Draco agarró a su padre por la camiseta y lo levantó de un tirón, estrellándolo contra la pared. Daniel miró la escena con sobresalto, pero no bajó la varita.

—¿Qué haces aquí? —le dijo a su padre, en un susurro amenazante, letal.

Lucius fulminó a su hijo con la mirada, pero no se apartó de su agarre. Draco dedicó una mirada por lo bajo, ahí dónde la mano de su padre había sido arrancada. Efectivamente, su mano izquierda había sido remplazada por una de metal.

— ¿A qué te parece, Draco? Hemos venido por ustedes.

— Tú no tienes nada que hacer aquí— le dijo Draco, sus puños tan cerrados sobre la ropa de Lucius que los nudillos se le ponían blancos— Me mandaron tu mano, ¿lo sabías?

Lucius tragó gordo. Se le veía acabado. Casi parecía un muerto en vida.

Joseph Avery, quién seguía en el suelo, se acomodó su ropa y trató de levantarse, con quejidos.

— Eso no importa. Los sacaremos de aquí.

—¿Hacía dónde? ¿Al agujero de los Mortífagos? No, gracias— dijo Daniel con sarcasmo, rodando los ojos, todavía no bajaba la varita.

— No tienen por qué confiar en nosotros si no quieren— dijo Lucius, ahora sí quitándose del agarre que tenía Malfoy en su pecho. Draco cerró el puño a un lado de él y Daniel, para impedir la masacre, agarró al rubio del hombro y lo hizo para atrás, poniéndolo a un lado de él— Pero tú los sientes, Draco. Tú tienes la marca. Sabes que están aquí. Sabes que Calaware está aquí.

— Sí, todo gracias a ustedes— escupió Draco. El rubio traía tierra en el pelo y la ropa desordenada.

— ¿Creen que ha sido nuestra culpa? — preguntó Joseph, ya poniéndose de pie completamente. Miró a su hijo con unos ojos que Draco no podía descifrar, pues su padre jamás lo había mirado así. Con arrepentimiento, con nostalgia. Joseph negó con la cabeza— Nos han mantenido retenidos en sus filas contra nuestra voluntad…

— ¿Te han retenido seis años? — preguntó un Daniel enfadado— Porque por si no lo sabes, aquí eso es el tiempo que ha pasado desde que te fuiste.

— Daniel…— la boca de su padre se hizo una línea fina— Nunca fue mi intención…

—No tenemos tiempo para explicaciones— dijo Draco, pasándose el dorso de la mano por la boca, dónde le escurría un hilillo de sangre— No iremos a ninguna parte con ustedes. Así que pueden comenzar a explicarnos la estrategia de los hombres de Calaware y cómo burlarlos.

Lucius avanzó y agarró bruscamente a Draco del brazo.

— No lo entiendes, Draco— le dijo, con la voz apretada. Arriba de ellos, las luces rojas seguían parpadeando— No hay manera de frenar a Calaware… Lo único que queda es huir.

Draco se quitó con brusquedad del agarre de su padre.

— ¿Huir? ¿No es eso lo que siempre haces tú?

— Daniel— dijo Joseph, que estaba frente a su hijo— Están aquí, vienen por la joya, no lo entiendes…— se tambaleaba.

— Ni siquiera sabe dónde está— dijo Daniel en un gruñido.

— Con más razón es peligroso— dijo Lucius, todavía mirando violentamente a Draco— No le importará matar a la mitad de Hogwarts y vaciar cada salón hasta que la encuentre. ¿No entiendes lo peligroso que es?

— No me digas que no sé a lo que me enfrento, llevo lidiando con Calaware desde hace mucho tiempo. Y sin una pizca de tu ayuda— le escupió Draco. El rubio ya era de la altura de su padre, sino es que poco más alto— No iremos a ninguna parte.

—¡Vienen por ustedes! — decía Joseph, asustado— Daniel, sé que me marché, pero ¡ustedes son el blanco principal! ¡Hemos escapado para venir a buscarlos y nos harán pagar con sus vidas!

— Yo fui por ti— dijo Daniel, amargamente, señalando con su varita hacia su padre— Fui por una explicación.

— Y con lo único con lo que volvió fue con tu estúpida mano— dijo Draco, señalando con su cabeza la mano de Lucius.

El padre de Malfoy levantó la mano de metal.

— ¿Y sabes que fue lo que hice para que me la arrancaran? ¡Tú me pusiste en esta posición, Draco! — decía su padre, con su labio inferior temblando— No hubiera tenido que vivir lo que viví si no te hubieras enamorado de esa sangre sucia…

Draco iba a avanzar hacia su padre pero fue frenado por Daniel. El rubio se quitó del agarre del Ravenclaw con brusquedad, pero no volvió a lanzarse sobre su padre.

—Es mi culpa— continuó Lucius— Por haberte abandonado así… Te desviaste del camino Draco, pero juntos podemos remediarlo…

— Eres increíble— dijo Draco, negando con la cabeza con una risa seca— Después de todo esto ¿sigues ordenándome cosas? Tú me hiciste esto— se levantó la manga derecha, ahí dónde estaba la Marca Tenebrosa.

—Por favor, Daniel, ven conmigo— decía Joseph, él si estaba considerablemente más bajo que su hijo— Te prometo que te lo explicaré todo cuando nos hayamos ido de aquí…

— ¿Crees que no lo sé? — demandó Daniel, gritando, todavía señalándolo con la varita— ¡Sé todo lo que estuviste haciendo! Sé de tus tratos con magos oscuros y cómo estuviste encerrado antes de que los Mortífagos te reclutaron. Tú no te fuiste. Tú nos abandonaste.

