¡Hola chicos!

Hace mucho que no actualizaba esta serie de drabbles, en mi defensa, me puede bastante el Fanboy y el mafioso que me gana el tiempo libre -carita triste- . Nah, en realidad no tengo defensa.

¡Pero aquí! Deudas de juego son deudas de honor!

Aquí tenemos a Hiro revelándole lo de las apuestas ilegales a Yama. Si ando un poco norteados, les recomendó volver a leerse el drabble de Yama para que agarren el hilo de éstos tres capítulos seguidos -corazón roto-

¡Gracias!

42. Regaño.

La puerta del departamento fue azotado violentamente, y debajo del umbral, dos cuerpos agitados se adentraron lo más rápido que pudieron. Miguel tropezó consigo mismo nada más entró de un salto al departamento, cayendo directo a la alfombra por su mal equilibrio, y Hiro no tardó en girarse, cerró lo que era la puerta y culminó en un aliento suave que llevaba toda la adrenalina de antaño.

Ambos dieron un suspiro de alivio al cerciorarse de que estaban sanos y salvos. Cansados, sudados y estresados, pero al menos se encontraban en un muy considerable estado de salud.

Hiro pegó la cabeza contra la fría puerta, suspirando placentero por la sensación eléctrica de lo helado contra su caliente cuerpo. El Rivera se había levantado por su parte, apoyando sus manos contra sus rodillas y procurando recuperar el aliento arrebatado a grandes bocanadas.

La mirada de reproche que Miguel le lanzaba hizo que Hiro tratará de justificarse por los actos anteriores.

—Y-Ya...—fue lo que Hiro pudo articular, su cuerpo todavía no podía sosegarse después de tanto correr—Estamos a Salvo —aseguró, recargándose en la puerta, y, procediendo a limpiarse el sudor de su frente —Perdimos a Yama al darle la vuelta en la esquina...Ya no tienes que preocuparte —luego susurró para si mismo —Al menos que los volvamos a encontrar...pero ya me encargaré yo de eso.

—¿Q-Qué fue eso? ...—Con el aire escapándosele Miguel encontró la fuerza para poder hablar.

Hiro palideció y golpeó la orilla de madera para ó, encontrándose con un muy indignado Miguel que claramente esperaba una respuesta a lo acontecido, en ese momento, Hamada supo que lo mejor era huir.

—¡Buenooooo! —Hiro comenzó suavemente, alargando la última boca. Llevó sus manos hacia atrás de la cabeza con una sonrisa grande —que mala suerte todo lo que pasó, ¿verdad? —Miguel no dejaba esa ceja fruncida, y Hiro Hamada decidió que era momento de huir del campo de batalla —En fin...¡Me tengo que ir! —se despidió, caminando directo a su habitación que compartía con su pareja —... Tengo unos trabajos de facultad que debo entregar y ...

—Hiro Hamada, no te mueves de aquí.

Maldijo cuándo ya no pudo pudo completar exitosamente su escape y su paso estratégico murió.

Hiro quedo congelado en su lugar, totalmente estático y con un poco de sudor del ejercicio anterior empezando a resbalar por su frente. Ya no sabia si era tensión o preocupación lo que pululaba en su cabeza.

Mierda, la mirada de Miguel le indicaba que en serio no debía proceder a dar un paso a su refugio Anti-regaños Riveras o iba a recibir un botazo a la cabeza.

—¿Qué sucede Tamalito? —Hiro Hamada volvió a fingir ser inocente, aún con sus novio estando con un muy horrible gesto de desaprobación.

—¿Qué fue lo de ahorita? —demandó Miguel sin darle tiempo al reproche.

—Em...¿Una carrera?...—fingió demencia, pero se arrepintió a los segundos al ver que eso no le había hecho gracia a su pareja —Está bien, no fue una carrera...Y ellos ...No son amigos de mi infancia —le confesó.

—¿En serio Hiro? ¿Qué te hizo pensar eso? —preguntó el Rivera con un sarcasmo viboreando en la lengua —¿El hecho de que nos amenazaran con navajas y tuvimos que correr media manzana por nuestra vida? —Hiro lo miró de mala gana, detestaba ser regañado.

—Fue buen ejercicio, ¿no lo crees? —alegó el Hamada.

Hiro supo que si seguía hablando, Miguel lo ahorcaría por sus malas bromas, pero supo que esto no era algo que debía contarse así, mínimo debían platicarlos los dos sentados cómodamente y él armado con su traje de super heroe por si las dudas.

Ahora se sentía vulnerable ante la habilidad zapatera del Rivera de poder golpearlo con sólo mirarle.

