó y no prestó atención al ojidorado que subió a su lado y enseguida encendió el motor.
—¿Cu… cuánto tiempo los suspendieron?— preguntó viendo al frente y jugando nerviosa con el cierre de su mochila.
—Quince días a mí— dijo secamente y la vio de reojo, notó el temblor en sus labios al querer preguntar por el imbécil de Bankotsu y se molestó —. A él lo expulsaron.
—¿Qué?— preguntó volteando a ver, sus ojos se abrieron con sorpresa y medio cuerpo giró a él.
Él fingió no darle importancia aunque apretó el volante en sus manos.
—El rector nos mandó llamar y el idiota ni siquiera se presentó— añadió. Mientras más rápido supiese lo ocurrido, más rápido lo enfrentaría y quizás superaría… era un proceso, se recordó —. No es la primera vez que se mete en líos así que…— finalizó para encogerse de hombros.
Kagome volvió su vista al frente cuando Inuyasha dejó de hablar, un gusto amargo se posó en su boca… no, no era la primera vez, también estaba aquella otra cuando él y una chica… Se rascó el cuello incómoda y pretendió no sentir nada.
—Hoy… hoy hablaron mis padres— mencionó para cambiar el tema, pues sentía el ambiente pesado entre ambos.
—¿En serio? ¿Cómo está todo?— preguntó el peliplata al voltear a verla.
—No sé exactamente— confesó y trató de concentrarse en el tema —. Mamá dice que papá sigue ocupado, presionando un par de socios en el extranjero, me explicó que derivado de un mal negocio aquí, hubo una especie de reacción en cadena en sus tratos fuera del país— explicó y frunció el ceño al explicar lo poco que ella sabía —. Papá sólo dijo que todo estaba bien y que ya había alguien encargándose de todo.
—¿Alguien?
—Ajá— aceptó Kagome —. Tampoco me dijo quién. Dicen que debo ser responsable y me tratan como una niña, nadie me dice nada.
Inuyasha esbozó una débil sonrisa irónica.
—Creo tener idea quién puede ser ese alguien— mencionó y siguió manejando. Sólo eso pudo haberlo regresado al país después de largos años de ausencia. Maldito.
—¿Ah, sí? ¿Quién?— preguntó curiosa.
—Sesshomaru— arrastró con desprecio.
—¿Sessh?— mencionó sorprendida —¿Todavía te molesta?
—Feh, jamás lo lograría— mintió y Kagome se percató de ello.
La mirada dorada del chico se clavó en la larga autopista por donde ya conducía… nunca había soportado a su estúpido medio hermano, pero lo que hizo que lo aborreciera, fue una ocasión, poco antes de entrar a la universidad…, sus padres sacaron a tema a Kagome, y como se hacía costumbre se mencionó el futuro compromiso, la unión Taisho y Higurashi era muy bien vista desde cualquier punto… él se había dejado caer en el sofá, después de haber llegado de un entrenamiento de baloncesto y fanfarroneó sobre tal hecho, pero Sesshomaru lo descartó como un digno representante de su familia para tal acontecimiento… Todavía no olvidaba la mirada fría que le dio en ese momento y cómo algunas bromas surgieron por ello, pero él, había visto seriedad en sus palabras; todo lo molestó más cuando su padre aseguró –con cierta gracia- que lo pensaría.
El menor de los Taisho resopló fastidiado y negó en silencio… para su fortuna, poco después de eso, Sesshomaru había partido del país, su nombre comenzaba a tener peso en el mundo legal… 'el joven prodigio' pensó fastidiado.
Maldito fuese.
•
O.O.O.O.O
•
—Gra-gracias por traerme— mencionó la pelinegra, al ver la hora en el sencillo celular que se había comprado.
—¿A qué hora paso por ti?— cuestionó el chico al bajar con ella y tomarla de la mano, impidiéndole caminar.
Kagome dejó escapar el aliento y ladeó el rostro —Inuyasha…
El ojidorado llevó una de sus grandes manos a la mejilla de Kagome y la atrajo hacia él, para despacio inclinarse a besar sus labios.
