EL BOSQUE PROHIBIDO Parte 1
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Todo el texto en negrita es propiedad del mundo de J.K. Rowling, lo restante son unas pequeñas anotaciones que se me han ido ocurriendo...
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¿Hola?
¿Hay alguien?
¿No?
Bueno... Entonces me voy...
...
Rbjuvvswbfdbehh
...
Minbsdfgbbjj
...
Gfjmdudrwqhq
...
¡Está bieeeeennnn!
Dejaré el capítulo aunque nadie responda...
Pd: Te odio angelito bueno...
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Para cuando el estómago del pelirrojo se dio por satisfecho, el ojiverde ya había acabado de comerse sus uñas y había empezado con sus dedos.
- ¿Terminaste pequeñajo? - preguntó Charlie.
- Hace siglos... - contestó, ansioso, el azabache.
- ¿Vamos entonces? - sonrió, divertido, el dragonista.
- ¡Siiiii! - exclamó, levantándose de un salto, el pequeño león.
- No tardéis mucho... - les pidió Sirius.
- ¿Por qué? - salió, automáticamente, de los labios del ojiverde.
- Porque hemos organizado una actividad para por la tarde... - respondió Remus, sin querer explicar mucho para no fastidiar la sorpresa.
- En un par de horas estaremos de vuelta - prometió el ojiazul.
El pelirrojo y el azabache, que no podía estar más intrigado, abandonaron el Gran Comedor entre las miradas curiosas de los alumnos y los profesores.
- ¿A dónde vamos? - interrogó, sin aguantarse más, el niño.
- A la cabaña de Hagrid - respondió, brevemente, Charlie.
- ¡Oh! Pensé qué... - se sorprendió Harry.
- ¿Estás decepcionado? - preguntó, el pelirrojo, con una sonrisa burlona.
- No, es sólo que... - intentó explicarse el azabache.
- ¿Esperabas algo más emocionante? - adivinó el dragonista.
- Supongo... - asintió el pequeño buscador.
- ¿Por qué no cambias la pregunta entonces? - sugirió el ojiazul.
- ¿La pregunta? ¡Ah! Ya entiendo - sonrió ahora, el niño, apuntándose al juego del mayor - ¿Qué vamos a hacer allí?
- Vamos a ver a Hagrid - informó el pelirrojo.
- ¿Por algún motivo en especial? - insistió el ojiverde.
- ¿Tiene que haberlo? - rió el nuevo profesor.
- Supongo que no... Pero... ¿Vamos a hacer algo en especial? - volvió a intentarlo el menor.
- Hablar con Hagrid... - contestó, evasivo, el dragonista.
- ¿De algún tema en concreto? - siguió Harry, sin darse por vencido.
- ¡Muy bien pequeñajo! ¡Te estás acercando! - lo felicitó el ojiazul, levantándolo al vuelo y dándole vueltas en el aire.
- ¿De qué vamos a hablar con Hagrid? - preguntó, de nuevo, el ojiverde, cuando estuvo otra vez en tierra firme.
- Quiero proponerle algo... - reveló Charlie.
- ¿Qué le vas a proponer? - se interesó, de inmediato, el azabache.
- Eso es una sorpresa - sonrió, misterioso, el segundo de los Weasley.
- Pero... Dijiste que necesitabas mi ayuda... - protestó el niño.
- Y no mentía... Hagrid es un poco inseguro como tú... Por eso le costará aceptar... Y ahí es donde entras tú..- explicó el pelirrojo.
- ¿Qué tengo que hacer? - interrogó Harry.
- Convencerlo de que acepte - respondió el ojiazul.
- ¿Y si no puedo? - se preocupó el leoncito.
- Claro que podrás, tú puedes lograr cualquier milagro que te propongas... - lo tranquilizó Charlie.
- Te ayudaré con una condición... Bueno con dos... Aunque una es un poco ridícula... Pero debo asegurarme... - divagó el ojiverde.
- Me tienes en ascuas... - rió el dragonista.
- La primera... ¿Es algo bueno para Hagrid? - quiso asegurarse, el azabache.
- Esa es la ridícula, ¿no? - preguntó, alzando una ceja interrogante, el pelirrojo.
- ¿Hace falta que conteste? - replicó, con una mueca, el menor.
- ¿Y yo? - le devolvió el amante de los dragones.
- Pasemos a la segunda entonces... Quiero que me cuentes por qué odias tanto a Filch - soltó de golpe, el pequeño buscador, sobresaltando al mayor.
- Es una historia muy larga... - intentó escaquearse Charlie.
- ¿No quieres contármela? - preguntó Harry, poniéndole un puchero.
- Hagamos un trato... - propuso el ojiazul, sin poder resistirse a su pequeñajo.
- Te escucho - replicó, el leoncito, siempre dispuesto a hacer un trato.
- Te espero en la sala común hoy a media noche, daremos un paseo y prometo contarte todo... - lo citó el dragonista.
- Trato hecho... Pero no puede ser hoy... - denegó, el ojiverde, acordándose de su cita con Draco.
- ¿Por qué? - se interesó el pelirrojo.
- Tengo algo que hacer... - respondió, evasivo, el niño.
- ¿Con quién? - interrogó, muy interesado, el profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas.
- ¿Qué tal mañana? - sugirió, ignorando su pregunta, Harry.
- No estarás pensando en meterte en algún lío está noche, ¿verdad? - se preocupó el ojiazul.
- No, te lo prometo... - juró el azabache.
- Te creo... Y me parece bien lo de mañana... - asintió Charlie.
- Misma hora, mismo lugar... - asintió el ojiverde, deteniéndose delante de la puerta de la cabaña.
- ¿Entramos? - preguntó el pelirrojo.
- ¿No deberíamos llamar? - replicó, demostrando una vez más sus excelentes modales, el menor.
- No te preocupes, le he dicho que vendríamos a tomar el té... - lo tranquilizó el azabache.
En ese momento la puerta se abrió y la enorme cara peluda de Hagrid, apareció ante ellos.
- ¡Hola chicos! ¡Os estaba esperando! ¡Pasad! - los invitó el semigigante.
- He traído unas pastas... - dijo Charlie
- Huelen muy bien... - sonrió el pequeño buscador.
- Yo había preparado unas galletas... Pero no importa... ¡Comamos las pastas que ha traido Charlie! - decidió el guardián de las llaves.
- Es una gran idea... - aseguró el ojiazul, cruzando una mirada de alivio con Harry.
Los tres se sentaron en la mesa, que Hagrid había preparado previamente, y durante unos minutos bebieron el té y degustaron las ricas pastas, que había traído el ex cuidador de dragones.
- ¿Sabes viejo amigo? Se me olvidó comentarte una cosita con respecto a Norberto... - fue el primero en hablar, Charlie.
- ¿Le ha pasado algo? - se preocupó, atragántandose, Hagrid.
- Nooooo... Se encuentra muy feliz con sus amiguitos dragones... - lo tranquilizó el pelirrojo.
- ¿Me echa de menos? - se interesó el semigigante.
- Seguramente... Aunque eso es algo que sólo el pequeñajo podría saber... - se encogió de hombros, el ex cuidador de dragones.
- Yo estoy seguro de que te echa mucho de menos... - intervino, queriendo hacer sentir bien a su amigo, el ojiverde.
- Ese tema podemos resolverlo después... Ahora hablemos del anteriormente nombrado Norberto... - quiso ir al grano, el ojiazul, sabiendo que no les quedaba mucho tiempo antes de tener que regresar al castillo.
- ¿Anteriormente? - lo interrumpió, siempre alerta, Harry.
