Recomendación Musical: "New Beginning" – Audiomachine


En el momento en que ella se dirigió, junto a su equipo, a los vestidores, fue recibida con brazos abiertos de parte de Midorima. El peli-verde le felicitó y se volvió a disculpar (producto de la anterior reconciliación); la peli-naranja estuvo diez minutos tratando de calmarlo, recordándole que aquello estaba en el pasado. Tristemente no todos olvidaban tan fácil, pues Shijima y Shuyō se detuvieron frente a su chica en una pose sobreprotectora; mientras la capitana detenía a Katomi de detener a su entrenador, este último se encargó de gritarle todo tipo de insultos al as de Shūtoku.

Por primera vez, desde que conoció al equipo de su mejor amiga, el oji-verde no se hizo para atrás ni flaqueó ante las verdades que le arrojaba el azabache. Cuando el hombre se cansó, Midorima tomó la palabra y afirmó todo lo dicho por el oji-avellana, contentándole en el proceso.

Después de una rápida ducha, Katomi y el japonés se dirigieron a donde fue el partido entre Kaijō y Seirin, en donde Alexandra ya estaba esperando a su hermana. Antes de observar al zurdo caminando junto a la menor, la rubia preguntó el horario de las finales femeniles, a lo que la más alta respondió que a las cinco y media, la misma hora que la final varonil. La oji-esmeralda reveló que anunciaron que la final femenil sería a las dos treinta, pero justo en ese momento una voz llenó todo el lugar y corrigió esa información, teniendo los terceros lugares a las cuatro y las finales a las cinco y media.

Alexandra se giró hacia el japonés y le sonrió, intentando ocultar la alegría de saber que su hermana conocía a aquel prodigio. Antes de poder entablar una conversación, Katomi invitó a ambos a comer una pizza en su departamento, invitación que ambos negaron y modificaron con el hecho de que ellos la pagaban (lo cual iba terminar haciendo solamente el creyente de Oha-Asa).

El trío estuvo charlando sobre el reciente juego hasta las diez de la noche, cuando Midorima se disculpó pues debía retirarse, ya que su familia no sabía dónde estaba (aunque se iban a poner felices cuando supieran que estaba en casa de la peli-naranja). Las García entendieron y lo despidieron, le agradecieron por la pizza y acto seguido el Escolta desapareció por el corredor hacia las escaleras.

Justo cuando la rubia cerró de nuevo la puerta, giró su mirada hacia la menor y le mandó una expresión curiosa y seria, cosa que captó de inmediato la Ala-Pívot y dejó de sorber de su lata de refresco― I know, I know ―miró divertida a la mayor, quien se cruzó de brazos, se recargó sobre su lado izquierdo y empezó a mover ese mismo pie de manera impaciente―. Quieres averiguar cómo es que le conozco.

―Bueno, no sólo a él, sino al resto de japoneses multicolores ―la expresión sorpresiva en el rostro de la más joven hizo que un bufido saliera de la garganta de la oji-esmeralda―. No creas que no notaba como los veías, Kat; Taiga había mencionado algo de una pelea entre unos amigos tuyos, no tenía la menor idea de quienes eran y cuando llego… ¡sorpresa! Resultaron ser la tan aclamada "Generación de los Milagros" o lo que sea ―estaba dispuesta a irse, pero no pudo evitarlo y se giró hacia su hermana―. ¿Cómo los conociste?

Katomi ya tenía esperada esa pregunta, por lo que le sonrió a la más baja y palmeó el costado del sofá en donde estaba, indicándole que se sentara. La rubia obedeció y se sentó, haciendo que la oji-naranja dejara su lata de refresco sobre la mesa de centro― A cuatro de ellos los he conocido desde primer año de secundaria, al igual que el peli-gris que te atacó hace unas noches y a Shū-chan; a Kuroko, que tu bien ya conoces, lo conocí unos meses después; y al amarillo, Kise Ryōta, lo conocí en segundo. ―al mismo tiempo que Alexandra procesaba la información, Trauern se acercó y recargó su hocico sobre las piernas de la oji-naranja.

