Capítulo 35.
Si los Deseos Fueran Besos.
Es la temida noche de maratón de películas de Gokú, temida por mí, de todos modos. Milk está demasiado entusiasmada con ello, aunque valientemente trata de ocultarlo, porque puede sentir mi estado de ánimo, sentir mi deseo de pasar todo el asunto. Incluso se ofrece a medias a pasar sobre ello, para llamar a Gokú ella misma y decirle que no podemos ir, pero escucho en su voz lo mucho que quiere ir.
—Así que... tú y Gokú, ¿eh? —me burlo de ella.
—Gokú y yo, ¿qué? —pregunta inocentemente, y luego resopla provocando una sonrisa en mí.
—¿Desde cuándo? —pregunto.
—Bueno, no realmente para nada… todavía. Pero he estado recogiendo algunas vibraciones muy positivas de él por un tiempo, desde después de… —Se para en seco, y la miro inquisitivamente.
No me está mirando para nada y de repente está ocupada rebuscando a través de su cajón por el esmalte adecuado de color rojo para los dedos de sus pies. Su rostro se enrojeció.
Extraño.
—Después de, ¿qué? —le pregunto poco a poco.
—Nada, no importa —murmura, todavía sin mirarme—. ¿Qué hice con ese esmalte de uñas Candy Apple Red?
Me acerco a su cajón y levanto la botella, la cual había sacado ya cinco minutos antes, y se la entrego a ella. Lo mira fijamente, y luego a regañadientes se encuentra con mi mirada levantando las cejas. Suspira, me lleva a sentarme en el banco junto a ella.
—Muy bien. —Se rinde de forma dramática—. Desde la noche del Baile de Bienvenida, ¿de acuerdo?
Me le quedo mirando por un minuto, y luego río. Ella me frunce el ceño.
—Milk, no soy tan frágil como para que no puedas decirme esas palabras. No es como si me fuera a olvidar de esa noche si no hablamos de ello.
—¿En serio? —Me mira con escepticismo.
—En serio. —Puse mi brazo alrededor de ella y le apreté el hombro—. Sé que fui un desastre esa noche, pero he estado bien desde entonces, ¿no?
—Bueno, pareces bien, pero sólo estamos en cierto modo esperando por la crisis, supongo.
—¿Estamos?
Ahora se ve cohibida.
—Gokú y yo.
—¿Así que ustedes hablan de mí? ¿Está esperando la próxima vez que me caiga en pedazos?
—Es sólo porque nos preocupamos por ti, y estamos preocupados por ti.
La miro, viendo éstas emociones muy fugazmente a través de sus ojos.
—¿Estaba tan mal? —susurro.
Ella considera su respuesta, y entonces decide ir con honestidad.
—Fue malo. Me dio mucho miedo por ti.
Me río de nuevo, sin alegría.
—Hablé con él el otro día —le digo. Está desconcertada.
—¿En serio?
—Le dije que lamentaba hacerle daño, pero que no me lamentaba por lo que había hecho, porque me habría perdido el conocerlo y amarlo.
—¿Qué dijo? —Suspira.
—Nada.
—¿Nada? —Está enojadamente sorprendida.
—Sí, pero está bien. Tenía que decirlo. Pero ahora está siendo… agradable, supongo. O tal vez no es agradable, más bien cortés. Creo que tal vez es peor que cuando me estaba ignorando.
—Tal vez está tratando de, ya sabes, hacerte saber que te quiere de vuelta.
—Difícilmente —me burlo—. Sabe que tan patética soy, todo lo que tendría que hacer es decir una sola palabra y estaría de vuelta a su lado en un instante. No, creo que sea una de las dos cosas. O bien simplemente encontró el límite de la cantidad de groserías que puede repartir a una persona sin importar lo mucho que odia decirlas, porque si Vegeta es una cosa, es ser el epítome de la cortesía y los buenos modales. La otra teoría —y la que creo que es más probable— es que todavía está tan enojado que quiere que yo sufra más que nunca, y la manera de hacerlo es recordarme lo que he perdido.
Milk frunce el ceño.
—No creo que sea eso. Vegeta no parece que es tan ruin.
Suspiro.
—Puede que tengas razón. Ya no lo sé. Así que probablemente es la primera teoría, pero lo malo es, que está afectándome de la segunda manera.
Milk envuelve su brazo a mí alrededor y sonríe irónicamente.
—Realmente eres patética, ¿no?
—Lo soy —concuerdo—. Así que vamos a conseguir que esta patética chica se prepare para poder ir a sentarme en la casa de Gokú e incluso ser aún más patética, mientras decaigo y finjo que no lo soy.
He estado en casa de Gokú varias veces antes, por supuesto, pero siempre con Vegeta. Esta es mi primera vez desde que él empezó a odiarme. La mamá de Gokú es una de esas personas que me aceptó desde la primera vez que caminé a través de su puerta —a pesar de que daba miedo— y nunca me ha tratado diferente a lo largo de toda mi transformación.
