Hola hola jeej aki les dejoo una parte de la maldad de el hermanastro de Bella jeje

Disfruten!

Recuerden de que nada me pertenece. La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer

Capítulo 36

Timothy Salvini engulló otro calmante. Le dolía tanto la cara que apenas podía pensar. Pero eso era justamente lo que tenía que hacer: pensar. El hombre que había ordenado que le destrozaran la cara, y que luego había ordenado a su médico personal que se la curara, le había dado una última oportunidad. Si no encontraba a Bella y al menos una de las piedras antes de que anocheciera, no habría sitio en el mundo donde pudiera esconderse.

Y el pálpito del miedo era más poderoso que el del dolor.

Timothy no se explicaba aún por qué había salido todo tan mal. A fin de cuentas, lo había planeado él mismo. Se había ocupado de todos los detalles, mientras que Thomas había preferido esconder la cabeza en la arena. Era él con quien habían contactado, a él a quien habían acudido. Porque él era el más listo de los dos, se dijo. Era él quien conocía las reglas del juego. Y era él quien había hecho el trato.

Al principio, Thomas había aceptado sin rechistar. La mitad de diez millones de dólares habría permitido a su hermano establecerse cómodamente, y al mismo tiempo habría satisfecho los anhelos de auténtica riqueza de Timothy. No la menudencia de los ingresos de su, pese a todo, próspero negocio, sino riqueza de verdad, riqueza para soñar a placer.

Pero Thomas se había arrepentido. Había esperado hasta el último momento, cuando todo estaba preparado, para traicionar a su propio hermano.

Sí, se había puesto furioso al descubrir que Thomas pensaba huir del país llevándose el millón y pico de la fianza, dejándole a él el riesgo y la responsabilidad de quitárselos a todos de encima.

Porque tenía miedo, se dijo. Porque le preocupaban las sospechas de Bella. Aquella zorrita codiciosa siempre había sido un Obstáculo. Pero él se habría encargado de ella, se habría ocupado de todo si Thomas no hubiera amenazado con tirarlo todo por la borda.

Sencillamente, la discusión se había desmandado, pensó, pasándose una mano por la boca. Todo se había desbocado. Los gritos, la rabia, la tormenta eléctrica... Y de pronto el cuchillo estaba allí, en su mano. Pegado a su mano y manchado de sangre antes de que se diera cuenta.

No había podido detenerse. Sencillamente, no había sido capaz de dominarse. Se le había ido un poco la cabeza, admitió. Pero todo era por culpa del estrés por sentirse traicionado, porque le ponía furioso saber que su propio hermano pensaba venderlo.

Y Bella estaba allí. Mirándolo con aquellos inmensos ojos. Mirándolo desde la oscuridad.

De no haber sido por la tormenta, por el apagón, la habría encontrado, se habría ocupado de ella. Bella había tenido suerte, nada más, simple suerte. Pero él tenía cerebro.

No era culpa suya. Nada de aquello era culpa suya. Sin embargo, era él quien pagaría por ello. Su vida corría peligro por culpa de la cobardía de su hermano y de los tejemanejes de una mujer a la que guardaba rencor desde hacía años.

Estaba seguro de que ella había enviado por mensajero al menos una de las piedras. Había encontrado el resguardo de la mensajería en el bolso que Bella se había dejado en el despacho al huir. Se creía muy lista, pensó. Siempre se había creído más lista que ellos. Doña Perfecta, siempre congraciándose con su padre, volviendo de su universidad de postín cargada de honores y premios. Los honores y los premios no significaban nada en el negocio. La astucia, sí. Las agallas, también .Y la perspicacia.

Y Timothy Salvini tenía aquellas tres cosas.

También habría tenido cinco millones de dólares, si su hermano no hubiera alertado a Bella con sus torpezas, ni hubiera perdido los estribos y hubiera intentado traicionar a su cliente.

Su cliente, pensó tocándose con cuidado la mejilla vendada. Ahora era más bien su amo, pero eso también iba a cambiar.

Él conseguiría el dinero y la piedra, y encontraría las otras dos entonces huiría lejos, sin dejar ni rastro. Porque Timothy Salvini había mirado a los ojos al diablo .Y era lo bastante astuto como para saber que, una vez el diablo tuviera las piedras en su poder, su esbirro no le serviría de nada.

Así que era hombre muerto.

A menos que fuera listo.

Había sido lo bastante listo como para esperar había pasado horas esperando frente al edificio de apartamentos de Bella. Sabía que ella volvería. Era una mujer de costumbres, tan predecible como el amanecer .Y no lo había decepcionado.

¿Quién hubiera pensado que alguien tan... corriente echaría a perder sus planes? Separar las piedras, enviarlas en distintas direcciones. Sí, eso había sido una inesperada muestra de astucia por parte de Bella .Y le había complicado terriblemente las cosas.

Pero ahora debía concentrarse en Bella. Otros se encargarían de las demás. Se ocuparía de eso a su debido tiempo, pero de momento su paciencia había rendido fruto.

Había sido tan fácil, en realidad... El coche elegante se había detenido, Bella había salido de un salto. Y el hombre había salido corriendo tras ella, con tanta prisa que ni siquiera había cerrado con llave la puerta del coche. Salvini había encontrado los papeles en la guanera, había anotado la dirección.

Acababa de romper la ventana de la puerta trasera de la casa vacía y había entrado.

Llevaba sujeto al cinturón el cuchillo que había usado para matar a su hermano. Mucho más silencioso que una pistola, y, tal y como le había demostrado la experiencia, igual de eficaz.


oh oh las cosas se ponen cada vez mejo no? jeje

espero sus reviews

byee