Venganza Sexenal
–Detente aquí, recuerda que no queremos llamar la atención. –Mi bestia alada batió con fuerza sus extremidades escamosas, creando una fuerte ráfaga de aire que limpió de hojas la superficie del suelo. No esperé a que aterrizáramos por completo, salté sobre su lomo y caí sin perder el equilibrio. –No tardaré demasiado, quédate por aquí vigilando. –Dije, volteando a mi falso dragón, que rugió en asentimiento.
Troné mis dedos, liberando la presión a la que los estuve exponiendo a lo largo del viaje; de no hacerlo, sentía que podría explotar. ¿Y como no sentirse de esa manera? Había sido engañado, usado, se me privó de mi vida e identidad, fui alejado de mis seres queridos; y todo fue llevado a cabo por un solo hombre, Giovanni Sakaki. Tenía razones para pensar que no era mi padre real, pero por falta pruebas, no podía sacar de mi cabeza la idea contradictoria a dicha afirmación. "¿Y si de verdad es mi padre?", escupí al suelo al momento que ese pensamiento cruzó mi por mi cerebro. "No cambiaría nada… Seguiría siendo el sujeto que me usó y alejó de mis seres queridos". Mi odio hacia Giovanni no era cosa nueva, cargué con él por años, pero ahora tenía aún más razones para hacerlo.
Miré hacia los lados y atrás, al momento que coloqué mi mano en lector de huellas, que da paso a la entrada a Pueblo Po; como es el asentamiento más rico de toda Alola, la gente del pueblo puede darse el lujo de adoptar cualquier medida de seguridad. Tras lo ocurrido con el Team Skull, la gente regresó deseosa de que nadie más les arrebatara sus hogares; le pagaron dinero extra a Denio y adquirieron cuanto dispositivo de seguridad se les pasó por su ostentosa cabeza. Su regreso nunca sentó bien a Denio, el Kahuna de Ula-Ula y policía de la zona. El hombre, de avanzada edad, siempre prefirió la presencia del Team Skull sobre la de los riquillos que habitan el pueblo. Personalmente nunca tomé partido, pues rara vez interactúo con mis vecinos.
Tras el rápido chequeo de mi identidad, el seguro de la puerta de acero se liberó, dándome la oportunidad de ingresar; podría haber entrado directamente desde el aire, pero temía que cualquiera de mis enemigos ya me tuviera alguna trampa preparada. Le indiqué a Raichu que estuviera atento, y con paso sigiloso, pero decidido, empecé a moverme en dirección a mi casa. Me arrinconé cerca de una zona plantada con palmeras, y recorrí todo el extremo derecho del pueblo, con cuidado. Pareciera que solo estaba siendo paranoico, pero el silencio que percibía en la zona, no era más tranquilizador; no es que los vecinos sean ruidosos, pero para este punto, lo normal sería haber escuchado alguna voz o el grito de los niños jugando.
Finalmente llegué a la entrada trasera de mi propiedad; asegurándome que nadie me viera, me salté la cerca que la separa del área pública. Caí en medio de mi campo de batalla, seguido por Raichu; le hice señales a éste, preguntándole si detectaba alguien en la casa. Negó con su cabeza. Saqué las llaves de mi mochila y desbloqué la puerta trasera, todo parecía relativamente normal, no había señales de que hubiera nada saboteado. Crucé el umbral de la puerta sigilosamente, mirando a cada rincón del corredor que conectaba directamente con la sala de estar; en un periodo de tiempo de alrededor de quince minutos, avancé desde la entrada hasta mi cuarto, una vez ahí, liberé un tenso suspiro.
–Al parecer estamos solos… –Le susurré a Raichu. Rápidamente empecé a tomar mi ropa táctica y demás objetos, que consideré, serían necesarios. Busqué estúpidamente mi arma de fuego durante varios minutos, antes de recordar que la perdí en Ciudad Kiloude.
