Disclaimer: los personajes principales pertenecen a la gran Stephenie Meyer.

Chapter 38

Era extraño ver a mi padre tan relajado conviviendo con Aiden y April llevaban horas armando un rompecabezas haciéndolos debatir y sonreír al mismo tiempo como si los tres compartieran la edad exacta. La casa no era la misma desde hace cuatro semanas, el mutismo se había mudado para darle la bienvenida al bullicio ese mismo que le daba vida a las paredes y también a los corazones de los que habitamos en ella. Aunque mi madre se había mantenido al margen de ellos, nada pudo evitar que un día se pusiera a platicar con mi pequeña sobre tips de belleza y moda, y mucho menos que ambas terminarán haciendo una sesión de manicura. Fue grata la sorpresa de ver que alguien tan pequeña como lo era April pudo derivar la coraza de frialdad que habita alrededor del corazón de Renee, no puedo decir que mi madre ha cambiado porque sería una gran mentira, sin embargo ya no era tan indiferente cuando los niños estaban cerca de ella, al menos sonreía y ese pequeño detalle era suficiente para mi.

—Dijiste que regresaría en tres semanas y han pasado cuatro, ¿así pretendes que me lleve bien con él? Cuando es un deshonesto que siempre termina dejándote en último plano —fue lo primero que dijo mi padre cuando entró a mi recámara, yo estaba sentada sobre mi cama haciendo algunos bocetos para la remodelación del lugar que sería la clínica veterinaria. Llegó hasta mí y beso mi frente para sentarse conmigo.

—Rosalie tuvo un bebé, Edward se quedó junto a su hermano porque el nacimiento se complicó. Eso es todo, regresará en un par de días más —respondí sin dejar de mirar los dibujos.

—Huh… cualquier pretexto es bueno para evadir su responsabilidad —decía mi padre entre dientes más para él que para mi— seguro regresa para el nacimiento de mi nieto, creyéndose el super papá que no es.

—Papá, porqué no puedes aceptarlo y ya. ¿Es tan difícil? —lo que realmente se me hizo difícil fue ocultar mi mueca de dolor cuando mi bebé se encajó en mis costillas haciéndome sofocar.

—Es por esto que no lo soporto —Charlie me ayudó a incorporarme para caminar conmigo por toda la habitación, ese era el único modo que mi pequeñito se tranquilizaba. Cuando no le parecía que estuviera sentada o acostada por mucho tiempo— Debería estar aquí ayudándote con su hijo. El doctor mencionó que mi nieto esta muy grande para tu cuerpo, Bells. Dijo que tal vez no llegará al término del embarazo ¿sabes lo que significa? Que te pondrás de parto en cualquier momento, y ese bueno para nada no está aquí.

—Todo estará bien, lo prometo —sostuve su mano apretando con fuerza cuando sentí otro golpecito dentro de mí.

Mi pequeño Eddie había crecido tanto de un día para otro, haciendo que el doctor exagere un poco al decir que mi cuerpo no podrá hospedarlo por mucho tiempo, me había pedido reposo para que mi bebé no bajará más de lo debido porque al estar de seis meses no querían arriesgarse a un nacimiento prematuro. Lo que parecía tener de nervios a mi padre como a toda la familia, aunque también un tanto enfadados por no haberle dicho a Edward la nueva noticia.

—Siempre serás mi niña… cabezota —mi padre puso su mano sobre mi vientre para recibir una patada ruda por parte de su nieto, lo que logró que abriera sus ojos hasta el punto máximo como si quisieran salir de sus cuencas, lo mire negar pero siguió caminando junto a mi— ¿Quieres bajar al jardín?

