Capítulo 38: Antes de partir.
Los primeros en ir a verla después de que Luna fuera a hablar con ella, fue su familia. Soarin y sus hermanos le llevaron regalos, globos, chocolates, dulces y algunos cupcakes que había preparado Pinkie para que se recuperará.
— ¡Hola, hola! —Dijo Storm mientras volaba hacia Freeice que la recibió con un abrazo. — ¡Pensé que jamás despertarías, Icee!
—Bueno, ya lo hice ¡Me alegro mucho de verte pequeña!
—Sabíamos que tardarías unos días en reponerte. —Soarin se acercó a abrazar también a la alicornio cuando su hija se movió. —Dashie me conto todo lo que hiciste. Es un orgullo llamarte hija. Si me lo permites.
—Claro que si, Soarin, eso no se pregunta. —la joven se sonrojo y sonrió un poco, luego carraspeo. — ¿Dónde estamos, por cierto? Sé que estamos en el Imperio, pero no sé si esto sea un hospital.
—Es la casa que solíamos usar Applejack, Pinkie, Fluttershy, Rarity y yo cuando veníamos de visita. —Respondió Rainbow Dash. —Twilight se quedaba en el palacio casi siempre. Nos la dejaron mientras estamos aquí para descansar un poco después de la huida que hicimos en el pueblo.
— ¿Bluesky y su familia están aquí?
—Sí, todas estamos aquí. Los ponis de cristal expandieron un poco el lugar por dentro para que todos cupiéramos. —Hizo una pausa. —Te vino a ver temprano, antes que despertaras.
Freeice asintió, hablaron durante un rato y jugo con Storm y Tornado durante unos minutos antes de que se fueran. Al final, las dejaron solas a ella y a Rainbow.
—Fuiste muy valiente en lo que hiciste en el pueblo, Icee— dijo con una sonría la pegaso. —Todos quedaron impresionados. Estoy orgullosa de... todo lo que hiciste.
La alicornio sonrió. Ya no se sentía enojada con Rainbow, menos en esos momentos en los que sabía que probablemente fueran sus últimos momentos juntos.
—Gracias, Rainbow, significa mucho para mí—Hizo una pausa. — ¿Cuándo va a ser el ataque a Canterlot?
—En tres días. —Hizo una pausa antes de contestar. —Pero Freeice, no quiero que nada de lo que te dijo Luna vaya a hacerte a tomar una decisión precipitada.
— ¿Luna? No, claro que no. Se bien que es lo que tengo que hacer y no es porque alguien me lo ordene, es porque yo así lo deseo.
— ¿Y qué decidiste?
—Que... Que quiero pelear contra la Reina.
Se quedaron en silencio, viéndose la una a la otra, sin saber que decirse con certeza. Rainbow vio a los ojos a la joven y sintió como un escalofrió le recorría la espalda, sabía lo que significaba, estaba decidida y nada de lo que le dijera la haría cambiar de opinión.
Sintió como el miedo se le empezaba a expandir poco a poco por el estómago, lo que menos quería era escuchar a su hija decir esas palabras de su boca. Tal vez, si la alicornio hubiera sabido todo eso desde el principio y no le hubieran ocultado la verdad, tal vez sus ganas de pelear no eran tantas como lo eran en ese momento.
—Oh Icee, lo lamento tanto. —Murmuro y se limpió las pocas lágrimas que se le habían escapado. —No quería que sintieras que tenías que hacer algo, el tener que pelar de a fuerzas con las Reina. Si no me hubiera callado todos estos años, tal vez no sintieras que tienes que hacer eso, tal vez… Tal vez no estarías molesta conmigo.
La pegaso de crin multicolor agacho la cabeza para evitar que la alicornio la viera llorar, pero esta sonrió y le levanto la barbilla para que la viera de frente.
— ¿Te parece que estoy enojada, Rainbow?
La poni la miro al rostro y la examino.
—No, no parece.
— ¿Entonces porque lo crees?
