Los personajes de Candy Candy son propiedad de Kyoko Mizuki, Yumiko Igarashi y TOEI Animation Co., 1976. Usados en este fic sin fines de lucro.

*Capitulo 38: El legítimo heredero

Después de pasar casi toda la noche en vela tratando de repasar todos los detalles sobre la fiesta, Archibald por fin pudo conciliar el sueño hasta bien entrada la madrugada. Habían surgido muchas cosas en la cabeza del galante joven como para que hubiera podido tener un buen descanso...y no era para menos, porque el día que tanto había temido por fin había llegado. En este sábado varias cuestiones concernientes a su familia finalmente serían definidas y junto con ellas, también lo sería su destino.

Recostado sobre el edredón y todavía con sus ropas del día anterior, la tenue luz del día que atravesaba las cortinas acariciaba suavemente el fino rostro de Archibald y al sentirla, el muchacho comenzó a abrir lentamente los hermosos ámbares. Al principio se sintió deslumbrado por la intensidad de los rayos sobre sus ojos y al darse la vuelta, pudo enfocar mejor la pared frente a él. Restregándose un poco los ojos para espantar el sueño que aún lo acosaba, se dio cuenta de que aún traía la camisa del día anterior,
-Parece que me quedé dormido sin querer, y ni siquiera pude cambiarme...- pensó todavía adormilado. Al levantarse un poco, pudo distinguir algo que brillaba frente a él.

Se trataba del espléndido kilt que estaba colgado sobre el perchero; lo miró absorto por unos momentos y se dijo entonces que de seguro James lo había puesto ahí muy temprano sin que se diera cuenta. Con la luz del día, las variadas hebillas y botones dorados del atuendo, lo hacían brillar de manera deslumbrante. Archie no pudo más que soltar un gran suspiro...había pasado mucho tiempo desde la última vez que había usado uno y jamás en su vida se imaginó que volvería a llevarlo, por lo menos no un kilt como ese que estaba frente a sus ojos. Entonces, unas campanillas sonaron en ese momento e hicieron que mirara hacia el reloj que estaba sobre la chimenea: marcaban ya las diez...sin querer se había quedado dormido más de la cuenta.

Así que sin pensarlo dos veces, se dirigió hasta el baño y tomó una ducha para poder refrescarse. Al terminar, vistió de lo más casual para ir al encuentro de la Tía Abuela y de paso, comer algo...no había cenado anoche y ahora estaba pagando las consecuencias con el incesante retumbar de su estómago. En cuanto salió de la habitación, pensó en ir en busca de Alison pero con todo el ajetreo que se escuchaba en la planta baja, la curiosidad lo llevó primero a echar un vistazo a lo que se estaba preparando.

El joven se acercó hasta el pie de la escalera y se quedó boquiabierto ante lo que se veía: había un ejército de mayordomos y mucamas arreglando el gran salón para el gran evento de la tarde. Muchos de los adornos ya estaban colocados y los innumerables arreglos florales ya invadían con su fragancia el lugar. En esos momentos el gran candelabro era bajado para que sus cristales fueran limpiados y el bronce lustrado, todo para que brillara con intensidad una vez que fuera encendido para el baile.

Mientras contemplaba esto, el joven Cornwell no se dio cuenta de la presencia de alguien junto a él, y no lo hizo sino hasta que la chica le dijo algo llamando su atención,
-Buen día, Archie- era Alison que lo saludaba.
-Hola, buen día...justamente estaba a punto de ir a buscarte...dime, ¿ya tomaste tu desayuno?-
-Sí, muy temprano. Por lo que veo tú no has bajado, ¿no es así?-
-Me acabo de levantar. Si no te molesta, ¿podrías acompañarme?, hay varias cosas de las que me gustaría hablarte.-

Por lo que sin dudarlo, Alison le sonrió y ambos bajaron para cruzar el salón y dirigirse a uno de los salones. Mientras lo hacían, la chica contemplaba maravillada todo el espectáculo frente a ella, jamás había asistido a un baile y mucho menos del estilo del que se estaba preparando en esos momentos en la mansión. Una vez que se acomodaron en uno de los pequeños salones, una de las mucamas se apresuró a preparar y llevarle algo de comer a Archie. Así que mientras esperaban, el castaño con mucho sigilo y para no ser escuchados, puso al tanto a su amiga de las modificaciones al plan. Mientras lo miraba atenta, Alison sonreía gustosa de saber que ahora también contaban con otra persona que les sería de gran ayuda,
-Me alegra saber que contamos con alguien más.-
-El apoyo de George será vital en este asunto...porque así nadie pondrá en duda la identidad de Albert...aún cuando la Tía Elroy trate de negarlo todo.-

