Hola chicas, ha sido una semana complicada, y no he tenido mucho tiempo para escribir, pero aquí va, si desean lincharnos, pues adelante, solo hagan una fila ordenada… sé que no ven el futuro, y que todo parece imposible, en parte porque nos acostumbramos a que si en el amor no todo brilla o parece un idilio permanente, entonces simplemente es imposible, pero a veces las cosas que mas valoramos y amamos son aquellas que nos cuestan tal vez una vida alcanzar… solo puedo decir, hang in there…
Márgara; había extrañado tus reviews, entiendo la ausencia de ellos, y agradezco tus palabras siempre acertadas. Para mí ha sido un placer trabajar con Candy777, toda una experiencia, en parte envidio que la conozcas en persona.
Candy777 Gracias por enriquecer este capítulo.
Capítulo 37
Habían transcurrido casi dos semanas desde que la daga de la realidad se clavara profundamente en el corazón de Candy, pero, a sus casi 24 años comenzaba a entender que el mundo no se paraba porque uno estuviese herido de amor, y ahora, había muchas cosas que eran su responsabilidad, una parte de ella se preguntaba ¿cómo iba a llevar a cabo su trabajo si ella y Albert no se hablaban?, tal vez alguien más debía hacerse cargo de ello, pero con Archie de viaje, y Albert en Londres no podía dejar a un lado sus responsabilidades, y comenzaba a vislumbrar cual quería que fuese su papel en el corporativo, sabía bien, que ahora los disponibles para viajar sin ataduras eran ella y Anthony, y a decir verdad, ella al no tener ningún compromiso sentimental podría darse el lujo de hacerse cargo de los negocios internacionales, sabía que al principio necesitaría de George, pero había descubierto que era buena en lo que hacía, así que tomó la decisión de hacer su primer viaje de negocios, iría a Nueva York, todos los demás habían viajado a Londres para la boda, pero los negocios no esperan, así que ella se quedó y decidió hacerse cargo.
Iba saliendo del corporativo Andrew, satisfecha con los resultados de su viaje, se sentía en feliz, sin embargo, no había con quien compartir su felicidad, no había como llamar a Albert y decirle que había logrado un jugoso contrato.
Terry la observó caminar, llevaba una falda plisada color negro a la altura de la rodilla, una blusa color vino, de gasa y mangas largas, y zapatillas que eran una obra de arte de Christian Louboutain, por supuesto que se veía hermosa. Aceleró el paso para alcanzarla, y cuando estuvo cerca le dijo:
Supongo que nos encontraremos en el aeropuerto, claro, a menos que quieras invitarme a viajar en uno de los jets de los Andrew. –
Candy reconocería esa voz sedosa y seductora hasta en el infierno, y de hecho a veces creía que ahí era donde debía terminar ese hombre, era un pecado ser tan apuesto, soberbio, y descarado a la vez.
Terry.
Mi querida pecas…
Terry, honestamente estoy tan satisfecha el día de hoy, que francamente puedes llamarme como quieras, no me importa.
¿Tan bueno es el abogado en la cama que ya hasta pasas por alto mi impertinencia?, y además te ha hecho olvidar la manera de saludar a un viejo amigo.
Amigos…. Terry tú y yo jamás pudimos funcionar como amigos, además, no soy tú mi querido Lord con alma de artista frustrado. -le contestó ella pasando por alto su implicación acerca de Samuel.
Jajajaja ¿qué quieres decir exactamente con eso?
¿Con lo de artista frustrado? O ¿con que no soy tu?
Comencemos con lo de no jamás pudimos ser amigos y lo de no ser yo, pero hagámoslo con comida de por medio.
¿Me estás invitando a comer? ¿O me estás coqueteando descaradamente, como a todas tus amiguitas?
No veo porque no, no le veo nada malo que dos "viejos amigos" compartan una comida o algo así, después de tener tanto tiempo sin conversar, además necesitamos hablar, ¿no crees?
Tu mujer te castrará si se llega a publicar en alguna de las revistas en las que sueles ser portada, (las cuales por cierto deben estar más que llenas de dinero a costa de tus aventuras), que fuiste a comer conmigo… aunque pensándolo bien, Susy le haría un bien a la humanidad sacándote de circulación.
Jajajajaja, tantas ganas tienes de probar lo que siempre anhelaste, que no puedes más que desearme el mal. – le dijo él en tono insinuante. -Dios mío pecas, nunca creí escucharte hablar así, anda, vamos, no me importa arriesgarme a ser castrado si con eso logro pasar algo de tiempo a tu lado, además de imaginarme lo que los simples mortales pensarán cuando me vean entrar contigo del brazo, seguramente dirán que soy el bastardo más afortunado del mundo.
Terry, eres incorregible.
Sí, además de guapo, seductor, sexy y deseable…
Se te olvido mencionar ególatra y engreído…
No, querida pecas, simplemente consciente de mis virtudes. – le dijo mientras la tomaba de la mano para dirigirla al auto que lo esperaba, le abrió galantemente la puerta y luego subió por el otro lado junto a ella en el asiento trasero.