―Pero, ¿dónde o cómo pudiste conocerlos? Hasta donde yo sabía, en el equipo de Nenki no había hombres más que Shūzō.

Katomi tragó saliva ante esa última parte, sabiendo que su mayor mentira debía ser revelada finalmente― Digamos que yo, en efecto estuve en el equipo Nenki, pero…, me salí a las tres semanas ―Alexandra pegó un salto junto con un grito, asustando al pobre perro en el proceso―. ¡Era un equipo horrendo, Alex, no podía ni tan siquiera entrar al gimnasio sin siquiera arrepentirme de estudiar allí! Por lo que terminé jugando con unos chicos de preparatoria, y un maravilloso día ellos me cancelaron y tuve que vagar por el enorme Tokio, encontrándome frente a la Secundaria Teikō, donde Shū-chan estudiaba realmente.

Alexandra bufó ante la sonrisa inocente que tenía la as en rostro, pero se volvió a sentar y pasó una mano sobre su frente― ¿Pensabas decirle a mamá o a papá…, o a mí? ―miró de reojo como su hermana abría más los párpados y desviaba la mirada, una ligera gotita de sudor resbalando de su sien―. Lo imaginé. ―sin otra opción, se giró por completo a su hermana y recargó su antebrazo sobre el respaldo del sillón.

La oji-naranja volteó su vista hacia su hermana, encontrándola en una pose y con una mirada que conocía bastante bien. Sus párpados se abrieron más de lo normal al mismo tiempo que se mordía el labio inferior― ¿Estás segura? No te voy a mentir: es una historia bastante larga, pues estuve más de un año junto a ellos; también puedo decir que es entretenida, pero eso no le quita lo extenso ―la rubia pareció pensarlo un poco, pero se giró decidida a la menor y asintió energética ―. Muy bien ―accedió después de soltar un suspiro ―. Había llegado a la entrada del lugar y comencé a acercarme hacia un gimnasio; no sabía en cual entrenaban los prodigios, pero unos jugadores, que logré reconocer gracias a las entrevistas, corrieron detrás de mí y se adentraron en un edificio; yo les seguí, nunca imaginando que aquella curiosidad cambiaría por completo mi vida.

.

Observó cómo el par desaparecía tras esa gran puerta, adentrándose en su gimnasio; con paso sigiloso, se acercó lentamente a la entrada, cuidando que nadie la véase. Cuando logró acercarse lo suficiente, los vio: los cuatro prodigios recién ingresados a Teikō…, la aclamada 'Generación Milagrosa'. Como no recordaba sus nombres, comenzó a reconocerlos por el color de su cabello: el morado era usado de centro para bloquear tiros de demás jugadores, el rojo pasaba un marcaje de tres jugadores más altos, el verde practicaba sus tiros un poco alejado del resto y el azul realizaba incontables mates alrededor de la mitad de la cancha.

Una sonrisa se dibujó en sus labios, mostrando lo emocionada que estaba; podría entrar y saludar, correr y hacer una gloriosa presentación al robar el balón de uno y retarlo, decir estar perdida…, habían tantas formas de hacerse notar que no tenía forma de elegir, por lo que comenzó a brincar ahí fuera.

―¿Buscas a alguien?

Se congeló en el instante en que escuchó esa voz femenina preguntándole desde detrás. Se giró lentamente hasta chocar con unos orbes rosados y una cabellera del mismo color. Entrecerró los párpados al recordar haber visto ese rostro en la televisión, pero olvidó por completo qué era esa chica del equipo.

―¿Eres conocida o amiga de alguien? Jamás te había visto por aquí. ―notó como la peli-rosada la estudió de arriba abajo, confundiéndola pero no intimidándola.