- Sí, tuvimos que dejar de usar ese nombre - asintió el pelirrojo.
- ¿Por qué? ¿No os gustaba? - se entristeció el guardián.
- ¡Claro que sí! Pero no encajaba... Ahora la llamamos Norberta... - aclaró, con una sonrisa pícara, el profesor.
- ¿Norberta? - se extrañó Hagrid.
- ¿Es una dragona? - se sorprendió el niño.
- Así es... - asintió el ojiazul.
- ¿Y como lo supiste? - interrogó el azabache.
- Son más crueles... - informó Charlie, con una sonrisa divertida.
- ¡Ah! Ahora lo entiendo todo... - rió Harry.
- Norberta... Me gusta... - decidió Hagrid.
- ¿Y te gustaría visitarla? - preguntó el sexy experto en dragones.
- ¡Pues claro! Pero Rumanía está muy lejos... - explicó el semigigante.
- ¿Y? - volvió a preguntar el pelirrojo.
- Dumbledore me necesita... - respondió, a modo de explicación, el guardián de las llaves.
- Podrías ir en vacaciones... - sugirió el niño.
- Había pensado que quizás cuando hable con mi jefe para dimitir, podría hablarle de ti... - siguió hablando el ojiazul.
- ¿Irse de Hogwarts? - se asustó Harry.
- ¡Por supuesto que no! Hablaba de un trabajo de verano... Podrías pasar dos meses al año rodeado de dragones, y de gente que entenderá tu amor por los dragones... - explicó el segundo de los Weasley.
- ¡Vaya Hagrid! ¡Eso suena muy bien! - se alegró por su amigo, el azabache.
- ¿Tú crees? - dudó el barbudo.
- ¿Tienes dudas? - se sorprendió el menor, sabiendo que la reserva sería un paraíso para el guardián de Hogwarts.
- Dumbledore... - recitó, su mantra, el semigigante.
- Te prometo que estará de acuerdo... - juró el pequeño buscador, dispuesto a convencerlo él mismo si hacia falta.
- Entonces... ¡Sería un honor trabajar en la reserva! - aplaudió, entusiasmado, Hagrid.
- Y Harry y yo podríamos acompañarte hasta que te adaptes... - propuso el pelirrojo, que ya había planeado una visita guiada por la reserva con su pequeñajo.
- ¡Claro! - estuvo de acuerdo, al instante, el ojiverde.
- Sólo tienes que convencer a Sirius... - terminó Charlie, mirando al semigigante con sonrisa inocente.
- Hablando de mi padrino... Deberíamos volver... - recordó, de pronto, el niño.
- Tienes razón, vámonos... - asintió el ojiazul, levantándose.
Los tres caminaron de vuelta al castillo, mientras Charlie les hablaba de la reserva de dragones y de la gente que trabajaba allí.
Cuando llegaron a su destino, se separaron, Hagrid fue en busca de Dumbledore para hablarle acerca de la propuesta del pelirrojo, y los dos mejores buscadores de Hogwarts de los últimos años, en busca de los merodeadores para ver qué habían preparado.
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No hizo falta que los buscaron mucho, Sirius y Remus los encontraron en la puerta del castillo y los llevaron al campo de quidditch, donde los esperaba casi todo el colegio.
Los adultos habían organizado un campeonato de quidditch, donde absolutamente todo el mundo podía participar.
La sorpresa para los organizadores fue mayúscula cuando, inmediatamente y sin ningún tipo de prejuicio, se formaron equipos muy diversos. Estudiantes de diferentes casas, edades o sexo se unían para pasar una tarde divertida.
Y ninguno resultó decepcionado, todo el que participó, ya fuera de manera indirecta o directa, se lo pasó realmente bien.
Cuando el sol comenzó a esconderse, todos fueron a sus cuartos para asearse antes de cenar.
Sirius, Remus y Severus hablaban entre ellos, mientras esperaban a Harry, para bajar juntos a cenar, en la sala común de los leones.
El ojigris llevaba toda la tarde muy pensativo y más despistado que de costumbre, y eso tenía muy inquieto a cierto castaño, que lo conocía como la palma de su mano y sabía que algo andaba rondando por la cabeza de su chucho.
- ¿Estás bien Canuto? - preguntó, preocupado, el hombre lobo.
- ¿Qué? Sí, claro... - respondió, con aire despistado, el animago.
- No te lo crees ni tú - replicó el pocionista, que también había reparado en la extraña actitud del Gryffindor.
- Vamos... Somos amigos... Sabes que puedes contar conmigo... Con nosotros - se corrigió, de inmediato, Lunático.
- Os váis a reír... - confesó el ojigris.
- ¡Estamos acostumbrados a eso! ¡Suéltalo ya! - lo apuró el ojinegro.
- Veréis... Puede que sólo sea imaginación mía pero... - empezó Sirius.
- A ver... ¿Qué has imaginado? - preguntó, con paciencia, el castaño.
- Puede que esté viendo cosas donde no las hay... - volvió a dudar el ex prisionero de Azkaban.
- ¡Habla de una vez! - gritó Severus, perdiendo la paciencia.
- ¡Esta bien! Pero no digáis que no os avisé... - los previno el animago.
- No damos por advertidos... - aseguró Remus.
- ¿No creéis que Charlie está demasiado cerca de Harry? - preguntó, por fín, Canuto.
- ¿En serio? - suspiró, con un leve tic en su ojo izquierdo, el pocionista al castaño.
- Calma... - le pidió el hombre lobo.
- ¿Qué he dicho? Ya os dije que... - se extrañó el ojigris por la reacción de sus amigos.
- No pasa nada... A Severus simplemente le cuesta hacerse a la idea... - inventó el de ojos ámbar, mirando con suplica al profesor de Pociones para que le siguiese la corriente.
- No te preocupes... Lo vigilaremos de cerca... - aseguró Sirius, "tranquilizando" al Slytherin.
- No te quepa la menor duda... - repuso el pocionista, con gesto perverso.
- Si Charlie le hace bien a Harry, ninguno de vosotros se interpondrá - aclaró, serio, Remus.
- Pero Rem... - protestó el animago.
- Lupin... - siseó el ojinegro.
- No os lo permitiré - aseguró el castaño, con un tono de voz que no admitía replicas.
Y con estas palabras la discusión se dio por finalizada, y justo a tiempo, porque el ojiverde hizo su entrada en escena, bajando las escaleras al trote, y poniendo a sus tutores en marcha para bajar a rellenar, sus ya vacíos estómagos.
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La cena fue muy entretenida; comiendo, riendo y escuchando viejas historias y anécdotas del castillo y sus habitantes.
Cuando terminaron de cenar, todos se fueron a sus cuartos, ya que después de el campeonato de quidditch estaban muy cansados.
Harry le dijo a Draco que pasaría a recogerlo a media noche en su sala común, y el rubio aceptó encantado.
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Poco antes de media noche, un pequeño león se dirigía al retrato de la Dama Gorda, se puso su capa invisible y salió con sigilo para no ser escuchado.
Antes de encaminarse a las mazmorras, se le ocurrió algo y cambió de dirección, quería hacer algo antes de ir a buscar al rubio.
Abrió una puerta y entró sin hacer ruido, atravesando un pequeño salón llegó hasta un elegante dormitorio, dónde descansaba el rebelde Sirius Black.
- Padrino... padrino... - lo sacudió, despacio, el niño.
- ¿Qué pasa cachorro? ¿Estás bien? - se preocupó Sirius, al abrir los ojos y ver a su ahijado.
- Sí, sólo quería avisarte que me voy a dar una vuelta con Draco por el castillo... - lo tranquilizó el ojiverde.
