Los personajes de Crepúsculo pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía.


Outtake

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Volar

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Louisa, con cuatro años de edad, le parecía curioso pensar la manera en que los insectos permanecían en los pétalos de las flores o en las hojas de los árboles, como si estuvieran planeando una venganza. La capacidad para mostrarse silenciosos, amargados y solitarios. Al menos no comprendía por qué los adultos no hablaban de ello como un tema importante, nunca escuchó a nadie platicar sobre lo fantásticas que eran o si tenían algún propósito en la vida. Ella quería ser veterinaria, por ejemplo. También creía que estos podían llegar a leer el pensamiento de los demás, por eso reaccionan casi automáticamente ante el ruido de su zapato.

Fantaseó en cuestión de segundos lo que sería su vida si algún día pertenecía a su maravilloso clan; aprender a volar, succionar la mermelada que alguien olvidó fuera de la nevera o escabullirse en los agujeros más recónditos de las paredes.

Pero había algo que ella no tenía ni idea todavía, algo que la mantuvo despierta por horas la noche anterior ¿acaso los insectos volaban desnudos? ¿No les daba ni pizca de frío en invierno?

Si la respuesta era afirmativa, no le agradaba esa idea para nada. Le gustaba usar ropa, más aún por los colores de estos. Rosa, naranja, rojo, azul, lila.

Tenía tantos colores para decir, pero todo fue olvidado mientras la sonrisa se asomaba en su cara. Impulsada por la emoción de lo que sus ojos descubrieron en la distancia; otra mariposa posando sobre el brazo de la silla de playa.

Algo tenía que hacer para alcanzarla, incluso si eso significaba terminar herida. Lo demostró arriesgándose en dar un paso por delante de su propia valentía y arrastrando los pies en los zapatos nuevos que papá le compró días atrás. Saltó, casi volando, y tropezó en el césped húmedo del jardín. Miró sus pantys manchadas de lodo, preguntándose si mamá estaría muy enfadada cuando la vea o si había un par igual en su armario. Ella le dijo que no podía ensuciarse antes de que la gente llegara.

Ups.

Al menos tenía una mariposa de rehén, y pronto, tal vez, tendría una vaca de mascota. Eso le respondió a Bonnie cuando esta le preguntó que quería para su cumpleaños. No necesitaba ser una vaca grande, pero ella quería una vaca en su jardín.

Un ruido de pies la alertó.

Brr se aproxima… ¡Brr se aproxima! —esa era Bonnie, se dijo, recostada dentro de la tienda de campaña que Carlisle les hizo el fin de semana pasado. Con las manos alrededor de su boca, repitió una y otra vez lo que Louisa no entendía, por lo que Bonnie tuvo que intervenir en susurros— Bruja rabiosa se aproxima… ¡Bruja rabiosa se aproxima!

El corazón le palpitó fuerte en el pecho, pero nada fue suficiente para soltar la mariposa. Las uñas de un gris azulado de la mujer tocaron la mancha marrón de su panty y levantó el mentón para ver a Elizabeth sonriendo como el gato de Cheshire.

—¿Tú no piensas saludar a tu abuela, chica del cumpleaños?

Su vestido y zapatos eran horrendos, su cara estaba hinchada como un pulpo. Ella tenía un pulpo llamado Bambi, amigo del señor cua-cua, pero no era tan feo. La boca naranja de bruja rabiosa iba directo a su cara y sabía que probablemente la asfixiaría de igual modo que lo hacía la abuela Esme cada vez que la veía. Su cuerpo se encogió por la cercanía, hasta que una dulce voz resonó en el lugar.

—Oh, Jesús… debí haberlo sabido. —Bella apareció detrás de Elizabeth, suspirando por el aspecto de su ropa. Escuchó que Bonnie reía por detrás, pero solo hizo llamar la atención de ambas mujeres— ¿Qué haces escondida ahí, cariño?

