Andrómeda está encerrada en el cuarto de Diamante, oculta bajo la cama, mientras Zafiro, Dafne, Serena y Rini buscan tumbar la puerta para linchar a la autora.

Hola mis queridas seguidoras, he aquí, otro capi de nuestra historia.

Espero les guste mucho y me perdonen nuevamente por cortarlo en 2, pero es un mal, justo y necesario.

Gracias a todo mundo: a mirel moon, a moonnarusasu, a los anónimos y a mis fans perdidas que desde hace que no se de su existir:

Lucy luna: aparece pronto.

Bonnie: ¿Dónde estás metida?

Iron: ¿Dónde estás?

Ya somos 2.750 personas ¡soy tan feliz! ¡Muchas gracias! Y 45 reviews ¡estoy en la gloria!

¡Denme ánimo! ¡Con un inestimable REVIEW!

Sailor moon, es propiedad de Naoko Takeuchi, yo solo estoy dedicada a expandir el phandon de Diamante.

La negación de Zafiro 1.

La abracé y la hice entrar, me dirigí al pasillo, recogí sus cosas y cerré, ella se sentó en el sofá con la cabeza enterrada entre sus manos, me dirigí a la cocina a buscar te y galletas, unas cuantas cajas de cleenex y regresé con todo eso a la sala.

¿Qué pasó? Pregunté mientras le daba los cleenex, ella los tomó y se secó la nariz, por mas que lo intentó con sus lágrimas, estas no dejaron de fluir, al contrario, era como si cada vez que las intentara apaciguar, estas regresaran con la fuerza de un torrente, la abracé.

-estás temblando de frío. Dije mientras me incorporaba nuevamente, corrí esta vez, a preparar una ponchera de agua caliente para sus pies, como mi princesa seguía en una especie de shock, después de pedirle 2 veces que se quitara la ropa mojada, la alcé con telepatía y me dediqué a despojarla de sus ropas, fue entonces, cuando sentí la primera ola de deseo de toda mi vida, sabía que ese no era el momento, y quería esperar a que fuera plenamente mía (velo, corona, iglesia, etc) además, no tenía prisa por esa consumación porque ella me pertenecía, mi princesa me lo gritaba con su mirada, sus gestos y su cuerpo plenamente, le coloqué mi camiseta evitando mirar mas de lo necesario, pero ese momento, había encendido una chispa que sabía que podría controlar hasta ese día, la deposité suavemente en el sofá, ella tembló y se miró.

-me cambiaste. Dijo –estabas como en shock y no respondías. Me excusé, ella asintió, busqué una toalla, le deshice las chunguitas y me dediqué a su cabello.

- ¿Qué pasó hermosa? Volví a preguntar –mis padres se dieron cuenta de la fuga. Respondió –imposible, esa dosis los debió haber tenido durmiendo hasta las 7 de esta mañana. Ella sonrió –eso pensé yo. Dijo –pero cuando llegué a casa, tenía mi maleta hecha por mi padre, el me dijo que yo era…que era…una chica fácil, que me había revolcado contigo y que no, que el no dejaría que a mi madre y a Sammy les pasara nada por mi culpa, me dijo que haí tenía mis cosas y que no quería volver a verme, que yo estaba muerta a partir de este día. La abracé mas fuerte si eso era posible tras soltar la toalla de la mera impresión.

- ¿Cómo llegaste? Pregunté –invertí todos mis ahorros en el taxi. Respondió ella, besé su frente –todo estará bien hermosa, yo te cuidaré, te protegeré, te lo prometo, estás en casa hermosa, todo estará bien. Ella siguió aferrada a mi y los ojos comenzaron a cerrársele, la urgí a que ingiriera las galletas y el te y cuando no se pudo mantener mas en pie, la cargué y deposité con suavidad en mi cama, me dediqué a arreglar las pertenencias de mi princesa, hasta que mi conejo abrió la puerta.

-papá, ya es hora del desayuno. Dijo, entró –pero papá ¿Qué haces todavía con el piyama? Me preguntó extrañada, la miré con pena.

Corazón, el día de hoy, no podremos ir a jugar tenis como lo prometí. Dije con tristeza, lo lamentaba mucho porque mi conejo era muy buena en tenis y ese era un deporte que me fascinaba, ella miró a mi princesa en la cama.

¿Qué le pasó a Serena? Preguntó asustada –la echaron de su casa. Respondí –perdón, quise decir, de la casa de sus padres, mejor es que vaya y le diga a Zafiro las noticias. Mi conejo asintió, me incorporé y salí con ella hacia el comedor, Zafiro me miró, como me miraba desde hace un par de días.

