Se trata de un fan fiction de Crepúsculo por lo que la creación de los personajes corresponde a la señora Stephenie Meyer; todo lo demás que rodea a esta historia es única y exclusivamente mía.

Musica recomendada para el capítulo:

Closer - Travis

True Love - Pink

Adore you - Miley Cyrus (aunque la chica me cae pelín regular la canción me mola ;))

PRIMERO PRIMERÍSIMO!

MUCHAS GRACIAS A TODAS AQUELLAS LECTORAS QUE DEJARON EL ANONIMATO Y SE PRESENTARON EN FORMA DE COMENTARIO CON EL ÚLTIMO CAPÍTULO... ME EMOCIONÓ MUCHÍSIMO LEEROS DE VERDAD ;)

Y A TODAS LAS QUE ENTRAIS COMO INVITADAS Y POR LO TANTO NO OS PUEDO CONTESTAR LOS COMENTARIOS, TAMBIÉN OS QUIERO AGRADECER VUESTRAS OPINIONES

Por lo demás, y como siempre muchas gracias a todos por dedicar un ratito de vuestro tiempo a leer esta historia. Y mil gracias más a Nurymisu, Alysa Cullen, Pegn, DraBswan, Lilly Black Masen, xikita, Anaidam, anamart 05, ksts, yasmin cullen, Fanny Mars, Romi de Cullen, Diyola, Isa C, Smiletome, aea7, jamlvg, Anonybones, Camille Weasley, Camille Frost, Faty21, Eydi Swan, Jummy 1206, Soles, illiam, ely, ludgardita, cristina 2390, rousbella, lapteagalaxy, Rafaela monteroso, Pxa, Judy Cullen, vanesscsb, , Bella NyXH, Cami Sandoval, luna whitlock, mariajose, caritofornasier, Ale Cullen, Katza-san, LOQUIBELL, Maria, Elly Cullen M,Mss1-cullen-swan, Lily de Pattinson, Amanda Leslie y Esme Mary Cullen por dejar sus comentarios y hacer que me salga una sonrisa ^^

Espero no dejarme a nadie ^_^

Disfrutar del siguiente capi!

CAPITULO 38

Sus dedos recorrían lentamente su espalda provocando a su paso que la carne se pusiera de gallina. Subían hasta su cuello y bajaban hasta la nalga derecha volviendo a subir por la cadera para repetir el movimiento. Hacía poco que Bella se había quedado dormida. La necesidad animal que habían sentido toda la noche no había sido capaz de aplacarle en lo más mínimo. Tenía hambre y sed de ella, pero a pesar de haberse dado un atracón durante varias horas, ni siquiera había empezado a sentir cierto nivel de saciedad.

Debería dormir, descansar para poder hablar con ella tranquilamente, más relajados. Pero era tan difícil... Simplemente no podía dejar de mirarla, no podía separarse de ella. Sentía que si dormía y al abrir los ojos descubría que todo había sido un sueño, esta vez no podría recuperarse... Jamás.

Ambos habían apagado los móviles así que no tenía idea de qué hora era. Lo que sí sabía es que había amanecido hacía rato... Si, quizá debería dormir.
Pasó su brazo hacia delante, rodeando la cintura de Bella y se acopló pegando pecho con espalda. Pero no había caído en un pequeño detalle, su dura erección se había encajado divinamente en su trasero llegando a rozar la entrada de su vagina. Intentó no moverse. Bueno, a lo mejor sí se movió buscando un poco de fricción. Pero tenía pensado parar... en un ratito. La mano que descansaba en la cintura de Bella había subido hasta sujetarse en su pecho. Sólo tenía pensado dejarla allí sin más, pero al cabo de dos segundos había descubierto que estaba apretando y amasando hasta conseguir que un endurecido pezón chocara con su palma. Gimió mientras besaba tiernamente su hombro.

Al notar el leve estremecimiento en su piel, supo que debió haberle hecho cosquillas con la barba, y tampoco quería despertarla ahora. Así que, reuniendotodo su autocontrol, intentó relajarse parando sus movimientos, aunque sin separarse de ella ni medio centímetro.

—Sigue... —gimió ella totalmente excitada después de haberse despertado con la polla de Edward entre sus piernas—. Ahora no me dejes así.
Comenzó ella a mover sus caderas provocando de nuevo esa fricción en la entrada de su vagina que la estaba volviendo loca.
No tuvo que rogar mucho más. Edward cogió su pierna doblándola un poco para facilitar el acceso y se recolocó para dejarse resbalar desde atrás. Cerró los ojos al verse envuelto de ella, de su calidez, de su humedad; era como estar en éxtasis, como entrar en una especie de nirvana del que no quisiera salir nunca.

