All the boys deserve to know
Hacía exactamente un año que Emma y Regina se habían encontrado en la fiesta de la boda de Robert y Belle.
Finalmente, Emma se había librado de los dolores del pasado y Regina, de la culpa por haber perdido una vez al amor de su vida por un capricho.
Todavía no estaban en el momento de reírse del pasado. El sentimiento era de alivio y paz como si en un año la vida hubiera dado un giro de 360 grados y todo hubiese cambiado de manera increíble. En el fondo, sabían que toda esa situación inesperada del reencuentro había sido una señal. Estaban listas para ser de nuevo la una de la otra y volver a empezar. En ese momento habían pasado página y comenzado un nuevo capítulo en sus vidas, sabiendo que los próximos renglones de la historia dependían únicamente de ellas y jamás volverían a ser las mismas de antes. No le debían absolutamente nada al pasado. Se debían, la una a la otra, respeto y amor. El pasado siempre rondaría en sus recuerdos, pero, ahora, recuerdos de un aprendizaje que las había fortalecido, en especial a ese amor que han hecho renacer.
Recordaron aquella fecha, la del tan temible reencuentro cuando aparecieron en la empresa a la mañana siguiente y se dirigieron juntas a la reunión. Fue lo primero que Robert dijo cuando llamó a todos a la sala de conferencia, incluso a las secretarias. Un año de su boda con Belle. Sin embargo, el asunto principal de la reunión de ese día no sería el primer año de casado del presidente de la empresa o el hecho de que su esposa estuviera embarazada de su primer hijo. Mucho menos el aniversario del reencuentro entre Regina y Emma.
Él esperaba nervioso por hacer el anuncio, quieto, de pie a la cabecera de la mesa. Esperó a que todos guardasen silencio, colocándose en los lugares asignados, observando las miradas de asombro de algunos. Aquella no sería una reunión como cualquier otra. Ni Regina, la que tenía más experiencia en ese lugar, escondía su recelo ante lo que oiría. Robert estaba muy serio. Había una chispa de tensión en su mirada, pero no era más que suspense, quería ver cómo reaccionaba la empresa.
«Buenos días» dijo con el mismo tono de voz de siempre, pero la tensión de nadie se marcharía hasta que contase lo que estaba pasando «Agradezco la disposición de todos mis trabajadores en estar aquí, en esta reunión que exactamente no es una reunión» de repente todos se miraron sin entender las palabras del jefe «Lo que quiero comunicarles es algo que cualquiera aquí dentro ha podido deducir desde que llegó. Como todos saben, hace exactamente un año que me casé con la señorita Belle French y dentro de unos meses seré padre» Gold hizo una breve pausa antes de continuar «Ante el cambio que ha traído a mi vida la condición de hombre casado, creo que necesito unas vacaciones como presidente en esta mesa» dijo él, sacando un documento de su maletín «Cuando mi muy querido amigo Henry Mills y yo fundamos esta empresa, nuestro gran objetivo era convertirnos en la mayor firma del estado y ¿por qué no?, en una de las mayores del país. Gracias a la dedicación de mi socio, hoy somos la constructora número uno del nordeste de los Estados Unidos, y mucho de eso no solo se lo debemos a la genialidad de Henry o a los grandes arquitectos que hemos tenido. Se lo debemos también a una persona que mi amigo metió aquí dentro, con la seguridad de que sería tan buena como él y que un día podría ocupar el lugar que hoy ocupo yo» Regina miró de reojo a Emma, apretó su mano por debajo de la mesa y volvió a mirar al jefe. Él ya prestaba atención en ella. Tomó aire y habló «Regina, eres la persona más cualificada en esta empresa para ocupar mi lugar en la presidencia. Por supuesto, mis trabajadores han estado de acuerdo, así que, te estoy nombrando la nueva presidenta de Gold & Mills»
Regina lo miraba incrédula
De repente, la sala se convirtió en un murmullo. Estaba claro que aquello había cogido a todo el mundo desprevenido.
«Robert, en otras palabras, ¿estás diciendo que vas a dejar la empresa?» Archie fue el primero en manifestarse
«No totalmente» dijo Gold, dándose cuenta de las expresiones de asombro y de cómo la sala se había convertido en un murmullo «A partir de hoy no seré yo quien se siente a la cabecera de la mesa, sino la ingeniera más competente que tenemos. Solo estoy cogiendo unas vacaciones y no pretendo, a mi vuelta, dirigir solo la empresa» Robert tocó educadamente la mano de Regina, pidiéndole que se levantara. La ayudó a levantarse y le ofreció el asiento a la cabecera de la mesa
Mills lo miraba aún boquiabierta, con el ceño fruncido. Señaló para sí misma, preguntándole con la mirada si aquello realmente estaba pasando.