Llegaron a un acogedor restaurante, Candy, ni siquiera se había fijado por dónde iban, pero en cuanto llegaron, las memorias inundaron su mente.
No he estado aquí en años.
Yo vengo cada vez que estoy en Nueva York.
Terry…
No lo digo solo por ti pecosa, pero esa época de mi vida fue una de las más felices hasta ahora, me dedicaba a pintar, a crear, creía que podía rebelarme contra mi destino, tenía una linda novia, y claro nos divertíamos horrores aquí. –
Candy observó el lugar, escenario de muchas de sus cenas románticas, de sus días desenfadados, de su amistad despreocupada, de su pasión, parecía que eso había sucedido hacía toda una vida, ella ya no era una adolescente de 18 años, esa edad había tenido cuando se enteró de que Susana estaba embarazada.
Dejó que Terry la guiara hasta su mesa favorita, el dueño se acercó a saludarlos, siempre había sido amable con ellos, y se sorprendió de ver llegar al moreno con la rubia.
Comieron platicando de trivialidades, Candy le contó sobre el trato que había cerrado, y le preguntó por sus hijos, Terry le enseñó las fotografías, y Candy pudo ver que, a pesar de toda su pose de indiferencia, de su fama de don Juan, e imagen de elegante y fría, Terrence Grandchester amaba a sus hijos.
Debes hacer cambios por el bien de ellos, ¿lo sabes?
Lo sé, y si recuerdas, no he salido en un solo tabloide desde noviembre, después de Singapur con Albert, regresé a Londres a cumplir con mis deberes como padre.
Es bueno saberlo, ahora solo espero que no tengas una enfermedad venérea, producto de todas sus revolcadas con mujeres de dudosa reputación. – le dijo ella medio en broma, medio en serio.
¿Celosa acaso?, no te preocupes, siempre estoy dispuesto para ti y solo por complacerte las dejaría a todas para dedicarme a adorarte como la diosa que sé que eres.
Aunque Candy enrojeció hasta las orejas por el atrevido comentario de Terry, no se dejó amilanar y por toda respuesta le dijo - ¿De las pobres tontas que creyeron en que un par de niños ricos querían algo serio con ellas?
Ya veo, si estás celosa pero no de mí, sino de Albert, pues, debo decirte que fuiste una grandísima tonta. – le dijo él en tono serio.
¿Disculpa?
Candy, destrozaste al hombre que más te ha amado en la vida.
¿Lo destrocé? Terry, por Dios, no me mientas, ni te atrevas a defenderlo solo porque es tu amigo y cómplice en todas las aventuras que llevaron a cabo durante meses, si en todas las fotos y portadas se veía muy a gusto con cada una de las 25 o no sé cuántas mujeres con las que apareció en cada lugar del mundo, si hasta parecía que tenia un séquito de seguidoras en cada uno de los continentes.
Jajajajaja – la risa de Terry sonaba irónica.
¿Puedo saber qué es lo que te causa tanta gracia?
Sabes perfectamente con cuantas mujeres lo retrataron y en qué lugares del mundo Candy, y sabes que no es un número infinito y tampoco al azar…
Se podría haber retratado con miles si quería, pero…
¿Pero?
Mira que revolcarse con todas, debes admitir que eso si fue extremo e innecesario, creo que no es ni la sombra de el hombre que era y claramente solo es un mentiroso.
Jajajajajaja ¿quieres decirme de dónde proviene la fuente exacta de tu información? No, déjame adivinar, tu tía, o tal vez son solo las miles de revistas y tabloides que comprabas, cuando salíamos en una portada y que si no me equivoco aún debes conservar como evidencia de sus "infidelidades".
No necesito que nadie me informe… al final de cuentas ya no importa, se va casar en 36 horas, con la mujer perfecta para él y solo espero, y quiero que quede claro que solo por solidaridad de género, que Monica le haya pedido un test completo de todas las enfermedades venéreas existentes, mira que no solo son incómodas sino dolorosas. - dijo esto último con un tono divertido y cruel sarcasmo.
Terry se puso muy serio, ya no le causó tanta gracia lo que Candy estaba diciendo, reconocía que ella se sentía dolida por la forma como Albert la había dejado por Mónica y el cómo había hecho las cosas, sin embargo, estaba siendo terriblemente injusta con el rubio, él sabía exactamente cómo habían sido las cosas y todo lo que ese hombre había sufrido por ella y todo lo que le estaba costando dejarla libre, para que se enamorara nuevamente y alcanzara la felicidad que sabía por experiencia Albert jamás lograría la lado de Mónica.
Así que se dispuso a aterrizar a Candy a la realidad con algo que juró a su amigo jamás divulgaría y menos a ella, Albert prefería que Candy lo odiara, que cerrara ese capítulo de su vida profundamente herida y con desprecio hacia él, así sería más fácil hacerse a la idea de verla ajena, a que en el fondo guardara esperanzas de un quizá.
