A leer
GO, GO, GO!
Oportunidad.
Los gritos se escuchaban estrangulados y escalofriantemente cerca, el olor a madera quemada y humo, inundaba cada rincón de su hogar, no sabía muy bien de dónde provenía o qué estaba sucediendo realmente, su único temor tangible era el que su familia resultara lastimada. Sin pensarlo demasiado corrió por las escaleras en dirección al segundo piso de su casa, su hija más pequeña yacía en su habitación probablemente durmiendo, ajena a todo el escándalo que le rodeaba. Todo parecía una escena caótica de alguna película de acción, más lo único que era real en esos momentos, era el arma cargada que llevaba apretujada en la pretina de su piyama y las manos sudorosas de su esposa e hijo mayor aferradas las suyas.
- Están atrás Matt… ¡oh Dios mío!- exclamó la mujer mientras mirada a su esposo con ansiedad, la angustia en el tono de su voz mientras subían por las escaleras, solo lograba que el niño indefenso a su lado le mirara con pánico. Sin detenerse un solo momento entraron en una habitación mediana y cálida en donde una niña de unos cinco años yacía durmiendo profundamente en su cama.
- ¿Qué está pasando papá?- la voz asustada del mayor de los niños, logró sacar al hombre de su frenesí. Con una sonrisa tranquilizadora abrió rápidamente las puertas del armario del cuarto de su hija, metiéndolos a ambos adentro.
- Escóndete aquí y no hagas ruido Rob- le susurró él hombre a la vez que lanzaba sobre su cabeza una manta para esconderlos- ¡Sarah toma a Maggie!- ordenó con premura, mientras obedientemente la mujer envolvió a la más pequeña de los niños con el mismo cobertor de su cama. Sin esperar ninguna orden la madre se introdujo en el pequeño espacio que quedaba junto a su hijo mayor.
- ¿A dónde vas?- preguntó la mujer mirando a su esposo aterrada.
- Tengo que tratar de distraerlos y alejarlos de ustedes…- los grandes ojos grises del hombre denotaban preocupación y miedo.
- ¿Son esos terroristas misteriosos de las noticias verdad? ¿los que desaparecen sin dejar rastro, no es así?- preguntó ella con terror mientras se aferraba a las mangas de la piyama de su esposo.
- No lo sé Sarah, sea como sea debo pedir refuerzos…- inquirió él apresuradamente tratando de controlar su respiración acelerada.- Por favor, no hagan ruido y esperen hasta que yo regrese por ustedes, les pidió mirando a ambos con determinación.
- Papá…- el pequeño miró a su padre con ojos muy grandes…- Tengo miedo…-
- Yo también tengo miedo, pero ambos necesitamos ser valientes ¿ok?, cuida de mamá y Maggie, estás a cargo hasta que yo regrese, ¿de acuerdo?- el niño asintió apenas antes de que su padre cerrara las puertas del armario y saliera de la habitación a toda velocidad. Ruidos de pasos y objetos explotando se escuchaban cada vez más y más cerca, estos era más intensos a mediada que aquellos intrusos se dirigían a la plante superior de la casa.
- Se supone que no deberíamos estar aquí… ¡ya vámonos!…- dijo una voz masculina proveniente de lo que era quizás el corredor principal de la casa.
- ¡Cállate! ¡estoy segura de que aquí debe haber algo bueno!- exclamó la voz rasposa y burlesca de una mujer. La madre de los pequeños saltó en su sitio cuando escuchó como se rompían algunos cristales.
- ¡Ya larguémonos, si saben que estamos aquí nada bueno nos deparará!…- la voz masculina parecía cada vez más irritada y ansiosa.
- ¡No seas aguafiestas! ¡Ellos está aquí, lo sé!¡ Solo están jugando a las escondidillas!...- la voz macabra femenina se escuchaba estridente y llena de locura a través de las rendijas del armario, a lo lejos explosiones y gritos de vecinos pidiendo ayuda se asemejaban a una verdadera película de guerra. Solo fue cosa de unas segundos cuando las siluetas oscuras de los intrusos irrumpieron en la habitación; a través del ventilación de la puerta del armario, la mujer pudo ver los rostros de los terroristas misteriosos, el terror invadió su pecho al verlos, éstos lucían extravagantes con sus vestimentas extrañas y negras… en sus expresiones se reflejaba la locura y la maldad. La intrusa llevaba su cabello enmarañado y mal cuidado, mientras que su acompañante masculino mostraba una barba sucia, larga y desprolija. Las facciones de ambos eran duras y de líneas definidas, ojos claros y tan altos como las personas que ella acostumbraba a tratar -no son terroristas extranjeros…- pensó la mujer sintiendo desconcierto y confusión, al observarlos bien no parecían diferentes de ella misma, su fisonomía era similar a la de cualquier persona normal, salvo por su forma de vestir que más bien los hacía lucir como antagonistas de un circo itinerante.
- Deja de perder el tiempo… no estamos aquí para divertirnos, ya sabes que a nuestro señor no le agrada, no es digno rebajarnos a perder nuestro tiempo en… esto…- habló el extraño con desprecio mientras pateaba a sus pies uno de los osos de felpa de la niña.
- Solo dame unos minutos prometo ser breve… además… la casa es grande y relativamente lujosa, seguramente la mujer muggle que vive aquí tiene joyas valiosas… "vamos pequeñas ratitas escurridizas, salgan de donde estén" "no querrán ver a esta bruja enojada"…- habló la intrusa con voz cantarina y llena de maldad, sin embargo, un estruendo hizo que todos en la habitación saltaran espantados, solo bastó un segundo para que una voz firme y segura, resonara en los oídos de los presentes para alivio de los que se ocultaban en la habitación y para asombro de los invasores.
- ¡Arriba las manos! ¡es la policía, bajen sus armas! ¡Ahora!- el niño escondido dentro del armario jadeó de asombro y emoción al ver cómo su padre, había pateado la puerta de la habitación y de un solo movimiento, atrapó a la mujer por la espalda. Con destreza el hombre muggle redujo a la extraña apuntándole con su arma a la cien.
- ¡JAJAJA!- el grito y la risa estridente del compañero de la bruja, provocó que la niña acurrucada en los brazos de su madre, despertara y comenzara a llorar asustada, todas las cabezas giraron en dirección al armario en donde la familia yacía oculta.-
- ¡Con que ahí estaban pequeñas alimañas!- exclamó la bruja con una sonrisa enferma sin dejarse intimidar por la situación en la que se encontraba.
- ¡Guarda silencio y arrodíllate, pon las manos sobre tu cabeza!- ordenó el hombre hundiendo aún más dolorosamente el arma en la cien de la mujer.
- ¡JAJAJA! ¡No lo puedo creer! ¡Fuiste atrapada por un asqueroso muggle! Esto tienen que saberlo los demás…- aseveró el compañero de la intrusa con burla, mientras la miraba divertido y se recargaba en la pared contraria- tenías razón, ¡esto sí que es divertido!.
- ¡Cállate Ruskin!… no es gracioso.- inquirió la bruja furibunda.
- ¡Cállense ambos! Soy el oficial de la policía, quiero sus manos en alto donde pueda verlas… ¡ahora!- ordenó nuevamente el hombre tratando de controlar al máximo sus vertiginosas emociones. Con valentía condujo a la intrusa capturada lejos del camino al armario.- Sara sal de ahí y llévate a los niños…- ordenó él con voz dura, sin dejar de quitarle la vista al compañero de la mujer. Un segundo después su esposa abrió las puertas del armario temerosa, mirando todo a su alrededor de forma aterrada, la pequeña niña en sus brazos miraba con grandes ojos inocentes y llorosos lo que ocurría a su alrededor, más la voz macabra de aquel compañero de la bruja, la hizo detenerse sin ser consiente.
- Vaya, este muggle sí que tiene agallas…- masculló levantando su mano en dirección a su compañera, mientras ésta comenzaba a reír frenéticamente.
- Yo no haría eso si fuera ustedes… -una tercera voz suave y calmada apareció en la escena, se podían sentir sus pasos suaves en la alfombra mullida del pasillo y el frufrú de la tela rozando sus piernas.- y yo… si fuera usted, bajaría esa arma… oficial…- agregó un segundo después el mismo intruso, acompañando su sugerencia con un suspiro sonoro saliendo de sus labios. La pequeña Maggie observó cómo un hombre encapuchado entraba en su habitación y se quedaba parado muy quieto en el dintel de su puerta, éste ocultaba su mirada tras la capucha negra de su túnica y parecía inspeccionar la habitación con cautela. Todos observaron en silencio y expectantes como lentamente aquel misterioso hombre levantó sus manos, descubriendo su rostro ante los presentes, una cara completamente diferente al de los dos primeros invasores, se develó ante ellos helándoles la sangre; este nuevo individuo poseía el cabello rubio tan claro, que por momentos a la luz suave de la lámpara de noche, parecía blanco, sus ojos claros y seguros miraban todo… como pudiendo verlo todo.
- ¡Mi señor!- exclamó la bruja la cual de un segundo a otro había perdido su sonrisa divertida siendo reemplazada esta, por un semblante pálido y temeroso.
- Lamento este… escándalo…- se disculpó el recién llegado, mirando a la temerosa familia oculta en el armario.- debo suponer que ella debe ser su esposa y sus hijos, oficial Revenhood.
- No debes suponer nada malnacido, ¡quiero que tú y tus secuaces salgan de mi propiedad ahora!- ordenó el hombre con autoridad a la vez que hundía más y más el arma en la cien de la mujer.