- ¿Llevas la capa? - preguntó el animago.
- Si - respondió mostrándosela.
- ¿Y el mapa? - se aseguró el ojigris.
- También - sonrió el niño, sacudiéndolo delante de la cara de su adormilado padrino.
- ¿Vais a salir del castillo? - interrogó, con gesto grave, Canuto.
- No - prometió Harry.
- ¡Pasalo bien cachorro! - le deseó, el animago, revolviéndole el cabello con cariño.
- Gracias padrino... Buenas noches... - se despidió con un rápido abrazo, antes de correr al encuentro con su amigo.
- Que tengas buena noche tú también... - sonrió, perruno, el animago.
Harry caminó hacia la puerta, cuando se dio cuenta de lo surrealista de la situación y de la suerte que tenía de tener a Sirius.
Se dio la vuelta antes de salir del cuarto y lo miró.
- ¿Padrino? - lo llamó, en voz baja.
- ¿Si Harry? - preguntó éste, mirándolo con adoración.
- Te quiero mucho - respondió el azabache.
- Y yo a ti cachorro... - le sonrió, con ternura, el ojigris.
El ojiverde salió del cuarto con una gran sonrisa adornando su cara, lástima que tuviera que cubrirse con la capa para no ser visto.
Draco lo estaba esperando ya cuando Harry llegó a la sala común de Slytherin, ambos niños se ocultaron bajo la capa y se alejaron de las mazmorras.
Durante un par de horas, el azabache y el rubio, recorrieron el castillo en silencio, e invisibles bajo la capa.
Se encontraron con Filch y se dedicaron a molestarlo y volverlo loco durante un rato, hasta que Draco recordó un lugar que quería enseñarle a Harry.
Al final, después de que ambos hubiesen mostrado al otro, todos los escondrijos que habían descubierto ese año, se despidieron hasta el día siguiente y se fueron a dormir.
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A la mañana siguiente, el ojiverde fue despertado, muy temprano, por sus compañeros de cuarto, que lo arrastraron hasta la ducha primero, y al Gran Comedor después.
Sus tutores lo esperaban ya allí, y desayunaron todos en amor y compañía, con la alegría y las bromas como invitadas de lujo.
- ¿Quién quiere leer hoy? - preguntó, como de costumbre, Dumbledore, cuando todos habían dejado ya sus platos vacíos.
No hizo falta que nadie respondiese, porque el libro salió disparado de las manos del director y levitó hasta pararse delante de Pansy Parkinson.
- ¿Quiere que yo lo lea? - se sorprendió, gratamente, la pelinegra.
- Eso parece... - le sonrió Theo.
- ¡Por fin me toca! - celebró, con entusiasmo, la niña.
- Cuando quiera puede empezar, señorita Parkinson - la animó el director, divertido por la alegría de la Slytherin.
Pansy, que tenía ya el libro en sus manos, lo abrió para empezar a leer, pero no pudo hacerlo.
Una película empezó a desarrollarse en su mente, estaba con Los Guardianes en King Cross, pero eran adultos y estaban despidiendo a sus hijos.
Todos los niños, que iban con los uniformes de las diferentes casas de Hogwarts, hablaban y jugaban entre ellos sin importarles la rivalidad de las casas.
Pansy sonrió, muy feliz por lo que había visto, aclaró su garganta y comenzó a leer.
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- El bosque prohibido - leyó la morena, con voz alta y clara.
Las cosas no podían haber salido peor. Filch los llevó al despacho de la profesora McGonagall, en el primer piso,donde se sentaron a esperar; sin decir una palabra.
- No teníamos nada que decir... - repuso, cabizbaja, la castaña.
- Sólo queríamos salir corriendo... - asintió, apenado, el ojiverde.
Hermione , disculpas y locas historias cruzaban la mente de Harry, cada una más débil que la otra. No podía imaginar cómo se iban a librar del problema aquella vez. Estaban atrapados.
- ¿Pudiste librarte al final? - preguntó Sirius, esperanzado.
- No, no pude... - negó, triste, el niño.
¿Cómo podían haber sido tan estúpidos para olvidar la capa?
- Sí, eso fue realmente estúpido - gruñó Alastor.
- Gracias, es usted muy amable - replicó irónico Harry, haciendo que se escucharan estrenduosas carcajadas, provenientes de los aurores y sus tutores.
No había razón en el mundo para que la profesora McGonagall aceptara que habían estado vagando durante la noche, para no mencionar la torre más alta de Astronomía, que estaba prohibida, salvo para las clases.
- No la había no... Aunque sabiendo lo que pasó en realidad... - murmuró muy bajito la profesora, por lo que sólo Pomona, que se sentaba a su lado, pudo escucharla.
- ¿Habrías cambiado tu castigo? - se interesó la profesora de Herbología.
- Ya no importa - suspiró la jefa de los leones.
Si añadía a todo eso Norberto y la capa invisible, ya podían empezar a hacer las maletas.¿Harry pensaba que las cosas no podían estar peor? Estaba equivocado.
- Las cosas siempre se ponen peor cuando Harry está involucrado - apuntó Theo.
- No es mi culpa que la mala suerte me persiga - se defendió el pequeño león.
Cuando la profesora McGonagall apareció, llevaba a Neville.
- Lo siento tanto Nev - se disculpó el ojiverde.
- Soy yo el que lo siente... - replicó el castaño.
-¡Harry! -estalló Neville en cuanto los vio-. Estaba tratando de encontrarte para prevenirte, oí que Malfoy decía que iba a atraparte, dijo que tenías un drag...
- Metí la pata hasta el fondo y más allá - admitió, con tristeza, Neville.
- No fue tu culpa - aseguró Hermione, consolando al niño.
- Es verdad, tú sólo querías ayudar - la apoyó Harry.
Harry negó violentamente con la cabeza, para que Neville no hablara más,pero la profesora McGonagall lo vio. Lo miró como si echara fuego igual que Norberto y se irguió, amenazadora, sobre los tres.
- Lo has descrito muy bien - susurró Neville al ojiverde.
- ¿Me estaba comparando con un dragón? - interrogó la profesora de Transformaciones, alzando sus cejas.
- Bueno... Eso parece... - respondió, con una sonrisa angelical, el azabache.
-Nunca lo habría creído de ninguno de vosotros. El señor Filch dice que estabais en la torre de Astronomía. Es la una de la mañana. Quiero una explicación.
- ¡Cómo si pudieran darsela! - bufó Seamus.
- ¡Deberían haberme dicho la verdad! - replicó Minerva.
- Eso habría sido mucho peor... - discutió el azabache.
Ésa fue la primera vez que Hermione no pudo contestar a una pregunta de un profesor.
- No podía decir la verdad y no quería mentir - reconoció la niña.
- A veces, el silencio, es la mejor opción - asintió, entendiéndola, Theo.
Harry miró a su serio y responsable nuevo amigo y vio como su luz se apagaba un poquito, decidió que tendría que averiguar el significado de las palabras del pelinegro, si descifraba ese enigma podría ayudar al leal e inteligente Slytherin.
Miraba fijamente sus zapatillas, tan rígida como una estatua.
- Pensé que nos expulsarían - recordó la castaña.
- ¡Jamás los habría expulsado! ¡Son dos magos y una bruja brillantes! - se indignó la jefa de los leones.
- Gracias profesora... - le sonrió la niña, agradecida.
- Yo no soy brillante - intervino Harry.
- Ni yo - se sumó el castaño.
- A usted Longbottom, sólo le falta un poco de seguridad en sí mismo, cuando la obtenga brillará... - aseguró la profesora sonriendo al inseguro león, después miró fijamente al ojiverde y arqueó una ceja con escepticismo - Y usted, Potter... ¿Se atreve a negar que es brillante, después de todo lo ocurrido a final de curso?