Con voz seria y decidida como tal vez nunca había escuchado hablar a Terry le dijo – Candy, insisto has sido la peor de las tontas, estás celosa, estás enojada, quieres pretender indiferencia, pero en el fondo estás destrozada porque lo has perdido y por culpa de una mujer que sientes que no jugó limpio y que tampoco te da la talla.
Terry…
No, déjame terminar Candy, tal vez lo que necesites es a un "amigo", para que te aclare un poco la perspectiva de cómo sucedieron en verdad las cosas y de cómo te diste el lujo de destrozar a un hombre que te amaba y aún te ama con locura, de cómo fuiste su mayor ilusión y decepción al mismo tiempo y que solo a consecuencia de tú rechazo, hoy está a horas de cometer el peor de los errores de sus vidas y que a mi modo de ver querida pecosa, tal vez tengan que pasar por todo esto para que en un futuro (espero no muy lejano), puedan ser felices y de preferencia juntos. Respóndeme una cosa Candy, de las 25 mujeres en portada, dime, ¿con cuantas de esas hubo un besó en una foto?, ¿con quiénes salió mas de una vez?, ¿en alguna foto lo viste de verdad feliz, satisfecho o por lo menos cómodo?, Candy, tu lo conoces mejor que nadie y sabes de la pose de portada que siempre asume, cuando le toca, cuando son negocios o cuando no quiere que nadie pregunte por su vida privada, así que nuevamente te pregunto ¿con cuántas de ellas pensaste que podía llegar siquiera a entablar una relación?
No seas ridículo Terry, ahora lo vas a justificar, porqué todos los hombres son iguales, se encubren entre ellos, ahora me vas a decir que …..¿Ninguna?…
Exactamente, ninguna e igual te puedo decir exactamente con cuantas se revolcó como tu lo dices.
No es información que me corresponda saber.
Debes saberla para que veas la magnitud de la herida que infligiste en él. No se acostó con ninguna, a todas las rechazaba, por supuesto algunas pocas terminaban durmiendo conmigo, pero Albert al finalizar el día siempre estaba solo, herido, destrozado y pensando en ti, esperando, siempre esperando… ¿qué? no sé, tal vez que tu aparecieras, que le dijeras que lo amabas, lo rescataras de ese profundo abismo al que el mismo se había lanzado de cabeza, que le devolvieras la luz que tan miserablemente le quitaste durante meses de ausencia y silencio.
Vamos Terry que no te voy a creer esa excusa tan tonta, no soy una adolescente que no sabe nada de sexo y que por eso se le deben ocultar los detalles, no creo que hayas estado pegado a él todo el tiempo como para corroborarlo.
Candy, estuve ahí todo el tiempo, para llevarlo ahogado de alcohol a su habitación, gritando enojado porque ninguna de esas mujeres eras tú, porque habías decidido aparecer en revistas al lado del hombre que para él, acabó con su relación.
¿Derek?, no, eso, no es cierto Derek y yo jamás…
¿Jamás qué Candy?, ¿acaso te diste el tiempo de explicarle a Albert el papel que él tenía en tu vida?, qué en verdad solo veías a Derek como amigo, no Candy, lo dejaste con "un lo siento" en el alma y con solo suposiciones en su cabeza, qué esperabas entonces que hiciera?, estaba destrozado, te amaba entonces y sé que aún lo hace, pero siempre has sido tan egoísta y tan ciega, que nunca miraste más allá de tu propio dolor, tus propias necesidades, tus anhelos en la vida, jamás pensaste en compartirlos con nadie y mucho menos con él, Candy, el te abrió su alma, su vida, su corazón y tú solo estuviste encerrada en ti misma siempre, ¿qué esperabas que pasara con él después de todo lo que sucedió? lo llevaste de la mano al infierno y luego lo botaste, lo dejaste ahí, a que se consumiera en las llamas del dolor y la desesperanza.
Esto es un muy mal chiste, es un error Terry, sé que mientes y lo justificas solo porque son iguales, no Terry, esto no puede ser verdad, ¡mientes! - en ese momento las lagrimas le impedían seguir hablando, por lo que Terry aprovecho el silencio para contarle la verdadera historia de esos meses de farra.
No, no lo es, es la verdad, lo encontré ahogado en un bar de dudosa reputación en Phuket, obviamente, las mujeres lo acechaban, y supe que no podía dejarlo solo, por eso me quedé con él esos seis meses, me lancé de cuanto lugar alto se le ocurrió, nadé con tiburones, dejé que las olas me revolcaran, escalé sin cuerdas… en fin, hice de todo, y le ayudé a incrementar su fama de don Juan, pero al final del día no pudo tocar a ninguna, la única que lo logró fue Monica, pero claro, ella fue más inteligente que las demás. Albert solo era un hombre herido y sin esperanzas, al cual le fue arrancada el alma en pedazos, al que dejaste imposibilitado para volver a ser lo que era, lo vi destrozado, cuando lo encontré, no era el mismo, era un hombre sin ganas de vivir, a quien el amor le había arrebatado todo lo que un día fue, soñó y anheló. Candy, lo dejaste sin nada, le diste esperanzas por unas horas, solo para en un minuto arrebatarle todo.