La mano que masajeaba su pecho bajó impertinente hasta colarse entre sus pliegues y con ágiles movimientos comenzó a estimular, masajear y tironear de su clítoris.
Los gemidos de Bella le estaban llevando al borde. Así que sin poderlo evitar, se cernió sobre ella, de forma que ella acabara recostada boca abajo en la cama. Intentaba no dejar caer todo su peso sobre su pequeño cuerpo, pero no perder la cabeza con ella era tremendamente complicado.
Notó cómo levantaba su trasero de modo que fuera más fácil para él introducirse en su interior. Sonrió con ternura mientras se movía siguiendo el ritmo de la danza más antigua del mundo. Besaba y mordía sus hombros, su espalda, su cuello.
Fue lento, fue tierno y delicado. Sus manos se buscaron bajo la almohada entrelazando los dedos en un gesto íntimo y lleno de significado.
Fue entonces cuando aceleró, golpeando con fuerza en su interior, encontrando ese maravilloso punto que sólo había sido capaz de encontrar Damon en una ocasión. Se corrió. Se corrió por sexta o séptima vez en pocas horas; pero él aún no había terminado con ella.

Salió de su interior y poniéndola de costado, le dobló la pierna que quedaba por encima. Se puso de rodillas y la penetró de nuevo, con fuerza, con ímpetu. Colocó las manos en su pierna y cadera y se impulsó con un ritmo alocado. Los jadeos dieron lugar a los gemidos y los gemidos a los gritos de placer.
Pero no duró mucho más, después de unos pocos envites sintió cómo Bella contraía sus paredes presa de otro orgasmo facilitando así su propia liberación.

—Guau... —intentó expresar Bella entre jadeos.
—Estoy totalmente de acuerdo —sonrió petulante mientras se dejaba caer a su lado. Observó cómo ella levantaba su mano y acariciaba su poblada barba.
—¿Por qué te dejaste barba? —preguntó mientras seguía acariciando su mentón.
—No sé. Simplemente un día pasé de mirarme más en el espejo; no tenía una razón —explicó mientras se ponía de costado para poder hablar frente a frente— ¿No te gusta?
—No sé, creo que pareces sexy…
—¿Sexy? —preguntó sonriendo de medio lado—. Vaya; es bueno saberlo.

Justo en ese momento las tripas de Bella se hicieron notar con un pequeño rugido. Edward sonrió con ternura mientras pasaba un brazo sobre ella y la pegaba de nuevo contra él.

—¿Quieres que pida algo para desayunar?
—No hace falta...
—¿No? —preguntó extrañado—. Necesitamos alimento para poder seguir moviéndonos, preciosa.
—Lo sé, bobo —sonrió con los ojos medio cerrados—, pero tengo el maletero del coche lleno de comida.
—Pues habrá que buscar en tu coche entonces...

Ninguno de los dos se movió. Apenas habían dormido, apenas habían visitado el baño, y desde luego no habían comido nada desde la tarde anterior. Pero no les importó.
Edward le daba dulces besos en la cara mientras acariciaba cada parte de piel que encontraba a su paso. Definitivamente, el chocolate de los donetes se derretiría en el maletero en cuanto el sol de finales de mayo comenzara a calentar la carrocería.

—Mmmmm... —ronroneó después de varios minutos—. Creo que debería ir hasta el coche.
—No —susurró en su oído antes de lamer y tironear del lóbulo.
—Dios Ed... —gimió mientras se sentía de nuevo húmeda. No sabía qué le pasaba, ni siquiera con diecinueve años había estado tan salida, pero en cuanto sentía cualquier tacto de Edward, lo transformaba en carga sexual en menos de un minuto—. Necesito sacar la compra del coche... Hoy hará calor.
—No, quédate quieta. Yo iré —dijo mientras se levantaba y buscaba sus pantalones—. Dime qué coche es antes de que te quedes dormida.
—Es el pequeño volvo plateado que está al principio de la calle —murmuró entre sueños.

