Avatar no me pertenece y la historia tampoco, es de Liselle 129. Yo solo la traduzco con su autorización

De vuelta en la ciudad

El vuelo de regreso a Ba Sing Se fue bastante tranquilo, aunque Sokka se quejó un poco de lo que llamó una masificación evidente de las fuerzas alrededor de los muelles cercanos a la ciudad.

-No me extraña que la Nación del Fuego nos atacara ayer,- murmuró. -Parece que toda la armada del Reino Tierra está aquí, o en camino.

-Creo que eso es lo que queríamos,- Katara le recordó.

-Bueno, sí, ¡pero se suponía que debían ser discretos al respecto!- Al menos, las tropas del que llegaban por tierra estaban siendo más prudentes. Zuko sólo podía ver un pelotón o dos a la vez, y lo que podría ser interpretado fácilmente como que simplemente están volviendo a casa. El hecho de que no estaban siendo reemplazados no era fácilmente evidente.

Zuko estaba un poco nervioso acerca de la próxima temporada en la ciudad. Una cosa era estar allí como un viajero anónimo o un misterioso compañero del Avatar, pero dar a conocer su verdadera identidad al rey y a los niveles superiores de los militares era aterrador. ¿Qué iban a hacer con él y su tío? Le resultaba difícil creer que todo el mundo iba a aceptar su presencia sin comentarios.

Iroh, como de costumbre, parecía estar tomando todo esto con calma y no mostró ninguna señal externa de alarma. El Reino Tierra ya había tratado de tomarlo prisionero y llevarlo a juicio. ¿Todavía querrían hacerlo? ¿Se sentiría Aang moralmente obligado a permitirlo?

-Deberías dejar crecer tu cabello,- dijo Suki de repente. Zuko se volvió y vio que ella estaba jugando con la punta de la cola de caballo de Sokka.

-¿Eh? ¿Por qué?- Sokka le preguntó.

-Bueno, si dejas crecer el resto un poco,- tomó la punta y lo envolvió en un moño, -puedes adoptarte con mayor facilidad cuando vayas a infiltrarse en la Nación del Fuego.- Zuko parpadeó. ¿Por qué nadie había pensado en eso?

-Vamos a estar llegando en barcos de la Tribu Agua,- Katara señaló. ¿No va a ser eso un poco obvio?

-No necesariamente,- Sokka reflexionó, claramente intrigado por la idea. -Va a haber una gran batalla en curso, por lo que todo el mundo estará muy distraído. El disfraz no tiene que ser perfecto, justo lo suficiente para que una mirada casual nos ignore.

-Debe haber un montón de uniformes disponibles en la ciudad de los soldados capturados durante esa gran batalla,- añadió Zuko. Él y Aang no necesitarían llevar nada en especial, por supuesto, ya que iban como ellos mismos. Para los demás, los disfraces podrían ayudar a darles el tiempo que necesitaban para ponerse al día.

-Dudo que habrá algo que me siente bien,- comentó Toph.

-Probablemente no,- estuvo de acuerdo Iroh. -No sería tan creíble que fueras un soldado, de todos modos. Puedes vestirte como una especie de paje o sirviente no debe ser demasiado difícil.

-No he visto a ninguna mujer en el ejército o la marina de la Nación del Fuego,- comentó Aang desde la cabeza de Appa. -¿De qué te vestirás Katara?

-Me puedo vestir como un hombre,- Katara se encogió de hombros. -Un casco cubrirá la mayor parte de mi rostro, y la armadura debe hacerse cargo del resto.

-Vas a tener que arreglar la manera de caminar,- aconsejó a su hermano.

-¿Qué le pasa a mi forma de caminar?- preguntó ella.

-¡A mí me gusta!- Aang contribuyó. Se agachó cuando un boomerang rozó su oído. Desde atrás Sokka estaba ocupado en defender el honor de su hermana, Zuko se preguntó si debería intervenir. Sin embargo, no estaba seguro de cómo hacerlo sin que la situación se volviera, extremadamente difícil. Una cosa era que el novio de Katara comentará cómo caminaba, pero sería otra muy distinto que Zuko admitiera que se había dado cuenta. Probablemente tendría tanto lidiar tanto con la molestia de Sokka como con la de Aang. Afortunadamente, el tío Iroh llegó al rescate.