—Estabas enojada, Freeice. Lo sé, vi cómo te destrozaban las palabras que te dije esa noche antes de irnos de Ponyville… No te dije lo que querías escuchar. Y te aseguro, que mi amor que te tengo seria el mismo, aunque no tuvieras alas ni cuerno.
—Lo sé. —La alicornio sonrió de nuevo. —Ahora lo sé. Mira, si me enoje mucho, demasiado. Pero… Sé que lo hiciste por mi bien. A pesar de los entrenamientos de Rarity y de tus lecciones de vuelo, hiciste que los últimos años de mi vida fueran maravillosos y tú y Soarin lograron borrar la oscuridad que me atormento cuando era niña. Me la pase muy bien y fui feliz ¿Por qué debería de esta estar?
Rainbow abrazo a la alicornio y se soltó a llorar, la joven le dio una palmaditas en la espalda a la pegaso.
—Me daba terror que escogieras hacer lo que piensas hacer, Icee. No quiero que te pase nada. —Hizo una pausa y volvió a ver a la alicornio de frente. —Pero… Me da miedo que la Reina te deje con una lesión grave… A pesar de que sé que eres muy poderosa… No puedo imaginarme el golpe que sería el enterarme que algo te paso.
"Y eso que no sabes lo que implica realizar el contra hechizo. " Pensó con tristeza Freeice. La culpa le dio un golpe en el corazón mientras pensaba en las palabras que le diría a continuación a Rainbow. Sabía que había sido más sabio guardarse la información.
—No me pasara nada, Rainbow. Solo es una pelea y cuando todo pase, podremos estar de nuevo todos juntos y en paz.
La pegaso asintió y se limpió las lágrimas. Le sonrió un poco a su hija adoptiva y después le acaricio el cabello.
—Bueno, en vistas de que no te poder hacer cambiar de opinión con respecto al ataque a Canterlot…. ¿Te parece si probamos un poco de paz antes de ir?
— ¿No tienes que encargarte de organizar a las tropas?
—Dark Mist y Shining Armor están trabajando en eso. Así que tengo dos días libres antes de preocuparme de algo. —Le sonrió y se paró. — ¡Vamos! El Imperio de Cristal esta tal cual lo recordaba ¡Tienes mucho que ver y apreciar!
—Iré en un momento. —Freeice sonrió, la pegaso se dirigió a la puerta y la abrió, dispuesta a salir. —Tengo que ir a limpiarme un poco antes de cualquier cosa.
—Claro, está bien. Te esperemos Icee. —Dijo la poni de color cian dedicándole una sonrisa antes de salir.
En cuanto la puerta se cerró, la sonrisa despareció de su rostro. Bajo de la cama y fue al baño que había en la habitación, se miró en el espejo. "Esto es lo que soy, esta soy yo. Soy Freeice." Pensó mientras se limpiaba el rostro con agua. "¿Dejare de ser yo? ¿Dejare de existir?"
Se examinó con mayor detenimiento, mientras se veía los ojos, la nariz, las orejas, la boca, la crin. Movió cada parte de su cuerpo y se maravilló de lo que bien y coordinado que todo funcionaba, su cuerpo era una maravilla, ella misma era una maravilla. Respiro y sintió como el aire le llenaba los pulmones y como estos se expandían para recibir el oxígeno que ella les proporcionaba.
Cerró los ojos y sintió su cuerpo, su piel, los olores que la rodeaban. Ella estaba viva y lo sabía, era una sensación que jamás había tenido, hasta ese momento en el que sabía que el final estaba cada vez más cerca. Su propia anatomía, era casi un milagro, la forma en ella que estaba diseñado su cuerpo… Abrió los ojos al sentía como una lagrima resbalo por su mejilla.
Se volvió a ver en el espejo y esta vez reconoció lo que le decía Bluesky. La sabiduría nada propia de su edad estaban ahí, tal vez por eso su marcha sería tan rápido. Tal vez… Sacudió la cabeza. No quería pensar en lo que iba a hacer o en lo que le estaba ocultando a los que amaba. Quería disfrutar antes de marcharse definitivamente.
