* Quiero empezar comunicándoles que en el próximo capítulo contestaré todos los reviews ;) Gracias por su apoyo y el amor que le muestran a KHO.

* Ustedes votaron y eligieron la historia que querían, y aquí estoy con una actualización extensa de la misma.

Prepárense para todas las emociones que se harán presentes a lo largo de estas 20 páginas.


CAPÍTULO 36

"Desnudando el Alma"


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Blaine había regresado a casa, pero estaba muy callado, y eso no era una buena señal. Por lo general era muy abierto y expresivo, pero cuando permanecía en silencio o retraído era indicativo de que algo andaba mal.

Kurt lo observó durante un par de minutos y luego se dirigió al patio y se acercó a él, sentándose a su lado en el borde de la piscina.

—¿Qué te ocurre, amor? —Colocó su mano sobre el muslo de este.

—Nada, cariño, no es nada.

—Por favor, te conozco muy bien, sé que algo te pasa, y es algo personal.

El empresario observó la blanca mano que reposaba en su pierna y la cubrió con la suya, acariciándola suavemente.

«Blaine, siempre me pediste que no te dejase fuera, que no pusiera muros entre nosotros cuando algo no andaba bien conmigo, y es lo mismo que te pido ahora.

—Te amo.

—También te amo, y por eso me preocupo por ti. ¿Te sientes mal? ¿Algo te preocupa? ¿Qué es?

—El pasado no deja de perseguirme.

—¿Tiene que ver con… tu ex?

—Creí que había sido claro en que él no me importa en lo absoluto. No veo por qué tienes que mencionarlo —dijo con evidente molestia.

—No tienes por qué enojarte, sólo hice una pregunta ya que mencionaste tu pasado.

—Él no es la única parte de mi pasado.

—Sí, claro. Entiendo.

—Lo siento, no quise hablarte así —Entrelazó sus dedos con los de su esposo—. No fue mi intención. Realmente lo siento.

—Está bien. Lo sé.

—Te pido que no lo menciones, pero sobretodo que no dudes de mí. Él es pasado, y no me interesa en lo absoluto. Tú eres mi amor, mi presente y mi futuro —Le besó la mano varias veces antes de posarla sobre su pierna.

—Lo lamento. No es que dude de ti, no pienses eso, no lo hago, en lo absoluto. Sólo intento entender qué te pasa. Mencionaste tu pasado, y es muy poco lo que conozco al respecto.

—No sé si voy a poder superar esto. Pensé que lo había hecho, pero con muy poco esa herida volvió a abrirse.

—Si me contaras, tal vez te ayudaría.

—No estoy seguro. Temo que remover más el pasado sólo hará que todo se vuelva peor, y no quiero eso porque ni tú ni Steph lo merecen.

—Steph y yo te amamos, y estaremos aquí para ti como la familia que somos.

Blaine lo miró a los ojos. —Ustedes dos son lo mejor que me ha dado la vida.

Sin saber por qué, Kurt sintió un escalofrío a lo largo de su espalda, y las palabras de Pam Anderson resonaron en su cabeza…

Ya lo vi pasar por eso una vez, así que sé muy bien que mi hijo sólo está jugando a la familia feliz.

Con un ligero resoplido desechó ese pensamiento y le sonrió ligeramente —Tú también eres lo mejor que nos dio la vida.

—No hay forma de describir lo que ustedes significan para mí —Se inclinó hacia un costado buscando los labios de su amado, y los unió con los suyos.

Era un beso suave, una necesidad de contacto, un refugio para su agobiado corazón.

Lentamente fue inclinándose sobre Kurt, haciéndolo retroceder hasta quedar acostado, y acomodó la mitad de su cuerpo sobre el de este para poder besarle el cuello.

El hombre de ojos claros suspiró y acarició la espalda de su esposo. No estaba seguro si era lo correcto dada las circunstancias, pero quería ayudarlo a sentirse mejor de alguna manera.

—Te amo Blaine.

—Te amo tanto.

Los besos y las caricias eran suaves, había mucho cuidado en cada acción, pero Kurt podía sentir cierta ausencia, era su esposo, amoroso como siempre, pero no era él al cien por ciento.

Cuando Blaine se dé cuenta que tú y tu hija no son más que un repuesto, un alivio temporal, todo terminará.