-Los hombres y las mujeres no caminan de la misma manera,- explicó el anciano. Zuko realmente envidiaba la capacidad de Iroh para manejar cualquier cosa con aplomo. -Habría que trabajar en se vea un poco menos... femenina.

-O podría hacerse pasar por un preso,- sugirió Suki. -Eso podría ayudar a que todos llegaran más rápido.

-Ahora, ¿por qué me suena eso tan familiar?- Sokka se preguntó retóricamente, sonriendo a su hermana. Ella sonrió tímidamente hacia atrás, y ambos intercambiaron una mirada significativa con Aang. Zuko no entendió la referencia en absoluto.

No hubo más detalles de este nuevo aspecto de su plan, pero Zuko estaba en una especie de sintonía. La conversación le había distraído por un tiempo, pero al ver Ba Sing Se cada vez más grande en frente de ellos trajo todo su temor. También se le ocurrió que podría ser peligroso continuar visitando a su madre una vez que los altos mandos de la ciudad supieran quién era en realidad. Pudiera encontrar información sobre ella, también, el perder su anonimato podría ponerla en peligro y a Kenzo. Song ya se habría ido a casa con su madre, por lo que el resultado final fue que Zuko no tenía mucho que esperar durante esta estancia en la ciudad.

Al llegar a la ciudad, el grupo acaba de hacer una breve parada en la casa donde se habían alojado, dejaron a los animales, y se dirigieron rápidamente al palacio. Fueron conducidos inmediatamente a la cámara del consejo de guerra. Sokka introdujo a Suki, y explicó quien era su grupo de guerreras y cómo iban a participar en la próxima batalla. Finalmente, llegó el momento de la verdad. Zuko contuvo el aliento cuando Katara, que había sido elegida para esta delicada tarea, dio un paso adelante.

-Hay una cosa en la que no hemos sido completamente honestos, y hemos decidido que es hora de decir la verdad al respecto,- empezó a decir, indicando a Zuko y a Iroh. -Estos dos compañeros aquí no son exactamente lo que parecen ser. De hecho, ellos son maestros fuego. Su Majestad, generales, guardias, le presento al General Iroh y al Príncipe Zuko de la Nación del Fuego.

Un silencio absoluto reinó durante varios segundos. Zuko dejó escapar el aliento, pero sólo porque había llegado al final de su capacidad. La guardia personal del rey se movió automáticamente delante de él, y de repente, dos de los generales se levantaron al mismo tiempo el suelo de piedra, atrapando tanto a Zuko como a su tío; esto parecía confirmar los temores de Zuko. Ninguno de los dos luchó, confiando en que Aang pudiera manejarlo. Todos empezaron a hablar al mismo tiempo, creando una cacofonía con poco sentido en ella.

-¿Cómo puedes traer a los enemigos a la presencia del rey?- una voz se elevó por encima del resto. De repente, Aang utilizó su propia tierra control para liberar a Iroh y a Zuko, todos quedaron callados de nuevo.

-Están conmigo,- declaró, asumiendo una postura de autoridad y usando uno de los tonos más bajos que su nueva gama vocal permitiría. Dio a cada uno de los generales una mirada dura a su vez, desafiándolos tácitamente.

-Iroh es mi maestro de fuego control y Zuko es esencial para nuestro plan para derrotar al Señor del Fuego Ozai. Ambos están bajo la protección del Avatar. Si los quieren, tendrán que pasar por mí."

Incluso con todo Zuko había llegado a conocer a Aang en los últimos meses, y tuvo que admitir que el efecto fue un poco intimidante. No le gustaba hacerlo, pero no dudaba que Aang podría ser autoritario cuando lo necesitaba. Se Zuko se hubiera enfrentado al Avatar como la primera vez que se conocieron, no habría sido tan rápido de capturarlo como cuando sólo era un niño.

Katara respiró fuertemente entre dientes.

Los generales, claramente, se dividieron. Uno de ellos se lamió los labios nerviosamente, y luego se aventuró a hablar.

-Pero hemos estado buscando al Dragón del Oeste desde hace años,- declaró a su caso. -Es buscado para ser juzgado por el asedio de Ba Sing Se.- Aang le dio al hombre toda su atención, y aunque el general pareció reducirse visiblemente, él se mantuvo firme.

-¿Cuál fue su papel en ese sitio?- Aang preguntó en voz baja.

-Estaba al mando de las fuerzas enemigas,- respondió otro general.