Bonnie se paró en sus pies, mientras Louisa corría detrás de su madre. Hubiese deseado que eso fuera suficiente para evitar el soplido que Elizabeth hizo en su cara, pero de inmediato sintió pintura en su mejilla. Bonnie, por supuesto, corrió con la misma suerte y sus pies casi se tambalearon con la fuerza del beso.

Tan pronto acabó el martirio, ambas corriendo a casa haciendo caso omiso de Nick que pretendía saludarlas.

La habitación repleta de peluches las recibió en un aburrido silencio.

Bella llegó detrás de ellas, cerrando la puerta y colocando las manos en su cintura. Ella siempre hacía eso cuando estaba molesta.

La mariposa dio un salto en las palmas de Louisa, logrando asustarla.

—¿Estamos en problemas de nuevo, mamá?

—Sí

—¿Vas a llamar a la policía?

—No

—¿Estás molesta porque era tu ropa favorita?

—No

Silencio.

—¿Me compras un helado?

—No

—¿Y una vaca? ¿Puedo tener una vaca de mascota? —insistió ahora, aprovechándose de las preguntas— Y una… y una marisopa.

—Mariposa, Louisa ¡mariposa! —corrigió Bonnie, comenzando a deletrear— M…a…r…m…n…z... mariposa.

Su madre parecía triste, o al menos eso pensó luego de que se llevara una mano a la cara. Después de un momento se dio cuenta que estaba riéndose, así que supuso que no estaban en grandes problemas. Eso, hasta que la mariposa en la mano dejó de moverse.

—¿Qué hay en tu mano?

—Una mariposa —dijo acertadamente. Inocente, desenroscó los dedos que la encerraban y pronto la mariposa escapó de sus manos, volando por todos sitios de la cerrada habitación. Las niñas comenzaron a chillar alrededor, saltando para alcanzarla de nuevo.

Mientras el intento de recuperarla procedía, alguien entró en la habitación.

—Ah, lo sabía. —Rose ladeó la cabeza en una sonrisa— Te dije que arruinarían su ropa.

Bella asintió.

—Tal vez las subestimé un poco.

—¿Un poco? —suspiró. Lou se abalanzó contra su mesita de las muñecas justo después de que la mariposa emprendiera su vuelo otra vez— ¿Qué es eso que vuela?

—Una mariposa. —respondió Bella.

Pequeña Lulú dejó de escuchar la conversación. Necesitaba recuperar la mariposa de cualquier manera. Después de muchos intentos fallidos, finalmente Rose les dijo que ella necesitaba ser libre, pues mantenerla encerrada solo la deprimía.

Se negó a hacerlo porque nunca antes había atrapado una, pero no le gustaba ver triste a nadie.

Entonces permitió que la mariposa se fuera, intentó darle un beso imposible de despedida antes de abrir la ventana.

Louisa suspiró, sabiendo que sin ella nunca aprendería a volar.

O…

¿Y si lo intentaba?

¿Y si saltaba desde la mesa?

¿Y si se subía al techo?

¿Arriba de la encimera?

¿AL AUTO DE PAPÁ?

La idea dilató sus pupilas.

Una vez cambiadas de ropa, se encontraron a Nick escuchando detrás de la puerta.

Nick era alto, feo y con ojos azules.

Feo, muy feo desde que no le quería prestar nunca más su consola luego de que ella derramara jugo de mora en los parlantes.

No fue a propósito, el vaso se resbaló de sus manos.

Pero él traía regalos para ella y para Bonnie, entonces era lindo de nuevo.

—¿Qué hay dentro? ¿GALLETAS?

No eran galletas, sino una almohada en forma de manzana roja. Era tan suave y liviana que no quería desprenderse de ella.

—¡Feliz cumpleaños! —les dijo Alice a las dos, abrazándolas en conjunto.