- Y-yo... - tartamudeó el azabache.
- Vamos Harry, tú puedes hacerlo... Soy brillante... No es tan difícil... - bromeó Bill.
- Para él si, así que déjalo en paz - lo defendió su dragonista favorito.
- Gracias Charlie - agradeció el menudo león.
- De nada pequeñajo - le sonrió el pelirrojo.
-Creo que tengo idea de lo que sucedió -dijo la profesora hace falta ser un genio para descubrirlo. Te inventaste una historia sobre un dragón para que Draco Malfoy saliera de la cama y se metiera en líos. Te he atrapado.
- Menos mal que no es aurora... Es malísima en Deducción... - dijo Dora, en tono de confidente al oído de Kingsley.
- Sí que lo es, sí... - sonrió, divertido, Shacklebbot.
Supongo que te habrá parecido divertido que Longbottom oyera la historia y también la creyera, ¿no?
- Nunca debí hacer caso a sus palabras... - negó, arrepentido, Neville.
- Jamás pensaría que algo así es divertido... - le aseguró, preocupado, el ojiverde.
- Te pido disculpas por eso Harry... Sé que tú nunca harías algo así... - se disculpó el castaño.
Harry captó la mirada de Neville y trató de decirle, sin palabras, que aquello no era verdad, porque Neville parecía asombrado y herido.
- Es que tú siempre habías sido tan bueno conmigo... Me costaba entenderlo... - explicó el tímido león.
- Normal... - lo entendió Hannah.
Pobre metepatas Neville, Harry sabía lo que debía de haberle costado buscarlos en la oscuridad, para prevenirlos.
- En realidad no lo pensé mucho... - repuso Nev.
- Eso es porque la lealtad activa tu valor... - lo alabó Remus, haciendo que el niño se sonrojase.
-Estoy disgustada -dijo la profesora McGonagall-. Cuatro alumnos fuera de la cama en una noche. ¡Nunca he oído una cosa así!
- ¡Será mentirosa! - bufó Sirius, con gesto incrédulo.
- ¡Black! - se enfureció
- Acaso perdió la memoria, ¿entonces? - replicó el animago, para nada impresionado por la furia de la mujer.
- No, lo que pasa es que las ratas no cuentan... - intervino Severus.
- ¡Ah! Entonces vale... - se conformó, de inmediato, el ojigris.
Tu, Hermione Granger, pensé que tenías más sentido común. Y tú, Harry Potter... Creía que Gryffindor significaba más para ti.
- ¡Chantaje emocional a la vista! - aulló Alicia.
- Es un poco rastrero, ¿no? - susurró Michael al oído de Terry.
Los tres sufriréis castigos... Sí, tú también,Longbottom, nada te da derecho a dar vueltas por el colegio durante la noche,en especial en estos días: es muy peligroso y se os descontarán cincuenta puntos de Gryffindor.
- ¿Cincuenta puntos? - vociferó Sirius.
- ¿Preparados? - les preguntó Hermione a sus compañeros de aventuras.
- Nunca lo estaremos lo suficiente... - respondió, resignado, el ojiverde.
- Allá vamos... - suspiró Ron, haciendo que abría un paraguas, y cubriéndolos a los tres, a modo de escudo invisible.
-¿Cincuenta? -resopló Harry. Iban a perder el primer puesto, lo que había ganado en el último partido de quidditch.
- A ti no pueden acusarte de favorecer a tu casa... - se burló Severus de su colega profesional.
- No tiene gracia - repuso el ex prisionero de Azkaban, fulminando al ojinegro con la mirada.
-Cincuenta puntos cada uno -dijo la profesora McGonagall, resoplando a través de su nariz puntiaguda.
- ¿QUEEEEEEEEEÉ? - rugió el ojigris, levantandose de un salto.
- ¿CÓMO PUDISTE? - aulló Remus, dejando al descubierto su mirada lobuna.
- Llevaban rompiendo las reglas desde que pusieron un pie en el castillo... Se merecían un escarmiento... - intentó explicarse, entre tanto abucheo, la profesora.
- ¡Esto es inaudito! - bramó Sirius, caminando de un lado a otro, intentando no matar a su ex profesora y amiga.
- Tantos años admirándote... - escupió decepcionado el hombre lobo, abrazando a su amigo.
- No digáis nada más por favor... - rogó el ojiverde, abrazándose a los dos.
- Pero, Harry... - discutió su padrino, separándose de su abrazo para mirarlo.
- Hacedlo por mi... - suplicó el azabache.
- Por ti - aceptó, el primero, Lupin.
- Por ti - repitió Black, sin dejar de aniquilar, con sus ojos, a la jefa de los leones.
-Profesora... por favor...
- No supliquéis... - siseó Severus, que tampoco estaba de acuerdo con el castigo para su sobrino.
- Podrá quitaros los puntos pero le regaléis vuestra dignidad... - refunfuñó Sirius, al que ni siquiera su ahijado había conseguido devolverle el buen humor.
- Vamos, vamos... Eso ya pasó... Y al final no tuvo relevancia... - intentó poner paz, el director.
- No la tendría para él... Porque a vosotros tres... - rebatió Seamus.
- Os hicieron la vida imposible... - asintió, Dean, terminando la frase por el irlandés.
-Usted, usted no...
-No me digas lo que puedo o no puedo hacer; Harry Potter. Ahora, volved a la cama, todos. Nunca me he sentido tan avergonzada de alumnos de Gryffindor.
- Ni yo de una profesora de Gryffindor... - acusó el animago.
Ciento cincuenta puntos perdidos. Eso situaba a Gryffindor en el último lugar. En una noche, habían acabado con cualquier posibilidad de que Gryffindor ganara la copa de la casa.
- Yo lo celebré en su momento, pero ahora... - reconoció Millicent.
- Ahora no se siente tan bien... - asintió Terence.
- No, no lo hace - admitió la corpulenta niña.
- Te entiendo, me pasa lo mismo... - afirmó otro Slytherin de cuarto.
- Es que los castigaron por ser buena gente... - intervino Draco.
- Los Slytherin somos malos y nos juzgan... Los Gryffindor se arriesgan por un amigo y también los castigan... - protestó el buscador de las serpientes.
- A lo mejor prefieren que seamos robots... - sugirió Blaise, con evidentes signos de enfado en su rostro.
- Claro, así seríamos perfectos... - asintió Theo, con idéntica actitud.
- ¿Sabía yo acaso lo que estaban haciendo Potter y Granger? - detuvo la revuelta estudiantil, la profesora de Transformaciones.
- Le doy la razón en eso... Se merecían un castigo por deambular... - declaró Bill, haciendo una pausa para manifestar de paso su opinión respecto al duro castigo - Aunque fuese excesivo... ¿Pero era necesario castigar a Neville? -
- Le pido disculpas, Longbottom - se disculpó la jefa de los leones, tras pensarlo unos segundos,
- Ya lo he olvidado profesora... - aseguró nervioso, Neville, deseando terminar cuanto antes con el asunto.
- Mentiroso - corearon en voz baja Los Guardianes, devolviendo la sonrisa al león.
Harry sentía como si le retorcieran el estómago. ¿Cómo podrían arreglarlo?Harry no durmió aquella noche.
Podía oír el llanto de Neville, que duró horas.
- Sabía lo que pasaría al día siguiente cuando todos se enterasen... - confirmó el castaño.
- Sentimos... - empezó Penélope.
- Eso ya pasó - la cortó Harry, antes de que pudiera disculparse.