Acepte gustosa de recibir aire fresco, ahora era un poco complicado bajar sola las escaleras porque al primer momento que alguno me viera intentarlo parecían entrar en pánico corriendo hasta mí para ayudarme ellos. Por supuesto los niños no se salvan de esta locura paranoica porque entre los tres se la pasaban tras de mí, cuidando cada movimiento que mi cuerpo realizaba, compartiendo la habitación conmigo y por no incomodar según ellos ahora dormían en la alfombra entre almohadas y edredones. Lauren era la encargada de que mi cuerpo y piel estuvieran bien hidratados, y era mejor no encontrarme alguna estría porque era capaz de demandar a las compañías de productos para el cuidado de la piel más prestigiosas de Francia, sus exagerados cuidados me hacía beber varios litros de agua lo que conllevaba a estar en el baño la mayor parte del tiempo. Mi abuela me leía como si fuera niña pequeña todas las noches y se encargaba de arroparme con tanta ternura que era imposible rechazar sus mimos. Y mi madre, bueno Renee era la única que no exageraba en mis cuidados o al menos no lo demostraba, porque más de una vez la había pillado entrar de madrugada en mi dormitorio, posaba su mano en mi frente después en mi hinchado vientre y salía de mi habitación quizás un poco más tranquila.

—¿Segura te sientes bien? —escuché decir a Charlie sacándome de mis pensamientos, ahora caminábamos por el jardín.

—Estoy perfectamente, papá. —le di una enorme sonrisa que él solo correspondió— ¿Así eras de exagerado cuando estaban esperando por mi?

—Cómo no serlo, si esperaba el mejor regalo de toda mi vida. El más grande y perfecto que se me pudo confiar —escuchar las palabras de mi padre me provocaron un nudo en mi garganta, él amaba a un ser lleno de imperfecciones mas su amor era tan grande que lo llamaba perfección— pronto sabrás de lo que hablo, cielo.

—Gracias papi, gracias por amarme tal y como soy —lo detuve para darle un fuerte abrazo, estar allí segura en sus brazos me hacía sentir el ser más importante del mundo y nunca dejaría de agradecer por tener al ser maravilloso que tenía la dicha de llamar papá.

—Estoy un poco celoso —dijo sobre mis cabellos— porque pronto tendrás en tus brazos a otro ser que te amara con la misma intensidad que lo hago yo. Sin embargo estoy feliz porque me llamara abuelo, lo amaré tanto como a ti, mi pequeña.

—Papá, me hablas como si fuera una niña y ya no lo soy —me separe un poco de él para señalar mi vientre.

—Tu estatura no me dice mucho —rió burlón señalando su pecho a donde llegaba mi cabeza.

Lo vi de tan buen humor que decidí tentar mi suerte para que se animará a llevar la fiesta en paz con Edward.

—Quisiera que intentaras llevarte bien con Edward, por favor inténtalo —rogué haciendo que de inmediato torciera los labios mientras se enmarca la arruguita de su entrecejo— Es más ni siquiera lo hagas por mí, sino por tu nieto. Hazlo por él.

—Lo intentare —musitó— lo haré porque los dos. Pero él tendrá que esforzarse más y tampoco quieras que sea mi favorito de la noche a la mañana. No es de mi agrado, por obvias razones sin embargo es el hombre que amas y no puedo hacer nada con respecto a eso. Tendré que soportarlo por ti y mi nieto.

—¡Papá! —él solo levantó las manos en señal de rendición y me volvió a estrechar en sus brazos.

.

.

—¿Por qué no me lo dijiste? —Edward llevaba más de una hora haciéndome todo tipo de preguntas y aunque se mostraba sereno yo lo conocía bien y podría adivinar que estaba casi apunto de enfurecer por no haberle contado de nuestros estado.

—Ya te dije, no quería mortificar, tú tenías cosas que realizar y no iba a estropear tus planes —estaba sentada sobre su regazo que me daba un poco de pena me sostuviera de esa manera, después lo medite por escasos segundos y supe que no pesaba tanto, solo era mi vientre muy hinchado aunque mi complexión seguía siendo la misma.

—Crees que podrás viajar a Seattle, ¿No habrá riesgos? —suspire cansada por tener que dar tantas explicaciones, me incorpore y tendí mi mano hacia él.

