Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer

EL DUQUE Y LA CORTESANA

CAPITULO 35

- Creo que James podría pedirte autorización para cortejarme – explicó Alice durante el desayuno varias semanas después.

- No es eso lo que ha estado haciendo estas semanas? – preguntó Edward con tono burlón ganándose que su hermana le enseñara la lengua de manera infantil.

-No. Sólo nos ha estado visitando y haciéndome compañía.

- Y si desea cortejarte, en qué se supone que se diferenciará? No creo que pretenda que estés a solas con él.

- No, claro que no. No sería decoroso. Pero tal vez...

- Tal vez qué, Alice?

- No sé – dudó la chica – Ya sabes... – Edward arqueó una ceja interrogante – Bueno, es decir... ya que los duques no están...

- Qué?

- Estoy segura de que tú tendrás ganas de pasar un tiempo a solas con Isabella, y sé que Isabella se siente en la obligación de ser mi carabina todo el tiempo...

- Qué pretendes, Alice?

- No sé... tal vez podrías dejarnos salir a solas con James... Estoy segura de que nadie lo notará.

- Comprendo.

- Los duques no tendrían por qué saberlo.

- Desde luego que no.

- Te parece bien, entonces? – comentó con entusiasmo

- Y qué haremos cuando resultes embarazada?

- Edward... – intenté llamar su atención pero mi voz se vio acallada por la exclamación indignada de Alice.

- Edward! – gritó la chica – De qué diablos hablas? Claro que no resultaré embarazada. James nunca haría algo así. El no faltaría a mi virtud.

- Tampoco creías que Jasper fuera a hacerlo – explicó mi esposo con desinterés.

El rostro de Alice mostró su dolor, pero Edward, con la vista fija en su plato, no lo notó.

- Eres cruel – rugió la chica

- Alice, estás aquí para recuperarte de lo que sucedió con Jasper. Estás aquí para evitar las habladurías sobre la ruptura de vuestro compromiso. No para generar más murmuraciones. Eres nuestra responsabilidad. Mía y de mi esposa. No voy a permitir que hagas nada que nos haga ganar la furia del duque. Le aseguré al duque que nos encargaríamos de ti y que cuidaríamos de tu posición. Si James Whiterdale desea cortejarte, pues tendrá mi autorización, pero no voy a dejarte a solas con él.

- Por qué no? Acaso tú e Isabella nunca estuvisteis solos antes de desposaros? – gritó iracunda

- Es diferente. Era diferente.

- Por qué? Por qué lo era? Porque Isabella no era una dama? La desposasteis de todas formas.

La mirada de Edward se volvió furiosa hacia el rostro de la joven.

- Te exijo respeto, Alice. Exijo respeto para mi esposa y para mí.

- No estoy diciendo nada que no sea cierto – retrucó Alice con un mohín infantil.

Edward la observó entrecerrando los ojos furioso.

- Esta mujer que veis aquí – dijo por fin – es más dama de lo que vos seréis nunca. Esta mujer es la única que ha estado dispuesta a plantarle cara al duque para que no fueseis ingresada en el convento de las hermanas de la Caridad. Esta mujer que veis aquí, es la que ha facilitado que os relacionaseis con James y que os dieran la oportunidad de demostrar que sois algo más que una niña caprichosa, arrogante y presuntuosa. Aunque a la vista de los acontecimientos, yo mismo dudo que lo seáis.

- Edward... – intenté cortarle pero me miró con la misma furia que había dirigido a su hermana

- Y vos sois igual al duque – vociferó la chica dejando correr las lágrimas por su rostro – Sois igual al duque y lamento la vida que le daréis a vuestras hijas, si es que algún día lográis engendrar – gritó levantándose intempestiva para correr fuera del comedor.

Hice ademán de seguirla pero la mano de Edward me detuvo.

- Isabella – me ordenó poniendo su mano sobre la mía

- Iré a hablar con ella – expliqué

- No, no iréis.

- Habéis sido deliberadamente cruel. Está muy afectada aún.

- Yo he sido cruel? – inquirió alzando una ceja – Creéis que yo he sido deliberadamente cruel?

- Sabéis que está muy afectada por lo sucedido con Jasper.

