Recordatorio: Actualizo cada dos semanas más o menos. Podéis ver comentarios de los avances en mi perfil, donde pone "Tablero de anuncios" con su fecha.
¡Hola a todo el mundo!
De vuelta de mi repentina huída, me he pasado los últimos días con una indigestión horrible y algo más, por lo que me ha sido imposible adelantar trabajo antes de la fecha prevista. No obstante, sigo luchando por terminar lo que empecé. Eso sí, el de hoy es flojillo comparado con el anterior. Y por cierto… creo que he augmentado mi condena. Me dí cuenta de ciertos detalles que no encajaban bien con el final… así que he tenido que añadir algo antes. No sé cuántos capítulos quedan, quizás unos 4, pero no puedo afirmarlo, así que escribiré hasta donde toque. Si paso de esos 4, no serán muchos más.
Respuesta a comentarios:
De todos los comentarios que me dejasteis en el último capítulo, no tengo palabras para expresar lo orgullosa que me hicisteis sentir. Creo que he engordado. XD Hehe! Me alegro muchísimo de que os causara tal efecto (bueno, no pretendía haceros sufrir, pero al menos que sintierais la pena de Nick); eso era lo que quería y me considero satisfecha con el resultado. Para mí, un momento tan triste necesita implicación y debería daros una medalla a todos por haberos metido tan a fondo en la historia. ;) Como siempre, me leo todos los comentarios, incluyendo los de muchísimos "Guest" en fanfictionnet y también escucho las canciones que me recomendáis. Siempre es genial descubrir nuevas. ;)
Me he encontrado con ciertas teorías en vuestros últimos comentarios sobre las famílias de Gydeon y Glenn, pero seguiré sin daros spoilers para que verifiquéis vosotros mismos si habéis acertado o no. ;)
Ahora me voy a dormir mientras vosotros os pasáis otro tanto leyendo, que ya son las 0:50 de la madrugada. XD ¡Hasta luego!
Banda sonora:
Judy:
- Afire love (In the style of Ed Sheran) [Instrumental version] - The karaoke studio
Judy y Bogo:
- The Auction (War Horse) - John Williams
Nick:
- Lullaby (Love & Loss) - Mattia Cupelli
Capítulo 38: Cuéntame lo que sabes
Judy no se detuvo hasta estar lo suficientemente lejos del edificio. Su corazón bombeaba sangre a la velocidad de una locomotora, forzándola a respirar a marchas forzadas mientras dejaba escapar las lágrimas que se perdían por el camino, arrastradas por el viento y fundiéndose en el fresco ambiente del atardecer.
Cuando el esfuerzo se volvió insoportable, terminó de caminar hasta un rincón apartado de la avenida, donde las miradas indiscretas no pudieran ser testigos del panorama en sus ojos, y se dejó vencer finalmente por la rabia, llevándose las patas a la cara y llorando sin miramientos, echando fuera toda la impotencia y el dolor que le habían causado las palabras de Nick.
No podía creerlo...de hecho, no sabía ya qué créer. Cuando se habían conocido, sí se había sentido insultada y ridiculizada, pero ese extremo era demasiado nuevo para ella. El pelirrojo podía ser bastante punzante si quería, pero jamás lo habría visto capaz de semejante escena. ¿Que había pretendido acostarse con ella? Aquella noche en el jardín le había servido la oportunidad en bandeja. De haberlo querido realmente no se habría echado atrás en el último momento y dudaba de que aquel cariñoso beso en su frente fuera realmente obra de un desalmado como había querido hacerle ver.
Secándose finalmente los ojos, intentó aclararse las ideas. Era cierto: Nick no había intentado aprovecharse de ella lo más mínimo durante esas pequeñas vacaciones. Y si realmente se hubiera sentido tan indignado no habría esperado hasta al quinto día para esfumarse.
De repente, el recuerdo de su "falsa" declaración cuando las luces de Primavera acudió a su mente. ¿En serio había sido una simple broma? La visión que tuvo de él en aquel momento, comparada con la de ahora, no encajaban ni por asomo. Aunque fuera realmente una canallada, todo cuanto había sucedido no tenía sentido. Nadie habría llegado a ese extremo para intentar acostarse con alguien de su interés… ni siquiera el numerito del baile durante la última prueba de la competición.