Mientras se abrochaba el vaquero, Edward sonrió observando a su adormilada Bella. Estaba preciosa, con todo el pelo alborotado esparcido por su espalda y la almohada. Con un leve rubor en sus mejillas después de haber hecho el amor; enseñando su perfil desnudo... Tomó aire y, con mucho esfuerzo, despegó la mirada de su figura para buscar la camiseta.
—Tengo que avisar al trabajo de que no voy a ir hoy —murmuró medio dormida—. Aunque me duele todo el cuerpo... De hecho no me veo capacitada como para llegar hasta mi bolso y coger el teléfono —siguió en el mismo tono mientras escuchaba la suave risa de Edward.
—¿A qué hora entras? —preguntó bajito aún con el tinte de sonrisa en su voz.
—Hoy tengo mi primera clase a las doce.
—Yo alcanzo tu bolso, así me das las llaves del coche —propuso mientras terminaba de vestirse—. Procura no dormirte en este ratito.

Intentó permanecer con los ojos abiertos hasta que Edward llegó con el bolso. Le dio las llaves y encendió el móvil para poder llamar.
Con un repentino escozor en los ojos, comprobó que tenía veinte llamadas perdidas de Esme, diez de Carlisle y unos quince mensajes de voz. Trató de ignorarlos y abrió la agenda para llamar a Benjamín.

Convencerle de que estaba indispuesta fue fácil ya que en estos años no había enfermado nunca. Prometió que, si seguía mal, el lunes iría al médico, mientras escuchaba cómo se lamentaba por no poder contar tampoco con Rosalie para sustituirle en sus clases, porque ambas eran las mejores.

Tras colgar el teléfono sonrió tristemente mientras se dejaba caer en la cama.
Cómo le había cambiado la vida en menos de veinticuatro horas... Ayer estaba lamentándose por no poder estar con Edward y hoy... hoy estaba lamentándose porque no creía que su cuerpo aguantara otro orgasmo más.

Diez minutos después Edward entró en la habitación con una bolsa llena de bollos colgando de la muñeca, la botella de leche y un par de vasos haciendo malabares entre sus manos.
Se sonrieron mutuamente y devoraron el improvisado desayuno en muy poco tiempo.
Se quedaron callados, sabían que tenían que hablar; que deberían aclarar algunas cosas. Pero no sabían por donde empezar.

Ambos estaban sentados en la cama, con la espalda en la cabecera y las piernas flexionadas. En algún momento Edward se había vuelto a desnudar ante la amenaza de Bella de vestirse. Se cogieron de la mano y así se quedaron. Sentados. En silencio. Cada uno pensando en todo lo que había pasado.

—Cuando he salido a por la comida también he cogido mi móvil —explicó Edward por fin—. Tenía que hablar con el hospital.
—¿Todo bien? —preguntó, de pronto ansiosa; ahora no podía imaginarse otra separación de Edward.
—Si. No he tenido problemas, la verdad —dijo con una sonrisa triste, mientras hacía extraños dibujos con el pulgar en la mano de Bella—. Supongo que haber estado allí cuatro años sin pedir apenas días de vacaciones y doblando turnos me habrá facilitado ahora las cosas.
—A mí también me ha resultado fácil —contestó ella observando hipnotizada los suaves movimientos en su mano—. Benjamín no me ha puesto ninguna pega.
—¿Benjamín?
—El director de la escuela —contestó mientras se giraba un poco para mirarle a la cara —. ¿Estás saliendo con alguien ahora?

Ante la directa pregunta de Bella, Edward dejó sus movimientos y se giró para mirar sus ojos. Tenían un pequeño brillo de preocupación.
Levantó el brazo para acunar la mejilla de su amor y acarició su labio con el pulgar.

—Hace mucho que no estoy con nadie, Bella —susurró—. ¿Y tú?
—Yo tampoco —contestó en el mismo tono—. Llevo varios años sin...
—¿Desde Garrett?
—Me leías... —dijo mientras sonreía.
—Te leía y miraba tus fotos cada día que estaba en casa. Me metía en tu perfil de facebook y esperaba ansioso a que colgaras alguna foto.
—Y yo esperaba ansiosa a que alguna vez aparecieras conectado. Pero nunca estabas.

Empezaron a confesarse en voz suave. Contándose todo lo que habían tenido que pasar. Cada vez que contaban algo de su vida amorosa, sonreían tristes, sabiendo que ninguna se había basado en el amor. Que ninguna les había llenado el vacío que ambos tenían en sus corazones.

