Capítulo 38.
Cuarto Acto: Miedo-Odio-Ira.
Durante aquella mañana, la del martes 4 de Abril, cuando los alumnos en el colegio se pusieron en pie, los de la casa del león, al tratar de salir de su torre se encontraron con las puertas abiertas. Poco tiempo tardaron en enterarse de que el retrato de La Dama Gorda había perdido toda su esencia mágica y el jefe de la casa, Neville Longbottom, estaba tratando de encontrar otra manera de sellar el acceso al área privada de Gryffindor.
Aquella casa era la única afectada pues para acceder a las otras no requería de un cuadro que preguntara por una contraseña. Era por eso que fue la primera en enterarse durante la mañana, al hacerlo, la noticia corrió veloz despertando a los rezagados y todos iban a enterarse de lo que pasaba.
Los más incrédulos salían y se dirigían hacia la zona donde más cuadros guardaban, las escaleras cambiantes que conectaban todas las plantas, y en poco tiempo toda esa zona se vio atestada de alumnos asombrados por lo acontecido durante la noche.
Hubo llantos pues algunos cuadros eran muy conocidos y admirados entre el alumnado. Los estudiantes iban en busca de los que más afinidad tenían, anhelando que se hubieran salvado de aquella maldición, pero toda esperanza era en vano pues el efecto era general para todos.
Rose, Albus, Scorpius, James y Vega coincidieron en una de las plantas del interconector, justo en la zona media de aquel lugar, que más cuadros tenía en la pared y los admiraban con tristeza. Al igual que el resto de compañeros habían cogido mucho cariño a diferentes personajes que habitaban allí dentro y todos estaban lánguidos.
Albus, sin que nadie entendiera que era lo que hacía, acariciaba la superficie de uno de aquellos cuadros por ver si podía hacer algo, para remediar aquel descalabro, más fue inútil pues nada pasó. Triste, acarició otro pero a la vez sentía que alguien le estaba observando en una parte más alta de aquel conector entre plantas, solo que no le prestó ninguna atención y seguía atento al suceso.
— ¿Qué diantres ha pasado? —Vega estaba triste e indignada a la vez, pues había forjado gran afinidad con los retratos durante aquellos meses y que desaparecieran así de repente fue como si los hubieran matado—. Estos cuadros eran de lo mejor que tenía el colegio. ¿Quién querría hacerles esto?
—No lo sé —Rose le respondía, debido a que los otros estaban muy callados—. Pero el suceso al parecer fue general, no solo ha afectado al colegio sino a todo el mundo.
—Pero: ¿Por qué? —Llorando, observó como Albus acariciaba la superficie de un tercer cuadro, pero después se puso seria pareciendo pensar una posibilidad—. Son ojos y oídos —pronunció de repente dejando a los otros intrigados.
— ¿Qué quieres decir?
—Pensadlo un poco: La desaparición de los fantasmas, estos no necesitaban dormir y podían estar donde quisieran. Los cuadros duermen pero están repartidos por todo el mundo mágico y sirven de espías y de puente de comunicación. Quien ha hecho esto espera moverse más sin ojos vigilando y para que no lo localicemos hace del efecto algo a nivel global.
—Pero, en el caso de los fantasmas, primero fueron los del continente Europeo y en Diciembre afectó al resto del globo.
— ¿Qué quiere decir eso? —pregunta con bastante retórica que la jovencita no tuvo tiempo de auto-responderse pues Rose se le adelantó.
—Que quien está detrás de esto se encuentra en este continente y no en otro.
—Pero de septiembre a marzo ha podido moverse a cualquier parte del mundo. Si hubiera optado por permanecer en este continente, Europa es muy grande, podría estar en cualquier parte —Albus seguía sintiendo que alguien le observaba desde las plantas más altas pero, estando en mitad de aquella conversación, no le prestó mucha atención—. No podemos hacer nada al respecto.
—No quisiera inmiscuirme en conversaciones ajenas, jovencitos, pero tengo la mala suerte de escuchar cuando no me han llamado —El profesor de Astronomía, Damien Stone, llegaba desde las escaleras inferiores y sin quererlo había escuchado parte de aquel coloquio, conversación que por supuesto fue bien recibida su opinión—. "No podéis hacer algo al respecto" —repetía imitando el mismo tono de voz derrotado de su alumno—. Que me duele oír eso. Todos, por cual jovencitos que os creáis que sois, podréis aportar al granito de arena de la montaña. ¿Qué podrían hacer cinco alumnos de un colegio de magia? Aprender, estudiar mucho, practicar, etc. Convertiros en grandes magos que luchen por la causa correcta, solo con eso ya estáis haciendo algo por el futuro. Los grandes logros no llegan por arte de magia, todo se consigue con esfuerzo y perseverancia.
El profesor, sin poder informar más de lo sucedido a los cuadros y tras dejar unos momentos a sus alumnos para que meditaran sus palabras, había logrado subir la moral del grupo. Aunque por un momento todos se quedaron mirando uno de los retratos con las miradas perdidas. Cada cual estaba pensando en sus propios dilemas, problemas personales y era bastante obvio.
—Profesor: ¿dicen algo las estrellas? —James quería preguntarle por su habilidad por predecir algunos acontecimientos futuros y pasados observando el cosmos.
—El cosmos está algo impredecible últimamente. Estrellas brillan más de lo habitual y cambian de color sin razón aparente. Parece que alguien juega con el porvenir a voluntad propia. Lo más curioso es que anoche tres estrellas de la constelación del dragón, de repente y sin explicación, comenzaron a parpadear más intensas e inclusive tres de ellas cambiaron de color en la zona de la cabeza. Una brillaba en una tonalidad dorada muy clara, la otra verde y la última roja.
— ¿Qué quiere decir?
— ¿Sabéis que es la Astronomancia? —preguntó a sus alumnos que no conocían aquel término—. Es una habilidad que muy pocos magos poseen, se sabe que solo lo poseemos tan solo diez personas en el mundo. Observando las estrellas podemos ver acontecimientos futuros, presentes y pasados, aunque no siempre funciona ni divisamos aquello que deseamos. Antes podía prever acontecimientos, pero desde finales de junio mi capacidad de predicción es casi nula. He llegado a tener algunas visiones del presente inmediato pero son muy escasas y se reducen a presentimientos y poco más. Pero lo que quiera que signifique eso, pronto lo descubriremos.
Como no servía de nada quedarse en la zona de las escaleras se dispusieron a ir al gran comedor. Allí esperaban que el resto del cuerpo del profesorado les informara más sobre el asunto, aunque el señor Stone les avisó que no esperaran novedades pues ni él sabía lo que ocurría.
Antes de dar un solo paso, Albus, giró la cabeza pues la sensación de haber sido observado no se le quitaba. Al enfocar hacia donde pensaba que estaba quien le estuviera divisando no encontró a nadie, el lugar estaba vacío. Aunque al recordar los momentos previos creía ver a una persona plantada allí, solo que no se fijó en quién era, tampoco le dio mucha importancia pues pensó que tal vez estuviera allí mirando los cuadros y no a él.