Judy sabía que el zorro tenía un sentido del ridículo bastante marcado y su cerebro no dejaba de repetirle que estaba comparando a dos seres distintos. Era imposible que hubiera pasado por cinco días de tortura para no llevarse nada a cambio y luego hacerle creer que simplemente había desistido. ESE no era Nick… su Nick.
Se secó las lágrimas finalmente, con determinación en descubrir la verdad, fuera la que fuera. Si él no quería contársela, buscaría otra forma de saberlo, pero no iba a dejarse vencer; ni por sus mentiras ni por la falta de recursos, porque Judy Hopps nunca sabe cuándo rendirse.
Se dirigió hacia la comisaría a pesar de que ya quedaba poco para que terminara su jornada, y se abstuvo de mencionar nada a nadie sobre su pequeña escapada.
Disimulando, pasó su última hora buscando indicios de aquello que hubiera podido desencadenar la reacción de Nick, preguntando a los compañeros como quien no quiere la cosa, intentando averiguar si alguien, aparte de Bogo, tenía idea sobre lo que le había sucedido a su compañero.
No obtuvo ningún resultado satisfactorio; ni una mísera pista, pero no perdió la esperanza y se propuso continuar al día siguiente, lo cuál hizo. No estaba dispuesta a abandonar ahora que tenía las ideas tan claras… y tras haber sido testigo de aquel beso.
Aunque su obsesión por investigar hubiera conseguido alejarla por un instante de aquel recuerdo, cuando recobró conciencia de lo que había sucedido en el apartamento no pudo evitar llevarse los dedos a los labios, interrumpiendo su búsqueda en Zoogle por un instante.
La mirada que le dirigió él cuando le confesó que lo amaba no era la de un aprovechado. Aunque ahora se daba cuenta de la desesperación que había logrado captar en esas pupilas, se preguntaba cómo había podido obviar sus sentimientos por ella durante todo ese tiempo. Porque, hablando claro, el beso no había sido moco de pavo y Judy no era estúpida. Nick la quería. Quizás más de lo que imaginaba, y si bien suponía que la única razón para insultarla había sido la de alejarla de él, la carcomía no saber por qué. Eso sí, cuando lo descubriera, se aseguraría de echarle la reprimenda más grande de su vida por haberla hecho sufrir y no confiar en que ella podría ayudarlo. Quería ayudarlo. Fuera cual fuera el lío en el que estaba metido o, en su caso, el lío en el que ella también estuviera implicada, pues estaba claro que formaba parte del problema.
Meditó un instante las posibilidades de indagar en este asunto más profundamente. Habiendo comprobado que el resto no tenían ni idea de su partida, ni siquiera Clawhausser, Judy sospechaba que Bogo tampoco le había dicho la verdad. Llevaba ya tiempo trabajando para él y conocía bastante bien sus expresiones faciales. En parte, algo le decía que su última conversación no había sido del todo… sincera; y eso sin mencionar el tono con el que la había zanjado. Quizás valiera la pena intentarlo de nuevo, aunque con ello se arriesgara a obtener una semana de castigo ordenando documentos en los archivos. No sería la primera vez que se ganaba uno.
Decidida, se dirigió hacia el despacho del jefe y se obligó a no aceptar una excusa como respuesta. De hecho, si Nick estaba en un aprieto, eso también podía afectar a la comisaría. No podría negarse a ayudarla en tal caso.
Llamó a la puerta con dos golpecitos secos y enseguida le dio vía libre.
Cuando Bogo la vio aparecer por encima de sus gafas de lectura, se sorprendió un poco, pero no sospechó la razón de su visita.
—¿Hopps? —Cerró el ordenador portátil antes de levantar la cabeza.
—Buenos días, jefe. —Ella le sonrió con toda la inocencia que pudo aparentar, aunque ambos eran bastante malos en esto de disimular. —Esto… necesito hablar con usted.
Puede que Bogo lo presintiera en aquel momento pero, por alguna razón, supo que se refería al tema que con el que llevaba luchando desde hacía varios días. Habría podido inventarse una excusa y decirle a la recién llegada que no tenía tiempo en ese momento… pero estaba realmente harto de mentir a una de sus agentes más condecoradas y suponía que Wilde no habría podido arreglar nada tampoco. Aunque le había prometido no decirle la verdad, no podía evadirla siempre. Suspirando, se quitó las gafas y se acomodó en la silla, agarrándose instintivamente a los reposa-brazos.
