CAPÍTULO 38
Ha sido idea tuya, ¿verdad? – la acusó Klaus entrando en su despacho del hotel tres semanas después
Caroline levantó la vista de las cuentas que estaba revisando y vio a su prometido dejarse caer frente a ella en la butaca azul.
- ¿A qué te refieres? – sonrió viendo el ceño fruncido de su novio
- Vengo de estar con Wes – le informó mirándola acusador
- ¿Ha hecho algo que te molestara?
- No te pases conmigo, Caroline Forbes – espetó inclinándose sobre el escritorio
- ¿Te das cuenta que en poco más de una semana seré Caroline Mikaelson? – susurró con una sonrisa sugerente
- No intentes desviarme del tema – acusó
- De acuerdo – aceptó levantando las manos recostándose en su asiento – Cuéntame. ¿Qué problema has tenido con Wes?
- Wes me ha dicho que la dirección de la Fundación Sheila Bennett quería ofrecerme el cargo de representante de la fundación en la gestión de sus acciones en Forbes Investments – dijo sardónico
Caroline sonrió.
- ¿Ah, sí? – preguntó con fingida sorpresa – ¿Y qué has dicho?
- No te burles, Caroline. ¿Por qué lo haces?
Caroline se puso seria.
- No tienes que aceptarlo si no quieres, pero no se me ocurre nadie más capacitado para eso.
- Pues a mí se me ocurre una persona mucho más capacitada – rebatió – Tú misma
- Yo no voy a hacerlo – sentenció ella
- ¿Por qué no? Sabes cómo hacerlo. Eres la mejor.
- No, Klaus. Es definitivo. Si tú no quieres ser el representante, buscaremos a alguien. Contrataremos a alguien, porque yo no lo haré de ninguna forma.
- ¿Por qué no, Care? Es una buena oportunidad
- De ninguna manera. No vas a convencerme. No pienso siquiera volver a hablar con ese hombre. Tendría que mantener contacto con Bill, si aceptase ser la representante de la fundación y, honestamente, lo he desterrado de mi vida para siempre.
- Pero, Caroline - discutió
- No, Klaus, no. - respondió tajante - Entiendo que tú no quieras ser el representante de la fundación. No te preocupes, buscaremos a alguien, pero puedes estar seguro de que yo no seré.
- No entiendo que seas tan terca – se quejó
- Uy, no sabes tú cuan terca puedo llegar a ser – rió – Además pienso estar muy ocupada – reconoció sugerente – Tendré un marido que atender, además de que cuando vengan los bebés, querré dedicarme a ellos al cien por cien. Eso, más el hotel, la fundación, y alguna que otra campaña que pueda surgir... – enumeró
- Ya. – replicó con indignación fingida – Y crees que yo sí tendré mucho tiempo
- Convengamos que en este momento estás desocupado – rió
- Bruja – dijo frunciendo el seño mientras se levantaba de su asiento y rodeaba el escritorio para acercarse a ella – Ven aquí – susurró mientras la ayudaba a levantarse y la sentaba sobre el escritorio
Se paró entre sus piernas separadas y la besó necesitado.
- De acuerdo, me haré cargo, pero sólo como representante, no ocuparé de nuevo el puesto de director. No quiero tener que pasar mucho tiempo en Nueva York. Quiero que nos instalemos a vivir aquí.
Caroline rodeó su cuello con los brazos apretándose contra él.
- ¿De verdad querrás vivir aquí?
- ¿Dónde si no?
- Gracias, Klaus – exclamó apretándose contra él – Es maravilloso. Gracias. Te amo.
- Y yo a ti – reconoció lanzándose sobre sus labios cuando en la puerta sonaron dos tímidos golpes
Tia les anunció la llegada de Elena y Damon y de allí en más se vieron sumergidos durante la siguiente semana en la vorágine de la boda y la luna de miel.
- ¿Estás nervioso? – preguntó Damon tumbado en el sofá junto a su hermano, dándole un trago a su botellín de cerveza
- No. Diría que estoy ansioso más que nervioso.
Era la noche anterior al día de la boda y Caroline y Klaus habían sido obligados a pasar la noche separados, tal como mandaba la tradición.
Caroline se había instalado en casa de Wes y Charlotte mientras que Klaus aún estaba instalado en su cabaña en el hotel.
- ¿Habéis sabido algo de Bill?
- No. Te confieso que me he pasado el último mes debatiéndome entre decidir si debía invitarle o no a la boda.
- ¿Caroline qué ha dicho?
- No ha dado señales de pensar en él pero estoy seguro de que lo ha hecho.
- Tal vez debiste decírselo.