Con todo preparado para el viaje, miré hacia el reloj de mi habitación, marcaba las seis de la tarde pasadas. Volví a echar un vistazo a todo aquello que atesoré por años, y así me despedí de mi pasado como mercenario; aún no estaba seguro de que haría tras llevar a cabo mi venganza, pero si lo estaba de que no volvería a la misma rutina que mantuve todo este tiempo tras el coma. Me hallaba profundamente inmerso en mis pensamientos, tanto, que por un momento casi ignoro el hecho de que alguien estaba llamando a mi puerta a través del timbre. Le señalé a Raichu que me siguiera y se escondiera tras el muro, y me acerqué a la puerta; al observar a través de la mirilla, pude respirar tranquilo…
–Denio, no esperaba verte por aquí, pasa, pasa… –El policía de pelo canoso y ojos del color sangre, ingresó saludándome con un gesto de cabeza desdeñoso. A través del tiempo he conocido multitud de personas, pero ninguna es tan fiel representación del nihilismo, como lo es Denio. Su vida constaría de alimentar a sus Meowth Alola y dormir, de no ser porque Tapu Bulu lo eligió como el Kahuna de la isla; algo que no me extraña, tomando en cuenta que el Tapu de Ula-Ula es famoso por rehuirle al trabajo. Aunque no estoy del todo de acuerdo con esa idea, pues fue el mismo Tapu Bulu quien me ayudó a sobrevivir el ataque de los Ultraentes hace cinco años.
–Necesitaba venir, es bastante urgente. –Detecté temor en la voz del hombre, algo muy poco habitual, tanto, que me puse en estado de alerta. Raichu salió del escondite y se colocó a mi lado, deseoso de saber que buscaba nuestro siempre útil aliado.
–¿Qué sucede? –Cuestioné, intentando descifrar si tal problema estaba relacionado directamente con él, o conmigo. –¿Tiene algo que ver con lo ocurrido con durante la final del Pokémon World Tournament? –Aunque era una pregunta, sonó más a una afirmación; el canoso hombre asintió con desgano.
–No pensaste que pasarías desapercibido después de aquello, ¿no es así? –Bufé con molestia, indicándole que lo sabía, pero que contaba con tener más tiempo para escapar de Unova y luego Alola.
–Con tiempo es con lo que menos cuentas, lo mejor será que escapes de la región, en este momento. –Asentí, dirigiéndome a mi cuarto, con él detrás, para tomar mi mochila. Tras ello, volvimos a la puerta de entrada principal. Pude haberle preguntado quien estaba ahora tras de mí, pero preferí dejar ello de lado, lo que menos necesitaba era un incentivo para pelear en ese preciso instante.
–Parece que esta será la despedida. –Afirmé con un poco de melancolía; no sería una escena emocional, pero no por ello me dejaba de sentir dolido por dejar atrás tanto, todo, a decir verdad. Abrí la puerta y salí al pórtico, esperaba que Denio me siguiera, pero no lo hizo. Estaba por voltear, cuando…
–No te lo tomes como algo personal… –No tuve oportunidad de reaccionar, pues entonces el hombre de cara ojerosa ya había realizado su movimiento. –Persian, Sorpresa. Malamar, doble Hipnosis.
Habría desconfiado de cualquier persona, pero no de él; de no ser por Denio, no habría escapado de Aether, no habría conseguido un hogar, no habría conseguido trabajo como mercenario y no habría conseguido el apoyo de la Policía Internacional. Pero una vez más, fui víctima del engaño… El Pokémon calamar apareció frente a Denio, mientras que desde atrás saltó el Persian, golpeando a Raichu con sus patas y evitando que pudiera defenderse; tanto mi Pokémon como yo fuimos envueltos por energía magenta y caímos en un mundo de oscuridad eterna.