Kagome se sorprendió y pegó sus manos en el pecho, pero Inuyasha la abrazó por la cintura, evadiendo su mochila y profundizó ese beso.
Kagome cerró los ojos.
"Si de verdad quieres alejarte y olvidarte de él… quédate conmigo" recordó la oferta que el día anterior le había hecho el peliplata y motivada por la pasión que el mismo imprimía en el beso, ella le permitió continuar.
—Inuyasha…— lo nombró luego de dejar despacio sus labios.
Él sonrió débilmente —Parece que aceptaste— mencionó y despegó con sus dedos un par de cabellos negros que se habían pegado a la mejilla de la chica.
—Yo— dijo y se detuvo —… no sé.
—Mph— se burló al pararse correctamente —. Creo que ahora es mi turno de decir que no estás jugando conmigo, ¿cierto?
—¿Qué?
—Ambos sabemos qué hacemos, tú lo quieres olvidar y yo quiero que lo hagas… él no te hace bien y yo sólo quiero estar contigo. Merezco ser ahora una segunda opción— añadió mientras su sonrisa se apagaba.
Kagome negó y frunció el ceño.
—He venido haciendo las cosas mal… no quiero…
—No quiero que estés sola… ¿y tú?— interrumpió, ya no podía pensar en su orgullo, la pregunta había sido si la quería lo suficiente para olvidar y afrontar las consecuencias de sus actos, o no… y ahí estaba.
Kagome negó despacio con la cabeza… ella tampoco quería estar sola.
—Paso por ti a las dos, ¿está bien?— preguntó el joven que había entendido su aceptación.
Kagome tragó pesadamente y asintió.
Inuyasha volvió a besar fugazmente sus labios antes de girarse para partir.
"… este fue el camino que siempre busqué" se recordó Kagome al también girarse… si las cosas no se hubiesen salido de control con Bankotsu, eso, su relación con Inuyasha sería lo normal "Está bien. Puedo con esto" se aseguró y avanzó ignorando las miradas de las personas ahí presentes.
• • •
Kagome suspiró cansadamente al apenas haber iniciado su primera hora y recargó su cabeza en la palma de su mano, para disponerse a copear algunas fórmulas y datos que el profesor, uno de los más reconocidos de su carrera en el país, había plasmado en el pizarrón.
"Sólo esta clase" pensó, sólo debía terminar esa clase, luego tendría un pequeño descanso en el que aprovecharía para visitar a sus amigas en los dormitorios, luego dos clases más y podría irse. Necesitaba dormir más, se sentía agotada.
—En cinco minutos borro el pizarrón y pasamos al siguiente tema— avisó el profesor que se sentó frente a su escritorio, toda su atención recaía en su portátil encendida.
Los ojos chocolates viajaron de la pizarra a su cuaderno varias veces, ignorando a los diversos estudiantes que charlaban frente a ella, escuchó murmullos sobre cierta fiesta y lo divertido que sería y sólo pudo negar en silencio… desde hacía meses que ella no tenía vida social. Era un desastre.
—Permiso, profesor— la voz fría y varonil que se escuchó en toda el aula le espantó el sueño y cualquier idea que pudiese tener… parecía que habían pasado años sin escucharlo.
—Adelante, joven, creo saber a qué viene— con un movimiento de manos, el profesor le indicó acercarse.
Kagome enderezó su cuerpo y siguió con su mirada la figura del moreno mientras atravesaba frente a todos… su corazón la traicionó al acelerarse y ella tragó dificultosamente.
Los murmullos a sus espaldas no tardaron, ya pocas personas prestaban atención a la pizarra, algunas chicas veían tanto al recién llegado, como a ella misma al cotillear los rumores ya muy alterados que por el lugar corrían, otros ignoraban todo y se dedicaban a sus asuntos, omitiendo deliberadamente el sermón que el profesor terminaría dándoles.