En ese momento, explosiones comenzaron a escucharse en todos lados. Las paredes y el techo del pasillo donde estaban se tambaleo.

Draco se giró hacia Daniel.

— Tengo que encontrarla— dijo, y no necesitó decir el nombre para que Daniel asintiera.

Irás con ella, ¿cierto? Dejarías a tu propio padre por una chiquilla con sangre sucia.

La voz de su padre retumbó en la mente de Draco, quien miró a su padre de una manera horrible.

Sí. Es probablemente la decisión más sensata que he tenido. Y no intentes seguirnos padre, hace mucho que soy más poderoso que tú.

En ese momento, Draco comenzó a caminar hacia el pasillo, Daniel siguiéndolo.

—¡Draco! — gritó su padre, su varita estaba en la mano que le quedaba, pero Draco no giró hacia atrás, siguió caminando con Daniel al hombro.

….

El dolor de Hermione era tan grande que no supo cómo contenerlo. Su corazón le dolía. Le dolía la verdad.

— April— dijo, finalmente, soltando el aire que tenía contenido. Le temblaban los labios— April es la hija de Calaware. Tú la protegías, por eso no usaste cómo carnada a Draco y a mí. Por eso los Mortífagos siempre estaban un paso delante de nosotros, nos mandaste al matadero.

De repente, en la mente de Hermione todo tuvo sentido. McLarren llegó justo antes de que llegara April; en las fotografías de su oficina, ella estaba con Mycroft y con Margaret, la madre de April.

— Debí saber que encontrarías una manera de romper el hechizo de mi oficina— dijo Sheila, sorprendentemente tranquila, pero sin avanzar hacia Hermione— Ahora entiendo por qué eres la mejor bruja de tu edad.

La castaña no subió la varita, no tenía miedo. No le tenía miedo a Sheila McLarren, no le tenía miedo a nadie más.

— ¿April lo sabe? — preguntó Hermione, apretando la boca e inmediatamente la aflojó para soltar una risa muda sin ganas— Por supuesto que no lo sabe. Te has encargado de eso.

—No lo entiendes— dijo Sheila, ahora sus ojos habían adoptado una chispa muy diferente a la de siempre.

— Estabas enamorada de Mycroft— soltó Hermione. Esta vez quería la verdad entera. Sin limitaciones— Pero él amaba a Margaret Pierce, por eso te encargaste de que nadie encontrara a April. Ella tiene la joya— decía Hermione, recordando aquel collar que April tenía siempre en el cuello y que alegaba que su padre le había dado. Efectivamente, su padre se la había otorgado, sólo que el padre equivocado.

McLarren soltó una expresión algo divertida.

— Granger, a veces eres tan ciega…

Hermione parpadeó, cayéndole como balde de agua fría y negó con la cabeza.

— No— dijo y luego señaló a su profesora— Tú no amabas a Mycroft— ahogó la voz, impresionada— Tú estabas enamorada de Margaret. Por eso te peleaste con él, estaban enamorados de la misma mujer.

— Yo quería a Mycroft— dijo, apretando los labios— Era mi mejor amigo. Pero se corrompió y se llevó entre los dedos a Margaret. A ella sí la amaba.

— Entonces Jacob Pierce adoptó a April como su hija— siguió Hermione. La oscuridad ya no le parecía tan enorme— Y tú tomaste como misión personal protegerla. Por eso la seguiste a Hogwarts.

— Le dije a Margaret que era una mala idea— dijo Sheila, estaba algo enojada al decir aquello, comenzó a avanzar en círculo, Hermione la fue siguiendo— Educarla en casa era lo que la había protegido tantos años. Pero no le importó. Me pidió que viniera desde el principio del año para que tanteara el terreno.

Hermione levantó la varita cuando vio que Sheila había avanzado mucho.

— Tú eras el topo— le dijo Hermione, dolida— Filtrabas información a Matthew sobre nosotros. Sobre mí. Le dijiste como entrar a Hogwarts para robar el libro y mandó a Avery a hacerlo. Le dijiste cómo poseerme. Lo guiaste en cada cosa…

— Prefería que ustedes pagaran el precio— dijo, sin un ápice de arrepentimiento— Cuando supe que tenías la Marca, por estarte metiendo en dónde no debes, ofrecí un trato justo. Tú y Malfoy eran la carnada perfecta. Calaware no quería a otros que no fueran ustedes. Tú, por ser portadora de la Marca y Malfoy— la profesora soltó una risa seca— El traidor.

— Eres despreciable…

— Granger, esto no fue por ti— le dijo Sheila, ahora parecía más calmada, como si le estuviera explicando a una niña chiquita como funciona el mundo— Ni por Malfoy. Era mi deber proteger a April. Tú también hubieras hecho todo para proteger a los que amas.

— ¡No me hubiera llevado entre las faldas a un par de chiquillos inocentes! — le dijo Hermione, acusadora—¿Dónde carajos dejaste tu honor?

— Tú has hecho lo mismo, Granger— le dijo McLarren, con el mismo tono de antes, calmada— Sabías que la hija de Mycroft andaba por ahí probablemente con la joya, así que sabiendo que sería fatal que la encontrara, aún así revelaste la información a Matthew para salvar la vida de tu amado Malfoy.

—¡No sabía que era April! — Hermione estaba también enfadada— Yo también la quiero— dijo, casi en un susurro.