¿Qué pasó? Preguntó con frialdad –ya se ha realizado lo que me temía. Dije, el abrió mucho los ojos.

¿la botaron de su casa? Asentí –bien, alquílale otro apartamento porque aquí, no la quiero. Me incorporé –no vamos a empezar. Dije –si, si lo vamos a hacer, sailor moon ha sido tu dolor personal, te ha hecho mucho daño y por eso no la quiero. Negué.

Ella ya ha pagado con creces todo el supuesto daño que dices tu, me ha hecho. El negó –ante mi no. Dijo mi hermano furibundo.

Mi princesa se queda. Apunté –no, tu princesa se va, o se va ella, o me voy yo. Dijo Zafiro malhumorado –conejo. Llamé a mi conejo que me miró asustado.

Has tu maleta, nos vamos. Dije, ella dejó caer el tenedor con el que comía los hot cages - ¿Qué? Preguntó mirándome con sus ojos rubíes fijos en mi.

Has tus maletas, nos mudamos hoy mismo. Dije, Zafiro se incorporó de la mesa.

Bien, bien, has lo que quieras, si quieres que se quede, que se quede, pero a mi, no me hables mientras ella esté acá. Dijo mientras tomaba su plato y salía de la cocina, mi niña retomó su comida con lágrimas en los ojos.

Lo lamento conejo, se que es dura la presión, pero tu tío, debe aprender a respetar mis decisiones. Ella asintió - ¿puedo llamar a Vergerite para ir a jugar tenis? Preguntó, asentí, terminé de arreglar las cosas en la cocina y luego, regresé a mi dormitorio a seguir poniendo en orden la ropa de mi princesa y el resto de sus cosas.

Al culminar dicha actividad, escuché el timbre de la casa, escuché como mi conejo abría la puerta.

-hola Karmesite. Dijo la pequeña feliz - ¿lista para un gran día de tenis Rini? Mi conejo asintió –así es. Dijo por fin.

- ¿y el príncipe? Preguntó Karmesite –terminando de instalar a Serena. Respondió el conejo, ella alzó las cejas.

- ¿Qué pasó? Preguntó –el abuelo Kengi la botó de su casa. Dijo mi niña en un susurro, como si le diera miedo la posibilidad de que algo así le pasara a ella, Karmesite asintió.

-ya veo. Dijo, se acercó a mi dormitorio, salí con una bata de baño –ya estoy lista con la pequeña. Me informó, asentí.

-muchas gracias Karmesite. Dije, ella sonrió.

-para mi, es un placer. Dijo con alegría, el conejo rió.

-pórtense bien. Dijo mientras le tomaba la mano a Karmesite.

-seguro que si conejo. Dije guiñándole el ojo –tu, hazle caso a Kar. Ella asintió –así lo haré. Dijo mientras ambas se acercaban a la puerta.

- ¡hasta pronto! Exclamó mi conejo –nos vemos pronto. Dijo Karmesite –regresa pronto, corazón, no olvides que te amo. Le dije a la niña extendiéndole los brazos, ella corrió hacia mi como un tornado rosa y me abrazó.

-yo también te amo papi. Dijo besando mi mejilla, se despidió una vez mas con la mano y ambas salieron del apartamento, cerré la puerta con las llaves y me dirigí al tocador, cuando terminaba mi aseo, noté que mi reflejo se había quedado congelado en el espejo.

-hola blandito. Saludó la voz de mi clon, eché un vistazo hacia mi cama, mi princesa aún dormía.

-así que a ti te debo esta situación. Dije –si, todo para contrariar tu vida. Dijo el, le sonreí –gracias por haberlo hecho, ahora mi princesa estará mas cerca de mi. El rió.

-no cantes victoria tan rápido blandito, hay un millar de cosas que pueden salir mal. Alcé las cejas.

- ¿Cómo cuales remedo mío? No veo que nada lo pueda hacer. El sonrió –tu suegro no se quedará quieto hasta verte destruido. Dijo, miré como mi reflejo regresaba a ser mío.

-copia barata, cuando acabe contigo, me aseguraré de que sientas mucho, pero mucho dolor. Dije mientras continuaba mi aseo con serias intenciones, cuando terminé con este, llamé a Vergerite y le pregunté si podía quedarse con mi princesa, ella asintió y una vez la dejé instalada en el apartamento con la consabida frase: "siéntete a gusto, ya que mi casa, es tu casa" salí a arreglar el asunto que me perturbaba.