Entre el murmullo generalizado apenas alcanzó a escuchar algo de lo que Bankotsu hablaba… pudo entender que ese profesor era como su asesor en tesis y próximamente alguien base para una maestría que pensaba tomar. Ella mordió su labio al darse cuenta que habían tantas cosas que nunca hablaron, de pronto sus ojos se abrieron más al verlo girar su mirada por el lugar, y luego de pasarla por algunos estudiantes, se detuvo en ella… Kagome separó sus labios y perdió el aliento… la mirada del moreno se tornó más fría y volvió su atención al hombre que terminaba de escribir en una hoja que pronto le ofreció.
El estómago de Kagome se apretó y su pecho dolió.
Lo vio asentir y agradecer para de inmediato salir.
—¿Terminaron?— preguntó el profesor al grupo.
Los estudiantes se movieron fingiendo naturalidad y negaron al cuestionamiento.
—Siento escuchar eso— mencionó el hombre que se puso de pie y comenzó a borrar.
Kagome tragó pesadamente al bajar su mirada a su libreta, ni siquiera se preocupó por no haber escrito nada, en su mente sólo estaba esa mirada fría que recibió… no había nada en él que le indicara que le agradara verla, ni siquiera notó apatía… él estaba molesto.
¿La odiaba?
Su cuerpo tembló y negó en silencio al ponerse de pie. No podía creer eso. Se reprendió mentalmente mientras abandonaba el aula, siendo ignorada por el profesor… era egoísta pretender no tener su desprecio, pero no cabía en su cabeza que él también había fallado y no lo entendiese… ella dijo no amarlo, pero él dijo que él si la amaba… entonces ¿por qué olvidarlo?... no, no sólo olvidarlo, olvidarlo podría estar bien… pero ¿odiarla?¿detestarla? eso había visto en su mirada y su pecho había dolido.
Sus pasos se aceleraron pretendiendo alcanzarlo antes de que girara por el pasillo.
¿Qué iba a decirle? ¿Qué todo debería estar bien entre ellos? "Soy una tonta" pensó… ni siquiera sabía cuáles serían las palabras que saldrían de sus labios cuando lo tuviese enfrente, aun así no se detuvo.
—¡Bank!— una voz de mujer detuvo los pasos de ambos.
"¿Kikyo?" pensó al verla aparecer, justo del lado contrario donde el moreno daba vuelta. Sus pasos se detuvieron lentamente y quedó de pie a la mitad del pasillo, a escasos diez metros de alcanzarlos.
Ellos cruzaron un par de palabras y la chica se fue colgada de su brazo, con la complacencia de él.
Kagome perdió el aliento y de pronto no supo ni qué hacer con sus manos, terminó por apretarlas una con la otra, las sintió heladas… ¿entonces era verdad lo que dijo Inuyasha? ¿Bankotsu y Kikyo?
"Tal vez ellos siempre…" pensó y su estómago se revolvió. Era una idiota… ¿cómo pudo creerle? ¿por qué se sentía mal por haberse alejado de él, cuando él la había cambiado en unos días?
"Tú haces lo mismo" le recordó su conciencia.
—No— dijo molesta al sentir sus ojos aguarse. No era lo mismo… ella seguía queriéndolo, todavía sentía ese estúpido amor quemándole por dentro, doliéndole.
Bankotsu en cambio… era un maldito mentiroso, pasó de amarla a odiarla en diez días.
Y ella se sentía morir, un día tras otro.
—¿Por qué?— se preguntó dolida mientras se obligaba a regresar.
¿Por qué si Bankotsu también había tenido mucho que ver en esa relación… por qué solo ella parecía afectada?
Él le mintió, le mintió al decirle que la amaba. Tenía que ser eso. Entonces la teoría de Inuyasha no estaba tan equivocada… quiso odiarlo.
Malditos sean sus sentimientos de los que todavía era presa.
•
O.O.O.O.O
•
—¿Y? ¿A qué debo el honor de tu visita?— se burló el joven afeminado mientras se sentaba volteado en la silla, apoyó su barbilla sobre el respaldo y observó al moreno acostarse en el sofá frente a él.
—Deja de fastidiar, necesito matar el tiempo, debo ver al rector, pero el imbécil no llega hasta después de una hora— dijo fastidiado mientras colocaba sus brazos cruzados sobre su frente al cerrar los ojos, al apenas haberse librado de Kikyo. Se sintió agotado, últimamente no había dormido bien.
