Gui: Hoy subiré dos capítulos, porque estoy poco pegada al ordenador y eso hace que se me olvide actualizar.

Disclaimer: George, oh, George, gatito bonito, cosita ronroneante, publica Vientos de Invierno, anda.


Dragones bailando
o La Más Humana de las Tragedias: la Guerra Testaruda


Sexto Baile

Muchas han sido las leyendas que rodean la desaparición de Vaghar, el último de los seres vivos que habían protagonizado la Conquista de Aegon, en el vigésimo segundo día de la quinta luna del año 130 de la Conquista de Aegon. Su enorme cuerpo, con el cadáver de Aemond-Ojo-Único aún encadenado a su espalda, se encontró en el Ojo de Dioses. La parte de la historia que decía que su sangre hizo hervir el agua del río debía de ser cierta, al menos. Tenía los huesos del cuello rotos, así que probablemente cayera al agua desde las alturas gracias a la potente mordedura del Anfíptero de Sangre, Caraxes, el dragón de Daemon Targaryen.

¿Cómo era posible que dos dragones que habían volado juntos, ala con ala, en el cielo de la antigua Volantis, sobre el Mar Angosto, Pentos, Qohor y Norvos, cuyos jinetes, Daemon Targaryen y Laena Velaryon, habían compartido cama, casa e hijos, se hubiesen despedazado el uno al otro sin remordimientos?

La espada de Visenya, Hermana Oscura, había matado al jinete de Vaghar, como si hubiese sido la voluntad de su antigua propietaria asesinar al ladrón de su regia montura. Aemond-Ojo-Único había perecido como había vivido: perdiendo el ojo. Y efectivamente, Hermana Oscura ensartaba aún la cuenca del ojo de la calavera del príncipe cuando encontraron sus restos.

Sin embargo, los restos del propietario de la espada no los encontró nadie. Hay quien dice que sobrevivió al impacto, después de saltar del lomo de Caraxes al de Vaghar y asesinar a su sobrino, y huyó al fin del mundo para reunirse con su amante, Ortigas. Pero ni siquiera Daemon Targaryen habría podido sobrevivir a semejante impacto. Su dragón, largo, grande y esbelto, había tenido fuerzas para alzarse fuera del lago y morir, con el estómago esparcido por la orilla y un ala desgarrada, a las puertas de Harrenhal.

Pocos fueron los testigos de aquella batalla mortífera. Alys Ríos, la amante bruja de Ojo-Único, que había visto en los fuegos el paradero de Daemon, que portaba en su vientre al bastardo de su amante, había presenciado la caída, desde lo alto de la torre del rey de Harrenhal. Algunos pescaderos oyeron el impacto de los dos dragones. Que aquellos dragones eran Vaghar y Caraxes no había sido evidente. Aunque la bestia que había montado Visenya poblaba las pesadillas de todos los niños de Poniente, en vuelo, en mitad de una batalla, rodeada de humo y fuego, y cayendo en picado hasta el Ojo de Dioses, era difícil de distinguir.

La noticia tardó en llegar a la gente para quien era importante.

El único resto de aquel enfrentamiento fueron los trece surcos que arañó Daemon en el Árbol Corazón del bosque de dioses de Harrenhal con Hermana Oscura, mientras esperaba a Aemond-Ojo-Único. Cada primavera, el arciano sangra por esos surcos, sufridor de la guerra fratricida.


Contador de batallas y Puñaladas Traperas de la Guerra

Verdes: 24 + 3 dragones matados + 2 dragones conseguidos
Negros: 26 + 1 dragón herido

Contador de Cosas Que Salieron Mal

Verdes: 2 + 1 dragón perdido
Negros: 4 + 1 dragón perdido

Aquí todo el mundo pierde puntos.


Este capítulo está escrito desde una perspectiva futura y me ha gustado. ¿Alguien se había fijado?

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Gui
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