Cuando desperté, la cabeza me dolía como si hubiera bebido toda la noche, lastimosamente, no era el caso. Intenté moverme, pero mi cuerpo estaba paralizado, tenía cuerdas alrededor de mis manos y pies, pero no solo ello me impedía movilizar mi cuerpo, pues sentía que cada articulación, cada musculo, me resultaba tan pesado como un Wailord. Hice el esfuerzo de sacudirme, pero fue inútil, estaba literalmente paralizado. Observé con dificultad el entorno que me rodeaba; me encontraba en una habitación con paredes grises desgastadas, había varios estantes metálicos al fondo y el lugar estaba iluminado por una pequeña lámpara de gas. A simple vista, parecía ser el frigorífico del algún lugar abandonado. "Debo encontrar la manera de salir de aquí…", no tuve la oportunidad de comenzar a plantearle una solución a mi problema, ya que en ese momento la puerta metálica, que daba paso hacia mi "celda", fue abierta.
–¡Oh, ya estás despierto! Bueno, creo que eso le ahorrará tiempo a Giovanni… –"¿Giovanni, que tiene que ver él con todo esto?", la respuesta era obvia, pero aun así insistí en cuestionarme aquello. Denio camino parsimoniosamente hacia mí, con cara de cansancio. –Lamento que todo vaya a terminar así, pero no hallé otra manera…
–¿Es necesario que me des tus razones? –Pregunté molesto, apenas abriendo mi boca debido a la parálisis. No quería saber porque Denio me había puesto en semejante situación, como una presa a punto de ser devorada, fueran cuales fueran sus razones, no serían lo suficientemente válidas.
–Probablemente no, pero no tengo nada mejor que hacer hasta que llegue Giovanni… ¿Tú sí? –Su pregunta, cargada de sarcasmo, no hizo más que echarle más leña al fuego, estaba furioso. –Como sea… Las cosas nunca debieron llegar tan lejos, pero lo hicieron, no hay nada que se pueda hacer para cambiar eso. Pero al menos me gustaría dejar en claro que no tengo nada en contra tuya; por eso quiero que sepas toda la verdad…
–Pues eso no es lo que dice la situación que nos rodea… –Denio rió con cansancio. –Mira, no quiero saber todo el trasfondo trágico que te llevó a ayudar a ese hombre; sí vas a decir algo, que sea rápido. –El sujeto volvió a reír.
–Siempre tan directo; no negaré que extrañaré tu actitud… Bien, te lo diré. –Denio hizo una pausa, para así reunir sus ideas. –Todo comenzó el día que me enteré que los idiotas del Team Skull, encargados de manejar Melemele, llegaron al pueblo con una persona inconsciente, específicamente un chico. Cuestioné al respecto a Guzma, pero se negó a decirme nada; como ya sospecharás, esa persona eras tú. Al parecer esos tres inútiles ya habían lidiado contigo en el pasado, y aseguraron que de algo les servirías; entonces Guzma se comunicó con el encargado de manejar la relación del Team Skull con la Fundación Aether, un sujeto llamado Faba Sauboh. Al parecer éste te reconoció, y tras unas llamadas, Giovanni ya era consciente de tu paradero. A Guzma se le ordenó cuidarte y a mi vigilarte; esos idiotas jamás te habrían mantenido con vida de no ser por mis consejos. De no ser porque le dije que usaran un Audino para evitar que te desnutrieras durante el coma, seguro habrías muerto hace mucho…
–Sí, ya capté la idea, sin ti no habría vivido lo suficiente para morir hoy a manos de Giovanni; ¿se supone que debo agradecerte por eso?
–No, no es lo que pretendo… La cuestión es que hice lo que hice, porque Giovanni mismo me dio la orden; lo conocí cuando fui a Kanto a entrenar, en ese entonces, era el líder de una pequeña banda que se dedicaba a robar Pokémon. Yo había sido rechazado para formar parte de la academia de Policía, así que, por despecho, lo ayudé a eludir la ley en multitud de ocasiones. Pensé que eso había quedado en el pasado, por lo mismo me sorprendió oír de nuevo su voz después de tantas décadas. Primero me pidió información sobre una leyenda de Alola, y, meses después, me indicó que debía mantenerte vigilado. No sé cómo lo averiguó, pero él ya sabía que los Ultraumbrales suelen provocar amnesia…
–¿Entonces él lo sabía todo de mí? –No quería aparentarlo, pero estaba deseoso de escuchar más.