En el Laboratorio desconocido, el hombre llamado profesor sufría un ataque de ira.

¡no puede ser! ¡que no podamos hacer nada! ¡contra esas niñas! ¡ni contra ese maldito nemesiano! Biuyúi se hechaba hacia atrás –lo estoy intentando profesor. Dijo aturdida.

¡quiero resultados mi querida Biuyúi! La copa lunar debe ser nuestra, igual la copa negra, así que: quiero que hagas bien tu trabajo. Ella asintió.

As, así lo haré profesor. Anunció, el hombre asintió.

Eso espero, porque no querría ver a mi querida Mimette en tu lugar todavía. Biuyúi se puso pálida.

No, no lo verá profesor. Dijo decidida presa de una indecible ira.

Llegué al diario "la antorcha de Tokio" donde trabajaba el señor Sutkino, al que llamaré de ahora en adelante, bastardo, me acerqué a la recepción.

-buenos días señorita. Saludé a la atractiva recepcionista que al voltear dejó su mirada fija en mi, miré la revista que leía, donde estaba una de mis entrevistas, en esa foto, salí con un traje de baño azul media noche, apoyado con garbo en el barandal de entrada en una piscina de un reconocido hotel del Japón.

-se, señor Diamante ¿en que puedo ayudarle? Preguntó la muchacha pelirroja de ojos azules completamente enrojecida, le sonreí un poco mas –estoy buscando al fotógrafo Kengi Sutkino. Dije con elegancia, como es mi costumbre, ella sonrió.

-cuarta planta, el pasillo del fondo a la derecha. Asentí –muchas gracias. Dije mientras le dedicaba otra sonrisa y un gesto de cabeza.

-espere. Dijo la recepcionista - ¿si? Pregunté –po ¿podría darme su autógrafo y tomarse una foto conmigo? Preguntó, asentí –desde luego. Confirmé –pero no vengo preparado para fotos. Bromeé.

-no se preocupe, con lo que sea que lleve se ve bien. Dijo ella y se tapó de inmediato la boca, cuando su indiscreción no podría ser devuelta a sus labios –gracias querida… dejé el espacio apropiado para que introdujera su nombre a la charla.

-Cynthia, Cynthia señor. Asentí, el firmé el autógrafo y me tomé la foto con ella, por su manera de comportarse, imaginé que bastante había imaginado ser mi compañera en el cartel promocional con Dafne, así que, tomé la misma posición de abrazo romántico, ella colocó la cámara y la foto salió.

-muchas gracias. Dijo desmayada, sonreí y besé su mejilla –gracias a ti, ten un buen día. Dije mientras me despedía con mi elegancia característica, por el rabillo del ojo la miré echarse aire con la revista que leía, tomé el ascensor, en el camino, 20 mujeres me detuvieron para pedirme autógrafos, llegué a la oficina donde claramente decía: "Kengi Sutkino", toqué la puerta y cuando el señor bastardo dio la orden de pasar, entré con paso decidido, miré como su semblante se colocaba pálido.

-buenos días. Dije mientras cerraba la puerta con suavidad a mis espaldas, me acerqué a mi dolor de cabeza y sin ser invitado, me senté en la silla frontal dándole la cara al maldito bastardo de mi suegro.

-no he traído guardias armados. Dije, el parpadeó –así que ¿admites tenerlos? Preguntó –no los tengo, soy modelo, creo recordar que Serena se lo dijo. El negó.

-no tengo ninguna hija…comenzó, pero lo detuve sacando una foto de mi princesa con su vestido verde –si la tiene, es esta mujer. Dije señalando la foto –ella se ha ido de mi casa por estar contigo, un capo de la mafia. Reí.

-usted está loco Sutkino, yo no manejo mafias, y le aseguro que si lo hiciera, ni se enteraría, ni ella misma se enteraría ¿Cómo ha sido tan cobarde para echar a su propia hija a la calle? El se puso escarlata –después de que tu…la sedujiste y la violaste. Comencé a hablar mas suavemente.

- ¿Qué yo que? Pregunté, el tragó saliva, pero no se dejó amedrentar, algo valiente si, pero tonto sin dudar.

-Darien dijo que… pero lo interrumpí –está hablando de un sujeto que me odia, un sujeto que me desprecia con la misma fuerza que yo lo desprecio a el y le juro por su hija, que es mi misma razón de respirar, que no le he puesto ni una mano encima y con respecto a mi acusación de mafioso, es una total mentira. El señor me miró y sacó unas fotos.