—Dígame entonces. —Le señaló fugazmente la silla de enfrente y Judy aceptó la invitación, tomando asiento de un saltito. —¿Le preocupa algo?
—En realidad sí, señor. —Ella mantuvo la expresión serena, esperando no delatar sus intenciones, aunque estaba segura de que Bogo se lo esperaba de algún modo. Buscó las palabras adecuadas para empezar. —Verá… sé que me dijo que no sabía nada sobre el tema… pero no puedo evitar pensar que hay algo muy extraño en torno al agente Wilde y temo que se haya metido en algún lío. —Él apretó los labios y negó con la cabeza, pero la agente prosiguió antes de que pudiera replicarle. —Si el asunto es grave, podría afectar incluso a la comisaría y Wilde no es de los que se toman excedencias así como…
—Todo el mundo tiene problemas, Hopps —intervino finalmente el comisario —. Si Wilde no quiere inmiscuir al equipo en sus asuntos, será seguramente porque no lo necesita. ¿No crée?
—Señor —Judy se levantó en la silla para apoyar las patas en la mesa —conozco al agente Wilde y puedo asegurarle de que esta situación no es normal. Es más, ayer fui a verle y lo comprobé de primera pata. Algo le ocurre; y es grave.
Bogo pestañeó con calma.
—¿Se lo ha dijo él, acaso?
Judy quería mentir… pero ésta vez decidió probar suerte.
—Sí.
—¿Y qué fue exactamente lo que le dijo? —Bogo tampoco era tan tonto como para dejarse engañar. Si Wilde le había pedido que cerrara la boca no era precisamente para soltarle el secreto a ella a la primera de cambio. De hecho, de ser así le habría dicho también que él mismo conocía la verdad sobre los hechos y Hopps no habría empezado la conversación argumentando "ceer" que su compañero estaba metido en un berenjenal. Sin embargo, sentía compasión por ella y sabía que estaba, en efecto, muy preocupada por el zorro; una actitud más que justificada puesto que él también lo estaba.
Judy, por su parte, pensaba haber encontrado una brecha por donde atacar, así que dijo lo siguiente aparentando absoluta confianza.
—Me dijo que era algo que tenía que resolver solo.
—¿Eso es todo?
Nuestra policía no reconoció la reacción que buscaba en el jefe y supo que la mentira no había surtido efecto. Aún así, se arriesgó un poco más.
—Me dijo también que no iba a regresar a la comisaría. —Y eso sí era verdad. Curiosamente, ésta vez sí logró ver algo en los ojos del búfalo. Fue un fruncimiento fugaz, pero en aquel momento no le cupo duda de que el jefe sí sabía algo, así que echó pata de su última carta. —Señor… confío en usted y sé que siempre querría lo mejor para el equipo... pero si sabe algo sobre lo que le ha pasado a Nick, le suplico que me lo diga. Como amiga suya, es mi deber ayudarlo en todo lo que pueda. Estoy segura de que lo entiende.
—¿Por qué piensa que sé algo sobre este asunto, Hopps?
Bogo estiró un poco más la cuerda, intentando no darse por vencido, pero perdió las ganas de seguir mintiendo cuando ella le respondió, mirándolo a los ojos: —Porque si no supiera nada, se interesaría más por lo que le estoy contando en vez de simular indiferencia. —Y dio en el clavo.
Judy había sido testigo en varias ocasiones del respeto que los agentes guardaban por el jefe y de todo cuanto éste había hecho por ellos; ella incluída. Siempre que había problemas, Bogo era el primero en interesarse por cada caso a pesar de todas las veces en que mencionaba su famoso "me da igual". Gran parte del tiempo lo empleaba para investigar por su cuenta; y aunque también dedicaba algunos minutos a deleitarse con las actualizaciones que le proporcionaba Clawhausser a través de internet, algo que todos sabían, era uno de los mejores superiores que había tenido el distrito. Jamás dejaría a uno de los suyos en la estacada, al igual que ella, y esa sí era una verdad como un templo.
Tras un breve silencio, Judy decidió que el juego ya había durado bastante.
—Jefe, por favor… cuénteme lo que sabe.