— ¿De haber sabido que era April hubieras dejado que Malfoy muriera? — Sheila negó, riéndose— No. Lo hubieras elegido a él. Porque lo amas.

— Engañaste a todo el mundo— dijo Hermione— Creo que sí hay una gran diferencia entre las dos. ¿Cuánto tiempo creíste que podías ocultarlo? — los labios de la chica temblaron. Desearía tener a Malfoy con ella, ahora parecía que estaba millas lejos.

McLarren se quedó en un repentino silencio.

— Sabes lo que pasará ahora— la castaña se quitó los rizos de las sienes, unas gotillas de sudor escurrían por ellas— Serás juzgada. Por tu culpa casi muere Draco Malfoy…

Una risa seca llenó el ambiente.

— Granger, hice lo que debía hacer.

— No he terminado— Hermione se sentía herida, estúpida, de todas las personas, ¿cómo no pudo ver a la verdadera traidora, a la hija? — Casi muero yo por tu culpa.

— Y lo harás esta noche— dijo McLarren, alzando la varita, pero en su expresión no había gesto de maldad, era como si le doliera, como si de verdad… no tuviera opción—Me agradas tanto, Granger— la profesora suspiró, acercándose a ella, tenía una mirada cargada de culpa, pero Hermione no se la quería creer— Eras mi mejor estudiante. Pero si debo matarte para guardar este secreto, lo haré. Calaware no puede saber quién es la niña, si tú estás muerta.

….

Draco y Daniel comenzaron a correr en un momento a través de los pasillos. A través de las ventanas podían ver a los Mortífagos entrando a Hogwarts, lanzando hechizos. Todos los estudiantes debían estar encerrados en el Gran Comedor y seguramente ya habían reparado en la ausencia de Hermione, de Draco y de Daniel.

—¿Dónde pudo haber ido? — preguntó Daniel en medio del bullicio de la alarma y de los hechizos volando encima del castillo.

Draco estaba tratando de alcanzarla con su cabeza, pero cuando accedía, no había nada, no podía encontrarla con la oclumancia, lo que quería decir que estaba muy lejos de él, o estaba…

No quiso ni pensarlo, se limitó a seguir corriendo, corriendo hasta que encontrara una señal.

En ese momento, ambos Daniel y Draco tropezaron con unas personas que doblaban el pasillo al mismo tiempo que ellos. El rubio cayó de espaldas y encima de él se encontró con los ojos verdes de Theodore Nott.

— ¿Nott? — Draco lo empujó de encima— ¿Qué carajos?

Daniel también se estaba parando, sobándose la cabeza. En ese momento, Annie Seerlie se lanzó al pelinegro, rodeándolo con los brazos.

Enfrente de ellos, Draco reparó que había chocado con Theo, Blaise, Ginny, Luna, April, Neville, Harry y Ronald. También estaba Brenda, la novia de Annie.

— ¿Potter? — preguntó Draco, antes de sentir como Annie también se iba a abrazarlo. Le costó un momento reparar en que la chica lo abrazaba pero después le devolvió el abrazo, quedo.

— McGonagall lanzó un SOS al Ministerio, han venido todos los aurores disponibles— explicó Harry, que también se miraba muy descolocado.

—¡Se ven espantosos! — dijo Annie cuando se separó de Malfoy y miró a Daniel y al rubio— ¿Dónde carajos estaban metidos?

— Tuvimos algunos problemas parentales— dijo Daniel en una mueca.

— ¿Por qué no están con todos los demás? — preguntó Draco, algo perdido.

— ¿Y quedarnos esperando? — decía Ginny, escandalizada.

— Nosotros estábamos buscándote— dijo Blaise, señalando a Malfoy con la cabeza— Nos los hemos topado en el camino.

— No ha sido un encuentro placentero— dijo Ron, rodando los ojos.

— Merlín, Weasley ¿alguien pidió tu opinión? — preguntó Theo, alzando una ceja. El chico, al igual que April Pierce, seguía vestido con formalidad por la cena de mejores promedios. El vestido de April ahora estaba sucio y en vez de tacones, tenía unos tenis.

— Pudimos haber llegado más rápido si April no se hubiera parado por sus tenis— se quejó Neville, rodando los ojos.

— ¡Eran importantes!

— Yo no he podido dejar a Annabeth correr hacia la muerte sola— dijo Brenda, rodando los ojos.

— Un momento— dijo Ginny, mirando a todos lados— ¿Dónde está Hermione?

— La he perdido— dijo Draco.

— ¿Qué has hecho qué? — preguntó Ron, enfadado— ¿Cómo puedes perderla en un montón de pasillos vacíos?

— Se ha perdido sola, comadreja— le dijo Draco, rodando los ojos— Me ha empujado y me ha tirado un candelabro en medio para que no fuera a buscarla. Estoy tratando de acceder a su mente, pero no la encuentro.

— ¿Y ahora soy yo el que no puede mantenerla segura? — se quejó Ron, amargamente.

— Sí, sigues siendo— le retó Malfoy.

— Basta de pelear— dijo Daniel negando con la cabeza— Deberíamos dividirnos para buscarla. Puede estar en serios problemas.

— Yo iré por este lado con Seerlie, Lovegood, y Zabini— dijo Draco, señalando a la derecha— Divide a los otros, Avery— le dijo y el pelinegro asintió.

— No dejaré a Annie fuera de mi vista— dijo Brenda, determinante.

Draco rodó los ojos.

— Puedes venir entonces.