—Vámonos antes de que me hagas enfadar y entonces sí habrá problemas —tomó mi mano acercándome hacia él para dejar un beso en mi frente, quise golpearlo por hacer eso cuando yo quería que besara mis labios, sin embargo después me las cobraría.

El trayecto fue entre pláticas de todo tipo desde haber visitado a Esme en la prisión, lo cual parecía verle dado cierta tranquilidad. También comentó que esperaba la salud emocional de Brigitte mejorará en estos próximos meses para llegar a un acuerdo respecto a los niños. Lo que me sorprendió fue la decisión que tuvo Carlisle al heredarlos en vida a él y Emmett, no tenía idea que mi suegro había vendido su negocio, casa y rancho, mucho menos que había decidido deslindarse de esa vida campirana a la cual estaba impuesto.

—¿Qué hacemos aquí? —cuestione cuando aparcó afuera de una casa grande que daba aspecto de estar en remodelación. No contestó sólo me ayudó a bajar entrelazamos nuestros dedos y caminamos hasta la puerta principal.

La estancia era bastante amplia, las paredes pintadas en color blanco quizás era la preparación para el nuevo color, caminamos entre papeletas que cubrían el fino piso de madera hasta llegar al que era o sería el comedor el cual mantenía un enorme ventanal estilo francesa, no me pude contener y lo abrí fácilmente deslizando un panel de la ventana, el verde pasto nos dio la bienvenida por corto tiempo, pues metros adelante estaba el piso de piedra donde estaba una alberca en perfectas condiciones al igual que toda la cocina para la barbacoa que estaba un poco más adelante, me giré a verlo sin comprender que hacíamos en esa propiedad, era obvio que estaba siendo remodelada.

—¿Te gusta? —indago poniendo sus manos en mis caderas.

—Es muy bonita, ¿Qué hacemos aquí?

—Es nuestra casa, solo faltan algunos detalles. Porque quiero que seas tú quien escoja todo —besó mi frente— No volveré a hacer nada, si no eres tu quien lo aprueba, ¿De verdad te gusta? Es que es la más cercana a la veterinaria por eso pensé que sería perfecta, pero sino te gusta podemos…

Me puse de puntitas para callarlo con un beso sobre sus labios, era la primera vez en mucho tiempo que volvía a sentir la tibieza de sus labios, de inmediato me correspondió intentando acercarme lo más que pudiera a él aunque no nos fue del todo posible. El beso se intensificó al punto máximo que nuestras lenguas parecían estar en una lucha por excavar nuestras bocas, sentí sus manos recorrer mi cintura y costados hasta posarse en mis senos los que amaso de forma desesperada casi dolorosa, cuando el oxígeno nos fue necesario sus labios empezaron a recorrer mi mandíbula la cual mordisqueó sin reparo haciéndome jadear, de repente y sin saber porqué se detuvo poniendo su frente junto a la mía parecía que Edward estaba en las mismas condiciones que yo, ya que su respiración era agitada. Sus ojos se mantenían cerrados parecía estarse concentrando y yo deseaba que no se contuviera más y me tomará en este preciso momento.

—¿Qué pasa? —mi voz salió ronca por la excitación, fue cuando él abrió sus hermosos ojos y me miró con tanta ternura.

—No podemos continuar, recuerda que necesitas reposo —sus manos bajaron lentamente de mis pechos a mi cintura, se aclaró la garganta y sonrió muy quitado de la pena, mientras yo parecía arder en el infierno. Sólo lo necesitaba dentro de mí, ¿Eso era tan malo?—. Vamos hacia dentro.

Sujetó mi mano sin dejarme responder nada y continuó como si nada hubiese pasado, caminamos por varias habitaciones vacías. Edward hablaba muy animado de cada habitación que en ella había y yo solo podía pensar en estar con él, en que me tomará de forma salvaje en cada rincón del que sería nuestro hogar.

—¿Bella, me estás escuchando? Llevo más de cinco minutos diciéndote que Emily y Sam vendrán aquí. Y tu no puedes dejar de mirar la alfombra de nuestra recámara, ¿no te gustó?