No se le ocurría nada que decir para consolarlo. Sabía que Neville,como él mismo, tenía miedo de que amaneciera.
- Y era un miedo real - afirmó el ojiverde.
- Fue aún peor... - reveló Hermione, haciendo que todos esos alumnos que antes la hicieron sentir mal, sintieran en sus propias carnes, lo que ella y sus amigos habían sentido.
- ¿Os sentís tan mal como yo? - fue la pregunta más repetida, y escuchada, durante los siguientes diez minutos.
¿Qué sucedería cuando el resto de los de Gryffindor descubrieran lo que ellos habían hecho?
- Que nos comportamos tan mal como ellos esperaban - respondió, arrepentido, un Gryffindor de último año.
- Sé que no podemos volver atrás, pero... - añadió Angelina.
- ¿Quizás haya algo que podamos hacer? - sugirió Katie.
- ¡Síii! Compensaros de alguna manera... - celebró la idea Lee.
- Tiene que haber algo... - agregó, Oliver, pensativo.
- Dejad que pensemos en ello... - propuso Harry, adivinando que podría lograr algo bueno con esa desinteresada oferta.
Al principio, los Gryffindors que pasaban por el gigantesco reloj de arena,que informaba de la puntuación de la casa, pensaron que había un error.¿Cómo iban a tener; súbitamente, ciento cincuenta puntos menos que el día anterior?
- Nosotros también pensamos que era un error - confesó Penelope.
- Y nosotros - se sumó Cedric, hablando por los tejones.
Y luego, se propagó la historia. Harry Potter; el famoso Harry Potter,el héroe de dos partidos de quidditch, les había hecho perder todos esos puntos,
- ¿No te habrán hecho nada? - interrogó Sirius, mirando amenazodaramente a todo el comedor.
- Nadie me hizo nada, padrino... - lo tranquilizó Harry.
- Más les vale... - intervino Charlie, fulminando a todo aquel que pudiese haber lastimado a su pequeñajo.
él y otros dos estúpidos de primer año.
- Esos somos nosotros... - afirmó, con timidez, Neville.
- No sois estúpidos... - los defendió Ron.
- La parte de ser estúpidos era la menos relevante... - aseguró Hermione, con gesto dolido.
De ser una de las personas más populares y admiradas del colegio, Harry súbitamente era el más detestado.
- Así es la fama... Del cielo al infierno en una noche... - intentó bromear el ojiverde, sin ningún éxito.
- No tiene gracia... - refunfuñó el ojigris.
- ¡Anímate padrino! No me gusta verte así... - pidió Harry, acariciandole la mejilla.
Hasta los de Ravenclaw y Hufflepuff le giraban la cara, porque todos habían deseado ver a Slytherin perdiendo la copa.
- Visto así... Fuimos muy ruines... - susurró Lisa a su compañera de habitación.
- Peor que eso... - le dió la razón Padma.
Por donde quiera que Harry pasara, lo señalaban con el dedo y no se molestaban en bajar la voz para insultarlo.
- ¿Y alguno le preguntó qué había pasado? - preguntó Remus, enfadado.
- Claro que no... - adivinó Charlie, mirando mal a todos.
- Eso tampoco importa mucho... No habría podido contarles la verdad - se encogió de hombros el azabache.
Los de Slytherin, por su parte, lo aplaudían y lo vitoreaban, diciendo: «¡Gracias, Potter; te debemos una!».
- Todo encaja... El sombrero lo dijo.. Un slytherin y ayudó a ganar a su casa... - intervino Ernie, erróneamente como era habitual,
- Ganamos por los puntos extras que le dieron a Potter, estúpido - replicó un Gryffindor de sexto año.
- Seguro que lo hizo para no levantar sospechosas... - aventuró Zacharias.
- Cuando pienso que no se puede ser más imbécil, éstos dos siempre consiguen sorprenderme... - rodó los ojos Percy.
- ¡Percy! - exclamó Molly, sorprendidisima.
- Lo siento mamá... Es que... - se disculpó el pelirrojo.
- No lo sientas cariño... Estoy muy orgullosa de ti - le aseguró su madre, con una sonrisa dulce.
- ¡Tenemos la mejor madre del mundo! - celebraron los gemelos.
- Es cierto - asintió Draco.
- Sois muy afortunados... - afirmó Blaise.
Sólo Ron lo apoyaba.
- ¡Bien hecho, hijo! - aplaudió Arthur.
- Es mi mejor amigo... Aunque tenga dudas en algún momento... Al final siempre lo apoyaré... - declaró, como si se tratara de un juramento, el pelirrojo.
- Y yo a ti - juró el ojiverde.
-Se olvidarán en unas semanas. Fred y George han perdido puntos muchas veces desde que están aquí y la gente los sigue apreciando.
- Pero nunca tantos - replicó Fred.
- Ni de una sola vez - añadió George.
-Pero nunca perdieron ciento cincuenta puntos de una vez, ¿verdad? -dijo Harry tristemente.
- ¿Ves? El enano piensa lo mismo - interrumpieron los gemelos.
- En ese momento sólo quería que el curso acabase pronto... - reveló el azabache.
- Yo rezaba por lo mismo... - confesó Neville.
La gran mayoría de los alumnos agachó la cabeza y se removió, incómodos, en sus asientos. No hace falta decir que se sentían terriblemente culpables por el trato que le habían dado a los tres pequeños leones.
-Bueno... no -admitió Ron.
- Intentaba animarlo... Pero no me lo hacía nada fácil... - suspiró el pelirrojo.
- No es tu culpa... Es que no había nada que me pudiese hacer sentir mejor... - le aseguró el ojiverde.
Era un poco tarde para reparar los daños, pero Harry se juró que, de ahí en adelante, no se metería en cosas que no eran asunto suyo. Todo había sido por andar averiguando y espiando. Se sentía tan avergonzado que fue a ver a Wood y le ofreció su renuncia.
- ¿Qué? ¡Noooo! - aulló, lastimeramente, el ojigris.
- Me lo merecía - afirmó Harry, levantando su barbilla.
- ¡No es cierto! - replicaron, sus tres tutores, a coro.
-¿Renunciar? -exclamó Wood-. ¿Qué ganaríamos con eso? ¿Cómo vamos a recuperar puntos si no podemos jugar al quidditch?
- ¿Cómo te atreves a hablarle así? - rugió Charlie, antes de cualquiera de sus tutores pudiesen saltar en defensa del menor.
- L-lo s-siento... Estaba enfadado... - se disculpó Wood, mirando con pavor a su ex capitán.
- Eso no es disculpa - siseó el dragonista.
- No te enfades con él... Siempre se porta bien conmigo... - le pidió el ojiverde, haciendo que el pelirrojo se calmase como por arte de magia, y Oliver suspirase aliviado.
Pero hasta el quidditch había perdido su atractivo. El resto del equipo no le hablaba durante el entrenamiento, y si tenían que hablar de él lo llamaban «el buscador».
- ¿Vosotros también? - preguntó Bill, con tono amenazante.
- Sí - confesaron los gemelos, temiendo por su vida por primera vez, al mirar el rostro de Charlie, que se había desfigurado por la furia.
- ¡Hipócritas! - los acusó, intempestivo, el dragonista.
- ¡Seguro que habéis perdido más puntos que el canijo! - lo apoyó el primogenito de los Weasley.
- Y ganado menos... - añadió su padre, que tampoco es que estuviera muy orgulloso de los gemelos en ese momento.
- Ya se han disculpado por eso hace mucho... - lo calmó, Harry, acercándose a su futuro profesor para abrazarlo y transmitirle un poco de paz.