— Te encontraré afuera del Gran Comedor, en el patio. — le dijo Daniel— Intentaremos retrasar a los Mortífagos lo más que podamos.

Draco asintió.

— Dividámonos entonces— dijo Harry, desenfundando su varita.

— Andando— dijo Draco y Annie, Luna y Blaise fueron tras él.

—¿Tú y Daniel trabajando juntos y entendiéndose? — Annie estaba sorprendida— ¿Desde cuándo pasa eso?

Draco miró a Annie con diversión.

— Desde que tenemos los mismos padres problemáticos.

….

Hermione vio una luz y en un instinto perfectamente humano y para nada de una bruja, se lanzó a un lado, protegiéndose con las bancas del salón. El hechizo desmaious rebotó contra una butaca mientras Hermione luchaba con su vestido, que le impedía enderezarse bien. Sus pies descalzos ardían.

La castaña se levantó y le lanzó más hechizos, pero McLarren los esquivaba a la perfección. Cuando la chica se dio cuenta que estaba perdiendo la pelea, se lanzó hacia la puerta, pero un hechizo le rozó, quemándole el brazo.

Hermione soltó un grito de dolor. Las bancas alrededor de ella se movieron de lugar en un hechizo brusco, dejándola desprotegida. Sheila se acercaba a ella peligrosamente y la castaña, retrocedió caminando como cangrejo.

Cerró los ojos cuando Sheila le lanzó otro hechizo, pero el hechizo nunca llegó hasta ella.

Hermione abrió los ojos, encontrándose con que Sheila ahora flotaba encima de ella. Frenética, se volvió hacia la puerta. Lo que vio le cortó la respiración mientras trataba de agarrar bien su varita y de levantarse.

Lucius Malfoy estaba frente a ella, tenía acorralada a McLarren.

— Huye, Granger— le dijo, viendo hacia la profesora, que se debatía a dos metros sobre el suelo para librarse. Al ver que Hermione no reaccionaba, Lucius la miró. Una mirada muy extraña— Te dije que huyas. Draco no me perdonaría haberte dejado morir. ¡Vete!

La castaña hizo eso exactamente, abandonó el salón, aún demasiado sorprendida por la persona que le acababa de salvar la vida y corrió hasta las escaleras, que bajó en zancadas, desgarrándose el vestido.

¡Draco! Intentó llamarlo, pero no sabía que tan cerca podía estar. Sintió un miedo mareante al pensar que había sido herido.

Pero sabía que antes que encontrarlo, tenía que encontrar a April, ponerla en un lugar seguro. Decirle la verdad.

Se topó con un mortífago doblando uno de los pasillos y lo repelió al instante, pues ella había sido mucho más rápida. Le quitó la varita y lo mandó volando lejos, dejándolo inconsciente y siguió corriendo.

Bajaba otras escaleras cuando se estrelló contra una persona que las iba subiendo y ambas cayeron hacia abajo rodando.

La castaña se agarró el costado, pero se apresuró a volver a agarrar su varita. Cuando volteó la cabeza, Brenda Carlestaigh también se había apresurado a agarrar su varita y en cuanto la vio, abrió grandes los ojos, al igual que la castaña.

— ¿Brenda?

— ¡La encontré! Chicos ¡La encontré! — comenzó a gritar, frenética.

En ese momento, por el pasillo se acercó corriendo Draco Malfoy. Hermione sintió un alivio casi mareante cuando la vio. El rubio se acercó en tres zancadas, la levantó de un tirón y la observó, pero antes de que pudiera hacer algo, la castaña se lanzó a sus brazos.

— Merlín, que bueno que estás bien— le decía la castaña, entrecerrando su mano en el cabello despeinado del rubio.

Draco la agarró por la cintura después de abrazarla para despegarse de ella y la miró con sus profundos ojos grises.

— ¿Dónde carajos estabas? — le dijo, desesperado. Las explosiones se hacían cada vez más cercanas— ¿¡Por qué hiciste eso?!

Hermione lo agarró de la camisa blanca debajo de los hombros, apretándola.

— April— dijo, con la voz entrecortada— April, ¿dónde está April?

En ese momento, llegaron los demás. Annie abrazó a Hermione y luego Luna.

— ¡Cuánto me alegro de que te hayamos encontrado! ¡Ningun narggle me quería ayudar a encontrarte! — le decía Luna, suspirando de alivio.

Hermione se fijó que también llegaba Zabini, viendo hacia Draco como para asegurarse de que su amigo estaba bien.

— April— volvió a decir Hermione, apenas siendo capaz de regular su respiración— ¿Dónde está April?

— ¿Pierce? — Draco preguntó, confundido— ¿Por qué quieres a Pierce?

Hermione se acercó a Draco.

— April es la hija de Mycroft Calaware— le dijo, en un susurro.

¿Cómo lo sabes?

El rostro de Draco Malfoy se volvió pálido.

—He ido a confrontar a McLarren, por lo que nos han dicho de ella. — dijo, todos miraban con mucha atención a Hermione, sus rizos despeinados se le venían a los ojos— Encontré en su oficina un montón de…— se interrumpió— La he descubierto. Ella protegía a April y ha intentado matarnos para que la atención se desviara de April. Ella no sabe nada— Hermione hablaba a toda velocidad— April es la hija de Calaware y traer colgada la joya al cuello.

— ¿Cómo has salido de con McLarren? — preguntó Zabini, también agitado.

— Ha intentado matarme pero…— miró a Draco a los ojos— Tu padre. Tu padre estaba ahí.