Una vez reunidos en el gran salón, el desconcierto era igual para los profesores como para los alumnos, nadie encontraba explicación a lo acontecido durante la noche. Lo único a lo que se llegó a un acuerdo era que las clases de aquel día habían sido suspendidas y que nadie, por precaución y bajo ninguna circunstancia, debiera alejarse de los muros del castillo hasta nuevo aviso.
El golpe para el alumnado fue mayor que la desaparición de los fantasmas, había millares de cuadros en el castillo y tenían muy buena relación con los alumnos, así que el ambiente era de pérdida generalizada e inclusive se agradeció aquella jornada para que asimilaran semejante situación.
El día, aunque todo el mundo estuviera atento a cualquier movimiento por parte de los enemigos, trascurrió con bastante normalidad. Durante la tarde se sirvió la cena y tras esta todos se fueron a sus respectivas salas comunes a pasar el resto de la velada por allí.
En el Ministerio de Magia, aquella misma mañana había empezado con la noticia de lo sucedido a los cuadros. Los medios de comunicación aun no se habían hecho eco de la noticia en la edición matutina. Al suceder tan imprevisto, a una hora en la que ya habían cerrado sus ediciones, estaban trabajando a marchas forzadas para explicar a sus lectores lo poco que sabían y la edición especial salió a eso de las once de la mañana.
En ella no decía nada nuevo. La prensa utilizaba su típico recurso de decir lo mismo una y otra vez con diferentes palabras; concentrándose en lo circunstancial y sin relevancia para llenar los artículos. Pero, aun sin informar de nada, lo cierto es que se vendían periódicos como caramelos en la puerta de un colegio. Todo lector se quedaba con tantas preguntas como antes de comprar el periódico, pero con la tonta sensación de que al haberlo leído estaba más informado que quien no lo había hecho.
En el edificio de los Aurores, Harry Potter llegaba junto con Ronald Weasley, el día empezaba movido y debían prepararse para cualquier cosa. Todo su personal, al no poder hacer nada por lo ocurrido a los cuadros, se concentraban en sus obligaciones diarias de impedir los secuestros que incrementaran el número de seguidores del William Wood. Aunque, por alguna extraña razón, las sustracciones de personas se habían ralentizado o bien parado en los últimos días.
Su comandante ordenó extremar precauciones en los bastiones de los enemigos. Reforzó la vigilancia en ambos y ante cualquier eventualidad serían informados al instante. Como no sabía en quien podía confiar y quien no, no dijo nada más de lo necesario y se fue a su despacho con el pelirrojo. Allí tenían mucho trabajo por delante. Los informes de las organizaciones oscuras, que estaban tratando de dominar a las pequeñas naciones, dejaron de llegar. Los "aliados" desconocidos habían logrado detener sus avances y los brujos tenebrosos habían optado por ocultarse hasta que la situación les volviera a ser favorable.
— ¿Sabemos algo de quiénes son? —El pelirrojo miraba uno de los informes de un gran combate entre las fuerzas oscuras y sus misteriosos contrincantes en un pequeño país asiático.
—No dejan rastro alguno y los únicos testigos son los magos oscuros que luego se ocultan y desaparecen. No creo que ni William Wood sepa algo, si no puede que ya hubiera intervenido.
—Hablando del señor Wood: solo nos queda una pista ya sea para él o para su compañero y todo Londres lo sabe. Estamos en una lucha constante contra sus fuerzas pero eso no nos evita el problema principal, no tratamos de cortarlo de raíz. ¿Qué hacemos cuando solo quede uno de los dos?
—Cierto es que estamos actuando contra tentáculos en lugar de intentar ir contra el problema principal pero… ¿Qué otra opción tenemos?
—No tenemos nada que impediría, al que quede de los dos, presentarse aquí y tomar el Ministerio o quemarlo por completo… o al menos eso creen —dijo con cierto tono de voz conspiratorio.
—Explícate.
— ¿Recuerdas que anteayer tuvimos un chivatazo? Mientras investigábamos en un local de apuestas de jugadores de póker, en busca de un peligroso preso fugado, vi como uno de los participantes de la partida hecho un farol a los otros. Fingió, sin tener nada, que tenía una jugada muy alta para intimidar a sus adversarios y lo consiguió. Desde entonces la idea no se me va de la cabeza: Debemos ganar tiempo para encontrar la última pista y para obtenerlo deberíamos hacer creer a nuestro último enemigo que tenemos algo que podría derrotarlo. Aunque la triste realidad es que no tendríamos nada pero mientras él no lo sepa todo minuto que ganemos será valioso.
—Una distracción que impida que nos ataquen con toda su fuerza. ¡Buena idea Ron! —Se ponía a rebuscar en su despacho los nombres de posibles agentes que creía que fueran dobles dentro del Ministerio, pero todo eran suposiciones e ideó algo más genérico—. Hay poco margen de maniobra, que hubiera ocurrido esto significa que el siguiente acto está muy próximo y hay que pensar en quien podría ser el desencadenante para que se enteren los magos.
Ambos compañeros dedicaron la mañana a idear un plan relámpago, para hacer creer al mundo mágico que tenían la última pista. Aunque lanzar el rumor anterior no les salió todo lo bien que esperaban, no perdían la esperanza de que aquello les concediera algo más de tiempo. Tenían que hacerlo muy deprisa pues Harry tenía la percepción de que el tiempo que disponían se les estaba agotando y en cualquier momento se produciría un movimiento.
A eso del medio día, sin que nada trascurriera en el mundo mágico, no habían llegado noticias de ninguno de los dos bastiones enemigos. Todo estaba tranquilo y a través de sus patronus, que era el método de comunicación más secreto que conocían para informarse entre ellos en aquel subterráneo, se pusieron en contacto con Hermione que preparó lo que denominaron: Proyecto Pentagrama.
La señora Weasley, que había estado en su despacho enterrada en papeleo del Ministerio y tras acordar lo que iban a hacer, cogió una carpeta clara llena de folios en blanco. Tras dibujarle un perfecto pentagrama en la solapa, en negro menos sus puntas que cada una tenía un color diferente representando cada una de las varitas de cristal, le puso el sello ministerial más importante que existía y salió a toda prisa hacia el edificio de los Aurores. Aparentaba ir en busca de Harry con grandes ansias.
Realizó su papel tan bien que causó gran interés en la carpeta por parte de todo el cuerpo de los agentes de la ley. Lo que hubiera allí dentro tenía, por fuerza mayor, que ser muy importante y el hecho de usar el pentagrama, con sus cinco puntas de colores, dejaba vía libre a la imaginación para que pensaran de qué se trataba de una nueva pista para derrotar a los magos de varita de cristal.
Al entrar en el despacho solo pronunció en alto: "Tengo la última pista.". Lo dijo una vez cerrada la puerta pero lo suficiente como para que se enterasen algunos compañeros en el exterior. Su marido y su concuñado, interpretando su parte de la farsa, le rogaron que fuera más discreta a la hora de venir con semejante bombazo. El rumor de que ya no contaban con una última carta comenzó a extenderse por todo el edificio, tranquilizando a muchos y poniendo nerviosos a los partidarios del mago de varita azul.
