CAPÍTULO 36.- VIAJE AL PAÍS DE LAS OLAS"

Mi mochila yacía sobre la cama de mi habitación, la estaba observando desde el espejo al mismo tiempo que me cepillaba el cabello. Eran aproximadamente las cuatro de la madrugada.

Todos en la aldea -o al menos la mayoría de los habitantes- estaban durmiendo. Mis padres no lo estaban, por alguna razón decidieron que sería bueno despedirse de mí antes de que me marchara a esa misión que si mis cálculos no fallaban, duraría poco más de un mes. Considerando que llegar al País de la Miel por tierra, demoraba cerca de dos semanas.

—¿Sakura?

Mamá abrió despacio la puerta del cuarto y asomó la mitad de su cuerpo. Me observaba de pies a cabeza y había algo en su mirada que me resultaba difícil de descifrar.

—¿Qué pasa mamá?

—¿Estás lista? No te has puesto la bufanda ni el abrigo, sabes bien que estará nevando mucho.

—Lo sé mamá.

Fui a tomar la bufanda de uno de mis cajones y en el intento de colocármela, mi madre apartó mis manos y terminó haciendo ella la tarea. Lo hizo con delicadeza, con cariño, e inevitablemente recordé cuando de pequeña ella solía arreglar mi ropa antes de ir a la academia. El tiempo pasó tan rápido que ni siquiera me di cuenta en qué momento ella dejó de hacer estas cosas.

—Cuídate mucho —manifestó sin mirarme—, tienes que volver en una sola pieza.

—¿Estás preocupada porque mi misión tardará mucho?

Apretó los labios y finalmente me dirigió la vista.

—Sé que vas a estar bien, no eres una mujer débil. Sólo prométeme que no harás ninguna tontería.

Moví mi cabeza y sonreí, fui a ponerme el abrigo y posteriormente me colgué la mochila. Ella lo entendió: ya era la hora de partir.

Bajamos la escalera, papá estaba sentado en el sofá de la sala con sus brazos cruzados y sus ojos cerrados, al momento que me puse frente a él, los abrió.

—Ya me voy.

Se puso de pie, caminó hacia mí y me dio un sorpresivo abrazo que se sintió tan cálido y reconfortante.

—Haz bien tu trabajo y vuelve pronto a casa.

—Así será. Por favor, no muevan nada de mi habitación hasta que yo regrese.

Caminé hacia la puerta y giré la manija, al abrirla sentí una brisa fría que caló hasta los huesos. Volteé por última vez con mis padres y alcé mi mano en señal de despedida.

—Ustedes también cuídense, los veré pronto.

Me di la media vuelta y emprendí mi trayecto hacia las puertas de salida de Konoha.

Las calles aún medio oscuras y solitarias, sólo algunas farolas alumbraban el lugar por el que iba. La nieve permanecía a las orillas del camino y el cielo se veía gris, no había ninguna estrella.

Mis pisadas hacían ruido por la escarcha que aplastaba, y un ligero vapor salía de mi boca cada vez que respiraba. Todo lucía como si la aldea me estuviera viendo partir y me presentara el escenario perfecto para despedirse de mí.

Llegué al punto de encuentro. Izumo y Kotetsu estaban acurrucados dentro del puesto de control mientras bebían algo caliente.

—Hola Sakura —Saludó Kotetsu mientras temblaba—. Eres la primera en llegar.

—Me preguntaba si ya estarían todos aquí pero veo que no. ¡Por todos los cielos Kotetsu! ¿Por qué no te has puesto un suéter de cuello alto? —Me desquició verlo cascabelear los dientes, hacía que me diera más frío.

—Se me ha hecho tarde y he salido con lo primero que encontré —excusó.

—Eres un idiota —le regañó Izumo.

—Muchachos, muchachos tranquilos.

Oí una voz familiar y miré hacia atrás, Kakashi sensei había llegado y caminaba hacia nosotros con una pose tan casual como si hubiera veinte grados.

—¡Hokage!

Izumo y Kotetsu se enderezaron para saludarlo con formalidad.

—Kotetsu, ve a casa y ponte un abrigo o vas a enfermarte. Estaré aquí haciendo guardia hasta que regreses.

El rostro de Kotetsu palideció y miró a su compañero como si no supiera qué decir o hacer, eso me causó mucha gracia.

—Se-señor yo...

—¡Apresúrate!