Esta noche no es diferente a medida que me tira en un abrazo, y me dice lo mucho que me ha extrañado. Cuando le presento a Milk, me guiña el ojo con una sonrisa, y sé que Gokú ha estado alabando las muchas virtudes de Milk a su madre.
Cuando entramos, casi todo el mundo ya está ahí ya que tuvimos que esperar a que los dedos de Milk se secaran antes de que pudiera ponerse sus sandalias. Creo que es ridículo, pero luego veo la mirada en la cara de Gokú cuando los espía y decido que tal vez ella sabe lo que está haciendo. No es que necesite pintarse los dedos de los pies para captar su atención —su atención no está en ningún otro lugar— lo cual es muy inusual para Gokú, porque por lo general no puede ser distraído de la televisión cuando están dando una película de ciencia ficción.
Por supuesto, mis ojos infaliblemente buscan a Vegeta en primer lugar. Esto es un error porque ahora tengo el estómago en nudos. Él está de pie cerca de la nevera, entregando las bebidas. Como si me pudiera sentir allí, se endereza y mira directamente hacia mí. Me quedo paralizada, pero él también lo hace. Sólo me mira fijamente durante unos segundos, luego se vuelve de nuevo a la nevera. Me estremezco, supongo que la cortesía ha luego cierra la nevera y se va derecho hacia mí, y me entrega una Coca Cola dietética. No dice nada, mientras la tomo, aturdida, y sólo me ofrece una mirada indescifrable, dándome la espalda tan pronto como la tengo en la mano. Así como así, estoy desconcentrada otra vez.
Miro las películas a ciegas. Mi único objetivo es Vegeta, quien se ríe y habla con sus amigos y quien siempre parece estar lo suficientemente cerca de mí como para no poder ignorarlo, pero lo suficientemente lejos como para dejar en claro que no estamos juntos. Incluso habla con las otras dos chicas que Gokú ha invitado, haciendo que mi estómago se enturbie. Sin embargo, definitivamente no me está ignorando. Porque estoy tan centrada en él, que veo cada vez que sus ojos se posan en mi camino. Es bastante frecuente. Si estaba confundida antes por su comportamiento, no es nada comparado con cómo me siento ahora.
Finalmente, la noche eterna termina, y la gente empieza a irse a casa, a excepción de nosotras —Milk está tratando de alargar el tiempo que pasa con Gokú— y Vegeta. Como si no pudiera haber una agrupación más incómoda.
—Oye, ¿van a caminar? —Gokú le pregunta a Milk.
—Sí —le dice. Gokú sólo vive a unas cuadras de Milk, y ninguna de nosotras tiene auto, así que ¿cómo más podríamos haber llegado hasta aquí? ¿Volando?
—¿Quieres que te acompañe a casa? —le ofrece galantemente. Yo habría dicho que no, pero Milk brilla ante la sugerencia, por lo que solo me encojo de hombros.
—Iré con ustedes.—Ofrece de pronto Vegeta, y mi corazón da un vuelco.
¿Por qué habría siquiera querer hacerlo?
—Está bien, vamos entonces —chilla Gokú antes de que pueda decir algo.
Caminamos a través de la casa para que Gokú pudiera dejarle saber a su madre a dónde va, y luego salimos por la puerta principal.
La acera no es lo suficientemente amplia como para los tres a lo largo, pero no lo suficientemente estrecha como para una sola persona, lo que significa que Gokú y Milk se adelantan, de la mano, dejándome a mí y Vegeta lado a lado. Me imagino que va más allá de la capacidad de Vegeta ser tan grosero como para caminar por delante o por detrás de mí cuando sería tan obvio, lo que explica por qué cae en el paso junto a mí. Nuestros brazos oscilantes a nuestro lado se rozan sin querer, los dos nos inmutamos. Vegeta inmediatamente mete las manos en los bolsillos; yo doblo mis brazos sobre mi vientre.
Gokú y Milk se encuentran en su propio mundo, caminando cerca, con las cabezas juntas, mientras hablan en voz baja. Su intimidad lo convierte en un incómodo silencio entre nosotros.
—Así que… ¿cómo le va a Lázuli por la escuela? —pregunta Vegeta finalmente. Supongo que está tan incómodo con el silencio como yo. Sin embargo, es una pregunta extraña, dado que la ha visto recientemente.
—Bien. Está haciendo todas las cosas típicas de Lázuli: la hermandad de mujeres, los clubes, ese tipo de cosas. Sería una porrista si tuviera el tiempo, estoy segura. —Sonrío.
—Sí, eso suena como ella. Parece que ustedes se llevan mucho mejor en estos días. Recuerdo cuando solías llamarla la "porrista" como si fuera una cosa mala.