-¿Y él cometió algún crimen de guerra durante ese tiempo?

-¿Qué...?

-Puedo haber estado ausente durante cien años, pero tengo algo de educación en historia militar,- Aang interrumpió. -Creo que tengo una idea bastante clara de lo que se considera aceptable en el combate. ¿Hubo alguna tortura departe de sus soldados?

-¿Cómo por ejemplo la deliberada elección de objetivos civiles? ¿Ordenó el asesinato de soldados que se rindieron?

-Bueno, no, pero...

-Así que, básicamente, ¿quiere llevarlo a juicio por ser un general enemigo, siguiendo las órdenes de su padre?- Puesto así, lo hizo sonar un poco tonto, y Zuko reconoció que Aang estaba manejando la situación muy bien. Por lo menos ahora Zuko tenía algunas de sus anteriores preguntas contestadas.

-Creo que, bueno...

-En caso de que no se hayan dado cuenta, señores, están en una guerra,- Aang les recordó sin rodeos. -No importa quién empezó. Una vez que se ha declarado la guerra, las cosas como sitiar la ciudad y bombardear sus paredes con bolas de fuego no son delitos. Estoy seguro de que era muy incómodo e inconveniente para usted, pero todo me suena como en las prácticas habituales de guerra.

-Quemaron nuestros campos,- un hombre valiente hizo un último intento de discutir.

-Lamento escuchar eso, pero creo que el punto de un sitio es a menudo para cortar los suministro de alimentos de manera que la ciudad se rinda, ¿no es así?- Aang volvió puntualmente. Los generales no tenían realmente ninguna respuesta a eso, por lo que el tema fue dejado de lado. Después de más discusiones, el rey, incluso accedió en prestarles un patio interior para la práctica, y Sokka organizó algunas de las reuniones periódicas con los generales para finalizar sus planes.

-¡Estuviste increíble ahí dentro!- Katara se arrogó a los brazos de Aang al salir del palacio. Aang se sonrojó ligeramente, pero Sokka se deslizó entre ellos antes de que pudiera responder.

-Muy bien, ya saben las reglas,- advirtió a los dos.

-¿Reglas?- preguntó Suki.

-No pueden hacer esas cursilerías hasta que están fuera de mi vista,- explicó Sokka. -Preferiblemente fuera del alcance del oído, también.

- Me alegro de que me entrenaras en decir las cosas correctas,- le dijo Aang a Sokka, quien se relajó visiblemente y volvió a ser el mismo de siempre.

-¿Entrenamiento? ¿Te entrenó?- preguntó Zuko sorprendido. ¿Cuando habían tenido tiempo para eso?

-Bueno, sí,- respondió Aang. -Nunca hubiera podido hacerlo todo por mi cuenta.

-Vamos, Zuko,- agregó Sokka. -Tú sabes que no me gusta mucho dejar las cosas a la suerte. Sabíamos que tendríamos que ser un poco dramáticos para conseguir que los aceptaran a ustedes.

Esto era cierto, pero Zuko no podía evitar desear que Sokka o Aang le hubieran informado que tenían un plan para ello. ¡Se había pasado todo ese tiempo preocupándose por nada! Bueno, tal vez no era para tanto, lo reconsideró. Sokka y Aang no podían haber estado seguros de cómo saldrían las cosas, y tal vez querían reacciones auténticas de Zuko. Él era el primero en admitir que no era el mejor actor. Suspiró y decidió dejarlo pasar. Ahora, sólo tenía que averiguar en qué iba a ocuparse las próximas semanas.

Katara sintió una extraña sensación de dicotomía las siguientes semanas. Por un lado, el tiempo parecía estar pasando muy rápido para que Aang estuviera listo o para poner todos sus planes en su lugar. Por otro lado, los días se volvían largos hasta el momento del enfrentamiento final, estancándose ella (y todos sus amigos) un poco al margen A veces deseaba que terminara ya.

En el borde de su asiento, Katara veía las lecciones de fuego control de Aang. Ahora estaba aprendiendo a manipular los rayos y ajustar la intensidad de los mismos, así como hacer un poco de trabajo adicional con el aliento de fuego y algunas habilidades sutiles, como calentar el agua a la temperatura perfecta. Iroh incluso les mostró un movimiento que dijo que había aprendido viendo a los maestros agua. Permitía canalizar un rayo inofensivamente a través de su cuerpo. Muy interesada, Katara se unió a los chicos preguntándose si podría ser capaz de hacerlo también. Iroh no estaba dispuesto a dispararles un rayo para darles una experiencia práctica, así que ella tenía la esperanza de que nunca tendría que probarlo en la batalla.