Sea lo que tuviera aquel trío de personajes parecía importante. Más de un compañero del cuerpo trataba de acercar el oído a la puerta para enterarse de lo que sucedía, pero lo único que podían escuchar era que aquello era de alto secreto y debían ocultarlo hasta que fuera necesario su utilización.
El improvisado movimiento, por parte de Harry y sus dos familiares, fue más efectivo de lo que se esperaban,. Antes de abandonar el despacho el rumor de aquella misteriosa carpeta, con el pentagrama en la solapa, había llegado hasta la parte más recóndita del Ministerio. Daban la impresión de que era algo de vital importancia que, para mayor seguridad, lo esconderían en un lugar en donde nadie podría hacerse con él.
En el departamento de prensa no tardó mucho en llegar el rumor y todos por allí pidieron explicaciones a Ginny, pero esta no sabía nada del tema y si lo sabía tampoco lo iba a revelar. Todos por allí hablaban de la carpeta con el Pentagrama que parecía guardar información vital dentro de ella.
Verónica Fletcher estaba en su despacho preparando su siguiente artículo con doble intencionalidad con respecto al cuerpo de los Aurores. Como había prometido a Harry informar con más verisimilitud sobre la actuación de los agentes de seguridad del ministerio, ahora, los estaba poniendo por las nubes. Sabía y era consciente de que ella había publicado el Manifiesto de William Wood, por eso estaba en el punto de mira de los enemigos del brujo y debía realizar una impecable labor que disipara las dudas que tuvieran sobre ella.
Al enterarse de la famosa carpeta, de la que todo el mundo hablaba, primero mostró interés en ella pero luego comenzó a recapacitar. Había estado siguiendo los movimientos, hasta donde podía, de tanto el matrimonio Potter como el Weasley. Sus entradas y salidas del Ministerio. Como una espía había contactado con los leales a William para que fueran sus ojos y sus oídos por todo el subterráneo y aquella nueva revelación la pilló por sorpresa.
Desconfiada, mientras todos sus compañeros estaban llenos de alegría y se mostraban tan entusiastas de que por fin habían dado con la próxima pista, la reportera dedicó todo su tiempo a pasearse por el Ministerio en busca de información. Preguntaba a ciudadanos, Aurores, senadores "temporales" y a todo el que se le cruzaba por delante, aunque ninguno sabía nada al respecto.
Ella podía ser muy retorcida a la hora de pensar sobre la sorprendente aparición de aquella misteriosa carpeta. Se fijó en los hechos circunstanciales y preguntó por si la habían visto ir o venir del despacho del difunto senador o bien si alguien había salido de allí corriendo portando algún documento. Al conocer que nadie salió, ni entró, por allí de manera insólita siguió reuniendo información. Después averiguó que Hermione había estado en su despacho desde primera hora de la mañana y no había recibido visitas desde entonces hasta que salió a toda prisa hacia el edificio de los Aurores.
Con todos los datos que disponía le hizo pensar que o bien alguien le había puesto la pista delante de las narices, o bien se trataba todo de una estratagema. En un folio en blanco, dibujó una línea partiéndolo por la mitad, en un lado comenzó a escribir los argumentos que apoyaran de que era algo verídico por un lado y de una farsa por el otro.
Tras relacionar que era más que probable de que se tratara de una vil forma de intimidar a William Wood, en lugar de compartir sus sospechas con sus aliados y, tras soltar una risa cínica, optó por esperar a descubrir que pensaban hacer con aquella carpeta. Pareciera que intuía algo y comenzó a escribir un nuevo artículo dándole total credibilidad a la noticia de que el Ministerio había encontrado una nueva pista contra los enemigos. No hizo falta informar al brujo por el descubrimiento de la carpeta pues ya los rumores le habían llegado y ella, que no estaba marcada, que podía hacer lo que quisiera y conspirar cuanto quisiera, solo le confirmó la noticia.
La jornada en el Ministerio fue más intensa de lo esperado, aunque por lo general, toda labor administrativa acababa a eso de las cuatro y media de la tarde, al tener tantas reuniones tratando de averiguar lo sucedido a los retratos, muchos funcionarios tuvieron que quedarse hasta bastante más tarde. En el caso de Harry, el senado, le exigía explicaciones con respecto al Proyecto Pentagrama pero, al ser de alto secreto y ser una mera gestora, el comandante se escudó en el carácter confidencial del plan.
Tras un día de gran tensión y sobresaltos, por las noticias que llegaban desde primeras horas del día, a eso de las nueve y cuarto de la noche se disipó el estado de alerta en el que estaban desde primeras horas del día. Al ver que no pasaba nada extraño en los bastiones de los enemigos decidieron dejar el suceso como lo acontecido durante el día 21 de diciembre, cuando desaparecieron la totalidad de los fantasmas del mundo.
Harry permaneció en su despacho desde las ocho hasta aquella hora, como cualquier ciudadano que pensaba que nada extraño iba a pasar durante el resto de la jornada, se preparaba para irse a su casa. Ronald le esperaba en la segunda planta del edificio y las mujeres de ambos aguardaban en el Atrio. Ginny era la única que no tenía porque quedarse hasta tan tarde por allí, pero prefirió aguardar para volver a casa todos juntos.
El comandante miraba el cuadro que tenía en su oficina, como este solo era oscuridad. La imagen de la dama, que lo comunicaba con su casa, estaría inmóvil en su morada y en su lado solo era un retrato de tránsito. Todo su despacho, aun quedando dos enemigos a combatir, volvía a ser un verdadero caos de torres de capetas y archivos. Tenía que reunir mucha fuerza de voluntad para ponerse a organizarlo todo, pero lo dejaría para más adelante y ahora solo quería irse a casa.
El matrimonio Weasley y su mujer, cansados de esperar en las otras zonas, acudía hasta allí para instarle a darse prisa. Ante la presión social, el Auror, apagaba las luces de la oficina, cerraba la puerta con llave y lanzaba un conjuro protector que evitaba intrusos.
Cuando iban a moverse para ir a la zona de las chimeneas de trasporte, fue entonces cuando escucharon pequeños pasos en el interior de su despacho y como, a continuación, algo caía dentro. Tras mirarse los unos a los otros, preguntándose que acababa de ocurrir, a toda prisa volvieron a abrir la puerta mientras sacaban las varitas y se preparaban para cualquier cosa.
Al encender las luces todo estaba más o menos igual, no había rastro de ninguna presencia, pero lo que si había en el suelo eran tres carpetas tiradas por allí. Tras darse una vuelta por toda la oficina en busca de quien había producido aquellos pasos y no dar con nada, se centraron en las carpetas que habían sido descolocadas.
Ginny recogía la primera, que tenía relación con el día 18 de Diciembre, el día en el que el hechizo que protegía la profecía hizo una leve reacción. Habían tratado de localizar al propietario de esta pero aquel día acudió al Ministerio muchísima gente indignada por el caso del encubrimiento de los delitos de un ministro y no se pudo averiguar nada.
