FELIZ AÑO NUEVO A TODOS 8D! Desde el dos que quería subir un nuevo episodio, pero por cuestiones de tiempo no he podido ^^;... veré si para Reyes Magos les actualizaré más seguido, porque tengo pensado que para enero ir subiendo día por medio, al menos hasta que me vaya de viaje uno de estos días ^^; (les avisaré aquí y por DART).

Este cap es más corto... o sea... es igual que los demás, mas ya verán como vamos avanzando de a poquito :D.

Espero que les guste :).


El Código Maestro

Capítulo XXXIII

Candace no estaba consciente de que aquella tarde su vida daría un vuelco de 180 grados.

Había arrendado un pequeño departamento en las cercanías del centro de la capital. En una vieja pensión, habló con la dueña del hospedaje. Con el poco conocimiento que tenía de francés, le costó un poquito comunicarse con ella, mas pudo requerir el servicio para pasar su estadía en Francia.

Mañana comenzaría su búsqueda. Estaba cansada de cargar el equipaje hacia la habitación. Descargó la maleta con brusquedad para desplomarse luego en su mullida cama sencilla.

Entonces tocaron la puerta, con rabia, como si la golpearan para hacerla pedazos.

- ¡Ya va! –exclamó en su lengua, olvidándose por un breve instante que estaba en otro país.

Sin embargo seguían empujando la entrada. Al ver aquella desesperada actitud, la pelirroja se echó hacia atrás.

Finalmente la puerta cedió, apareciendo un grupo de hombres de negro, con aspecto amenazante.

- Venga con nosotros, señorita –ordenó firmemente el que parecía ser el que estaba a cargo.

- ¿Q-qué significa todo esto? –preguntó trémula la joven adulta.

- Le decimos que tiene que venir con nosotros...

- ¡No! –se llenó de valor para responder tan fuerte -¡Díganme a qué vienen!

- Eso es… clasificado.

- ¡No me importa! ¡Si no me dicen, no voy!

- Se está resistiendo. ¡Hay que aplicar lo necesario para llevárnosla!

La rodearon aquellas personas extrañas para su expresión de terror. Los que estaban en su espalda la tomaron de los hombres y de las piernas para echarla sobre el suelo. Sin que antes pudiera emitir algún alarido le taparon la boca con cinta adhesiva.

- No fue muy ortodoxa tu técnica –habló uno de los uniformados.

- Lo que sea para cumplir nuestra misión. ¡Hay que anestesiarla!

Los ojos de Candace se dilataron al ver que frente suyo se alzaba una enorme jeringa con un extraño líquido amarillento. Haciendo a un lado su largo cabello anaranjado dejaron al descubierto su cuello esbelto.

- Que sueñes con los angelitos –ironizó alguien.

Lo último que pudo mirar fue cómo la aguja se adentraba en su carne y una sensación acuosa y desesperante se desbordaba por sus venas. Entonces, todo se nubló.


Monograma esperaba impaciente en las oficinas de la O.W.C.A. Fue cuando de tanto caminar de un lado para el otro sonó el teléfono rojo que tenía en un velador al lado de su escritorio.

Carl solo se ocupaba de hacer el papeleo sacando las respectivas carpetas de sus estantes y casilleros.

- Diga –respondió Francis el aparato.

- Le tenemos buenas noticias, mayor. Tenemos a la chica.

- ¡Excelente! –exclamó triunfante el canoso –Tráiganla enseguida. Debemos tener listos los preparativos para esta noche.

Entonces colgó.

Mientras el becario revisaba los folios, abrió uno con desinterés para ordenar los papeles. Así fue hojeando uno en uno, hasta llegar a unas páginas que le llamaron la atención.

- ¿Renata Fletcher/Abbott y Daniel Flynn? –se extrañó el pelirrojo –Señor… ¿estas personas tienen algo que ver con los dos hermanos…?

- ¿Ah? Sí, ellos fueron parte de la rebelión del los agentes humanos que te conté. Pobres estúpidos… ¡Estaban en busca de la Súper Computadora para eliminar los datos de la agencia! Y según veo, desde ese entonces estaban escondidos en Francia, los muy inútiles no sabían que existen dos Torres Binarias con información copiada ¡Y fueron al Polo Norte en su búsqueda!