–Sí. –Hizo otra pausa. –No hace falta que te diga que no es tu padre, ¿cierto? –Negué, pues mis sospechas al fin habían sido disipadas. –Claro, ahora que, de alguna forma u otra, trabajo para la ley, negué formar parte de su plan; pero él supo cómo llegar a mí… Estoy seguro que no lo recuerdas, a menos que hayas recuperado toda la memoria… –Volví a negar. –Tú la conociste… a Acerola, eran amigos; también me conociste a mí, me retaste por el Recorrido Insular… Giovanni amenazó con asesinarla, me dio pruebas suficientes para demostrar que no era solo palabrería. –Un dejo de dolor se filtró en sus palabras. –No estamos emparentados por sangre, pero es como mi sobrina, desde pequeña ha sido mi única compañía. –Rápidamente se recompuso, recuperando su mirada tétrica. –Por eso tuve que hacerlo, acepté vigilarte. Desde entonces mantuve alejados a todos aquellos que Giovanni me señaló, todos familiares o conocidos tuyos, hice lo propio con Acerola. Seguramente, de no ser por mí, la verdad habría salido a la luz muchos años atrás; ahora mismo, no estoy seguro de que hubiera sido mejor.
–¿Entonces todo lo que me dijiste también fue una orden de Giovanni, toda tu ayuda? –Empezaba a comprender que la mentira era más masiva de lo que creía en un principio. –¿Menek y mis demás clientes…?
–Por años me aseguré de que, quisieras o no, trabajaras para él… –La realidad volvió a golpearme con fuerza. –No todos para los que trabajaste como mercenario eran emisarios de Giovanni, pero sí una gran parte; Menek los encabeza a todos, pues él trabaja directamente para Giovanni. –No podía parar de maldecirme… Pensar en aquellas personas que maté creyendo que eran el Team Neo Plasma… –¿Entonces, el Team Neo Plasma…?
–Sí, una farsa, todo el tiempo has estado eliminando enemigos del Team Rocket, desde mafias rivales, hasta testigos y reporteros, todo aquel que alguna vez incordió a la mafia de Giovanni desde fuera de Kanto, cayó por tu propia mano. –El estómago se me revolvió, tenía que salir de ahí.
–¿Dónde están mis Pokémon? –Cuestioné de manera reclamante.
–Debajo del uno de los estantes del fondo, Giovanni cree que los eliminé… –Lo miré con extrañeza. –Aún recuerdo cuando Guzma me entregó todos tus Cristales Z, solo te dejamos aquellos que correspondían con los Pokémon que tenías, y añadimos el Alo-Raistal Z; para que, de esa forma, todo cuadrara. El resto los vendió Guzma; fue con el dinero recaudado, que obtuvo el cristal para tu Raichu. Él nunca entendió del todo la verdad, y lo cierto es que yo tampoco, pero Giovanni pensaba usarte lo mejor que pudiera, así que todo debía calzar con la fábula que pensaba meterte en la cabeza. Pero entonces comenzó la guerra entre el Team Skull y la Fundación Aether. Guzma quiso hablar, revelarte la verdad, pero su fidelidad hacia Lusamine Aether lo traicionó; si el pobre hubiera sabido que era Sauboh quien controlaba los hilos de Aether para ese momento… Al final, el ataque de los Ultraentes fue ordenado, y Giovanni procedió con el siguiente paso de su plan; pero las cosas no salieron como esperaba, y te pusiste en contra de él a pesar de que creías ser su hijo. Cuando regresaste, mi tarea lo hizo contigo, debía mantenerte controlado sin que lo supieras…
–¡Mierda, todo, todo fue una maldita mentira! –Grité, buscando liberar un poco del enojo que me sofocaba.