Robert le sonrió amablemente. Él parecía muy seguro de su decisión.
«¿Estás seguro?» preguntó ella
«Absolutamente. Estoy cumpliendo el deseo de tu padre. Tanto tú como yo sabemos que ya era hora, Regina. Ahora eres la jefa» Robert apartó la silla para ella y Regina, al sentarse, estaba bastante conmovida. El hombre le dio su pluma para que firmase el documento. Era un documento que Henry Mills había preparado y Gold había guardado en secreto. El nombre de Regina estaba en él. Había sido dispuesto hacía bastante tiempo.
Todos aplaudieron tras ella firmar.
Emma miraba a Regina con una expresión de sorpresa, pero muy orgullosa.
Gina se sintió avergonzada ante los aplausos. Pero pronto se enfrentó a la realidad. Sabía más que nadie cuánto había trabajado desde que su padre la había introducido en la empresa y guiado por ella. Se las había arreglado bien en las ausencias de Robert cuando lo había sustituido. Se las apañaría bien en el nuevo cargo, a años luz en importancia de lo que significaba ser solamente una ingeniera con talento. Miró a Emma brevemente y sonrió contenta.
«Siempre que alguien es ascendido, hay un discurso. Es justo que digas algo, Regina» dijo Archie, siendo apoyado por sus compañeros en coro
Regina y Robert rieron de la situación y el hombre gesticuló para que ella improvisase algo a sus nuevos subordinados.
«Oh, no, por favor, soy pésima con los discursos» Regina levantó las manos como si se rindiera «Aún más ahora. Jamás me lo hubiera esperado» Se calló y miró a todos en la mesa. Respiró profundamente «Solo agradezco esta locura de Robert» lo miró de reojo «que no solo fue un gran amigo de mi padre, sino que también lo es mío» la mesa volvió a aplaudirla. Y entonces, Regina recordó que tenía que darle las gracias a otra persona. La vio a su lado «Pero completando las palabras de Robert, tenemos que agradecer a mi padre, a todos lo que se comprometieron a trabajar aquí y también a alguien que, a pesar de llevar poco tiempo en la empresa, se ha vuelto muy importante para nuestros negocios y para mí personalmente»
Emma, en su silla, enrojeció, pero no pudo contener una sonrisa al darse cuenta de que Regina hablaba de ella.
Aunque el romance entre las dos ya no era una gran novedad, sería justo confirmar las sospechas. No fue preciso alargarse en aquel asunto, la relación entre las dos ya quedaba clara a partir de aquella sencilla declaración de Regina.
Un rato más tarde, a finales de la mañana, Ruby trasladó las cosas de Regina desde su antiguo despacho al que Gold ocupaba hasta ahora, y que sería de ella desde ese momento. Mills y Swan conversaban con Archie y Robert, observando cómo el despacho cambiaba, poco a poco, de fisonomía.
«¿Quieres decir que han estado juntas todo este tiempo y no me dijeron nada?» Gold hizo la pregunta con los brazos cruzados
«Muchos más tiempo de lo que todos piensan, Robert» Gina rodeó al cintura de Emma con su brazo «Es una larga historia»
«Yo había escuchado algún comentario sobre las dos en administración» dijo Archie «Después de aquella cena con los empresarios de la isla y también cuando las dos se marcharon juntas de permiso»
«La cuestión del permiso fue necesaria precisamente debido a esos comentarios, Archie. Si hubiera sabido que tenían una relación, no me habría extrañado tanto toda la confusión que se creó» dijo Robert
«Bueno, ahora ya no hay más confusión. Regina ha dejado claro lo que hay entre nosotras y espero que todos lo respeten» Emma retribuyó el abrazo que Regina le había dado
Archie se echó a reír acordándose de algo
«Ahora he entendido una cosa» dijo, los tres lo miraron «Cuando Regina rompió la copa en la fiesta de tu boda, Robert, lo hizo porque vio a Emma»
Gold también recordó
«Ah, es verdad. El lunes llegaste con la mano vendada, Regina. Me acuerdo. Desapareciste de la fiesta después del vals»
Rieron todos y ellas se miraron
Emma carraspeó
«Para ser sinceras, ella rompió la copa porque me vio bailando con Jones»
Gina asentía
«Jones…Realmente me ha dado mucho trabajo para reconquistarte, Emma»
Todos rieron
Y hablando del rey de Roma, él apareció precipitado, nervioso
«Yo no entendía por qué Emma rechazaba mis invitaciones cada vez que la llamaba» Jones entró en la conversación
«Vaya, Jones…Convengamos que Regina es mucho más guapa que tú» dijo Gold haciendo que todos se echasen a reír «Está claro que Emma la iba a preferir a ella»
«Bueno, nadie había rechazado salir conmigo antes» Jones arqueó las cejas
«Siempre hay una primera vez, querido» Regina sonó irónica
«Ya. Así que ya que para todo hay una primera vez, usted como mi nueva jefa podría ser complaciente con su segundo arquitecto favorito y darme el número de su prima Zelena» fue derecho a lo que quería
«¿Quiere el teléfono de Zelena? Puedo imaginar para qué. Si le hace algo a Zelena, juro que le mato»
Jones se puso serio en ese momento. No quería jugar con la prima de Regina.