- ¡Es cierto! Fue mucho antes de que llegaran los libros - apoyó Ron la versión de su amigo.
- Pero podemos volver a hacerlo - intervino George.
- ¡Lo sentimos hermanitos! - se disculparon los gemelos.
- Y yo - se apuntó a la ronda de disculpas, el capitán.
- ¡Y nosotras! - se sumaron sus compañeras de quidditch.
- Ya os había perdonado, ¿os acordáis? - les sonrió el ojiverde a todos.
Hermione y Neville también sufrían. No pasaban tantos malos ratos como Harry porque no eran tan conocidos, pero nadie les hablaba.
- Yo tampoco noté mucho la diferencia - sonrió, divertida, la castaña.
- Ni yo - rió Neville.
Hermione había dejado de llamar la atención en clase, y se quedaba con la cabeza baja,trabajando en silencio.
- ¡Oh! Era por eso... - entendió, de pronto, Severus.
- ¡Qué lástima! ¡Con lo que me gusta sus participaciones en mis clases! - se apenó Filius.
- ¡A nosotros también nos gustan! - exclamó Seamus, entusiasmado.
- ¡Nos hacen ganar muchos puntos! - asintió, sonriente, Dean.
- Claro, si los gana... ¡Hermione es estupenda! Pero si los pierde... - refunfuñó Tonks.
- Dean y Seamus no dejaron de hablarnos - aclaró Harry, rápidamente, al ver la confusión.
- ¿Ah no? - se extrañaron todos, que habían asumido que los dos leones se habrían sumado a la campaña hostil iniciada por el resto de los alumnos.
- ¡Pues claro que no! - se ofendió el irlandés.
- Harry y Neville no sólo son nuestros compañeros de cuarto... También son nuestros amigos... - explicó, con rotundidad, el moreno.
- ¡Y Hermione pasó a serlo por... Por... - afirmó el trigueño, deteniéndose para pensar, hasta que su rostro se iluminó - ¡Herencia!
- Sois unos buenos chicos - rió divertido, con ambos niños, Remus.
- Habéis sumado puntos en Historia de la Magia... - bromeó Blaise.
Harry casi estaba contento de que se aproximaran los exámenes. Las lecciones que tenía que repasar alejaban sus desgracias de su mente.
- Pero sólo lo hacían un poco... - recordó, con cierta angustia, el ojiverde.
- Todavía no entiendo como conseguiste aprobar... - declaró, incrédulo, Kingsley.
- Yo tampoco... - confesó Hermione.
Él, Ron y Hermione se quedaban juntos, trabajando hasta altas horas de la noche,tratando de recordar los ingredientes de complicadas pociones, aprendiendo de memoria hechizos y encantamientos y repitiendo las fechas de descubrimientos mágicos y rebeliones de los gnomos.
- ¿Así que estudiabais Pociones? - preguntó, fingiendo sorpresa,
- ¡No hagas como que te sorprendes! - replicó, frunciendo su entrecejo, el azabache.
Y entonces, una semana antes de que empezaran los exámenes, las nuevas resoluciones de Harry de no interferir en nada que no le concerniera sufrieron una prueba inesperada.
- ¡Ay cachorro! Así es la vida... - rió el ojigris.
- Siempre te pone a prueba... - asintió, de acuerdo, el hombre lobo.
Una tarde que salía solo de la biblioteca oyó que alguien gemía en un aula que estaba delante de él. Mientras se acercaba,oyó la voz de Quirrell.
- No sé cómo lo haces... - negó, derrotado, el pocionista.
- ¿El qué? - preguntó, confuso, Harry.
- Estar siempre en el lugar menos indicado... - respondió el ojinegro.
- ¿No querrás decir el más indicado? - se extrañó el ojiverde.
- Puede que sea el más indicado para tu curiosidad... Pero es el menos indicado para la salud de nuestros corazones... - aclaró el animago, que había adivinado lo que pasaba por la cabeza del Slytherin.
- No podría estar más de acuerdo... - asintió el ambarino, de acuerdo con sus amigos.
-No... no... otra vez no, por favor...Parecía que alguien lo estaba amenazando.
- Y así era... - asintió el azabache.
- ¿Quién lo amenazaba? - preguntó Dean.
- Pronto lo sabréis... - respondió, misterioso, el pequeño buscador.
Harry se acerco.
-Muy bien... muy bien. -Oyó que Quirrell sollozaba.
- Maldito cobarde... - siseó Severus.
Al segundo siguiente, Quirrell salió apresuradamente del aula,enderezándose el turbante. Estaba pálido y parecía a punto de llorar.
Desapareció de su vista y Harry pensó que ni siquiera lo había visto. Esperó hasta que dejaron de oírse los pasos de Quirrell y entonces inspeccionó el aula. Parecía vacía, pero la puerta del otro extremo estaba entreabierta.
- Osea que no pudiste averiguar quién lo amenazaba - supuso Justin.
- Al final sí lo hice... - replicó, con una sonrisa traviesa, el niño.
Harry estaba a mitad de camino, cuando recordó que se había prometido no meterse en lo que no le correspondí mismo tiempo, habría apostado doce Piedras Filosofales a que Snape acababa de salir del aula y, por lo que Harry había escuchado, Snape debería estar de mejor humor...
- Y al final siempre llegas a mí - rió el pocionista.
- Supongo que era mi manera inconsciente de introducirte en mi vida... - sugirió el niño
- Ahora entiendo por qué el sombrero quería enviarte a Slytherin... - replicó el profesor de Pociones.
Quirrell parecía haberse rendido finalmente.
Harry regresó a la biblioteca, en donde Hermione estaba repasándole Astronomía a Ron.
Harry les contó lo que había oído.
- No esperábamos menos... - aseguró Dean.
- El trío de oro no tiene secretos... - rió Seamus.
-¡Entonces Snape lo hizo! -dijo Ron-. Si Quirrell le dijo cómo romper su encantamiento anti-Fuerzas Oscuras...
-Pero todavía queda Fluffy -dijo Hermione.
- Menos mal que hay un cerebro entre vosotros... - se burló Severus.
- ¡Harry y Ron tienen cerebro! - los defendió la niña.
- ¡Claro que sí! Pero se ve que no quieren gastarlo... - replicó, con una carcajada burlona, el pocionista.
- Lo guardamos para las ocasiones importantes... - le devolvió el azabache, con media sonrisa.
- Puede que no sea mala idea... - intervino Remus.
- Mi madre siempre decía: "El que guarda siempre tiene", y mi madre era muy sabia... - contó el Slytherin, sorprendiendo a todos por la confidencia.
- Entonces tendrás que hablarme de ella... - pidió/ordenó Harry.
-Tal vez Snape descubrió cómo pasar ante él sin preguntarle a Hagrid -dijo Ron, mirando a los miles de libros que los rodeaban-. Seguro que por aquí hay un libro que dice cómo burlar a un perro gigante de tres cabezas.¿Qué vamos a hacer, Harry?
- ¡Esa es una muy buena pregunta Weasley! - lo felicitó Alastor.
- Harry siempre sabe lo que hay que hacer... - se encogió de hombros el pelirrojo.
La luz de la aventura brillaba otra vez en los ojos de Ron, pero Hermione respondió antes de que Harry lo hiciera.
- ¡Aguafiestas! - abucheó el ojigris a la castaña.
- ¡Si todavía no he dicho nada! - protestó Hermione.
- Pero lo harás... - adivinó el animago.
-Ir a ver a Dumbledore. Eso es lo que debimos hacer hace tiempo. Si se nos ocurre algo a nosotros solos, con seguridad vamos a perder.
- ¿Ves? - se burló Sirius, de la niña, con su actitud infantil en modo on.