Al menos Monica lo ama. – le dijo ella con resignación y convicción.
Jajaja, tiene un concepto muy torcido del amor, muy al estilo de Suze…
Terry…
Es la verdad, creen que, con darte su cuerpo, con eso es suficiente, y no se detienen a ver, que hay mucho más que queremos de ellas… - las palabras de Terry daban en el blanco, eso era precisamente lo que Albert le había reclamado hacía no mucho tiempo.
¿Crees que aún hay esperanza?
Es lo último que muere…
¿Pero? – le preguntó ella clavando esa mirada irresistible en él.
Candy, el maldito honor con el que fuimos educados nos hace hacer cosas que en realidad no deberíamos hacer.
¿De qué hablas?
Me casé con Suze por honor…
Terry, ¡por Dios! ¿Dónde estaba el honor cuando te revolcaste con ella siendo que tú y yo éramos novios? - le reclamó la rubia, con esa pregunta que la había perseguido a lo largo de seis años.
Fue un error, Candy, una noche de copas…tal vez la tontería más grande de mi vida, y por eso, es que…
Terry… en fin, ya no importa, ¿Qué tiene que ver el honor ahora?
Candy, perdóname, por haber sido un canalla, por haberte herido, por hacerte sufrir… por no haber subido a Albert a un avión y llevarlo a donde sea que tu estuvieses para que resolvieran sus problemas… - él había tomado su mano y clavado su tempestuosa mirada en la de ella, las palabras del joven inglés eran sinceras, su mirada se lo decía.
Terry, ya no tiene caso, te amé, en serio te amé y me dolió, pero…
Ahora es Albert el hombre que amas, lo sé, y ¿sabes?, a su lado entendí una cosa, él te amó, y te ama como yo nunca pude amarte, te esperaba, te anhelaba, estaba dolido, pero, además creo que tal vez sentía que no había esperanza, ni un mañana, para ustedes, eso es lo que más le pudo, y bueno, se equivocó con Monica…y ahora el maldito honor sale a flote.
Otra vez lo del honor, por Dios no me digas que porque se acostó con ella por eso se está casando… - le dijo ella con un tono de burla.
Candy… no creo que debo decírtelo yo… - le dijo él viéndola fijamente.
Ella está… - Candy no pudo obligarse a decir las palabras, era demasiado doloroso, Albert iba a ser padre, no solo se casaba con otra, sino que sería padre… pensó que ya no le quedaban lágrimas, pero seguían rodando por sus mejillas. Ella había soñado con ser la madre de sus hijos, y aun cuando había digerido lo de la boda, no esperaba enfrentar el hecho de que Monica Ainsworth le daría un hijo.
Candy, él cree que en verdad lo de ustedes está perdido para siempre, y por eso… por eso se casa con ella, creo que es un gran error, pero también, sé que un amor como el de ustedes nunca dejará de existir, sé que él no ha dejado de amarte, y creo que te va a necesitar, si puedes resistirlo, tal vez encuentren la forma de ser amigos, lo fueron antes de ser pareja, y me atrevo a decir que fue una gran amistad. También quiero creer que un amor como el que sienten ustedes, es eterno, son almas gemelas, se necesitan, no pueden vivir el uno sin el otro, la vida separados no tiene sentido, y estoy seguro de que siempre encontrarán la manera de estar juntos.
Terry, el se casa en pocas horas, va a ser padre y yo jamás…..
No estoy sugiriendo que sea ahora, o que debas interrumpir su boda de manera dramática, es muy pronto aún y todavía deben aprender a estar sin el otro, crecer tomando en cuenta sus errores, madurar por separado, valorarse y sobre todo extrañarse, saberse perdidos el uno al otro para que aprendan que el amor no se puede acallar, ocultar e ignorar, solo quiero que guardes las esperanzas, no tomes decisiones a la ligera, no me mal entiendas, sé que se aman que el hecho que ahora no puedan estar juntos no significa que no lo vayan a hacer nunca y créeme en él siempre encontrarás a un gran amigo.
Odio que tengas razón, y… estar lejos de él por siempre no es una opción, tal vez cada quien hagamos nuestra vida, pero aún podemos estar en las buenas y en las malas… Dios, debe estar…
Devastado y furioso, porque hacer lo que cree correcto significa perderte, y porque no la ama, pero, debes entender, mejor que yo, lo que es crecer solo, y no puede hacerle eso a su hijo.
Lo sé, y…
Y al igual que conmigo y Suze te harás a un lado.