- Draco, te juro que esto no es lo que parece… ella solo quería unas joyas… tu comprenderás… ¡brujas!…- argumentó el primer intruso tragando con dificultad a la vez que su risa nerviosa, se escuchaba algunos decibeles más alto de lo normal.
- Y debo suponer, que tus pensamientos en los cuales aquella mujer aterrada se retuerce debajo de ti gritando, no debe ser más que una falacia…- Draco miró al carroñero el cuál tragó con dificultad para luego posar su vista en el pequeño e indefenso grupo a su pies.- Sea como sea…- prosiguió mirando a los dos magos restantes, a la vez que sutilmente movió su varita debajo de su capa-… obliviate…- susurró con claridad a la vez que escondía nuevamente su mano el interior de su capa negra.- … imperius… Lárguense ahora y repliéguense en su totalidad, reparen todo- ordenó con voz ausente mientras aquellos magos caían sin resistencia alguna ante su hechizo.
- Si mi señor… - contestaron ambos al unísono con voz monótona. Con un grito de sorpresa de la mujer muggle y ante la incredulidad de su esposo el cual solo atinó a apuntar con su revolver de servicio al último extraño, el hombre y la mujer que habían invadido su casa, se desvanecieron de la habitación como si fuera magia.
- ¡Papi! ¡ya no están!- exclamó la niña mientras se deshacía del abrazo de su madre y corría a los pies del último intruso, con pavor los padres de la niña observaron cómo su inocente pequeña comenzaba a jalar con fuerza e insistencia la capa negra del invasor.- ¿es usted un mago señor? ¿puede sacar a un conejo del sombrero?- preguntó la niña mostrando una sonrisa deslumbrante.
- ¡Maggie!- Exclamó el padre de la niña viendo con ojos desorbitados como aquel extraño tomaba a la niña en sus brazos alzándola con energía y una sonrisa ladeada en su rostro.
- ¡Uf! Puedo hacer mucho más que eso, incluso puedo convertir a tu hermano en un conejo y agregarle una cola de caballo si se porta mal contigo…- aseveró mientras le hacía cosquillas a la niña en su panza.
- ¿¡En serio!? ¡Muéstrame señor mago! ¡quiero verlo!- gritó la niña inocentemente, ajena al miedo que sus padres sentían.
- ¡Suéltala maldito!- la niña saltó asustada en los brazos del intruso ante la voz desesperada de su padre.
- No grites… asustas a la niña…- inquirió el mago con un deje de molestia reflejada en su voz profunda y mortal. La niña muda por la reacción de sus madres se había quedado de piedra aun en los brazos del intruso. Con un movimiento de su varita y ante los ojos curiosos de la pequeña, él transformó un pequeño vaso de cristal con flores cercano en un pequeño conejo blanco y mullido que comenzó a dar brincos por la habitación.- Allí tienes cariño… ¿te gusta?- volvió a decir él con voz suave y afectuosa a la vez que colocaba suavemente a la niña en el suelo nuevamente. Los gorjeos de la pequeña fueron respuesta suficiente para sacarle una sonrisa suave.
- ¡Mira mami el señor mago hizo un conejo para mí!- señaló Maggie mientras tomaba al pequeño animalito en sus brazos y corría a los brazos aterrados de su progenitora.
- ¿Usted puede hacer esas cosas también?- Draco giró su cabeza en dirección del niño que yacía con ojos atónitos al lado de su madre. Este no debía de ser mayor de ocho años, pero en sus ojos había la ávida pregunta de alguien que se encuentra con su destino.
- Tú también podrás… en algún tiempo más…- respondió él con sinceridad sintiendo la magia fluir suave y cálida por las venas de ese niño. Con un suspiro volvió la vista hacia el padre, este último parecía a punto de sufrir un maleficio por las emociones que su rostro reflejaba- debes saber que él es como nosotros.- agregó Draco con suavidad mirando al hombre muggle con tranquilidad.
- ¡Quiero que tú y tus malditos poderes salgan de mi casa ahora!, ¡no te llevarás a mi hijo…!- exclamó el hombre con miedo en los ojos, a la vez que su mano en el arma temblaba incontrolablemente amenazando con dispararse.
- No vine aquí a hacerles daño oficial… ni a usted ni a su familia… mucho menos a llevarme a su hijo. Más bien me gustaría pediros disculpas por lo acaecido antes de mi llegada y de paso implorar por un enorme… favor…- habló Draco mientras que con su varita desarmó al hombre muggle con un accio y sonrió a los niños con calma.- Señora Ravenhood, creo que a Maggie y a Ron les encantaría una taza de leche caliente, ¿No es así niños?- la pequeña gritó feliz mientras se agitaba en los brazos de su madre, el niño miró a Draco y a su padre, asintiendo en respuesta muda. Sin mediar más palabra la mujer tomó a ambos chicos y en silencio salió de la habitación no sin antes lanzar una mirada preocupada a su esposo. Este último la miró seriamente trasmitiéndole con un gesto sutil su aprobación, solo unos segundos después y luego de que los pasos de su familia no se escuchaban más, él habló.
- ¡Me mudé de ese maldito lugar!… ¡traje a mis hijos y a mi esposa lejos!, ¡mi hermana ha perdido el contacto conmigo para proteger a su propia familia!… y aun así… ¡ustedes aparecen queriendo destruirlo todo!… ¡esto… esto no es justo!, ¡mi abuelo se arrepintió toda su vida, dijo que lo que engendró era una abominación!… ¡un demonio!… ¡algo nacido del mal!…- Draco arrugó el entrecejo comprendiendo el dolor de aquel hombre muggle.
- Tu hijo posee magia… ¿cuánto tiempo crees que podrás evitar la verdad que contienen los recuerdos de tu pasado?, él pequeño tendrá que aprender a controlarlo, ¿lo vas a tratar como a un demonio también?… ¿algo nacido del mal?- inquirió Draco con seriedad.
- Mi hijo no es maligno… no como él…- escupió el hombre sentándose en la cama de su hija mientras se agarraba la cabeza con las dos manos en frustración, Draco respiró suavemente tratando de calmarse.
- No, no lo es… pero si no me ayudas a detenerlo, tus hijos no tendrán el futuro del que has huido y por el has sacrificado tanto… necesito que hagas algo por mi… y ese algo, es lo que necesitas para vivir en paz- aseveró Draco mientras recogía del suelo un gran oso de felpa y lo colocaba sobre la cómoda de florecitas de la niña.
- Ja, muy gracioso… y qué se supone que puede hacer un muggle como yo, para ayudar a criaturas como tú…- con más calma Draco aseguró el arma arrebatada y la colocó en la mesita de noche de su la niña, completamente al alcance del hombre. Sorprendido por aquella acción, el muggle frente a él le devolvió la mirada mientras arrugaba el entrecejo con preocupación.
- No mucho en realidad… solo puedo conjeturar que hay algo que solo tú puedes hacer… necesito que obtengas algo para mí, tú eres mi as bajo la manga y algo que evitará a la larga que tus hijos caigan bajo sus garras… algo que evitará que el mundo que conoces perezca frente a tus ojos sin poder hacer absolutamente nada…- aseveró Draco con seriedad.
- Poéticas palabras… guárdatelas para el loco que te las crea… si no te molesta me gustaría que te largaras de aquí y me dejases en paz… no haré nada para ayudarte - respondió el hombre con escepticismo.
- Puedo irme… como puedo no irme… sabes muy bien que tengo mis trucos para obtener lo que necesito de las personas, nos conoces, conoces de lo que somos capaces… bien podrías venir conmigo de buena voluntad aunque te niegues…- masculló él encogiéndose de hombros.
- Para que te molestas entonces… lánzame una de esos conjuros mágicos entonces- le retó el muggle con insolencia.
- En realidad mi moral no es el problema, no soy bueno pidiendo favores, por mi lo hubiera hecho desde el principio, sin embargo, hay ciertas personas un tanto quisquillosas a las cuales no les agradará en lo más mínimo que lleve bajo un imperius, a un muggle indefenso; preferiría mayormente que vineras por tu propia, libre y espontánea decisión… no es un requisito esencial, pero no quiero tener problemas con mi esposa por obligarte bajo los efectos de un hechizo… ya sabes cómo son las mujeres… a ellas les importa el proceso, al contrario nuestro que siempre miramos en pos de los resultados.- Draco observó de reojo cómo el hombre muggle resopló en comprensión.
- Bien… mago… ¿qué gano yo con esto?... me hablas de lo que quieres y que me necesitas, pero aun no me has ofertado nada, si esto en un negocio, dime… ¿Qué tienes para mí? – Draco observó los ojos decididos y astutos del muggle frente él.
- ¿Qué es lo que quieres?...- el mago observó cómo los pensamientos se reflejaban en el rostro del hombre sin la necesidad de leer su mente en lo absoluto.
- Quiero no ser parte de él… quiero que él no exista en nuestras vidas…-Draco lo miró nuevamente tratando de crear a partir de su observación un perfil que le diera indicios de la clase de hombre que tenía en frente, sin duda, la mirada penetrante que este poseía, era fiel herencia de su estirpe. Por un instante recordó aquel dicho muggle que Hermione le enseñó… "la sangre es más espesa que agua…".
- Tal vez podría darte eso y algo mucho mejor… pero debes saber que sería magia negra… muy negra y antigua… si estás de acuerdo, esto involucrará a tu familia y a sus descendientes hasta el fin de su legado, por lo tanto, ¿estás dispuesto a involucrarlos a ellos?- propuso él aun con la duda sembrada en su corazón.
