Disclaimer: Frozen es de Disney y sus asociados.

Gracias a A Frozen Fan, erika maria, y xime040403 por sus reviews en el capítulo anterior.


38.

Elsa empezó a ver todo muy lentamente. A su tía hablando con ella pero mirando directamente a Hans, como se mira a algo especialmente desagradable, como una mosca en su comida. Y al mismo Hans, empuñando su espada, mirando a su tía, cauto pero firmemente, como si se prepara para luchar.

Quiso decirle que era una locura, que no podía enfrentarse con su tía Freya, que perdería algo más que su vida… Pero las palabras no acudieron en su ayuda. En realidad se sentía paralizada, como antes, cuando miraba a Hans luchando contra el formidable herrero.

Pero ahora era diferente. Era diferente porque se sentía dividida… ¿A quién iba a apoyar? ¿A la mujer que le había devuelto un lugar en el mundo o al hombre que insistía en volcarle la realidad? ¿A quién elegir? Era una difícil decisión, y Elsa sospechaba que era algo crucial, transcendental…


Kristtoff había sido un mero espectador de la contienda. Se resistía a luchar en una guerra en la que no tenía todas las piezas del acertijo, y tenía la gran sospecha de los herreros le ocultaban información, únicamente para manipularlo. Y él no quería que lo manipularan, muchas gracias. Así que había permanecido al margen, desde el momento en que la puerta había caído.

Y ver sin meterse a la acción, le había permitido darse cuenta de cosas importantes. De cosas que antes no había visto.

Como el gran parecido que Elsa tenía con la que parecía la Reina de Inverlandia.

O la forma en que Elsa y Hans se enfrentaban, como si fueran sólo dos amigos conversando, como si no hubiera verdadero odio entre ellos.

O que los herreros y las mujeres de hielo tenían una terrible historia; un relato lleno de sangre y traiciones, de odios y venganzas, en la que al parecer se había visto envuelto, a juzgar por el ataque que en ese momento le estaba lanzando una chiquilla.

La niña en cuestión parecía tan pequeña y tan frágil que por un momento le pareció que se trataba de Anna.

—No quiero hacerte daño.

La niña no le creyó.

—Mentiroso—le escupió a la cara, mientras le lanzaba una serie de esquirlas de hielo que Kristtof tuvo que esforzarse por esquivar.

—En serio no quiero hacer daño a nadie — Dejó caer la lanza que los herreros le habían proporcionado, y levantó las manos vacías —. ¿Ves? No quiero hacerte daño.

Por favor que la convenza, se dijo Kristtoff, no quiero morir, quiero volver a Arendelle con Anna y Aevar… Por favor


Gloria parpadeó confundida. ¿Quién era este hombre y por qué no le hacía nada? ¿Sería alguna especie de truco? Debía serlo. Los otros herreros no habían demostrado esa "bondad", si es que tal cosa existía; ella tenía sangre en la cara y heridas en el brazo izquierdo para probar lo que los herreros eran capaces de hacer. Gloria levantó las manos en posición de ataque.

—Levanta tu arma—ordenó, porque todavía había algún pequeño escrúpulo que le impedía atacar a alguien que estuviera desarmado.

Sin embargo, el hombre se negó.

—No quiero hacerte daño.

—¡Deja de repetir eso!

—¡Pero es la verdad! ¡No quiero hacerte daño y tampoco quiero que me lo hagas!

—¿Y entonces por qué estás aquí? ¿Por qué estás en una batalla que no quieres luchar?

—¿Conoces a Elsa de Arendelle? Es la rubia que está peleando con el pelirrojo…

—La conozco…

¿Sería posible que fuera familiar de Elsa? Pero la Reina le había dicho que Elsa no tenía familia, que estaba sola en el mundo. ¿Sería alguna mentira de este hombre? ¿De este herrero…? Pero no lucía como un herrero: no era grande ni tosco, como los hombres que estaban atacando a sus compañeras, a sus amigas… ¿Entonces qué? ¿Era alguna mentira de la Reina Freya? Pero no, eso no podía ser… La reina Freya era buena, y honesta, y se preocupaba por el bienestar de Inverlandia, por eso existía la ley de no hombres en el reino, porque los hombres eran malos y bárbaros…

Gloria ya no sabía que pensar.

