Candy cerró la puerta de su habitación tras ella y dejó escapar un suspiro preocupado mientras se sentaba al borde la cama.
"Estaba tan enojado…no me gusto que se fuera así" pensó tristemente mientras se quitaba las botas
"Era lógico que se enojara… ¿Qué esperabas? Después de rechazarlo" le dijo una vocecita en su cabeza.
La joven sintió el rubor subir a sus mejillas al recordar las caricias de su prometido, que parecían volverse más audaces, más…ansiosas, y si bien era cierto que nadie la había explicado sobre las relaciones entre hombre y mujer, Candy sabía que empezaban a acercarse a un punto sin retorno.
La joven cerró los ojos mientras empezaba a desvestirse, su mente recordando cada lugar que las manos de Anthony habían acariciado.
Recostado contra las gruesas cortinas, Terrence permanecía oculto en medio de la oscuridad de la habitación, al principio su intención era la de sorprender a su esposa apenas entrara a su aposento, había esperado que ella encendiera la lámpara al regresar pero al parecer ella había preferido desvestirse en la penumbra.
Sin embargo, la luz de la luna le permitió apreciar la belleza de su esposa, por lo que tuvo que contener el aliento cuando ella se despojó de su camisola y caminó desnuda hacia su armario para buscar un camisón de dormir.
"¡Por todos los cielos!" pensó el hombre mientras cerraba los ojos por un instante para componerse, sintió sus mejillas arder y un sentimiento de deseo tratando de apoderarse de él.
De pronto un grito ensordecedor le hizo dar un salto y de inmediato abrió los ojos para encontrarse con una Candy que llevaba una expresión de horror y sorpresa, mientras una lámpara los iluminaba.
-¡¿Hace cuánto que estás aquí?!
Afortunadamente Candy llevaba su camisón, lo que le permitió a Terrence recobrarse y dar dos pasos hacia ella.
-¿Dónde estabas? –Le preguntó con su voz más firme.
-¡¿Qué rayos haces aquí?! –Repitió ella con enojo.
El duque se detuvo frente a ella, el rostro inclinado hacia abajo, los ojos azules férreos.
La joven podía sentir su corazón en la garganta, azorada de encontrarlo ahí, avergonzada que la viera desnuda y algo asustada al percatarse del enojo en su mirada, pero como no hay mejor ofensa que la defensa, empezó a golpearlo sobre el pecho con los puños cerrados.
-¿Cómo te atreves a espiarme? ¡Eres un sinvergüenza!
-Basta ya.
-¿Basta? ¿Es todo lo que tienes que decir?
Cansado de sus gritos y de sus golpes, Terrence la tomó por las muñecas y la obligó a retroceder hasta la pared para aprisionarla con la ayuda de su cuerpo.
-¡Suéltame!
-Te hice una pregunta.
-¡No me importa! ¡Quiero que me sueltes! –Demandó mientras le daba un bofetón.
El golpe fue lo suficientemente fuerte para que el cabello del duque se meciera, comenzó a apretar los labios en una delgada línea de nervios al no saber cómo reaccionaría su esposo.
Terrence la miró con enojo mientras sujetaba ambas muñecas femeninas sobre la cabeza rubia.
-Compórtate –Dijo en voz baja –Sólo quiero una respuesta.
-¡Eso no es de tu incumbencia! –Repuso desafiante.
-Por supuesto que lo es, tengo derecho y…necesito saber si estabas con tu amante.
-¿Cómo puedes decir eso?
-La servidumbre me dice que estás descansando, pero vengo a buscarte y me encuentro con la sorpresa de que no estas…tu cama está vacía, por favor Candy, es más de media noche y te encuentro escabulléndote en el jardín… -La miro molesto antes de preguntar temiendo la respuesta -¿estabas con Anthony?"
El rostro de Candy palideció instantáneamente al percatarse que Terrence dedujo todo correctamente.
-Contéstame ¿Estabas con Anthony?
-No responderé a esa pregunta tan absurda –Dijo ella ocultando la verdad tras una mirada desafiante.
-¿Dónde estabas? –Repitió acercando su rostro al de Candy.
-¡Cabalgando! Ya que tanto insistes… ¡cabalgando!
-¿No te parece que es demasiado tarde?
-No podía dormir.
-Pudiste invitarme.