—Y ahora son mis amigas —terminó Edward tras explicarle brevemente sus escarceos amorosos en la facultad.
—¿Amigas? —preguntó Bella extrañada—. Yo no mantengo relación con ninguno de mis ex.
—Digamos que yo no he tenido novias nunca, Bella; sabía lo que quería y no lo podía tener. No tenía sentido empezar algo con alguien que no iba a llegar a nada. No sería justo para mí y mucho menos para la otra persona.
—¿Pero has estado con todas ellas y ellas lo han aceptado? —preguntaba una Bella incrédula.
—Digamos que ellas sabían que yo no era alguien con quien pudieran mantener una relación. Con la mayoría de ellas aún hoy guardo una estrecha amistad.
—Como María, Tessa y Diane —completó recordando los nombres.
—Entre otras —dijo con una tierna sonrisa—. También están Nury y Ainur. Penny y Christine... Mariah y Josephine.
—¿Y con todas hiciste el amor? —preguntó Bella, de repente un tanto intimidada ante tanta mujer.
— No —aseguró mientras se sentaba al estilo indio entre sus piernas y tiraba de ella para que se colocara encima a horcajadas—. Con ellas he tenido sexo. Libre, consensuado, divertido, lo que quieras. Pero hacer el amor... Hacer el amor sólo lo he hecho contigo.

Pocas palabras bastaron para convencer a Bella de que decía la verdad. Se miraban fijamente con tanto amor, con tanto deseo, con tanta necesidad que asustaba. Era una tontería comprobar el nivel de excitación de él, ya que su dureza se levantaba impertinente entre ambos cuerpos. Igual de tonto era comprobar si ella estaba excitada ya que su centro húmedo seguía palpitando de necesidad.
Una necesidad dolorosamente placentera; una necesidad que no parecía que fuera a ir a menos en las próximas horas.
Mientras se miraban a los ojos, sin decir palabra, ella se acomodó sobre su regazo y se deslizó lentamente sobre su miembro. Abrazó con sus piernas su cintura, dejó descansar sus brazos sobre sus hombros y, sin perder la conexión de su mirada, comenzó a mover sus caderas de forma lenta, cadenciosa, procurando que el roce entre ellos fuera pleno.

Las manos de Edward, avariciosas, bajaban por su espalda y apretaban sus nalgas. Pero no era suficiente, así que volvían a subir y se enredaban en su pelo, acariciando el cuero cabelludo a la altura de la nuca y dando pequeños tirones a su melena.
Siempre le había gustado su pelo, le encantaba tirar de él cuando eran adolescentes hormonados y él estaba con la frente llena de granos mientras a ella le estaban empezando a salir las tetas. Pensaba que era suave y que tenía un color precioso. Claro que a ella sólo le decía que tenía pelo de rata y que un día se lo cortaría por la noche como trofeo. ¡Qué blasfemia haber pensado así alguna vez!

En ningún momento dijeron nada. En ningún momento dejaron de mirarse a los ojos... En ningún momento sus narices y sus labios dejaron de tocarse. Él abrazando su cintura y sujetando su cabeza; ella con los brazos sobre sus hombros abrazada a él y enganchándose en su pelo. Pasaron minutos así. Sin incrementar el ritmo, sin acelerar ese momento que estaba siendo perfecto. Frente con frente, nariz con nariz, bebiendo uno del aliento del otro, sabiendo que nada ni nadie explotaría su burbuja.
Porque ahora, en esa habitación, no había nada que fuera más importante que ellos. Porque ahora, libres de cualquier tipo de culpa, no podían ni querían pensar en otra cosa que no fuera amarse.

-o-

Esme paseaba de un lado a otro de la cocina con el teléfono en la mano. Pensando en si debía llamar una vez más.

Estaba asustada, deshecha porque todo se hubiera precipitado de esa manera. No tenía que haber sido así... No debían haberse enterado así.

El no saber si sus hijos estaban bien la estaba matando. Pero ¿qué podía hacer? ¿Dónde tenía que ir para encontrarles y suplicarles perdón?

—Debo irme amor, pero no quiero dejarte así —dijo Carlisle mientras entraba en la cocina anudándose la corbata—. No he podido retrasar la audiencia, el maldito juez Biers me la tiene jurada.
—Tranquilo. Debes hacerlo... Es tu trabajo —contestó Esme mientras se acercaba a él para ayudarle con el nudo.
—No voy a poder estar cien por cien para mi cliente. Y me jode no estar contigo —se quejó—. Va a ser una mierda de día me ponga como me ponga.
—A lo mejor una vez allí el juez se apiada de ti—susurró contra sus labios mientras pasaba los brazos sobre sus hombros—. De todas formas no puedo hacer otra cosa que quedarme aquí y esperar a que me llamen por teléfono... Y seguir insistiendo yo en lo mismo, claro.

