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Mientras "dormía" acurrucada en los brazos de Castle, se quedó pensando en qué hacer a partir de ahora. En menos de una semana, se había enterado de que sus padres se iban a divorciar, de que durante un año Rick había estado recibiendo llamadas de un desconocido, haciendo tratos para protegerla, arriesgando su propia vida y que la vida de su hermano también estaba en peligro, solo por su culpa de querer pillar al que mandó matar a su madre.

Estaban en Navidades, a pocos días de celebrar el mejor día, y a otros tantos de abandonar el año y había recibido más malas noticias que en prácticamente el resto del año. Y siendo sincera, se sentía culpable de todas.

Beckett nunca había sido una persona de lágrima fácil, y mucho menos frente a gente que había tenido que ganar su reputación. Pero desde que había conocido al escritor, las cosas habían cambiado. Puede que para el resto del mundo, todo siguiera igual, pero su almohada no podía decir lo mismo. Al principio de conocerle, lo único que Kate la contaba eran cosas negativas. Que si era un egocéntrico mujeriego. Que si no se preocupaba en absoluto por las víctimas. Que si lo único que quería era meterla en sus sábanas. Pero con el tiempo, las cosas cambiaron. La detective se fue enamorando poco a poco de él y por mucho que lo negara, su sonrisa la delataba. Había días en los que llegaba a casa con una sonrisa de oreja a oreja, bailando o cantando canciones de amor, pero otros llegaba cabizbaja, y con los ojos a punto de explotar en lágrimas. Todo eso por un hombre, un solo hombre que la hacía sufrir y sonreír a la vez. Un día tuvo una conversación algo diferente, en ella le explicaba su querida amiga blanca y blandita que la acompañaba todas las noches lo gran padrazo que era. Mientras estaba con ella, se comportaba como un crío de 5 años, pero cuando Alexis aparecía ese niño interior desaparecía, dejando paso al hombre más maduro de todo el planeta. Le encantaba ver esa parte de él. Era como si todo su otro mundo no existiera y todo se basara en su hija. Ver esa faceta, la hizo llegar a plantearse tener hijos con él, y lo buen padre que sería como siempre había soñado de su futuro marido, pero aquellas imágenes se borraban de inmediato y su mente decía que no sería una más de sus conquistas. Y cuan equivocada estaba, pues allí se encontraba ella acurrucada en sus brazos. Y siendo sinceros, nunca había estado mejor. Durante cuatro años, la recibía con un café cada día. Era su forma de saludarse, de darse los buenos días. Y esa es su tradición que seguirá por siempre. Siempre. Su palabra. Puede que para otra gente no signifique nada, pero para ellos dos es más que siete letras. Más que una simple palabra, más que nada. No sabían ni como, ni cuando, pero un día pasó a ser otra cosa más de ellos. De ellos y solo de ellos.

Durante esos cuatro años, fueron forjando una amistad que poco a poco dio paso al amor. Un amor del que al principio los dos huían, negándolo todo. Pero el resto del mundo veía en ellos su final, juntos. Lanie la había dicho millones de veces que se declarara al escritor, que él también la quería, pero ella siempre se negaba por miedo a que la rechazara o a que se cansara de ella. Y eso junto al pasado de Castle, no ayudaban a que los miedos desaparecieran. Se hacían sufrir mutuamente, saliendo con gente a la que no amaban. Pero aun así, pasaban todo el tiempo que podían juntos, ya fuese por un asesinato, o por un día libre, o para pedir un consejo o cualquier estupidez que se les ocurriese en ese momento. Pero las cosas se complicaron cuando descubrieron que Montgomery estaba involucrado en la muerte de la madre de Beckett. Ella se sintió traicionada. No entendía como le pudo haber escondido una cosa así. Haciéndoles dar pasos de ciego cuando investigaban el caso. Él sabía toda la verdad pero nunca se lo dijo y cuando Lockwood le amenazó, diciendo que se despidiera de la vida de su familia o de la vida de ella, Roy se sacrificó por ellos. Aquel día había discutido con Castle. No era la primera vez que lo hacían, pero esa vez fue diferente. Firmaron su final. "Hemos acabado" Dijo ella. Tenía aquellas palabras grabadas en su mente. Lo pasó mal, muy mal. El hombre de su vida había desaparecido para siempre, o eso pensaba. Hasta que Montgomery quedó con ella en aquel hangar. Cuando llegó, le busco y no le vio a sí que le llamó y apareció por una puerta, cuando recibió un mensaje de Esposito. "El tercer poli es Montgomery" Cuando lo leyó no daba crédito a las palabras. Le miró fijamente y observó que llevaba con él un arma. Pero no lo iba a usar contra ella, sino contra Lockwood. Le explicó todo lo sucedido en pocos minutos, hasta que apareció a lo lejos una furgoneta. Roy llamó a Castle y le dijo que se la llevara de allí. Iba a decir algo, cuando el capitán él dijo que no discutiera, que le había llamado para que se la llevara. Para que no la mataran. Entonces, Montgomery pronunció sus últimas palabras, que nunca olvidara, que nunca podrá sacar de su mente. "Este es mi sitio Kate, aquí es donde peleo" y tras decir eso, Castle la cogió en brazos y se la llevó fuera del hangar, la apoyó contra un coche cercano y la tapo la boca con la mano, mientras decía palabras tranquilizadoras. Pensaba escaparse, pensaba huir de Castle para ir a ayudar a su capitán, pero él se lo impidió apoyándose contra ella de forma que no tenía escapatoria. Estaba atrapada entre el coche y Rick. Cuando los disparos cesaron, Castle apartó uno de sus brazos para dejarla ir. Ella enseguida echo a correr y cuando entro de nuevo en el hangar, se derrumbó por completo al verle allí tumbado en el suelo, sin vida. Tuvo un funeral digno, o al menos al principio. El sonido de los tambores mezclado con los cantares de los pájaros y las pisadas de los que llevan el ataúd, le daba formalidad al momento. Entonces fue cuando la tocó dar su discurso. Subió al podio y espero unos segundos antes de empezar a hablar, durante los cuales aprovecho para respirar hondo. Justo antes de decir su primera palabra, buscó con la mirada al escritor y se alivió al comprobar que se había quedado a pocos metros de ella. Mientras pronunciaba su discurso, miraba de reojo a Castle para observar su reacción. Esta serio, de pie, sin mover ni un solo músculo, con la mirada perdida en algún lugar. "Y si tienes suerte, encontraras a alguien que luché contigo" Le miró, esta vez de frente, girando su cara, este centró su vista en ella y volvió a mirar a todo el mundo, para seguir con su discurso. Y fue entonces, cuando oyó a Rick gritar su nombre y abalanzarse sobre ella. Fue entonces cuando sintió un gran dolor en el pecho. Fue entonces cuando cayó al suelo y cuando oyó a Castle decirla "Te quiero".