Me volví a impulsar con sus bíceps para ponerme de puntitas, atrape sus labios a la vez que tiraba de él para acercarlo más a mi, sentí sus palmas apretar mis nalgas, mientras mis dedos empezaban a desabotonar su camisa, mi lengua hizo un recorrido en su cuello donde le arranque varios gemidos después succione su pecho y alterne con pequeñas mordidas, Edward estaba completamente entregado en su rostro mantenía esas muecas de placer que lo hacía lucir glorioso, sus mejillas estaban encendidas, a la vez que sus ojos permanecían cerrados y sus labios entreabiertos soltando todo tipo de blasfemias mientras gruñía, sin que se diera cuenta deslice su camisa que aterrizó de manera silenciosa sobre la alfombra, seguí sin detener mi faena de repartir besos por todo su torso hasta que tuve la brillante idea de soltar su cinturón bajando muy lento la cremallera. Levanté mi vista para admirar su cara de satisfacción mientras lo escuchaba gemir un poco más alto, me fui bajando hasta quedar de rodillas frente a él y liberé su erección, la cual estaba erguida completamente lista para mi, pase mi lengua por su longitud lo que provocó derramará una gota preseminal haciéndolo estremecer al tiempo que llevaba su mano a mi cabeza marcando el ritmo que deseaba que llevará, coloque mi mano en su base y metí su falo en mi boca, haciéndolo suspirar mientras embestía mi boca no pasó mucho tiempo cuando la habitación se llenó de gemidos y groserías que me decía al borde del éxtasis.

—¿Edward? —la voz de Sam proveniente del umbral de nuestro dormitorio nos hizo detener de golpe, Edward abrió los ojos asustado a la vez que quitaba su pene de mi boca y lo guardaba nervioso. Ambos volteamos hacia la puerta para mirar a nuestros amigos conteniendo la risa que parecía materializarse en segundos. Yo solo agradecí que Edward estuviera de espaldas hacia ellos, así al menos no quedaría grabada en sus retinas una imagen mía, hincada y con tremenda panza haciendo sexo oral a mi novio.

—Lo siento, lo siento. No fue nuestra intención... interrumpir —decía Emily apretando sus labios— Los esperamos afuera —tiró de Sam, quien de inmediato soltó la carcajada y desaparecieron de nuestra vista.

Edward levantó su camisa del suelo y se la puso en cuestión de segundos, me tendió sus manos y me ayudó a incorporarme también acomodó mis cabellos, los cuales seguro eran un desastre. Estaba rojo de su cara y cuello pero se veía adorable.

—Siento que no hayas acabado —le dije mordiendo mi labio inferior para no reír.

—Me pagarás por esto, mi amor —respondió con una palmada en mi trasero— Sin embargo prefiero que hayan sido ellos y no tu padre.

Me estremecí al imaginar que Charlie me hubiera visto así, estoy casi segura le daba un infarto, solo moví mi cabeza de un lado a otro queriendo borrar de mi mente la reacción de papá.

Cuando llegamos junto al coche de Sam volvió a carcajearse al vernos mientras golpeaba el volante con sus puños de manera exagerada, Emily tenía cubierto su rostro con sus manos y Edward se paró cruzado de brazos al lado de la puerta del conductor, yo me acerque hacia él y solo nos miramos sin evitar nuestros sonrojos. Este chiste iba para largo. Ahora tendríamos que soportar las burlas por parte de estos dos.

.

.

Decir que era la mejor relación de suegro a yerno que se había vivido en los últimos años sería mentir, sin embargo las cosas no eran tan malas, al menos existe cordialidad entre mis hombres favoritos. Papá tuvo que volver a tragar su malestar cuando le pedí que permitiría a Edward quedarse conmigo. A mis treinta y seis semanas de gestación y contra todo pronóstico mi bebé seguía siendo feliz dentro de mí; por supuesto había sido complicado porque ya no dormía, mis pies estaban hinchados y mis constantes idas al baño me tenían cansada. Esa fue la razón que mi padre accediera a su yerno dormir conmigo para que cuidara de nosotros.