La joven a su lado asentía en lo que le decía, pero con un dejo de duda, Alison no se atrevía a preguntarle algo que era de suma importancia y que le preocupaba...eso era precisamente lo que no había dejado dormir a Archie toda la noche. Aún así quiso aventurarse a preguntarle,
-Discúlpame por decirte esto...- bajó ella la mirada mientras jugaba nerviosa con la taza de té frente a ella -...pero, ¿has pensado que pasaría si el plan no resulta como esperamos?-
-...- al escucharla, Archie colocó los cubiertos a los lados de su plato y mirándola de frente, con decisión le respondió -...entonces para no mancillar el honor de la familia, esta misma tarde renunciaré ante la sociedad entera de que soy un Ardley...- tragó en seco ante lo que agregaría -...si ese fuera el caso, desde hoy dejaré de ser uno de ellos...-
-¿Estás seguro?- cuestionó con asombro.
-Jamás he estado tan seguro de algo en mi vida...el honor no es algo con lo que se juega. Si para evitar comprometerme con Elie y ceder la presidencia al legítimo heredero es necesario llegar a los extremos, lo haré.-
-Veo que estás decidido- comentó ella con cierta seriedad.
-Por Candy y mi familia, haría eso y mucho más...-

En esos momentos la conversación fue interrumpida por la Tía Elroy que hacía su entrada en el salón. Inmediatamente los jóvenes se pusieron de pie mientras saludaban a la matriarca que les respondió sólo con un asentimiento de cabeza,
-¿Desea acompañarnos, Tía Abuela?-
-Solamente he venido para recordarte sobre el discurso que daré en la tarde. Por favor, ven a mis habitaciones en cuanto acabes para ponerte al tanto.-
-En cuanto termine iré a verla- le respondió y justo cuando la anciana se daba la vuelta para salir, él llamó su atención -Tía, quisiera pedirle algo...¿podría Alison acompañarnos en la fiesta?-
-...- las dos mujeres se quedaron sorprendidas ante esta petición.
-En verdad que me gustaría mucho que ella también estuviera presente.-
-Me parece bien- respondió la mujer y diciendo esto, la anciana se volvió a mirar a la chica que la miraba expectante -Srta. Alison, espero que nos pueda acompañar en la fiesta...-
-...- la chica sólo la miró incrédula antes de responder nerviosamente -...pero...no tengo nada que ponerme...- y se volvió a mirar llena de nervios a Archie.
-Eso tiene arreglo. Por favor, vaya a la ciudad y compre algo; usted nos ha ayudado mucho en la recuperación de Archie y es lo menos que podemos hacer.-
-No sé qué decir...muchas gracias, Sra. Elroy...-
-...- la anciana solamente asintió con una sonrisa y se retiró.

Alison de inmediato se volvió a mirar con desesperación a Archibald, mientras que el joven mostraba una gran sonrisa ante las palabras de la matriarca. Con lo dicho por la Tía Elroy, Alison estaría presente en primera fila, tal y como lo habían planeado,
-Pero...yo nunca he asistido a ningún baile...- argumentó ella.
-No tienes porqué preocuparte, ya tenía contemplado eso y se me ocurrió que lo mejor sería que estuvieras presente como uno más de los invitados- agregó él con una sonrisa.
-Yo no sé que comprar, jamás he...-
-Eso ya está arreglado- y acercándose a ella con las manos en los bolsillos, le fue explicando -...mientras estuve ayer en la ciudad, me tomé la libertad de ir a la tienda y he ordenado un vestido para ti... espero que no te moleste que lo hiciera sin consultarte y confío en que te gustará lo que elegí. El vestido te lo traerán en cualquier momento- y con una gran sonrisa, dejó ver un guiño.

La chica lo miraba incrédula sin saber qué responderle. Jamás nadie se había portado tan amable y caballeroso con ella...en especial, alguien tan atractivo y gentil como lo era Archie. Así que lo único que acertó a responder fue,
-Gracias...no sé que más decirte.-
-Al contrario, soy yo quien te debo agradecer todo lo que has hecho, no sólo por mí, sino también por Candy y la familia...todos estamos en deuda contigo.-
-...- la chica solamente se llevó las manos al rostro tratando de cubrir el gran rubor que sentía y que quemaba sus mejillas. Al verla reaccionar así, Archibald sonrió y luego se acercó un poco más para decirle,
-Tengo que irme y ya no podremos vernos hasta el baile...por favor, sigue todo de acuerdo al plan; pero sobre todo, disfruta de la fiesta. Te darás cuenta de que a veces esos bailes, al contrario de lo que se dice, son un poco aburridos...- y tomándola por sorpresa, le tomó la mano para besarla -...cuento contigo, Alison...por favor, deséame suerte. En verdad que la voy a necesitar.-
-Buena...s-suerte...- tartamudeó ella y con otro guiño, Archie salió de la habitación dejando a una muy ruborizada enfermera tratando de controlar la emoción que entonces la invadió. Este sería el primer baile en la vida de la tímida enfermera.