Una voz la sacó de sus pensamientos, mientras notaba como una mano acariciaba su espalda.

- Kate, ¿Qué estás pensando? – Le susurró bajito.

- Nada – Dijo ella mientras una pequeña lagrima recorría su cara. Casi todo su pasado estaba lleno de desgracias, la muerte de Montgomery, su disparo, el vacío que le hizo Castle cuando se enteró de que le había mentido sobre aquellas dos palabras que oyó en el funeral y la "casi" muerte de su hermano fueron las peores y todas, provocadas por la misma razón. El asesinato de su madre. Así que en ese mismo instante tomó una decisión. Olvidaría todo lo relacionado con ello. Muchas personas estaban en peligro solo por su ansia de vengar a su madre. Y ahora lo abandonaría. Si, la daría la justicia que se merece pero no hoy. Ahora, la conseguiría para otros – No te preocupes.

- ¿Entonces por qué estas llorando? – La dijo mientras le limpiaba la lágrima con su dedo pulgar.

- Es solo que a veces los recuerdos te hacen sufrir – Dijo con media sonrisa. Castle la apretó más hacia él, gesto que la detective agradeció.

- Pues entonces ¿qué te parece si empezamos por hacer que los recuerdos te saquen una sonrisa en vez de una lagrima? – Dijo tomando su barbilla con delicadeza.

- Me encantaría – Y se fundieron en un lento y profundo beso.

En la cocina, un nervioso grupo de personas esperaban con impaciencia a la última pareja. Esta al cabo de 10 minutos entraba por la cocina, agarrados de la mano con una enorme sonrisa cada uno. Todos se quedaron asombrados. A pesar de lo que había pasado hace pocas horas, ambos venían felices. Aarón entonces dio las gracias en su interior a aquel hombre que asesinó a su hermana y a otras dos personas como Castle mataba en sus libros. Sonaba algo macabro, pero si no hubiera sucedido no se hubieran conocido y desde entonces Aarón había observado un gran cambio en su hermana. Desde que su madre murió, Kate había estado en caída libre hasta que conoció al escritor. A partir de ese día, había estado escalando poco a poco todo lo que había caído hasta llegar a este punto. Al punto donde pase lo que pase, una sonrisa sincera se iba a mostrar en su rostro. Sacando lo positivo de todo. Hacía mucho tiempo que no la veía así.

- Hola chicos – Dijo ella soltándose de la mano de Castle para abrazar a su hermano.

- Hola – Dijeron todos casi al unísono.

- Al final ¿Qué vamos a hacer? – Preguntó Aarón mientras la abrazaba.

- La diré a Gates que deje de investigar y usaremos los archivos que tiene ese hombre para protegernos – Dijo con una sonrisa.

- ¿Hombre? – Pregunto extrañado.

- Si, un hombre tiene unos archivos que si salen a la luz, hundirían al que está detrás del asesinato de mamá y gracias a ellos, estamos vivos.

