L- A estas alturas, ya saben que el Halloween es mi fiesta favorita.

H- Y también la mía, así como la de nuestros compañeros del club de enterradores.

L- Pero hubo un año en que un verdadero terror se manifestó, amenazando con convertir la celebración en un desastre.

H- Ese terror se representó en 2 almas vivas: Hank y Hawk. Averigüé sus nombres luego de aquella vez.

L- Esos bravucones aparecieron de la nada en Royal Woods, llevando una plaga de destrucción y amargura. Justamente ese año, organicé un evento para la gente que salía de noche, pero cuando llegaron, espantaron a mi público y me sumergí en la decepción... Suspiro

H- Más sin embargo, ayudaste a traer al Halloween de vuelta a su máxima expresión, Lucy.

L- Por supuesto. Lincoln recurrió a su capacidad de planificar para detener a esos tipos y habló con nosotros, con su familia. Cuando llegaron, cayeron en nuestra trampa, quedaron tan afectados que huyeron y su reinado de terror desapareció. Las personas volvieron a salir y el festival de los espíritus se alzó en la gloria esa noche.

H- Algo que agradecimos todos. Por tanto, tu siguiente poema está basado en esos chicos.

L- Así es. A pesar de todo, debo asumir que llevaron el espíritu original al llevar miedo a los corazones. Por ello, compartiré mi nuevo texto con ustedes:

Hermanos de la destrucción

Somos los verdugos del lugar
Los hermanos de la destrucción
Somos un ejército de dos
Somos terror en todo rincón

Tan iguales y tan diferentes
Nos dañamos el uno al otro
Pero, con intereses comunes
Confabulamos con nuestros logros

Desde el norte hasta el sur
Cazamos a nuestros adversarios
Desde el oriente hasta el poniente
Gobernamos, de ser necesario

Luchar contra uno de nosotros
Resulta en muerte inmediata
Luchar contra ambos al mismo tiempo
El apocalipsis se desata

«Invicto» es nuestra definición
No hay rival digno de vencer
Solo una facción numerosa
Puede embestir nuestro poder

Somos los reyes del inframundo
Los hermanos de la destrucción
Subyugamos todos los ejércitos
A los débiles, no hay perdón