Sí, pero, está vez estaré cerca, lo amo y siempre lo haré, además, es mi familia, siempre lo ha sido y no lo volveré a abandonar, seré su fortaleza y así me case enamorada de otro hombre, tenga hijos y sea feliz …. Albert siempre será mi gran amor y mi mayor ilusión, mi príncipe y sé que yo seré su amada por siempre, aunque nos lleve una vida estar juntos y tal vez solo en la muerte lo conseguiremos. Candy y Albert, por más imposible que parezca siempre será un amor épico.
¿Irás a la boda?
Me has convencido ahora sí lo haré, estaré ahí para él, nunca más le voy a volver a fallar, ni a abandonarlo, ni a dejarlo solo y miserable en su tristeza, seré su amiga, además, hay un avión en el hangar a mi disposición en caso de que decidiera hacerlo. Y sé que la tía y la familia espera eso de mí, de la mujer que soy ahora, ¿quieres viajar conmigo?
¿Quieres que viaje contigo?
No sé si en este momento sea buena compañía, y no quiero causarte problemas en tu matrimonio… sabes Terry, creo que debes darle una oportunidad a tu matrimonio, a Susana a tus hijos, sé que ella siempre te gustó, por algo la llevaste a tu cama pese a que estabas conmigo, haz un esfuerzo, hablen e intenta ser feliz con ella.
Tal vez debamos viajar por separado, pero, hay algo que quiero que sepas… a pesar de que no soy el hombre de tu vida, debes saber, que me arrepiento de haberte lastimado, te amé, pero solo en un universo paralelo hubiésemos sido felices, tú amor por él y su amor por ti, es mucho más grande de lo que fue lo nuestro, fuiste mi más grande sueño, mi más grande ilusión y por supuesto, mi más grande imposible, eres la mujer que he idealizado en mi mente, y en mi corazón siempre tendrás un lugar. – le dijo mientas se acercaba a ella y con ternura posaba su mano en la barbilla de ella, como solía hacerlo antaño, la vio a los ojos, como pidiendo permiso, y la besó con toda la pasión que había guardado para ella a lo largo de seis años, era una adiós definitivo, un cierre, Terrence Grandchester tenía que crecer, aceptar su realidad, y buscar lo mejor para sus hijos, tal vez podría hacer funcionar su matrimonio, tal vez no, pero no podía seguir casado y pretender que no lo estaba, su pequeño tenía 5 años, y era tiempo de ser el mejor ejemplo que pudiera para él y para su hermanita. Renuentemente dejó sus labios. Pero ella lo atrajo hacía sí.
¿Candy? – le preguntó él, queriendo saber si estaba comprendiendo correctamente lo que ella quería.
Siempre me pregunté que se sentiría ser tuya, no puedo negar que pese a que amo a Albert, siempre ha existido la química entre nosotros.
Siempre supe que te morías de ganas por ser mía, deja de fingir, soy todo lo que deseas en un hombre y sabes que quieres satisfacer tu curiosidad conmigo, porque sabes que así de bueno soy – dijo él con esa voz ronca que solía mandarla al séptimo cielo.
¿Por qué no? – le contestó ella con una sonrisa traviesa. Él no necesitaba preguntar más.
Entonces vamos.
Terry pagó la cuenta, y tomándola de la mano la llevó con él a su loft, era el mismo que cuando estudiaba ahí, un recordatorio de lo que pudo haber sido, lleno de pinturas, con un taller para sus esculturas, Candy conocía bien ese lugar, en ese sillón algunas veces habían sobrepasado los límites de la decencia con sus caricias, y ese día no había tabúes, ni dudas, sabían bien que no había un futuro entre ellos, pero también se lo debían, a los adolescentes hormonales que un día habían sido.
Apenas entraron él se deshizo de la ropa de ella apresuradamente, no podía creer, que por fin la haría suya, aunque fuese una sola vez, recorrió ávidamente su cuerpo con sus manos, acariciando, probando, mientras ella se deleitaba con sus expertas caricias y el acero de sus músculos, la llevó completamente desnuda hasta la cama, y recostándola con cuidado, besó cada rincón de su cuerpo, ella se retorcía de placer en sus brazos, no quería pensar, solo sentir, por momentos ella tomó el control, su cuerpo no había vibrado en brazos de nadie por casi un año, y su piel respondía a sus besos, era una sensación completamente distinta, era sexo por lujuria, por curiosidad, por placer, cariño y compañía, pero la palabra amor ya no cabía entre ellos.
Después de algún tiempo de retorcidos placeres ella se puso de pie, comenzó a recoger su ropa y se duchó, él la observó vestirse desde su lugar en la cama, completamente consciente de que lo que acababa de suceder entre ellos nunca volvería a repetirse y de que sería un secreto que ambos llevarían hasta la tumba.