Katomi negó con la cabeza y se giró por completo a la más baja, dejando la escena del entrenamiento de los prodigios de espaldas― Lo lamento, yo no soy conocida de nadie, sólo vagaba por esta zona cuando me vi frente al instituto; no pude evitarlo y me adentré, espero no haber hecho algo indebido. ―sonrió de lado y se reacomodó un poco el flequillo.

La oji-rosada negó sonriente y se tambaleó un poco, puesto que las toallas que llevaba consigo comenzaron a resbalarse― No te preocupes, no hay nada malo con la curiosidad; aunque yo también estoy algo curiosa: ¿por qué te llamó la atención el gimnasio? ¿Acaso te gusta el baloncesto? ¿Entrenas con alguien? ―con cada pregunta soltada, Katomi sintió como la mirada de la japonesa le estudiaba cada vez más.

―Así es, el baloncesto es mi deporte favorito y, sí, entre…, entrenaba en el equipo de la Secundaria Nenki, pero lo abandoné hace unos meses.

―¿Alguna razón?

La americana suspiró rendida y asintió involuntariamente al mismo tiempo que bajaba la correa de su mochila y la colocaba en el suelo― El equipo era completamente malo, no les interesaba el deporte y yo…, no podía estar rodeada de ese tipo de personas.

Levantó de nuevo la mirada al escuchar como la oji-rosada soltaba un agudo y corto grito, segundos antes de soltar las toallas y rodear a la extranjera― ¡Espera aquí! No te vayas ni hables con nadie, vuelvo en un minuto. ―siguió con la mirada como la más baja corría detrás de un hombre peli-blanco, le decía algo y acto seguido ambos se retiraban a una oficina.

Regresó su mirada a donde el resto de prodigios estaban, viendo como continuaban en lo suyo. Sin mayor cosa que hacer, se arrodilló hacia su mochila y buscó su celular para conocer la hora, aunque también buscaba sus audífonos para escuchar un poco de música.

―¡Midorima, el balón!

―¡No seas flojo, Ahomine, que sea la última vez!

Todavía en cuclillas, observó como un balón rodaba hasta quedar en sus rodillas. Se olvidó de sus dispositivos y tomó el balón en una mano. Al mismo tiempo que se incorporaba nuevamente, se encontró a sí misma atrapada en la mirada de un Escolta. Levantó su vista y le sonrió al oji-verde que le ganaba con veinte centímetros en estatura. Le entregó el balón y el peli-verde lo aceptó agradecido. Ambos se quedaron en silencio por unos cuantos segundos sin despegar la mirada del otro, esperando por quien iniciara una conversación normal.

―¿Signo zodiacal? ¿Tipo de sangre?

―S-sagitario y b positiva.

.

.

.

―¡Por favor, entrenador, tan sólo intente poner…!

―He dicho que no, Momoi, deja de suplicar, por favor.

Momoi se mordió el labio inferior ante la negación de Shirogane y desvió su mirada hacia un costado. Hace unos minutos le había pedido hablar con él sobre un tema importante, sabía que el hombre creyó que se trataría del equipo, por lo que le mandó una mirada incrédula cuando le escuchó decir que quería a una chica desconocida, proveniente de otra escuela, como nueva integrante de la primera cadena.

―P-pero… ¿¡por qué ni siquiera le da una oportunidad!?

―Momoi, no hay necesidad de dársela; por lo que dices, es una muchacha extranjera, que es el menor de los problemas, pero el simple hecho de que no sea estudiante de Teikō me impide dejarla ingresar al equipo. Tú sabes que yo no tengo problemas en dejar que una chica entre, como tú, por ejemplo: a pesar de ser mánager, has jugado varias veces con los chicos. Eso está bien, porque eres estudiante, pero no permitiré que una chica de otra escuela trabaje para nosotros. ¿Sabes en que problema me podría meter? Perdería mi trabajo. Además, ¿para qué quieres tener a otra chica en el equipo? Si es porque te gustaría tener a más chicas con quienes pasar el rato, recuerda que ya tienes a tus amigas; yo creo que una más te alejaría de ellas, ¿o no?