-Quería estar sola
-Estabas con Anthony.
Por su tono de voz, Candy sabía que lo estaba aseverando y no preguntando.
-No permitiré infidelidades de tu parte, Candy –Dijo soltándola abruptamente –Y si alguien lo hará, seré yo y no una mocosa como tú.
-Muy noble de tu parte –Contestó ella sarcásticamente.
-No vuelvas a salir sin mi permiso.
-¡¿Qué?! Has perdido la razón si crees que pediré tu permiso cada vez que quiera salir.
-Lo harás.
-No tienes derecho a darme órdenes –Dijo casi llorando de rabia.
-Soy tu esposo –Dijo inesperadamente rodeándola con los brazos.
-Suéltame.
-Soy el señor de esta casa y tú eres mi señora…pero al parecer necesitas que te lo recuerde.
Los labios de Terrence cayeron sobre los suyos con fuerza, estrujándolos, mientras una mano de Terrence se deslizó hasta su nuca, sus dedos entrelazándose entre los cabellos rubios.
Volvió a apretarla entre sus brazos, robándole el aliento, y en un gesto reflexivo ella entreabrió los labios buscando oxígeno.
Un estremecimiento recorrió al duque de la cabeza a los pies al malinterpretar su gesto con uno de sumisión, por lo que el deseo que de repente hace unos instantes le estaba surgiendo al verla desnuda, nuevamente comenzó a aparecer.
No supo a ciencia cierta cuanto tiempo estuvo besándola pero el mordisco feroz de Candy hizo que la soltara como si quemara.
-¡Te odio! –Gritó ella limpiándose los labios con el dorso de la mano.
-Harás lo que te digo –Le dijo antes de encaminarse hacia la puerta.
Un jarrón llegó antes que él y se estrelló en la pared.
Terrence la miró burlonamente.
-Lo deduciré de tu fideicomiso –Dijo antes de salir de su habitación.
Terrence la escuchó echar llave a la puerta y sonrió de medio lado, porque si se lo proponía, ni una cerradura podría detenerlo.
No tenía idea de cuantas veces habría besado a Candy pero sabía que ella tenía un efecto inesperado en él, desafortunadamente era obvio que él no la afectaba de ese modo.
"Tendré que hacer algo al respecto…" pensó mientras se iba a su habitación
Dentro de su habitación, Candy temblaba de ira.
"¿Cómo se atreve a darme ordenes? Pero se equivoca si pensaba que ella le pediría permiso para salir del castillo, ni siquiera Richard la había querido controlar de aquella manera" pensó molesta "Pero….él no era…tu esposo"
Sus ojos recayeron sobre los anillos que llevaba en la mano izquierda.
Súbitamente parecieron pesar una tonelada.
"Tienes un compromiso, Candy y no puedes fallar"
Un compromiso que al parecer Terrence empezaba a tomar muy en serio.
"Soy el señor de esta casa y tú, mi señora" las palabras de Terrence retumbaron en su mente, haciéndola estremecer ante esta realidad
-Debo tener más cuidado, a partir de ahora –Se dijo a si misma firmemente
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Sin poder conciliar el sueño en toda la noche, Terrence se levantó de la cama apenas escuchó cantar a los pajaritos.
Enfundando sus largas piernas en un pantalón de montar negro, se puso de pie para calzarse las botas y tomó una camisa blanca del armario.
Bajaba los escalones de dos en dos cuando se encontró con Bertam, que subía llevándole una taza de té.
-Se te han pegado las sábanas, Bertie –Le dijo burlonamente.
-Así parece, señor. ¿Sale a cabalgar?
-Estoy ataviado para ello, ¿no es así? –Respondió con sarcasmo.
-Le falta el chaleco y el saco, mi lord.
-¡Ridiculeces! No me hace falta nada –Contestó prosiguiendo su camino.
-Un caballero…
-Este caballero no necesita nada, y Bertam… –Dijo deteniéndose en el descanso – No permitas que Candy salga de la propiedad.
-¿Cómo dice?
-Le he prohibido que salga.
Bertam lo miró con una ceja levantada.
-Posiblemente no sirva de nada, porque tal vez pese a mis órdenes se vaya, pero adviértele que no se atreva a hacerlo sin mi permiso
-Por supuesto, mi lord –Repuso conteniendo una sonrisa.