La gente empezó a llegar; la abuela Esme, el abuelo Carlisle, una amiga de mamá, una amiga de Rose, Jasper y otras personas adultas que no conocía, pero que le trajeron regalos y la abrazaron como si fuera su mejor amiga.

No le importó la mayoría de los regalos, le gustaba mucho su almohada de manzana. Tanto, tanto, que le dieron ganas de comer una.

—Mi almohada es una uva —dijo Bonnie, abrazando a la almohada en su pecho— Es muuuy bonita. —siguió, sin embargo, Louisa no le respondió, por lo que Bonnie se alejó de su regalo para echarle un vistazo— ¿Por qué estás callada?

La casa estaba demasiado llena para saltar desde la encimera o desde la mesa. La única opción era el auto de papá o lanzarse desde el tobogán del parque, pero a ellas no la dejaban salir a la calle sin supervisión.

—Quiero volar. —respondió.

—No tenemos alas.

Se encogió de hombros.

—No importa.

Parecía tan fácil de lograr, pero la puerta de calle estaba cerrada y no había una salida desde el patio trasero…

El patio trasero.

Una sonrisa apareció en su rostro y Bonnie supo que habían encontrado la solución. Tan emocionada estaba que la almohada de uva se le cayó al suelo y tiró de la mano de Louisa hacia lo que sea fuera su plan.

Para ellas, ningún plan era lo suficientemente peligroso o arriesgado.

Mientras Bella y Rose acomodaban el pastel en la mesa, echaron prisa fuera de casa.

Caminó alrededor del césped, flores olvidadas y juguetes que no recordaba. Y allí estaba… entre todo el matorral, aquella brecha lodosa entre su casa y la calle. La misma brecha lodosa que usó un par de veces para jugar y regresar a casa toda sucia sin ninguna explicación. Gracias a esa brecha podrían salir a la calle, subirse arriba del auto y saltar al vacío.

Maravilloso.

—¡Eh! Allí están.

Bonnie no alcanzó a dar un paso cerca de la brecha cuando la voz de Charlie las detuvo.

—¡Abuelito Charlie! —gritaron, olvidándose del plan y corriendo a toda velocidad a sus brazos.

Él besó sus mejillas, haciéndoles cosquillas con el bigote.

—¿Qué están haciendo escondidas aquí? Todo el mundo está preguntando por las cumpleañeras.

—Bonnie y yo queremos aprender a volar.

—¿A volar? —repitió Edward, detrás de ellos. Hasta ese instante nadie se dio cuenta de que también se encontraba allí— ¿De dónde salió esa idea loca?

—Las mariposas vuelan. Nosotras queremos intentarlo.

Charlie miró a Edward con una extraña expresión, su bigote se movió y Louisa quería arrancárselo con la mano.

—¿Qué dices, Edward? ¿Crees que puedan lograrlo?

Él se encogió de hombros.

—Si no lo intentamos… nunca lo sabremos.

Bonnie soltó un chillido escandaloso, abrazando su pierna.

Edward fue quien las ayudó, porque al abuelito Charlie le dolían los brazos. Papá era fuerte, igual que un héroe, por eso las sostuvo en el aire sin ningún problema. No era lo mismo que la mariposa, pero le gustaba que el viento golpeara su cara. Cuando mamá vino a echarles un vistazo, estaba completamente mareada por las vueltas. Tan mareada que sus pies flaquearon en el suelo y Bella la sostuvo antes de que se cayera.

Toooodooo giraaabaaa.

Tooooodo.

Caminaron en zigzag de regreso a casa, ante las risas simuladas de los grandes y decidió que no le importaba. Aunque tropezó con la almohada de uva de Bonnie y con el trasero de la abuela Elizabeth… siguió su rumbo.

Para cuando llegó la hora de cortar el pastel, ya se sentían mucho mejor.

El pastel era rosa y según Nick, allí estaban sus nombres y el número cuatro. Fue el primer número que se aprendió de memoria, pero no sabía cómo contarlos con los dedos. Lo intentó una vez, fallando en el proceso. Bonnie intentó meter el dedo en la vela, pero Rose fue lo suficientemente rápida para apartarla.