- ¿Saldrán lastimados?- Draco sonrió casi imperceptiblemente, ante la genuina preocupación u súplica en los ojos del muggle, allí ante su presencia estaba la diferencia que él tanto buscaba.
- En lo más mínimo… ni ellos ni tú…- le confirmó él con seguridad, solo que será de tu cargo el peso del hechizo, solo tu recordarás todo, hasta el día que tu secreto se vaya contigo a la tumba.
- ¿Entonces no moriré? Me refiero, al hacer eso que quieres que haga…- el hombre frente a Draco juntó sus manos como para calmar el evidente temblor de las mismas.
- Qué, ¿bromeas? Aprecio muy bien mi miserable vida como para morir a manos de una bruja demente, una comadreja y un ciego que no puede ver ni su propia nariz.- Draco sonrió de lado mientras que con un movimiento de varita arregló el cuarto de la niña dejándolo perfecto, tal y como lo era en un comienzo.- No morirás oficial, tienes mi palabra y créeme que esta es más importante y valiosa que mi propia vida, un Malfoy siempre cumple sus promesas.- añadió finalmente Draco con seriedad.
- Veo que tus trucos no son tan inútiles después de todo… a mi mujer le vendría bien unas de esas varas mágicas...- Draco pestañeó un tanto sorprendido por el comentario locuaz.
- Prepárate, vendré dentro de tres noches a buscarte… debes estar listo…- sentenció él mirándolo sin expresión.
- Para qué se supone que debo prepararme…- preguntó el muggle poniéndose de pie ansioso.
- Prepárate para no acobardarte y salir huyendo, hasta entonces solo mantén la calma… después de todo, a lo que te enfrentarás solo será de lo que has huido… toda tu vida…- un segundo después Draco desapareció dejando al hombre sin habla y en silencio en medio de la habitación de su hija.
***/***
- Cruccio…- susurró la voz fría y suave de Draco mientras torturaba a un mago que había caído preso de las cacerías de los carroñeros, las risas estridentes y los gritos a su alrededor eran ensordecedores, todos parecían caer en un éxtasis enfermizo cuando lo veían a él en acción… jamás tomaba participación en aquellos actos públicos, pero debía hacerlo como una especie de pantalla distractora, solo debía aguantar… debía soportarlo un poco más… aparentar ser la escoria más asquerosa del mundo solo un poco más y esa guerra terminaría. Su sueño estaba al alcance de sus dedos, no podía claudicar justo ahora que sus deseos parecían finalmente hacerse realidad.
- ¡NOOO!- Los gritos desesperados de aquel mago a sus pies le helaban la sangre, sentía la boca amarga de la bilis que amenazaba con salir… se odiaba por ello, odiaba lo que era… odio… debía sentirlo, aunque sea el más profundo odio a si mismo… a cada segundo su cuerpo parecía entumecerse más y más, torturar era algo mucho más complicado que simplemente lanzar la maldición… cualquiera podía conjurar una… los efectos eran los que variaban… si no existía intención asesina, rabia o por lo menos odio… si no había aunque fuera una pisca de voluntad, la maldición solo podría ocasionar algunos toques eléctricos que más que daño, solo provocaban cosquillas. Esa era la principal razón por la que los carroñeros aullaban de placer, ellos sabían que su maldición era verdadera y el único motivo por el cual aquel mago a sus pies se retorcía suplicando la muerte.
- ¡RETUERCETE MALDITO AUROR! ¡QUEREMOS ESCUCHARTE CHILLAR! ¡CHILLAAAA!- más risas estallaron cuando el mago a sus pies emitió alaridos estridentes… ese era el punto en el cual debía detenerse, lo sabía… si seguía solo un minuto más, las secuelas serían permanentes en la mente del mago.
- ¡MATAME!- Aquellas palabras desesperadas solo lograron que la algarabía llegara a su cúspide… y que como resultado él se sintiera aún más miserable. Draco solo pudo cerrar los ojos soltando un suspiro mientras por fin interrumpía su maleficio y daba por terminada la agonía de ambos.
- Suficiente… llévenlo a las mazmorras…- ordenó él con voz monocorde mientras le daba la espalda al desafortunado auror capturado y guardaba su varita al interior de su túnica negra.
- ¿Qué? ¿eso es todo?- inquirió un carroñero andrajoso y maloliente que se veía horriblemente decepcionado.
- A nuestro señor no le sirve muerto ni demente… si tú quieres terminar con él, adelante, es tu decisión… no obstante, eso valdrá que rindas cuenta ante él…- aseveró Draco mirándolo de reojo con desdén y sin tomarle mayor importancia.
- No es mi asunto… mi señor…- contestó el carroñero mientras se restregaba las manos nervioso. Draco parpadeó rápidamente ante ese gesto sencillo… esa sumisión y esa forma de moverse le recordaba a alguien, pero no sabía a quién. Algo le inquietaba a sobremanera, pero no podía hacer nada al respecto mientras no descubriera de qué venía esa sensación de desasosiego.
- ¿Puedo preguntar a donde se dirige?- la voz calma y aparentemente apacible de un hombre, le sacó rápidamente de sus cavilaciones, allí inclinado en una sutil pero elegante reverencia estaba el padre de Daphne y Astoria.
- Mis asuntos no le interesan señor Greengrass… yo que usted me preocuparía por cosas más importantes que tratar de indagar en mis asuntos personales; qué hago o qué no hago con mi tiempo libre, es algo que no le concierne en lo absoluto… - Draco observó una leve reacción de incomodidad en el rostro del Mortífago, allí detrás de su aparente estoicismo se ocultaba algo que él no deseaba vislumbrar- No creo que deba recordarle señor que actualmente soy un hombre recién casado… usted comprenderá que mi tiempo es mejor valorado en otras circunstancias más placenteras… yo que usted miraría a mi progenie más de cerca, en vez de meter mis narices donde no me llaman; sería un gran desperdicio que Daphne o Astoria terminasen como perro de caza de algunos de esos… especímenes…- Draco miró levantando las cejas con escepticismo, en dirección a uno de los magos que lideraban a los carroñeros, este miraba de arriba abajo el cuerpo de Astoria con una sonrisa maliciosa adornando sus dientes sucios y podridos. La chica había venido con su padre por alguna razón inexplicable, generalmente las Mortífagas de sangre noble, no se requerían para este tipo de trabajo de campo, ellas se encargaban de las relaciones políticas y manejo de influencias, jamás se utilizaban para las redadas… mucho menos expondrían a una de las hijas de Greengrass, un altísimo miembro sangre pura, al alcance las manos inquietas de los carroñeros.
- Hablando de ello…¿Usted cree que cabría una posibilidad que Zabinni quisiera a una de ellas?- dijo el mago sin inmutarse ante las palabras de Draco. Por un segundo la mano derecha del que no debe ser nombrado, pensó en que todo ello era una broma, más cuando vio en los ojos del hombre su lado reflejada la luz de la codicia y la ambición, supo que todo esto, no era más que una vil treta. Ahora comprendía "el por qué", de la presencia de Astoria aquí, probablemente el mago pensó que Blaise le acompañaría, en palabras burdas esto era una simple exhibición de mercancía.
- ¿Es una pregunta formal? O simplemente las estas ofreciendo al mejor postor…- inquirió Draco un tanto molesto.
- Ambas opciones me sirven…- afirmó Greengrass sin siquiera un atisbo de vergüenza o culpa al ofrecer a sus hijas como si fuesen objetos. Draco guardó silencio mientras miraba a Astoria tratando de parecer digna ante las palabras subidas de tono del carroñero.
- Preguntaré, aunque yo en su lugar no me fiaría… Blaise es demasiado importante ahora como para simplemente elegir a una de sus hijas… mi suegro está entusiasmado con unirlo a una pariente lejana de la misma Morgana, no podré hacer mucho al respecto… Thius valora a Blaise y quiere lo mejor para él…- alardeó Draco haciendo una mueca de desprecio. La expresión del padre de las chicas era un poema a la indignación.
- Supongo que deberé esperar a su respuesta entonces mi señor…- contestó el Mortífago mordiéndose la lengua ante su insulto directo.
- Supones bien…- aseveró él en respuesta dando por finalizada la conversación y desapareciendo de su sitio con un movimiento de varita.
- Padre… es suficiente… ya no lo soporto…- Astoria que se había acercado a hombre miraba en lugar en donde Draco había desaparecido unos segundos antes.
- Tendrás que soportarlo, tu estúpida amiguita Parkinson no consiguió hacerse de Malfoy y cayó en desgracia para ese norteamericano, espero más de ti Astoria. Tu hermana perdida está… si no puedes tener e Blaise quiero que busques a Nott, sea como sea debes asegurarnos. De ti depende el futuro de nuestra familia.
- De qué futuro hablas padre… allí donde quieres gobernar solo habrá miseria…- Astoria miró al Mortífago frente a él antes de que con un giro de su varita desapareciera de su lugar.
***/***
Solo habían pasado unos días desde que había despertado de la maldición del Horrocrux de Riddle, y a pesar de que aún estaba débil, no podía prolongar sus responsabilidades por más tiempo, menos ahora que el tiempo parecía avanzar cada vez más y más rápido.