Ronald se encargó de recoger la segunda carpeta, está mucho más reciente, en ella estaba todo lo que habían sacado de la red con respecto al Dragón del Génesis y el punto exacto en el que si se le lograba golpear le obligaría a tomar tierra. Aunque no supieran que utilidad podría sacar con ello, se preguntaron el motivo por el que la habían sacado de su lugar, si era lo que más tenían presente.
Hermione se encargaba de recoger la tercera carpeta, en la que había recortes de periódico y todo informe relacionado del día 18 de diciembre. En todos ellos hablaban del suceso de acoso escolar entre James Potter y Scorpius Malfoy.
— ¿Esto es normal? —el pelirrojo preguntaba al ver como les habían dejado tantas pistas con tanto descaro.
—No, no es normal —Hermione respondía mientras todos buscaban un lugar donde sentarse—. La intencionalidad de ponernos esto frente a las narices es muy sospechosa. O bien algo ha ocurrido o va a ocurrir muy pronto que ha tenido que facilitarnos el camino. No encuentro otra manera de entenderlo.
— ¿No se supone que nuestro némesis lo tenía todo bien planificado? —Ron estaba pensativo—. Algo ha cambiado en sus planes pues todo está resultando muy precipitado. ¿Tendrá algo que ver con esa "ayuda" a Teddy? —al formular aquella pregunta miraba a Harry.
—No lo sé.
El comandante, mirando la hora que era próxima a las diez de la noche, lanzaba a continuación un conjuro para proyectar cartas que partirían a toda velocidad a convocar a todo el cuerpo de los Aurores del país, que no estuvieran actualmente de guardia, a reunirse en el Ministerio. A toda velocidad salía hasta la puerta de su despacho, ordenando que tuvieran listo el arsenal del edificio y se fueran equipando a los agentes a medida que fueran llegando.
Los otros tres estaban observando, sin conocer sus intenciones, de lo que Harry hacía con tanta prisa. Este se dirigía hacia la sala donde estaba la red de espejos dobles a nivel internacional para alertar a todos de un próximo movimiento por parte de Igor Morris.
— ¿Qué ocurre? —Ronald, que lo seguía junto a las dos mujeres, le preguntaba.
—El Cuarto Acto se va a producir en breve.
— ¿Tan seguro estás?
—Lo han dejado todo bastante claro: la información sobre el dragón, la profecía y su destinatario. No lo había relacionado hasta ver el informe.
— ¿Qué quieres decir?
— ¿Recuerdas ayer en la estación? ¿Cuando hablamos al despedirnos de los pequeños? ¿Quién no se ha presentado por el Ministerio desde el día 18 de Diciembre?
—Draco Malfoy —Su compañero recordó lo que el rubio les había dicho en la estación— ¿Crees que la profecía le pertenece?
—Es lógico —Su mujer intervenía en la conversación— ¿Qué sentido tendría que hubieran sacado la carpeta de todo el asunto entre Scorpius y James? Más que indicarnos la fecha en la que Draco estuvo por el Ministerio.
—Enviadle una carta urgente, que se presente cuanto antes en el Ministerio.
—No hace falta —Ginny se paraba en seco y Hermione se quedaba a su lado—. Vamos a buscarle ahora mismo en la primera chimenea de trasporte y se lo decimos en persona.
—No perdáis ni un segundo.
Tras dividirse en dos grupos, las mujeres partieron hacia la zona de las chimeneas mientras Harry y Ronald llegaban a la sala de los espejos dobles. Fue entonces cuando comunicaron a toda nación, que estuviera conectada, para alertar de que debían ponerse en máxima alerta, debido a un inminente ataque por parte de Igor Morris.
Los primeros países que fueron alertados fueron los que más cerca estaban del Santuario de Dragones, Noruega, Suecia y Finlandia. En el caso del primero de los tres países un responsable se presentaba a Harry Potter.
—Harry, si el ataque es inminente: No hemos tenido tiempo de descifrar el conjuro.
— ¿Qué conjuro?
—El que nos habéis enviado desde vuestro Ministerio, la fórmula del hechizo mata-dragones.
— ¿Qué hemos enviado qué?
—Un mensajero lo está llevando ahora mismo al Instituto Durmstrang. Por seguridad pensaban resolverlo allí.
—No puede ser —El hecho de saber más sobre la vertiginosa manera en la que se estaban produciendo los acontecimientos, le hizo pensar que todo ello era como consecuencia de la ayuda que podría recibir Teddy Lupin en el futuro; cuando le advirtieron que tal vez para librar del problema a una sola persona tendría que meter en problemas a millares.
Fue ese el momento en el que a Harry le pareció habérsele caído el mundo encima. Peor fue cuando, a través del reflejo, pudo escuchar como en el Ministerio Noruego se producía un terrible rugido y a continuación un terremoto. El espejo del lado de aquel país nórdico se destrozó en mil pedazos rompiendo la conexión entre ambos.
Más o menos cinco minutos antes, en el Instituto mágico del norte europeo, llegaba a unas horas fuera de lo común el agente que portaba el sobre con el conjuro que le habían "enviado" desde el Ministerio de Londres.
Aquella edificación era un magnífico edificio de cinco plantas, de estilo neogótico y de piedra oscura. Oculto a los ojos de ambos mundos, tanto mágico como muggle, construido justo en la mitad de la desembocadura de una catarata, en el que en su costa izquierda había una grandiosa cordillera y a la parte derecha un vasto bosque donde, muy en la distancia, se encontraba un gran núcleo poblado. De nombre Magiyaburg, era el hogar para las personas mágicas de aquella zona de Europa. Por su terrible clima, tiempo atrás, era poblado por menos de quinientas personas pero, en la época actual, se había popularizado aumentando su población hasta alcanzar casi los veinte mil habitantes.
En el preciso lugar donde se encontraba el edificio había un fantástico saliente de la catarata, a modo de patio mirador arbolado. Este saliente era la interconexión de un puente que conectaba ambas orillas del grueso río con la escuela. Maravillosas vidrieras adornaban el frontal y los laterales, en la que la más vistosa era la que estaba justo encima de la entrada principal, donde se podía divisar el escudo de la fraternidad.
Justo en ese momento llegaba el enviado del gobierno hasta el gran mirador. Las enormes puertas de la escuela se abrían ante la inesperada visita y el mismísimo director salía a recibir al invitado.
Mientras ambos entraban en el interior y las puertas se cerraban, el agente le explicaba el reciente encargo por parte del ministerio y le entregaba el sobre cerrado para que le diera un vistazo rápido a la fórmula mágica. Pero cuando el director abrió el sobre, la nota en la que estaba escrita el proyecto de conjuro, estaba en blanco. Tanto este como el que la había llevado hasta allí se quedaron perplejos.
A continuación sintieron un ligero temblor de tierra a la vez que diferentes cúpulas de energía verdosa rodeaban el colegio por completo a diferentes distancias. Las que estaban más próximas al área de la escuela se desvanecían pero las que estaban más alejadas permanecían vigentes. Sin saber cómo habían dado con el paradero de la escuela, sin poder evitarlo, los habían aislado en el interior y todo el edificio quedó al descubierto a la vez que cualquier método de huir de allí había sido neutralizado.