Abrió los ojos y lo observó al hombre al que amaba por un par de segundos. Sus manos se movieron hasta colocarse en los hombros de este y ejerció una pequeña presión para apartarlo.

—No. Detente, por favor.

—¿Qué ocurre?

—No puedo.

—Por supuesto. Vamos a la habitación.

—No, no es por el lugar —Se sentó y observó hacia abajo por un instante.

Blaine se sentó también y frunció ligeramente el ceño. —¿Qué es entonces?

—Toda esta situación —Respiró profundamente—. No estás bien, y tener relaciones no es la solución a lo que te está pasando. Me encanta hacer el amor contigo porque siempre se trata de los dos, de esa forma especial en la que nos conectamos, en cómo nos entregamos al cien por ciento, pero en este momento no es así. Físicamente estás aquí, pero tu mente está en otra parte, y puedo sentirlo. Al final sólo nos sentiríamos mal y vacíos, tú por hacer esto y yo por permitirlo, y no quiero que sea así.

—Comprendo.

—Blaine…

—Quiero estar contigo. Quiero… Ah…

—Y yo quiero estar contigo, pero no es ni la forma ni el momento. Pienso que lo que buscas es algún tipo de contacto, de alivio a todo lo que estás sintiendo.

—Bien… Al parecer sabes lo que quiero mejor que yo —Su voz fue seria.

—Amor…

—No lo digo en un mal sentido. Estoy molesto, pero no es contigo, es con todo esto. En realidad es maravilloso tener a alguien que te entiende y te conoce, incluso mejor de lo que tú mismo lo haces —Le acarició la rodilla—. Lo siento.

—Deja de disculparte. Sólo habla conmigo, somos pareja, compañeros, amigos, un equipo.

—Lo haré. Vamos a hablar.

—¿Ahora?

—No.

—¿Entonces cuándo? ¿No te das cuenta el daño que te está haciendo ese silencio?

—Duele, Kurt. Duele más de lo que jamás podrás imaginar.

—A mí me duele verte mal y no saber cómo ayudarte. Me duele que me dejes fuera…

¡Blaine sabe que no eres más que un pasatiempo, por eso te mantiene al margen de lo que le ocurre!

Los ojos azules se cerraron con rabia contenida al recordar las palabras de la Sra. Anderson, y al mismo tiempo con el temor que trataba de alejar, el cual empezaba a ganar terreno.

Sin pronunciar otra palabra se puso de pie y se dirigió al interior de la casa.

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—Papi, ¿juegas conmigo?

Blaine miró a Steph y sonrió. Dejó en la mesa el libro que estaba leyendo y fue con ella, sentándose a su lado.

—¿A qué quieres que juguemos?

La niña tomó dos de sus muñecas y se las entregó. —Ella es Rebeca, y ella Alicia, y van a ir al parque a encontrarse con sus amigas.

—Seguro —Escuchó con atención y observó las muñecas preguntándose si sería bueno en eso.

Hora y media más tarde Steph reía a carcajadas por las ocurrencias del empresario. —Eres tan gracioso papi.

—Es un don —dijo haciendo una reverencia.

Realmente disfrutaba momentos como ese. Amaba a la pequeña que se encontraba frente a él, y no había nada más hermoso que verla reír de esa forma.

Eran también esos instantes en los que parecía olvidarse de todo lo que lo aquejaba y podía centrarse sólo en ella.

—Papi, ¿mi papá va a traer algo o viene a preparar la comida? Tengo hambre.

—No, princesita. Él salió con unos amigos y probablemente regrese en la noche, así que yo me encargo de todo hoy. ¿Qué quieres?

—Mmm… ¿podemos comer hamburguesas?

—Las hamburguesas no son un almuerzo.

—¿Por qué no si son comida?

—Porque es importante consumir algo nutritivo y saludable.

—Las hamburguesas son todo eso. Es como comer una ensalada con su acompañado.

Blaine sonrió durante unos segundos. —Usualmente la cantidad de ensalada es mayor que lo que la acompaña.

—¿Entonces no podemos?

—Mmm… ¿sabes qué? Sí, sí podemos. Almorzar hamburguesas un día no es malo.

—¡Genial! —Se puso de pie de un salto— ¿A dónde vamos a ir?

—A ninguna parte porque no las vamos a comprar.

—¿Y cómo las vamos a comer si no las compramos?

—Las vamos a preparar nosotros.