-Si no lo haces, te despediré.
-Entendido, mi lord.
Terrence le hizo un gesto de fastidio con la mano y se alejó hacia la puerta principal, mientras Bertam meneaba la cabeza en un gesto incrédulo.
-Como si la señorita Candy fuera a pedirle permiso…
-¿Escuché lo que me pareció?
El mayordomo se volvió para encontrarse con Dorotly.
-Así es.
-Ella no lo hará –Repuso ella con seguridad.
-Lo sé.
-Entonces te despedirán, Bertam.
-Es probable –Dijo encogiéndose de hombros.
-¿Nos extrañaras? –Se atrevió a preguntar ella.
Bertam la miró con fijeza y la doncella se ruborizó.
-Será mejor que suba… -Balbuceó ella.
-Recuerda informarle a tu señora las nuevas disposiciones.
-Claro.
-¿Tal vez debas llevarle el desayuno?
-¡Ah sí! ¡Claro!
El hombre observó a Dorotly apresurarse hacia la cocina y sonrió.
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Terrence cabalgaba a campo traviesa, sintiendo la euforia que llenaba todo su ser; se sentía vivo, libre y poderoso.
El único sonido a su alrededor era el del viento y las fuertes pisadas de su caballo, sinceramente no tenía ni la menor idea hacia donde se dirigía pero decidió seguir su instinto, sujetando las riendas con seguridad, se inclinó hacia adelante para seguir el ritmo de la cabalgata.
Llegó hasta un lago y con gusto observó su belleza bajos los primeros rayos del sol, había gansos y pastos que flotaban sobre el agua, sus crías en fila india.
Más allá alcanzó a ver un grupo de venados correr hacia los árboles, visiblemente asustados por algo, casi enseguida vio un jinete rubio lo seguía a corta distancia, una jauría tras él.
Frunciendo, Terrence se lanzó en su persecución.
-¡Hey, tú! –Gritó sobre el viento.
El cazador le dio una mirada de soslayo pero continuó su camino, ignorando y enardeciendo al Duque de Grandchester, mientras los perros empezaron a ladrarle amenazantes pero él no se amedrentó.
Fustigó a su caballo y continuó su persecución.
-¡He dicho que te detengas! –Dijo halando el saco del hombre.
-¿Ha perdido la razón? –Lo miro con enojo
-¡Que te detengas!
Molesto, el rubio haló las riendas, forzando al caballo a detenerse casi a raya y brevemente alzándose en sus dos patas traseras, por lo que el duque lo miró con sorpresa y se hizo a un lado.
Los perros lo rodearon, ladrando pero el hombre los silenció con un gesto de la mano.
-¿Podría decirme qué es tan importante?
Terrence observó al jinete con atención, por el tono de voz y su rostro no correspondía a su vecino.
-No eres Anthony Brown.
-¡Brillante deducción! –Repuso Albert con aplausos fingidos.
-Entonces, ¿Quién rayos eres y qué haces en mi propiedad?
-¿Tu propiedad?
-Soy Terrence Duque de Grandchester y estas tierras son mías.
"¡Vaya sorpresa! Con que este es el némesis de Anthony" pensó Albert
-No tienes derecho a estar aquí y mucho menos de cazar.
-Vamos…tranquilízate –Dijo el rubio retirándose los guantes para ofrecerle una mano –Permíteme presentarme, soy Albert Ardley
-¿Ardley?
-Tu vecino y dueño de estas tierras –Dijo señalando a su espalda.
-¿Por qué estabas de cacería?
-No estaba de cacería, solamente estaba ejercitando a mi caballo y a mis perros.
-¿En mis tierras?
-No pensé que te molestara, además por años los Grandchester y los Ardley, hemos tenido límites abiertos –Explico tranquilamente, ofreciéndole una amable sonrisa al joven duque –Yo sé lo que es tuyo, tú sabes lo que es mío, claro que funciona porque nunca hemos tenido problemas por tierras.
Terrence lo miró con incredulidad.
-Puedes preguntarle a cualquiera si lo deseas, tu abogado, Edwards puede corroborarlo.
-¿Conoces a Edwards?
-Y también conocí a tu padre…lamento mucho su deceso.