«Es en serio, Regina. Me gustaría mucho hablar con Zelena. No me malinterprete, he creído que podría estar libre el viernes…»
Gina entrecerró los ojos
«No creo que Zel sea su tipo, muchacho» dijo ella rápidamente «Pero vi cómo ella lo miró aquel día en que estuvo aquí. Bien, tome su teléfono» Regina sacó del bolso un fajo de tarjetas, buscando la de su prima. Se la dio a él. Los ojos de Jones brillaron «Solo le voy a recordar que si le hace algo malo a mi prima, yo lo mato»
«No tengo intención de hacerle nada malo a su prima, pero sí tengo la intención de hacer lo correcto» dijo él, dándole un ruidoso beso en la mejilla a Regina como agradecimiento «¡Gracias, jefa!» y salió deprisa
Emma rezongó
«¡Hey, no te he dado permiso para besar a mi prometida!»
«¿Se van a casar?» preguntó Gold al instante
«En cuanto mi divorcio de Robin salga» respondió Gina «A propósito, no necesito decir que están todos invitados, ¿verdad?»
Robert y Archie estaban admirados con las dos. Vieron cómo las dos se abrazaban y una vez más les dieron su apoyo. Robert dijo que esperaba que Belle diera a luz antes de la boda para poder llevar a su hijo o hija a la ceremonia. Era el mismo deseo de Emma, recordando lo bonita que estaba su mejor amiga con la pancita. Y Gold estaba de acuerdo con ella.
Henry había notado que esos últimos días Regina y su madre estaban diferentes; tocándose, mirándose, mucho más de lo habitual. A veces, parecía a propósito, sin embargo, nada que no fuese cómplice y tierno. Ellas estaban haciendo cosas como las parejas de enamorados que vio una vez en un tren, que solo con miradas y sonrisas se decían lo que sentían el uno por el otro. Pero él, en su inocencia de muchacho, no extrapoló esa situación a ellas.
Regina y Emma dejaron transcurrir algunos días desde la conversación en el nuevo apartamento, para reunir el valor y sentirse cómodas para contarles a los hijos que eran más que las simples amigas que ambos pensaban que eran. Fue durante un atardecer, en el apartamento de Emma al que solían ir algunos días a la semana. Pero aquella vez Henry y Roland no iban a jugar, y dejar a sus madres solas conversando en la sala después de la cena, y ellos se dieron cuenta de eso cuando Regina les pidió que se sentaron juntos, frente a ellas.
«¿Quieres que comience yo?» le preguntó Regina a Emma
La rubia no lo demostraba, pero estaba, al principio, un poco recelosa. Asintió a su amada y fijo su atención en su hijo y Roland que esperaban curiosos la noticia
«¿Qué es lo que hemos hecho?» preguntó repentinamente Henry «Juro que me he portado bien en el colegio. ¿Qué dijo el director en la reunión?» pensó que se iba a llevar una bronca
«No, querido, no han hecho nada» dijo Regina, intentando calmarlo «No se preocupen, está todo bien. Lo que queremos contarles es un historia»
«Me encantan las historias, mamá» Roland se agitó
«Lo sé, mi amor. Pero esta es una historia diferente, una historia muy importante que los dos tienen que entender» Regina juntó sus manos en su regazo, fijó sus ojos seriamente en los de los chicos «Ustedes no lo saben, pero hace mucho tiempo que Emma y yo nos conocemos. Hace quince años. Ni siquiera sabíamos que ustedes irían a nacer un día cuando ella y yo nos conocimos en la facultad»
«¿Conocías a mi madre antes de nacer yo? ¿Eso es verdad, mamá?» Henry puso cara rara
«Sí, es verdad» respondió Emma
«Les voy a explicar cómo comenzó todo, quiero que presten mucha atención» Regina comenzó. En su voz, toda la calma del mundo.