—¿Podemos hacerlas aquí?

—Por supuesto, cariño. Y será más divertido que estar en una columna esperando.

—Sí, vamos. Quiero preparar hamburguesas.

Blaine se puso de pie y salieron de la habitación, dirigiéndose hacia la cocina, en donde sacó todos los ingredientes que necesitaba.

Ambos trabajaban felices, compartiendo una pequeña plática sobre cómo hacer cada cosa hasta que Steph se quedó en silencio por unos segundos.

Mientras deshojaba la lechuga pensó en algo que había estado dando vueltas en su mente en los últimos días, lo cual no pasó desapercibido por su padre.

—¿En qué piensas?

—Niki tiene un hermano y una hermana, y los tres se divierten mucho. Dice que tenerlos es lo mejor del mundo. Sus papás tienen muchos hermanos también, así que ella tiene bastantes tíos.

—Eso es genial. La familia es lo más hermoso e importante que se puede tener.

—Lo es… —Realizó una pequeña pausa— ¿Tengo tíos? Además de la tía Mercedes y el tío Artie. Me refiero a hermanos tuyos.

—No, amor. Soy hijo único. Aunque crecí con mis primos, y como sabes, somos muy unidos.

—Como hermanos.

—Así es.

—¿Cuándo podemos visitarlos?

—Tal vez el fin de semana. Debo llamarlos primero para organizarnos.

—Sí, sí, sí. Quiero verlos.

—Hablaré con ellos más tarde.

Se encontraban en la mesa disfrutando ya de su almuerzo cuando Steph miró a Blaine fijamente y se animó a decir lo que estaba pensando.

—¿Van a darme hermanos?

—¿Qué? —La pregunta lo tomó por sorpresa.

—Que si tú y mi papá van a darme hermanos. La mamá de Ashley tuvo un bebé. Ella dice que su hermanita es muy bonita, parece una bolita, y tiene mucho cabello. Dice que es genial tener un bebé en casa, y que ella es importante porque sus papás le piden que los ayude en muchas cosas.

Blaine suspiró y sonrió ligeramente al imaginar la escena.

«Quiero tener una hermanita. Soy grande, puedo ayudar a cuidarla.

—¿Una hermanita?

—Puede ser niño también, no importa. ¿No te gustaría que hubiese un bebé en la casa?

Blaine tuvo de inmediato la visión de un pequeñito en sus brazos y se quedó sin aliento mientras un escalofrío recorría su espalda.

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Kurt compartió con sus amigos durante un par de horas. En cuanto la idea fue propuesta, aceptó de inmediato porque necesitaba distraerse y despejar su mente ya que la situación con Blaine se volvía cada vez más complicada, sin embargo se retiró temprano porque quería ir a ver a otra persona.

No paraba de pensar en lo que estaba ocurriendo, por más que lo intentaba, era lo único que hacía todo el tiempo, y esperaba encontrar respuestas al lugar al que se dirigía.

El trayecto se hizo eterno, pero cuando llegó a su destino permaneció dentro del vehículo durante un minuto.

—Señor, ¿está bien? —Preguntó el taxista— Llegamos a la dirección.

—Ah… sí —Observó la casa de los tíos de Blaine.

—¿Va a bajarse o quiere que lo lleve a otro lugar?

—No, no, aquí me quedo —Le entregó el dinero y le agradeció.

Caminó lentamente hasta la puerta. Necesitaba hablar con alguien que conociera lo suficiente a su esposo, y nadie mejor que la persona que prácticamente lo había criado.

—¡Kurt!

Al escuchar su nombre giró y vio a la mujer detrás de él con una enorme sonrisa.

—¡Michelle!

—¡Qué alegría verte! —Se acercó y lo abrazó— Ven, entremos.

Los temas de conversación fueron variados hasta que finalmente Kurt se decidió a abordar el tema.

—Sabes que no puedo hablar de eso. Es algo que le corresponde a Blainey y a nadie más.

—Pero él no me dice nada. He sido paciente, le he dado todo el tiempo que me ha pedido, y sigue callando.

—Si no está listo para hablar…

—Le está haciendo mucho daño. Cada vez que se queda dormido tiene la misma pesadilla, y sé que le duele, que lo atormenta, porque hace todo lo posible por permanecer despierto. Lleva tres días sin dormir. ¿Cuánto más va a poder resistir? ¿Cuánto tiempo va a pasar para que empiece a afectarle a su salud?