-Gracias, entonces asumo que conoces a Candy…
Albert no comprendió la intención de la pregunta pero prefirió ser honesto, además no había que dar detalles de cuando la conoció.
-Por supuesto.
-¿Siempre ha sido tan pecosa?
Una carcajada se escapó de los labios de Albert y se encogió de hombros.
-Ha sido un verdadero placer conocerte Terrence Duque de Grandchester pero debo seguir mi camino.
-Por supuesto.
-¿Tengo tu permiso para cabalgar con libertad por estas tierras?
-No veo razón para lo contrario, además confiaré en ti tal cual hacía mi padre.
-Te agradezco el voto de confianza –Dijo ajustándose los guantes, ¡Ah! Por cierto, eres muy bueno montando…pero algo arriesgado, te sugiero que no vuelvas a tomar un jinete por el saco a menos que quieras terminar en el suelo.
-¿Es una amenaza? – Preguntó Terrence divertido.
-No, es una aseveración –Dijo despidiéndose con un gesto de la mano.
-¡Espera!
-¿Qué sucede?
-¿Te molestaría si te acompaño?
Albert lo miró muy sorprendido y Terrence tragó en seco, no tenía ni la menor idea de que lo impulsó a decir aquello excepto que sentía un extraño interés en conocer a su vecino.
-Eres bienvenido –Respondió el rubio por fin –Supongo que aún no te familiarizas con las tierras, ¿verdad?
-¿Por qué lo dices?
-Todos saben que estuviste lejos por mucho tiempo y para mi será un gusto acompañarte en tu recorrido.
El jefe de la familia Ardley era sincero al hablar, pues no había razones válidas para que Terrence le desagradara…excepto el problema que él representaba para Anthony.
-Sígueme –Le pidió a Terrence antes de fustigar a su yegua.
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Candy subía de dos en dos los escalones hacia la habitación, recogiendo su falda con cuidado para no pisar el borde.
Saludó brevemente la doncella e hizo girar el picaporte antes de entrar a toda prisa.
-¡Candy! –Gritó Annie quien tomaba desayuno en el balcón.
-¡Hermana!
La rubia no dudó en lanzarse a los brazos de su amiga, las dos se abrazaron con fuerza como si no se hubieran visto en años.
La señora Brighton, que también desayunaba, observó a la recién llegada con algo de disgusto, pues siempre le había molestado la informalidad de Candy.
-Buenos días, jovencita.
-Buenos días, señora –La saludó con una breve inclinación.
-¿No te parece que es muy temprano para visitas?
-Yo le pedí que viniera –Mintió Annie – No pensé que te molestara.
-Es demasiado temprano para mi gusto –Dijo poniéndose en pie.
-Puedo regresar si lo desea –Sugirió Candy avergonzada.
-No seas ridícula –Comentó la castaña tomándola del brazo.
-En todo caso, las dejaré solas –Repuso la mujer dirigiéndose hacia la puerta.
Candy le dio una mirada preocupada a su amiga pero ella le hizo un gesto que indicaba que no debía preocuparse, mientras la puerta se cerró con suavidad y ambas tomaron asiento.
Los ojos verdes se posaron sobre los alimentos deliciosos frente a ella y su estómago rugió, por lo que Annie soltó una carcajada inmediatamente y le pidió servirse lo que quisiera.
Ella no dudó en tomar una de las tostadas con jalea.
-¿Quieres explicarme lo que sucedió? No puedo creer que te hayas casado con Grandchester y peor aún por el periódico, aunque por ello diría que es una vil mentira.
-No tuve otra opción –Candy bajo la mirada triste –Terrence tuvo un accidente…y fue por mi culpa.
Annie la miró incrédula.
-Intenté huir de él pero me halló en una posada. ¡Me obligó a pasar la noche junto a él! ¡Sin ropa!"
-¡¿Qué?!
La joven siguió su relato ignorando la mirada de horror de su amiga.
-Al día siguiente regresábamos al castillo y volví a escaparme, sólo que esta vez se cayó un puente…con Terrence…incluso tuve que salvarlo de las aguas, Annie.
-Por todos los cielos…
-Estaba muy maltratado, con una horrible herida en la cabeza –Se estremeció al recordarlo –Estuvo a punto de morir.
-Imagino que eso haría muy feliz a Lionel.