El primero en intentar huir fue el agente del gobierno que, tocando el traslador que lo había llevado allí, desapareció pero reapareció al segundo desintegrándose contra la pared de energía verdosa. Fue entonces cuando el director supuso que se trataba de una provocación para marcarlos como un objetivo.
Todo el colegio activó su protocolo de defensa; los alumnos y profesores capacitados para defenderse fueron llamados a las armas y como primera opción fue la de reforzar el poderoso conjuro defensivo que rodeaba la escuela. Los nervios estaban a flor de piel entre los alumnos adultos mientras que los más jovencitos, ante la imposibilidad de evacuación, los refugiaron en la parte más segura de todo el edificio.
La noche era oscura y muy fría pero estaba despejada en su totalidad. Al cabo de más o menos una hora sin ninguna información, lo peor era que no acudía nadie a prestarles ayuda pues no había trascendido la noticia de que los habían sitiado y aunque ahora eran visibles para la ciudad, que no estaba muy lejos, los habitantes no sabían que necesitaban ayuda urgente.
Algo debía estar pasando para que no acudiera nadie y al cabo de un rato, tras las montañas de la cordillera que estaba en una de las orillas del río, lo vieron aparecer de la nada. Primero pudieron ver sus poderosos ojos verdes a la vez que volvía visible su forma. Era un gigantesco dragón, de al menos sesenta metros de largo, acorazado con afiladas escamas negras, de alas cortantes a diferentes alturas que lo hacían una máquina de destrucción. Poderosas patas con zarpas desgarradoras, una cabeza repleta de puntiagudos cuernos y terribles colmillos. Lo que antes parecía ser un dragón herbívoro, que solo estaba capacitado para la defensa, se había trasformado en una bestia carnívora y aterradora.
El pánico cundió entre el alumnado y el profesorado al detectar que la bestia tenía la vista fija en ellos y al alzar el vuelo emitió un violento rugido, que puso en guardia al núcleo poblado más cercano. Volando furioso se aproximaba a la mitad de la catarata y lanzó una llamarada de fuego que primero despojó a la escuela de su conjuro defensivo, que estaba fuera de los límites de su perímetro, pudiendo haberla prendido hasta sus cimientos. Pero no llegó a eso y las llamas se disiparon al aproximarse al edificio. La restricción impuesta por quien estuviera por encima de Igor, aquella que protegía el colegio, la estaba defendiendo del poder de aniquilación de la criatura.
Con la fuerza bruta intentaba destruirla con una segunda arremetida. Volaba a toda velocidad, con sus terroríficas alas desplegadas, trataba de que estas impactasen sobre la estructura del edificio pero desaparecían si se aproximaba al perímetro y tuvo que desistir de tratar de devastarla por cuenta propia.
Furioso por no haber podido destruir la escuela, aun manteniéndola cercada, volaba hacia el núcleo urbano, cuyos habitantes montados a escoba se aproximaban a defender el Instituto. Aunque era un suicidio atacar al dragón, muchos de los habitantes de aquella pequeña ciudad eran los padres y familiares de los alumnos a los que estaba atacando.
Ignorándolos a todos, los dejó atrás mientras sus ojos verdes se encendían en una energía verdosa. Los magos que trataban de detenerle contemplaron con horror como tras las montañas llegaba una legión de dragones directos a la escuela, sin saber qué hacer, fueron a su encuentro para impedir que la alcanzasen.
Estando en pleno vuelo en dirección a la ciudad, entre las juntas de todas las escamas del dragón principal, una energía verdosa brillaba con mucha intensidad y al liberar aquella fuerza, aunque no lo pronunció, provocó un formidable Avada Kedavra que se expandió como una onda expansiva hacia todas direcciones. Provocando una masacre, que afectó solo al ser humano, acabó con la vida de todos los habitantes que se hubieran quedado en la ciudad como todos los que volaban a defender la escuela.
El conjuro hubiera afectado al instituto Durmstrang si no hubiera estado protegido por un poder superior. Aun no siendo afectados por la maldición, los que estaban divisando todo lo que ocurría desde el exterior, se horrorizaron al ver como todos los que iban a escoba a defenderles caían de estas inertes, algunos se estrellaban contra el suelo y otros caían en la corriente y desaparecían al caer por la cascada.
Todo el conjuro tuvo un radio de acción de al menos ocho kilómetros, pero al estar en una zona tan aislada, quien se llevó la peor parte fue la comunidad mágica del norte de Europa que vio su población reducida a cero al instante. Ni los que habían tratado de escapar a su cruel destino a través de una aparición, un traslador, o bien una chimenea de trasporte lograron salvarse. La muerte les siguió, a donde hubieran tratado de huir, acabando con su vida y de todos los que estuvieran cerca de ellos en ese instante.
Tras haber logrado su objetivo prendió fuego a la zona poblada, sin permitir que las llamas afectaran a los bosques de alrededor, redujo aquella ciudad en cenizas a la primera llamarada y después se posó en las montañas a divisar lo que sus dragones hacían con la escuela.
En el instituto, aquellas criaturas lo sobrevolaban lanzando sus llamas a los conjuros que habían vuelto a ser activados. Lento pero constante los estaban desintegrando, trascurrida media hora lograron disiparlos del todo y comenzó el asalto al interior.
Era extraño, los dragones, si se adentraban dentro del colegio pareciera que perdían el control que su señor tenía sobre ellos y trataban de huir de allí al encontrarse en un entorno tan violento pero, si se alejaban del edificio, volvían a quedar bajo el dominio del dragón que los forzaba a abalanzarse contra los estudiantes otra vez. Tanto fue así que acabaron volviéndose locos y el ataque era brutal.
Los conjuros contra ellos se producían sin parar, pero eran demasiados dragones y no podían con todos, sin poder evitarlo divisaron como prendían fuego a partes de la escuela y tuvieron que dividirse entre los que se defendían del ataque y los que trataban de contener las llamas.
Mientras trataban de controlar el incendio, las criaturas se apartaron de la escuela a la vez que los terribles Dracónidos Ugandianos hacían acto de aparición por allí. Girando sobre sí mismos, a gran velocidad, proyectaban sus espinas venenosas en tal número que muchos alumnos y profesores fueron alcanzados en el acto y sus gritos de agonía eran terribles. Los alaridos suplicando ayuda e implorando piedad estaban resintiendo la moral del resto. Entre llantos de los menos fuertes comenzaban a entender que si no recibían ayuda pronto ninguno iba a sobrevivir a aquel ataque.
Las llamaradas seguían produciéndose por parte de los escupe-fuegos, los que poseían colas acorazadas dañaban la fachada abriendo brechas por donde introducirse en el interior y de vez en cuando estos se apartaban para una nueva arremetida de los lanza-púas. El asalto al instituto se había prolongado durante una hora angustiosa, siempre bajo la atenta mirada del dragón líder que, estando tan lleno de ira, se fijaba como una de sus criaturas atrapaba a un alumno y lo sacaba volando de la zona de seguridad. Al estar entre sus garras no fue desintegrado al cruzar la barrera que sitiaba el colegio y ahora, al tener bajo su dominio a quien lo había atrapado, hacia que lo llevara hasta él para que, ignorando sus gritos de compasión, le lanzaba una violenta llamarada, que no afectó al dragón, pero si calcinaba al jovencito que tenía entre sus zarpas.
