ELSA POV:

Estaba afuera de la puerta de Anna, indecisa entre tocar o no, ya había pasado un rato y tendría que estar más tranquila. Tenía qué decirle la verdad, no podía ocultarle algo tan importante.

─ ¿Anna? ─ Toqué la puerta tres veces ─ ¿Puedo pasar? Necesito hablar contigo, traigo chocolates… ─ agregué moviendo un poco la caja de chocolates que había tomado de la alacena.

─ Pasa, pero sólo por los chocolates… ─ dijo Anna abriendo la puerta de su habitación para dejarme entrar.

Su habitación estaba igual de desordenada que siempre, Anna me arrebató la caja de chocolates y se sentó en la cama a comerlos. Me senté junto a ella y suspiré.

─ Anna, no pasa nada entre Georgina y yo… ─ comencé a decir, buscando las palabras correctas para compartir la noticia que acababa de recibir ─ Es más grave que eso… el reino de Kirkenes ha solicitado una audiencia conmigo… quieren que conozca al hijo menor del rey para que hablemos de matrimonio, y han insinuado que si me niego podrían declarar la guerra en nuestra contra.

Anna había dejado caer los chocolates al piso y me miraba con una mezcla de asombro y miedo.

─ Y… ¿lo harás? ¿Te casarás con él? ─ me preguntó mirando al piso ─ Yo sé que sería lo mejor, nos evitaríamos problemas, la gente no pensaría cosas raras, podrías tener un heredero. Yo sé que es más fácil, pero…─ Anna había empezado a sollozar ─ No, no puedes… no pueden… no podemos… ─ hablaba cada vez más rápido y entrecortado ─ es que es… no puedes casarte con él, Elsa. Y no podemos irnos a una guerra con ellos, son uno de los reinos más fuertes… nos matarán a todos…

─ Anna, tranquilízate por favor ─ le dije sujetándola por los hombros ─ No me voy a casar, ni iremos a una guerra, por eso le escribí a Georgina, tiene más experiencia en todo esto, ella puede ayudarnos, su reino es tan fuerte como Kirkenes, quizá más.

─ Tienes razón ─ me respondió abrazándome con fuerza ─ Es inteligente, y tienen un mejor ejército, ella nos ayudará.

La abrace por un rato, hasta que se sintió más tranquila.

─ Disculpa por habértelo ocultado, no sabía qué hacer y no quería que te alteraras, lo siento ─ me disculpe dándole un beso en la frente ─ Somos una pareja, somos un equipo, y si las cosas fueran diferentes reinaríamos juntas.

─ Es un poco triste que no podamos hacerlo, pero mientras pueda estar contigo, valdrá la pena ─ Anna me miró a los ojos y me besó con dulzura ─ Todo va a salir bien, Elsa. Saldremos de esta.

La abracé de nuevo, realmente quería creerle, quería creer que todo iba a salir bien, pero por dentro estaba aterrada, cualquier cosa podría salir mal.


GEORGINA POV:

Lucille me había besado sorpresivamente, la abracé bajo el agua y correspondí a su beso, con el corazón palpitando como loco dentro de mi pecho, cerré los ojos y dejé que las sensaciones me inundaran, sentía muchas cosas en ese momento, pero sobre todo sentía alegría, me sentía feliz y optimista, como si un millón de cosas buenas me esperaran por delante.

Me separé de ella apenas unos milímetros, en busca de aire, su boca sonreía casi tanto como su mirada, ninguna decía nada, sólo nos quedamos mirándonos a los ojos, sin dejar de sonreír, sin deshacer nuestro abrazo.

─ No voy a disculparme por eso ─ dijo sonriendo ─ Me gustas Georgina.

─ No quiero que te disculpes ─ respondí antes de besarla nuevamente.

Sus labios, suaves y dulces, me guiaban a un camino del que no había retorno, porque después de ese día ya no iba a poder pasar un día sin besarla.

─ ¿Nadamos? ─ me preguntó separándose de mí, asentí con la cabeza y la seguí dentro del lago.

Nos quedamos ahí un buen rato, nadando, jugando con el agua, besándonos.

El atardecer nos sorprendió cuando vimos el sol anaranjado reflejarse en el agua.

─ Quizá deberíamos vestirnos y volver al castillo ─ le dije no sin antes besarla una vez más.

─ Sí, la temperatura comenzó a descender un poco y a ninguna de las dos nos conviene pescar un resfriado ─ sonrió saliendo del lago ─ debimos traer una toalla.

─ No estaba en mis planes besarte bajo el lago ─ respondí guiñándole el ojo ─ la próxima vez traeremos toallas y ropa seca.

─ Fui yo la que te besó, si somos especificas ─ me respondió riendo ─ Y podemos correr desnudas por el bosque para secarnos.