Henry y Roland se quedaron en silencio. Regina tragó en seco.
«Todo empezó cuando yo estudiaba en la universidad de Boston al igual que Emma. Un día, ella y yo nos encontramos en una fiesta, y ahí la vi por primera vez» las dos intercambiaron una breve sonrisa «Tras ese día, nos volvimos a encontrar por la universidad y en otras fiestas, muchas veces, hasta que nos hicimos amigas. Emma y yo empezamos a gustarnos mucho y llegó un momento en que ya no pudimos ser simples amigas. Yo estaba enamorada de Emma y ella de mí. Era algo muy fuerte…No pudimos evitar sentir lo que una sentía por la otra. Así que, nos hicimos novias y Emma me regaló un anillo» Regina les mostró la joya en su dedo de la mano derecha. Swan extendió su mano y entrelazó sus dedos, enseñando a los niños que también ella llevaba un anillo.
Los dos seguían en silencio absoluto. Gina continuó
«En aquella época, era muy difícil para nosotras dos vivir como novias. No se lo podíamos contar a todos nuestros amigos, nuestra familia, a las personas que amábamos porque no todas entendían que nosotras nos amábamos. Aun así, nos quedamos juntas. Hasta que un día, Emma y yo nos cansamos de lo que las personas pensaban sobre nosotras y planeamos huir juntas cuando acabáramos la facultad, pero yo tuve miedo. Yo no quería dejar a mi familia, mi casa, yo quería que todos entendiesen que me gustaba Emma, sin tener que huir. En ese momento, nosotras nos separamos por unos días y, cuando regresé, decepcioné a Emma por ese motivo. Dejamos de ser novias, y ya no nos vimos más» ella desvió un poco su mirada para que no viesen sus ojos rojos «Después de eso, me licencié, comencé a trabajar con mi padre en la constructora, algunos años pasaron y conocí a Robin. Me gustaba mucho, acepté ser su novia, me casé y tuve a Roland. Emma se marchó a otro estado, terminó sus estudios y conoció a tu padre, Henry. Ustedes nacieron, crecieron, mi matrimonio con Robin no salió bien, Emma tuvo que volver a Boston para trabajar en la misma constructora en la que yo trabajo y de esa forma nos volvimos a encontrar»
Emma escuchó todo, asintiendo. Ella misma terminó la historia.
«Al principio fue difícil, pero las dos nos entendemos y nos dimos cuenta de que aún nos gustábamos. Lo que Regina y yo tenemos es un sentimiento muy grande. Decidimos estar juntas de nuevo, recomenzar lo que dejamos atrás en aquella época, y ahora los tenemos a ustedes que forman parte de nuestras vidas por encima de todo» Emma intentaba transmitir calma con sus palabras «No podíamos ocultaros más nuestro pasado, ni el presente ni lo que queremos vivir en el futuro»
Regina giró su rostro hacia Emma, después de nuevo hacia los chicos.
«Como saben los dos, cuando dos personas se gustan, quieren estar juntas, como en la historia que acabó de contarles. Emma y yo pretendemos hacer crecer esto, queremos ser una familia con ustedes dos»
Roland interrumpió sutilmente
«Mamá, ¿te vas a casar con la tía Emma?»
Las dos sonrieron a la vez
«Sí, cariño. Voy a casarme con la tía Emma y no vas a tener que seguir llamándola tía»
El pequeño se levantó del sofá y corrió a los brazos de la rubia, agarrando su cuerpo con fuerza. La historia podría ser confusa para él, un muchacho de seis años, pero Roland sentía que Emma y él tenían una relación más fuerte que la de tía sobrino. Era así desde que le regaló aquella violeta en el parque. Estaba radiante ante la idea de que ella fuera a convertirse en su segunda madre.
Emma lo abrazó con cariño, besándole sus ensortijados cabellos. Le iba a decir algo cuando vio a su hijo levantarse del sofá bruscamente y correr por el pasillo hacia el cuarto. Fue todo tan rápido que solo pudieron escuchar el ruido de la puerta cerrándose estrepitosamente de fondo.