—¿Eres un herrero?

—No… Claro que no, yo vengo de Arendelle… igual que Elsa.

Gloria cerró los ojos por un segundo. Aquello era una locura, una locura que no tenía ni pies ni cabezas. Esto contradecía todas las leyes, las escritas y las que eran obvias. Pero la reina Freya le había mentido, les había mentido a todas: Elsa no estaba sola en el mundo. Ese rubio era la prueba de ello.

—Si me estás mintiendo…

—Te aseguro que no lo estoy haciendo. Mira… Sólo vine por Elsa. Sólo quiero rescatarla y llevarla con su hermana. Sólo eso… Por favor, ayúdame.


Freya estaba exultante. Por fin… Por fin tenía a Hans cara a cara. Y lo mejor, no tenía que inventar excusas para matarlo. Sus súbditas lo entenderían, es más, ellas celebrarían la muerte del responsable de que cientos de mujeres de Inverlandia hubieran caído en la batalla.

—Vamos, Hans, levanta esa espada. A ver qué puedes hacer contra mí.

El pelirrojo no le hizo caso. Acarició la empuñadura de la espada mientras sus ojos verdes parecían medirla. Freya apretó los labios, incómoda ante esa mirada calculadora.

—¿Cuál es el punto? Si te mato, ellas me matarán.

—Y si no peleas te mataré igualmente. Elige, Hans, morir peleando o morir como un maldito cobarde.

Freya acompañó sus palabras sacando un arma de su propia invención: una especie de garrote con una punta hecha de púas de hielo. Hans tragó saliva ante la monstruosidad de una herramienta nunca antes vista, pero lanzó el primer golpe. Freya respondió y contraatacó.

A su alrededor, todos detuvieron sus propias peleas para ver una aún más grande, entre dos formidables enemigos. Freya tenía el hielo y su rapidez, pero Hans tenía la fuerza y la astucia de haber combatido en diversas batallas, por lo que ambos estaban a la par.

—¿Por qué no nos haces a un favor a todas y te rindes, principito?

—¿Por qué tú no dejas de hablar y luchas? Estoy a punto de ganarte.

—Ja, ¿tú ganarme a mí? No me hagas reír.

Hans esquivó unas cuantas esquirlas de hielo y se las devolvió a su dueña. Freya las disolvió en el aire y cayeron al suelo.

—De hecho, ya lo hice. Ya descubrí tus mentiras.

—¿Mis mentiras?

—¿Que Elsa me odia por lo que le hice? ¿Y que no quiere volver a Arendelle porque no extraña a nadie ahí? Esas, mi querida soberana, son mentiras.

—¿Ah, sí?

—Oh, sí. Porque Elsa no recuerda nada. No se acuerda a mí, y definitivamente no recuerda a Anna, a su hermana… Lo cual me parece muy cruel, y no es que yo sea buena persona ni nada, pero usted… bueno, si tuviera corona, me la quitaría ante usted.

Freya lo hirió en un brazo. Hans lanzó un pequeño quejido, pero de inmediato rehízo la sonrisa torcida que lo caracterizaba.

—¡No te pases de listo conmigo, principito!

—Me estoy preguntando, ¿qué le habrá hecho la familia real de Arendelle? ¿Tiene que ver con Elsa? ¿O quizás con alguien más…?

—¡Cállate!

Hans esquivó otra tanda de esquirlas de hielo, y siguió hablando como si tal cosa.