Bogo bajó la cabeza, cansado de lidiar con aquellos suplicantes ojos violeta, y musitó su último recurso.
—Le prometí a Wilde que no le diría a nadie la razón de su marcha. —Se atrevió a mirarla. —Y especial a usted.
Judy sonrió con cierta compasión.
—Entonces no me lo diga. —Respondió, posando una patita encima del ordenador portátil. —Escríbalo. —Y dicho ésto, inclinó la cabeza hacia delante como despedida y saltó al suelo para marcharse, no sin antes pronunciar un educado "gracias" antes de desaparecer tras la puerta.
Bogo se quedó con la visión de su diminuta figura un instante, pensando en lo que significaba romper el silencio a esas alturas… y tomó una decisión.
Una media hora más tarde, Judy descansaba en su despacho, apurando lo que quedaba de su café, y lo vio aparecer por la puerta con una hoja doblada en la pata. Se dirigió hacia ella y la observó durante escasos segundos antes de entregarle los papeles.
—Ocúpese de esto, Hopps. —Dijo simplemente, depositándolo en la mesa sin esperar respuesta. —Lo quiero listo enseguida. —Y se marchó tal y como había venido, obviando su rápido "sí, jefe".
Reprimiendo una sonrisa de satisfacción, Judy atrapó el papel resoplando, como si estuviera harta de trabajar, y se percató de que el breve texto estaba escrito en su puño y letra.
"Espere diez minutos y diríjase al archivo. No es seguro hablar en el despacho y temo que haya un infiltrado entre nosotros."
Evitó la tentación de mirar a su alrededor y tecleó algunos nombres inventados en zoogle, simulando buscar información sobre ellos y apuntándola su libreta, aunque en realidad se tratara de su lista de la compra.
Pasados apenas ocho minutos, atrapó el papel y tiró el vaso vacío de café antes de dirigirse hacia los archivos. Disimulando, se dio la vuelta antes de cerrar la puerta de las escaleras a sus espaldas para comprobar que nadie la seguía y descendió hasta el pasillo que conducía a la caldera y al almacén.
La puerta estaba cerrada y se ayudó de un pequeño salto para llegar hasta el pomo. Una vez dentro, confirmó que el jefe la esperaba.
—Le he dicho diez minutos. —La reprendió él.
—Me gusta ser puntual. —Le respondió ella, con una sonrisa que se apagó enseguida, yendo al grano. —¿Es cierto que podría haber un infiltrado en la comisaría?
—No lo sé —Confesó Bogo —, pero no me sorprendería.
—¿Y Nick está metido en el asunto?
El búfalo dejó escapar el aire por la nariz.
—Hopps, hablemos claro. El agente Wilde me pidió que no se lo contara y aún así voy a traicionar su confianza; pero, a cambio, antes de contarle nada, voy a pedirle algo a usted.
—Sí, señor. —Ella asintió, obediente y dispuesta. —¿Qué quiere que haga?
—Más bien lo que no quiero que haga. —La corrigió él. —Después de esto, quiero que me prometa que no intentará resolver éste caso por su cuenta.
Judy perdió el entusiasmo unos segundos.
—Pero tengo que ayudar a…
—Nadie puede ayudar a Wilde en estas condiciones. —Replicó Bogo. —Mucho menos usted; y no estoy dispuesto a permitir que una de mis agentes corra peligro innecesariamente, así que prométamelo, Hopps. Cuando le cuente la verdad, no intentará resolver el caso sola. —La señaló con la pata. —Dígalo.
Ella tragó saliva y se permitió unos segundos para pensar. En realidad no quería hacerlo. Si quería conocer la verdad era precisamente para ponerse en acción. ¿De qué servía un caso así si no le dejaban resolverlo?
A pesar de todo, no tenía muchas opciones y prefería saber a lo que se enfrentaba Nick antes que nadar en la ignorancia y la angustia.
Asintió con su pequeña cabeza y dejó que las palabras fluyeran de su boca.
—Se lo prometo, señor.
Bogo asintió también, dándose por satisfecho, y se apoyó en la escalera de mano que colgaba de la estantería.
—Está bien. Ahora escúcheme bien porque no voy a repetirlo. Esto es lo que sé...