- Lo sé. Supongo que he actuado egoístamente, pero no quiero que nada pueda empañar mi boda con Caroline. Si decidiese venir, no sé lo que habría podido suceder y si por el contrario decidiera no presentarse, su sombra estaría allí para empañarnos nuestro día. Sólo deseo hacer feliz a Caroline. Ahora somos su familia. Nunca haría nada para impedir que recupere a su padre, pero tampoco le facilitaré las cosas a ese cabrón. Si tiene algún interés en recuperar a Caroline, pues que se esfuerce él.
- Cuando la revista se publicó, pensé que buscaría la forma de comunicarse con ella. – confesó Damon
- Yo también tenía la esperanza de que lo hiciera
- ¿Cuándo irás a Nueva York para hacerte cargo de las acciones de Forbes? Sabes que tenéis que decidir sobre el nuevo director general.
- Lo sé. Después de la luna de miel, pensamos volar a Nueva York por unos días. Caroline no quiere ver a Bill pero yo deberé encontrarme con él.
- Quién sabe cómo se tomará que te hayas casado con su hija
- Lo sé, pero en realidad su opinión me tiene sin cuidado.
- Ya lo creo. No sé lo que ese hombre podría llegar a hacer, creo que nunca le entenderé.
- Ni yo, pero ya tendré tiempo de ocuparme de Bill. Ahora sólo quiero pensar en el día de mañana.
- Sí, lo imagino – rió su hermano burlón – Y sobre todo en la noche de mañana. – dijo haciéndolo reír
La boda se llevó a cabo en uno de los jardines del hotel. A ella asistieron la familia de Klaus, Elena, Luke y su novio, recién llegados de Londres, Bonnie y su marido Jamie, Wes y Charlotte y las diecisiete mujeres que vivían en la residencia en ese momento, acompañadas de sus pequeños hijos.
Caroline recorrió el pequeño jardín con la mirada clavada en el sonriente rostro de Klaus que la observaba embelesado.
Su vestido blanco, se ajustaba a su silueta remarcando sus deliciosas curvas, y Klaus tuvo que hacer un esfuerzo para no dejar su lugar y encontrarse con ella a medio camino hacia el improvisado altar.
Damon y Elena estaban de pie en el altar ocupando sus honorables sitios como padrino y dama de honor respectivamente.
La familia y los amigos les acompañaban emocionados pero tanto Caroline como Klaus no repararon en nadie más que en ellos mismos.
Después de repetir sus votos sin apartar la vista de los emocionados ojos del otro, se fundieron en un beso incendiario que acabó arrancando aplausos y carcajadas de la concurrencia.
- Te amo, Care – susurró contra sus labios cuando se vio obligado a separarse de ella
- Te amo, Klaus. Este es el momento más feliz de mi vida, creo que sólo lo supera el día que me dijiste que me amabas.
- Pues puedes estar segura que te lo repetiré cada día de mi vida
- Te tomaré la palabra – rió Caroline abrazándose fuertemente a él hasta que Elena se acercó a ella y les obligó a separarse.
El pequeño grupo de invitados continuaban bailando y brindando en el salón de fiestas cuando los novios se recluyeron finalmente en la suite nupcial del hotel.
- Creí que nunca te tendría para mí solo – se quejó abrazándola por la espalda y besando su cuello
Caroline rió estirando su cuello para darle mejor acceso a él.
Entrelazó sus manos con las de él que descansaban en su cintura y se rodeó con sus brazos.
- Ha sido una boda preciosa.
- Lo ha sido – reconoció Klaus – Pero lo ha sido más porque tú eras la novia y yo el afortunado al que le diste el sí
Caroline se giró entre sus brazos y rodeó su cuello con sus manos
- ¿Y qué planes tiene para esta noche, señor Mikaelson?
- Mmm, esta noche... – ronroneó bajando sus labios por su mandíbula y su cuello – esta noche voy a hacerle el amor por primera vez a la señora Mikaelson
- Mmm – gimió sugerente arqueándose contra él – Un buen plan
- Ya lo creo – rió llevando las manos a los diminutos botones que recorrían toda la espalda de la chica
La desnudó con lentitud mientras besaba cada centímetro de piel que iba descubriendo.
- ¡Dios! – gimió cuando tuvo frente a él a la chica vestida únicamente con su delicada ropa interior de encaje blanco, complementado por un portaligas del mismo tono que sostenía las finas medias – Vas a volverme loco
- Espero que no antes de que me hagas el amor – dijo burlona
- Eso nunca – aseguró rodeándola con sus brazos y apretándola contra él mientras atacaba sus labios besándola con necesidad
La levantó en sus brazos para llevarla hasta la cama y recostarla sobre las blancas sábanas de seda.