–Lastimosamente estás en lo cierto… –Denio miró un momento hacia la puerta antes de volver a hablar. –Mira, no pienso ayudarte directamente, pero no veo porque no hacerlo de manera indirecta… –Eso llamó mi atención. –Te rocié con un paralizador concentrado de Morelull, pero es probable que su efecto pase en unos minutos, tendrás que ser rápido… –Se escucharon pasos de fondo, por lo tanto, comenzó a susurrar. –¡Mierda! ¡Necesito salir a recibirlo! Lo último que necesitas saber, es que tu Charizard ha estado rondando cerca de la jungla al sur del edificio, debe de estar buscándote… –Tras decir eso, se acercó a la puerta. –Espero que este no sea el adiós definitivo… –Al decir esto, desapareció tras la puerta de metal. Pasaron un par de minutos antes de que la puerta volviera a ser abierta, pero esta ocasión entraron dos personas distintas.
–¡Pero si es mi hijo favorito! Imagino que tienes muchas cosas que preguntarme. –Giovanni entró con arrogancia, vistiendo un traje de blanco pulcro, llevaba una corbata negra y su pelo, ya canoso, peinado hacia atrás. Silver estaba a su lado, ligeramente cohibido.
–No tengo nada que preguntar, ¡lo recuerdo todo! –Mentí.
–Genial, eso nos ahorrará mucho tiempo. –Entonces noté que Silver llevaba una especie de taburete en sus manos; Giovanni lo tomó y me colocó sobre él, aflojando el amarre de mis muñecas. –Llevo años deseando poder hacer esto. –Hice lo posible por ahogar un grito, pero me fue imposible… El demonio, al que llamé padre por cinco años, había sacado una herramienta similar a un alicate, con mucho filo, y sin dudar, arrancó el dedo meñique de mi mano izquierda; al principio los huesos dieron pelea, pero con un "crack" cedieron, entonces sentí mi dedo ser separado del resto de mi mano. –¿Entonces, realmente no quieres saber nada más antes de morir? –Para él, la situación no era más que un juego, así que debía intentar averiguar todo lo posible, para así retrasar mi destino y esperar a que el efecto del paralizador se desvaneciera.
–¿Por qué me robaste aquel Ultraente…? –Pregunté, escarbando entre los recuerdos que había recuperado. Quería reunir lo que él sabía y lo que yo recordaba, para ver si de esa manera lograba recordar más cosas de mi pasado aun sin desvelar.
–Que pregunta tan inútil… Realmente pensaba que ya lo habrías descifrado… Ese Poipole fue la llave para poder abrir el Ultraumbral que nos llevaría a la Ultropolis. Claro que su cuerpo fue desintegrarlo a la hora de absorber la energía necesaria para poder seguir el rastro, pero era algo necesario… Espero que no te importe. –Comprendí entonces porque quería que lo cuestionara; de esa manera, el me relataría sus actos en contra de todo lo que amé. –Claro, eso no fue todo… Ya que cuando llegamos a la ciudad, nos topamos con un panorama terrible: Necrozma, en la plenitud de su poder, y la ciudad desolada. Estábamos planeando la manera de lidiar con él, cuando apareciste y comenzaste a luchar contra él. Nos facilitaste el trabajo, solo teníamos que esperar y actuar cuando estuviera débil y cansado. Pero sucedió algo inesperado, ya que se abrieron múltiples umbrales producto del último ataque de Necrozma. Fuimos absorbidos por uno y expulsados de esa dimensión.
–¿Por qué no perdiste la memoria? –Inquirí, mirándolo fijamente; fue lo primero que me pasó por la cabeza.