- ¿me vas a decir que este no eres tu? Miré a mi clon, negué –ese no soy yo. Dije –si, claro, me ves cara de tonto. Dijo el hombre ofendido.

-yo nunca, usted solo se pone la máscara, lo tenía por un hombre respetuoso y dialogador, pero veo que es un idiota que le cree al cretino de Chiva. El se incorporó.

- ¡Darien había sido lo mejor que le había pasado a mi hija hasta tu llegada! Alcé las cejas ante su exclamación –curioso, pensé que el cambio de su hija no lo había advertido, como ha crecido y sin embargo sigue siendo la misma. Esta vez, su rubor fue de pena.

-si, Serena ha mejorado notablemente y sigue siendo la misma. Dijo a regañadientes –eso no fue por el cretino de Chiva. Apunté, el sacó otra carta.

- ¡fuiste el culpable de que casi se suicidara! Exclamó a la desesperada, yo sonreí –lamento decirle, que el culpable del accidente que me dejó por un mes, en una silla de ruedas fue su querido yerno Chiva, así que: yo tuve tanta culpa en ese desafortunado incidente como la tuvo usted, es decir: ninguna. El apretó los puños.

-después que ustedes discutieron. Comenzó –fue un desafortunado incidente que no se hubiera dado si el maldito de su ex yerno me hubiera dejado en paz y no me hubiera provocado ese accidente. El me taladró.

- ¡tienes 7 años mas que ella! Espetó a la desesperada –la misma edad del cretino aquel, pero a diferencia de el, yo no voy dando lástima, no se preocupe Sutkino, su hija está a salvo conmigo, la cuidaré como usted no hace desde un tiempo, al prestarle mas atención al cretino del ex novio de mi princesa que a su propia hija, si es tan cobarde para no confiar en sus juicios, no lo culpo, esa es la imagen de ella que el maldito de Chiva quería que todos adoptaran, veo que hizo su trabajo bien, porque sus padres no la apoyan. Dejé algo en el escritorio del bastardo al tiempo que recogía la foto de mi princesa y la regresaba a mi billetera.

-mi tarjeta, si le interesa, estudio ingeniería en las mañanas en la universidad de Tokio y en las tardes trabajo como modelo en la agencia "hanson". El tomó la tarjeta con manos temblorosas.

-si alguna vez gusta, estoy allí para cuando deje su maldita soberbia y quiera discutir el futuro de Serena, y no se preocupe, que ella no le va a mendigar nada, todos sus gastos, corren por mi cuenta. Me incorporé de la silla y le dí la espalda.

-buen día. Dije despidiéndome y saliendo de la oficina –voy a demandarte. Dijo el cuando me disponía a cerrar la puerta, me reí incrédulamente.

- ¿ah si? Esperaré al agente que ha de arrestarme. Dije indiferente Y sin darle mas importancia al asunto, cerré la puerta y salí de ese odioso edificio.

Regresé al apartamento, justo para encontrar a mi princesa y a Vergerite en la sala viendo películas y comiendo helado con galletas.

-hola. Saludé con mis compras, comida china y de beber, unas deliciosas latas de coka-cola, ambas me miraron.

- ¿A dónde fuiste Díam? Preguntó mi princesa –a comprar comida china. Dije con tono casual y aburrido, alcé las cejas fingiendo confusión.

- ¿Por qué? Le hice un imperceptible guiño a Vergerite –así es Serena, a eso fue este tontorrón. Asentí –quería encontrar el mejor restaurante para ti, por eso, me tardé tanto. Ella asintió.

-voy a poner la mesa. Anunció, asentí y me senté en el sofá al lado de Vergerite, no quería que mi princesa hiciera nada que la incomodara, que viviera como lo que es, una princesa, pero si ella quería hacer oficios del hogar, yo no era nadie para negárselo y mucho menos prohibírselo.

- ¿Cómo la viste? Pregunté –un poco deprimida. Respondió Verg - ¿se le pasará? Pregunté con preocupación, ella asintió.

-con el tiempo si, que se sienta segura, confortada y protegida por ti, si. Sonreí –eso es un alivio. Dije mientras tomaba el envase lleno a la mitad con helado y galletas.

- ¡eso es comida de chicas! Exclamó Vergerite ofendida –mi helado. Dije tras haber tragado –mi comida de chicas&chicos. Dije mientras tomaba otro bocado - ¡no almorzarás nada! Se quejó Vergerite.