Una vez en las habitaciones de la anciana y después de repasar el discurso que se daría, la Tía Elroy y Archibald se pusieron de acuerdo en cómo llevar el protocolo que seguirían. Básicamente después de la bienvenida y unas palabras, la matriarca anunciaría ante todos el nombramiento de Archie y a continuación, se daría tiempo a la prensa para que tomaran las fotografías del nuevo patriarca de la familia. Como asistirían algunos personajes importantes de la política, luego del discurso de aceptación, el nuevo presidente de los Ardley los saludaría personalmente para así, confirmar su puesto y que quedara oficialmente reconocido.

Mientras Emilia le hablaba a su sobrino sobre los variados nombres y títulos de las personas a las que tendría que saludar, Archibald se perdió por un momento en su mente para pensar en la gran decepción que se llevaría su querida Tía. Si todo resultaba bien y de acuerdo al plan, este discurso jamás sería pronunciado y los grandes sueños, junto con las expectativas de la anciana, no serían más que parte de una ilusión que jamás llegaría a cumplirse. Mirándola con atención, el joven meditó en su mente lo mucho que esto significaba para ella...algo que desgraciadamente y por el bien de todos, no debería llevarse a cabo.

Al terminar de detallarlo todo, la anciana se volvió a mirar a Archie que la contemplaba absorto. Extrañada con esta actitud, la mujer supuso que era debido a los nervios,
-No tienes nada porqué preocuparte, todo saldrá bien, hijo.-
-Lo sé Tía y confío en que así será. Sin embargo...- se detuvo un momento para desviar su mirada por unos instantes -pienso que me hubiera gustado mucho que Stear estuviera conmigo. Siento que todo hubiera sido más fácil si estuviera él con nosotros, al igual que Anthony...- se quedó callado un instante para luego agregar -dígame algo...- entonces la miró con intensidad -...el destino de Anthony era el de ser el patriarca de la familia, ¿no?-
-Anthony...- suspiró ella con gran pesar al tiempo que se volvía a mirar la fotografía del infortunado joven sobre la chimenea -...mi hijo tenía un gran futuro en sus manos, pero las circunstancias truncaron todo lo que estaba destinado para él. Se lo llevaron de nuestro lado, dejándonos un gran vacío...- y volvió a mirar a Archie, los dos estaban conmovidos al pensar en el joven Brown -...después del Tío Abuelo Williams, mi querido hijo era el sucesor directo. Desafortunadamente, la descendencia de mi hermano desapareció el día que él murió y cuando...- pero entonces se detuvo al notar que estaba por decir algo comprometedor.
-¿Cuándo...?- preguntó el joven junto a ella, sabiendo que se estaba refiriendo a Albert.

En ese momento, la Tía Elroy se puso de pie y recobrando su usual postura, se dirigió a su sobrino para decirle,
-En cuanto seas oficialmente el nuevo patriarca de la familia, sabrás en detalle de esto y mucho más...- se alejó para evitar cuestionamientos -...ya repasamos el protocolo, así que retírate para que descanses y puedas prepararte. Ya es mediodía y en unas horas más tendrás que estar listo para ir con los Rothschild, recuerda que te esperan a las cinco y media en punto.-
-Como usted diga, Tía- respondió el muchacho sabiendo que habían tocado un tema un tanto delicado y muy emocional para la anciana. Ella ahora le daba la espalda y contemplaba el retrato de su querido Anthony -...la veré antes de salir.-

Para sorpresa de la anciana, el joven se acercó hasta ella y tomándola de los hombros por la espalda, le dio un suave y cariñoso beso en la mejilla. Archie quería que ella sintiera que no todo estaba perdido y que a pesar de todo, él estaba ahí con ella. En cuanto sintió que el joven Cornwell se encaminaba hacia la salida, Emilia sólo se volvió para ver la puerta que se cerraba. Con una lágrima que rodaba por su mejilla, tomó entonces la fotografía de Anthony y la acarició mientras se decía,
-Anthony...-

Minutos después, Archibald arribaba a su habitación y dirigiéndose con prisa hasta la mesa con las bebidas, se sirvió un poco de vino para tranquilizarse un poco...el joven estaba muy conmocionado por la charla que había tenido con la matriarca. Mientras bebía el líquido en un gran sorbo, pensó entonces en su querido primo y en todo lo que pudo haber sido del truncado futuro que se perdió en aquella tarde otoñal. Luego de servirse un poco más y de sentarse en el sillón con la copa de cristal en la mano, comenzó a imaginarse al joven Brown como un muchacho de su edad...era casi seguro que el rubio hubiera llegado a ser un joven de carácter fuerte y carismático, digno de ser el representante de su familia. No obstante, otro pensamiento lo invadió, uno que le aseguraba que de seguir vivo, Anthony estaría comprometido para esas fechas con Candy.