—¡Sí, señor! Enseguida regreso.

Diciendo eso se marchó casi a la velocidad de la luz.

—Sensei, es la primera vez que lo veo llegar tan temprano. Ahora no se perdió por el sendero largo —me burlé.

—Como el camino está lleno de nieve seguí las huellas de un gatito y mira qué casualidad, me ha traído a este sitio —se cruzó de brazos.

—Los demás aún no llegan.

—No deben tardar. Sasuke ha ido a recogerlos, seguramente se están demorando porque Momoka no puede caminar tan rápido por su embarazo.

—Me preocupa su salud, está haciendo mucho frío.

—No tienes por qué estarlo, el País de la Miel es conocido por su buen clima —explicó—, así que pronto estarás disfrutando de una cálida temperatura.

—¿Está bromeando? —Me alteré— ¡He empacado sólo ropa de invierno!

—Bueno, ya comprarás algo en el camino —movió su mano.

—No traigo mucho dinero —me lamenté—, sólo lo necesario. Me basé en los cálculos de la duración de esta misión y me prometí no gastar en cosas triviales.

—Un ninja nunca sabe cuánto durará su misión —me dio palmaditas en la cabeza—. Así que no apresures las cosas, deja que todo lleve su curso normal.

Sin entender aquellas palabras sólo le sonreí. Hablamos un poco del intento fallido por traer de regreso mis memorias y aunque no profundizamos en el tema, sentí menos angustia con el apoyo moral de mi ex sensei.

Al cabo de unos minutos, Sasuke, Kamus y Momoka llegaron.

—Disculpen el retraso —dijo Kamus e hizo una reverencia—, estamos listos.

—Gracias señor Hokage —habló Momoka—, por cuidar de mí durante todo este tiempo. Y perdón por los problemas que causé.

Al decir aquello, sus ojos grises me miraron con pena.

—La aldea de la Hoja siempre estará disponible por si un día desean volver a visitarla —dijo Kakashi sensei— Por favor, vayan con cautela, ruego porque vivan en paz y deseo que su hijo crezca fuerte y sano.

—Gracias señor —Kamus le estrechó la mano.

—Sasuke, Sakura —Kakashi sensei nos miró y estoy segura que su gesto era una sonrisa—, éxito en esta misión.

Sasuke asintió y se giró hacia la salida.

—Vámonos.

Momoka y Kamus caminaron tras él, yo miré a mi ex sensei por última vez.

—¡Nos vemos pronto Kakashi sensei!

Me di la media vuelta y puedo asegurar que le oí decir «no será tan pronto».

El viaje había comenzado... Mi viaje con Sasuke. Al final, cuando cumpliéramos la misión ambos tendríamos que volver a Konoha, juntos.

¿Cómo lidiaríamos durante ese tiempo? ¿Nos pelearíamos de nuevo? Tenía tantas interrogantes en mi mente.

Durante el camino nos detuvimos varias veces para descansar y calentarnos un poco. Sasuke encendía una fogata y nos colocábamos alrededor de ella. Momoka se veía cansada y aunque su sonrisa era su principal característica, pude ver que algo la inquietaba. Quizás estaba nerviosa por volver a su tierra natal, y por todos aquellos delincuentes que querían hacerles daño.

Puse mi mano sobre la suya y le dije en voz baja que todo estaría bien, después de todo Sasuke era también uno de los héroes de la cuarta guerra. Ella esbozó una sonrisa y llevó sus manos a su vientre.

Sasuke y Kamus hablaban sobre los puntos que debíamos evitar así que tomamos otro camino y no cruzamos por Suri.

—¿El país de la Miel está cerca del mar? —Le pregunté a Momoka.

—No —movió su cabeza—, estamos en el centro del continente. Antes de llegar a nuestro país tendremos que atravesar el País del Arpón, el País las Flores Rosas y el País de los Campos.

—¿Eh? ¿Continente? ¡Eso significa que cruzaremos en mar!

Me imaginé todo lo que Sasuke y Momoka tuvieron que recorrer para llegar a Konoha. Tanto tiempo juntos... ¿De qué hablaron? O mejor dicho... ¿Hablaron?

Aunque Momoka y Kamus eran una pareja, el simple hecho de imaginar a Sasuke con Momoka en su travesía, me causaba celos.

—No te preocupes doctora Sakura —Kamus volteó—, conozco una buena embarcación que nos llevará sanos y salvos. Es la misma que utilicé para llegar hasta este continente.