─ O podríamos sólo ponernos la ropa y si alguien pregunta caímos al lago por accidente ─ me miró riendo y comenzó a vestirse, desvié la mirada, alejando los pensamientos que amenazaban con llegar a mi mente.

Terminamos de vestirnos y regresamos tomadas de la mano hasta donde habíamos dejado a los caballos, que descansaban plácidamente bajo el tenue rayo del sol anaranjado. Recogimos las cosas y subimos a Sidra y Whisky.

─ Georgina… ¿Qué va a pasar ahora? ─ me preguntó cuando los caballos empezaron a andar ─ Es decir, sé que estás casada y todo, me refiero a ¿Qué podemos hacer? ¿Puedo besarte mientras nadie nos mira en el castillo? ¿Debemos esperar a estar completamente solas y alejadas? No pretendo ser exigente, sólo quiero saber donde está el limite para no sobre pasarlo.

─ Bueno, en realidad varios empleados sospechan acerca de mí, y de mi verdadera relación con el rey, pero son sólo rumores, mientras seamos discretas y dejemos los cariños y los besos para nuestras habitaciones, o nos aseguremos de que nadie nos ve, no habrá ningún problema.

─ Que bien, porque ya quiero besarte otra vez ─ me dijo guiñándome el ojo. Me encantaba, definitivamente me encantaba.


ANNA POV:

La cabeza de Elsa descansaba sobre mi hombro, no lloraba, no sollozaba, y sin embargo podía sentir su inquietud, estaba asustada, y no era para menos, podíamos perderlo todo.

─ No podemos hacer nada ahora ─ le dije besando su frente ─ Es horrible, pero mientras Georgina no nos responda no hay mucho que podamos hacer nosotras. Así que sería mejor si te tranquilizas ─ Elsa abrió la boca para responder, pero la interrumpí ─ te conozco, no hace falta que te excuses, porque puedo sentir lo mucho que te preocupa.

─ Está bien, estoy preocupada… estoy aterrada, es que no dejo de pensar en todo lo que podría salir mal, Anna. No quiero perderte, pero tampoco quiero fallarle al reino ─ suspiró largamente y volvió a abrazarme.

─ ¡Eso es! ¡Debes dejar de pensar! ─ la solté de repente y corrí a tomar la pequeña torre de papeles que se acumulaban en mi mesa ─ Voy a leerte algo, así te concentrarás en lo que leo y dejarás de pensar en los problemas.

─ Está bien, léeme algo ─ me respondió recostándose en la cama, me recosté a su lado y comencé a leer.

"De todas las cosas que podía haber elegido, de todos los trabajos que podía realizar, por azares del destino Annie había terminado en el más inesperado. ¿Cómo era que una joven como ella había terminado trabajando para la familia más rica del reino? Todo comenzó cuando su padre le dijo que le había encontrado un excelente empleo en un castillo. Ella, imaginando que sería como cocinera, sirvienta o ama de llaves aceptó de inmediato. ¿Quién iba a decirle que se convertiría ni más ni menos que en la dama de compañía y mejor amiga de la doncella más bella y codiciada del reino? Su belleza superaba incluso la de la princesa. Era inteligente, noble y gentil. Si tan solo no fuera una chica… Desechó el pensamiento de su mente de inmediato, sabía que estaba mal mirar a la señorita con esos ojos, pero es que le era tan difícil evitarlo. A sus 19 años, Annie nunca se había enamorado, pero ahora, cada que veía a la doncella sentía un hueco en el estómago y una calidez en el pecho, cada que miraba sus ojos sentía que podía mirarlos por siempre, cada mañana, cuando le ayudaba a pintarse los labios, sentía unas incontrolables ganas de besarla…"

─ Espera un momento… ─ dijo Elsa interrumpiendo, volteó a ver los papeles que sostenía en mis manos ─ ¿Ella está enamorada de la doncella? ¿De dónde lo sacaste?

─ Bueno… de niña leí muchas novelas románticas, todas muy hermosas, siempre soñé con un amor así, pero mi vida cambió por completo, ya no soy la doncella esperando a su príncipe… quería un libro que expresara lo que siento ahora, ese amor incontenible y erróneamente prohibido, ese anhelo de estar con la persona que amas, y no poder estarlo porque ambas son mujeres. No hay libros así Elsa, así que… ¿Por qué no hacer uno yo?

─ ¿Estás diciendo que tú escribiste eso? ─ Me preguntó Elsa tomando las hojas, eran alrededor de quince páginas, yo asentí un par de veces ─ ¡Vaya! ¡Anna! Esto es increíble, sigue leyendo, quiero saber qué más pasa.