Fue justo en ese momento que Archie se dio cuenta de lo cerca que estuvo de perderla, de la angustia que hubiera sido conformarse con tan sólo verla de lejos y en los brazos de alguien más. Pensando en esto, bebió de un sorbo el resto del vino y con la mirada fija en el techo se dijo,
-Ella no estaba destinada para ti, Anthony...espero que lo comprendas. Candy lo es todo para mí...al final, el que cumplió el sueño de tenerla al lado, fui yo. Por favor, entiéndelo y desde dondequiera que estés, cuida de nosotros...ayúdame a ser tan fuerte como siempre fuiste tú, lo necesito más que nunca...ser como tú y enfrentarme a todos por ella...¡por mi dulce Candy!-

Era extraño, pero después de expresar estas palabras, Archie se sintió de alguna forma liberado. No importando que él hubiera sido el más joven de todos, ahora el joven Cornwell estaba a punto de demostrar que también podía vencer las adversidades y que estaba listo para tomar las riendas de su vida...la Tía Abuela y la sociedad estaban a punto de conocer el carácter decidido y lleno de fortaleza de Archibald.

Por otra parte, Alison se encontraba en su habitación mirando a través de la ventana a todas las personas que iban y venían con todos los preparativos de la fiesta. Se encontraba tan absorta admirando cada detalle de la preparación que se estaba llevando a cabo en el jardín, cuando fue sorprendida por alguien que llamaba a la puerta. Al responder, se llevó una gran sorpresa al ver que era uno de los mayordomos que le traía un paquete,
-Esto ha llegado para usted- le indicó él con formalidad.
-Muchas gracias- le respondió la chica emocionada, ya que sabía el contenido.

Después de entregarlo, el hombre se retiró de inmediato y ella se dirigió a la cama para poder abrirlo. Sus ojos se maravillaron al ver un hermoso vestido color rosa pastel y de la emoción, de inmediato lo sacó para admirarlo. Se trataba de un vestido largo con un delicado escote redondo adornado con pequeños y finos bordados que resaltaban el borde en rosa más oscuro. En lugar de mangas llevaba unos vuelos, y la cintura estaba adornada con un listón de color rosa oscuro con los mismos bordados que llevaba en el escote. Anonadada con el vestido, también se percató que en la caja habían un par de guantes blancos y unos zapatos del mismo color que el vestido.

Emocionada con su atuendo, la chica se dirigió hasta el espejo de cuerpo entero que tenía en la habitación y colocó el vestido frente a ella para poder admirarse. En verdad que Archie tenía un muy buen instinto para la moda, ya que ella había quedado fascinada con el vestido...se sintió agradecida y muy conmovida.

Entonces se volvió a mirar el reloj y para su sorpresa éste marcaba ya casi las tres de la tarde. Con una sonrisa, decidió que era el momento de arreglarse para quedar lista y no llegar tarde. Así que después de tomar un baño y cepillarse el cabello para poder arreglarlo en un sencillo peinado alto, vistió con emoción su nuevo atuendo. Para su sorpresa, el vestido le quedaba perfecto... confirmando esto frente al espejo, admiró el buen gusto y sofisticación de su joven amigo. Una vez que estuvo lista, se sentó al borde de la cama y mentalmente agradeció a todos por esta oportunidad; al tiempo que pedía con fervor a los cielos que todo resultase bien durante la fiesta, y que Archie pudiera enfrentar a la familia con éxito.

Mientras tanto, a unas cuantas puertas de donde ella estaba, otro joven también se encontraba dando los últimos detalles a su vestimenta. Con la ayuda de James, Archie se colocó los últimos detalles del atuendo y mientras el hombre a su lado revisaba que todo estuviera perfecto, el joven examinaba la imagen de él mismo frente al espejo. Todo le parecía muy ajeno a la realidad, como si se tratase de un sueño, ya que el traje era casi idéntico al del hombre que vio en sus sueños y no se había percatado de ello sino hasta que lo vio en su propio reflejo.