Jakotsu sonrió de medio lado —Vaya, no esperaba que fueses tan sincero.
El moreno guardó silencio.
—Escuché que lo tuyo y Kagome…— mencionó tanteando el terreno.
—Fue una estupidez— interrumpió secamente.
El chico alto y castaño torció los labios mientras pensaba que esa conversación era más interesante que los libros que lo esperaban abiertos tras él.
—¿Dejarla o la relación?— preguntó curioso.
—La estúpida relación, por supuesto— aclaró comenzando a molestarse.
El otro alzó ambas cejas —Se miraban tan bien juntos…
—¿Quieres cerrar la boca?
—¿Por qué? Sólo digo lo que pienso. Te veías contento con ella, y ella…
La sangre del moreno se calentó —¡Suficiente con tus estupideces!— advirtió al ponerse de pie y verlo seriamente.
Jakotsu se encogió de hombros —Bien, si tú dices— dijo y se giró para sentarse correctamente en la silla, para comenzar a retomar sus estudios.
—Creo que tienes razón… fue una estupidez, hoy la vi besándose con Inuyasha— prosiguió el chico en tono serio… prefirió no voltear y encontrarse con la mirada azulina gélida y molesta, al comenzar a escribir.
Bankotsu tensó la mandíbula y volvió a sentarse.
—Aunque supongo que a ti tampoco te importa… ¿qué tal es Kikyo en la cama luego de pasar por Inuyasha?— agregó despreocupado y siguió sin verlo.
—No es asunto tuyo— cortó fríamente.
El chico sonrió —¿Todavía la quieres?— preguntó con un aire divertido, al referirse a la gélida pelinegra.
—¿Y qué si así fuera?— respondió en un extraño tono inexpresivo al echar su cabeza hacia atrás, logrando que el otro frunciera el ceño.
—¿Qué demonios te hizo Kagome?— volteó a verlo y preguntó seriamente. Bankotsu no podía estar hablando en serio, pero su tono no le gustó.
El ojiazul pestañeó lentamente y su mirada, clavada en el blanco techo, volvió a su frialdad habitual.
—Abrirme los ojos, nada más. Estaba siendo un imbécil— respondió secamente "su imbécil" pensó molesto —. Las cosas volvieron al camino que en un inicio se acordó.
—¿Y por eso estás con Kikyo?— interrogó sin ocultar un rastro de molestia, esa chica no amaba a nadie.
—Me la he llevado a la cama un par de veces— confesó. Kikyo había aparecido en el momento exacto, sin decirle cómo.
El chico no dijo nada y volvió al frente y a sus libros —Irónico— habló después de largos segundos —, pensé que la tomabas como un spa de pene, no creí que la quisieras en serio después de lo que te hizo— finalizó su agrio comentario.
Bankotsu no dijo más… de nada había servido intentar que las cosas funcionaran con Kagome. Todas las mujeres eran iguales, después de todo… él también la había visto besarse con Inuyasha hace unas horas.
Ya qué más daba… todo se había ido a la mierda y a ella no le importó después de todo.
•
O.O.O.O.O
•
—¡Ah, estoy muerta!— exageró Yura al dejarse caer sobre una banca metálica en la cafetería y tirar de mala gana su mochila —¿Pueden creer que con el frío que hace los maestros tengan la maligna intención de llenarnos de tareas?... yo sólo quiero envolverme en mi cama— se quejó al apoyar cansadamente su rostro en la mesa.
—Yo apoyo eso— respondió Sango al tomar de su vaso de café caliente.
—¿Y tú? ¿qué demonios tienes?— volvió a hablar Yura al ver a Kagome con la mirada perdida en su humeante café.
—Nada— respondió de inmediato y sin mucho ánimo, lo que hizo fruncir el ceño a la pelicorta.
—Será mejor darnos prisa, Kag ya terminó con sus clases, pero tú y yo todavía te-…— intervino la castaña antes de que su amiga hablara.
—¿Los viste cierto?— mencionó Yura seriamente haciendo cerrar los ojos a Sango.