La escena era dantesca y dramática. Llantos que rompían el corazón de quien los escuchara, terribles gritos de agonía, muerte y sangre por todos lados. Adolescentes corriendo huyendo de aquellas bestias que estaban fuera de sí. Los profesores sabían que perdían la batalla y los alumnos más jóvenes tuvieron que salir o perecerían en silencio sin posibilidad de luchar por sus vidas, pero su momento fue más bien breve, eran carne de cañón para las criaturas que los devoraban en su estado de locura extrema.
Observando como los habitantes de la escuela luchaban por su vida con gran brío, lo que en otro tiempo fue Igor Morris, se fijó que una nube blanca se aproximaba hasta el saliente de la catarata, siguiendo el curso del río. Aquella espesa nube era una bruma a ras de la superficie que lo envolvía todo y no dejaba divisar nada de lo que hubiera tras ella.
Alzando el vuelo se quedó sobrevolando a una distancia prudente de la desembocadura. Los dragones cesaban su ataque, se replegaban a las montañas mientras toda aquella espesa nube envolvía el colegio, limitando la visión de quien estuviera dentro a poco más de un palmo de distancia y el olor de aquella niebla era extraño.
La espesura llegó hasta el último rincón del colegio y aunque los alumnos no lo supieran, el director de la escuela, que aun seguía con vida, bajaba la varita derrotado pues sabía que aquello era el final. Algo los rondaba sobrevolando y sabía que eran los Voladores del Pacífico. Cuando su hálito llegó hasta el último rincón del edificio, prendieron fuego a la bruma consiguiendo que todo ardiera en el acto, ningún conjuro pudo protegerles de la devastación y fulminaron hasta la última vida de la escuela y esta quedó reducida a cenizas.
Tras la increíble llamarada, que iluminó el cielo durante unos segundos, todo quedó en silencio sin afectar un ápice de los bosques y animales que rodeaban el lugar. Los dragones se posaban en las faldas de las montañas colindantes, mientras su líder aun sobrevolaba muy cerca de las cenizas que habían quedado de la escuela. Muy despacio se aproximaba hasta donde antes se ubicaba el edificio y sin que nada se lo impidiera se posó en los terrenos que antes le estaban vetados.
Tras lanzar un rugido atronador, que tenía un tono tan elevado que si hubiera algún ser humano por allí lo hubiera dejado de oír por su intensidad, sus criaturas sí que podían oírlo y no solo por allí. Su llamamiento se extendió muy lejos de donde estaban y dragones de todas partes del globo acudían a su llamada para formar parte de sus legiones.
Destrozó por completo el saliente en la cascada, donde antes se encontraba la escuela y dejó el entorno como si nunca hubiera habido una construcción por allí. Fue entonces cuando alzó el vuelo en busca de su siguiente objetivo. Tras él sobrevolaban sus huestes, que lo seguían allá donde fuera, y volviéndose todos ellos invisibles tomaron dirección oeste. Con bastante calma, para que diera tiempo de llegar a los refuerzos alados, se dirigían hacia la Europa occidental.
En Londres, poco después de perder el contacto con el Ministerio Noruego, los agentes que tenían apostados en el Santuario de Dragones informaron de un movimiento masivo de aquellas criaturas, poco antes de que todos estos fueran exterminados, siendo devorados por ellos.
Harry solo podía echarse las manos a la cabeza sin saber hacia donde podrían dirigirse. Necesitaban información y la necesitaban rápido, no podía moverse sin que Draco Malfoy acudiera para recibir la profecía.
En el ministerio cundió el pánico ante lo que fuera a suceder. Los agentes acudían lo más deprisa posible a su lugar de trabajo y se equipaban a la vez que escuchaban rumores de que el Ministerio Noruego estaba siendo atacado por la bestia, que exterminó todas sus defensas, reduciéndolo a cenizas con una sola llamarada.
Harry, en la sala de los espejos, recibía información de los otros países. Le confirmaron que la primera parada del dragón fue, en efecto, el gobierno de aquella nación y que había suprimido de golpe todas sus defensas y a sus defensores. Después partió rumbo desconocido, volviéndose invisible tanto él como sus huestes.
La moral entre las tropas, al enterarse de que todos los ejércitos resultaron erradicados de golpe, se preguntaban si era conveniente atacarle o bien dejar que se desahogara contra lo que quisiera que fuera. Pero el mazazo fue aun más fuerte cuando confirmaron que habían exterminado toda la población mágica del norte europeo. Ahora estaban atacando el Instituto Durmstrang y nadie podría acudir a tiempo para ayudarles.
Tanto Harry como Ronald se aterraron al ver que se había atrevido a atacar un colegio y ordenó la inmediata evacuación de Hogwarts, pero para su desgracia este también se había visto afectado por el campo de energía verde que impedía que nadie escapara de allí y por supuesto que nadie entrara a ayudar.
El pánico cundió en los ciudadanos, que aquellas horas estaban en el Ministerio, pues eran muchos los que tenían a alguien que les importaba cursando en la escuela al norte del país. Quisieron pedir ayuda a los países vecinos y la primera opción fue Francia, pero fue entonces cuando le confirmaron que la Academia Beauxbatons estaba en la misma situación que su homólogo escocés. La situación se tornó más preocupante cuando descubrieron que todas las escuelas de magia estaban en las mismas condiciones.
Mientras esperaban a que llegaran las tropas fue cuando les confirmaron, gracias a los satélites muggles, que el asalto al instituto estaba resultando terrible y que no había salvación para los estudiantes pues las legiones de dragones eran innumerables y estaban siendo escoltadas por el más grande e inmune de todos.
Ginny llegaba con Draco Malfoy, que no sabía bien que estaba pasando, hasta el edificio de los Aurores. Harry daba gracias al cielo de que hubiera llegado pues, que hubieran bloqueado los colegios, significaba que lo que estaba haciendo en el instituto pensaba hacerlo en todos los enclaves mágicos. Sin perder un segundo llevaba a Draco hasta la entrada del edificio principal, mientras le informaba de la terrible situación en la que se encontraban sus hijos, contagiando su angustia en el rubio.
Aunque tenía la fuerte convicción de que era el legítimo dueño de la última pista que contaban, tan solo al entrar, se desmotivó al ver que el conjuro que estaba aún vigente no reaccionaba con su presencia. Al estar al lado de la profecía sin que esta hiciera reacción las esperanzas del grupo disminuían y ahora no sabían bien qué hacer.
—Es imposible, ¡tenías que ser tú! —Harry, al ver que no reaccionaba, se quedó arrodillado y atónito. Si no era Draco su propietario entonces ya no sabía qué rumbo tomar que no fuera el suicidio al enfrentarse a los dragones—. La profecía hizo reacción el día en que acudiste al Ministerio. Tenias que ser tú, no nos queda otra opción si queremos salvar a nuestros hijos.