La peli-rosada se quedó con la quijada abierta, las palabras esfumándosele pues comprendía al hombre con respecto a lo de su trabajo: puede que lo convenciera de dejarle entrar al equipo, pero cabía la posibilidad de que la chica pudiera sufrir algún accidente, el cual le sería imposible cubrir dado a que no contaría con un seguro por no ser estudiante. Repitió las palabras del hombre en su cabeza y frunció el ceño cuando tuvo esa última parte en su mente. ¿Era acaso que Shirogane Kōzō pensaba que estaba pidiendo que la chica entrase como mánager?

―¡Oh, entrenador! Creo que usted no me entiende: yo busco que ella ingrese como jugadora, no como asistente o como mánager.

A pesar de que siempre mantenía sus dos párpados cerrados, Shirogane los abrió en sorpresa justo cuando escuchó eso― ¿¡Qué!? ―ese grito hizo que Momoi se aturdiera un poco, pero que recobrara la compostura para escuchar los siguientes gritos del hombre―: ¡Eso es prácticamente imposible! ¡¿Cómo crees que reaccionarían todos si una chica sale a las nacionales con un uniforme de Teikō?! ¡Si iba a pensar más a fondo sobre una mánager de otra escuela, es un hecho que no voy a dejar que una chica de otra institución pelee junto a los titulares! ―antes de que Momoi pudiera responder a aquello, el peli-blanco bufó molesto y silenció sus futuras quejas al mismo tiempo que soltaba un suspiro cansado por todos los gritos que soltó en esos cinco minutos ―. ¿Tu amiga está aquí?

La peli-rosada alzó levemente la mirada y asintió― Le pedí que se quedara en la entrada y que no hablara con nadie, que…, yo regresaría en un minuto.

Shirogane asintió y se levantó del escritorio en donde estaba sentado, rodeó a la chica y abrió de nuevo la puerta de la oficina― Será mejor que le expliques todo ―hizo un ademán para dejarle salir primero, haciendo que la menor comenzara a caminar hacia afuera―, y nada de mentir, Momoi.

―¿Qué sucede, Aomine? ―los dos escucharon una voz burlona justo cuando el mayor cerró la puerta detrás de ellos; al levantar su mirada, se encontraron con una escena que jamás imaginaron dentro de sus cabezas: Midorima, Murasakibara y Akashi se encontraban recargados en la pared mientras abucheaban divertidos al moreno, el resto de la primera cadena se reunió en un semicírculo alrededor de un extremo de la cancha donde Aomine estaba ocupado en un Uno a Uno contra una desconocida peli-naranja aparentemente extranjera.

Pese a no ser muy alto, el entrenador en jefe pudo observar a la perfección como era el moreno quien tenía el balón, pero al intentar lanzar un tiro de bandeja le fue arrebatado por la chica. Cuando la oji-naranja obtuvo posesión del balón, Shirogane observó la diferencia de estatura entre ambos: el moreno le ganaba por alrededor veinte centímetros, pero parecía ser que eso no le afectaba a la chica, pues veía como se movía entre los intentos de robo de parte del peli-azul.

Él estaba tan concentrado que no se percató del pasar del tiempo hasta que miró su reloj y vio que ya habían pasado cinco minutos. El tiempo que usó para girar su atención hacia su muñeca fue el tiempo en el que no se percató como el moreno resbalaba con su propio sudor y perdía ligeramente el equilibrio, haciendo que la joven se alejara un poco de él y se acercara hacia el tablero. Shirogane no despegó la mirada del cuerpo de la peli-naranja cuando ésta se impulsó hacia el aro y realizó un tiro de bandeja.

Los demás participantes se acercaron sorprendidos a donde el par yacía, incluyendo a los otros tres prodigios.