Draco saltó.

— ¿Te ha hecho daño? — preguntó, un tono amenazante. Hermione supuso que por su nula expresión de sorpresa, el rubio ya sabía que su padre estaba en el castillo.

— No, no, me salvó— dijo Hermione, también sorprendida— Ha dicho que tú nunca lo perdonarías si me dejabas morir.

— No ha hecho ni la mitad de lo que necesitaría hacer para redimirse, pero por algo se empieza— dijo Draco, estudiándola para verificar que no estuviera heridas.

— ¿Qué haremos? — preguntó Brenda— No podemos quedarnos aquí, los Mortífagos se están moviendo— dijo, mirando al techo. Efectivamente, pisadas sonoras se escuchaban tras sus cabezas.

— Tú vienes conmigo, Granger— le dijo Draco, con su típico tono sobreprotector— Iremos a buscar a April. Zabini, llévate a las chicas lejos. No pueden estar aquí.

— ¡No los dejaremos ir solos! — se quejó Annie, pero Brenda la agarró, forzándola a dar un paso atrás.

— Chicos, no es insulto, pero avanzamos más rápido solos— les dijo Hermione, mirando alrededor para asegurarse que no viniera nadie.

El vestido, ya roto, se le levantó un poquito, dejando a la vista sus pies heridos y descalzos.

— Carajo, Hermione, toma mis zapatos entonces— dijo Annie, quitándose sus tenis. Ella no estaba vestida de gala pues no había asistido a la cena.

— Annie…

— No me interesa. ¿Quieres morir? Al menos hazlo con los pies cómodos.

Hermione finalmente aceptó los tenis y se los puso, sintiendo un alivio enorme después de haber corrido descalza tanto tiempo.

— Gracias— le dijo Hermione, besando su mejilla. Después, abrazó a Luna con fuerza.

— Nos veremos pronto— asintió Zabini, compartiendo una mirada de complicidad con Malfoy.

El chico lo miró como si hubiera asentido con sus ojos grises y Draco tomó a Hermione con cuidado para que empezaran a caminar.

Annie, Brenda, Luna y Zabini se fueron en dirección opuesta.

….

— ¿Estás segura de que es April la niña? — preguntó Draco, mientras ambos corrían.

—Lo vi, Draco— le decía Hermione, con la respiración entrecortada— Lo vi todo. Sus fotografías, sus cartas. Estuvo ocultándolo por años.

Rápidamente, Hermione le relató cómo McLarren había estado enamorada de Margaret Pierce, y cómo había engañado a todo el mundo y había pasado información sobre ellos dos para que fueran los chivos expiatorios de todo.

Siguieron corriendo un tramo, hasta el lugar dónde Draco recordaba haberlos mandado. Cuando hubieron pasados unos minutos en los cuales el corazón de Hermione latía a toda prisa, se encontraron con lo que buscaban al final de un enorme pasillo.

April Pierce y Theo Nott estaban de espaldas a ellos combatiendo con unos Mortífagos y esquivando hechizos. Hermione y Draco se apresuraron hasta llegar a ellos.

— ¡Hermione! — exclamó April, con el rostro iluminándosele— ¡Qué bueno que estás bien! Te abrazaría, pero estoy algo ocupada— dijo, mientras seguía repeliendo hechizos.

Draco y Hermione en tres movimientos diestros, acabaron con los Mortífagos de frente a ellos.

— Vaya. Si hubiera sabido que eran tan buenos, los habría pedido en mi equipo— dijo Nott, flexionándose y recargándose sobre sus rodillas mientras recuperaba el aliento.

— ¿Dónde están los demás? — preguntó Draco a Theo.

— Estábamos con Potter y los dos Weasley, pero los hemos perdido— dijo Nott, negando con la cabeza.

— ¿Harry y Ron están aquí? — preguntó Hermione, preocupada. Theodore asintió.

— Nos rodeado, tuvimos que dividirnos para acabar con ellos— dijo el castaño, pasándose una mano por el pelo.

Hermione agarró a April de la muñeca. La pelirroja estaba algo confundida y también respiraba con pesadez. Hermione sabía que la chica no tenia ni idea de que todo esto se trataba de ella. La castaña se fijó en el cuello de la chica, ahí donde la joya resplandecía. Ahí estaba. Todo el tiempo estuvo ahí.

— April, tenemos que salir de aquí, tenemos que llevarte a un lugar seguro— le dijo la castaña, con la respiración entrecortada. El vestido de la pelirroja también estaba rasgado.

— ¿De qué hablas Hermione? — preguntó April, negando con su cabeza en un gesto de confusión.

Hermione sintió a Draco suspirar con fuerza detrás de ella.

No se lo digas. No aún. Correrá inmediatamente hacia Calaware.

Sí, Hermione lo sabía. ¿Pero cómo podía mentirle? ¿Qué excusa podía poner para decirle que la tenía que encerrar un buen rato?

— April, confía en mí— suplicó la castaña— Te lo diré. Pero ahora no hay tiempo. Tenemos que irnos.

— Merlín, no— dijo entonces Theo, mirando fijamente a la piedra que descansaba en el pecho de April. Su rostro se contrajo de dolor. Sabía ahora el también la verdad.

— ¿Qué está sucediendo? — preguntó April, más desesperada— ¿Por qué me ven como si tuvieran que matarme?

— Ellos no, pero yo sí— una voz profunda se escuchó desde un costado. Los chicos se voltearon, pero en ese momento, todas las luces se apagaron, quedando a oscuras.

