Esta historia contiene lenguaje violento y obsceno, escenas fuertes tanto de violencia como de sexo.

Los personajes, salvo alguna excepción, no me pertenecen.

Muchas escenas, detalles o diálogos están tomados o inspirados en la serie, puesto que sigo el hilo argumental a grandes rasgos desde la segunda temporada.

Se aceptan dudas, sugerencias y criticas constructivas con fundamento, esto es para pasarlo bien y conocer gente, NO soy escritora

Capítulo 37

Yelina volvió a llamar con los nudillos a la puerta de Alex por tercera vez en diez minutos, esperando con paciencia a que se decidiera a abrirla, sabiendo a ciencia cierta que el hombre estaba dentro, ya que había escuchado el sonido de algo de cristal romperse en el interior.

La colombiana suspiró mientras volvía a llamar, hablando con voz firme mientras se pegaba a la puerta para no tener que gritar y que el hombre la escuchara.

-Alex, abre, por favor. Sé que estás ahí. Hablemos de lo que está pasando, te he dado un margen de dos horas para que te relajes, por favor.

Antes de que Yelina optara por dar media vuelta y marcharse con frustración, la puerta se abrió despacio, dejando ver a un Alex calmado, totalmente en contraste con el que hacía unas horas se había marchado totalmente furiosos y exaltado.

La mujer lo miró a los ojos fijamente, y se temió lo peor mientras lo escuchaba hablar con templanza, clavando sus orbes claros en los castaños de ella.

-Yelina, déjalo. Ven a verme cuando sepas dónde tenemos que ir para acabar con esto, para qué discutir más...

Antes de que Mahone pudiera cerrar la puerta, la castaña la empujó con la mano, deteniéndole con velocidad.

-No, Alex. Esto no puede quedarse así. Necesitas ayuda.

-No quieres hacer esto, Yelina. –Amenazó en un murmullo, dando a entender que la discusión estaba más que asegurada, y ella tenía las de perder.

Ella no respondió, limitándose a adentrarse en la casa tras un leve empujón, llegando hasta el salón, donde la botella de whisky a medio acabar y el vaso roto en el suelo anunciaban ya el desastre y el descontrol de Alex.

La castaña cambió su semblante al detectar sobre la mesa un par de pastillas, ya conocidas para ella. Su enfado aumentó y encaró al hombre.

-No puedo creer que lo hayas vuelto a hacer. Se supone que estabas acabando con la droga, Alex.

-Estoy cansado de hacer lo que se supone que debo. –Respondió con rencor, cogiendo la botella. Yelina le siguió con la mirada encendida.

-¿Cuántas te has tomado? ¿Las tenías escondidas?

-2, y las he comprado hoy.

-Prometiste que ibas a intentar dejarlo, yo te ayudaré...

-¡No quiero ayuda, no puedes ayudarme! –Gritó con nerviosismo, contemplándola tras tirar la botella al suelo. –No entiendes que estoy sumido en una espiral auto destructiva, que lo único que puede calmar mi aflicción es esto, Yelina. Lo único que quiero es vengarme, ser cruel con todos esos cabrones y dejar de pensar. Tú mejor que nadie deberías entenderme.

-¡Te entiendo perfectamente, pero creí que no eras un cobarde! Se supone que me quieres, que sabes que estoy aquí para ti. Dijimos que no más secretos. Me dijiste que podía ayudarte y que lo ibas a intentar. –Reprochó mientras ocultaba el dolor en su alma al ver al hombre que quería desechando sus antiguas palabras, comportándose de modo egoísta.

-Yelina, no quiero hacerte más daño, no lo mereces. –Susurró mientras se llevaba una mano a la frente, tratando de contener sus instintos. –Quizás me he precipitado diciendo esas cosas, puede que no pueda cambiar nunca, puede que lo haya destrozado todo ya. No estoy diciendo que no te quiera.

-No puedo dejar que acabes drogado todo el día, yo tengo las cosas claras y no voy a dejarte a tu suerte.

-¿Por qué eres tan persistente? Lárgate, Yelina. ¡No quiero dejarlo, no lo haré por ti! –Volvió a gritar perdiendo los nervios, siendo cruel. –Si la única manera de que esto se cabe es dejándolo, se acabó. No puedo cargar con tu desdicha también.

-No tienes que hacerlo.

-Sí, mírate. Te estoy arrastrando conmigo al fondo. –Agregó observando sus ojos húmedos, continuando después. –Puede que tú seas fuerte para superar tus problemas, Yelina, pero yo no puedo, lo he intentado y no puedo.

-No puedo creer que hayas llegado a tal punto, creí que significaba algo más para ti que esas putas pastillas.