Archie estaba tan enajenado con estos pensamientos que no se dio cuenta de que James le preguntaba algo, y no fue sino hasta que el mayordomo le insistió, que por fin reaccionó,
-Hemos terminado, señor-
-...perdón, no te escuché- se disculpó.
-¿Desea que le ayude con algo más?-
-No por el momento, gracias- miró entonces el reloj -...son casi las cinco, por favor, dile al chófer que me espere en la puerta, bajaré en diez minutos.-
-Como usted diga, señor- y después de hacerle una reverencia, el mayordomo se retiró.

Archibald al verse solo, se dirigió hasta la cómoda para tomar la caja que se encontraba ahí y la abrió para extraer la brillante insignia de su interior. Después se dirigió hasta el espejo y con sumo cuidado, se colocó el emblema en el lado derecho de su pecho. Una vez que completó su atuendo, el castaño se miró fijamente...para su sorpresa, el reflejo que veía era el de alguien muy parecido a otro que había visto con anterioridad. Si no fuera por el color de su ojos y cabello, se diría que reflejaba mucho aquellas facciones del desaparecido patriarca y el que fuera el padre de Albert.

Ver esta visión de sí mismo lo hizo soltar un gran suspiro, ya que le pareció muy irreal. Sin proponérselo y sobre todo sin quererlo, era él quien tenía ahora en sus manos el destino de su familia. En él radicaba poner todo en orden y hacer que todo volviera a la normalidad, saliendo de esta crisis en la que el clan se había sumido desde la desaparición del legítimo heredero. Aún así, su mente lo cuestionaba con respecto a las medidas extremas que tomaría en caso de que su plan fallara...
-No, no puede fallar- se repetía una y otra vez.

Así que armándose de valor y poniendo a un lado su nerviosismo, con la mente puesta en su querida Candy, se dirigió a la puerta para comenzar a desempeñar el papel más importante de su vida...el de defender no sólo sus sueños y sus más anhelados proyectos, sino también salvaguardar la heredad que por derecho le correspondía a Albert y de paso, los intereses de los Ardley. Con estos pensamientos, el joven saldría no solamente a defender sus ideales, sino también la integridad y honor de su familia entera... ahora que se encontraba caminando por el pasillo, Archie por fin entendió lo que el hombre de la gaita le había dicho en sus sueños: la familia entera contaba con él.

Cuando llegó a la parte superior de la escalera, pudo distinguir que toda la servidumbre se encontraba reunida para escuchar las últimas instrucciones de la Tía Abuela. Sin embargo, cuando todos se percataron de la presencia del joven, se volvieron a mirarlo...entonces Emilia se giró para ver qué es lo que los demás miraban tan interesados. Mientras descendía con el garbo y ese andar elegante que lo caracterizaba, arrancó los suspiros de más de una de las empleadas y la admiración de los hombres ahí reunidos...frente a sus ojos, todos eran testigos de la gran presencia, seguridad y confianza del joven que en tan solo unas horas más, se convertiría en el nuevo presidente de la familia.

Al llegar al pie de la escalera, fue la Tía Elroy quien rompió con el silencio que se había producido en el lugar,
-¡Estás radiante, hijo!- exclamó ella con emoción.
-Gracias, Tía Elroy- y le dedicó una venia como saludo.
-Ya estamos casi listos y los invitados comenzarán a llegar pronto. Cuando regreses, todos ellos estarán ya presentes.-
-Permítame desearle todo lo mejor- era George que aprovechó la ocasión para dirigirse al muchacho y que indirectamente, sintiera que contaba con todo su apoyo.
-Te lo agradezco, George...sé que cuento contigo y que todo saldrá bien, tal y como fue planeado- ambos se miraron fijamente sabiendo que la conversación tenía otro sentido muy diferente al que la matriarca pensaba.

La anciana miraba orgullosa a su muchacho y se sentía feliz, tanto como no lo había estado en mucho tiempo. Por lo que después de admirarlo por unos instantes, supo que era el momento de dejarlo ir. Archie se despidió de ellos y comenzó a caminar por el salón hacia la salida. A su paso, todos los miembros de la servidumbre le daban una reverencia como señal de respeto... esto fue algo que lo tomó totalmente por sorpresa y hasta incomodó un poco. Una vez en la entrada, como el auto lo estaba esperando, lo abordó en seguida para dirigirse a su destino: la mansión de los Rothschild.

En el interior del automóvil, el joven Cornwell por fin pudo relajarse un poco y cerrar por un momento los ojos. Todo este despliegue de fortaleza y de seguridad en sí mismo, había sido tan sólo un ensayo de lo que vendría a continuación; pero aún así, había requerido mucha concentración y energía de su parte. Por el momento necesitaba un poco de paz, pero era consciente que una vez en la casa de Elie, la verdadera prueba comenzaría.