―Una chica te ha vencido, Mine-chin ―el peli-morado recalcó, ganándose unas cuantas carcajadas de los demás integrantes―, ¿qué se siente?

Aomine chasqueó molesto la lengua y apuntó al rostro del más alto con un dedo― ¡Nada de que me ha ganado! Todavía faltan cuatro puntos para que ella de verdad me venza.

Al mismo tiempo que esos dos se preparaban para proseguir con su partido, Shirogane colocó una mano sobre el hombro izquierdo de la chica, haciendo que la menor mirara curiosa la expresión en su rostro― Momoi…, necesitaré que me ayudes a crear un blog personal. ―antes de que la peli-rosada pudiera preguntar aquella completamente extraña petición, el peli-blanco se alejó de la puerta de su oficina y de la chica, y se encaminó a donde todos los jóvenes observaban emocionados el continuar de aquella disputa.

Shirogane, quien antes estaba hecho una furia, caminó con chispas a su alrededor y con una enorme sonrisa dibujada en sus labios. Su mirada siguió los cuerpos de ambos jóvenes luchando por la posesión del balón, pero su vista se vio atraída por completo hacia la chica. ¿Quién era esa joven? ¿De dónde provenía? Tantas preguntas que se formularon en la cabeza del hombre, pero sólo había una que se repetía constantemente dentro de su mente: ¿querrá entrenar con ellos?

―¡Buenas, equipo! ―una voz varonil le sacó de sus pensamientos y le hizo girar toda su atención hacia la entrada, en donde cierto grupo se estaba adentrando en el edificio.

Todos los demás miembros de la primera cadena giraron su mirada hacia quien lideraba ese pequeño grupo, parpadeando temerosos por lo que pudiera decir ante el rival que estaba luchando contra el as peli-azul. Los otros tres prodigios se volvieron a incorporar y se acercaron con paso rápido a donde el moreno estaba. Aomine, justo después de escuchar la voz del mayor, detuvo su próximo drible y tomó el balón con sus dos manos, confundiendo ligeramente a la oji-naranja, pero la chica asintió en entendimiento cuando el más alto le hizo un ademán para que aguardase.

―Diablos. El juego de la segunda cadena no estuvo tan difícil, ni siquiera entramos y nos quedamos calentando la banca ―justo cuando se pasaba una mano sobre su nuca y sus labios dibujaban su tan famosa mueca, atravesó el "muro" que el trío de prodigios había creado para que evitase ver a la chica, abriéndose paso a donde Aomine y la americana estaban―. Si van a mandarnos como…, hola, linda…, como sustitutos a un juego, por lo menos asegúrennos que ju… ―al mismo tiempo que detenía su parloteo, frunció el ceño confuso y se giró en un sólo movimiento hacia la chica detenida junto a su as.

El gimnasio entero se quedó en silencio mientras el chico estudiaba de pies a cabeza a aquella extranjera desconocida. Mientras los otros dos superiores decidían preguntar directamente la identidad de la joven en un susurro, el oji-gris entrecerró los párpados al darse cuenta que jamás había visto a esa chica.

―Muy bien, ¿tú quién eres? ―le cuestionó molesto y con un ceño extremadamente fruncido mientras se acercaba unos pasos a ella.

La peli-naranja pasó por desapercibido aquel tono y le sonrió ampliamente al más alto― A mí sólo conóceme co…

―A ver, niña, yo te pregunté "quién eres", no 'cómo puedo conocerte'.

La más baja se mantuvo con la mandíbula abierta ante la interrupción, pero volvió a juntar sus dientes sólo para rechinarlos― Me llamo Katomi García.

El más alto la estudió con la mirada por unos segundos más para luego bufar sarcástico y rodar sus ojos― Vale, Katomi ―una vena palpitante brotó en la frente de la chica al escuchar el tono de burla con el que él decía su nombre―, me llamo Nijimura Shūzō y soy capitán de Teikō, así que quiero saber, ¿qué te trae a mi gimnasio?