–Simple; ya estábamos preparados para una situación similar. No pudimos regresar a la Ultropolis, pero si pudimos asegurar un aterrizaje seguro al otro lado del Ultraumbral… Nos salvamos de la amnesia, pero sí hubo un efecto secundario, uno muy curioso. –En ese momento, lo vi tomar algo de su cinturón; un brillo rojizo iluminó el lugar, y entonces comencé a sentir que mi cuerpo estaba siendo estrujado por una fuerza invisible. –Te presento a Mewtwo; ya te había hablado de él, pero ahora que recuerdas, creo que podrás reconocerlo. –Frente a mí se hallaba un ser extraño, de ojos grandes, piel violácea y una mezcla de rasgos entre felinos y humanoides. –Había olvidado que lo perdí en el pasado, pero, por cosa de la suerte, la energía del Ultraumbral causó el efecto contrario a lo esperado… Mewtwo bloqueó mis recuerdos respecto a él, y por eso bajó la guardia. Tú pasaste lo mismo, ¿no es así? ¿Los sueños vividos? –Me negué a responder; Giovanni le restó importancia a ello. –… Volví a Johto por él, y lo atrapé con relativa facilidad. Con él, apoderarme de Ultropolis y Necrozma, fue pan comido.
–¡Eres un desgraciado! ¿Para que deseas tanto poder? –La voz me salió quebrada, estaba empezando a temer no solo por mi vida, sino que por la de todos los habitantes del mundo.
–Tú, que careces de ambición, nunca lo entenderías. Pero una vez que yo consiga mi objetivo, logaré imponer mis reglas en todas las dimensiones existentes, sin excepción… Ahora, si mal no recuerdo, tú te llevabas muy bien con el legendario del Sol, Solgaleo, ¿no es así? –Nuevamente, no le respondí, pero aun así prosiguió su monologo. –No fue fácil, pero logramos unificar a Necrozma con Solgaleo y Lunala al mismo tiempo, eso aumentó su poder exponencialmente. Aunque ahora parece que es imposible sepáralos. –Y entonces Giovanni comenzó a reír, a la vez que Mewtwo aumentaba la presión que ejercía en mí. Al dejar de reír, Giovanni miró su muñeca. –Esperamos visitas, así que creo que solo queda tiempo para responder una pregunta más. –Sí tenía una.
–¿Por qué me mantuviste con vida? ¡¿Por qué fingiste ser mi padre?! –Cuestioné, estallando en cólera.
–Simple, solo seguí el ejemplo de un colega… "Cría a un Mareep en una jauría de Mightyenas, y éste creerá que también es uno de ellos". Quería demostrar que, hasta el mejor héroe, podía ser la mejor herramienta del "mal". Te alejé de tus seres queridos, te oculté de ellos y te hice pagar por todos los problemas que me causaste en el pasado. –Tras decir eso, se volteó hacia la salida. –Hijo, habla lo que quieras, saldré para recibir a los invitados. –Silver se quedó estático unos segundos después de que Giovanni salió del frigorífico, seguido por Mewtwo, lo que causó que el cuerpo dejara de dolerme, hasta que, de pronto, se abalanzó hacia mí.
–¡Mierda, esto salió peor de lo que esperaba! –Susurró fuertemente Silver, mientras me limpiaba la sangre de la mano con un pañuelo. "No eres el primero en decírmelo", pensé irónicamente.
–¿Así que todo fue una mentira…? –Le pregunté retóricamente, mirándolo cansado; me dolía todo y apenas podía moverme; estaba claro que la parálisis no estaba cerca de desaparecer.
–Sí… Aunque siempre pensé que era una locura; aun así, no hay forma de llevarle la contraria a mi padre. –Una vez terminó de limpiarme la sangre, se alejó de mí, para verme a la cara. –No dejaré que te mate…
–Creo que fuiste muy claro al momento de decir que no hay forma de llevarle la contraria… –No es que deseara no ser liberado, pero entre que no confiaba en su palabra, y no veía la forma de burlar a Mewtwo, me parecía inútil el solo pensar en la posibilidad de que Silver me ayudara.