Hermione apretó la muñeca de April y sintió como Draco ponía sus manos protectoramente en su cadera, poniéndola detrás de su cuerpo.

Calaware. Lo siento en todas partes.

Hermione quería decirle que ella también. Las antorchas se encendieron, dejando a un lado la luz roja de emergencia que desprendían. Ahora, la luz era clara.

Frente a ellos, estaba Matthew Calaware, con una sonrisa diabólica y detrás, al menos una docena de Mortífagos.

— Así que aquí estamos de nuevo— dijo Matthew, sin acercarse a ellos. Estaba como a cinco metros lejos de ellos— Encontramos a la portadora de la joya al mismo tiempo, ¿no es así? — se movía con una elegancia propia de un felino— Malfoy, que gusto saber que no moriste.

Los chicos se cerraron más entre ellos, protegiendo con sus cuerpos a April, quien seguía bastante confundida.

— Cállate— le dijo Draco, su voz amenazante. Hermione sabía que estaba asustado, también sabía que no estaba asustado por él.

Matthew ensanchó su sonrisa.

— Nunca fuiste cordial, Malfoy— avanzó un solo paso, lo que hizo que los chicos se removieran, alertas— Pero, por favor, ¿podrías dejarme ver a mi querida sobrina?

— No verás a nadie— replicó Hermione, dando un paso adelante y poniéndose hombro a hombro con Draco, todavía apretando la muñeca de April, a quien mantenía detrás de su cuerpo.

— ¿Sabes contar Granger? — Calaware se miró las uñas— Porque nosotros somos trece y ustedes ¿cuatro? Véanlo de esta manera, si se rinden ahora, les daré una muerte lenta.

— ¿Es decir que de cualquier forma nos matarás? — preguntó Draco, con la mandíbula apretada.

— No cometeré el mismo error dos veces— dijo el mortífago, siseante— Debí asegurarme de que habías muerto ahí, traidor. Y tú, sangre sucia, también debí haberte matado a ti.

— No te la llevarás a ninguna parte— dijo Theo, por primera vez alzando la voz, él también protegía a April.

La chica, que estaba asustada y confundida, se zafó del agarre de Hermione y se inclinó a su oído.

— ¿Qué carajos está pasando? — preguntó, en un susurro.

— Oh— dijo Matthew, soltando una carcajada— Así que la dulce April no sabe la verdad— parecía que se divertía con la situación. April se removió y se abrió paso entre ellos, para ver más de frente a Calaware, quien sonreía como un gato— April Pierce— río— ¿Sabes quién es tu padre?

— Jacob Pierce es mi padre— respondió la chica, sin vacilar.

Calaware soltó otra risa.

— ¿Jacob? ¿Tu padre? — dio otro paso adelante— Tu padre era nada más y nada menos que Mycroft Calaware. Mi hermano.

April retrocedió, y Hermione la sostuvo cuando vio que le fallaba un poco el equilibrio. La pelirroja se puso pálida, como si quisiera vomitar.

— La joya que llevas en el cuello, te la dio mi hermano— le dijo Matthew— Te borraron del mapa, querida sobrina, pero debí saberlo. Pero esa joya me pertenece a mí.

April se llevó la mano a la pequeña piedra verde que colgaba de su cadena.

—No… es imposible…

— Pregúntales a tus amigos— le dijo Calaware, encogiéndose de hombros mientras señalaba a Hermione, Draco y Theo— Ellos ya lo saben.

—Lo supimos esta noche, como tú— le susurró Hermione cuando April la miró, con los ojos llorosos.

—¿Es cierto? — susurró April de vuelta, las lágrimas se acumulaban en sus ojos negros— No puede ser verdad…— volteó hacia Matthew— ¡Estás mintiendo?

— ¿De verdad lo crees? — le dijo Calaware, más agresivo— Podrás tener el cabello rojo de tu madre, la estúpida mujer que mi hermano amaba, pero ¿no te has preguntado por qué no tienes los ojos de ninguno? — Calaware avanzó otro paso— Tienes los ojos de Mycroft— April cerró los ojos por impulso, lágrimas gruesas comenzaban a caer por sus mejillas— ¡Mírame! — gritó y April levantó la cabeza— Tienes mis ojos. Negros. Tienes los ojos de los Calaware.

Hermione sintió a Draco deslizarse hasta tomar su mano.

Cuando te diga, atacarás a Calaware y yo pondré una barrera, eso nos ayudará a correr.

Hermione hizo un movimiento ligerísimo con la cabeza, casi imperceptible, para darle a entender que lo había comprendido.

— Esa joya nunca debió estar en tu poder, esa joya es mía. Siempre fue mía. Mi hermano era débil, se dejó llevar por la emoción, por el amor y con eso consiguió que lo matara.

No te alejes de mí.

La voz de Draco en su cabeza era lo único que la mantenían cuerda.

Cuando corramos, permanece junto a mí ¿está bien? No puedo perderte de vista otra vez, princesa.

Hermione apretó los labios. Estaba nerviosa.

— Puedes morir— decía Calaware, cada vez avanzaba un poco más— Impidiendo que te la quite, o puedes unirte a mí, April— le dijo, sonriendo como si acabara de hacer la oferta más jugosa del mundo— Seremos familia, como debió de ser siempre. Serás April Calaware.

— Jamás…— April tragó gordo, pero estaba armada de valor— Jamás me iré contigo a ninguna parte.

Ahora.

Hermione lanzó el hechizo a Calaware, un hechizo que aunque repeló, fue lo suficientemente inesperado para hacerlo tambalear.