—Cuando veas mi país, lo vas a amar —Momoka me codeó.

—Supongo que el paisaje es muy distinto a Konoha.

Todo aquello me llevó a pensar en el gran recorrido que hizo Sasuke ¿tantos lugares había visitado? ¿Cuántas personas había conocido? ¿Qué tanto hacía tan lejos de la aldea?

El día pasó, y cuando la noche estuvo a punto de caer hicimos una parada en un hostal cerca del puerto que conectaba con el País de las Olas.

Todo iba de maravilla hasta que una idea hizo clic en mi cabeza: ¿Cómo dormiríamos? Teníamos que economizar así que tendrían que ser dos habitaciones para cuatro personas. El asunto era que Momoka y Kamus eran pareja y ellos podrían dormir en la misma habitación pero... ¿Sasuke y yo? ¿Dormir en el mismo cuarto de nuevo?

Mi corazón palpitaba asustado ante cualquier circunstancia, hasta que Sasuke explicó las cosas antes de que entráramos a los cuartos.

—Sakura, tú y Momoka dormirán juntas. Eres una kunoichi médica y debes estar al pendiente de ella en todo momento y velar por su seguridad.

—Sí —dije con firmeza.

—Kamus —lo miró.

—Lo sé —rió—, no pensaba dormir con mi mujer y dejarlos a ti y a la doctora Sakura a parte.

Sentí que la sangre me llenaba la cara.

—Mañana temprano, a las cinco de la mañana partiremos al País de las Olas. No nos quedaremos a dormir así que tenemos que apresurarnos para tomar el barco que nos llevará hasta el País del Arpón. ¿Quedó claro?

Nos miró a todos y asentimos. Su aura de líder autoritario lo hacía tan sexy. Sacudí mi cabeza antes de seguir con mis pensamientos impuros.

(...)

Terminé de bañarme, estaba sentada en la cama secándome el cabello con una toalla. Momoka estaba recostada acariciándose el vientre.

—¿Necesitas otra almohada? —Le pregunté.

—Estoy bien así, descuida.

—Si necesitas algo, lo que sea por favor despiértame.

—¿Sabes Sakura? —Apoyó sus manos bajo su rostro y se puso de lado— No he tenido tiempo de disculparme contigo por lo que hice.

—No hiciste nada.

—Sí, estuve a punto de apartarte para siempre del amor de tu vida —dijo con un tono melancólico—. Cada vez que pienso en ello me siento horrible, no sé cómo pude ser capaz de llegar a tanto.

—Eso ya no importa, las cosas del pasado se tienen que quedar allí.

—Pero ahora que sé que tú y Sasuke pueden formar lazos sin ningún impedimento, me siento más tranquila.

—¿Eh? ¿Lazos?

Momoka sonreía divertida.

—No me digas que ves a Sasuke como un mero compañero porque no te creeré. Tendrán mucho tiempo de sobra para relacionarse, mi país hace honor a su nombre, es tan bello que será perfecto para endulzar sus corazones.

—Mo-Momoka creo que ya debemos dormir, ya oíste a Sasuke, nos levantaremos muy temprano —me cubrí con la cobija.

—¿Quieres saber lo que hicimos Sasuke y yo cuando íbamos hacia Konoha?

Sí, sí quería pero no iba a admitirlo porque me daba vergüenza y miedo escuchar algo inapropiado.

—Es mejor que durmamos —insistí.

—Nos besamos.

—¡¿QUÉ?! —Me enderecé, Momoka se empezó a reír— ¿Qué pasa? ¿Qué es gracioso?

—Deberías ver tu cara —se reía a carcajadas—. No nos besamos, es una broma.

—Ah...

Era demasiado tarde para fingir que no me afectaba todo lo relacionado con Sasuke.

—Sasuke casi no me dirigía la palabra. Viajar sola junto a él fue más incómodo que viajar junto a vacas, y lo digo en serio —alzó su dedo índice—, mi papá me hizo viajar entre ganado más de una vez, así que sé de lo que hablo. Esas vacas tenían más vida que ese ninja.

Su comparación me pareció muy graciosa así que no pude evitar reír.

—Sí, Sasuke no es de muchas palabras. Me gustaría contarte alguna anécdota de cuando éramos pequeños pero no recuerdo nada.

—Oh Sakura ¿de verdad has olvidado todo lo que viviste junto a él?