Ambos dejaron salir un bufido de frustración. Había sido una noche larga.
Después de que sus hijos se fueran, Esme estuvo llorando sin parar tres horas aproximadamente, hasta que totalmente exhausta se había dejado llevar a la cama por Carlisle. Y allí estuvieron desde entonces, llamando a cada rato a uno y otro teléfono. Tenían que hablar, necesitaban saber por qué actuaron así, por qué ella especialmente se había negado en rotundo a decir nada. Debían entender que ella lo único que quería era una familia perfecta.

Quizá debió sospechar cuando Edward se fue que algo no iba bien, pero... ¿Cómo ella iba a creer que lo que Charlie insinuó era verdad? ¿Cómo iba a pensar que todo lo que necesitaba Edward era que Bella no fuese su hermana para que éste no se hubiera ido? Ahora, visto lo visto, sí que hubiera sospechado de algunas miradas y algunos comportamientos... Pero, en ese momento, ellos eran mellizos, o lo creían al menos. Por dios, lo que debieron sufrir pensando que estaban haciendo o sintiendo algo prohibido.

Se asomó a la ventana del recibidor para ver cómo Carlisle se metía en el coche y se marchaba al juzgado. No se merecía a ese hombre.
Había estado con ella en todo momento y no le había echado en cara su cabezonería. Él había sido el primero en intentar convencerla después de aquella conversación en Nochevieja y ella incluso llegó a enfadarse con él por siquiera plantearse desvelar todo aquello. Si le hubiera hecho caso entonces...

Se dio media vuelta para entrar de nuevo en la cocina, pero se paró en seco al acercarse a la puerta del estudio. Quizá necesitara sacar su frustración pintando, como tantas y tantas veces.
Entró en la sala y observó las pilas de cuadros apoyados unos contra otros en la pared. Cuando pasó todo lo que pasó con James, y cuando descubrió que su padre no era su padre, se volcó en la pintura. Colores tristes y apagados cubrían los lienzos sin poder evitarlo. Pero cuando arregló las cosas con Charlie y con Carmen y cuando, un par de años después, fue a Forks para hablar expresamente con James y arreglar sus mierdas, todo cambió. Sus lienzos volvieron a ser alegres y mantuvo una exposición preciosa con sus nuevos cuadros durante más de un año. La galería había vuelto a llamarla en otras ocasiones y ella, encantada, había cubierto la demanda.
Ahora de nuevo estaría bloqueada por que no podía pensar en otra cosa que en sus hijos y en el dolor que habían tenido que soportar por su culpa.

Culpa.

Eso era lo que sentía y lo que le ennegrecía el alma. Una tremenda culpa por haberse obcecado en algo que no tenía ni pies ni cabeza porque, conociendo a Bella, aunque le hubiera dicho la verdad desde un primer momento estaba convencida de que nunca le hubiera reprochado nada. Pero eso lo tenía que haber pensado antes. Ella era la primera que pensaba que había reaccionado demasiado tarde.

Y es que no podía olvidar la cara de Bella cuando Carlisle le soltó la bomba la tarde anterior. ¿Qué estaría haciendo ahora? ¿Habría encontrado a Edward? ¿Estarían juntos por fin? "Dios mío…me van a odiar toda la vida", pensó Esme con tristeza.

Dio media vuelta y se metió en la cocina. Apenas eran las nueve de la mañana cuando volvió a coger el teléfono y se dispuso a marcar a sus hijos. Primero uno y luego el otro, pero algo había cambiado… ambos comunicaban. Así que siguió llamando y llamando cada diez minutos a uno y otro teléfono dejando más mensajes en el buzón de voz. Mandando mensajes de texto. Pero nada parecía funcionar.

¿Qué haría? ¿Cómo podía disculparse y explicarse si no le daban la oportunidad?

Un par de horas mas tarde, Esme seguía en la cocina, con una taza de té recién hecho entre las manos y la mirada perdida en algún punto de la pared que tenía enfrente.
Durante todo ese rato no había podido dejar de pensar en sus hijos. Recordaba cuando eran pequeños y Edward seguía a su hermana a todas partes. Bella siempre fue una niña callada y cariñosa y cuando empezó el colegio algunos críos se metían con ella. Pero Edward se convirtió en su valiente defensor, y aunque cuando llegaban a casa era él el que peleaba con Bella, no dejaba que nadie más lo hiciera. Muchas tardes se había quedado absorta observándoles jugar a caballeros y princesas, fijándose en el modo en que su hijo se erigía como ferviente defensor de su hermana.