Kagome volteó a verla y volvió a desviar su mirada al café —no sé de qué hablas— dijo y agitó la bebida caliente con el pequeño popote que contenía.
Yura sonrió irónicamente.
—Te lo dije.
—Yura— intervino Sango también con seriedad —, será mejor que…
—Te lo dije, Kag— suavizó su voz y Sango guardó silencio.
Kagome negó en silencio y se le rasaron los ojos —Supongo que ahora ya no importa… no necesitas decirlo, sé lo que dijiste y por supuesto que también recuerdo por qué lo hice— dijo y vio a los ojos a la pelicorta —¿Crees que se me ha olvidado lo que sentí, al y por dejarlo?— le cuestionó con voz calmada y una lágrima amenazó por desbordarse.
Ahora quien negó fue Yura.
—Por Dios, Kagome, él recién se aparece por la universidad y ya se estaba besando con Kikyo, ¿vas a dejar que eso que tenían se acabe solo por no arriesgarte?— mencionó la chica con la calma que no creyó tener, pero intentando abrirle los ojos.
Sango desvió el rostro incómoda.
"¿Besándose?" pensó Kagome y su cuerpo tembló por dentro.
—Kagome intenta superarlo, creo que al menos debemos dejarla tomarse su tiempo— añadió Sango que ya no sabía qué pensar.
Yura suspiró profundamente y derrotada —Como sea, tampoco es como si ya importara algo— cedió la chica.
Sango rodó los ojos —¿Por qué?— y peguntó lo mismo que Kagome no se atrevió a preguntar.
Ella negó despacio —Acaba de aparecer en la universidad y ella se le pega como lapa, cualquier ser pensante, entiende que esos dos se traen algo desde antes— explicó y a Kagome pareció cerrársele la garganta.
—De-debo irme— dijo apenas con voz, su estómago estaba otra vez traicionándola.
—Pero Kagome, aun no son las dos, te vas a congelar— habló Sango al ponerse de pie y verla comenzar a irse.
—¿Por qué se congelaría? No exageres, irá en su coche— respondió con simpleza Yura al comenzar a tomar del café de la castaña.
—Inuyasha quedó en venir por ella.
—¿Qué?— preguntó entre sorprendida y decepcionada. Sango le contó a grandes rasgos lo que Kagome apenas había tenido ánimos de contarle —. Entonces sí… ¿decidió seguir adelante?
•
O.O.O.O.O
•
Los pasos de Kagome perdieron velocidad conforme comenzaba a alejarse de la cafetería, lugar de donde prácticamente había salido huyendo. Ahora caminaba con la mirada gacha, sosteniendo su negra mochila sobre su hombro… su cabello fue mecido con una suave brisa fría y ella suspiró agotada mientras se abrazaba a sí misma, ni el cálido abrigo la calentaba.
Ignoró la presencia de varias personas que caminaban con ella, o en dirección contraria, por ese sendero que la llevaría al estacionamiento. Los altos árboles y su sombra apenas visible, no hacían más que enfriar todavía más esos sectores.
—Todavía deben faltar casi quince minutos— mencionó desanimada al llegar al punto donde comenzaba el estacionamiento, sin ánimos de pensar más en lo que recién se había enterado.
Suspiró y siguió avanzando. Recorrió varios metros y finalmente decidió detenerse en una banca de madera a esperar, se deshizo de su mochila al colocarla sobre la banca y se sentó a su lado e intentó esperar tranquila, pero la ansiedad que sentía en el estómago y que no lograba evadir, la hizo ponerse de pie.
—Esto ya no lo debería de sentir— se regañó al sentir otra vez ganas de llorar. Bankotsu estaba con Kikyo… ahora él y ella… su piel se erizó al recordar las noches que ellos dos pasaron juntos, y ahora sabía que era aquella soberbia chica la que estaría en su lugar… se asqueó de imaginarlo —. No debería de importarme— se recordó y sus pies se movieron lentos hasta colocarse tras la banca, se sentó sobre el respaldo de la misma y golpeó sus dedos contra la vieja madera, controlando su ansiedad.