Sentí que estaba arruinando el momento con mis tragedias por lo que decidí que no era buena opción hablar más de ello. Cambié el tema para suavizar el ambiente.

Al siguiente día justo a la hora que Sasuke lo solicitó, ya estábamos marchándonos hacia el País de las Olas. El país se conectaba por un gran puente, el cual el señor Tazuna bautizó como el Gran Puente Naruto en honor a mi viejo compañero. Verlo me causó mucha nostalgia, no sólo por recordar esa misión sino porque había algo más en ese lugar que me inquietaba.

«Sasuke y yo vinimos a esta misión, yo no recuerdo nada ¿él se acordará?»

—Mira Kamus, qué bonito se mira desde aquí.

Momoka y Kamus iban juntos tomados de la mano. Yo les seguía desde atrás para cuidarlos de cualquier ataque que pudiera suscitarse y al mismo tiempo los observaba desbordar amor.

Mis ojos seguían fijos en ellos dos hasta que me percaté de una presencia junto a mí. Instintivamente volteé y vi a Sasuke caminando a mi lado, su vista se centraba en la pareja.

—Aquí fue nuestra primera misión fuera de Konoha—habló, sentí un cosquilleo al saber que él lo recordaba—. Era la primera vez que salíamos de la aldea, Naruto hizo berrinche e insistió frente al Tercer Hokage que nos diera una misión más compleja, por esa razón nos asignaron escoltar al anciano constructor de puentes.

Su historia y mis recuerdos encajaban, eso lo sabía, lo único que mi cerebro omitía era la parte en la que él aparecía.

—Recuerdo que casi mata a un conejo —dije y sonreí.

—Siempre ha sido un cabeza hueca. Quería lucirse frente a todos y demostrar que era mejor que cualquiera.

—Pero después de todo... Naruto consiguió la admiración de todos. Este puente lleva su nombre simbolizando su grandeza como ninja.

Seguimos avanzando y en un determinado momento, Sasuke volvió a hablar.

—En este puente combatimos con Zabuza y Haku, eran muy fuertes y terminé muy herido. Tú estabas llorando sobre mi pecho, habías pensado que morí.

Guardé silencio, vi el camino y a mi mente llegó el recuerdo de Naruto quien había luchado con todas sus fuerzas, y yo lo observaba desde cierta distancia... ¿Yo estaba llorando? Sí, me recordaba llorando pero no había entendido por qué.

«¡Señor Tazuna! ¡Sasuke está vivo!»

Una frase atravesó mi cabeza, ¿era parte de un recuerdo o fue un diálogo creado a partir de la historia de Sasuke?

Masajeé mis sienes, me sentía cansada por el viaje.

El cielo empezaba a esclarecer y las construcciones de viviendas se podían distinguir tras una neblina ligera. En el país de las Olas no hacía tanto frío como en Konoha.

—A partir de aquí hay que andarnos con cuidado —expresó Sasuke—, no conocemos a los habitantes de este lugar y cualquiera puede ser sospechoso. Procuremos no llamar mucho la atención.

—Tengo hambre ¿podemos comer? —Dijo Momoka.

—Yo puedo ir a comprar algo —miré a Sasuke—, así no tendremos que dispersarnos o ir en grupo.

—Supongo que está bien.

Luego de probar algunos alimentos, seguimos atravesando el pueblo. Me sorprendía lo mucho que había cambiado aquel lugar, pasó de ser un sitio pobre y olvidado a una aldea llena de tiendas y hermosos paisajes.

—Acabo de ver un vestido hermoso —me susurró Momoka—, pero Sasuke no quiere detenerse a menos que sea para ir al baño.

—Sabes que se toma muy en serio esta misión, hacer algo fuera de su plan le sacaría canas verdes.

—¿Tú has estado antes aquí?

—Sí, pero en ese entonces era muy diferente.

Continué mirando el panorama, trataba de recordar en dónde vivía el señor Tazuna. No planeaba llegar de visita, pero quería al menos ver si su casa tenía algún cambio o si por casualidad lograba encontrar a alguno de los miembros de su familia. Aunque por desgracia, no pude ver nada.

Avanzamos y avanzamos, la tarde empezaba a llegar; me sentía mal por Momoka que aun con su embarazo tenía que caminar tanto. Sentí que Sasuke estaba siendo demasiado intenso.