Se desnudó antes de acostarse junto a ella.
Con sus dedos recorría su cuerpo electrizándola. Las braguitas se anudaban a los lados con una finas tiritas de seda, y desatarlas fue tan delicioso como abrir un regalo de cumpleaños.
Su lado más perverso lo obligó a quitarle las bragas y el sujetador para dejarla vestida con el portaligas y las medias.
- Joder, Caroline, eres condenadamente sexy – se quejó – No sé cuánto podré esperar
- No quiero que esperes – reconoció ella rodeándole con sus brazos y tirando de él para recostarlo sobre sí
- No creo que pudiera – confesó cuando su pene erecto rozó los húmedos labios estremeciéndola
- Entra en mí – suplicó separando las piernas para facilitarle el acceso a su cuerpo
Sin esperar que volviera a pedirlo la penetró jadeante.
Caroline movió las caderas con un movimiento circular excitándolo. Klaus gimió hundiéndose más en su interior.
- Voy a correrme muy pronto, Caroline
- Te necesito, Klaus – aseguró – Te necesito. Necesito que me hagas el amor.
- Siempre, cariño – prometió comenzando su cadencioso vaivén
La penetraba más profundamente cada vez, entrando y saliendo de ella con premura.
Las paredes húmedas y tibias de su canal se ceñían a él friccionándole ansiosas. Caroline se retorcía enloquecida mientras los labios de Klaus chupaban y tironeaban sus pezones oscurecidos y erguidos por la pasión.
- Oh... Klaus... – gimió – Creo que voy... a correrme...
- Vamos, nena – la instó deslizando la mano por su vientre hasta alcanzar la unión de sus muslos y rozar con la punta de los dedos el clítoris palpitante
- Oh, sí, por favor... – rogó – Tócame... por favor...
Obediente acarició su pequeño botoncito imprimiendo más fuerza mientras continuaba sus alocadas arremetidas.
- Oh, sí... – gritó arqueándose contra él – sí...
El orgasmo la asaltó avasallante estremeciéndola. Klaus la embistió con desespero cuando sus paredes le apretaron y le estrujaron llevándolo al clímax y sumergiéndole de golpe en él.
Con un grito desgarrador se volcó dentro suyo, sintiendo cómo le exprimía anhelante.
Agitados se dejaron caer sobre el colchón satisfechos.
Estaban tumbados en la cama acariciándose cuando Klaus se giró hacia la mesita de noche de su lado y sacó un sobre amarillo igual al que le había entregado hacía más de un mes.
- ¿Qué es eso? – preguntó Caroline con una sonrisa divertida
- Este es mi regalo de bodas para usted, señora Mikaelson – dijo entregándole el sobre
Caroline se sentó en la cama mirándole reticente a la vez que abría el sobre.
- Hey – se rió Klaus – parece que temieras lo que pudiera regalarte
- La verdad es que sí – reconoció – Miedo me das – confesó sonriente a la vez que sacaba del sobre unas escrituras y una llave plateada adornada con un lazo rosa - ¿Qué es esto, Klaus?
- No tienes que leerlo todo si no quieres – explicó – Pero ésta es la llave de nuestra nueva casa en Windhoek
- ¿Has comprado una casa aquí? – preguntó con sorpresa
Klaus asintió y Caroline se lanzó sobre él rodeando su cuello con los brazos.
- Oh, Klaus, es maravilloso. Muchas gracias.
- Está ubicada en el barrio residencial en el que viven Wes y Charlotte. Wes me comentó que estaba a la venta y pensé que sería una buena idea. He pensado que podríamos ir mañana a verla, antes de irnos a la luna de miel. Necesita algunos arreglos y podemos cambiar todo lo que desees, pero la ubicación es magnífica y tiene un jardín enorme con una piscina ideal para los niños.
Caroline sonrió encantada y feliz besando a su marido con ansias. Klaus deslizó las manos por su espalda hasta alcanzar sus glúteos y apretarla contra él.
Caroline se separó de él al sentir la rigidez de su erección golpeando contra su vientre.
- Espera un momento, Mikaelson – rió alejándose – Yo también tengo un regalo de bodas para ti
- Tú eres todo el regalo que quiero – dijo yendo tras ella sobre la cama
- No, espera – le detuvo Caroline inclinándose sobre su mesita de noche para sacar a su vez un pequeño sobre del cajón – Es más pequeño que el tuyo – explicó– pero estoy segura de que te gustará
Klaus sonrió recostando la espalda contra el cabecero de la cama y metió la mano dentro del sobre.
Su mano tembló y sus ojos se humedecieron cuando sostuvo frente a él la pequeña varilla de plástico con dos líneas rojas.
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