Haberse encontrado con Ravenhood, no había sido más que una providencial coincidencia generada por Blaise, él lo había encontrado sin siquiera proponérselo, en el tiempo que él estuvo inconsciente… todo parecía una providencial coincidencia que no debía por ningún motivo dejar pasar… tal vez era el destino de ese muggle ser parte del final de la historia, como así lo fue su abuelo al inicio de la misma. Ahora solo debía llamar a Potter y Weasel para ir por ese Horrocrux de una vez por todas… y luego bueno… sería la guerra… -"será mejor un mensaje de texto, más rápido directo y no correría el riesgo de que Hermione le descubriese…" – pensó para sí mismo mientras pensaba que para esas horas su poción regeneradora, ya debería estar perfectamente cocida en el caldero de su sótano en Malfoy Manor. Aún sentía sus músculos inestables, su fuerza en esos momentos dependía mayormente de los brebajes que él mismo había creado para recuperarse, resultaba inverosímil que muchas de esas creaciones que ahora él mismo bebía, las había inventado para Hermione cuando estuvo postrada en cama, sin imaginárselo, éstas le ayudaban ahora a recuperar su propia destreza perdida.
Con un suspiro agotado Draco pensó en su deseo y añoranza de llegar a casa pronto, tal vez a comer algo caliente antes de irse a la cama, o simplemente quitarse esa botas frías y darse una ducha con agua a punto de ebullición como a él le agradaba; con frustración, sintió cómo su "fortaleza" le fallaba a medida que sus pasos se relentizaban, se sentía sin energías y su respiración se dificultaba a medida que ponía más esfuerzo físico del humana y mágicamente permitido… una cosa era recuperar su motricidad y agilidad perdida, eso con pociones adecuadas era relativamente solucionable, no obstante, otra muy distinta era recuperar su fuerza mágica innata. Aun se cansaba con el menor esfuerzo físico y la principal consecuencia que ello originaba, era la disminución dramática de su magia. Solo podía dar gracias a Merlín que todo parecía relativamente normal y en calma hasta ahora… bueno… en calma para ser una guerra, por el momento no había sido necesario mostrar sus habilidades superiores y sus apariciones públicas evitaban sospechas innecesarias. No podía seguir fiándose de las imitaciones de Nott para cubrirse, aunque estas hayan sido efectivas en su forzada ausencia, debía tomar el control nuevamente, recuperarse lo más rápido posible y volver a ser él mismo… Potter y el oficial Revenhood aguardaban.
No quiso aparecerse directamente en Malfoy Manor, por el contario, su mente dispuso su llegada a los jardines, allí los pavos reales albinos de su madre huyeron al verlo aparecer de repente, el aire puro de su hogar de alguna forma tranquilizaba su corazón, e inyectaba en su alma una energía y fuerza desconocida. No podía creer que esta fuera su casa, la misma casa en la cual había crecido toda su vida, al mirarla a la luz del amanecer era como ver un palacio resplandeciente y puro, la magia y esencia de Hermione se había colado en cada rincón de sus cimientos, fortaleciéndola y renovándola como una brisa fresca de la mañana. Con calma caminó lentamente hasta la puerta trasera de la mansión, justamente la que daba a las cocinas, estaba helando y sus pisadas crujían sobre el pasto congelado y lleno de nieve, con un giro de su varita, deshizo el hechizo sobre su propia apariencia mostrando su rostro real, aquel que lucía delgado y desmejorado. Suavemente abrió la puerta tratando de hacer el menor ruido posible, más una voz dulce y acongojada al otro lado de la misma, hizo que sonriera con cansancio y a la vez de una muy secreta felicidad.
- No hagas eso de nuevo Draco…- Hermione estaba de pie al lado de encimera de mármol de a cocina, vestida con una gruesa bata de noche, sostenía elegantemente entre su dedos una taza de humeante café caliente, tenía una leves ojeras marcadas debajo de sus hermosos ojos y su cabello descansaba sobre uno de sus hombros en una trenza suelta pero ordenada.
- ¿Me vas a regañar? ¿en serio?- preguntó él tratando de mostrarle una sonrisa relajada. Más todo se fue al infierno cuando sus ojos puros cayeron sobre él como un juez absoluto.
- No soy tu madre… jamás lo haría, no juegues ese juego conmigo Draco Malfoy…- respondió ella acercándose a él quedando a escasos centímetros de su rostro.
- No… no eres mi madre, pero eres mi esposa…- alardeó él en respuesta con una sonrisa traviesa y cansada en sus labios, a la vez que veía como la bruja frente a él pestañeaba un tanto sonrojada, más esta no pudo refutar nada cuando él dejó caer su cabeza en su hombro exhausto y abrumado.
- ¿Qué sucedió?- preguntó la chica con preocupación olvidando por completo las palabras dichas por él. Draco le mostró en su mente unos leves fragmentos de lo ocurrido con el auror y sintió como el cuerpo de Hermione se tensaba de inmediato.
- No te preocupes no está muerto… se recuperará… no tuve el valor de verlo a la cara Hermione, no supe quién era…- susurró él contra la piel de su cuello.
- Es mejor de esa manera…- contestó ella abrazándolo con voz apacible pero afectada al mismo tiempo- sube a la cama te llevaré algo para que puedas dormir.- le pidió con suavidad, más cuando iba a darse la vuelta Draco la apresó entre sus brazos y sin mediar palabra la besó, fue un beso lento pero sumamente profundo, un beso al cual sorprendentemente ella no se resistió en lo absoluto y que correspondió alzando sus brazos para abrazarlo por los hombros.
- Estoy cansado…- balbuceó él con voz rasposa sobre los labios de la bruja sin apartarse demasiado, la boca de Hermione vibraba a casa aliento, a cada roce sutil…- sube conmigo.
- ¿Qué?... Yo… no puedo…- contestó ella bajando la mirada y apretando su labio inferior entre sus dientes con culpa.- Merlín debes dejar de hacer eso Draco, no está bien si lo haces así… se supone que lo nuestro no es real… yo…- Draco sonrió de lado tratando de disimular un poco su desilusión.
- No te entusiasmes rata… solo tengo mucho frio y dormir con alguien siempre es agradable…- Hermione lo miró desconcertada y confundida.
- O... Okay… claro… ve…- tartamudeó ella mientras se arreglaba nerviosamente la bata de noche.
- Aunque no me molestaría oírte decir mi nombre en estas noches frías…- Draco sonrió de lado dejando a Hermione pasmada mientras huía en dirección al sótano de la Mansión.
- ¿A…Adónde vas?- preguntó ella desconcertada y azorada.
- Poción energizante… medicamente hablado claro…- se limitó a contestar con una sonrisa traviesa en los labios, mientras emprendía nuevamente su camino. Mientras descendía las escaleras de las mazmorras, sacó su móvil del bolsillo trasero de su pantalón y tecleo un sencillo mensaje de texto, ahora solo faltaba reunir las fuerzas requeridas para mañana.
***/***
Lejos de ahí Thius observaba con una ceja alzada cómo Harry jadeaba exhausto debido al esfuerzo, las rodillas del joven mago temblaban de debilidad y el sudor que caía por su frente era fiel reflejo de su determinación, mentalmente Thius aplaudió el esfuerzo, Potter era un mago que evolucionaba motivado a través de emociones puras, el sacrificio, el honor, la justicia y la paz, eran el estandarte de su poder... a diferencia de Draco, Potter era un aprendiz fácil de aleccionar, esos sentimientos motivantes eran fáciles de fortalecer y acrecentar, sin embargo, no podía apartar de su mente y de su corazón los motivos que alimentaban al hijo de Narcisa, Draco opuestamente a Harry, tuvo que crecer obligatoria y desesperadamente orillado por el terror, la desesperación y el más profundo y doloroso amor. Cuan jóvenes talentosos y cuan diferentes eran sus almas y espíritus.
- Una ronda más…- le escucho decir Thius mientras Harry levantaba su varita, intentando incorporarse en su sitio.
- Ha sido suficiente por hoy, no es beneficioso entrenar hasta morir…- declaró Thius mientras bajaba su varita y comenzaba a encaminarse a la Mansión Black sin haber soltado siquiera una gota de sudor.
- ¿Malfoy?... él… ¿hasta dónde puede llegar?- preguntó Harry incorporándose y mirando la espalda del mago mientras se alejaba.
- Si fuera en serio… probablemente el joven Malfoy me derrotaría después de una buena batalla… aunque no sin secuelas… graves- aseveró con orgullo, el último descendiente vivo de la antiquísima casa Slytherin.
- Entonces no soy nada… ¿cierto?...- declaró Harry sintiendo un sabor amargo en su boca al verse opacado sin mucho esfuerzo por la monstruosa habilidad del mago frente a él.
- Usted es diferente señor Potter, no puede ni debería compararse con la habilidad del señor Malfoy, repito, usted y su compañero Ron Weasley caerían en un error imperdonable si ponen como meta llegar a ser como él. Partiendo como simple base de que usted no está aprendiendo como él lo hizo señor Potter.- Harry miró como el mago frente a él se detuvo en su andar y fijó su mirada perdida en el horizonte agreste y blanco por la nieve- El joven Malfoy desarrolló su capacidad orillado por emociones muy dispares a las suyas… el miedo y la desesperación fue el aire que respiró por años, siempre presionado por la simple idea de perder lo que más apreciaba en su miserable existencia… su situación y la de él, no deben ser objeto de escrutinio igualitario…- aseveró el hombre de forma categórica.
- No es muy diferente desde mi punto de vista… yo también tengo a quienes proteger…- inquirió Harry con disgusto, el hecho de ser menospreciado a favor de Malfoy, cualquiera sea el nivel, era algo que simplemente se negaba a aceptar, nunca le importó mucho en Hogwarts, sin embargo ahora… ya no estaban en la escuela y ese era mucho que decir.