El murmullo frío, pero lleno de dolor de Yelina, hizo que Alex sintiera una punzada en el pecho, calmándose mientras se daba cuenta de sus palabras, contradictorias con lo que su corazón le estaba gritando.

Antes de que la colombiana desapareciera por la puerta, él la nombró con velocidad, haciendo que se detuviera, contemplando con dolor las lágrimas que bañaban su rostro. En aquel instante de luz en su mente, Mahone se dio cuenta de que estaba estropeando lo único bueno que le quedaba, volviendo otra vez a ser el de siempre ante tal tragedia.

El federal ahogó sus palabras y se limitó a acercarse hasta la mujer, besándola con ímpetu y amor antes de dirigir su ojos a los de ella y hablar con celeridad.

-Te quiero, Yelina. Eres lo único que me mantiene aún en pie, y desde luego eres lo más importante para mí. Se acabó de verdad este comportamiento, voy a afrontarlo como debí hacer hace ya, porque por ti merece la pena. Perdóname.

La mujer lloró con alivio al escucharle decir eso, observando en sus orbes azules que era totalmente sincero, emocionada por sus bonitas palabras. Acto seguido, Yelina se abrazó a Alex con ganas, enterrando su cara en el pecho del hombre, quien la abrazó con las mismas ganas, aferrándola a él.

-Tienes que ser fuerte, Alex, por favor. –Le rogó mirándolo a los ojos, observando como asentía con energía a la par que sujetaba su rostro entre las manos.

-Estoy dispuesto a hacer lo que sea por ti. Eres todo lo que necesito.

Ambos volvieron a romper la poca distancia que los separaba, besándose con fervor y pasión como si aquella fuera la última vez, embriagados por la sensación de transmitir al contrario que el sentimiento era férreo, y quería salir del alma para dejar claro que aquel amor era desmedido.

Pronto los malos pensamientos y la angustia abandonaron las mentes de los dos, enfrascados en las caricias y en el sentimiento de que aquello era lo único importante, y que valía la pena luchar y aguantar aquella situación para llegar a conseguir que el amor triunfara.

Alex se hallaba acorralando a Yelina contra una de las paredes del salón de la casa, descendiendo a su cuello para continuar con los ansiosos besos, a la vez que ella le facilitaba el acceso, enredando sus dedos en el cabello del agente.

La mujer aprovechó cuando Mahone volvió a centrarse en sus labios para quitarle la camiseta, haciendo que él automáticamente después la obligara a lo mismo, dejando que se alejara de la pared y comenzando a avanzar hacia el dormitorio.

Durante el trayecto hasta el cuarto la pareja fue desnudando al contrario, sin abandonar aquel frenesí que impedía que sus labios buscaran los del otro, y las manos recorrieran la piel ajena, explorando con terrible deseo cada centímetro.

Ambos cayeron sobre la colcha de color oscuro que cubría la cama, casi desnudos por completo, con lo que pasaron a deshacerse de las últimas prendas.

Alex se quitó los calzoncillos con rapidez, pasando después a posicionarse sobre la colombiana, a la altura de su cadera, sujetando con delicadeza por los extremos sus bragas, bajándolas despacio hasta quitárselas, para después besar su vientre con ternura varias veces, a la vez que iba acariciando su piel con delicadeza hasta llegar de nuevo a sus labios.

El deseo era incontrolable a aquellas alturas, pero a pesar de ello, ninguno se apresuró a correr y terminar con la situación, pues de nuevo el sentimiento se impuso ante la lascivia.

Nuevos besos y caricias tomaron protagonismo entre los jadeos y leves gemidos que rompían el silencio del lugar, mientras Yelina se hacía con el control de la situación, siendo ella la que se posicionara sobre el hombre, besando su pecho con devoción ante la mirada extasiada de Alex, que acariciaba su cabello, sintiendo como poco a poco la mujer se iba colocando para que su miembro entrase en ella con calma.

Los movimientos fueron aumentando de ritmo, siendo cada vez más rápidos y bruscos, hasta que Alex se incorporó quedando sentado en la cama, besando la garganta de la colombiana con vehemencia hasta que esta llegó al orgasmo, emitiendo un leve gemido mientras volvía a acariciar el cabello de Mahone.

La colombiana se mantuvo en la misma posición hasta que el hombre eyaculó, abrazándola mientras trataba de recuperar el aliento, mirándola después, a la par que apartaba su cabello castaño de la frente de la mujer.

-No entiendo cómo alguien como tú puede estar conmigo, soportándome; Pero te prometo que a partir de ahora mismo pienso merecerme que estés a mi lado, Yelina.

Ella sonrió levemente ante su sincero comentario, volviendo a unir sus labios con los de Mahone, que la envolvió entre sus brazos para recostarla a su lado.