–Así ha sido demasiado tiempo… Ya no puedo seguir soportándolo. Siendo sincero, todo lo que te dije del odio que siento hacia él, fue real, al igual que nuestra relación similar a la de hermanos. –Lo miré con desconfianza. –Digo la verdad; no podría volver a… –Se detuvo. –Mira, hay una razón por la que te recomendé disfrazarte de la forma en que lo hiciste por tanto tiempo. Se debe a que siempre me recordaste a mi hermano… Red. –Ahora sí que estaba perdido. –No hay tiempo para contarte toda la historia… Pero, en resumen, yo lo traicioné. Él estaba en contra de nuestro padre, y al conseguir el puesto de Campeón de Kanto, hace unos quince años, cuando yo tenía diez, estaba seguro de tener el poder suficiente para entregarlo a la policía. Pero Giovanni me convenció de guiarlo a una trampa; ese día, él y un amigo suyo, murieron por mi culpa. Y no pienso repetir ese error, por eso… –¡Bam!, un sonido de proyectil se dejó escuchar en medio de la habitación, y Silver se desplomó sobre mí.
–Siempre fuiste una decepción; tú y tu desagradecido hermano. –Era Giovanni, que entró justo en el peor momento, y disparó a su propio hijo con un arma de fuego similar a la que tuve. –Me pareció justo dejar que murieras igual que esa chica del Team Skull a la que eras tan apegado; ¿Plumosa, se llamaba? –Dijo, ahora dirigiéndose a mí. –Fuiste una útil marioneta por un tiempo, Ketchum, pero ya has excedido tu periodo de utilidad… –Tras decir eso, salió otra vez del frigorífico. En ese instante, sentí mis pies ser liberados y mi cuerpo recuperó parte de su fuerza. Miré hacia abajo, a un moribundo Silver que sostenía una jeringa en su mano.
–Espero que eso baste para pagar mis pecados. Ash… lamento haberte mentido, fue bueno haber fingido ser tu hermano todos estos años. –Recitó sin fuerzas, escupiendo sangre. Intenté decir algo, pero no pude, estaba en un profundo estado de shock. –Espero… que hagas… pagar a… mi padre. –No cerró los ojos, no se movió, simplemente dejó de vivir. A diferencia de como creí que haría, no tuve la oportunidad de sacarle ninguna verdad a golpes; fue la vida la que me golpeó con la verdad. Aunque lagrimas se deslizaban por mis mejillas, era consciente de que aún no estaba libre.
Una vez cerré sus parpados y acomodé su cuerpo para que "descansara", ignorando el hueco de bala que sobresalía de su espalda, me moví hasta la zona donde estaban los estantes con dificultad, debajo, oculto, estaba mi cinturón. Tras recuperar a mi equipo, salí de la cámara frigorífica, después de haberme despedido mentalmente de Silver, al hacerlo, reconocí el lugar donde me hallaba; era el mismo edificio abandonado donde me enfrenté a los agentes de Aether por primera vez. Recorrí los pasillos en silencio, atento a señales enemigas; no tardó hasta que escuché un fuerte rugido.
Me asomé por una ventana, pues estaba en el segundo piso, y ahí, en el suelo, apenas iluminado por la Luna, estaba un Pokémon abominable, negro, con partes de color amarillo, con ojos carentes de alma. El ser abrió su inconmensurable boca y comenzó a tragar pedazos enteros de concreto. A su lado, se hallaba un ser delgado, colorido, aunque el blanco predominaba, y cabezón; el ser separó su cabeza de globo de su cuerpo y la lanzó contra el edificio, hacia la ventana donde me encontraba. Escuché un estallido y caí al suelo, al final, todo se volvió del color del fuego, como la venganza que al parecer nunca podré llevar a cabo…