- Se equivoca señor Potter… mi juicio no se basa en la simple interpretación de las circunstancias de cada uno, usted sin duda pelea y se motiva por el ideal de la esperanza y el futuro… el joven Malfoy a diferencia suya, lucha sin tener esa esperanza a la cual usted tanto se aferra, Draco está completamente a merced del miedo que le produce perderse así mismo… sus motivos aunque tengan un final común, nacen de caminos completamente diferentes.
- ¿A qué se refiere?- Harry olvidó por un instante su cansancio y prestó su completa atención a Thius, ese mago conocía a Malfoy y lo que decía en esos momentos, era tal vez, un indicio certero de las respuestas al enigma que era Draco Malfoy en sus vidas, tal vez ese mago poseía la información que aclararía o despejaría en parte sus dudas.
- Miedo… la fuerza que produce la indefensión, de vivir bajo el terror de convertirse él mismo en un monstruo, ese es el motivo que lo impulsa… Draco sacrificó todo sin pensar en las consecuencias para obtener el poder para protegerse y proteger lo único que le importaba más que su misma alma… él tenía miedo de sí mismo, de perder su humanidad… ¿acaso no hay mayor miedo que perderse en la oscuridad Señor Potter? ¿usted ha experimentado la sensación de sentirse consumido por el bálsamo frío y sin fin de la más pura y cruda maldad?- Harry miró al cielo gris y frío sintiendo el ralentizar de su corazón agitado, pensó en las veces que él mismo se había dejado hundir en lo profundo del odio del corazón del Riddle, ese pesar y odio abrumador que sintió como suyo, en esa maldad pura y sin remordimientos… en ese momento y por segunda vez en su vida, bajo la mirada penetrante y certera de Thius Slytherin… no supo que pensar de Draco Malfoy… la primera ocurrió cuando Draco no les delató cuando fueron víctimas de los carroñeros, ese episodio estaba latente en su subconsciente y se resistía a ser dejado en menos, mucho menos en ese preciso momento.
- Puedo tener una idea…- respondió él joven auror, sintiendo como una gota de sudor frío resbalaba por su nuca para perderse en el interior de su espalda. Thius miró al joven e inexperto auror y sonrió… tal vez Draco Malfoy no estaba tan solo como él mismo lo cree… tal vez no ahora… tal vez no después… pero al ver la miraba oscura de Potter hundirse en el entendimiento de recuerdos pasados oscuros, pensó que tarde o temprano, esos dos serían camaradas… ya sea unidos por lazos de amistad o necesidad, pero compañeros al fin…-
- Regrese dentro señor Potter, descanse y recupere fuerzas, no es su deber ni le incumbe los motivos que el Señor Malfoy pueda tener en su alma, eso no hará que su habilidad mejore. Como un buen Gryffindor tome el camino largo y satisfactorio hacia la fuerza y entrene duramente, es su naturaleza después de todo la honestidad y el sacrificio genuino, usted no es el señor Malfoy y debería considerarse afortunado por ello…- Harry suspiró exhalando vaho por su boca, sintiéndose secretamente y solo por un momento, feliz se ser él mismo. Sin ser consiente notó en sus dedos enrojecidos, como la temperatura había descendido enormemente, el olor irresistible a chocolate caliente proveniente de la vieja cocina de los Black, despertó sus sentidos recordándole que allí dentro, su familia le esperaba, más cuando iba a abandonar sus pensamientos pesimistas, el clásico sonido de mensaje recibido de su móvil le distrajo, casi por inercia abrió su móvil y leyó el mensaje de texto en su bandeja de entrada, las palabras que allí aparecieron como por equivocación le helaron la sangre.
"Mañana a las 11 de la noche, Greenwich Park, llevaré compañía.
Trae sólo a Weasley…
Ni una sola palabra a nadie
Menos a Hermione".
D.M."
- ¿Señor Potter?- Harry saltó de su lugar casi imperceptiblemente, Thius le miró con cuidado, más Harry repitió el gesto simulando un escalofrío.
- Siento los huesos congelados…- comentó él en tono exhausto e indiferente.
- Pues será mejor que entremos antes de que muera…- agregó al mago dándole la espalda, pero sin dejar de tomar una nota mental de los ojos de aturdidos de Harry Potter.
Una vieja cancioncilla salía de los labios de aquel hombre como una forma de aliviar de alguna manera el nerviosismo que sentía, habían aparecido en ese lugar en un solo respiro debido a la magia. Con desagrado aun podía sentir en su boca el amargo sabor que le provocó haber devuelto la deliciosa cena que su esposa había preparado; se sentía ansioso, pero pensar en sus hijos y en el bien que les traería después de esta noche era motivo más que suficiente para mantener bajo control sus nervios, debía mantener la calma y concentrarse, debía ver esto como otro operativo más, como otra misión para atrapar a un delincuente, una misión un tanto diferente, pero misión al fin y al cabo.
Todo lo que les rodeaba estaba cubierto de nieve, era un parque muy familiar y lo reconocía bien a pesar de la oscuridad y el vacío a su alrededor, más de alguna vez había venido aquí de niño con sus padres, inclusive trajo a Maggie hasta aquí para un día de campo con ella. A su lado aquel extraño mago yacía con los ojos cerrados apoyado en el tronco de un árbol, sus brazos cruzados sobre el pecho transmitían el claro mensaje de autoridad y peligro de cualquier malhechor. Casi inaudiblemente, el hombre muggle le oía murmurar una y otra vez entre dientes palabras extrañas que él no podía comprender. Por un instante y debido a la quietud y el silencio del mago, Matt creyó que esta había caído dormido, sin embargo, la postura del chico denotaba su completo estado de alerta. Él podía ser una persona común y corriente, pero su ojos jamás se equivocaban al juzgar a una persona, lo supo cuando tomó a Maggie entre sus brazos con amabilidad, cuando se deshizo de esos magos tenebrosos que atacaron su vecindario, lo supo cuando llegó esa misma noche a buscarlo a casa y permaneció alejado y al margen de su entorno evitando inmiscuirse y perturbar su hogar… ese mago frente a él, aquel chico que misteriosamente había aparecido en sus vidas era mucho más de lo que aparentaba ser, su apariencia intimidante y talante maligno, no era más que una máscara. Asimismo, podía reconocer e él, en esos ojos grises y fríos frente a él… años de horrores y experiencias que solo los veteranos de guerra conocían, ese sentimiento mutuo de miedo a la oscuridad. Ese extraño y siniestro joven conocía lo que era el mal y ese simple hecho real, le hacía desear con todas sus fuerzas que sus hijos no tuviesen ese destino jamás. Tal vez esa era la principal razón por la cual aceptó venir a este lugar, a diferencia de lo que se pudiese creer, el motivo por que aceptó ese pedido no fue impulsado por promesas increíbles, ni es por su ambición personal, era simple, única y llanamente por lo que quería evitar… esa mirada vieja y cansada… esa mirada que no poseía inocencia alguna… él no deseaba que sus hijos viviesen, "sea lo que sea", que ese joven chico ha vivido hasta ahora, él más que cualquier cosa en este momento quería proteger a su familia de ese destino incierto.
- Han llegado…- la voz profunda de Draco hizo que el oficial apretara los músculos, con avidez el hombre muggle miró a su alrededor tratando de ver a quién se refería el mago, estaba nevando y a pesar de que no era fuerte, no había nada a su alrededor que delatara que no estuviesen solos.
- ¿Cómo nos viste?- Matt se sobresaltó cuando de la nada dos cabezas de hombres aparecieron a unos cuantos pasos de distancia, uno de ellos era un chico pelirrojo no mayor que el mago que le acompañaba y el otro un muchacho era uno de anteojos el cual de inmediato fijó su vista penetrante en él.
- ¿En serio Potter?... ¿Cómo lo supe?... Deberías volver a la academia de aurores a ver si ahora lo averiguas. No sé cómo saliste de ahí en primer lugar y estás vivo aun para contarlo…- espetó Draco con sorna malintencionada.
- Malnacido…- lo insultó Ron respirando con fuerza, la mano derecha del que no debe ser nombrado miró a Ron Weasley sin la más mínima expresión en su rostro sin moverse de su sitio y manteniendo su espalda apoyada en el árbol. Harry se removió inquieto en su lugar mientras enrollaba con rapidez su capa de invisibilidad, para guardarla en el que alguna vez fue el viejo bolsito de cuentas de Hermione.
- Oficial, le presento a Harry Potter y Ronald Weasley, magos al igual que yo con la diferencia que ellos son por así decirlo… "los chicos buenos" al igual que usted, detentan cargos de autoridad y orden público…- Draco sonrió de lado levantando una ceja con astucia.
- O sea que eso te convierte a ti en un soplón…- dijo Matt mirando a Draco directamente a los ojos sin ningún atisbo de ofensa, su declaración no era una burla sino más bien una constatación de un hecho fáctico, no obstante, apenas aquellas palabras salieron de su boca, Ron sonrió ampliamente sintiendo que ese hombre extraño que estaba con Malfoy le agradaba.
- Se equivoca oficial, yo lo llamaría más bien…- aseveró el Mortífago. Harry el cual había permanecido estoico ante el intercambio de palabras miró al mago oscuro seriamente-…un maldito traidor a la sangre…- Draco habló esto último sin mirar a nadie en espacial, tal como si fuera una simple aseveración de un verdad absoluta.
- Menudo problema en el que te has metido entonces chico… no me imagino la razón por la cual harías tal estupidez, más viendo el poder que detentas entre los tuyos…- aseveró el oficial con interés.