Nick se movió entre las sábanas, despertando de una larga y solitaria noche durante la cuál había sufrido los estragos de la tristeza más profunda.
Sus propias palabras se repetían en su cabeza, hundiéndolo más y más en el desprecio hacia sí mismo por no haber sabido encontrar una solución a lo que ya era el mayor fracaso de su vida.
La almohada estaba húmeda; mezcla de lágrimas y sudor, y su cuerpo apenas respondía. ¿Era eso la depresión? No recordaba haber pasado jamás por algo así, ni siquiera cuando se encontraba más desamparado que nunca en la gran ciudad. Siempre había sido fuerte, decidido, con recursos, dispuesto a lo que fuera por sobrevivir… y ahora… ahora sólo deseaba dejarse morir.
Perder a Judy de esta forma era como quitarse la vida con veneno, pudriéndose por dentro, sintiendo que los pulmones comenzaban a fallar y que su corazón dejaría de latir pronto, acortando los últimos momentos de aquel sueño llamado existencia; un sueño que se había transformado en una pesadilla imposible de vencer. Sin embargo, ¿qué era la vida si no una continua prueba? Glenn estaría ahora satisfecho con el resultado...
Se cubrió nuevamente la cabeza, rabiando con impotencia mientras los ojos amenazaban con humedecerse de nuevo y pensó en la injusticia. El pez grande se come al pequeño; siempre había sido así y todos aquellos que pensaran lo contrario eran unos ignorantes… incluída ella.
Judy… sus preciosos ojos acudieron por un instante a su cabeza, ayudándolo a tragar lo poco que le quedaba de dignidad y recordándole que si había caído tan bajo era precisamente para que ella si pudiera ser feliz. Eso era amar, ¿no? Darlo todo sin esperar nada a cambio. Él habría dado su vida por la de ella… y era justo lo que había hecho. Debería sentirse orgulloso de haber sido capaz de protegerla... aunque ya no volviera a verla.
Dejó escapar el aliento y se encogió. Estaba harto de ser tan patético, pero no podía evitarlo. Simplemente, no tenía fuerzas para recuperar su antiguo "yo" y dudaba mucho de que lograra regresar a la comisaría algún día, incluso si Bogo conseguía que le levantaran la suspensión... menos aún si ella continuaba trabajando allí. ¿Cómo sería capaz de mirarla de nuevo tras todo cuanto le había dicho?
El teléfono sonó en su mesilla, devolviéndolo un instante a la realidad, y sus ojos se agrandaron al reconocer su nombre en la pantalla. Apresurándose, sostuvo el teléfono entre las manos, debatiéndose entre contestar o dejarlo sonar. ¿Qué iba a decirle? Ahora mismo no podía pronunciar nada con sentido y temía que se le escapara una súplica. Estaba seguro de que ella insistiría en hablar con él de nuevo; nunca aceptaba una pelea sin darse otra oportunidad para arreglar las cosas… y su voz sería suficiente como para derrumbar toda su supuesta compostura. Tenía que mantenerla alejada y hacerle creer en serio que la despreciaba. Era la única forma de…
De repente, el móvil dejó de sonar y supo que el contestador se había puesto en marcha. Cuando la lucecilla le indicó que tenía un mensaje de voz nuevo, levantó el dedo con intención de acceder a él… pero terminó apagando el aparato. ¿Para qué sufrir más? Oír su voz no le ayudaría a sentirse mejor.
Sus ojos se dirigieron inevitablemente hacia el estante donde posaban algunas fotos y se levantó para echarles vistazo. Atrapó la más cercana, con Judy y él en la fiesta de cumpleaños sorpresa que le habían preparado los compañeros, y apretó los labios al recordar lo que había disfrutado aquel día en su compañía. Dejó la foto boca abajo en la estantería durante un segundo y la atrapó de nuevo, añadiendo todas las demás al pilón con intención de guardarlas en un cajón. Por ahora era incapaz de deshacerse de ellas… quizás con el tiempo consiguiera hacerse a la idea, pero no en ese momento.
Cuando atrapó la última, reconoció a Finnick junto a la furgoneta en una escapada que habían hecho cuando todavía trabajaban juntos y cerró los ojos un instante, preso nuevamente de la culpa. Por muy triste que estuviera, no podía obviar su responsabilidad.