Apretó el puente de su nariz y trató de respirar con calma, de pronto el sonar de su móvil la hizo respingar.
—¿Ho-hola?— saludó sin siquiera ver el número en la pantalla.
—¿Kagome?
—Ah, hola Inuyasha— saludó con poco ánimo.
—Estoy por llegar, ¿estás lista?
—Ah, sí —suspiró—, ya estoy aquí— mencionó y mordió su labio al bajar la mirada y levantarse de la banca.
—Estaré en menos de cinco minutos, ¿está bien?
—Muy bien— dijo y fingió una sonrisa mientras se detenía a observar el rugoso tronco de un árbol cercano, al haber ingresado al jardín.
—Entonces nos vemos— mencionó el joven del otro lado al seguir conduciendo —, Kagome… te quiero— mencionó por último con un timbre más serio.
—Y…— dijo y dudó — y, y yo a ti… Inuyasha— finalizó casi en un susurro mientras apoyaba su mano en el viejo tronco —… te… te quiero— dijo y bajó la mirada al sentirse extraña.
El peliplata aseguró una vez más que no tardaría y cortó la llamada después del 'te espero' de Kagome y ella devolvió su móvil al bolsillo trasero de su pantalón.
—Patético, ¿no crees?— la voz fría del ojiazul la hizo soltar una exclamación de asombro e intentó voltear, pero él se paró detrás de ella y enredó uno de sus brazos en su cintura.
Kagome tembló al volverlo a sentir tan cerca, volteó de medio lado y observó su sonrisa torcida y molesta… frunció su ceño al fingir normalidad.
—¿Qué es lo patético?— logró que su voz sonara clara, no lo sintió acercarse… ¿qué demonios hacía ahí?¿y por qué no estaba con Kikyo?, al recordarlo su mirada también se endureció… ella estaba molesta con él.
Él sonrió de medio lado.
—Decirle te quiero, ahora a él— mencionó soberbio y su aliento fresco chocó con el cabello negro de Kagome.
"¿Qué?" pensó molesta… ¿él estaba reclamando? ¿Él?
—Para mí no lo es— aclaró y quiso girarse para enfrentarlo, pero él no la dejó al deslizar su mano de su cintura a su vientre y presionarla contra él. Kagome se quedó quieta cuando Bankotsu la hizo pegarse al tronco de ese árbol mientras la abrazaba desde su espalda.
—¿Entonces lo amas?— preguntó roncamente y con ironía. Kagome pegó sus manos al tronco y se estremeció bajo su tacto —¿Amas de verdad a ese imbécil? ¿O también es mentira?— preguntó y tras ladearle el cabello, rozó su nariz en su cuello, haciéndola estremecer, pero también torturándose él mismo.
—Sabes lo que siento— dijo ella molesta, pero sin forcejear contra él.
Bankotsu sonrió molesto una vez más… era un imbécil, ya la había mandado al diablo luego de esa noche… él había pisoteado su orgullo por ella muchas veces y al final no sirvió de nada; esa mañana al verla besarse con el imbécil de Inuyasha terminó por convencerse que hizo lo correcto… y hace un segundo estuvo a punto de pasarla de largo, pero había preferido acercarse, sólo otra vez.
—¿Y él te ama?¿aun después de saber que tú y yo…?
—Inuyasha no es ningún patán— aclaró ella molesta y tras empujarse contra él, obteniendo espacio, se giró y lo vio a los ojos.
Bankotsu sonrió al verla a la cara, ella estaba molesta y él en un acto inconsciente le acarició el rostro, perturbándola.
—Él no te va a amar como yo— le habló sobre los labios al querer besarla.
Kagome frunció el ceño y su estómago se revolvió en molestia.
—¿Cómo tú? Ni siquiera lo digas, mentiroso— reprochó y sus ojos estuvieron a punto de llenarse del agua salada de sus lágrimas.
Bankotsu sonrió al entender el porqué de sus palabras. Así que sí le dolía.
—Piensa lo que quieras— cortó roncamente y le acarició con el pulgar los labios, deseando besarla y provocando el mismo estúpido deseo en Kagome.