Ella se acercó una vez vestida, con el cabello aun mojado, y lo besó en los labios, suave y dulcemente, ese sería recordado por ambos como él último beso que ellos compartirían. Ya todo estaba hecho y dicho, no habían más saldos pendientes, no había más curiosidad, ni necesidad, no quedaban ya los hubiera, ni los quizá, sus destinos se habían cruzado una vez hace ya muchos años, pero jamás habían vuelto a estar entrelazados. Con esta certeza Terry por primera vez en años, estuvo dispuesto darle una oportunidad a su felicidad y a la familia que sabía siempre esperaba por él.
Adios pecosa, nos vemos en Londres. –
Adios, engreído, no creas ni por un momento que has sido el mejor de mi vida, sin embargo, sé que sí he sido la mejor en la tuya -le dijo ella, enseñándole la lengua en un gesto tan propio de ella, mientras se dirigía a la puerta, el auto de Terry la llevó al hangar, y ella tomó el vuelo.
Mansión Andrew, 12 horas después. (Horas antes de la boda)
Albert daba vueltas por la biblioteca, había decidido pasar la última noche en la mansión Andrew para estar con ella, con su recuerdo, con todo aquello que en unas horas dejaba atrás, se sentía cansado, física y emocionalmente, era de madrugada, eran las tres de la mañana y todos dormían, de pronto escuchó ruido de llaves a la entrada, era una locura, pero así parecía ser, salió a investigar, y vio como la puerta principal se abría, y una menuda rubia con los zapatos en la mano para no hacer ruido, entraba, la luz del vestíbulo estaba encendida, así que pudo verla con claridad, su respiración se cortó.
Candy?… - dijo suavemente.
Albert...- ella dejó caer sus zapatos, y portafolio en el vestíbulo y se acercó a él para abrazarlo, como lo hacía cuando él llegaba de algún viaje.
Candy. – dijo él comenzando a alejarla.
No, no me apartes, solo vine para acompañarte, para ser tu amiga y tu apoyo para estar a tu lado cuando inicies tu nueva familia, a reclamar mi lugar y derecho a estar a tu lado, como tu eterna amiga, como miembro de los Andrew, como la matriarca del clan, como tu apoyo y mano derecha, porque un día hace ya muchos años, cuando solo éramos Candy y Albert y no teníamos nada, solo el uno al otro, prometimos que compartiríamos todo. – el tono de ella era dulce, honesto y paciente, había un poco de la niña de antaño, y en sus ojos había tranquilidad y amor con una mezcla de dolor, pero ante todo había comprensión.
Su actitud amorosa, lo desarmó y por primera vez en meses, se permitió volver a sentir en pleno ese amor, esa complicidad, esa amistad, lo que eran antes…lo que debió haber sido. En ese instante Albert supo que jamás, jamás podría alejarla de él, ni impedirle ser parte de su vida, ella brillaría siempre como su sol, con luz propia, y él debía admitir que quería ser parte de la suya, no quería no estar allí por y para ella, sabía que en unas horas él no sería ya un hombre libre de amarla, pero orbitaría alrededor suyo para saberla feliz, enamorada y completamente realizada, aunque con eso su propia vida perdiera su luz, si, Candy siempre sería como su sol y no quería iniciar esta nueva etapa de su vida, con rencor hacia ella, sabía que debían hablar, aclarar las cosas, sería conscientemente egoísta y ya que ella había atravesado el océano para estar con él, quería que este instante fuera perfecto, el último gran momento de felicidad juntos, como recordatorio de su gran amor, de ese pasado en el que lo tuvieron todo, tocaron el cielo juntos, pero que así mismo juntos habían arruinado, la quería solo para él en su lugar favorito.
Candy…Ven, trepemos nuestro árbol.
Traigo falda…
¿Alguna vez te ha detenido eso?
Jajaja – la risa de ella era un eco de antaño, y aún podía acelerar su corazón, Dios, como la necesitaba.
Treparon el árbol, él tomó su mano para ayudarla con el último tramo, y cuando sus manos se enlazaron en la muñeca del otro pudieron sentir un objeto conocido, él sabía que eran las cuentas de lapislázuli, y ella que eran hilos de seda verde que siempre llevaban con ellos. Se miraron, y sin palabras se dijeron el uno al otro que nunca se las quitarían, después de todo eran el recordatorio de un gran amor con el cual solo la muerte podría acabar, tal vez en esta vida no habían alcanzado la felicidad en los brazos del otro, pero seguro sería en la siguiente, y aunque sus corazones sangraban y dolían juntos, el estar uno al lado del otro los calmaba y les permitía volver a latir.
Se sentaron en lo alto, en silencio, escuchando los ruidos de la lejana ciudad, con las manos entrelazadas, ella se refugió en sus brazos, él la acunó como siempre, ambos lloraron su estupidez, la pérdida de su amor, estaban ahí recordando, sintiendo, desgarrándose, pero ante todo amándose como antes, como siempre, como nunca, con la incertidumbre de un tal vez … con la certeza de que jamás volverían a desperdiciar la oportunidad de estar juntos si es que la vida volvía a ponérselas enfrente.
