Piper se removía entre sueños mientras la luz de la luna le daba directo en la cara, la charla con su madre solo había logrado alterar más sus nervios y si de por si tenía sueños inquietantes ahora era peor.
La mismas imágenes se repetían en su cabeza, Percy corriendo con la espada lista, Clarisse y los demás campistas atacando a algún monstruo que ella no lograba ver, Jason y Leo discutiendo, el muelle destruido y la peor de todas, Annabeth gritando y encogida de terror escondiéndose de algo.
Abrió los ojos de golpe como siempre que tenía pesadillas, nunca gritaba como sus amigos o hermanos, era algo curioso, mientras todos los demás gritaban y se levantaban llorando ella solo abría los ojos.
Recordaba a la perfección las noches en las que oía a Annabeth gritar en su camarote del Argo II, más de una vez ella o Percy tuvieron que quedarse toda la noche con ella. No se imaginaba lo que su amiga soñaba, nunca quiso contarle sus pesadillas pero su corazón se le estrujaba cada vez que la veía retorcerse y gritar de miedo mientras dormía, antes de poder despertarla.
-Tengo que hacer algo-. Dijo mientras se levantaba y salía de su cabaña.
…
Entró directamente hacia el estudio de Annabeth, se detuvo un momento a mirar los murales del campamento, todo se veía en calma aunque aún quedaban algunos destrozos del "Huracán Percy".
Sacó de debajo de la cama una chaqueta y una mochila con néctar y ambrosia. Se situó junto a la puerta y tomó un encendedor dorado del bolsillo, una pequeña flama verde apareció dándole un aspecto sombrío a la blanca habitación, la cual en cuestión de segundos comenzó a arder con el verde característico del fuego griego.
Luego de unos minutos las llamas se extinguieron por si solas dejando el pequeño estudio de la hija de la sabiduría tal y como estaba antes. Paredes azules con un patrón marino, grandes estantes en las paredes llenos de libros, una mesa de diseño y un diván blanco perfecto para recostarse a leer.
-Definitivamente esto es de Annabeth-. Pensó mientras cerraba la puerta y caminaba hacia los establos.
Cuando iba a la mitad del pasillo escuchó a la perfección los quejidos de la hija de Plutón.
Hazel estaba harta de su "cajita" de cristal, ella por lo general no era violenta, pero el encierro (y el hechizo de Afrodita) la había sacado de quicio, ya había pateado, arañado y golpeado la famosa caja y nada funcionaba. Ni siquiera su viaje sombra (recién descubierto) lograba sacarla de ahí.
-No va a funcionar, deberías dormir-. Dijo una voz desde el pasillo haciéndola sobresaltar.
-No puedo dormir si me tratan como una mascota, necesito aire-
-Aun así te vas a quedar ahí, así que sigue mi consejo, hermana y trata de descansar-
-De acuerdo, pero ¿Por qué tengo que seguir actuando?-.
-Porque si no el plan no puede tener éxito-
-No es justo, tu estas afuera y despierto y yo estoy aquí encerrada y no puedo decirle nada-.
-Ya sabes cómo es esto-.
-Está bien, pero mejor será que te apresures-
-No puedes apresurar al amor-.
-Que cursi te has vuelto, Nico- dijo con una sonrisa mientras su hermano se alejaba.
…
-Es…
-¡Annabeth! ¡Mi amor!
No podía creerlo, honestamente, había pensado que nunca la volvería a ver pero ahí estaba, dormida, con sus rizos de princesa cayéndole sobre la cara y tan hermosa como siempre.
-Pero…- comenzó a decir Frank.
-¿Dónde está?