Estoy sorprendida de que saque a colación algo de nuestro tiempo de antes. Tomo un respiro para calmar mi corazón.
—Hay un montón de cosas que pensé que eran malas en ese entonces. —Me encojo de hombros con indiferencia, aunque me siento todo lo contrario—. Lázuli no es tan mala. Me gusta tenerla de hermana.
—Eso es bueno —responde. El silencio desciende entre nosotros otra vez.
—Creo que…
—Quería decir…
Nos miramos el uno al otro y sonríe incómodo por haber hablado al mismo tiempo que yo.
—Adelante —le digo.
Se aclara la garganta.
—Solo quería darte las gracias, ya sabes, por venir a ver a Tarble. Esto significa mucho para él. No habló de otra cosa durante dos días después de que viniste.
Pienso en el precioso tiempo que pasé con Tarble… y vi la cama elástica en el patio trasero, triste y vacía. Un poco como yo.
—Oh. —No sé muy bien cómo responder—. Eso está bien. Me gusta Tarble.
—Es fácil de apreciar. Sin embargo, no tienes que hacer eso.
Se me ocurre que tal vez está tratando de decirme que no fuera a su casa nunca más.
—Si no quieres que yo…
—No… no, eso no es lo que estoy diciendo. Es… está bien. Es una buena cosa. Es que… a Tarble le gusta tenerte allí.
Tomo una respiración profunda de nuevo. Mi corazón sufre por los días en que era fácil entre nosotros, cuando podía abarcar ese pequeño espacio entre nosotros, tomar su mano y alegrarlo por ello. No ésta tensa cortesía incómoda. Miro para otro lado y limpio rápidamente la lágrima que se derrama.
—Es, eh, es bueno que hayas venido al Centro para persones mayores también.
Mi estómago se aprieta ante sus palabras. Sé que no está contento con mi continua aparición por allí.
—Si hace que sea malo para ti, tenerme allí, quizá podría ir a una hora diferente o algo así.
Se queda tranquilo durante tanto tiempo que empiezo a lamentar mis palabras. Mientras que podría ir un día diferente en lugar de no ir en absoluto para ver a mis amigos allí, es también una de las pocas veces que llego a ver a Vegeta aún actuando como el viejo Vegeta.
—No, está bien. Necesitamos toda la ayuda que podamos conseguir.
No es exactamente la respuesta entusiasta que podría haber esperado, pienso. Pero tampoco el duro rechazo que podría haber sido… sólo uno leve. Llegamos a la casa de Milk, y estoy aliviada y decepcionada. Por el sonido de suspiro de Vegeta, sólo está aliviado. Trato de ignorar las grietas de mi corazón ante el sonido.
Vegeta llega y agarra mi codo, y me detengo en frío. Me libera casi tan pronto como me toca, empujando su mano hacia atrás, como si se hubiera quemado. Parece avergonzado, pero asiente con la cabeza hacia el porche, donde Gokú y Milk permanecen juntos.
—Uh, tal vez deberíamos darles un segundo.
Permanecemos en el silencio tenso.
Vegeta está de pie cerca de mí, y no puedo dejar de pensar en el baile y el beso… y todos los besos que vinieron antes de eso. Me estoy torturando con estos pensamientos cuando miro hacia él y lo veo mirándome fijamente. Está recordando también.
El aire que nos rodea está cargado.
Vegeta se inclina a un pequeño margen. Lo igualo.
—Vege—suspiro… como una idiota porque eso rompe el hechizo. Toma un paso hacia atrás—. Vegeta, yo…
—¿Qué fue eso? —me interrumpe—. Antes, ¿qué era lo que ibas a decir?
Parpadeo un par de veces, tratando de despejar mi cabeza, preguntándome cómo casi me besa de nuevo y ahora está alejándose.
—Oh, eh, yo estaba a punto de decir… Creo que estás haciendo un trabajo realmente bueno como presidente del cuerpo estudiantil.
Él me mira de manera extraña.
—¿En serio? ¿Eso es lo que ibas a decir?
Me encojo de hombros.
—No sabía de qué otra cosa hablar.
Detectando un territorio peligroso otra vez, toma otro paso hacia atrás.
—Bien, bueno, gracias, supongo. ¡Oye, Kakarotto! —grita. Gokú se vuelve hacia nosotros—. ¿Estás listo?
—Sí —grita de vuelta, a regañadientes. Él le da a la mano de Milk un apretón, después baja las escaleras hacia el lugar donde nos encontramos.
—Adiós, Vegeta —dice Milk.
Él se despide con la mano, y entonces se da vuelta y comienza a caminar de nuevo por la acera. Miro detrás de él, herida. Gokú me da una mirada extrañada cuando se apresura para alcanzar a Vegeta.
—Nos vemos, Bul.
—Adiós, Gokú —le digo.
—Adiós, Vege—susurro.
Bueno, solamente faltan dos capítulos :) pero ha valido la pena.