- Tal vez por una estupidez mayor…- contestó Draco suspirando a la vez que ligeramente arrugó su frente con algo parecido a malestar.
- Aun estás débil…- declaró Harry al cual no le pasó desapercibido ese gesto de Malfoy.
- Por fin te has vuelto observador Potter, tal vez solo sea necesario que Weasel regrese a la academia de aurores… no estás tan jodido como creí…- le respondió Draco levantando la barbilla mientras dio una rápida mirada a su entorno.
- No iremos contigo en esas condiciones… aun estás débil después de despertar de la maldición, puedo notar sin ser un genio que no estás a toda capacidad…- replicó Harry mientras ahora fijaba su vista en el hombre muggle al lado de Draco.- de todas formas ¿Qué hace este hombre aquí Malfoy?.
- En primer lugar ten más respeto niño, una serpiente es aún más letal y peligrosa cuando se encuentra acorralada y herida… y en segundo lugar pues… ese chico necesita un favor de mi parte y tenemos un trato, fin del asunto así que no metas tus narices.- Draco abrió los ojos sorprendido por la voz del oficial Ravenhood, y más aún por las palabras y analogía utilizadas. Con cierto inquietud no pudo dejar de notar la similitud que había entre esos dos hombres. Harry miró al muggle con sorpresa sintiendo una cierta e incómoda familiaridad en él.
- ¿Bueno por lo menos podemos saber quién es usted?- fue Ron el que logró romper esa momento extraño con su pregunta si detenerse a prestar atención en el intercambio de palabras.
- Soy solo el oficial Ravenhood para ti chico, nada más que eso…- contestó el muggle con voz seria tajante.
- Quién es y que hace aquí, solo me importa y me compete a mí… no metan sus narices en esto… - Intercedió Draco mirando al oficial con profunda seriedad.- Oficial, si algo sale mal, quiero asegurarme de que lo prometido se cumpla… es por ello que lo haré ahora si usted está de acuerdo… ¿está preparado?- la mano derecha del que no debe ser nombrado sacó del interior de su túnica una daga mediana. Harry confundido pero atento solo observó con cautela aquel intenso intercambio de miradas entre los dos hombres frente a él.
- No estaría aquí si no chico, ¿qué debo hacer?- preguntó el Oficial con la determinación fluyendo de sus ojos.
- Extienda su mano… - sin dudar el hombre muggle expuso su palma sin dejar de mirar a los ojos grises del mago frente a él, de un movimiento fluido y elegante Draco cortó la mano del hombre a la vez que con su varita convocó un pergamino viejo y sucio. Los aurores observaron cómo este envolvió con rapidez el cuchillo en aquel trozo de papel para luego dejarlo levitando frente a los ojos de Matt. Con voz profunda Draco comenzó a recitar lo que a todas luces era un conjuro de magia negra y antigua.
- Harry…- Ron inquieto estrujó con fuerza su varita a la vez que lo llamaba sin saber cómo actuar frente aquella situación.
- Déjalo Ron… como Malfoy dijo, esto es algo que no nos compete…- respondió él observando aturdido como unas llamas negras rodeaban el pergamino consumiéndolo con hambre.- Además no es como si ese muggle estuviese bajo ningún imperius- agregó mirando fijamente el actuar del hombre muggle frente a ellos.
- ¿Cómo puedes estar seguro de eso?- preguntó a penas en un susurro y tan rápido que Harry apenas si pudo captar sus palabras.
- No lo estoy Ron… solo confío…- Ron arrugó el entrecejo disconforme con aquella declaración, sin embargo, ni una sola palabra más salió de su boca.
- "Todo lo que eres y serás, cenizas en el abismo serán, el fuego por siempre consumirá, la voz muerta de la verdad…" "Omnia vestra sunt et erunt, cinis in abyssum et, ignis consumet aeternum, ad vocem mortuam veritatem"…- Harry y Ron observaron como una veintena de rostros humanos diferentes parecían formarse entre las lenguas de fuego negro, allí habían niños, mujeres y ancianos; con atención observó la expresión del extraño hombre muggle que les acompañaba el cual solo miraba lo que ocurría con decisión absoluta y valentía. Harry pensó que para ser un muggle, su espectro de credulidad superaba todos los que él hubiese presenciado antes, más fue ese mismo pensamiento inocente lo que por acto inmediato lo hizo comprender cabalmente… ese hombre… sola había una respuesta para aquella falta de asombro ante la magia- ¡él debe conocer la magia…!- dedujo Harry sin apartar la vista de los dos individuos. Era inquietante observarlos, Draco un sangre limpia conjurando magia negra frente y para un simple muggle sangre sucia, sin lugar a dudas aquí había algo que tanto él como Ron se habían perdido… y ese algo… era definitivamente importante. Draco Malfoy no haría algo tan siniestro y poderoso para un simple muggle por nada… "qué era" lo que ese simple hombre debía dar a cambio, era el verdadero enigma en todo esto.- Bien ahora viene la parte que… duele… mantente apartado Potter y controla a tu sabueso… - ordenó Draco mirando la cara roja de Weasley en ese momento- y por lo que más aprecias… no te entrometas…- Harry se quedó en silencio y petrificado cuando Malfoy con los ojos llenos de determinación y oscuridad lo miró amenazante. Ante su sorpresa el pergamino que antes se consumía se había desvanecido quedando solo ante ellos la misma daga con la cual Draco había herido la mano del Oficial, la diferencia es que esta parecía volverse inmaterial por intervalos irregulares, luciendo traslúcida y etérea por instantes, para luego solidificarse y brillar con malicia.
- Dijiste que nada me pasaría…- aseveró el oficial levantando una ceja con desconcierto.
- Es cierto… dije que no morirías, no que no dolería…- contestó Draco con los ojos cerrados a la vez que en un movimiento anormalmente rápido empuñó la daga con fuerza y en un giro fugaz la incrusto en el pecho del hombre, Ron jadeó impactado mientras el hombre muggle abría los ojos con sorpresa y evidente dolor. Draco miró a Harry con el ceño fruncido a la vez que sin perder el contacto visual con él, acabó de introducir el resto daga traslúcida hasta su empuñadura, empujándola con su palma abierta sobre el pecho del hombre. Este último sobrepasado, se encogió sobre sí mismo con dolor intentando trabajosamente por tomar bocanadas de aire.
- ¡Lo mataste!- Exclamó Ron levantando su varita lista para atacar, sin embargo Harry lo detuvo haciendo un además para que no interrumpiera. Draco miró al hombre de rodillas frente a él.
- No luche oficial… déjelo entrar… dolerá más si se resiste. Es lo que desea, no puede negarlo ahora…- le dijo Draco hincando una rodilla en el pasto y colocando una mano en el hombro del muggle a sus pies. Harry vio como el oficial miraba a Draco con el pánico pintado en el rostro, algo no andaba bien, no obstante, Draco permanecía estoico en su lugar sin perder contacto visual con él en ningún segundo.- No temas Matt, debes aceptarlo… es la condición… solo tú lo sabrás y te lo llevarás a la tumba… solo tú cargarás con el peso por toda la eternidad… solo funcionará si estás dispuesto a sacrificarlo todo por el amor que le tienes a tu familia…- El niño que vivió escuchó con atención como aquellas significativas y poco comunes palabras de Draco, calmaron al hombre el cual cerrando los ojos sostuvo con fuerza la muñeca del mago frente a él. Luego de unos segundos un quejido largo y acongojado salió de la boca del hombre muggle, Draco soltó un suspiro y sin mediar solicitud ayudó al oficial a ponerse de pie.
- ¿Está usted bien señor?- Ron el cual lucía pálido miró a Harry como esperando autorización para acercarse.
- Si…- contestó este sin darle su atención, a la vez que miraba a Draco con ojos diferentes a los de antes.- Cumpliré con mi parte del trato chico…- agregó sin más ganándose una mirada sutil pero significativa del Mortífago.
- Pues bien, este es el plan…-
Harry, Ron y el oficial miraron horrorizado e igualmente sorprendidos la montaña que ante ellos se imponía, la tormenta de hielo cortante y nieve que les rodeaba apenas si les permitía avanzar más de dos pasos seguidos sin detenerse, a lo más, podían verse las espaldas los unos a los otros, y sin duda la capa negra de Draco que ondeaba frente a ellos, era una como una luz negra entre la nada que les impedía desorientarse y caer en desesperación, fue el brazo extendido de Draco el que de repente les impidió avanzar, Harry sintió que se le helaba la sangre cuando escuchó el crujido de la nieve y el suelo ceder a sus pies.
- ¡Varitas en alto y mantengan la calma! ¡sigan las instrucciones como ya les dije y sobreviviremos!- el grito Draco, puso a todos en guardia, el oficial Ravenhood se posicionó a espaldas de Harry siendo protegido en su retaguardia por Ron. Solo fue cosa de unos segundos cuando nuevamente el crujido característico de la avalancha se dejó escuchar provocando que el desastre cayera sobre ellos, la nieve se desprendió y comenzó su carrera directa cuesta abajo a una velocidad que era humanamente imposible.- ¡Esta es la primera de las barreras de Riddle! ¡Haga lo que haga, no corran!- Harry abrió los ojos impactado por cómo Malfoy se posicionó firme directamente frente a la avalancha.
- ¡MALFOY!- Gritó Harry horrorizado, pero sin moverse de su puesto.