- Es un buen plan, Canuto... - intentó convencerlo Remus.
-¡Pero no tenemos pruebas! -exclamó Harry-. Quirrell está demasiado atemorizado para respaldarnos. Snape sólo tiene que decir que no sabía cómo entró el trol en Halloween y que él no estaba cerca del tercer piso en ese momento.¿A quién pensáis que van a creer, a él o a nosotros? No es exactamente un secreto que lo detestamos.
- Olvida lo último... - pidió el ojiverde.
- ¿Sólo lo último? - preguntó el pocionista.
- Mejor olvida todo hasta el día que llegó ese paquete... - cambió de opinión, el niño.
- Sólo si tú también lo haces... - exigió el ojinegro.
- Trato hecho - aceptó, rápidamente, el leoncito.
Dumbledore creerá que nos lo hemos inventado para hacer que lo echen. Filch no nos ayudaría aunque su vida dependiera de ello, es demasiado amigo de Snape y, mientras más alumnos pueda echar, mejor para él.
- No los creo capaces de dañar la imagen de alguien... - aseguró el director, sonriéndole a los tres muchachos.
- Pero en lo de Filch tenéis razón... - replicó Charlie.
Y no olvidéis que se supone que no sabemos nada sobre la Piedra o Fluffy. Serían muchas explicaciones.
Hermione pareció convencida, pero Ron no.
- ¿Ronnie tenía dudas? - preguntó, con burla, Fred.
- No quería dejar de investigar... - se encogió de hombros el pequeño pelirrojo.
- Eso es lo malo de ellos... Sólo hace falta que uno tenga ganas de aventuras, para que los otros lo sigan... - explicó Minerva a su amiga, la profesora de Herbología.
- Espero que te equivoques - rezó Pomona, mirando al numeroso grupo de Los Guardianes, y sabiendo que siempre habría alguno con ganas de diversión.
- Si investigamos sólo un poco...
-No -dijo Harry en tono terminante-: ya hemos investigado demasiado.
- ¡Ese no es mi cachorro! - se indignó Sirius.
- ¡Nos lo han cambiado! - lo secundó Remus.
- Tranquilos, no le durará mucho - los apaciguó el ojinegro.
Acercó un mapa de Júpiter a su mesa y comenzó a aprender los nombres de sus lunas. A la mañana siguiente, llegaron notas para Harry, Hermione y Neville, en la mesa del desayuno. Eran todas iguales.
- El castigo... - recordó Padma.
- Lo había olvidado... - reconoció Lisa.
Vuestro castigo tendrá lugar a las once de la noche.
El señor Filch os espera en el vestíbulo de entrada.
Prof M. McGonagall
- Cómo si no fuera suficiente todos los puntos que os quitó... - rumió Oliver.
- ¿No será ella la espía? - apuntó Blaise.
- No digas tonterías... - lo silenció Daphne.
En medio del furor que sentía por los puntos perdidos, Harry había olvidado que todavía les quedaban los castigos.
- Normal, tenías más cosas en las que pensar... - lo entendió su padrino.
- Y mucho más importantes... - asintió el hombre lobo.
De alguna manera esperaba que Hermione se quejara por tener que perder una noche de estudio, pero la muchacha no dijo una palabra.
- Sabía que me lo merecía... - admitió la niña, con culpa.
- ¡No es cierto! - gritaron sus amigos.
Como Harry, sentía que se merecían lo que les tocara.A las once de aquella noche, se despidieron de Ron en la sala común y bajaron al vestíbulo de entrada con Neville.
Filch ya estaba allí y también Malfoy. Harry también había olvidado que a Malfoy lo habían condenado a un castigo.
- Pues la profesora no se olvido... - intervino Parvati.
- ¡Por supuesto que no! No tengo ningún tipo de problema con mi memoria... - repuso, ofendida, Minerva.
- Ya... El problema lo tiene en otro sitio... - siseó Pansy.
-Seguidme -dijo Filch, encendiendo un farol y conduciéndolos hacia fuera-. Seguro que os lo pensaréis dos veces antes de faltar a otra regla de la escuela, ¿verdad? -dijo, mirándolos con aire burlón-. Oh, sí... trabajo duro y dolor son los mejores maestros, si queréis mi opinión... es una lástima que hayan abandonado los viejos castigos... colgaros de las muñecas, del techo,unos pocos días. Yo todavía tengo las cadenas en mi oficina, las mantengo engrasadas por si alguna vez se necesitan... Bien, allá vamos, y no penséis en escapar, porque será peor para vosotros si lo hacéis.
- Castiga a los chicos y premia al viejo palo de escoba... - bufó Dora.
- Sí, eso es muy justo... - replicó, irónico, Cedric.
Marcharon cruzando el oscuro parque. Neville comenzó a respirar con dificultad. Harry se preguntó cuál sería el castigo que les esperaba. Debía de ser algo verdaderamente horrible, o Filch no estaría tan contento.
- Al final no fue tan malo... - sonrió el ojiverde.
- Si lo fue... - afirmó, con terquedad,
- ¿Acaso has olvidado lo que pasó? - preguntó Ron, incrédulo, al azabache.
- Pero eso es otra historia... - rió el pequeño buscador, sabiendo a que se referían sus mejores amigos.
La luna brillaba, pero las nubes la tapaban, dejándolos en la , Harry pudo ver las ventanas iluminadas de la cabaña de Hagrid. Entonces oyeron un grito lejano.
-¿Eres tú, Filch? Date prisa, quiero empezar de una vez.
- ¿Es Hagrid? - preguntó, ansioso, el ojigris.
- Sí - reveló el azabache.
- Eso es bueno, Hagrid no os hará pasarlo mal... - suspiró, aliviado, el animago.
El corazón de Harry se animó: si iban a estar con Hagrid, no podía ser tan malo.
Su alivio debió aparecer en su cara, porque Filch dijo:
-Supongo que crees que vas a divertirte con ese papanatas, ¿no? Bueno,piénsalo mejor, muchacho... es al bosque adonde iréis y mucho me habré equivocado si volvéis todos enteros.
- ¡Albus! - chillaron Minerva y Pomona, indignadas.
- Si, si... Hablaré con él de nuevo... - prometió el director, aún sabiendo que no valdría de nada.
Al oír aquello, Neville dejó escapar un gemido y Malfoy se detuvo de golpe.
-¿El bosque? -repitió, y no parecía tan indiferente como de costumbre-. Hay toda clase de cosas allí... dicen que hay hombres lobo.
- Hay otras cosas mucho peores... - aseguró Harry.
- No es un lugar para niños de once años... - resumió Molly, mirando seria a Dumbledore.
Neville se aferró de la manga de la túnica de Harry y dejó escapar un ruido ahogado.
-Eso es problema vuestro, ¿no? -dijo Filch, con voz íais que haber pensado en los hombres lobo antes de meteros en líos.
- Ojalá hubiera podido pensar en ti en ese momento... - susurró el ojiverde al oído de su tío.
- Ojalá... Pero puedes hacerlo ahora... - lo consoló, como pudo, el castaño.
- Aunque no haga falta porque estaremos cerca de ti tooooooodo el tiempo - aseguró, con pasión, el ojigris, alargando mucho el todo.
Hagrid se acercó hacia ellos, con Fang pegado a los talones. Llevaba una gran ballesta y un carcaj con flechas en la espalda.
-Menos mal -dijo-. Estoy esperando hace media hora. ¿Todo bien,Harry, Hermione?
- Ahora que están contigo sí - respiró, tranquilo, el animago.
- Gracias por tu confianza Sirius... - agradeció el semigigante.