—Me da igual si soy o no soy, algo tenemos que hacer para defender a nuestros hijos —En aquel momento llegaba Ronald con algunos Aurores, del resto del país, que acudían a incorporarse al llamamiento de su comandante y su cara era de asombro al saber lo mismo que su amigo: Draco no era el dueño.
La media noche llegaba y con ella más malas noticias. Se confirmó la completa destrucción del colegio norte europeo. Conocer ese dato hizo que, aunque fuera un suicidio, los Aurores pretendieran ir a por sus escobas de vuelo y partir directos a interponerse en el trayecto de la jauría de bestias, que deberían estar aproximándose ahora. Pero antes de dar un solo paso el conjuro que protegía la profecía hizo reacción, aunque fuera muy leve, indicando que su propietario estaba cerca.
—Harry —Al quedarse todos por allí perplejos y en silencio, el rubio recapacitó sobre el día 18 de diciembre— aquel día no solo acudí al Ministerio yo, también lo hizo mi mujer, solo que ella no entró en el edificio de los Aurores y se quedó en la puerta.
— ¿Qué?
La señora Malfoy, Astoria, llegaba al Ministerio acompañada por Hermione Weasley, que se había quedado esperando por ella en la residencia a que se abrigara. Como no había sido informada del porque de tantas prisas, no se imaginaba lo que estaba pasando y a medida que se aproximaba al puesto de control, el conjuro detector se amplificaba indicando que era ella la receptora de la predicción. Todos allí se quedaron perplejos y la mujer se extrañaba que la mirasen tan expectantes.
—Astoria Malfoy, en tus manos está la vida de todos nuestros hijos — le dijo Harry, tras darle un rápido resumen de la situación actual, sacando su varita consiguiendo deshacer el puesto donde la tenían oculta y la profecía estaba ahí para que la recogiera—. Esto es tuyo.
La mujer se acercaba hasta la esfera que esperaba por revelarle sus secretos, bajo la atenta mirada de todos los otros, esperaban que escuchara lo que tuviera que decirle y luego se los comunicara. Sujetándola la recogía y la alzaba hasta la altura de su cara y fue entonces cuando pudo escuchar su contenido.
Al cabo de un rato, en el que solo ella pudo oírlo, se quedó un momento pensativa mirando a su marido. Mientras todos la miraban esperando que les dijera algo, cuando Draco le dio la mano al verla tan vacilante, en voz alta les fue relatando lo que le había dicho.
"Tres Dragones bajo la noche estrellada se han de encontrar.
El Primero lleva su nombre.
El Segundo ostenta su forma.
El Tercero tiene su sangre.
Muchos serán los que traten de retar al que ostenta su forma, pero solo aceptará el desafío del que lleva su nombre. Si lo hace en soledad será solo entonces cuando el que tiene su sangre aparezca, desencadenando la Batalla de los Tres Dragones.
Solo colaborando el Primero y el Tercero, podrán retener al Segundo hasta que la Gran Serpiente Colorida aparezca y los engulla a los tres."
Al decirles su contenido todos se quedaron por un segundo tratando de sacar algo en claro de la revelación. Hermione se había quedado mirando a Astoria mucho más que el resto. Su actitud, antes y después de descubrir la predicción, no le resultó del todo clara.
— ¿Serpiente colorida? ¿Los tres dragones? —preguntaba Ronald mirando al rubio— Draco es dragón en latín. Eres tu el que lleva su nombre.
—No soy el único en el mundo con ese nombre. ¿Y si nos equivocamos?
—Ronald Weasley tiene razón. Tú eres el que lleva su nombre —la señora Malfoy confirmó la teoría del pelirrojo con tanta decisión que Hermione la miraba aun más intensa, al intuir que ocultaba algo.
— ¿Tengo que retar a Igor Morris solo? ¡Es un suicidio! Me aniquilará tan solo al aproximarme.
—No solo vas a tener que desafiarle, sino que también vas a tener que luchar contra él —Harry con la carpeta en la mano, con todo lo relacionado con el dragón del Génesis, se la pasó al rubio para que la leyera y memorizara. No le interesaba saber más respecto al asunto, quería ponerse en marcha cuanto antes pues cada segundo contaba.
—No me importa dar mi vida si con eso salvo la de mi hijo pero: ¿Qué pasa si no aparece el tercero de los tres? O bien ¿alguien sabe lo que simboliza la serpiente?
—Confía en los designios del destino. Tú puede que te encargues del trabajo más duro, pero nosotros te acompañaremos para evitar que los ejércitos alcancen los colegios.
Mientras muchos en el cuerpo de los Aurores y algunos periodistas de guardia, que se habían acercado a conocer más sobre la noticia, todos ellos lo miraba como la única esperanza para el mundo mágico. El rubio se armó de valor y mirando a Harry con decisión le afirmó con la cabeza a que iban a por todas. Harry y Ronald se llevarían a Draco hasta el bastión de los Aurores a armarlo para lo que le estaba por venir.
Astoria Malfoy se quedaba atrás con la esfera en la mano y Hermione no se fue con el resto. Esperó a estar a solas con ella. Aunque ambas pensaran participar en la batalla para salvar a sus hijos, fueron las últimas en salir de allí y cuando por fin pudo acercarse se cercioró que la mujer de Draco estaba apesadumbrada.
— ¿Qué más te ha dicho? —le preguntó sin tapujos ni rodeos, pues sabía que ocultaba algo.
— ¿Qué pretendes decir?
—La profecía, si fuera tal cual como nos lo has contado, no estaría destinada a ti sino a tu marido. No obstante eras la destinataria y eso da a entender que algo más has tenido que escuchar que no lo has querido contar.
—Siempre te he admirado por lo perspicaz que eres. Respóndeme a una cosa: Si tuvieras que elegir entre salvar tu vida o la de tus hijos, ¿Cuál de los dos elegirías?
—La de mis hijos, sin lugar a duda.
—Pues ya está todo dicho.
Zanjando la conversación se marchaba de la entrada del edificio principal, dejando en silencio y pensativa a Hermione. Lo que quisiera que le hubiera contado aquella profecía no era bueno para ella, pero aun así luchaba por la vida de su hijo. Tras estar unos instantes meditando sus palabras salió corriendo en su busca, si iban a participar en la batalla quería que estuvieran juntas, para protegerla si fuera necesario.
Al ser tan tarde no tuvieron tiempo de hacer un llamamiento a la comunidad mágica, para que se alistaran a defender Hogwarts, solo contaban con la fuerza de los Aurores e inclusive los pocos ciudadanos que anduvieran por allí a aquellas horas.
Mientras en la zona del Atrio estaba llegando hasta el último Auror del país, fue en ese preciso momento cuando llegaron noticias. Se enteraron de que, gracias a los satélites muggles encargados de la meteorología, aunque el ejército fuera invisible no era indetectable pues su volumen era registrado por las sondas. Habían logrado descubrir hacia donde se dirigía la numerosa manada de dragones y ahora estaban en dirección al Pirineo Francés. Suponían que su destino era la Academia Mágica Beauxbatons, para una vez destruida proseguir su camino hacia el norte y después de allí a saber qué rumbo tomaría.