Katomi rio en volumen bajo y levantó la mirada hacia el oji-gris― No sabía que te llamabas "Teikō".

―Oi…

―Y para que sepas, sólo estoy de paso; estaba aburrida en la tarde de hoy y me encontré con 'tu gimnasio', por lo que decidí entrar y buscar por la tan aclamada "Generación Milagrosa", cuando tu amiga rosada me vio y me pidió esperar por ella un minuto. Mientras ella se iba, el verde preguntó…, unos datos míos, segundos antes que el azul llegara y me preguntara entusiasmado si quería jugar; yo accedí y entré en el gimnasio. Dado a que todos estaban entrenando del otro extremo, los únicos que se apartaron para permitirnos jugar fueron el morado y el rojo. Gracias a todo el ruido que hicimos, las miradas se posaron sobre nosotros y fue cuando nos vimos envueltos en el círculo en el cual nos encontraste.

Nijimura chasqueó la lengua ante el tono con el que la más baja le hablaba y posó su mirada sobre el peli-verde (no sin antes intentar divisar a Momoi, pero no se percató que se encontraba detrás y creyó no estaba ahí), para preguntarle con la vista si era verdad lo que la chica decía, a lo que Midorima asintió avergonzado. Después de recibir la misma acción de parte del oji-azul, se volvió hacia la americana con una expresión seria y molesta― Y, ¿qué estaban haciendo antes de que llegáramos?

―Creí ya haberlo dicho: el azul y yo estábamos en un Uno a Uno.

Después de controlar la nueva vena palpitante, el Ala-Pívot se giró a su as, quien desvió la mirada y se encaminó hacia el resto de los prodigios― ¿Quién obtuvo el primer punto? ―escuchó como el mayor cuestionaba antes de que él pudiera esconderse detrás de Murasakibara.

―La anaranjada. ―el peli-morado respondió desinteresado mientras el moreno se ocultaba por fin detrás de él.

El oji-gris ahogó un grito en su garganta y se preparó para golpear al oji-azul, pero la voz de este último le hizo detener su paso―: ¡Ey! ¡No hagas aclaraciones luego-luego, Murasakibara! Fue solamente porque resbalé con el sudor.

Fue entonces que el capitán rio victorioso y se giró hacia la chica con un dedo señalándole― Entonces es eso, ¿no? ―al mismo tiempo que el azabache soltaba unas risillas burlonas más, el resto de su equipo intercambió miradas confundido―. ¿Creíste poder llegar aquí, husmear en el edificio, jugar un Uno a Uno contra mi as y salir victoriosa? Te sobreestimas demasiado, ¿no crees? ―los jugadores varoniles miraron atónitos como el aura de la más baja comenzaba a envolverla en una nube negra, acorralando lentamente a Nijimura―. Él resbaló con sudor, algo que puede llegar a pasar en un juego sin sentido, pero no que pueda suceder en uno importante. Puede ser que tú seas algo talentosa, pero debemos ver ese talento a nivel nacional, ¿no lo ves así? ―recibió el balón de parte del peli-azul, quien no pudo más con la mirada del mayor y se dirigió hacia el otro extremo del lugar tras entregarle el objeto―. No usemos este extremo, no quiero resbalarme y dejarte la victoria ―los gritos de los demás integrantes detuvieron en seco el golpe que la más joven estaba por propinarle a su capitán, dejando a la peli-naranja con su puño cerrado en el aire―; vayámonos a este extremo, donde te demostraré la diferencia entre mujer y hombre ―en el mismo instante en que Katomi entendía todo y cambiaba su expresión furiosa por una sonrisa satisfactoria, el más alto se señaló a sí mismo con una mano―. Ala-Pívot, ¿contra…?

―Ala-Pívot.