─ Está bien, aunque evidentemente aun no está terminado, es sólo el principio…


LUCILLE POV:

Llegamos al castillo, la ropa estaba un poco mojada, y nuestro cabello era un desastre, pero nadie le preguntó nada a Georgina, quizá ya estuvieran acostumbrados a cosas como esta.

─ Lo mejor será que nos demos un baño y nos pongamos ropa seca ─ me dijo dejando en la puerta de mi habitación ─ ¿Cenamos juntas en mi habitación?

─ Claro, me encantaría, pero primero tengo que ir a ver a Su Majestad, y después me reuniré contigo.

─ Yo soy Su Majestad ─ respondió con una sonrisa, me empujó ligeramente para hacerme entrar en la habitación, y cerró la puerta.

Georgina me tomó por la cintura y juntó nuevamente sus labios con los míos, le eché los brazos al cuello y la besé con más intensidad. Con cada beso mi pecho se sentía lleno de vida, todos esos años de confusión, de no saber qué hacer, de creer que jamás alguien me iba a querer como yo lo hacía, todos esos miedos se fueron. Ahí estaba, con una mujer impresionantemente inteligente, arrebatadoramente hermosa e increíblemente dulce, correspondiendo a mis sentimientos.

Se separó lentamente de mí, dejándome sin aliento.

─ Te espero en mi habitación después de que vayas con James, yo pediré que nos preparen la cena ─ me dio un ultimo beso y salió de la habitación.

Me sentía tan emocionada que tomé la almohada para callar el grito de emoción que desde hacía horas quería subir por mi garganta. Sin pensármelo dos veces empecé a saltar sobre la cama, como una niña pequeña. Estaba tan feliz que no sabía como demostrarlo, quería saltar, correr, gritar, decirle a todo el mundo que había recobrado las esperanzas. ¿Demasiado rápido? Tal vez. ¿Inesperado? Completamente. ¿Equivocado? Jamás. Si algo había aprendido al dejar Francia es que siempre vale la pena arriesgarse, no hay sentimientos equivocados.

Bajé de la cama y tomé mi violín, empecé a tocar sin sentido, guiándome sólo por lo que sentía por dentro, no era una melodía conocida, era algo que iba creando sobre la marcha, mis dedos se movían sobre las cuerdas, mi brazo guiaba el arco, arrancándole al violín una alegra y vivaz melodía. Nunca había sido buena para expresar mis sentimientos con palabras, pero desde que me topé con la música todo había sido más fácil. Las notas musicales me permitían decir lo que las palabras no podían, y eso era fantástico, tal vez no pudiera decir lo que sentía por Georgina, no podía gritarle al mundo mi felicidad de comenzar a enamorarme, pero podía tocar el violín, sabiendo que del otro lado de la pared, ella me escuchaba y captaba el mensaje.


GEORGINA POV:

Acababa de entrar a la tina cuando escuché la melodía del otro lado de la pared, una melodía alegre, casi descontrolada, pero llena de vida, llegó a mis oídos, sonreí de inmediato y un sonrojo se apoderó de mi rostro, me sumergí en el agua unos segundos. No podía creer que fuera real, reviví el recuerdo de los labios de Lucille sobre los míos por primera vez, había pasado y me sentía tan feliz que era difícil definir que tanto.

¿Cómo todo había pasado tan rápido? Tan rápido que me asustaba un poco. Lo mismo había pasado con Elsa, y terminó casi tan rápido como comenzó. Pero con Lucille se sentía diferente, algo dentro de mí me hacía sentir que ella no se marcharía. Lucille no estaba descubriéndose, ni lidiando con otro amor, ni descubriendo nada. Lucille ya sabía quién era, y lo que quería. No estaba enamorada de ninguna hermana menor, ni de ningún elegante caballero. Y estaba dispuesta a arriesgarse con tal de encontrar su amor de verdad, igual que yo.

Cuando conocí a Elsa sentí que éramos totalmente opuestas, y eso me encantaba de ella. Con Lucille sentía que teníamos mucho en común. Las dos nos habíamos enfrentado a las habladurías de nuestros pueblos, al dedo acusador de los que nos juzgaban por ser mujeres, y aun así aquí estábamos, haciendo lo que no cualquiera se atrevería. Lucille no temía, no dudaba. Lucille realmente estaba.

Salí de la tina cuando la melodía cesó. Me miré en el espejo, la inseguridad del día anterior se había ido. Me sentía segura, radiante y atractiva, como si la felicidad que me provocaba saberme correspondida por Lucille, brotara por cada poro de mi piel, concentrado gran parte en la sonrisa, que no dejaba mi rostro ni por un instante, se ensanchaba de solo pensar que seguramente, en la otra habitación, Lucille sonreía con la misma intensidad. Estuve segura de algo, me esforzaría por conquistar a Lucille, porque quería sonreír, y verla sonreír, quería que sonriéramos juntas tantas veces como nos fuera posible.