Todo el que quisiera participar en la batalla era bien recibido. Mandaron comunicados a los gobiernos del resto del mundo para que se unieran a la lucha. A la vez que los dragones se acercaban, las fuerzas destinadas a contenerlos se incrementaban por segundos. Todos los Ministerios de la Europa occidental pensaban enviar a sus ejércitos a luchar. Los del resto del mundo estaban más concentrados en aprovechar ese tiempo en tratar de destruir los bloqueos, que afectaban a sus colegios, para evacuar a los estudiantes.
Todo el ambiente en el Ministerio estaba al rojo vivo y fue entonces cuando Harry divisó a Teddy Lupin en la zona del Atrio. Este acudía a participar en la batalla aun no siendo informado. Estaba vestido con ropa informal pero de manga larga, que le cubría el antebrazo que se notaba acolchado pues tenía una segunda pieza de ropa recubriéndolo debajo de la manga de la camisa.
— ¿Qué diantres haces aquí? —le preguntaba furioso su padrino, mientras se acercaba hasta su posición acompañado por Ron.
—William Wood sabe lo que está pasando y ha prohibido a todos los marcados participar en la lucha. Quiere su ejército intacto para enfrentarse con lo poco que quede, si logran detener a Igor Morris, aunque también ha dicho que el asalto final no será inminente. Algo lo ha disuadido —al decir aquellas palabras tranquilizó a los dos amigos, al saber que su plan había dado frutos, aunque fuera solo por el momento.
—Márchate, no quiero que participes —Su padrino no pensaba permitirle luchar. Intuía que si aquello se estaba produciendo de esa vertiginosa manera, en parte, era por la petición de ayuda para salvarle la vida y si moría en la contienda todo habría sido en vano.
—Quiero luchar, nada me impedirá defender a vuestros hijos, son como mis hermanos menores y lucharé por ellos aunque me juegue la vida en ello.
—No lo permitiré.
—Sí que lo harás —Ronald intervino en la conversación furioso con Harry y ordenó a Teddy que fuera a por un uniforme de batalla. Cuando el joven se fue en busca de un atuendo apropiado, para luchar contra dragones, comenzó a hablar a solas con su cuñado.
—Si lucha y muere todo será en vano.
—Quiere luchar, como quiero hacerlo yo, como quieres hacerlo tú. Ya lo hecho, hecho está. Que muera o viva no devolverá la vida a todos los que han fallecido. Si esto está pasando de esta manera es por nuestros actos y elecciones, solo nos queda aceptarlos y luchar con todas nuestras ganas por el futuro de nuestros hijos.
Ronald Weasley, aun estando furioso con Harry, no podía perder tiempo enfadándose con él. Tenían un objetivo común, defender las escuelas, mientras no pasara el peligro pensaba dejar de lado sus diferencias.
Sin perder más tiempo, todos los que andaban por el Ministerio estaban equipados con equipo ignífugo y escobas de vuelo. Habían reunido a una coalición de al menos seiscientas personas, todas listas para enfrentarse al ejército de dragones. Hermione, Ginny e inclusive Astoria estaban listas para defender a sus hijos en aquel batallón defensivo.
En el Colegio Hogwarts tras la aparición de la barrera de energía, que les impedía evacuar la escuela, el cuerpo del profesorado optó por estar preparados para un ataque. Como no podían comunicarse con el exterior algunos enviados del Ministerio, cuando se percataron de su aislamiento, fueron hasta la barrera para informar a gritos a los que estaban dentro.
El director del colegio, acompañado de los jefes de las cuatro casas, se aproximó hasta el inicio de la barrera para escuchar las recomendaciones provenientes de Londres. Lo que le recomendaban era que mantuvieran unidos a los alumnos y, si llegaba el momento del enfrentamiento, que la vida de todos estaba en peligro y de ser así hasta el portador más joven que hubiera y que tuviera varita, tendría que luchar por su supervivencia pues los enemigos no pensaban dejar a nadie con vida.
Aterrados se prepararon, tras reforzar los conjuros defensivos en muchas partes del colegio, concentrando a los alumnos en el gran comedor a eso de la medianoche. Aunque les doliera pensar en verles combatir, no podrían hacer otra cosa si los ejércitos de dragones llegaban hasta ellos. Por supuesto que no les dijeron nada de que una de las tres grandes escuelas del continente había dejado de existir, si tenían que decírselo lo harían cuando hubiera pasado el peligro o no les quedara más remedio.
Albus Potter estaba en aquel gran comedor y pensaba en romper la barrera que los mantenía apresados si no quedaba más remedio. Más para su desgracia no encontraba manera de escabullirse ni de pasar al otro lado de la realidad. Al comunicarles que el Ministerio tenía un plan para detener al enemigo, prefirió esperar por si no tenían éxito en su misión, para escaparse con descaro e intentar derribar el conjuro de Igor Morris.
En aquel salón había un gran descontrol, las mesas habían sido retiradas y todos aguardaban sentados donde podían. Todos tenían su uniforme puesto, con ropa de abrigo y varita cerca. Muchos aun pensaban que era para una evacuación, no se imaginaban que tendrían que luchar si todo fallaba. Algunos alumnos rezaban para que todo saliera bien, otros lloraban tanto por su destino como el de sus padres que enfrentarían al enemigo. Con todo aquel descontrol nadie se dio cuenta que un alumno o alumna faltaba allí.
En el baño de prefectos de la quinta planta, las aguas volvían a presentarse en la gran bañera. Justo a sus pies estaba el personaje que observaba como toda esta cambiaba de forma y ahora mostraba la imagen de un joven muchacho, de tan solo once años.
Estaba solo en una habitación cuyas paredes eran ladrillos color tierra. Tenía el pelo negro corto liso y peinado de lado. Era un joven normal de ojos muy verdes, largas cejas pero bien definidas, era de cara ovalada y nariz pequeña. Tenía una estatura y una complexión dentro de la media y de apariencia hispánica.
Se vestía con un elegante uniforme de batalla masculino, blanco, con bandas anchas doradas, con capucha y bandolera que le cubría su identidad. A su lado estaba de pie un liso bastón de madera, de más o menos su altura, con algunas pocas rayas onduladas de una punta a la otra color dorado que brillaban con su propia energía. El joven sujetó su arma haciéndolo girar muy deprisa y después lo colocó sobre ambos hombros con sus manos sujetándolo.
También había en aquella sala un peón de oro blanco que, de buenas a primeras, se iluminó indicando que estaba listo para usarse y respirando profundo lo sujetó entre sus manos trasportándose hasta otro lugar.
Tras estar un rato mirando las aguas, al darse por satisfecho, antes de hacerlas desaparecer estas cambiaron y enfocaron a Albus Potter. No se podía saber porque lo tenía en su punto de mira, pero luego divisó como William Wood estaba pendiente de todo lo que estaba haciendo su compañero. Tras lanzar un suspiro, desapareció de allí al igual que lo hicieron las aguas y todo quedó a esperas de que el futuro se convirtiera en el presente.