—Está bien ...—suspiró, Hiro se despegó de la pared y con una mano empezó a rascarse la cabeza para intentar acomodarse las ideas. Era más fácil pasar un examen de termodinámica a explicarle a su pareja todo lo que conllevaba un poco de su pasado — Bueno...¿Cómo lo explico? ...—divagó entre sus recuerdos, sonriendo un poco apenado cuándo Miguel ahora fue quién se cruzó de brazos —Digamos que ...No tengo un buen pasado ...¿Tengo antecedentes criminales? —preguntó dudoso, Miguel deshizo el nudo de sus brazos cruzados y ahora lo miró horrorizado —Sí, esa es la palabra correcta...¡No me veas así! —se defendió, luego lo apuntó acusadoramente —Tú también tienes tu historial —después del silencio de Miguel, Hiro siguió más incómodo —Bueno, el punto es que aveces hago apuestas ilegales de robots...

El Hamada sentía que se estaba confesando ante una autoridad judicial o no sabía. El gritó alarmado de Miguel le hizo bajar la cabeza más incómodo, ah, ¿tan dificíl era explicarle que estaba tachado en el sistema acusatorio de la ciudad? Demonios, ni siquiera cuando intentó esconder a Baymax de la tía Cass le resultaba tan complicado.

—¡¿A veces?!—inquirió.

—Em ...Depende lo que significa a veces...¿Quieres decir todo el tiempo? De ser así ...No...solo...a veces...dos o tres veces al mes, quizá, para ser más exacto.

Y en cada confesión dudosa que le obsequiaba el Hamada la ira del Rivera emergía como una flama

—¡¿Lo sigues haciendo?!

—Sí, no todo el tiempo —intentó apaciguar ese fuego que empezaba a arder en los ojos de Miguel — Recuerda que debo mantener mi buena imagen en la universidad. Ya sabes, el genio prodigio con buen historial académico...Seria malo para mí si se enterarán —desvió la vista a otro lado —por eso dos o tres veces al mes estaba bien para mí.

Hiro comenzó a sobarse el brazo con algo de nervios. No quería encarar a su pareja. Es decir, no quería un botazo.

—¡Hiro! —le reclamó Miguel, y casi se persigna de no ser por el descaro de Hiro que prosiguió.

—¡Querías la verdad! —le protestó a su favor, Miguel ya quiere quitarse la cabeza y dejarle un chinchón por su imprudencia.

¡Son peleas ilegales! ¡Hiro se estaba metiendo en cosas que no debía! Y casi mueren por lo mismo.

¡Su pareja es un criminal con antecedentes penales!

—...Bueno, continuemos...Las apuestas ilegales ...

—¿Apuestas ilegales? —volvió a preguntar a Miguel.

El mexicano agarró aire, y luego suspiró esperando que eso sirviera para relajar su cuerpo. Se preguntaba que si de alguna manera esto sentiría Mamá Elena cada que él hacía una travesura. Necesitaba retirar la tensión de los hombros para calmarse.

—Es muy lucrativo, Miguel.

HIRO HAMADA.

—Bueno...—Hiro ya no sabía si continuar o no, sentía que en cualquier momento Miguel saldría como Tadashi con algún discurso de la buena moral y el comportamiento licito — por andar con apuestas ilegales ...me metí con gente que no debía...¿Yama? —Hiro se cubrió la mano por si Miguel quería jalarle la oreja como la tía Cass hacía con él —Bueno, supuestamente lo engañé y le hice trampa hace algunos ...años...—Y con años, se refería quizá a uno o dos de diferencia.

—¡¿Hiro hiciste trampa?!

—No es trampa como tal...—alegó a su favor —Sólo me aprovechaba de mi imagen indefensa para que se confiarán y apostarán más...Y así.

—¡Eso es engañarlos!

—Ellos eran los idiotas que caían —se volvió a defender con indiferencia.

En sí, de eso Hiro no se arrepentía. Sólo le pesaba la culpa que su pareja se hubiera enterado y no de una manera muy agradable.

—De hecho, ahora que lo pienso...Si terminaron en la carcel por mi, de no ser por Tadashi yo también hubiera terminado ahí. —confesó lo último con descuido.

—¡¿Tadashi?!

—Sí, él también sabe y la tía Cass...Sus jalones de oreja son horribles —le confesó y tuvo un escalofrío que le recorrió de pensar en la tía Cass enojada y confiscándole su laboratorio del porche como castigo.

—¿Y luego? ¿No aprendiste la lección? —Hiro encogió los hombros como respuesta —...¡Hiro Hamada!

—Yama me odia por lo del cárcel, yo pensé que lo había olvidado. —mencionó distraído, recargándose en la pared —Ya sabes, salir de la prisión y olvidar todos los rencores que envenenan tu alma. Es malo para él.

—¿Entonces?

Y Hiro le sonrió dulcemente, dando a entender que la historia había terminado.

—Eso fue lo que pasó, básicamente resumido.

—¿Resumido? —Miguel ya no podía, apretaba los dientes del coraje y sentía que éstos le iban a doler dentro de un rato.