Una vez que el auto ingresó por la gran puerta que conducía a la imponente mansión, Archibald sintió que su corazón comenzaba a latirle rápidamente...el sensible joven tuvo que enfocarse en la idea de que todo saldría bien, para calmar un poco los nervios de los que era preso en esos momentos. Respiró hondo un par de veces antes de descender del automóvil que ya se había detenido y se encontraba a las puertas de la casa.

Al bajar, el joven fue recibido nada menos que por Robert Rothschild. Emocionado por los eventos que estaban por ocurrir, en cuanto se anunció que el automóvil del joven había llegado, el hombre se dirigió de inmediato a la entrada para saludarlo. En cuanto miró a quien él creía que era su futuro hijo político, sonrío con agrado...el muchacho estaba radiante y lo rodeaba una gran aura de seguridad, algo que en verdad Robert admiraba en alguien que era tan joven. Se estrecharon las manos y los dos se dirigieron al salón en donde Grace ya los esperaba. Dedicándole una reverencia, Archie saludó a la dama y en ese momento todos se volvieron a mirar a Elie que bajaba a su encuentro.

Para la sorpresa de todos, la jovencita estaba bellísima. Su elegante vestido color dorado claro con organza y fina pedrería hacía resaltar las finas facciones de la sofisticada chica. Ataviada no sólo con un elaborado peinado alto, Elie portaba las más valiosas joyas de la familia: se trataba de un exquisito collar de diamantes que hacían juego con los llamativos pendientes. Así que en conjunto, la rica heredera era un deleite a la vista y esto no pasó desapercibido para Archie, que no pudo evitar mirarla con cierta admiración.

En cuanto estuvo frente al galante muchacho, la chica extendió su enguantada mano para recibir el saludo apropiado, y Archibald no la decepcionó con sus caballerosos modales al depositar un sutil beso. Los padres de la chica estaban admirados...los dos jóvenes lucían radiantes y para ellos formaban una hermosa pareja, algo que daría mucho de que hablar durante la fiesta. Con satisfacción, Robert ofreció el brazo a su esposa e invitó a los demás a que abordaran las limusinas para ir a la fiesta. Entonces Elie tomó con delicadeza el brazo que le ofrecía Archie y con toda la pompa, se dirigieron al auto que ya los esperaba.

Los señores Rothschild abordaron su propia limusina para dejar que los jóvenes viajaran solos en el otro auto. Pero una vez dentro del automóvil, la atmósfera entre la chica y Archie se sintió extraña y los sumió en un profundo silencio. Ella parecía no estar realmente emocionada con la idea de la fiesta y solamente se dedicó a mirar por la ventana hacia el exterior con una expresión en su rostro de indiferencia. Por su parte, el castaño joven no hizo mucho para entablar conversación y lo único que hablaron fue cuando él le comentó algo en el momento en que abordaron,
-Permíteme decirte que te ves preciosa, Elie-
-...- ella sólo respondió con una leve sonrisa y un asentimiento de cabeza, esperando a que el joven dijera algo más.
-...- pero como Archie no se animaba a continuar con la conversación, se quedaron en silencio. Al parecer, la chica esperaba alguno que otro comentario de su parte sin aportar nada propio. Así que al no entablarse la plática, la jovencita entonces se volvió para dedicarse a mirar desinteresada por la ventana.

Por consiguiente, Archie se repetía una y otra vez en su interior lo afortunado que era al tener a Candy a su lado. Con lo apasionado y sensible que era él, estar con una chica tan hermética y distante como la que tenía ahora al frente, sería un verdadero suplicio. Por un lado, no podía culpar a la joven por actuar así, de seguro fue educada para nunca mostrar sus sentimientos y estar al pendiente de los demás ... tal y como lo hacía su madre. No, lo que Archibald siempre había anhelado y lo que realmente necesitaba, era a alguien lleno de luz y alegría a su lado, no una gélida muñeca de porcelana.

Con esto en mente, no se percató de que la limusina llegaba a la mansión. Un primer auto se dirigió a la entrada para dar paso a Robert y Grace Rothschild, y bajo las luces de los numerosos flashes de las cámaras, la pareja se colocó en la puerta para esperar a los jóvenes que venían detrás de ellos. Con toda la galantería y sofisticación, el joven Cornwell descendió del automóvil y bajo la conmoción de los reporteros y las incontables luces de sus flashes, extendió su mano para ayudar a bajar a su acompañante. Todos los presentes se quedaron boquiabiertos al admirar a la hermosa joven que se tomaba del brazo del joven Ardley, y mucha de la atención se concentró en las valiosas joyas que portaba.