- Y por ello debo permitirle retozar con mi administrador con total libertad?

- No pedía autorización para retozar – repliqué

- Y por qué razón querría estar a solas con él?

- Tal vez como dijo, para que vos y yo podamos tener tiempo para nosotros. Para estar solos.

-Oh, por todos los santos, Isabella. Aún no habéis logrado discernir cuándo Alice intenta manipularos? De verdad pensáis que su intención es hacernos algún tipo de favor? Alice nunca piensa en nadie más que en sí misma. Ya es hora de que lo comprendáis.

Me dolieron sus palabras, pero más me dolió tener que reconocer que podía tener razón.

- Lo siento. Tal vez estéis en lo cierto...

- Lo estoy. Podéis estar segura de ello.

- De todas formas creo que habéis sido cruel en vuestra forma de explicaros.

- Ah, sí, milady? – replicó con una sonrisa sardónica – Y cómo debí, según vos, decirle que entendía sus intenciones y las de su pretendiente y no pensaba hacer nada por facilitarles las cosas?

- No lo sé. Tal vez debisteis explicarle que lo que pedía no sería bien visto por los duques, ni por la gente del pueblo.

Me miró arqueando una ceja especulativo.

- Podríais tener razón – concedió por fin. – De cualquier forma, Alice no tenía por qué faltaros el respeto.

- No debéis preocuparos por ello. No soy tan débil. No me ofenderé con tanta facilidad.

- Pues si a vos no os ofende, debéis saber que sí me ofende a mí y no voy a permitir que nadie hable así de mi esposa. Y menos aún mi hermana – rugió molesto

- Lo siento – me disculpé – Lo siento. Creo que estáis algo irritable el día de hoy – sugerí ganándome una mirada dura de sus ojos entrecerrados.

- Es probable – reconoció por fin

- Puedo saber a qué se debe?

- He recibido una nota de la duquesa – me dijo por fin con claro malestar

- Algún problema? – indagué preocupada

- El duque ha desmejorado.

- Qué queréis decir?

- Ha sufrido un revés de salud y se encuentra bajo supervisión médica.

- Es grave?

- No lo sé con certeza, pero deberé volver a Londres.

- Cuándo? – pregunté comprendiendo y compartiendo su malestar.

- Tan pronto como me sea posible – me informó y su mirada se clavó en mí con tristeza – Lo siento, Isabella. No quisiera tener que dejaros tan pronto.

- Oh, no, no os preocupéis por mí – dije intentando calmar su aflicción

- No quiero dejaros sola, y menos ahora con estas tonterías de Alice. Me temo que aprovechará mi ausencia para hacer lo que desee. No quiero que os ponga en un aprieto al demandaros algo impropio.

- Tal vez podríais hablar con el señor Whiterdale – sugerí – Creo que si le hicierais sentir su honor comprometido, haría cualquier cosa por no defraudaros.

- Creo que esa es una excelente idea, mi señora – sonrió estirando su mano sobre la mesa para enredar sus dedos con los míos – Sois muy lista.

- Gracias.

- Tal vez debería llevaros conmigo. Podríais hacer maravillas con el administrador del duque.

- Creo que preferiría no involucrarme en los negocios del duque – aseguré

- Sí, creo que lo pasaréis mejor si le evitáis – concordó Edward

No me gustaba la idea de que Edward tuviera que marchar, pero sabía que era importante para él y para su familia.

Si la salud del duque no era buena, la duquesa debía sentirse preocupada.

Nosotros llevábamos bastante más de dos meses en las tierras altas, y desde el principio habíamos sabido que tarde o temprano, Edward tendría que hacer frente a las obligaciones del ducado, pero aún así me aterraba la idea de que me dejase sola allí.

Me había ofrecido para acompañarle pero él se había negado con rotundidad.

Yo estaría más cómoda y tranquila allí, había asegurado, y él esperaba no tardarse demasiado en regresar.

Por otra parte estaba Alice. Aún no estaba preparada para volver a Londres y a su familia, pero tampoco podíamos dejarla allí sin acompañante.

Cuando a la mañana siguiente desperté entre sus brazos, ya me sentía vacía y perdida.

- Buenos días, mi querida – murmuró estrechándome contra él

- Buenos días – susurré apretándome contra su pecho desnudo.