En el transcurso de estas semanas Edward había emprendido un nuevo reto, lo cual era trabajar desde su laptop diseñando programas para diversas empresas. Estaba feliz por la aceptación que había tenido aunque eso lo impulsaba a seguir mejorando e innovando constantemente. También nuestra casa estaba lista para ser habitada, sólo que no queremos instalarnos hasta que nazca nuestro Eddie y también para no preocupar a Charlie que seguía entrando en pánico cada vez que mi hijo me daba pataditas.

Hoy se celebra acción de gracias, y aunque parezca mentira mi madre es la anfitriona de la cena. Ella misma se ofreció a preparar todo desde el pavo relleno hasta los postres, la cara de mi abuela al escuchar tal propuesta la dejó sin comentarios tampoco se trataba de arruinar el buen gesto de mi madre. Por primera vez en muchos años la casa de los Swan estaba llena de invitados y eso me ponía demasiado eufórica.

—¿Estás lista? Solo te estamos esperando a ti, para empezar a cenar —escuché decir a Darinka cuando entró a mi recámara. Tenía días con su semblante decaído y algo me decía que estaba pasando por su primera desilusión amorosa, era lógico ya que Seth y ella mantenían una relación a distancia.

—¿Se puede saber qué le pasa a tu linda sonrisa? tiene días sin aparecer —se recostó en la cama de modo ovillado dejando su cabeza en mi regazo logrando que su hermano le diera de golpecitos, de inmediato empecé a cepillar su cabello con mis dedos dando tiempo para que pudiera desahogarse.

—Seth, me pidió tiempo. Dice que... es lo mejor, pero yo lo quiero —decía entre sollozos— No quiero que me deje, lo amo tanto. Y más desde que… que… estuve con él.

—¡Oh, por Dios! —mi voz salió en un grito, mi niña hermosa me había confesado que no era virgen. Y vinieron tantas interrogantes a mi cabeza, en que momento paso, si nunca los dejamos solos—. ¿Desde cuando paso?

—Cuando vinieron de visita Emily y Sam —susurró con sus mejillas encendidas— Fue un día antes que regresarán a Chicago. Sucedió en el ático, ese día estábamos haciendo enojar a April y nos escondimos de ella. Ya teníamos tiempo que nuestros besos eran más apasionados y… ese día no pudimos parar. Te decepcione ¿cierto?

—No, eso no. Sólo que es raro escucharte hablar sobre sexo, cuando eres muy tímida. Pensé que esperarías algunos años más para dar ese paso. ¿Se cuidaron? —No contestó, su silencio era una clara interpretación que no tomaron precauciones, me dieron unas ganas inmensas de llorar. Habíamos hablado más de una vez de lo importante que eran usar preservativos tanto para evitar embarazos, como enfermedades de índole sexual.

—No estoy embarazada, he tenido mi periodo —respondió en voz muy baja— Solo me siento muy triste, porque en verdad lo amo.

—Se lo mucho que te duele, sin embargo no me queda más que hablar con honestidad —se acomodó dejando su rostro hacia arriba para mirarme— Debes aceptar la propuesta de Seth, dense un tiempo para ver a dónde los llevan sus caminos, ambos tienen dieciséis años son demasiado jóvenes para privarse de tantas cosas que les faltan por vivir. Tu corazón sanará, solo dale tiempo. —se incorporó para abrazarme estaba deshecha en lágrimas y yo la acompañaba en lo más profundo de mi alma también lloraba, aunque por fuera me mostrará fuerte. Dejándole saber que en estos momentos yo era su roca.