- No me agradezcas... Tú te has ganado esa confianza... - replicó el ex prisionero de Azkaban.
-Yo no sería tan amistoso con ellos, Hagrid -dijo con frialdad és de todo, están aquí por un castigo.
-Por eso llegáis tarde, ¿no? -dijo Hagrid, mirando con rostro ceñudo a Filch-. ¿Has estado dándoles sermones? Eso no es lo que tienes que hacer.A partir de ahora, me hago cargo yo.
- ¡Bien dicho Hagrid! - aplaudió Charlie.
- No me gusta como ese viejo amargado les habla a los chicos... - refunfuñó el guardián de las llaves.
- En eso estoy de acuerdo contigo - lo apoyó Pomona.
- Me parece que todos estamos de acuerdo con nuestro buen amigo Hagrid... - rió Filius, con esa extraña mezcla de felicidad y entusiasmo que lo caracterizaba.
-Volveré al amanecer -dijo Filch- para recoger lo que quede de ellos -añadió con malignidad.
Se dio la vuelta y se encaminó hacia el castillo,agitando el farol en la oscuridad.
- Yo lo escuché reirse... - reveló Draco.
- Yo también... - asintió Neville.
- Se reía de nosotros... - refunfuñó Harry.
- Estaba satisfecho por habernos asustado... - adivinó Hermione.
- ¡Ese viejo palo de escoba amargado no sabe lo que le espera! - amenazó Bill.
- No la vendrá venir... - siseó Charlie, con un gesto en su cara, que no le auguraba nada bueno al conserje.
Entonces Malfoy se volvió hacia Hagrid.
-No iré a ese bosque -dijo, y Harry tuvo el gusto de notar miedo en su voz.
- ¡Claro que estaba asustado! ¿Tú no? - preguntó, sorprendido, Draco.
- Estaba aterrorizado... - admitió, con una amplia sonrisa, el ojiverde.
-Lo harás, si quieres quedarte en Hogwarts -dijo Hagrid con severidad-. Hicisteis algo mal y ahora lo vais a pagar.
-Pero eso es para los empleados, no para los alumnos. Yo pensé que nos harían escribir unas líneas, o algo así. Si mi padre supiera que hago esto, él...
- Buen intento... - reconoció Tonks.
- Tenía que intentarlo... Pero Hagrid es demasiado listo para mis triquiñuelas... - se encogió de hombros, indiferente, el rubio.
-Te dirá que es así como se hace en Hogwarts -gruñó Hagrid-.¡Escribir unas líneas! ¿Y a quién le serviría eso? Haréis algo que sea útil, o sino os iréis. Si crees que tu padre prefiere que te expulsen, entonces vuelve al castillo y coge tus cosas. ¡Vete!
- ¿Ves? No funcionó... - rió la pequeña serpiente.
- Sabía que jamás abandonarías Hogwarts voluntariamente... - reveló, soltando una escandalosa carcajada, el guardián de las llaves.
Malfoy no se movió. Miró con ira a Hagrid, pero luego bajó la mirada.
- ¡Uhh! Hagrid te ha puesto en tu sitio - se burló, con cariño, Dora.
- Siempre lo hace... Y a lo mejor todavía tiene que hacerlo alguna vez más... - admitió, con una humildad poco característica de la casa Slytherin, Draco.
- Si eso sucede... Prometo ser menos duro... - juró, con solemnidad, el semigigante.
- ¿Tú duro? ¿No conoces a mi padre? - replicó con sonrisa amarga, el rubio.
- Como te haya puesto la mano encima... - rugió Sirius.
- No, mi padre es frío y calculador... Pero jamás me ha pegado... - lo calmó el platinado.
-Bien, entonces -dijo Hagrid-. Escuchad con cuidado, porque lo que vamos a hacer esta noche es peligroso y no quiero que ninguno se por aquí, un momento.
- ¿Peligroso? - se asustó Molly.
- Están en el bosque prohibido, querida... - le recordó su esposo.
- No pasa nada... Están con Hagrid - murmuró, una y otra vez, la pelirroja, tratando de autocalmarse.
Los condujo hasta el límite del bosque. Levantando su farol, señaló hacia un estrecho sendero de tierra, que desaparecía entre los espesos árboles negros. Una suave brisa les levantó el cabello, mientras miraban en dirección al bosque.
- Estaba muy oscuro y... - recordó Neville.
- Era espeluznante... - añadió Hermione.
- Sí, eso lo describe muy bien... - asintió Draco.
-Mirad allí -dijo Hagrid-. ¿Veis eso que brilla en la tierra? ¿Eso plateado? Es sangre de unicornio. Hay por aquí un unicornio que ha sido malherido por alguien. Es la segunda vez en una semana. Encontré uno muerto el último miércoles. Vamos a tratar de encontrar a ese pobrecito herido. Tal vez tengamos que evitar que siga sufriendo.
- ¿Quién puede matar a un unicornio? - se horrorizó Parvati.
- Alguien muy horrible... - aseguró, espantada, Pansy.
-¿Y qué sucede si el que hirió al unicornio nos encuentra a nosotros primero? -dijo Malfoy, incapaz de ocultar el miedo de su voz.
- Esa es una gran pregunta Malfoy... Puede que no esté todo perdido contigo muchacho... - dijo, con aprobación, Alastor.
- G-gracias señor M-Moody... - tartamudeó Draco.
-No hay ningún ser en el bosque que os pueda herir si estáis conmigo o con Fang -dijo Hagrid-. Y seguid el sendero. Ahora vamos a dividirnos en dos equipos y seguiremos la huella en distintas direcciones. Hay sangre por todo el lugar, debieron herirlo ayer por la noche, por lo menos.
- Definitivamente es un castigo horrible... - murmulló Hannah, disgustada, a su amiga.
- Ciento cincuenta puntos y una tarea a medianoche en el bosque prohibido... - asintió, molesta, Susan.
- Excesivo para un simple paseo nocturno... - les dió la razón, Justin.
-Yo quiero ir con Fang -dijo rápidamente Malfoy, mirando los largos colmillos del perro.
- Yo habría elegido a Hagrid... - opinó Charlie.
- Yo también... - se sumó Harry.
- ¡Como no! Dios los cría y ellos se juntan! - se burló Bill.
-Muy bien, pero te informo de que es un cobarde -dijo yo, Harry y Hermione iremos por un lado y Draco, Neville y Fang, por el otro. Si alguno encuentra al unicornio, debe enviar chispas verdes, ¿de acuerdo?
- ¿Dejaste a Malfoy y Longbottom juntos? - interrogó, con incredulidad, Severus.
- Fue una mala idea... Ahora lo sé... - admitió el semigigante.
- NO - negó Draco.
- ¿No qué? - preguntó Hagrid.
- Ahora NO es una mala idea - respondió Neville, adelantándose al rubio.
Sacad vuestras varitas y practicad ahora... está bien... Y si alguno tiene problemas, las chispas serán rojas y nos reuniremos todos... así que tened cuidado... en marcha.
El bosque estaba oscuro y silencioso. Después de andar un poco, vieron que el sendero se bifurcaba.
Harry, Hermione y Hagrid fueron hacia la izquierda y Malfoy, Neville y Fang se dirigieron a la derecha.
- ¡En busca de una nueva aventura! - exclamó el ojigris.
- ¿No te parecen suficientes las que lleva ya? - preguntó, matándolo con la mirada, el pocionista.
- A mi si... Es mini cornamenta al que parecen no bastarle - rió Sirius.
-o-
Gracias por vuestro tiempo...
Gracias por vuestros ánimos...
Gracias por ser tan freakes como yo...
-o-