—Precisamente eso hago— dijo ella con voz dolida al verlo a los ojos —. Creí conocerte, a ti y a mí misma— dijo y desvió la vista para de inmediato volver a verlo y a hablar —, pero me equivoqué, y ahora estoy segura que tomé la decisión correcta, me quedé con la persona que me conoce y me quiere de verdad. Tú y yo siempre fuimos un error— finalizó la pelinegra buscando convencerse, para luego intentar irse, pues su móvil había comenzado a sonar, prueba clara que el ojidorado había llegado ya.
—Mph, ¿un error?— mencionó al soltarla y apoyar su mano en el tronco del árbol, impidiéndole alejarse — No puedo estar más de acuerdo— soltó fríamente sorprendiendo a la chica —. Pero ese imbécil no te conoce— le aclaró al verla a los ojos.
—¿Qué puedes saber tú?— soltó molesta y apoyó una de sus manos en su pecho para alejarlo, su móvil había dejado de sonar e Inuyasha podría llegar en cualquier momento.
—Porque soy yo quien te conoce, Kagome— dijo y apoyó sus antebrazos sobre el tronco del árbol y se inclinó para verla a la cara… Kagome retrocedió hasta pegar su espalda al árbol.
—Déjame ir— susurró nerviosa y molesta.
—… Conozco todo de ti— prosiguió el moreno y los ojos de ella temblaron, Kagome notó la profundidad de esas orbes zafiro —. Cosas que ni tú conoces— habló con voz ronca y ella frunció el ceño… sí, seguro sabía mucho de tantas chicas… ella era una idiota por estremecerse por él.
—Eres…
—Dime, ¿él te conoce ya en la intimidad?— preguntó eso que lo estaba quemando por dentro y ella abrió los ojos sorprendida — ¿Te conoce en esos momentos? ¿Te ha tenido como yo te tuve?— su voz fría ocultó los celos que le hirvieron la sangre por días.
—T-tú y yo…— mencionó Kagome al achicar los ojos e intentar mantenerse firme —, tú y yo sólo tuvimos sexo… no hubo más, no me conoces— aseguró y tragó ligeramente —. Viste de mi lo que quise que vieras— aseguró. Él la había desechado ya, la había remplazado incluso antes –estaba segura- que ella intentara siquiera pensar en hacerlo, no podía demostrar dolor.
—Sé más de ti de lo que te gustaría que supiera— le dijo y llevó una de sus manos a acariciarle la mejilla, mientras resbalaba sus labios por la mejilla contraria. Kagome se paralizó —. Sé que te gusta que te diga vulgaridades, aunque te avergüenza que lo haga… te gusta que te toque y adoras acostarte conmigo, que te hable al oído, justo como ahora— le dijo y dejó un fugaz beso en su oreja, la sintió temblar y él comenzó a excitarse —. Conozco tanto de ti, cada gesto y sonido cuando te penetro y te hago el amor— volvió a mencionar y la piel de Kagome se erizó cuando el corazón le golpeó fuerte en el pecho—, eres maravillosa en la cama; y también sé que eres pésima cocinando aunque siempre te esfuerzas… eres tan estúpidamente ingenua… tienes esa cara de ángel y nadie se imagina siquiera la forma que tienes de entregarte al hacer el amor— volvió a hablar y una lágrima de Kagome rodó.
—Y-yo…— dijo con voz temblorosa, cuando el intento de fortaleza cayó.
—… conozco tu patético gusto por las cosas rosas y de ranas, ositos o perritos— volvió a hablar roncamente y la vio a los ojos llorosos —. Sé que eres tan necia que crees que amas a Inuyasha cuando en realidad nunca lo hiciste— agregó y los ojos de ella temblaron —. Y sé eso, Kagome— dijo y volvió a acariciarle el rostro —, porque sé cosas de ti, que ni tú misma conoces— mencionó y un brillo de desprecio volvió a sus ojos al dejarla.
El móvil de Kagome volvió a sonar y ninguno le prestó atención.
—¿Con qué… con qué derecho dices todo eso?— reprochó Kagome que soportó el ardor en su garganta.