En el comedor las charlas no se hicieron esperar, mi padre y Carlisle comentaban de cacería, Emily reía por cada ocurrencia de Lauren, Sam, Seth y Aiden ellos hablaban de todo tipo de videojuegos, mientras que mi abuela y Carmen tenían entretenidas a las niñas con sus anécdotas de juventud, mi madre y Edward al parecer también habían limado asperezas, porque ambos comentaban los ingredientes que se necesitaban para preparar lasagna. Yo me dedique a contemplar a cada uno, hoy no tenía hambre así que me dedique solo a observar a la vez que movía mis cubiertos en un intento por engañarlos y no entrarán en pánico porque llevaba horas sintiendo dolor en mi espalda baja y la incomodidad se acrecentaba insoportable cada cinco minutos, al principio me convencí que eran dolores por cansancio, lo cual descarte cuando asocie dichos calambres con contracciones de parto, porque mi abdomen estaba endurecido y con sensación de usar el váter cada cuatro minutos. Tenía que controlar mis emociones aunque cada vez más era más difícil lo supe cuando me puse de pie para volver al baño y sin poder evitarlo un líquido incoloro recorría mis piernas, levanté mi vista y todos tenían sus ojos fijos en mí.

Todo fue tan rápido, solo sentí que un dolor abrazó mis caderas hacia mí panza y con cada contracción sentía me quebraban los huesos, fue imposible no lanzar un quejido que me dejó paralizada. Lo que ocasionó que Edward me tomara en sus brazos para llevarme hasta el coche.

No deseaba ponerme nerviosa, así que me concentré en respirar lo que fue imposible cuando los dolores me daban cada tres minutos con una intensidad de minuto y medio, lo sabía por el reloj del vehículo, estaba en trabajo de parto lo podía sentir por cada contracción parecía romper mi espalda baja. Quizás fueron mis nervios porque no supe en qué momento me encontraba en una capilla de hospital, las enfermeras y doctores corrían alrededor de esta monitoreando a mi bebé con una cintas en mi abdomen y yo no podía ni quería soltar la mano de Edward, en este momento él es la única persona que necesitaba y por pequeños instantes también deseaba a mamá, necesitaba que sostuviera mi otra mano y me dijera… que lo iba a lograr.

Escuché como el gineco obstetra mencionó a Edward que no podían aplicar ningún tipo de anestesia porque estaba en trabajo de parto, yo estaba completamente dilatada. Mire que su rostro de preocupación se transformó en pánico y miedo. Yo solo apreté su mano con más fuerza lo que ayudó a que sonriera débilmente también acarició mi frente que ahora se encontraba perlada de sudor. Mi doctor me dio la orden de pujar a la cuenta de tres y juro que lo hice con todas mis fuerzas, en cambio no sucedió nada, me hicieron volver a respirar para esperar la próxima contracción pero mi bebé no nacía.

—Vamos amor, tu puedes... hazlo —Edward murmuraba en mi oído mientras limpiaba mis lágrimas, yo lo mire. Como si deseara grabar su rostro en mi memoria, me dolía todo mi cuerpo al mismo tiempo que parecía el cansancio le ganaría a mis ganas de luchar por mi hijo.

—Ahora, cielo. Puja con todas tus fuerzas —escuché decir a mamá quien sostuvo mi otra mano a la vez que besaba mis cabellos, sus ojos estaban cristalinos por las lágrimas que mantenía retenidas, volvió asentir y así lo hice.

Hubiese dado hasta mi último aliento por volver a escuchar ese sonido tan maravilloso que fue el llanto de mi hijo, sentí como un cuerpecito diminuto se posó sobre mi pecho sintiendo su piel calentita por primera vez. Lo había logrado después de tanto tiempo de esperar… por fin estaba entre mis brazos.

Ahora ya podía descansar, mis párpados están pesados era difícil mantenerlos abiertos. A tientas di un beso a mi bebé mientras escuchaba a mi madre decir lo valiente que era, a la vez que Edward besaba mis secos labios y me daba las gracias por su nuevo hijo.

Una disculpa por la demora, mis horarios se han complicado un poco.

Espero y sea de su agrado la actualización. Háganlo saber porqué para ser honesta yo sentí que algo faltó.

Gracias por sus alertas, favoritos y por cada comentario que me dejan.

Gracias por leer, hasta pronto.