Regina quiso ir tras él.
«Voy a hablar con él» ya se estaba levantando, preocupada, cuando Emma la agarró por el brazo
«No, Regina» Emma dejó a Roland en el suelo «Deja, yo voy. Es mi hijo. Si no ha entendido algo, yo misma se lo explicaré»
Henry no sabía realmente cómo se sentía. Era mucha información para su mente y, al contrario que Roland, él no estaba feliz con ese descubrimiento. Se sentó de mal humor en la cama, encogió las piernas hacia el pecho y las abrazó con cara enfurruñada, intentando no echarse a llorar. Oprimido, sin saber cómo reaccionar, Henry se preguntaba qué estaba pasando. Antes, todo parecía tan correcto, Regina era su amiga y sabía cómo distraer a su madre. Roland era su amigo y él casi lo consideraba un hermano. Pero no esperaba que entre ellas hubiese algo más serio. ¿Cómo no lo vio antes? Tenía sentido todo aquel cariño, miradas intercambiadas, sonrisas. Pero eso no debía ser correcto. No podía. Ellas se separaron un día porque nadie las comprendía. Henry estaba en conflicto pensando si era o no una de esas personas que no conseguía considerar buena la idea.
«¿Henry? ¿Qué ocurre?» preguntó Emma, entrando en el cuarto
«Nada» respondió el muchacho, dándose la vuelta en la cama
«Claro que pasa algo, saliste de la sala corriendo» Emma cerró la puerta del cuarto y se sentó en el borde de la cama «¿No me lo vas a contar? ¿Fue algo que no te gustó, verdad?»
«No quiero saber. No estoy interesado» dijo Henry ríspido
«Henry, ¿qué no entendiste? Venga, dime, si hay algo que Regina ha dicho que no te ha gustado, puedo explicártelo»
«No puedes explicar nada. Entendí muy bien que tú y Regina fueron novias»
«Sí, lo fuimos y lo somos. ¿No te ha gustado saber eso?»
«No importa» Henry se encogió más. Estaba muy enfadado
Emma lo vio sollozar. Por un momento, se dio cuenta de cuánto se parecían, de lo sensible que eran cuando se sentían decepcionados. Realmente, ella no sabía si Henry estaba decepcionado o no aceptaba su situación con Regina. Pero fue la primera vez que lo veía tan confuso.
«Para mí importa, Henry» dijo ella, tras unos minutos de silencio «Me importa saber qué sientes ahora. Si quieres saber, ya tendría que haber hablado contigo. Debería haberte hablado de Regina desde hace tiempo. Puedo imaginar que estés herido con nosotras, sobre todo conmigo, y quizás haber escuchado todo lo que viví por boca de otra persona ha sido muy fuerte para ti. Lo que pasa es que esa historia que has escuchado hoy es verdad, ocurrió y nada puede cambiarlo» Emma hizo una pausa para respirar «Tampoco hay nada que cambie lo que siento por Regina. Quizás estés pensando que me he olvidado de tu padre. No, jamás lo haría, Henry» el muchacho la miraba por encima del hombro «Amé a tu padre tanto cuanto amo a Regina, fue él quien me devolvió las esperanzas de ser feliz con alguien, de ser feliz por alguien cuando te tuvimos a ti. Pero las cosas pasan, ha pasado mucho desde eso, él se fue, Regina apareció de nuevo en mi vida. Lo sé, ella es una mujer y sinceramente no tengo idea de cómo te sientes al saber que nosotras dos somos algo más de lo que tú pensabas»
Henry se dio la vuelta en la cama, y miró a la madre. Se tragó el llanto y se restregó los ojos. Era difícil mirar hacia ella y no recodar al padre. Pensar que su amiga Regina y ella no eran lo que él pensaba. ¿Dónde tenían ellas la cabeza? ¿Por qué no eran como todo el mundo, normales? Se preguntaba.
«¿Por qué no podías ser alguien normal, mamá?» preguntó, mirándola muy serio
Swan tardó unos segundos buscando la respuesta que le daría. Cuando se sintió segura, le dijo al hijo con plena convicción.
«Nada hay más normal que amar»
Emma le dio un tiempo a su hijo para que pensara en la conversación mantenida una semana atrás. Los días fueron pasando y la rutina había vuelto, con la única diferencia de que ahora no tenía que esconder más su relación con la presidenta de Gold & Mills. Si no fuese por el hecho del recelo de su hijo frente a la vida amorosa de su madre, Emma se sentiría inmensamente dichosa.