Draco alzó un escudo en ese momento. Hermione pensó que los cubriría con un hechizo de protección fuerte, pero cuando giró, el campo de fuerza se extendió espeso y en un tono púrpura. Magia oscura. Hermione sabía del amplio conocimiento de Draco en las artes oscuras, pero una cosa era saberlo y otra, verlo con sus propios ojos.

— ¡Corran! ¡No durará mucho! — dijo Draco, mientras los Mortífagos atrás comenzaban a atacar la barrera.

Theo tomó a April de la mano y Draco tomó a Hermione y los cuatro chicos comenzaron a correr como nunca habían corrido antes hacia el Gran Comedor, ahí dónde tenían más oportunidad de conseguir ayuda, un espacio abierto que les diera alguna ventaja, pues sabían que Calaware los alcanzaría en unos minutos.

Cuando llegaron al Gran Comedor, que estaba cerrado, enfrente se encontraron con McGonagall y algunos profesores, quienes habían combatido como profesionales a los Mortífagos que los habían atacado. Hermione se abalanzó con la directora, quien también al verla se fue en directo hacia los chicos.

— Di-directora— comenzó Hermione, sobresaltada— McLarren… Calaware…

— Lo sé querida, lo sé todo— le dijo Minerva, señalando hacia atrás. Lucius Malfoy y Joseph Avery estaban de rodillas, retenidos por los aurores del Ministerio de Seguridad.

En ese momento, Harry, Ron y Ginny se abrieron paso entre los profesores y fueron a abrazar a Hermione, que les devolvió los abrazos con fuerza.

— Es April— dijo Hermione, con los labios temblando— April es la hija de Calaware…

— También sabemos— dijo Harry, asintiendo— Cuando hemos dado con tu padre nos ha dicho que ha escuchado todo lo que te dijo en el salón de Defensa Contra las Artes Oscuras— dijo, mirando a Draco, que veía a su padre desde su lugar y apretaba la mandíbula. Después miró a Harry otra vez.

— ¿Dónde está Avery?

— No han llegado— dijo Ginny negando con la cabeza— Ninguno de ellos.

—¿Daniel? — preguntó Hermione, confundida hacia Draco.

— Ya somos amigos, te cuento luego.

— Tenemos que encontrarle un lugar seguro a April— continuó Theo, también con la respiración entre cortada.

— ¿En casa de Hagrid?

— Es demasiado arriesgado, la buscarán ahí— dijo McGonagall, negando con la cabeza.

— Estamos con el tiempo contado, hemos retrasado a los Mortífagos, pero no tardarán en encontrarnos— decía Hermione.

— Puede ser la casa de los gritos…

— Está rodeada— dijo Ron, negando— La hemos visto cuando hemos llegado.

— Hay que pensar en otro lugar…

— ¡No hay tiempo! — gritó entonces April, haciendo que se silenciaran todos, mirándola sorprendidos. April negó con la cabeza, desesperada. Se quitó el broche que le sostenía la coleta alta y lo tiró con brusquedad al piso— Me entregaré.

— No puedes hacer eso— le dijo Ginny, mirándola como si estuviera loca— ¡Te matará de todas maneras y se apropiará de la joya!

Pero en esos momentos, un montón de sombras volando en sus cabezas se posaron alrededor de ellos. Mortífagos tras Mortífagos, dejándolos rodeados. Los aurores se prepararon con sus varitas y los profesores también.

— ¡Entren al Gran Comedor! — dijo McGonagall.

— No iremos a ninguna parte— le dijo Hermione, tragando gordo.

A lo lejos, Hermione vio como Annie, Brenda, Blaise, Neville, Daniel y Luna llegaban corriendo desde el otro lado del patio, bastante lejos de ellos, pero Daniel compartió una mirada con Hermione, una mirada que decía lo mismo: "Es hora".

Calaware fue el último que aterrizó. Ahora sus ojos estaban inyectados de violencia.

— ¡Tráiganme a esa niña!

Y los hechizos estallaron, los Mortífagos se movían a una velocidad increíblemente rápida, McGonagall los frenaba considerablemente, pero aún así eran demasiados, más de los que Hermione alguna vez creyó posibles.

Los que luchaban se fueron dispersando, moviéndose en todas direcciones para perseguirse unos a otros. Hermione a cada rato estaba buscando con su mirada a April, viéndola que también empezaba a combatir. Sentía a Draco peleando también en su espalda.

En medio del caos, Hermione miró como April era desarmada y como la lanzaban al suelo.

— ¡April! — era el grito de Theo, a quien también mandaron volando, cayendo inconsciente al otro lado del salón.

Cuando Hermione volteó, se hizo un silencio. Matthew tenía acorralada a April, quien ahora tenía la joya en la mano y la apretaba con fuerza.

— No te acerques— dijo la pelirroja en un susurro hacia Calaware, la sala estaba en silencio, todos expectantes, todos cansados. Algunos aurores estaban heridos, otros muertos— No te acerques o la destruyo.

— No puedes destruirla, niña tonta— le dijo Calaware, su voz atravesaba el cristal— Si la destruyes, morirás. Ese es el precio de la joya. ¿No lo sabías?

— ¡No! — gritó Hermione, lanzándose hacia su amiga, pero Draco la retuvo.

April apretó los labios.

—Estoy dispuesta.

Sonaba valiente. Hermione supo que April era mucho más valiente de lo que parecía. Hermione se removió en los brazos de Draco, las lágrimas nublándole la vista.