…
…
…
Freeice rio despreocupada cuando vio a un poni de cristal estado de payaso que estaba haciendo algunas formas a mitad de la calle. Habían caído en un día bueno para visitar el Imperio, con tantas acontecimientos poniendo en peligro al Imperio, la princesa de Cristal había decidió festejar la Feria de Cristal para mantener a sus defensas al día.
Rainbow le platico que faltaba solo un día para la ida definitiva hacia Canterlot(Al parecer había dormido más de lo que la alicornio había pensado), pero mientras eso pasaba, que podían disfrutar de la Feria, le platico de la vez que ella misma junto con Fluttershy había participado en un evento muchos años atrás. Vieron las artesanías que creaban con cristal los habitantes del Imperio, los espectáculos que habían hecho y comido lo que les ofrecían.
Al final, pasaron por donde se encontraba el Corazón de Cristal. Freeice pudo sentís su fuerzas y su pureza y sintió como le conmovía en el alma, ella no tenía comparación con el poder de ese corazón, pero sabía que ningún poni lo comprendería más que ella misma. Pero no le molesto.
Aún estaban paseando por la Feria, cuando Bluesky llego dándole un fuerte abrazo. La joven no pude evitar el sentirse feliz de verlo sano y salvo, le dio un beso en la mejilla lo cual hizo enrojecer al pegaso y enojar a Soarin. Rainbow al darse cuenta, decidió dejar sola a la pareja mientras ella y su familia iban a ver el resto de cosas de la Feria.
—Me alegro mucho de verte. —LE dijo Freeice a Bluesky.
—Yo más, Free… Pensé que… Cuando cruzaste ese portal… Solo podía pensar en el dolor que me oba a dar si algo te llegaba a pasar. Pero aquí estas. —LE sonrió y le tomo el casco. —Y… Me alegra ver que estas bien.
Se quedaron callados, mientras se veían los dos cascos tomados juntos. Ambos estaban sonriendo.
—Supongo… que esto contesta a la pregunta que me hiciste. —Freeice volteo a ver al pegaso a los ojos. —No creo que ya seamos amigos. Si no algo más.
—Entonces…. ¿Tenemos una relación?
—Si tú quieres aun…
— ¡Claro que quiero! —Bluesky volvió a su estado de hiperactividad que tan bien conocía la alicornio y su sonrisa se ensancho. —De hecho, ya tenía algo planeado para hoy…. Claro si deseas venir conmigo y no hay problema con Soarin y Rainbow.
—Pues… Soarin no sé si tenga algún problema, pero Rainbow de seguro no. —Freeice le sonrió. —Vamos.
Se la llevo volando hacia adentro del castillo, donde había una gran congregación de poni de cristal.
— ¿Planeas entrar de in fraganti al castillo? —Pregunto divertida la alicornio.
—No, van a presentar una obra de teatro presentando la historia del Imperio.
Entraron por la puerta y pasaron un buen rato viendo la triste historia del Rey Sombra, su reinado y su sacrificio para debilitar a su contraparte malvada. Cuando salieron, el sol se estaba poniendo y Bluesky llevo a la alicornio hacia uno de los campos más lejano al castillo.
Era un campo lleno de pasto que le lleno las fosas nasales a Freeice que nunca había visto ningún campo tan verde.
— ¿A que venimos aquí Blue?
—Te voy a enseñar algo tan hermoso, como tú. —Le tapo con los cascos los ojos a la joven que se empezó a reír. —Sigue caminando y cuando yo te diga, te das media vuelta.
— ¿Esto es un bramo?
—Claro que no ¿Porque piensas eso?
—Porque no sería la primera vez que me harías una cosa así Bluesky. —Y se empezó a reír.
—Free…
— ¿Qué pasa?
—Pues… Se que mañana, cuando vayan todos hacia Canterlot… Tu iras con ellos. Y yo… Me ofrecí como voluntario para ir con el equipo que te va acompañar.