- ¡Protego Máxima!- Ron casi abandonó su actitud de alerta cuando vio con sus propios ojos lo que Malfoy estaba a punto de hacer. Todo fue tan violento que apenas si tenían noción de lo que ocurría. La montaña calló sobre ellos como una bomba de mil toneladas, los oídos de Harry y los demás parecieron a punto de reventarse por la presión de las toneladas de nieve blanca sobre sus cabezas.
- ¡¿Qué clase de criaturas son ustedes?!- le oyó decir Harry al hombre muggle entre él y Ron.
- No todos somos como él…- se limitó a contestar observando sin pestañear, cómo Malfoy, "solo", contenía con su poder mágico, la fuerza infinita de la naturaleza. Ron a su lado tan o más petrificado, parecía que había dejado de respirar. El oficial Ravenhood, miró la espalda y la cabeza rubia del mago siendo cubierta por su capa negra, y no pudo evitar pensar que ese chico parecía un amo de la muerte… nada de lo que estaban presenciado sus ojos parecía ser real, ni siquiera la fría nieve que se colaba por sus botas, ni el poder que impotentemente veían sus ojos… la verdad implacable de que esos seres con magia eran superiores a él y los suyos, y la irrefutable verdad de que esa fuerza sería la responsable de que millares de muggles cayesen en la esclavitud.- ¡Bombarda máxima!- con un grito a todo pulmón Malfoy dejó escapar de un solo golpe de magia todo su poder destructivo, la nieve que amenazaba con enterrarlos vivos, salió expulsada por el cielo dejando frente a él y sus acompañantes un camino despejado y sin obstáculos. - Avancen- ordenó él apenas mirando hacia atrás para cerciorarse de que lo oían. Harry salió de su estupefacción y tomando la iniciativa comenzó a dar pasos decididos siguiendo el andar enérgico de Draco. Cuando salió a la luz, se encontró que toda la tormenta anterior había desaparecido para mostrar ahora la entrada a una cueva horripilante e inmensa, la misma que Malfoy les había descrito escuetamente antes de venir, Ron en silencio mantenía su puesto vigilante, atento al oficial Ravenhood. Sin preguntas, todos entraron a la cueva siguiendo los pasos cautelosos de Draco, al llegar a cierto punto este se detuvo mirando en silencio atentamente y con ojos ávidos todo lo que le rodeaba.
- ¿Qué ocurre?- Preguntó Harry con nerviosismo, Draco no habló en lo absoluto y solo se limitó a haber un gesto con su dedo de que guardara silencio.
- "…ostende passagium, sdest ille viam, ostende mihi gressus…" "muéstrame el paso seguro, señala el camino, enséñame mis pasos"- Draco repitió con voz firme cada una de las palabras dichas por Hermione, todas ellas sacadas de sus recuerdos de la última vez que ambos estuvieron aquí.
- ¿Qué rayos es eso?- preguntó Ron señalando con inquietud como la cueva comenzaba a centellear mostrando lo mismo que les mostró la primera vez que Hermione, Blaise y él mismo estuvieron ahí.
- Inferis…- dijo Harry tragando pesadamente al ver los cuerpos desnudos y en estado de descomposición suspendida.
- ¿Son zombies?- el oficial Ravenhood miró con ojos desorbitados todo lo que se mostraba ante él sin censura.
- Algo así… por lo menos los efectos de que uno de ellos se cruce en tu camino, es muy parecida.- Aseveró Harry apretando la mandíbula con rabia e impotencia.
- Hay algunos dañados de la vez pasada, aunque siguen siendo tantos como recuerdo- aseveró Draco comenzando a caminar con extremo cuidado por el sendero que las luces marcaban para él- Están sobre advertidos, iremos lento y por Merlín no pisen donde no deben, sigan mis pasos y todo saldrá bien…- agregó para luego sentir como Potter seguido por el oficial y Weasley, comenzaban a copiar sus pasos sin hacer más preguntas innecesarias. Solo transcurrieron unos minutos de travesía cuando Draco se detuvo al escuchar la voz de Weasley.
- ¿Señor que sucede?... Malfoy algo le ocurre al oficial…- Draco que estaba a unos cinco pasos de él miró a Matt el cual se había quedado viendo a su costado con la mirada fija en algo que había visto.
- ¿Oficial?- Draco le llamó cautelosamente sin pestañear, empuñando su varita con ansiedad.
- Tienes que matar a esa bestia muchacho… júrame que lo harás… yo no podré jamás tocarlo siquiera, pero tú tienes el poder y lo necesario para acabar de una vez por todas con su maldita vida. Mátalo chico, protege a mis hijos donde yo no podré hacerlo jamás…- Ron, Harry y Draco, desviaron sus miradas al punto exacto donde el oficial tenía la vista prendada, allí una pequeña niña desnuda convertida para siempre en un inferí yacía inmóvil con la boca abierta lista para acabar con lo que sea que la despertara. Draco frunció el ceño, sintiendo la misma perturbación, que debía estar sintiendo aquel hombre muggle, el parecido que esa criatura condenada poseía con la misma hija del oficial Ravenhood, era motivo más que suficiente para sentir rencor y desprecio absoluto.- ¿Tienes hijos mago?... por como trataste a mi Maggie puedo adivinar que si…- preguntó Ravenhood deteniéndose a mirar a Draco.
- Solo en mis sueños…- contestó este, sin preocuparse por la reacción de Potter y compañía, esto era algo entre ese hombre muggle y él.
- Pues cuando la tengas entre tus brazos algún día y te diga papá… sabrás la importancia de lo que te estoy suplicando…- inquirió el hombre cerrando los ojos con afección.
- Aunque no tenga hijos… tengo a quienes quiero proteger… para mi es más que suficiente para ser un soplón y un maldito traidor…- contestó Draco sin expresión en el rostro.
- Bueno… ahora te entiendo y no puedo condenarte por eso… haz lo que debas muchacho, si por mi fuera te seguiría hasta el infierno, aunque por lo que veo, considero que estamos en su jardín trasero- Draco sonrió de lado al hombre, le agradaba aquel muggle, hablaba de formar simples que él entendía perfectamente y a su vez este le comprendía sin necesidad de muchas palabras.
- Sigamos…- sentenció él sin parar en la mirada reveladora que Harry tenía en los ojos. Allí en la mirada del niño que vivió, había comprensión a las palabras dichas por Draco, más inclusive, de las que él mismo quería aceptar.
- Hermione… ¿qué le has hecho a Draco Malfoy?- pensó Harry para sí, emprendiendo nuevamente aquel peligroso camino, "del jardín trasero del mismo infierno". Unos minutos más adelante, la voz de Malfoy les despertó a todos de sus pensamientos nuevamente, allí frente a ellos estaba el motivo por el cual habían arribado a ese lugar.
- Es aquí, guarden sus varitas por ahora, es seguro- Ordenó Draco mirando su entorno con suspicacia y extremo cuidado habían salido de ese túnel lleno de inferis y habían arribado a la explanada que rodeaba ese aparente lago sin fin- Oficial Ravenhood, llegó el momento de su misión…- Harry y Ron miraron al hombre con los rostros llenos de preguntas, mientras este con el entrecejo fruncido siguió al Mortífago sin siquiera dudar. Ambos hombres se acercaron a la orilla del agua sin tocarla y tal como Hermione había hecho, Draco jaló la saliente de roca develando la matriz de piedra donde se encontraba grabada la maldición. Ravenhood retrocedió medio paso ante lo que se develó a sus ojos, sin embargo, su valor era mayor y sin titubear, se acercó y se colocó frente a la lápida de piedra para intentar ver mejor los extraños glifos que allí refulgían macabramente.
- Malfoy… - Harry se acercó al mago con cautela a la vez que hablaba tan bajo como podía, de alguna manera quería evitar que Ron pudiese captar algo que no debía o que no podía saber.
- ¿Qué sucede Potter?- Draco miró al auror con asombro, el niño que vivió parecía lleno dudas, no obstante, por alguna extraña razón, ésas innumerables preguntas que se agolpaban en la boca de Harry no pudieron ser dichas.
- Se lo que pasó… - Terminó por murmurar lo más despacio que podía.- Hermione me explicó lo que la maldición significaba, ¿Por eso has traído un Muggle? ¿él pagará el precio de la sangre?- preguntó Harry sin rodeos. Draco levantó las cejas sorprendido.
- Bingo, Potter…- contestó él entre dientes sin dejar que su vista dejara la roca con aquellas runas. Con un gesto casi imperceptible le pidió al oficial que se acercara.
- Oficial, espero no sea un problema pero debo disponer de su sangre nuevamente, prometo que esta vez, no dolerá- indicó Draco con seriedad absoluta. Harry pensó que ese mago a su lado era simple y llanamente poderoso, en su voz no había atisbo de duda o miedo, menos de nerviosismo, pero en realidad lo que Harry ignoraba era que el rostro incólume y la voz ronca de Draco, no era más que la antesala al pánico.-Haré un corte en su palma, luego de eso usted debe marcar con su sangre la roca… una vez efectuado, aparecerá un camino emergente de entre las aguas, usted deberá cruzarlo… y por lo que más quiera… evite tocar el agua…- Harry observó como el hombre con coraje soportó el corte y sin titubar acarició con su palma extendida la superficie de la roca incandescente. Allí la sangre manchó la piedra, siendo absolbida por esta de forma misteriosa.
- Pensé que me quemaría la mano…- aseveró el hombre, mientras veía con asombro como Draco cerraba su herida murmurando hechizos entre sus labios.