Candy se atrevió a romper el silencio, necesitaba hablar, debían aclarar todo así que simplemente dijo -
Albert Perdóname …
Pequeña..., no tengo nada que perdonarte, yo he sido el culpable de todo esto que hoy nos separa, no has sido tú, yo he sido un cobarde e inmaduro, el hombre que una vez juró qué si llegabas a escogerme a mí, te amaría, protegería, cuidaría y he sido precisamente yo, el hombre que más te ha herido y te ha hecho daño…. El hombre que no supo entenderte, no supe cuáles eran tus prioridades, falté a todas las promesas, solo quiero que me prometas que no vas a odiarme, Candy, no podría vivir con tu desprecio y con tu odio, solo quiero saber que esto que tengo que hacer, no va acabar con la imagen que tienes de mí, se que te defraudé, que no soy ni la sombra del hombre que fui, que te decepcioné y traicioné lo nuestro, lo que teníamos, lo que pudo haber sido y que teniéndolo todo, te perdí por orgulloso, soberbio y sí, también por inmaduro.
Nunca podría hacerlo, Albert, te amo y gracias a ti soy quien soy, gracias a ti tengo una familia, conocí el amor, soy una mujer fuerte y siempre has sido un hombre maravilloso, incluso antes de que fuéramos algo más que amigos, ya eras ejemplo de ser humano para mí… ¿sabes? hablé con Terry, y…
¿Qué te dijo?
Todo, sé que me amaste como nadie más lo ha hecho, que esperaste por mí todos los días desde que te dejé para irme a la India a cumplir mis sueños, que tenías el corazón roto, que solo querías que yo te diera una señal que aún te amaba, que te necesitaba, que no te había olvidado y sobre todo que nunca había amado a otro hombre como te amé a ti, Albert, amor mío me equivoqué tantas veces contigo, con nosotros, que hoy me arrepiento como no tienes idea. Sé también que no hubo otras mujeres, ni siquiera Mónica está en tu corazón, solo soy yo, sé también lo que te une a ella y te entiendo…Se lo que sufres, conozco tu dolor y ahora entiendo esa mirada triste que tienes, me dejas porque no eres libre de amarme, sabes Albert, perdimos el tiempo, desperdiciamos todas las oportunidades que tuvimos y ahora ya no tenemos tiempo, solo este amor que se niega a apagarse, a morir, a dejarnos…
Candy…
No, Albert por favor escúchame déjame terminar, déjame decirte esto, así como tú, quiero que me perdones porque fui muy injusta contigo, porque no te amé como lo mereces, porque, no me importó tu deseo de un futuro juntos, porque no fui lo que necesitabas, pero quiero que sepas que cuentas conmigo siempre, que aquí estaré, trabajaremos juntos por y para la familia, y para tus hijos, por el legado de los Andrew, por ti, ya cometí más de una vez el error de dejarte solo, no volveré a hacerlo, estaré aquí siempre, date una oportunidad con Monica, con el bebé que espera, sé feliz.
Candy, quiero que sepas que nunca hubo un solo instante, ni siquiera cuando estuve con Monica, en que no pensara en ti, me sentía herido, destrozado sin futuro y ya me daba igual todo, pero jamás fui superficial, solo quería dejar de sentir, pero que jamás hice nada de esto por lastimarte, me sentía perdido, solo, había tenido la felicidad tan cerca, y de pronto se había escapado de mis manos de manera irremediable, ella… Mónica solo fue un escape y los términos de la relación nunca fueron de pareja, no lo fuimos, pero todo se salió de mis manos y ahora me siento acorralado, como un estúpido, me deje atrapar, pero, ese pequeño no tiene la culpa, yo crecí sin unos padres y no puedo hacerle lo mismo a él. Princesa, te amo, nunca he dejado de hacerlo…
Lo sé, pero hoy también sé que el amor a veces no es suficiente, y menos con la lista de malas decisiones que tomé…
Candy, amor, no fue tu culpa, sabes que siempre soñé esta vida contigo, quise que tuviéramos hijos cuando estuvieras lista, que hiciéramos todo por ser felices, que pese al lujo y el dinero que nos rodea, tuviéramos una vida sencilla, llena de amor y complicidad, que nuestros hijos crecieran libres del peso de la familia, sabes que pese a todo siempre fui un hombre sencillo, quería que viviéramos en el campo juntos, rodeados de animales que envejeciéramos juntos y el día que me casé contigo no solo fue el día más feliz de mi vida, sino el día que llegué a creer que ese era justamente el inicio de esa aventura juntos, perdóname Candy por no esperarte, por traicionar todo este amor que me consume, por hacerte llorar y por culparte, cuando el único culpable aquí soy yo! Perdóname amor mío, te amo y lo haré siempre.