- ¿Súper Computadora? –susurró confundido el de lentes.

- Vaya que eres un mocoso lento… se encuentra en aquí mismo, al lado de esta base. Está conectada con todas las computadoras al servicio de la organización, así que si un terrorista se atreve a eliminar un archivo sería en vano, porque tendríamos la copia de seguridad. La única manera de liquidar todo el sistema es formateando la Data principal, que está en las Súper Computadoras. Mas si alguien intentara hacerlo, necesitaría el Código Maestro. Pero seamos realistas… ¡NADIE TIENE ESA CLAVE! Excepto yo, claramente, y los mayores funcionarios de la agencia… ahora, ingresa estos archivos al sistema.

Y le pasó una carpeta, liviana cuya portada estaba estampada con timbre de tinta que decía "Top Secret". Descuidadamente, escudriñó su interior para leer lo que decía allí adentro.

- ¿"Operación: Rehabilitación"? –Carl presentía que aquello no decía nada bueno.

- ¡Así es! ¡Nos desharemos de todas esas alimañas que obstaculizan nuestro poder! Gracias a los ñoños del laboratorio federal nos han hecho construir una legión de los primeros robots espías. Son listos, obedientes y capacitados para cualquier misión. Creo haber llegado al origen de todos nuestros problemas en la O.W.C.A…. ¡Son los sentimientos! La escoria que obstaculiza todo avance militar… la compasión, la piedad, el amor y la misericordia son defectos que debemos eliminar de nuestras filas. Los humanos fuimos un fracaso por nuestro libre albedrio y los animales un error garrafal por su consciencia.

- O sea… usted quiere decir que… usted… ¿va a matar a todos aquellos animales que tantos años nos han servido en la agencia? Pero…

- ¡No seas niñita, imbécil! ¡La vida ya es diferente y la inteligencia biológica ya no basta! ¡Hay que tomar el control absoluto! Solo serán unos cuantos animales inservibles. Pore so los tenemos aquí, en París. Los muy ingenuos creen que esto es una convención de espías y agentes secretos, mas no saben que muy pronto les esperará su fin. Cuando terminemos con los la Comunidad y los demás, será su turno. No perderemos más tiempo para resolver todo es caos.

Luego de su discurso, dio una enorme y horrible carcajada que se escuchó en toda la base. Su empleado estaba horrorizado, ¿tan sediento de sangre estaba para matar a más personas inocentes?

- Haré… haré esto como usted me lo ordenó, señor –dijo fingiendo sumisión.

Era extraño que todo esto se lo hubiera contado a él, el interno más insignificante de la agencia. Tal vez aquella era la razón por la cual había sido durante toda su estadía como trabajador, que lo hallaba tan poca cosa que lo había privilegiado como confidente. Se notaba que Monograma no tenía amigo, así que no estaba de más pensar que Carl era lo más cercano a uno.

El becario reflexionaba todas estas cosas… ¡Él tenía una gran ventaja en su posición! Estaba al conocimiento de todos los movimientos del mayor. Ahora él sabía un montón de cosas y no estaba de su lado.

Observó el folio que llevaba en sus manos. Con que existía una Súper Computadora… tal vez no había forma de conseguir el dichoso Código Maestro, pero… ¿y si pudiera crear un virus capaz de colapsar toda la red y eliminar toda la información? Su jefe tenía contactos con los altos mandos de la agencia y la carpeta que poseía en esos instantes, que subiría a la Red, iría a parar en manos de esas personas para acordar la autorización del proyecto, y no podría hacer nada para evitarlo, a excepción de ingresar a la Data para formatear todo informe.

Más le valía intentarlo. Así que, como le habían ordenado, subió los archivos para que estos fueran almacenados en las Torres Binarias. Pronto hallaría la forma de salvar las vidas ajenas, conocidas o no, creando el virus capaz de echar abajo todo el sistema…


Faltaban unas pocas horas para el atardecer, según los relojes que existían en las catacumbas. Como abajo no existe aún el sol, es imposible saber entre la oscuridad el pasar del tiempo. Los centinelas que custodiaban los túneles se disponían a pasar su turno de vigilancia. Se preparaban colocándose sus cascos, el uniforme que tenían y sus herramientas necesarias.