Katara no estaba muy segura de lo que estaba buscando, pero en base a lo que Sokka les había dicho antes, algo iba a suceder cuando Aang hubiera dominado el fuego control, y ella quería estar allí cuando lo hiciera.

Por último, cuando ambos, Aang y Zuko, estaban trabajando en sus habilidades con los rayos, el momento decisivo llegó. Aang sacó una serie de chispas azules entre sus manos. Luego, movió una de sus manos alrededor de la otra para fortalecer la fuerza. Mantener un control cuidadoso de la energía, los chorros giraban crepitantes en torno a su cuerpo como un trompo y lo soltó todo en el suelo, lanzando un gran pedazo de tierra fuera del patio.

-¡Excelente!- comentó Iroh. Zuko estaba luchando con un movimiento similar, pero Katara estaba mirando a Aang. Se levó una mano a la frente, y se tambaleó un poco. Al reconocer esos signos, Katara se adelantó y lo cogió por las axilas antes de que cayera al suelo. Lo bajó lentamente hasta el suelo y lo volvió de lado, presionando sus puños en las sienes. Estaba viendo fragmentos de imágenes que no tenían ningún sentido. Esto la sorprendió debido a que por lo general sólo sentía los bordes de sus emociones. Anulando todo, era una sensación de total confusión, era tan fuerte, incluso aterradora, abrumadora, y Katara tuvo que atenuar la conciencia de su enlace para mantener sus propios pensamientos.

-¡¿Aang?! Aang, ¿estás bien?- preguntó ella. El corazón le latía con el miedo y la incertidumbre. Aang abrió lentamente los ojos. Parecía no enfocar bien por un momento, luego se fijó en ella, y se cortó la respiración en la garganta al ver el miedo y la desesperación allí. Claramente, él no entendía lo que le estaba pasando y menos lo que hizo.

-Katara,- susurró débil antes de caer en la inconsciencia. Con gran dificultad, Katara resistió las ganas de gritar su nombre un par de veces más. Sabía que él no podía oírla, por lo que no tendría sentido. En cambio, ella respiró hondo y se obligó a controlarse. Esto fue en realidad más fácil ahora que sus pensamientos y sentimientos conscientes no se entrometen en los de ella, pero aún así fue un esfuerzo luchar contra el pánico que quería alcanzarla.

-¿Qué está pasando?- Zuko le preguntó en voz baja. Katara levantó la vista para descubrir que él y Iroh se estaban arrodillando cerca.

-Sospecho que Aang ha dominado fuego control,- le respondió Iroh. -Sea lo que sea, tiene que ser lo que Sokka nos dijo que iba a pasar.

-Zuko, ¿puedes ayudarme a alzarlo un poco?- Katara le pidió. El príncipe lo hizo, para que Aang quedara en una posición parcialmente sentado en el regazo de Katara. Apoyó la cabeza de Aang en su hombro y puso sus brazos alrededor de él, presionando su mejilla contra la parte superior de su cabeza. ¿Cuántas veces lo había realizado de forma similar, ya sea por comodidad o tranquilidad? Recordó cuando logró calmarlo después de ver el cuerpo del monje Gyatso y haber entrado en Estado Avatar. Recordó, también, cómo Aang se había disculpado con ella después de que el general loco le había forzado en el mismo estado, poniéndola en peligro a ella. Le había dicho que esperaba que nunca tuviera que verlo así de nuevo. Katara sólo lo había visto una vez, y ella se preguntó si volvería a verlo durante su batalla con el Señor del Fuego. El ascenso y descenso del torso de Aang le dijeron que aún respiraba. Colocar una mano sobre su pecho, sintió sus latidos. Aunque sin duda existe, era rápido e irregular. Como Katara se concentró en esto, el ritmo se estabilizó y se desaceleró. Al sentirse un poco segura, levantó una mano para acariciarle un lado de su cara.

Se quedaron en esa posición por lo que le pareció mucho tiempo, pero probablemente fueron sólo dos o tres minutos. Zuko y Iroh se mantuvieron en silencio durante este tiempo. Por último, los tatuajes de Aang parpadearon brevemente e hizo una respiración profunda. Aang se movió, y sus ojos se abrieron. Katara parpadeó para aclarar su visión de los restos de las imágenes de la luz en su cabeza.