—¡Oh, Dios! Mi niño —Llevó una mano hacia su pecho—. Él estaba bien, ¿qué pasó? ¿Por qué otra vez esos recuerdos?

—Es una de las cosas que quiero saber. Yo… lo único que hice fue mencionar a Connor, y a partir de ese día las pesadillas aparecieron.

—¿Sabes de Connor?

—Sí, Blaine me contó lo que pasó con él, la forma en que este lo dejó cuando atravesaba un momento muy difícil es despreciable.

—Ese sujeto fue un infeliz. Lo que hizo… No le haces eso a alguien a quien amas. Mi Blainey pasaba por algo muy duro, demasiado doloroso, necesitaba a su familia, necesitaba a su esposo, pero él sólo tomó sus cosas y se fue sin importarle nada.

A todo el dolor que mi niño sentía se sumó el abandono de ese desgraciado, y encima la culpa, esa culpa que lo atormentaba.

—¿Culpa? ¿Por qué?

—No te puedo decir más. Blainey nos hizo prometer que no hablaríamos de lo que sucedió, y no voy a romper esa promesa.

—Ashton fue alguien importante en su vida, ¿cierto?

—¿Qué?

—Él tenía pesadillas con Connor, pero estas cambiaron y ahora Ashton es el nombre que menciona en ellas.

Michelle cubrió su boca con una mano mientras la angustia se apoderaba de su rostro.

—¿Le has preguntado por él?

—No, apenas si menciono lo de las pesadillas, me evade.

—Enfréntalo y dile a Ashton, te aseguro que te contará.

Cuando cayó en ese estado de depresión terrible, se aisló del mundo, no interactuaba con nadie, era como si estuviera perdido en sus pensamientos todo el tiempo, pero un día me senté a su lado y empecé a hablarle de Ashton, entonces me miró y sólo lo hizo. Fueron unas pocas palabras, pero ese fue el primer paso.

¿Sabes? —Secó las lágrimas que rodaban por su rostro— Blainey es la clase de persona que se preocupa por los demás, que siempre procura su bienestar y felicidad, pero a veces se olvida de sí mismo y se pone en segundo lugar. Él te ama mucho, y estoy segura que una de las razones por las que no te ha contado es porque no quiere verte afectado.

—Es lo que me dijo. Pero me afecta más verlo tan mal.

—Aún me desconcierta que con la sola mención del nombre de Connor se desatara todo. Quizá en el pasado, pero ¿ahora?

—Tal vez me equivoque, pero tengo el presentimiento que su mamá le ha estado hablando de él. Blaine empezó a tener un comportamiento extraño desde la vez que ella enfermó y la iba a visitar seguido.

—¿La has visto últimamente?

—S-sí —Vaciló en contestar.

—Escúchame, dulzura —Lo tomó de la mano—. No hagas caso a nada de lo que te diga. Confía en ti, en Blainey y en lo que ustedes tienen. Sé que te ama así como sé que tú lo amas, no necesitan decirlo, es obvio a los ojos de todos, así que no puedes permitir que ella ni nadie interfieran.

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Kurt llegó a su casa y vio la luz de la cocina encendida, así que se dirigió hacia allá directamente. Ahí encontró a Blaine sentado con los codos apoyados en la mesa y los ojos cerrados.

—Amor —Se acercó y le besó la mejilla.

—¿Cómo te fue?

—Bien, todo bien.

—Te divertiste mucho.

—Lo pasé bien.

—Van a ser las once. Sabía que llegarías en la noche, pero no imaginé que tan tarde.

—Lo siento. No me di cuenta de la hora.

—No te estoy reclamando nada, al contrario, me alegra que salgas, que lo pases bien y tengas una vida fuera de esta casa y el trabajo.

—Tú también necesitas salir con tus amigos.

—Sí, en algún momento lo haré.

—¿Steph?

—Está dormida.

—¿Cómo les fue?

—Jugamos, estuvo en la piscina por una hora, luego en los trampolines, preparamos la comida, leímos, vinieron sus amigas… y la lista continúa. Es incansable.

—Lo es —Sonrió—. Gracias por cuidarla.

—No tienes nada que agradecerme.

—Gracias por amarla.

—Kurt, eso no…

—Gracias por amarme —Lo tomó suavemente del rostro.