—Y entonces la veo a usted, y encuentro cierto parecido con la antigua reina de Arendelle, y me digo: Hans, es una locura… Pero tiene sentido, ¿no? Nadie sabe de dónde vino Idún. Un día apareció en Arendelle y el rey simplemente la presentó como su mujer y ordenó planear las nupcias. Y como era el rey, nadie osó contradecirle. Pero ea, y si de Idún no se sabe nada porque precisamente viene del lugar del que nadie sabe nada, ¿y si la reina Idún de Arendelle en realidad fue princesa de Inverlandia?

—¡He dicho que te calles!

—Eso explicaría muchas cosas —Hans tenía que emplearse a fondo para hablar, y al mismo tiempo defenderse de los ataques de Freya, que enloquecida, ya no jugaba con él, sino que parecía decidida a asesinarlo —. Como por ejemplo, por qué el rey Adgar nunca es mencionado en Inverlandia. O porque está tan decidida a mantener a Elsa aquí… Supongo que quiere mantenerla vigilada porque ella es más poderosa que usted.

De pronto, Hans se vio sin espada, con un casquete de hielo sofocando su pecho. El pelirrojo escupió en el piso, y mostró una sonrisa con todos los dientes.

—¿Toqué un punto sensible, majestad?

—Di que no es cierto — masculló Freya con los labios apretados —. Dilo. ¡Dilo ahora o… o voy a asesinarte! ¡Lo digo en serio! Di que soy poderosa o…

—¿Qué le pasa? ¿Le molesta que alguien sea mejor que usted?

—Nadie. Óyeme bien principito de quinta, nadie es mejor que yo.

Hans experimentó una nueva presión – el hielo sobre su pecho parecía querer incrustarse en su piel –, pero no le importaba en demasía. Consciente de que no tenía más armas a su alcance, usaba la única que todavía le quedaba: su palabra.

—Elsa es mejor que tú. Elsa es más bonita, más comprensiva y mejor persona de lo que tú alguna vez serás. ¿Por qué otra razón la has traído a Inverlandia? Porque quieres hacerla como tú, sin sentimientos, sin buenas emociones… Quieres manipularla… ¿Cuál es tu plan? ¿Entregarle el trono y mandar desde las sombras?

—¿Cómo te atreves…?

—La gente habla, su majestad, y uno escucha. Ellas no están muy de acuerdo con tus decisiones, ¿verdad? Algunas empiezan a pensar que los hombres no somos tan malos ni tan crueles. Algunas piensan que tienes un poder demasiado absolutista. Y hay algunas que temen la sucesión porque como no tienes hijos… Una de dos; o le temes a los hombres y por eso nunca dejaste que un hombre te tocara, o bien te enamoraste de alguien que no te correspondió.


Era demasiado, se dijo Freya. No podía creer que aquel canalla pelirrojo hubiera descubierto tanto. ¡Y sólo tenía tres días en Inverlandia! Tres días, y había descubierto tanto… Su pasado, pintado de la peor manera posible, un pasado que quería borrar de su memoria, y que ahora permanecería en la memoria colectiva de sus súbditas. Hans había descubierto sus motivaciones, sus planes, su odio hacia Arendelle, y ahora Elsa desconfiaría de ella, porque le había ocultado información importante…

Freya recordó una expresión de los propios herreros: Es peligroso dormir con el enemigo. Ahora Freya sabía cuán ciertas eran esas palabras.

—Te odio.

—No es la primera que me lo dice.

—Pero si seré la última.

Freya cerró los ojos y el hielo entró en la piel de Hans.


Notas de la autora:

¡Y ya está! Has el próximo martes! Dejen sus comentarios en la casilla de los comentarios. Acepto de todo: críticas constructivas, tomatazos, rayos de hielo, esquirlas, casquetes… (Por cierto, qué difícil es conseguir sinónimos para armas basadas en hielo. ¡Yo vivo en un país tropical! Sólo he visto la nieve una vez, y era muy pequeña…) En fin, espero que les guste!

.

.