La joven pareja subió con suma elegancia los escalones para encontrarse con el matrimonio que esperaba paciente por ellos y una vez a su lado, los cuatro ingresaron en el salón donde todos y cada uno de los invitados aguardaba impaciente por su arribo. Después de ser anunciados y acompañados con las suaves notas que la orquesta tocaba para ellos, con la autoconfianza y seguridad que trae el dinero, los señores Rothschild impusieron su presencia y se hicieron notar ante todos. Sin embargo, detrás de ellos era donde realmente se estaban concentrando las miradas...ver a tan elegante y hermosa pareja, era algo muy raro en esos días.

Mientras que Archibald era la galanura y sofisticación andando, Elie era su contraparte al ser una gran belleza de modales impecables y radiante figura. Las numerosas damas presentes sintieron que les faltaba el aire al admirar a tan distinguido y guapo heredero, al tiempo que envidiaban a la joven y su atuendo...por su parte, los hombres miraban embelesados y con admiración a la preciosa Elie. En el salón todos coincidieron de inmediato al murmurar que ellos dos se complementaban muy bien en el aspecto físico. Pero como en la vida no todo lo que importa son las apariencias, en el fondo ambos jóvenes eran tan desiguales como podrían serlo el agua y el aceite...viéndolo fríamente, era una combinación condenada al fracaso. Sin embargo, en la sociedad donde estaban y que en esos momentos los escudriñaban con ojos analíticos, ellos parecían ser la pareja perfecta.

Mientras que ambos jóvenes se abrían paso a través de la multitud que se colocaba a los lados para admirarlos, el joven Cornwell se concentró en imponerse ante todos, algo que le resultaba nuevo y a la vez excitante...por primera vez en su vida, el joven experimentaba lo que era el tener poder sobre los demás. Una vez que llegaron hasta donde estaba la matriarca, la saludaron con una venia y Emilia les dedicó una gran sonrisa. Desde que hicieron su entrada en el salón, la matriarca no dejó de admirar a la pareja y mientras ellos se acercaban, pudo apreciar que todos los presentes estaban realmente impresionados con ellos...la mujer se sintió dichosa, todo estaba resultando tal y como lo había planeado.

Así que cuando se colocaron junto a la dama que los esperaba en el descanso de la gran escalera, Emilia hizo una seña para que la música anunciara que su acostumbrado discurso estaba por comenzar.

Sin embargo y desde un rincón, Alison había estado al pendiente del arribo de Archie. La joven enfermera esperaba nerviosa por el momento apropiado para poder desaparecer por la puerta trasera y llevar a cabo su parte del plan. No obstante, al ver llegar a la pareja, quedó más que impresionada por la presencia de Archie...el joven se veía como sacado de un cuento de hadas. Con el kilt que llevaba, en verdad que lucía como un verdadero príncipe y la chica no pudo evitar suspirar y emocionarse con él. Pero sus suspiros fueron interrumpidos al ver a la hermosa joven que lo acompañaba...por fin Alison conocía a Elie. Ahora la enfermera entendía la razón por la cual la Sra. Elroy deseaba un compromiso con ella: esa chica estaba en definitiva a la altura de su sobrino.

No obstante, las cosas eran diferentes y Alison sabía bien que el corazón de Archibald pertenecía a Candy. Era un tanto irónico el pensar que aún aquella hermosa y sofisticada joven, fuera incapaz de llamar la atención del joven Cornwell...eso le demostró que para el corazón no existen distinciones por dinero o por belleza. Sin embargo, la chica tenía que recordarse el papel que había que desempeñar y sacudió la cabeza varias veces para hacer a un lado estos pensamientos, ya que tenía algo más importante qué hacer. Así que sin demora, se escabulló de entre los invitados para desaparecer por una de las puertas.

En esos momentos, la orquesta dejaba de tocar para ceder la palabra a la Tía Elroy. La matriarca, con toda la pompa y formalidad que acostumbraba tener, comenzó con su discurso de bienvenida agradeciendo a todos los invitados por su asistencia. También se volvió para agradecer de manera especial a sus invitados de honor, los Rothschild y bajo una oleada de aplausos, comenzó a nombrar a los hombres y mujeres más distinguidos que se hallaban presentes.

Conforme el discurso de la Sra. Elroy iba progresando, Archibald se fue sintiendo cada vez más nervioso. Colocado al lado de Elie, muchas miradas estaban al pendiente de sus gestos y movimientos...el muchacho tuvo que hacer uso de una gran fortaleza interna para no sentirse desmayar ante tanta presión. Aunque su rostro se mostraba tranquilo y en dominio de sí mismo, el sensible joven temblaba por dentro.