—¿Podemos parar un poco? Momoka debe estar agotada —dije.

—El puerto no está muy lejos de aquí —contestó—, aguanten sólo unos momentos más.

—Estoy bien —Momoka me miró—, cuando no lo resista créeme que lo expresaré.

—Kamus, ¿puedes reconocer a los enemigos si los miras?

—Puedo identificar a unos cuantos, he de suponer que durante este tiempo ya habrán reclutado más gente.

—¿Y qué harás con ellos Sasuke? —Preguntó Momoka.

—¿Qué crees que hacen los ninjas? —Le contestó y Momoka vio en dirección a mí, yo sólo encogí los hombros.

—Tranquila cariño —Kamus le abrazó—, tú sólo deberás preocuparte por tu bienestar.

Gracias al cielo llegamos al puerto. Había una vista espectacular al mar, había también una flota significativa y me pregunté en qué tipo de barco viajaríamos.

Kamus se adelantó para hablar con uno de los hombres del puerto, no tardó demasiado en volver y al notar su rostro predije lo que estaba a punto de decir.

—No hay viajes por este día, tendremos que volver mañana.

—¿Cuál es la razón? —Preguntó Sasuke.

—Están esperando un cargamento con refacciones y no se autorizan viajes hasta que la flota tenga mantenimiento. Dijo que es probable que para mañana a medio día todo esté listo.

Sasuke frunció el ceño y se giró para observar la ciudad.

—¿Qué haremos ahora? —Momoka me miró.

—Tendremos que quedarnos la noche en este país —contesté, Sasuke asintió.

—Busquemos algún hotel y un sitio para comer. No nos separemos por nada ¿entendieron?

(...)

Luego de una buena cena, los demás descansaban en sus habitaciones. Ya estaba establecido que Momoka y yo siempre compartiríamos el dormitorio.

Salí al balcón a observar el paisaje nocturno; frente al hotel había una vista estupenda del mar y en el horizonte se distinguía faro.

Me concentré en observar la belleza que presenciaba, y me cuestionaba por qué me encerré en el trabajo y me olvidé de que hay un mundo lleno de tantas cosas.

A pesar de estar inmersa en aquella situación, mi sentido de alerta no estaba desactivado. Sentí una fuerte presencia detrás de mí, me giré y miré a Sasuke sentado sobre el tejado.

—¿No deberías estar durmiendo? —Musitó. Di un salto para estar cerca de él y no tener que hablar tan fuerte.

—Mañana nos iremos y antes quise ver un poco de este lugar. ¿Tú has estado en muchos países?

—No fueron tantos —reveló.

—Hmm... Me dijiste que por tierra son casi dos semanas para llegar al País de la Miel. No me explicaste que cruzaríamos el mar.

—Supuse que conocías el mapa del mundo.

Me crucé de brazos, me sentí humillada e ignorante.

—En el momento que subamos al barco, tenemos que ser precavidos —dijo—, presiento que los hombres que persiguen a Kamus están merodeando por estos rumbos.

—¿Por qué lo dices? ¿Sabes algo más sobre ellos?

—Sé que ese tal Tamura tiene negocios con gente de este país, no me sorprendería que se haya hecho de contactos que puedan informarle de algún sospechoso.

—Creo que tú y yo somos muy llamativos como para que Momoka y Kamus puedan pasar inadvertidos.

Sasuke movió su cabeza y se me quedó viendo.

—Tú eres el famoso Sasuke Uchiha, cualquiera que te vea te reconoce con facilidad. Y yo... Tengo el cabello rosa y según mi madre, no es un color muy típico.

—¿Qué sugieres que hagamos?

—Tenemos que transformarnos en alguien más, por lo menos sólo mientras subimos al barco para que quienes nos vean entrar no sepan que dos ninjas están escoltando a una pareja. Eso sólo los haría un blanco fácil.

Sasuke se quedó silencioso unos momentos y veía hacia el inmenso mar oscuro.

—Lo haremos como tú dices.

Permanecimos un momento juntos mirando hacia el mar, no necesitamos decir nada pues nuestro silencio parecía decirlo todo.

Dentro de mi cabeza inevitablemente pensé en un diálogo que al final no me atreví a decir:

«Cuando volvamos a Konoha ¿crees que podamos salir juntos a algún lado?»


Gracias por sus comentarios. Espero que este capítulo les haya gustado, voy a tratar de actualizar por día.

Besos.