- Voy a echar de menos esto.

- Qué cosa?

- Despertar con vos entre mis brazos – dijo besando mi coronilla

- Yo también lo echaré de menos. Cuándo os marcharéis?

- Después del desayuno. Quisiera cabalgar tanto como sea posible durante el día y eso sólo será posible si parto temprano en la mañana.

- Pediré que sirvan el desayuno – dije intentando levantarme de la cama

- No, esperad – me detuvo – Pidamos que nos suban el desayuno aquí. Quiero compartir estos últimos momentos con vos.

- Cuánto tiempo creéis que tardaréis en volver?

- No lo sé, pero intentaré acabar con mis obligaciones cuanto antes. Aunque dependiendo de la salud del duque, podría llevarme varios meses.

- Varios meses? – gemí – Qué haré sin vos durante varios meses?

- Esperarme.

- Desde luego que os esperaré, pero temo que también desesperaré.

- No os preocupéis, querida mía. Volveré tan pronto como me sea posible, y estoy seguro que Alice os hará compañía. Prometo escribiros cada día, y esperaré vuestra respuesta a diario.

- La tendréis – aseguré intentando ocultar de su vista mi desazón.

Edward se marchó dejándome triste y desolada, pero tuve que ser fuerte cuando Alice enfermó tres días después.

Chelsea, la nueva doncella que habíamos conseguido para ella en el pueblo, me había buscado mientras desayunaba.

Alice había devuelto la cena, nada más despertar.

Se había negado a desayunar y no habíamos querido insistir.

Cuando la había visitado, su rostro se veía demacrado y macilento.

Después de ingerir una taza de caldo que la cocinera había preparado especialmente, tuvo el mismo resultado.

Cuando dos días después, su estómago continuaba igual de inestable, accedió a ser visitada por el médico del pueblo.

Según éste, Alice había sufrido algún tipo de intoxicación alimentaria, que se remediaría con una purga y una dieta suave.

La joven padecía dolores estomacales, y estos persistieron tres días más.

Finalmente las molestias remitieron y su cuerpo dio buena recepción al alimento.

Una semana después que Edward hubiese marchado, todo parecía volver a la normalidad.

Salvo porque entonces yo resulté enferma.

- Queréis que haga llamar al médico, milady? preguntó Bree consternada al verme devolver la cena por segunda mañana consecutiva.

- No creo que haga falta, Bree – intenté tranquilizarleSeguramente padezco la misma intoxicación que Alice sufrió.

- Es probable, milady, pero aún así creo que deberíamos llamar al médico.

- Esperaremos un par de días, Bree. Si no mejoro, entonces podremos llamarle.

- Estoy segura de que milord no estaría de acuerdo con vuestra decisión – refunfuñó la mujer mientras abandonaba mis aposentos.

Mi salud no mejoró, y cuando yo misma me estaba empezando a inquietar, el doctor Gerandy acudió a la mansión.

- Veamos, milady – dijo sentándose junto a mi lecho – Entiendo que vuestros síntomas son un poco diferentes a los que tenía lady Alice.

- Un poco – reconocí Mi malestar suele ser matutino, tolerando los alimentos bastante bien durante el resto del día. Pero me siento continuamente exhausta, aún sin realizar grandes esfuerzos.

- Cuánto tiempo hace que ha marchado milord?

- Poco más de dos semanas – expliqué

- Entiendo. Creo que vuestra dolencia podría diferir de la sufrida por lady Alice. – explicó con una sonrisa que me extrañó.

- No comprendo.

- Cuándo habéis soportado vuestro último período menstrual?preguntó y entender su presunción aceleró mi corazón.

- Tal vez unas seis o siete semanas – confesé después de pensarlo un momento.

- Pues tal vez la comadrona del pueblo habrá de ser requerida para el próximo veranodijo sonriente ante mi rostro húmedo por las lágrimas.


Capi nuevo! Un poco tarde pero llegó al fin.

Gracias a todos por la espera, y gracias por la comprensión y los buenos deseos en un momento difícil que me tocó vivir.

La vida sigue así que aquí estoy.

Gracias a todos los nuevos lectores, gracias por los reviews, alertas y favoritos.

Besitos y nos leemos!