—El amor no se…

—Gracias por todo —Juntó sus labios en un beso dulce—. Te amo.

—Te amo mucho.

—Lo sé. Lo siento en mi corazón cada día —Le dio un beso corto, luego se estiró y tomó el jarro con café que estaba frente a su esposo. —Ya no bebas esto, no es bueno.

—Sabes que necesito mantenerme despierto.

—No es así. Lo que necesitas es descansar un poco.

—Voy a ver una película —Se levantó y dio unos cuantos pasos—. Sé que es tarde, pero si no tienes sueño todavía, —le extendió la mano— me gustaría que vinieras conmigo.

—Seguro.

Conforme la película avanzaba, Kurt fue recostándose y estiró el brazo para atraer a su esposo hacia él, quien se resistió.

—Si hago eso me voy a dormir.

—Sólo relájate y acuéstate a mi lado. Debes estar cansado de permanecer sentado.

Con un suspiro Blaine se fue acomodando hasta que parte de su espalda reposó sobre el pecho de su amado.

«¿No es estás mejor así? —Le besó el hombro y continuaron viendo la película.

Minutos más tarde llevó su mano libre hacia los oscuros rizos, enrollando sus dedos en ellos.

—No, detente —le apartó la mano suavemente—, no quiero relajarme al punto de quedarme dormido.

—Necesitas hacerlo. Unos cuantos minutos por lo menos. Voy a estar aquí, y si noto que algo pasa, prometo despertarte de inmediato.

—No sé… No creo.

—¿Confías en mí?

—Plenamente.

—Bien —sonrió—, entonces relájate e intenta descansar.

—Estoy bien así.

Kurt podía sentir la tensión en su amado, y veía como luchaba por mantener los ojos abiertos. Volvió a enroscar sus dedos en la cabellera y empezó a susurrarle al oído. Una pequeña sonrisa apareció cuando sintió como el cuerpo que sostenía fue soltándose.

No pasó mucho para que Blaine se quedara dormido, era más que obvio lo cansado que estaba, y él estaba decidido a estar pendiente de todo, aunque mantenía la esperanza de que no se presentase ningún contratiempo.

Cuando el filme terminó, los ojos azules se posaron sobre el reloj, era la una y hasta ese momento todo estaba tranquilo.

—Te amo —Abrazó a su esposo—. Siempre estuviste para mí, y yo voy a estar para ti sin importar lo difícil que sea lo que te está pasando.

Programa tras programa bostezaba y volvió a mirar la hora. Las cuatro con quince minutos, y parecía que Blaine finalmente estaba teniendo un sueño sosegado, así que cerró los ojos, aunque sin la intención de dormirse.

Su cabeza al rebotar hacia atrás lo hizo despertarse, observó a su pareja y lucía tranquila. El reloj marcaba las seis, y sintió cierta tranquilidad. Blaine lo había logrado, tuvo una noche de un sueño profundo y sin contratiempos. Incluso si algo sucediese en ese momento, ya había descansado varias horas.

Le besó la frente y cerró los ojos, todavía tenía algo de tiempo antes de tener que llevar a Steph a la escuela.

—Papi. Papi…

—Estoy despierto amor —Abrió los ojos y vio a su pequeña parada junto al sofá.

—Buenos días —Susurró—. ¿Durmieron aquí?

—Buen día, amor —Respondió en voz baja—. Sí, estábamos viendo televisión y nos quedamos dormidos. Ve a descansar un poco más. Cuando esté el desayuno te llamo.

La niña sonrió y se dirigió a su habitación.

Con un pequeño suspiro apoyó la cabeza en el hombro de su esposo. Un par de minutos después este empezó a hacer ruidos mientras se removía.

—Blaine… despierta. Vamos, cariño, despierta —Lo movió ligeramente—. Blaine, abre tus ojos mi amor.

—Ah… ¿Qué? —Dio varias respiraciones cortas con la boca. Lentamente movió la cabeza hasta que sus ojos se encontraron con los de Kurt— Entré a esa habitación… y no estaba… Supe de inmediato que algo había pasado… Estaba tan asustado… y de pronto escuché tu voz… Y aquí estás.

—Por supuesto que estoy aquí —dijo de manera tranquilizadora mientras trataba de entender lo que escuchó. Sabía que era una parte de la pesadilla, que de manera consciente o inconsciente, Blaine le había contado—. No voy a ninguna parte, amor. Estoy y siempre estaré a tu lado.