.

.

.

Na! Es broma! Aquí la continuación:

.

.

.

—¡NO!

Quién había gritado no era otra que Elsa, que por fin había logrado salir de su parálisis.

Elsa tenía las manos alzadas y en dirección hacia Hans. Fue ella la que alzó el muro de hielo. Ella la que lo lanzó hacia el castillo… El castillo de hielo que había creído su hogar, y que ahora sabía, nunca lo sería. Elsa no pertenecía allí, no pertenecía a Inverlandia. Su lugar estaba con ese pelirrojo, moribundo y valiente, al que debía salvar. Aún a costa de la relación con su tía.

—¿Qué es lo que haces, Elsa?—preguntó Freya escupiendo cada palabra.

—¿A ti que te parece, tía Freya?

—¿Pero quién te has creído? ¿Cómo te atreves a luchar contra mí? ¡Yo soy la Reina de Inverlandia! ¡Yo te abrí las puertas del reino! ¡Yo soy la única familia que te queda!

Freya acompañó sus palabras conjurando rayos de hielo que lanzaba hacia su sobrina. Elsa esquivó aquellos proyectiles y respondió de la misma forma, mientras exclamaba:

—¡Pues si tú eres lo único que me queda de mi familia, creo que prefiero estar sola! ¡La familia no se traiciona, no se miente, y no se manipula como tú has hecho conmigo!

Freya esquivó lo que Elsa le lanzaba y gritó mientras le lanzaba una andad de esquirlas de hielo.

—¡Te di un lugar en el mundo cuando nadie quería dártelo! ¿Y así me lo pagas? ¿Traicionándome, igual que tu madre?

Uno de los proyectiles de hielo impactó en el bello rostro de Elsa, pero ella no le prestó atención.

—¿Pero qué es lo que te hizo mi madre que la odias tanto?

—¡Me abandonó por el imbécil de tu padre! ¡Todos lo hicieron! Mi padre, mi padre, Idún… ¡Todos me dejaron sola! ¡Pero yo me vengué! ¡Borré tus recuerdos y memorias! ¡Y el proceso es irreversible! ¡Pasarás tu vida sin recordar nada, Elsa de Arendelle!

Las lágrimas inundaron los ojos de Elsa y se desbordaron. Ni siquiera se ocupó de limpiarlas.

—¡Te odio! ¡Te odio por lo que me hiciste! ¿Por qué me mentiste? ¡Yo confié en ti! Yo…!

—¡Tú eres igual a tu madre! ¡Ingenua y estúpida igual que ella! ¡Idún renunció a sus poderes por tu padre! ¡Tu asqueroso y ruin padre que jugó con ambas, sólo para romperme el corazón a mí!

—¿Estabas enamorada de mi padre?

—¡Si!

Freya conjuró un rayo de hielo directo hacia Elsa. Elsa respondió de la misma forma. Ambos rayos colisionaron en el medio de sus trayectorias, provocando relámpagos y truenos. Freya mantuvo sus manos levantadas y aumentó el poder de sus rayos. Elsa hizo lo mismo.

La bola de hielo se hizo cada vez más grande. Una bola de odio, de traición y venganza, una bola espectacular y hermosa, que se deshizo en una explosión de colores, demasiado brillantes como para ser vistos por ojos humanos. Algunos espectadores fueron lo suficientemente rápidos para ocultar su rostro, pero los otros fueron cegados por una luz incandescente.

Cuando la luz desapareció, vieron dos cuerpos en el piso.


Notas de la autora:

Eso si es todo por ahora! En el próximo capítulo, el final de Congelados.

¿Qué les pareció todo? Espero que esa pelea no haya parecido salida por los pelos. Siempre fue mi intención hacer que Elsa y Freya se enfrentaran. Elsa es la única que tiene un poder mayor que el de Freya…

¿Y Hans sexy Westergaard? Verdad que se portó a la altura?

Hasta el martes!