Durante aquella semana, Regina le había pedido que la dejara hablar con el pequeño Swan, pero Emma no logró convencer a Henry para que viera a la amiga. Regina estaba triste por el rechazo de Henry. Le pareció tan fácil con Roland, aun siendo el más pequeño. Pero, no podían obligarlo a tragar con aquello tan rápido. Probablemente, no lo había aceptado bien por ser mayor y estar entrando en una fase difícil del crecimiento, pensaba ella. Podían ser muchas las cuestiones que Henry tenía en la cabeza y ahora solo quedaba esperar a que él las comprendiese una a una.
Con sus nuevas obligaciones en la empresa, Regina se dividía entre su trabajo como ingeniera número uno de la constructora, dar órdenes, firmar aún más papales que antes, hacer llamadas a los proveedores, cuidar de todos los protocolos de la empresa, más una serie de cosas que nadie había imaginado que Gold hacía en su día a día como presidente. De hecho, era mucho trabajo y le sobraba poco tiempo para hablar con su novia durante las horas de trabajo. No veía la hora de estar casada con ella para poder despertar todos los días a su lado, irse a casa juntas, tener tiempo para amarse y cuidar de los hijos. Actualmente era ese su mayor objetivo en la vida, ya que Emma había comprado para ellas un apartamento bastante amplio a tres manzanos del edificio de la constructora.
Aun así, Emma y ella siempre salían a almorzar juntas sobre las doce, si no tenían trabajo acumulado y podían, y en aquella ocasión, hablaban de Henry.
«¿No ha hablado contigo sobre nosotras dos?» preguntó Regina, llevándose un bocado de su ensalada primavera a la boca
«Anda de mal humor. Lo único que lo distrae durante la semana es el karate. Mañana es su examen para ascender de color» respondió Emma, tras masticar un trozo de pollo a la parrilla.
«Tenemos un problema si no nos acepta, Emma» Regina sacudía la cabeza «Debe odiarme»
«Hasta el momento no me ha dicho nada. Lo intento, le pregunto cómo va todo, cómo ha ido su día en el colegio, e intento hablarle de ti. Le he llegado a contar lo del apartamento a donde nos mudaremos en cuanto sea posible, pero no reacciona ante nada. Lo está haciendo adrede»
«Pero, ¿realmente no nos acepta como pareja? ¿Será eso de verdad?»
«Pienso que está confuso. La historia que le contamos lo cogió por sorpresa. Porque antes éramos dos compañeras de trabajo, de repente nos volvemos amigas inseparables y todavía más rápido novias con una historia detrás»
Gina reflexionó. Se olvidó de la comida en su plato.
«Sí, quizás esa revelación ha llegado tarde. Deberíamos haber hablado con él y Roland antes» dijo ella
«También lo creo. Quien está confusa ahora soy yo» suspiró «Estoy pensando en tener otra conversación con él. Por probar. Queriendo o no, lo que tiene en su cabeza en algún momento tendrá que salir»
«No puedes forzarlo. Debe salir natural, sea lo que sea lo que piense de nosotras»
«Lo sé. Pero creo que no le gusta pensar que va a tener que vivir con dos madres. No quiere aceptar que su padre murió y que yo me he enamorado de nuevo, y encima de una mujer»
Regina se terminó el resto del almuerzo y se limpió los labios con la servilleta a su disposición. Tuvo una idea.
«¿Qué piensas de que vaya al examen de karate de mañana?»
Emma hizo una mueca, pero asintió.
«Quizás no sea una mala idea. No te ha visto más desde aquella noche, puede ser que sea un buen momento para que le demuestres que te importa»
«En el fondo, Henry lo sabe. Solo que no se acordó de eso cuando le contamos todo»
La morena extendió la mano hasta la de Emma y entrelazó sus dedos con los de ella. Adoraba hacer eso. Intercambiar caricias en los dedos mientras se miraban.
«Pues sí» Emma suspiró de nuevo, de forma cansada
«¿Ya te he dicho que te amo?» preguntó Mills, sonriendo dulcemente
«No. No lo has dicho» Emma se mantenía seria para provocar
«Te amo»
«¿Lo juras?»
«Por siempre» la morena apretó los dedos de Emma y la enamoró con la mirada
«Y para siempre»
Emma hizo lo mismo. Era su mayor consuelo tener aquel amor, tanto como amarla. Esperaba que su hijo entendiese que necesitaba estar con Regina. Contaba con ello.