-si almorzaré. Dije mientras tomaba otro bocado - ¡te pondrás gordo y fofo! Exclamó ella fingiendo indignación, negué.

-ni gordo, ni fofo, yo hago ejercicio. Ella hizo morritos –déjame un poquito. Pidió con cara de gatito –nop. Dije tomando otro bocado –anda. Suplicó, negué.

-nop. Repetí, llené una cuchara y se la bailé ante los ojos, ella abrió la boca esperanzada, pero en el último instante, me llevé la cuchara hacia mi propia boca, Vergelito hizo un berrinche bien simpático.

- ¡ahógate en helado! Me gritó. –eso hago. Dije en una risita y me atraganté, ella se rió –haí tienes, por glotón. Dejé el envase impecablemente vacío –ten, ya no quiero mas. Le dije dándoselo, ella miró esperanzada y cuando sus ojos chocaron con el fondo vacío, me dio un coscorrón.

- ¡eres malo Diamante! Exclamó –a veces. Dije, mi princesa llamó:

-chicos, el almuerzo. Dijo, nosotros nos incorporamos medio discutiendo y nos dedicamos a comer, entre risas y bromas, después de tomar el postre que fue una deliciosa torta auspiciada por el monedero de Vergerite tocaron el timbre.

- ¿si? Preguntó mi princesa - ¿el señor Diamante Li? Preguntó el agente de azul uniforme, mi princesa me miró pálida.

- ¿Qué pasa? Le pregunté –la, la policía. Dijo ella aterrorizada, asentí y abrí.

- ¿en que puedo ayudarle oficial? Pregunté solícito, el tomó aire, se notaba que esa situación lo ponía incómodo, tragó –señ, señor Diamante, está usted arrestado por secuestro y violación de menores. Sentí algo aferrado a mi espalda.

-no ¡no es cierto oficial! ¡Díam a mi no me ha secuestrado! ¡Ni mucho menos violado! Me di la vuelta y abracé a mi princesa.

-tranquila hermosa, esto es un malentendido, ya verás, no me quedaré ni 24 horas metido en ese nido de ratas. Ella me aferraba llorando –no, Díam, no vayas. Pidió –el que no la debe, no la teme. Dije con calma, sequé sus lágrimas y besé su frente.

-no tengo nada que ocultar, déjeme ir por mis documentos. Le dije al oficial quien asintió, tomé mi billetera –iremos tras de ti. Dijo Vergerite tomando su cartera, mi princesa me aferraba la mano con la intensidad de un ancla.

-no te vayas. Pedía desconsolada –voy a estar bien, te lo juro. Dije, con mucho dolor, me solté de su mano.

- ¡Díam! ¡Díam! ¡Diamante! gritaba ella por el pasillo y por mas, que quise ir corriendo a su encuentro debía seguir al oficial que había tenido el fastuoso detalle de no esposarme, con todo el dolor de mi alma, seguí hacia el auto patrulla y miré mientras me alejaba, a Vergerite y mi princesa correr al auto de la primera para seguir la patrulla.

-lamento este hecho. Dijo el oficial incómodo, asentí - ¿Quién ha formulado la denuncia? Pregunté, el oficial me miró incómodo.

-el señor, Kengi Sutkino. Asentí con cara de póker mientras pensaba: "esta me la pagas, maldito yo pasado del maldito Endimiun".

Karmesite y mi conejo estaban en el club jugando tennis –eres muy buena Rini. Dijo la mayor, mi conejo sonrió –soy hija de mi padre, es normal que sobresalga en todo lo que hago. Dijo, Karmesite rió.

-la misma actitud de tu padre. El conejo asintió contento –me alegro. Dijo Karmesite por fin, mi conejo la miró.

-lamento que mi tío Zafiro esté molesto. Karmesite le sonrió.

-han pasado muchas cosas Rini, pero estoy segura de que Zafiro se reconciliará con tus padres. La niña asintió.

-eso espero. Dijo, de repente, el altavoz del club llamó a Karmesite, ella miró a la niña.

-espérame un momento. Mi conejo asintió y ella se alejó con energía, a los 20 minutos, Karmesite llegó pálida.

-recoge tus cosas. Le dijo a mi conejo - ¿Qué pasa Karmesite? Preguntó mi niña –han arrestado a tu padre. Respondió ella inexpresiva, cuando tomó su raqueta, esta comenzó a brillar de una manera siniestra.

-no, oh no ¡es un demonio! ¡Es un demonio! Y algo mas aterrador miró mi niña, mi clon la saludó.

-hola conejo. Dijo con malicia.