Una sonrisa triste asomó a sus labios cuando las imágenes de sus pequeños inundaron su mente. Les necesitaba. Ya había sido duro estar sin Edward durante todo este tiempo como para imaginarse también una vida sin Bella. Era demasiado doloroso como para centrarse demasiado tiempo en esos pensamientos.

Dejó la taza con el té ya frío en la mesa y cogió de nuevo el móvil. Le dio a rellamada y aguantó la respiración.

Esta vez le daba señal. Esperó paciente, con un nudo en el estómago, mientras escuchaba los tonos. Pero cuando creía que iba a iba a derivar la llamada al buzón escuchó su voz.

—Hola...
—Bella —susurró con la voz entrecortada—. Bella, por favor...
—Ahora no quiero hablar mucho con vosotros Esme —contestó Bella cortando su explicación, intentando sonar dura—. Sólo llamo para deciros que estamos bien y que... Que...
—Bells —sollozó Esme—, soy mamá. No me llames Esme por fav...
—Sólo llamaba para eso —cortó de nuevo inundada en llanto—. Déjame unos días para procesar todo esto, te lo pido por favor —susurró esto último con los ojos cerrados intentando que así las lágrimas dejaran de rodar por sus mejillas.
—Pero Bella yo...
—Adiós... —contestó antes de cortar.

"Adiós mamá" pensó mientras recordaba la cantidad de veces que le había consolado o que había ido corriendo a buscarla para contarle cualquier cosa. Pero ellos no eran sus padres. Le habían mentido durante casi 25 años. Y eso era la que no podía perdonar, que no confiaran en ella como para decirle algo así en algún momento de su vida.

Hacía rato que Edward había salido a buscar ropa y comida para los dos y llevaba observando el móvil casi desde que había salido por la puerta. Cuando vio en la pantalla "llamada de mamá" los ojos se le nublaron de lágrimas y casi sin pensarlo más contestó. Pero mantener una fachada de frialdad cuando estabas escuchando esa voz de la persona que había estado para ti durante todos esos años, que había actuado como una fabulosa madre... "Madre que no es la tuya" pensó con amargura.

Sabía que tenían que hablar, pero no ahora. No encontraba ninguna excusa que justificara ese silencio. Ese silencio que encima había tenido esos daños colaterales.

Tan sumida estaba en sus pensamientos que casi no había escuchado la puerta de la calle.

Cuando Edward entró y observó a Bella sentada en la alfombra de la sala y llorando como una magdalena, sintió una tremenda opresión en el pecho. Sus hombros subían y bajaban, al compás del llanto que desgarraba su garganta. Pero lejos de alarmarse en exceso lo que sintió fue alivio porque por fin estaba dejando salir el dolor que estaba almacenando desde ayer.

Dejó las bolsas de cualquier manera en la entrada y se acercó a ella. Se descalzó y se sentó en la alfombra con ella. Sin decir nada, completamente en silencio, se acercó hasta quedar a su espalda y la abrazó.

Ella le había escuchado entrar hacía rato, aunque no podía ni siquiera mirarle. No quería que la viera así; no quería que este día, que estaba siendo el más maravilloso de su vida, se empañara por su tristeza.

Pero cuando sintió cómo sus brazos la envolvían y su aroma, el de siempre, invadía sus fosas nasales, se dejó llevar. Se acurrucó entre sus brazos y dejó que la calmara. Como había hecho siempre.

Cuando al cabo de un rato empezó a escuchar cómo Edward tarareaba Edelweiss, el llanto empezó a ser más calmado y una tenue sonrisa empezó a aparecer en su rostro. Y es que podían pasar veinte años más, conocer a mil personas más, pero siempre, siempre serían ellos mismos. Edward y Bella, y se pusiera el mundo como se pusiera ellos se pertenecían... en cuerpo y alma.


Ains...

Bueno, se que este ha sido más cortito que los capítulos anteriores, pero la verdad me pedía cortar aquí. Pero no os preocupéis que ya he metido quinta marcha e intentaré actualizar así de seguido ;)

hey... que esta vez también he actualizado antes de que pasara un mes... para vosotras será un suplicio esperar tanto pero para mí es todo un logro! :P

Y bien, después de haber leído ¿me diréis lo que os ha parecido el capítulo en un review? ^_^

Ya sabeis que el único pago que recibimos las escritoras son vuestros comentarios! :-*

Os recuerdo que me abrí perfil de facebook, soy Dulce M Cullen.

¡Besitos para todas!