La canción del cumpleaños terminó, todo el mundo se calló. Pasaron los segundos y la ansiedad de apagar la vela comenzaba a darle comezón en las manos.

Hasta que alguien gritó que pidieran los deseos.

Otro gritó que eran muy pequeñas para entenderlo.

Sin embargo, ella lo entendió.

Y Bonnie también.

Pidió un deseo simple en silencio; volar como una hermosa mariposa.

Tener una vaca.

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Y tal vez también un hermano.

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—¿Qué estás haciendo, pequeña Lulú?

Ya no quedaba ningún invitado en casa, incluso tenía puesto su pijama y estaba a punto de lanzarse desde la cama a la montaña de peluches de su mesita. Entre ellos, una enorme vaca… de algodón. Sin embargo, era tan linda y blanquita, que no le importaba nada más.

—Quiero volar muy alto, mamá.

Bella entró en su cuarto, mientras Louisa volvía a su posición; juntó sus manos, se inclinó y saltó sobre los peluches antes de que su mamá pudiera hacer algo al respecto. Lo primero que sintió fue un golpe en su brazo y luego algo cayó sobre su espalda. Parecía un caracol echado en la tierra.

—¡Lu! —gritó Bella.

—¡Ups! —a pesar del dolor de la caída, estaba viva— ¡Estoy bien!

Literalmente desapareció entre los peluches, pero pronto se los quitó de encima con la ayuda de Bella, que la sacó en unos segundos.

—Tú… pequeña Lulú, le haces honor a tu nombre. —su cuerpo se arrimó en la cama, saltando en dos pies— Te amo por eso ¿sabes?

—Lo sé, yo también amo mucho. ¿Verdad que fue muuuy divertido?

—Sí, sí, divertido… cuando te rompas un brazo…

—¿Quién se va a romper un brazo?

Edward entró con los regalos en una bolsa, dejándolos en un rincón de la habitación. Mamá le explicó lo sucedido, y él solo se puso reír de la situación.

—Si me rompo un brazo… me crece otro. ¿Verdad que crece otro?

Saltó sobre papá, que la sostuvo enseguida. Entrelazó sus piernas en su cadera, mientras Bella le apartaba el pelo sudoroso de su frente. Quería preguntarles si podía intentarlo otra vez, pero la puerta principal dio un golpe y mamá se tuvo que ir, no sin antes darle un beso de despedida y uno en la boca a papá, lo que hizo que Louisa hiciera una mueca de asco.

Ahora estaban a solas.

—¿Quieres volar? —le preguntó él, apretándole la mejilla.

El corazón le saltó, moviendo los pies en todas direcciones.

—Si me caigo, me sostienes fuerte, papi ¿de acuerdo?

Él sonrió, besando el tope de su cabeza.

—Siempre.


Hooooola! Estoy viva y regresé :)

Como la mayoría ya sabe, Primogénita tendrá secuela. La comenzaré a subir a partir del día miércoles (13/09) y no haré una secuela aparte, sino aquí mismo, así que hagan de cuenta que lo dejé en hiatus y vine a continuarla (naaa, fue porque no sé que nombre ponerle a la secuela, Primogénita 2 no me llamaba la atención jajaja) Contará de 12 capítulos, los que subiré una vez por semana y sin un día en específico.

Este outtake se los debía desde el último capítulo, no es largo, de despistada y porque nunca lo edité, no lo subí hasta ahora.

Me alegra muuucho volver, a pesar de que este tiempo me sirvió para hacer otras cosas, estaba acostumbrada a merodear por aquí :D

Cualquier duda que tengan ya saben que tengo un grupo de fics en facebook "Annie Stewart fanfics" el link lo encuentran en mi perfil de fanfiction.

Besos, hasta pronto!