Freeice se quedó callada y en parte agradeció que Bluesky no pudiera verle la expresión. Tal vez, el ocultar la verdad sobre el contra hechizo no iba a ser tan sencillo como había pensado, pero otro lado, sentía genial el poder pasar sus últimos minutos junto a el poni que amaba y sabia que n podía pedir nada mejor.
— ¿Quieres asegurarte de que nada me pase?
—Prometí protegerte. —Respondió. —Nunca te lo dije, pero… Cuando me di cuenta de lo que sentía por ti, sabía que te tenía que proteger, al menos lo más que podía.
La alicornio sonrió.
—me parece bien entonces que cumplas tu promesa. —Dijo entre risas.
A su vez, el pegaso rio y guio Freeice hasta que le indico que se diera la vuelta. Le quito los cascos de los ojos y la alicornio los abrió. Se quedó con la boca abierta al ver el Imperio desde lejos.
Los edificios deslumbraban con las últimas luces del día, que se dividía en varias y deslumbrara con los colores del arcoíris al resto de los edificios a su habitantes que a su vez estaban reflejaban la luz del sol. Se sintió tan feliz, que unas lágrimas le salieron de los ojos.
—Es… Es hermoso, Bluesky… Gracias. —Dijo contenta la alicornio con la voz tambolireante.
— ¿En serio lo crees? —Bluesky la volteo a ver y al verla llorar, su sonría desapareció. — ¿Pasa algo malo? ¿Estas bien?
—Todo está perfecto Blue… Solo…— Estaba a punto de decirle todo la que lo que le preocupaba, de echarse a llorar en su hombro, pero se contuvo. No quería que el pegaso se preocupara por el irremediable adiós que iban a tener que enfrentar. —Bluesky… Prométeme… Que si algo me pasa… Seguirías con tu vida. No quedaras estancado conmigo.
—Free… Todos estamos nerviosos, pero nada nos pasar. Iremos con Dark Mist y con Dust. Es imposible que algo malo nos pase. —Bluesky le limpio las lágrimas a la alicornio.
—No se sabe, Blue. No has estado en una guerra o en una batalla, yo sí. Y he visto, como un movimiento en el momento preciso, una evasiva, un golpe., te puede salvar la vida, al igual que un solo error te puede costar muy caro.
El pegaso vio a la alicornio preocupado, no sabía porque le preocupaba tanto eso, la abrazo y sonrió.
—No creo que pase nada, pero si te deja más tranquila… Lo prometo, Freeice.
Ella se acomodó en el pecho de él y este la envolvió con un ala. Miraron un par de minutos el espectáculo de la luz del crepúsculo cayendo sobre la ciudad, hasta que Bluesky le indico que lo siguiera y la guio hasta un pequeño mantenlo, donde había acomodado un canasta llena de comida.
—Pensé que… Sería bueno pasar tiempo solo antes de que vayamos a Canterlot.
Freeice sonrió. Lo que más le dolería dejar, era a Bluesky y le daría lastima también por él. Sabía que tanto ella como el pegaso, se querían con locura, aunque no lo demostraran aun del todo, pero era algo que ella también lo sentía. Tal vez, al que iba a doler más esa separación, iba a ser a su amado Bluesky y no tanto a ella.
Decidió quedarse callada y disfrutar del pequeño día del campo que el pegaso había preparado, el tiempo se convirtió en una mera ilusión mientras las horas pasaban sin que ninguno de los dos se diera cuenta y la luna, fue testigo del joven amor que estaba en la tierra.
Intercambiaron tiernas palabras de amor y cuando el frio les calo los huesos, volvieron a la ciudad, él la acompaño hasta su casa, se despidieron con un beso apasionado y ella entro.
Justo en ese momento, fue cuando toda la ilusión, felicidad y embelesamiento se esfumo de Freeice. Sintió como un nudo de angustia y de miedo le nacía en el pecho y le surcaba todo el cuerpo. Tenía miedo, quería correr y huir, pero no podía. Pego la espalda a la puerta y sintió como empezaba a hiperventilar, mientras se trataba de calamar mientras hundía el rostro lleno de lágrimas entre los cascos.