Es en ocasiones de gran presión y de peligro que las personas sacan a relucir su verdadero carácter; en el caso del chico Cornwell, lo que realmente estaba surgiendo de su interior era una gran fortaleza, una que ni él mismo estaba al tanto que poseía. Desde pequeño, aquel chiquillo mostró ser arrebatado y caprichoso; siendo el más pequeño de los primos, era por ende el más consentido. De los tres pequeños, Anthony se distinguía por su carácter fuerte y de liderazgo, mientras que Stear era la nobleza y templanza en persona. Sin embargo, ahora parecía que Archibald poseía las virtudes de ambos...de alguna manera, había incorporado lo mejor de los otros dos muchachos. Fue en este momento decisivo que todo el potencial que el joven llevaba por dentro, surgiría para defender lo que consideraba justo y Archie lo sabía muy bien.

Entonces, sus pensamientos fueron interrumpidos cuando se escuchó una ola de aplausos y por la voz de la matriarca que lo llamaba a su lado. Así que bajo la mirada de todos los presentes y con su elegante andar, dio unos pasos al frente hasta colocarse junto a la matriarca que lo miraba con orgullo. Ahora sí, el tan temido discurso de la Tía Abuela daría comienzo,
-Como todos bien saben, Archibald es el miembro varón más joven de la familia Ardley. Pero no sólo eso, sino que es también el único en sucesión directa del patriarca de nuestro clan. Debido a cuestiones más allá de su control, el Sr. William Ardley no pudo asistir a este importante evento; sin embargo, me ha pedido que les comunique a todos la importante decisión que ha tomado. El patriarca de nuestra familia dejará de fungir como su presidente y en su lugar ha decido nombrar un sucesor y heredero...-

En ese momento y justo cuando se disponía a nombrar a Archibald como el nuevo patriarca, el joven pudo distinguir a tres figuras que se abrían paso a través de la multitud...el momento de poner en marcha el plan, había llegado. Así que bajo el rostro de asombro de la anciana, Archie la interrumpió diciendo,
-Lo que la Tía Elroy quiere decir es que ha llegado el momento de que el verdadero y legítimo heredero sea presentado ante todos ustedes...-

La anciana no daba crédito a lo que escuchaba y entre la sorprendida multitud, se escuchaban cuchicheos y rumores sobre qué era exactamente lo que el joven frente a ellos, trataba de decirles. Emilia palideció ente estas palabras, ya que no eran parte de lo que habían convenido que se diría,
-¿A qué te refieres, Archibald?...¿de quién hablas?- susurró ella al muchacho tratando de que reaccionara y dijera algo para calmar al público que ahora murmuraba.
-Ya lo verá, Tía- le respondió él en voz baja.

Y haciendo una seña con la cabeza que sólo cuatro personas de entre la audiencia entendieron, dos jovencitas se acercaron a donde estaba George. Entonces el hombre se aventuró a subir los escalones para situarse al lado de Archibald,
-Como todos ustedes saben, el Sr. Williams ha estado indispuesto por mucho tiempo y por eso no le había sido posible presentarse ante ustedes. No obstante, en esta noche y por una petición especial, él ha accedido a que todos ustedes finalmente lo conozcan...-

En ese momento, un alto joven rubio que portaba un traje negro, apareció de entre todos y se colocó a los pies de la escalera para sorpresa de la Tía Abuela...
-No es posible...William- fue todo lo que la matriarca se susurró al tiempo que palidecía.

La hora de la verdad había llegado. Aquel joven rubio que aún continuaba sin un pasado, estaba a punto de sacudir a la sociedad entera con su presencia...en él estaba la clave para poder poner en orden a los Ardley. Pero además, este era el momento crucial en que Archibald tendría que no sólo convencer a la sociedad sino a su querida Tía, que aquel a quien consideraban perdido, por fin había llegado...y lo hacía para reclamar lo que por derecho le pertenecía.


Notas:

¡Feliz lunes a todos! Espero que hayan disfrutado de un lindo fin de semana.

Les traigo ahora la continuación y antes de que me lo digan...sí, lo dejé ahí en lo más emocionante para que todos estemos al pendiente la próxima semana :) el final se acerca y bueno, es para mantener la emoción.

Ahora me toca agradecer a quienes no puedo responder sus mensajes...Iris, me alegra saber que te gustan las escenas románticas. Les tengo unas más antes del final. Lupita, ese encuentro con Albert de parte de George también me emocionó y creo que de ahí puedo sacar material para escribir el fic de Albert en un futuro. No sé cuando, pero espero no demorar mucho, ten paciencia por favor. Kitten Andrew, mil gracias por tus comentarios y veo que estás avanzando rápido en la historia. Gracias mi querida tía!

Gracias nuevamente por sus mensajes, se los agradezco mucho y si me tardo en responder es porque ando un poquito atareada. Aún así, me doy tiempo para escribirles y mantenerme en contacto.

Disfruten de un lindo día y seguimos en contacto...

Abrazos
Adriana