—No necesito derechos, Kagome— mencionó secamente al verla de manera fría desde su altura al dejarla libre —. Solo quería desmentir tus palabras, y demostrarte lo que eres… una cobarde— finalizó al darse media vuelta.
Ella frunció el ceño sobre esos llorosos ojos —¿Cobarde?— mencionó más para ella misma.
—Pero ya no importa, como sea, es la última vez que nos vemos— aseguró al partir.
El corazón de la pelinegra se apretó y cada latido que dio, le dolió fuertemente… "¿última vez?"
El moreno salió del jardín y se metió entre los autos estacionados y Kagome no se pudo mover… su respiración pesada escapó por sus labios cuando, ante su visión borrosa por las lágrimas, vio a aquella fría y elegante pelinegra llegar al auto del moreno que la acababa de dejar.
Aspiró lenta y entrecortadamente… Bankotsu subió al auto, y Kikyo subió tras él. Kagome mordió su labio hasta casi sangrarlo para evitar llorar abiertamente… ella sabía que pasaría entre ellos dos después.
Bankotsu sólo había ido a decirle lo estúpida que fue y ahora a ser él el que la dejara. Sollozó al liberar su labio e hizo chocar su espalda contra la dura corteza del árbol nuevamente… era patética, seguro Bankotsu la había visto al partir, aunque ahora ya no le importara nada.
Maldición.
Tragó pesadamente al llevarse una mano a ocultar sus llorosos ojos… ¿qué iba a hacer?
—¿Kagome?— la voz extrañada del peliplata sonó cercana ella —¿Estás bien?¿Kag?— volvió a mencionar el ojidorado al ingresar al jardín y tomarla de los hombros.
Kagome se abrazó a él y ya no le importó cuidar su llanto. Sollozos e hipeo acompañarían sus lágrimas mientras era contenida por el frustrado peliplata. Kagome lloraría, sólo esa vez más, y se prometió que lo olvidaría, ella lo olvidaría como Bankotsu acababa de demostrarle que lo había hecho.
… amaría a Inuyasha y le demostraría cuánto se equivocó.
Estaba decidida, ella podía con eso.
Continuará…
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Bueno chicas, pues por fin terminé este capítulo… siento mucho la tardanza, pero bueno, se me han complicado horrores mis horarios.
Ya sin más, sólo decirles que ya estamos topando con capítulos finales, no sé cuántos quedan exactamente, pero a esto ya no le queda mucho, lo prometo.
Agradezco infinitamente todo el apoyo que le están dando al fic ¡llegamos a los 100 favs! D: qué emoción!... ahora sólo no sean feas y no se los quiten xDD ... es mi segundo fic que llega a los cien :'33 y bueno, dejando la loca emoción, me paso a agradecer comentarios.
Linithamonre77, Nikita475, Tesla, Mariana, Roux, Edna cont, Gabizitta, Alessandra Araujo, Kagome Wolf, Karlacaterina, rogue85, lady of the west, iblwe, pao59, kasai shinju, Natyqg, Myta, Evilangelux, Kagome Brief, Ca211, PamConstantine, joh chan, Yuli, Andrea, Nina Shichinintai, Arely, Tesa, Elfen Jeager, Nicolai P. Sherman, verónica Ramirez, Liliana, yuukuchan0714, blonde hair girl, Tailort, Pamaig, Meka6489, Titita, Aquarius chan, Patty, pataisho, Ave19 y a tres guest.
Chicas, mil gracias, a todas y cada una de ustedes, en especial a mi Niky que abrió su cuenta para comentar –aunque se puede sin ella-, a Nikolai P. Sherman… cariño, no sabes el gusto que fue leerte, sobre todo porque vienes del fandom SasuHina a leerme acá, eso me honró, de verás… a todas, cada comentario es tan bonito y me alegra que sientan que esta historia vale la pena, gracias por la paciencia, a ustedes que han estado desde el principio y a las que vienen llegando, bienvenidas y que les siga gustando.
Besotes a todas y nos leemos, espero que pronto.
Sean felices, Aidé.