- ¡Es hora de la formación! –mandó una voz autoritaria a las afueras de los vestidores.

Uno a uno, los uniformados de la Comunidad se alinearon en filas de manera ordenada. Eran muy disciplinados, considerando que alguna vez en su pasado fueron agentes y espías secretos.

Francine, la jefa de todas las tropas de seguridad, se colocó frente a ellos con ojo crítico.

- Me alegro que vengan con el valor necesario sabiendo los peligros que les esperan en el perímetro, aún cuando Monograma se encuentra merodeando la zona exterior. Solo me queda decirles como todas las noches, buena suerte y… ¿quién es ese?

Todos miraron hacia un lado, perplejos.

Otro compañero, vestido como ellos, venía a última hora para pasar lista. Llevaba el mismo traje de centinela: traje negro, el cinturón con todas las armas necesarias para defenderse y atacar y un casco de motociclista, así que era difícil saber quién era, porque el vidrio que lo protegía estaba cerrado y era de cristal polarizado.

- Soldado, llega tarde –habló severa la pelimorada.

- ¡Mejor tarde que nunca, mi… señor!… ¿Señora? –era curioso, el hombre tenía un ligero acento alemán, como si estuviera intentando evitar que se note demasiado.

La mujer levantó una ceja, en señal de desconfianza y reprobadora, finalmente, dijo:

- Puedes formarte de una vez, soldado.

- ¡Gracias, señor… señora… señorita! ¿Cómo era?

Rápido como un rayo, el extraño se puso en la fila. Un poco avergonzado y sudando de nervios.

"¡Uf! Menos mal que no me reconoció…!" –pensó.

¡El desconocido era Doof! Había tomado tan en serio las palabras de Ferb que se armó de valor y se unió a las fuerzas marciales. Estaba consciente que cuando lo descubrieran lo irían a echar y jamás lograría impresionar a la que alguna vez fue su amada.


En tanto, Phineas se encontraba en su habitación que compartía con su hermano e Isabella. Estaba sentado encima de su cama, contemplando el reloj de mano y la fotografía de su antigua familia que portaba adentro.

"Esta noche… me encargaré yo mismo de enfrentarme a ese tan Monograma…"

Entonces, de improviso, entró Ferb junto a la morocha.

- ¡Hola! ¿Cómo te sientes? –fue el saludo de su amiga –Estás más callado…

- Debe ser tu imaginación –respondió el pelirrojo -¿Dónde está Francine?

- En esos instantes debe estar despidiendo a los centinelas –contestó el peliverde.

- Ah… bueno… entonces voy a buscarla…

- ¿Qué le dirás?

- Son cosas entre ella y yo.

Sus dos compañeros se miraron, preocupados.

- No harás ninguna locura, ¿verdad?

Los movimientos de Phineas se congelaron.

- ¿Por qué dicen eso? –espetó un poco a la defensiva.

- Por esa misma actitud que tienes. Te conocemos, Phin –habló la niña.

- No les diré nada. No quiero escuchar sus regaños. Iré con ella.

Y sin que antes sus amigos pudieran detenerlo, el muchacho se fue.

- Estoy preocupada por él, Ferb.

El hermanastro miró hacia donde el joven Flynn había salido hacia unos segundos.

- Yo también, Isabella… oye… ¿y Perry?

- No lo he visto en todo el día… ¿dónde se habrá ido?

- Disculpen –apareció Vanessa por la puerta -¿Saben dónde está mi papá?

Continuará...


Transmisión interrumpida, ¿problem xD?

Ay ese Doof xD! Ojalá no ande metido en problemas, con ese extraño don que tiene para los desastres xD.

WHAT DOES THE FOX SAY?! xD

Fin del comunicado :|

PD: No tomen en serio lo que dije del zorro, se me pegó la canción xD.