Otros la habrían dado por concluída con la primera y única visita al hospital, pero Finnick era su amigo y Nick no podía dejarlo pasar por eso recuperar algo de valor, metió todos los marcos en el último cajón de un mueble y caminó hacia el armario para cambiarse de ropa. Ahora que no trabajaba, no tenía excusa, de modo que se colocó la chaqueta y salió de la habitación con aire perdido, dejándose llevar por sus propios pies en dirección al hospital y forzándose, una vez más, a mantener una serenidad que no tenía.
Judy se maldijo en silencio cuando salió el contestador automático, pero mantuvo la calma antes de dejar el mensaje. "Nick, lo sé todo. Siento… siento que hayas tenido que pasar por todo tú solo. Por favor, llámame en cuanto oigas el mensaje." Prefirió ser breve, aunque en el fondo tuviera tantísimas cosas que decirle.
Todavía no podía creer la increíble historia que el jefe le había contado. Toda esa información le había puesto los pelos de punta. De hecho, de no conocerlo bien, lo habría creído una broma de muy mal gusto. Glenn no podía haber hecho algo así, era imposible, y eso justamente le había dicho a Bogo… Sin embargo, algunas piezas comenzaban a encajar en su cabeza, descubriendo una sombría visión que jamás habría aceptado de él. ¿En serio había manipulado a otros para expulsar a Nick de la policía? ¿Eran ciertas las amenazas por las fotos de Don Bruto? No… tenía que haber algo más. Tenía que oírlo directamente de la boca de Nick, descubrir exactamente su versión y la de Glenn… eso sería lo justo. Aunque amara a ese estúpido zorro, que había tomado la decisión por ella en vez de contarle la verdad, necesitaba conocer toda la historia antes de juzgar y llegar a una conclusión.
Por otro lado, estaba claro que no le respondería por teléfono. La única opción era ir a buscarlo nuevamente a su casa y obligarlo a escucharla. Y eso fue lo intentó, escapándose una vez más del trabajo, pero el susodicho había vuelto a desaparecer. Según las vecinas, habían oído el ascensor hacía apenas diez minutos pero no pudieron indicarle la dirección que había tomado. Para más mala suerte, en cuanto salió a la calle para intentar perseguirlo, uno de los coches que circulaban por la vía tuvo un fallo en los frenos, provocando un grave accidente contra otro coche en medio del cruce y alcanzando a un par de peatones de rebote. Judy no tuvo más remedio que ponerse manos a la obra y avisar al equipo y a una ambulancia mientras se hacía cargo de la situación a la espera de ayuda. Una odisea que duró varias horas al haber sido testigo del choque y que le arrebató cualquier posibilidad de atrapar a Nick.
En la comisaría, Bogo también intentó localizar al zorro, pero el contestador saltó enseguida y le dejó una breve disculpa, confesándole su conversación con la agente Hopps. Quien avisa no es traidor, se dijo a sí mismo.
Una media hora después, recibió su aviso sobre el accidente a dos manzanas de allí por parte de Clawhausser y puso a trabajar a una parte de sus agentes para que se dirigieran allá a todas prisa. Se incluyó en el equipo, temiendo que Wilde estuviera implicado, formándose una película sobre lo que habría pasado si ella había ido a verlo, pero se sintió muy aliviado al comprobar de primera pata que ninguno de ellos había resultado herido.
El drama duró lo suyo; y cuando consiguieron restablecer el tráfico ya había transcurrido de sobra la hora de comer. Bogo le dio permiso a Judy para que regresara a casa más pronto y ella aceptó de buena gana. Aunque habría podido ir a buscar nuevamente a Nick estaba agotada y confusa. Había sido un día de locos y necesitaba un poco de tranquilidad para poder aclararse las ideas.
Comió una hamburguesa de espinaca y kéfir en un McDonkey's y se dejó caer en la cama tan pronto como llegó a su apartamento, cerca ya de las cinco.
Aunque el sol no se hubiera puesto todavía, bien habría podido echarse una buena siesta. De pronto, estirada en la cama, su iCarrot comenzó a sonar. Creyendo que sería Nick finalmente, descolgó sin mirar el nombre en pantalla y respondió con voz esperanzadora.
—¿Nick…?
La que sonó al otro lado, le tensó los músculos.
—No, Judy… soy Glenn.