- ¿Cómo lo sabes?

- Mi instinto – Se limitó a decir. No quería meter en medio a Castle, no por ahora. Aunque, muy a su pesar, todos oyeron la llamada telefónica de anoche y acabarían por darse cuenta pronto.

Desayunaron todos juntos mientras hablaban sobre cosas sin importancia. Cuando terminaron, Kate y Aarón se quedaron a recoger las vajillas mientras el resto se iba a sus habitaciones. Aarón se mantuvo en silencio, pero Kate le notó nervioso. Más de lo normal así que se paró en seco, y le miró.

- ¿Qué pasa? – Preguntó cuándo logró captar su atención.

- ¿Estas segura de que Gates dejara de investigar? – Dijo tartamudeando – Es decir, nuestras vidas corren peligro, y sinceramente la mía no me importa, pero si la tuya y la de Avril. Por no hablar del escritor y todos vuestros amigos, pero sobre todo vosotras dos. No quiero que os pase nada.

- Ni yo quiero que te lo pase a ti. Estate tranquilo. Ya verás como todo va a salir bien. Gates dejará de investigar y todo volverá a la normalidad – Se acercó a él, le dio un beso en la mejilla y guardó el ultimo plato en el lavavajillas.

- Vale – La sonrió y volvió a ponerse serio - ¿Me puedes hacer un favor?

- Claro, dispara.

- Necesito que escribas una canción…

- ¿Una canción? ¿Para qué?

- Si, una canción. De pequeña lo hacías, no creo que te resulte mucho más difícil ahora – Dijo algo nervioso, si quería ser perfecto, tenía que cantar ella la canción.

- ¿Sobre qué? – Dijo algo más animada.

- ¿Es necesario que responda a la pregunta? – Dijo soltando una carcajada intentado disimular el enrojecimiento de sus mejillas.

- Si quieres que lo haga, si, tienes que contestar – Estaba disfrutando. Ver a su hermano cortado por algo la encantaba.

- Es que quiero dedicarla una canción a Avril y… - Pero fue interrumpido por su hermana.

- Em… ya veo por dónde van los tiros. Una de amor ¿A que si? – Dijo ella con una gran sonrisa.

- Si… pero quiero que tenga un final en especial – Se puso serio.

- A ver, ¿Cuál? Además así puedo usarla también con Rick – Dijo sonriendo.

- Mierda, no había contado con esto – "Ojala la uses con Rick" pensó, mientras intentaba buscar una escapatoria, pero no había ninguna.

- ¿Con cuál? – Estaba confusa. Sabía que su hermano tramaba algo, pero no quería que ella lo supiera.

- Haber, como explicártelo… - No sabía si lo que la iba a decir ahora la gustaría, pero, si quería que todo saliese como lo tenía planeado, tenía que contárselo.

Al escuchar el motivo, y el final de la canción, accedió enseguida. Con solo decirla lo que tenía planeado hacer, la hizo la mujer más feliz del mundo. Al principio se había quedado en shock. La había pillado por sorpresa, pero enseguida se dio cuenta de lo importante que era para él y sonrió como nunca antes lo había hecho, mostrándole su aprobación. Se acercó a él, le abrazó y le dijo que cogería la guitarra y subiría arriba a componer. Que él cogiera lo necesario para el tratamiento de Alexis y que ella les esperaría a los arriba. Y así lo hicieron. Kate entró a la habitación de sus padres, donde Rick, vestido con unos vaqueros y una camisa, que le sentaban muy pero que muy bien, estaba haciendo la cama. Cuando le vio le dieron unas ganas enormes de besarle y se lanzó a sus brazos. Al escritor, aquel gesto de la detective le pilló por sorpresa y se tropezó, cayendo ambos encima de la cama. Se besaron con pasión y cuando Beckett noto que la cosa se les iba de las manos, se separó de él.

- ¿A que ha venido eso? – Pregunto Castle con la respiración agitada.

- ¿Es que no puedo besarte? – Dijo ella con falsa indignación.

- Si, y me encanta que lo hagas – Dijo él volviendo a juntar sus labios. Cuando se volvieron a separar, Kate le dijo que se iba arriba y que necesitaría estar unos días durante unas horas a solas. Él al ver la ilusión que tenía al decirlo, prefirió no preguntar, con la esperanza de que en poco tiempo le contara lo que tramaba. Después ella le dijo que cuando tuviera listo lo que iba a hacer, que sería el primero en oírlo para darla su opinión. Y tras volver a darle un beso, se marchó de la habitación dejando a Castle confundido. Aunque sin querer, ella le había dado una pista. Era algo que se podía oír.

- Bueno, al menos podré intentar averiguarlo mientras ella lo está haciendo – Sonrió para sí mismo y echó las ropas de la cama hacía atrás, para volver a hacerla pues cuando cayeron encima y comenzaron a besarse, la desarmaron entera.