-Mucho, no te imaginas lo que hizo…estaba reclamando la herencia aun cuando Terrence estaba inconsciente, ¡¿puedes creerlo?!
-¡Que infame!
-Es por eso que casé con él, Annie, si algo le llegara a pasar a Terrence, entonces yo…yo sería la heredera.
-Pero, Terrence ya está bien o al menos su foto lo hace ver muy saludable. ¿Cómo es que aceptó este plan descabellado?
Candy tomó un sorbo de jugo antes de continuar su historia.
-Es que él no lo sabe, Annie… ¡Oh Annie! Lo que sucede es que…Terrence…Terrence tiene amnesia.
-¿Amnesia?
-Sí y nadie más lo sabe porque sería el pretexto perfecto para que Lionel intente apoderarse de la herencia.
-Esto es una locura, Candy ¿Tienes idea de las consecuencias que esto acarreará? Y no hablemos de Anthony, ni te imaginas cómo se sintió al ver la noticia en el periódico, todo porque Elisa fue quien se lo notifico
Los ojos verdes de Candy brillaron con disgusto al escuchar el nombre de la pelirroja que estaba enamorada de su prometido.
-Imagino el gusto que debió darle a esa víbora.
-Muchísimo y lo mismo sintió la tía Elroy, acabas de darles las municiones que necesitaban.
-¡La tía! Me había olvidado de ella –Dijo recostándose en la silla con un gesto dramático.
-¿Qué hay de Anthony, Candy? ¿Qué vas a hacer?
-Anoche lo vi.
-¿Y?
-No le convencieron mis explicaciones.
-Es lógico.
-Menos cuando no…cuando no…le dije que sí –Dijo bajando la mirada, mientras sus mejillas se ruborizaban intensamente
-¿De qué hablas? –Pregunto Annie aunque sentía a que se refería su amiga
-Tú sabes…
-¿Y por qué no?
-¡Annie!
-¿Acaso no lo amas?
-Pero…
-¿Lo amas o no, Candy?
-Claro que sí.
-¿Entonces?
-Annie… ¿es que tú y Archi?
-Estamos hablando de ti.
Candy se cruzó de brazos.
-No eres muy justa.
-¿Qué esperas del pobre Anthony? Él te ama con locura, no deja de hablar de ti y cuando por fin regresa, se encuentra la noticia de tu matrimonio, creo que era lo menos que podías hacer para compensarlo.
-¡No tengo que compensarlo por nada, Annie!
-Está bien, no te enfades, Candy. Dime, ¿qué harás?
-Esperar que Terrence recupere la memoria.
-¿Y si nunca lo hace?
-No seas pesimista, Annie, confió en qué lo hará.
-De acuerdo, digamos que recupera la memoria. ¿Cómo le explicarás lo del matrimonio?
-De la misma manera que lo he hecho contigo y con Anthony.
-No creo que le guste mucho la explicación.
-Eso me tiene sin cuidado. ¿Sabes qué es lo más curioso de todo esto? Que a pesar de tener amnesia, sigue siendo insoportable.
Annie se rio.
-Anoche tuve le desfachatez de prohibirme salir de la casa sin comunicarle. ¿Puedes creerlo?
-Es tu esposo, ¿no?
-¿Y eso qué?
-Bueno, los esposos son la cabeza del hogar…
-Eso no le da derecho.
-Sí, le da y sobre todo si cree que eres su esposa…por cierto, ¿ha intentado hacer valer sus derechos?
El beso de la noche anterior regresó a su memoria y su rostro volvió a ruborizarse.
-¡Ajá! –Exclamó Annie sobresaltándola.
-¡Que susto me has dado! No hagas eso Annie
-A Anthony no le gustará eso para nada.
-No tiene que saberlo, además puedo cuidarme sola
-Eso espero, porque no quiero ni imaginar lo que pasara si Terrence quiere que seas su esposa…en todos los sentidos Candy, además ¿porque cuánto tiempo crees poder controlarlo? Es hombre que no se te olvide
Candy la miro pensativamente pues pese a todo Annie tenía razón y la verdad es que ni ella misma sabia por cuánto tiempo más podría mantener a distancia a Terrence.
"No…no pasara nada…nunca lo permitiré además…yo confió en que Terrence recupere la memoria y así pueda casarme por fin con quien amo."