—Gracias —Lucía tan frágil en ese momento—. Gracias por despertarme.

—Te dije que estaría pendiente.

—Te amo —Le dio un pequeño beso y luego se movió un poco para poder abrazarlo, cerrando los ojos y aspirando ese aroma que se había vuelto familiar.

Mientras le acariciaba la espalda recordó lo que Michelle le había dicho durante su plática: "Blainey siempre se muestra fuerte, inquebrantable. Es la fuerza para quien lo necesite. Pero a veces hasta el más fuerte necesita quien lo sostenga.

Rara vez se muestra vulnerable, y cuando lo hace, es porque las cosas no están nada bien en realidad y han comenzado a sobrepasarlo".

—Amor, tenemos que hablar. Por favor. No puedes seguir así.

—Kurt…

—Está bien sentir dolor, está bien apoyarse en otros, más si son tus seres amados. No tienes que ser un roble todo el tiempo.

Sé cómo es eso. Durante años tuve que ser fuerte y mostrarme firme ante los demás, tuve que guardarme mi dolor y lo que sea que me estuviera pasando, y lo hice porque debía salir adelante y luchar siempre por Steph. Yo era lo único que ella tenía, y debía permanecer inalterable e imperturbable, aunque por dentro muchas veces sintiese que no podía más, que era demasiado y que todo lo que ocurría me estaba consumiendo lentamente.

Luego llegó Mercedes, quien se convirtió en un ángel para nosotros. Sin embargo, seguía guardando muchas cosas, seguía siendo como un soldado que jamás puede dejar de estar alerta. Entonces te conocí, y a pesar de que fue difícil, te dejé entrar a mi vida y me permití por primera vez en mucho tiempo, ser vulnerable, sacar todo eso que estuvo oprimiéndome y torturándome.

Tú me apoyaste de diferentes formas, me ayudaste a comprender que no estaba mal recibir algo de ayuda, a que podía confiar en ti y en quien yo quisiera, y eso no me hacía menos valiente. Al contrario, por experiencia sé que se necesita de mucho valor para permitirles a otros que nos vean en nuestros peores momentos.

—Kurt… es…

—Fuiste mi fortaleza cuando más lo necesitaba, déjame ser la tuya.

Sin decir nada Blaine asintió y apretó el ajuste de sus brazos.

«Cuando regrese de dejar a Steph, vamos a hablar, ¿sí? Es importante que lo hagamos.

Una vez más Blaine asintió, y Kurt sintió que iban en la dirección correcta finalmente.

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Durante todo el camino de regreso a su hogar Kurt iba pensando en la plática que tendría lugar con su esposo. No sabía lo que pasaría, pero estaba preparándose para ello, sin importar qué.

Blaine no dejaba de dar vueltas por todas partes, tenía claro que no podía seguir posponiéndolo, pero no sabía si sería capaz de hablar de ello por más que lo intentase.

Dos corazones latían con fuerza llenos de miedo, dolor y expectativa por lo que estaba a punto de ocurrir.

—Blaine, cariño. ¿Blaine? —Miró alrededor, y por instinto avanzó hacia la habitación, en donde lo encontró sentado en el borde de la cama.

—No escuché la puerta —Su voz tembló.

Kurt se sentó a su lado y lo tomó de la mano. —¿Listo para nuestra conversación?

—No, nunca lo voy a estar. Esto jamás será fácil.

—Estoy aquí contigo.

—No sé cómo empezar.

—Podrías empezar diciéndome… quién es Ashton.

—¿Qué? —Se puso completamente pálido.

—Sabes que has estado teniendo pesadillas diferentes a las de antes, y en estas mencionas su nombre.

—Ah… no…

—¿Quién es Ashton? ¿Otro ex quizá?

—No.

—¿Quién es entonces?

—Me duele demasiado hablar de él —Su voz se quebró un poco—.

—Puedes intentarlo.

—Es difícil…

—Por favor, amor. ¿Quién es Ashton? Obviamente ocupó un lugar muy importante en tu vida.

—Es mi… —Lágrimas empezaron a rodar cual caudal mientras colocaba una mano sobre su pecho— mi hijo.

—¿Qué? ¿Tu hijo? ¡Eso no es posible! —Se levantó y empezó a caminar en círculos por la gran habitación— Si tuvieses un hijo me lo hubieras dicho. ¿Cómo podrías ocultarme algo así?