—Sí, falta un poco más detalles a la historia —Se sinceró de pronto, recordando la persecución, que casi muere por un disparo, la policía, fue una noche algo agitada —pero no es algo que debas enterarte por el momento.

—Ya veo, eso es lo que paso —Miguel se cruzó de brazos, todavía mirándole con mala cara, Hiro le sonrió algo nervioso por sentir los pesados ojos del Rivera en él.

Ni siquiera su tía Cass o Tadashi le hacían intimidar como lo hacía su pareja.

—Sí. Básicamente.

Miguel todavía estaba tácito, brazos cruzados y una respiración sorpredentemente lenta. Hiro juraba que al menos se pondría como un dragón hambriento queriendo venganza y botazos por todo lados, pero aún así, el Rivera se mantenía sobre la misma posición sin emanar más que esos enojados ojos.

El genio admitía que le temía más a este lado de Miguel que al enojado. El enojado tiraba blasfemias, zapatazos y sólo bastaba unos cuántos besos para aplacar a esa bestia, este...no estaba muy seguro de como dormirle...

—Hamada...—un muy llamado de ultratumba le preocupó al genio de la robótica.

Mierda, él sabía que significaba.

—¿Qué sucede algodón de azúcar? —preguntó con un tono de dulce para aplacar la silenciosa ira del Rivera.

No hubo respuesta por parte del Rivera, en cambio, sólo éste se levantó un pie, se empezó a quitar lentamente la bota y Hiro ya asumió que era lo que venía, retrocedió cuándo el Rivera tenía la bota en la mano.

—Miguelito...

Miguel dio un paso más.

—Dulce amado mío...

El Rivera sólo se acercaba aputandole con el arma letal justo enfrente de su cara, Hiro reculó todo lo que pudo hasta toparse con la traicionera pared.

Es decir, podía tolerar los jalones de oreja de la tía Cass o los sermones de moral de Tadashi, pero si que le daba vuelta a la fuerza desvatadora que significaba un botazo de su amante. La otra vez le dejó marcada la cara.

—Miguelito...Hay formas de solucionar esto.

—Cállate Hamada —le demandó Miguel —Estoy muy enojado contigo.

Hiro le sonrió.

—Mi Romeo de tamales y música ...Por favo...—calló y un golpe certero en la cabeza le bastó para acomodar las ideas, silenciando los apodos románticos —¡Ah! ¡Oye!

Otro, sólo por resongarle.

—¡Miguel!

Y otro por contestarle.

—¡Esto por el susto que me acabas de dar! —reclamó, el Rivera volvió a azotar la punta del zapato contra el Hamada, éste se sobó e intentó cubrirse en vano, la fuerza de Miguel era más abrumadora.

—¡Para!

Sin embargo, la ira del Rivera no sería aplacaba por las amenazas vacías de su pareja, en cambio, aplicó más fuerza en el proyectil de su mano.

—¡Esto por ocultarme cosas! —otro cuándo escuchó el quejido de Hiro que lo alentó a no parar —, ¡Pinche chino mamón!

—¡Ya entendi! ...—gimió adolorido, intentando cubrirse la cara y cabeza con los brazos —¡Lo siento!

—¡Y esto es por ser un pendejo irresponsable!

Terminó con otro tan fuerte que casi le hizo perder la consciencia, Miguel se volvió a colocar su bota de nuevo con tranquilidad, gruñendo de mala forma y por fin irse a la habitación, en dónde cerró con un portazo.

Hiro sabía que hoy le iba a tocar dormir con Dante en el sofá.

El azabache se sobó enojado, todavía le seguía doliendo como el demonio cada botazo que su pareja le había dado. Por eso no quería que Miguel supiera, ahora era la impotencia de saber que se iba a enojar por semanas le estaba carcomiendo.

—Hiro, voltea.

Los pensamientos del Hamada fueron disipados como rayo cuándo escuchó la voz de su novio, el genio levantó la vista ansioso, esperando obtener un perdón. Sin embargo, lo siguiente que supo fue que la bota de su amante había sido lanzada a su dirección.

Hiro jadeó cuándo la suela le cayó directamente a la cara, estampándose con violencia y hundiéndose en su náriz, aún se preguntaba por esos genes de francotirador que el Rivera había heredado. Gimoteó cuándo la bota rebotó en el suelo, adolorido, se sobó la náriz y cerró los ojos para evitar que las lágrimas escurrieran, sentía que la R de la Marca Rivera ahora estaba claramente tatuada en su piel.

—¡¿Y eso por qué fue?! —preguntó, sin dejar de presionarse la zona lastimada.

El Hamada ahora estaba enojado, mas, recibió un rugido como respuesta que lo hizo acabar con toda la valentía.

—¡Por mis huevos!

Mierda, Miguel estaría enojado con él por semanas.

Notas finales.

La gente me lo estaba pidiendo, y la verdad me dio mucha felicidad volver a escribir pendejadas de éstos dos xD