— Va a morir— susurraba Hermione, removiéndose en los brazos del rubio.

No te voy a perder esta noche, Hermione.

— No lo harías— susurró Calaware, con su varita bien puesta en April, que apuntaba a la piedra de su mano con su varita— Dame esa piedra. Ahora.

April sacudió la cabeza. También lloraba. Miró a Hermione. La castaña supo que había tantas cosas que quería decirle, pero sus ojos negros lo dijeron todo: gracias. Hermione se volvió a remover en los brazos de Draco, esta vez con más fuerza.

— Lo siento— April formó las palabras con su boca y alzó la varita.

Hermione cerró los ojos y se hundió en los brazos de Malfoy.

Todo sucedió en cámara lenta después. Calaware soltó un avada kedavra, lo suficientemente a tiempo para que llegara a April antes de que piedra destrozar la piedra, pero cuando Hermione abrió los ojos, una figura se apareció en un remolino. Justo a tiempo. Bien calculado. Como si lo hubiese planeado con un montón de anticipación.

McLarren.

El hechizo aterrizó en ella. Sus ojos abiertos de par en par mientras miraba hacia abajo, a su estómago, ahí dónde la maldición asesina le había pegado. Hermione vio como April gritaba algo, y McLarren cayó al suelo, muerta.

Los hechizos volvieron otra vez por los aires, y cuando Calaware levantó de nuevo la varita se doblegó, gritando de dolor. Hermione no entendía hasta que volteó a un lado y miró como Draco lo miraba fijamente y un hilillo de sangre caía por su nariz. Estaba invadiendo su mente.

Calaware se enderezó.

— ¿Crees que puedes ganarme, traidor?

El mago se defendió y Hermione miró escandalizada como Draco también soltaba un grito de dolor. Otro mortífago atacó a la castaña, impidiéndole que avanzara hasta el rubio.

Hermione se defendía y venció al mortífago. Cuando se volteó a la dirección del rubio, Draco Malfoy estaba en medio enfrentándose a Calaware. Ahora, había varitas de por medio, pero todavía estaban con la legeremancia y la oclumancia.

Hermione se posicionó a su lado y juntos comenzaron a pelear contra el mortífago.

Las puertas del Gran Comedor se abrieron. Un montón de estudiantes salieron, asustados y confundidos y miraban la escena de Hermione y Draco luchando juntos contra un solo hombre. Matthew Calaware.

Draco soltó un gruñido y con la mandíbula apretada avanzó un pasó y volvió a lograr que Calaware se doblegara. Los ojos del mortífago, inyectados de sangre. Lo miraron.

— No podrás ganarme…

Pero lo estaba haciendo. La legeremancia que Draco hacía contra la mente de Calaware lo estaban forzando fuerte. Cuando el mortífago quedó un poco paralizado, Draco miró a Hermione.

Juntos, levantaron la varita y apuntaron a Matthew.

El hombre vio demasiado tarde. Sus ojos negros repletos de ira y oscuridad vieron una última vez los de ambos chicos y después, se hizo polvo.

Los pocos Mortífagos que quedaron se esfumaron, rompiendo las ventanas en su huida. Y los aurores tenían ya a muchos contra el suelo. Los estudiantes, impresionados, miraban a todas partes.

Hermione se lanzó a los labios de Draco, sin importar sin estaban sucios y lo besó. Un beso de alivio.

Por las puertas entraron Margaret y Jacob Pierce. Acelerados y asustados. April lloraba en el cuerpo muerto de Sheila McLarren. Se aferraba a la joya con una mano y con la otra, a su pecho.

Su madrina. Sheila McLarren era la madrina de April.

Margaret se llevó las manos a la boca y corrió hasta donde su hija. Y así, Margaret Grey, que era su apellido de soltera, comenzó a llorar mientras acariciaba la cabeza de Sheila. Sin duda, la amaba. Quizá no como Sheila la amaba a ella, pero la quería. Jacob abrazaba a April.

Hermione salió al patio, corriendo.

Annie sostenía entre sus dedos un cuerpo inerte mientras otro chico rubio lloraba con ella. Hermione sintió un golpe en el estómago al darse cuenta de quién era: Brenda Carlestaigh.

La chica Slytherin rubia yacía con los ojos cerrados sobre el regazo de Annie, quien lloraba, su pecho contrayéndose con dolor. El mellizo de Brenda también estaba hincado, mirando a su hermana como si le hubieran quitado un pedazo de su alma.

Cuando Hermione se giró hacia atrás, Daniel Avery y Draco Malfoy permanecían hombro a hombre en la puerta de Hogwarts, mirando como sus padres eran arrastrados por los aurores.

Harry y Ron se acercaron a toda velocidad hacia ella, a abrazarla.

A través de los hombros de sus amigos Hermione vio como Theo y Blaise iban y abrazaban a Draco, los tres chicos abrazados con fuerza.

Después, Hermione soltó chispas al cielo. Chispas blancas, chispas que indicaban que habían muerto héroes.

Finalmente, Hermione se hundió en un abrazo con Draco.

— Te amo, te amo— le repetía una y otra vez.

Una y otra vez. Al fin se había terminado.


PUEEEES AQUÍ OTRO CAPÍTULO, ESPERO LES GUSTE, GRACIAS POR LEER Y FELICIDADES A TODAS LAS QUE CONJETURARON QUE LA HIJA ERA APRIL, ESTABAN EN LO CIERTO. SON LAS MEJORES. XOXO.