—Tengo un hijo— Su voz se apagó.

—¿Él sabe que existo?

—No.

—Tú… Te preocupas tanto por Steph, pero, ¿qué hay de tu propio hijo? ¿Dónde está? ¿Por qué jamás hablas de él?

Blaine negó con la cabeza. —Porque no puedo. No tienes idea de cuánto me duele no tenerlo conmigo —Se tapó el rostro con ambas manos y el llanto se volvió más fuerte.

—Un hijo… Un hijo no se oculta. ¿Por qué no me dijiste al respecto?

—No podía. No quería.

—¿No querías?

Lo que dijo tu madre acerca de no conocerte y la manera en la que me has estado ocultando cosas… Todo es cierto… ¡Oh, rayos! No quiero pensar en que…

—Kurt…

—No… No… Sé que me amas. Lo que tenemos es real.

—Lo es, es real.

—Es… Tienes un hijo… Dios mío… Realmente quiero comprender todo esto, pero ni siquiera sé la razón por la que me escondiste algo tan importante, y lo único que dices es que no quisiste contarme y… ya no sé qué pensar —Tragó con dificultad el nudo que se había formado en su garganta.

Durante varios minutos el único sonido que se escuchó fue el llanto de Anderson, y la angustia que embargaba el lugar.

Poco después el empresario se descubrió el rostro y miró a los ojos a su esposo antes de dirigirse hacia la puerta, colocando suavemente su mano sobre el hombro de este, esperando no ser rechazado.

—¿Aún confías en mí?

—Blaine… —Respiró profundamente y colocó su mano sobre la ajena— Sí, lo hago.

—Ven —Fue todo lo que dijo antes de dirigirse hacia el largo y amplio corredor.

—¿Dónde vas? ¿Blaine? —Caminó detrás de él y lo vio tomar las llaves del auto.

Iban en un trayecto bastante incómodo donde el silencio reinaba en su mayoría, salvo por los sollozos ocasionales y los instantes en los que Kurt manifestaba una de sus teorías.

—Si Connor es tu ex esposo y Ashton tu hijo, al que no has visto en mucho tiempo, supongo entonces que él se lo llevó, ¿o me equivoco?

¿Pelearon la custodia y él ganó?

¿De quién es biológicamente?

Bueno, sí él lo tiene, asumo que es…

—Mío.

Aquella palabra fue pronunciada con un dolor tan grande que hizo que a Kurt se le helara la sangre.

—Pe…pero… si es tuyo… ¿por qué? No entiendo nada. Me vas a explicar lo que pasó. ¿Y a dónde vamos? —De pronto el auto se detuvo, y miró el lugar, bastante confundido— ¿Qué hacemos aquí?

Blaine se bajó y empezó a recorrer un camino que conocía muy bien, aunque había dejado de transitarlo por un largo tiempo. Cada paso que daba se volvía más pesado y su andar se tornó lento.

Kurt lo siguió con una serie de escalofríos atravesándolo por completo mientras miraba los alrededores. Cuando su pareja se detuvo, imitó la acción. Lo observó atentamente y pudo notar como estaba temblando de pies a cabeza mientras el llanto copioso se volvió silencioso.

—B…Bl…Blaine…

Lo vio colocar una mano trémula sobre la pequeña pieza que estaba frente a ellos, la cual se encontraba cubierta de polvo.

Su corazón latía aceleradamente y le costaba respirar mientras se agachaba y empezaba a limpiarla.

Su esposo cayó de rodillas a su lado, haciéndolo asustar. —¡Blaine! —Lo sujetó y lo apoyó contra su propio cuerpo durante varios segundos hasta que este empezó a enderezarse y arrastrar sus dedos por la fría superficie. Con cuidado extendió una mano para ayudarlo y ambos continuaron desempolvando.

Cuando todo estuvo despejado, el aliento se quedó atrapado en su garganta y sintió como si alguien lo estuviese ahorcando. Le dio una mirada atónita a su compañero de vida, quien lucía completamente destrozado. Volvió la mirada al frente y lágrimas incontrolables empezaron a rodar por sus mejillas a la vez que negaba con la cabeza mientras leía la inscripción.

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Ashton Anderson Reed

Febrero 5, 2014 – Junio 7, 2014