Albert, amor mío, también te amo y lo seguiré haciendo, sé quién eres, conozco al hombre del que me enamoré y no tengo nada que perdonar, sé que, si mis decisiones hubieran sido otras y te hubiera hecho parte de mi vida, hoy tal vez este hijo que vas a tener, sería nuestro, pero Albert, creo en el destino, y sé que este nos seguirá poniendo en el mismo camino una y otra vez, tú vida y la mía están entrelazadas por lazos invisibles, y esos nunca se romperán. Este amor es eterno, jamás desaparecerá y si, como te dije antes, lo que siento por ti es tan grande, tan infinito que te aseguro que si no es en esta vida, será en la otra, te amo y lo haré siempre, tal vez un día me vuelva a enamorar, pero te juró que jamás volveré a amar a alguien como a ti.
Candy, yo te juro que jamás volveré a amar a nadie, puedo intentar ser feliz con Mónica, hacer una familia con ella, pero nunca nadie despertará en mí este sentimiento que hoy me consume por ti, te amo y solo quiero que me prometas que serás feliz, que amarás de nuevo, que harás una familia, que permitirás que un hombre maravilloso te enamore, y te de lo que yo no puedo darte ya, que no sentirás nostalgia por nosotros, que no mirarás al pasado, solo hacia el futuro. Eres una mujer maravillosa, incomparablemente hermosa e increíblemente sensual, eres perfecta y pese a que soy el más grande idiota por dejarte ir, soy feliz de que me hayas amado a mi, a un simple hombre, a un tonto e inmaduro, que jamás te mereció y te adoró como a nada, gracias por todo amor, fuiste mi luz, mi felicidad, mi más grande anhelo y felicidad, hacer el amor contigo fue como tocar el cielo con las manos, creer que todo era posible y si, fui un hombre completo y feliz a tu lado, gracias amor, gracias por ese maravilloso regalo y el hombre que te posea será afortunado, como ninguno.
Te prometo que lo haré, algún día, me daré la oportunidad, dejaré de temer al amor, sé que fui una tonta por perderte a ti al hombre más maravilloso, apasionado y amoroso del mundo, eres perfecto y yo la más tonta por no notarlo antes, por no hacértelo saber en cada instante que estuvimos juntos, fuiste mi primer hombre y el único que me hace sentir tantas cosas, que me lleva lugares inesperados cuando me tocas y con el que desearía despertar cada mañana, te prometo que dejaré entrar al amor en mi vida y que cuando llegue el momento estaré lista y que una vez mi corazón haya sanado, sé que nuestro amor será un bello recuerdo que me acompañará siempre, que me sentiré feliz de haber conocido el verdadero amor de la mano de alguien como tu, que ya no me hará daño pensar en ti, espero que llegue el día en que ya no duela recordarte.
Candy, amor sabes que siempre estaré para ti, el hecho de que no seamos pareja, no quiere decir que no te ame, que no te desee toda la felicidad del mundo y que no esté en cada paso que das en tu vida en la búsqueda de tu felicidad.
Lo sé, y yo estaré como nunca antes lo estuve… nunca más te dejaré solo y si no fue como amantes, ahora será como amigos, socios y cómplices de negocios ¿sabes? Cerré el contrato con Hoover.
¿Hablas en serio?
Sí.
Llevo más de un año intentando cerrar ese trato.
Lo sé, creo que nuestra estrategia deberá ser que tú sientes todas las bases y me mandes a mí a cerrar los tratos. - Le dijo ella con una sonrisa descarada.
Probablemente tengas razón, estoy orgulloso de ti.
¿Me dejarás ser tu apoyo? ¿tu amiga? ¿la tía de ese bebé?
Candy, ¿estás segura?
Es más doloroso vivir sin ti.
Solo si prometes que serás completamente honesta, si un día te das cuenta de que no debes tenerme cerca… así como te sucedió con Terry, debes decírmelo.
Albert, es diferente…
¿Seremos completamente honestos el uno con el otro?
Sí.
Él la atrajo hacia sí y la abrazó, ella se recargó en él, besó sus cabellos y juntos observaron el amanecer.
Debes dormir.
Debemos dormir. – le contestó ella.
Se miraron a los ojos, y con la ternura y pasión que bien sabían jamás desaparecería se unieron en un beso, un beso lleno de promesas, esperanzas, dolor y hambre. Las lágrimas de ambos se mezclaron con sus besos, y después él la ayudó a bajar, la tomó de la mano y caminó con ella hasta su habitación.
"Tá tú an ceann amháin go bhfuil mo chroi." – le dijo él al oído mientras la abrazaba y le daba un beso, no cualquier beso, sino un beso de esos que se dan pocas veces en la vida, de esos que solo aquellos que saben que su amor se encuentra irremediablemente condenado logran alcanzar, después de todo la línea entre el dolor y el placer es tan tenue, que a veces pareciera borrarse. Un último beso.
Tú eres el único que siempre tendrá mi corazón, príncipe de la colina. – le dijo ella antes de desaparecer por la puerta de su habitación.