-¿Katara?

-Estoy aquí,- le informó, sonriendo con alivio. Se dio la vuelta para que pudiera verla, pero lo mantuvo en sus brazos.

-Hola,- le saludó.

-Hola.

-¿Qué pasó?

-Bueno, teníamos la esperanza de que pudieras decirnos,- respondió vacilante. Aang frunció el ceño, unas arrugas aparecieron entre sus ojos mientras fruncía el ceño. A Katara le habría parecido lindo si no siguiera preocupada. ¿A quién quería engañar? Aún así lo encontró lindo.

-Sólo recuerdo haber hecho algo con un rayo, entonces...- De repente, los ojos de Aang se abrieron alarmados. -No le hice daño a nadie, ¿verdad?

-No, no,- Katara se apresuró a asegurarle. -Has completado el movimiento y has tenido una especie de... colapso.- No estaba segura de si debía tratar de refrescarle la memoria con algunas de las imágenes que había recibido. Ni siquiera sabía si podría describírselas adecuadamente, todo había sido tan rápido y confuso.

-Pensamos que tal vez has llegado a tu potencial como el Avatar,- sugirió Iroh cuidado. ¿Tú, ah, se siente diferente?

-Me duele la cabeza,- respondió Aang, frotándose la frente. -¡Espera! ¡Sí, lo sé hacer todo lo mismo!

-¿Todo qué?- finalmente Zuko habló. -¿Qué quieres decir con todo?

-Mover montañas, ríos y re direccionar océanos, ese tipo de cosas,- respondió Aang. Katara no sabía qué decir. Al parecer, nadie más.

-Entonces, ¿estás diciendo que ya sabes todo lo que hicieron los últimos Avatares?-preguntó ella, cuando al fin encontró su voz. -¿Al igual que en el Estado Avatar?- Aang hizo una pausa, considerando la cuestión.

-No del todo,- dijo finalmente. En el Estado Avatar, tengo todo el conocimiento y las habilidades de cada Avatar como individuo. Creo que esto me dio información específica sobre lo que "sólo el Avatar" puede hacer, todos ellos lo podía hacer, hasta volver al primero. ¿Eso tiene sentido?

-No me extraña que te desmayaras,- comentó Iroh. -Conseguir todo ese conocimiento a la vez debe haber sido un shock para tu sistema.

-Me pregunto si eso le ocurrirá a todos los Avatares cuando llegan a ese punto,- reflexionó Aang.

-Lo dudo,- respondió Zuko. Cuando todo el mundo lo miró, se explicó. -Tú eres el Avatar más joven en hacer esto, ¿verdad?

-Bueno, sí,- admitió Aang. – A los otros ni siquiera se le dijo que eran el Avatar hasta los 16. Por supuesto, no tengo ni idea de cómo se trabajó con el primero.

-Supongo que los espíritus se involucraron allí,- intervino Iroh.

-Creo que entiendo lo que Zuko está diciendo,- intervino Katara -Los Avatares anteriores eran mayores y les tomó años aprender cada una de las disciplinas de control. Todo fue más gradual. Supongo que su mente podría haber estado más, um, lista para esto.

-¿Me estás llamando inmadura?- Aang la acusó. Katara sonrió, sabiendo que estaba recuperando su sentido del humor y pudo seguir un poco la broma.

-Tú sabes que puede serlo a veces,- ella le contestó. -Y me encanta eso de ti. Se inclinó para besarlo suavemente. "Creo que puedo vivir con eso", pensó sonriendo a su vez.

Zuko se aclaró la garganta.

-Por lo tanto, ¿las lecciones han terminado?- supuso, volviéndose hacia su tío.

-Creo que sería lo mejor,- estuvo de acuerdo Iroh. -Tenemos que volver y decirle a los demás.

-¿Puedes levantarte?- Katara le preguntó Aang.

-Creo que sí.- Así lo hizo, con el apoyo de Katara. Podía caminar, aunque un poco tambaleante. Ni que decir tiene, que a Katara no le importaba tener una excusa para mantener su brazo alrededor de él todo el camino a casa.


Nota de la Traductora: Aquí otro capítulo, espero que les guste =D

Diego: Muchas gracias por tu comentario y tienes toda la razón XD