- Pues es buena señal… a mí me la quemó cuando lo hice…- aseveró Draco, no sin dejo de alivio y ansiedad. Unos segundos después y tal y como la vez pasada, aquel camino extraño emergió de las profundidades con un sonido casi silencioso.- Oficial… de aquí en adelante solo usted podrá cruzar ese camino, la magia negra nos impedirá a Potter, Weasley y a mi penetrar la barrera, en otras palabras…-
- Estaré solo…- terminó por decir el hombre muggle fijando su vita al final de ese camino en donde un montículo extraño sobresalía de la superficie calma e imperturbable de agua.
- Hay un espejo… solo… debe tomarlo y envolverlo con algo, no observe su reflejo en él… es probable que usted pueda pasar sin ser afectado por su magia… pero ello no significa que no sea influenciado por ella, la magia negra es atractiva en todos los sentidos, y esta no discrimina entre magos ni muggles… no confíe en nada de lo que sienta, la única verdad que hay es la que usted sabe ahora… y la que yo le he dado… ¿comprende?- Draco miró al hombre con ojos intensos, Harry supo que este era el momento crucial.
- No eres bueno dando charlas motivacionales chico…- masculló el oficial soltando un suspiro tenso.- He estado en las fuerzas especiales, no creo que me falte mucho por ver que sea más horroroso de lo que ya he tenido que ver.
- Una guerra es una guerra oficial, sea en el mundo muggle o en el mágico, mundos distintos horrores distintos… no subestime lo que no conoce…- inquirió Draco con tesón.
- No subestimo nada chico, solo… que no le tengo miedo…- Ravenhood tomó la tela que Draco asía con fuerza entre sus dedos y sin mediar otro segundo más puso un pie dentro del aquel camino de grava. A penas dio el primer paso, una barrera poderosa pero casi imperceptible les selló el paso a los tres magos que se quedaron atrás.
- Potter, Weasley varitas en guardia…- susurró Draco tenso.- a la vez que los dos magos comprendiendo la situación y sin mediar palabra en contrario, se codeaban a su lado sin dejar de ver como el hombre muggle parecía casi perderse por ese camino rodeado de oscuridad.- observen cualquier cambio a su alrededor, ordenó Draco con calma a la vez que Ron veía de reojo como Malfoy se apuntaba a sí mismo con su varita. Harry estupefacto observó como el Mortífago a su derecha apuntaba su brazo, emitiendo un suave quejido de dolor antes de aumentar su magia de golpe.
- Malfoy…- le llamó Harry severamente y un poco asustado, a la vez que miraba en todas direcciones esperando un ataque de improviso.
- Ya regresa… - indicó Draco ignorando las miradas de Weasley y Potter. Solo fue cosa de segundos para que el oficial Ravenhood llegara nuevamente a su punto de encuentro.
- No pasó nada chico, ese espejo estaba ahí y no pasó nada… solo me siento cansado…- indicó el hombre el cual estaba pálido y un poco sudoroso.
- Deténgase oficial… camine lentamente hacia nosotros, si siente algo, cualquier signo diferente a lo que percibe ahora, pare y no de otro paso… solo hágalo lentamente.- Harry observó cómo Draco colocó su brazo sobre la pared invisible frente a ellos emitiendo un suave fulgor azul desde su palma abierta. Con lentitud el hombre muggle dio un paso tentativo a la vez que controlaba su respiración.
- Hay un leve cosquilleo en mis dedos chico…- dijo el hombre mirando al Mortífago con fijeza.
- Una trampa, para un ratón…- murmuró Draco sonriendo de lado- Lo que no sabe es que el ratón no viene solo. Weasley, cuando te diga cubrirás al oficial Ravenhood con un protego y más te vale que sea el más poderoso que hayas hecho en tu maldita vida. Potter tú serás el apoyo si el Horrocrux intenta defenderse, cuento con que lograrás detenerlo, solo tú sabes lidiar con eso… solo si no hay otra alternativa, destrúyelo con la maldita espada que supongo traer en ese bolso de mujer, si todos nuestros planes fallan quiero que salgan de aquí de inmediato.- Harry miró a Draco lívido, mientras este último le lanzaba a las manos un objeto que parecía ser una llave vieja y oxidada. Harry observó el objeto anonadado- Es un traslador repotenciado.- contestó Draco a la pregunta muda del niño que vivió- Lo creé especialmente para hoy, solo deben tocarlo y pensar en salir y el traslador los llevará a un lugar seguro de inmediato.
- Y que harás tú… ¿te las darás de héroe?- bromeó Weasley con un dejo de desprecio en la voz.
- ¿Piensas morir aquí chico?- Harry observó al oficial muggle el cual tenía la vista fija en Malfoy.
- No si mis planes resultan y si ustedes no me fallan…- respondió Draco con una mueca de dolor en su rostro.
- Malfoy… que demonios te sucede…- Harry observó el sudor en la frente del Mortífago y su respiración entrecortada.
- Basta de palabras, a la cuenta tres…- Harry miró a Ron haciéndole un gesto afirmativo con la cabeza a la vez que se concentraba lo mayor posible en su magia.- dos… uno…- Ron se quedó boquiabierto en el instante mismo en que la mano de Draco comenzó a penetrar la barrara de magia, las paredes comenzaron a temblar y a su alrededor las rocas se desprendían de la cueva cayendo sobre la superficie del agua negra rompiendo el espejo macabro y oscuro que esta reflejaba. Una explosión de magia poderosa debilitó la barrera lo suficiente para que el oficial pudiese pasar. ¡WEASLEY!- gritó Draco con fuerza soportando el peso de la magia. De inmediato Ron lanzó un protego al hombre el cual mirando a los magos atentamente, solo atinó a estrechar con más fuerza el espejo que traía fuertemente agarrado en su mano izquierda. - ¡Sal ahora Matt rápido!- gritó Draco, más cuando el hombre avanzó su pie resbaló tocando sutilmente el agua. Draco abrió los ojos aterrado.-¡POTTER, SALGAN DE AQUÍ! ¡AHORA!- ordenó Draco comenzando a conjurar con su varita hechizos de defensa, mientras Ron defendía al oficial de un par de hambrientos inferí que de un instante a otro habían emergido del agua y luchaban por arrastrarlo con ellos.
- ¡RON!- Harry corrió en dirección al oficial al momento en que su amigo terminaba su hechizo mandando a esas miserables criatura a volar por el aire, solo fueron instantes, un par de segundos en donde el caos se había desatado, Harry observó sobrepasado cómo cientos de inferi salían del agua uno tras otro y se abalanzaron sobre ellos como un enjambre de abejas. Ron sobrepasado trastabilló a su lado y cayó de espaldas junto al oficial Ravenhood.
- ¡QUE ESPERAN, SALGAN AHORA, YA!- Gritó nuevamente Draco. Harry observó impactado como Malfoy a unos metros de ellos, comenzó a quemar con fuego maligno a los inferí que emergían del agua y que se abalanzaban sobre ellos implacablemente. Una enorme cabeza de león abría sus fauces de fuego para tragar y convertir en cenizas a todo lo que les amenazaba. La cueva tembló nuevamente amenazando con caerse sobre sus cabezas. - ¡POR MERLIN SALGAN YA!- volvió a gritar el mismo, comenzando a hacer girar su varita sobre su cabeza.- ¡QUE ESPERAS!
- ¡HARRY!- exclamó Ron viendo con horror como su amigo se quedaba viendo fijamente la espalda de Malfoy. Solo bastó una fracción de segundo para saber cuál era la decisión correcta. Esa vez, tuvo que hacer lo que le pidieron para un bien mayor… esa vez Albus Dumbledore había muerto… ahora, nadie decidiría por él, mucho menos el mago que con desesperación combatía por sí solo para darles tiempo de correr… no… él ya no correría más. En un movimiento lanzó la llave que Malfoy le había dado a las manos del hombre muggle que en silencio miraba atónito la situación. Solo bastó que Harry cruzara por unos segundos su mirada con el oficial Ravenhood, para que este comprendiera.
- A casa oficial…- murmuró él mirando al hombre el cual captó su mensaje mucho más rápido de lo que Ron lo hizo, solo un segundo después, el oficial Revenhood desaparecía del lugar junto con Ronald Weasley a su lado.
- ¡DEPULSO!- exclamó Harry con ira mandado a volar a cientos de inferi de una sola vez.
- ¡MALDITA SEA POTTER!- gritó Draco con frustración percatándose de lo que había ocurrido.
- ¡NO MALFOY! ¡ELIJO LUCHAR AQUÍ QUE ENFRENTAR A HERMIONE SOLO!- respondió él sobre el sonido infernal del fuego maligno sobre sus cabezas. Harry pareció observar una pequeña sonrisa divertida en los labios de Malfoy antes de que este le agarrara de la capa y comenzara a jalar de ella en una dirección en específico.
- ¡Pues si eso quieres, pide a Merlín y a Morgana por no quemarte el trasero! ¡CORRE!-
No me queda nada más que agradecer por la larga espera, nunca os olvido y mantengo mi promesa! no descansaré hasta que termine este fic!
Pueden creer que sobrepasé los 1.000 Reviews! jamás ambicioné tanto cuando empece a escribir esta historia. estoy emocionadísima por ello y todo es gracias a ustedes... nada más que ustedes. Gracias a todas las nuevas amigas que me han dejado sus comentarios, me alegran mi pesado día y me impulsan a no abandonar en todo ámbito de mi vida. "Todo se logra a base de esfuerzo y perseverancia"
VIVA EL DRAMIONE!
Nos leemos en el grupo de face!