Los párpados del más alto se abrieron notoriamente ante esa respuesta, pero los regresó a su amplitud normal en el mismo instante en que negó con la cabeza y le sonrió sarcástico a la más baja― Diviérteme, niña.

Nijimura se abalanzó de inmediato contra la chica con su tan popular velocidad y con paso directo a la izquierda de la chica. Katomi se movió ligeramente a aquel lado sólo para girar sobre su propio eje y detener por completo el cambio de dirección que el más alto creó. El azabache titubeó un instante por aquella rápida reacción, pero ese instante fue lo que hizo que la más baja sonriera victoriosa y robara el balón de la posesión del más alto. Ella pasó el objeto de su mano derecha a la izquierda y comenzó a driblar hasta el otro extremo. Fueron unos segundos en los que el capitán reaccionó y regresó a todo dar hacia donde la chica estaba lista para encestar el punto vencedor.

―¿Muy enana para realizar un mate? ―el oji-gris preguntó burlón cuando ya se había detenido a bloquear a la peli-naranja.

Katomi, a pesar de la vena palpitante que se formó en su frente, rio en volumen bajo― ¿Muy lento para detener a una 'enana'?

Al azabache ya no le dio tiempo de replicar, puesto que la oji-naranja aumentó considerablemente la velocidad y le pasó con gran facilidad usando el mismo movimiento que él había usado, sólo que en sentido contrario. Nijimura resbaló no por sudor, sino porque los movimientos de la extranjera confundieron sus piernas. A diferencia de Aomine, quien sólo perdió el equilibrio brevemente, el capitán cayó de espaldas contra la duela, dejando a la más baja realizando un tiro de bandeja, el cual entró sin problemas.

Siendo el rebotar del balón lo único que se escuchaba, los demás presentes intercambiaron miradas para averiguar quién iba a ser el primero en articular alguna palabra, esperando porque fuera su capitán, pero todos abrieron más los párpados cuando giraron su atención y se encontraron con el rostro divertido de Aomine, quien soltaba fuertes carcajadas― ¡Vaya! Yo logré aguantar cinco minutos pero el 'Senpai' no soporta ni un minuto.

―¡Cállate! ―el burlado gritó mientras se volvía a incorporar y la americana se acercaba al trío de prodigios restantes―. ¡V-vengo cansado de un juego con otra escuela, es entendible que no me encuentre en mi mejor forma!

―¿No habías dicho que ni siquiera habías entrado? ―una voz masculina y burlona atrajo su atención, encontrándose con otro compañero suyo que había ido con él a tan excusado encuentro.

―S-Sekiguchi ―Nijimura exclamó su apellido en un tono decepcionado―, deberías apoyarme a mí.

La oji-naranja, quien se encontraba riendo junto a Midorima, Akashi y Murasakibara, se acercó unos metros al oji-gris y le lanzó una mirada victoriosa― Ya que me hiciste probar el 'nivel nacional', ¿qué se siente que una 'enana' te haya vencido?

El oji-gris rechinó los dientes enfurecido y señaló a la chica― ¡Esto todavía no acaba, nos quedan cuatro puntos!

―Creía que iba a ser solamente quien llegara al punto.

―¡Pues acabo de cambiar de idea! ¡Continuemos con esto, mocosa!

―No te preocupes por eso, Nijimura, tendrás mucho tiempo para tu revancha. ―después de observar atentamente la segunda disputa de aquella desconocida con uno de sus jugadores, Shirogane supo de inmediato que no podía dejar escapar a la muchacha…, a pesar de que nunca podría portar el nombre de 'Teikō' en un uniforme.

Los demás varones le abrieron paso al entrenador en jefe y dejaron que él se acercara al par de Ala-Pívots, seguido por la oji-rosada mánager. El peli-blanco se detuvo sonriente frente a la extranjera y extendió su mano ante ella, indicándole que la estrechase― Mi nombre es Shirogane Kōzō, entrenador en jefe de Teikō, y me emociona decirte que tienes un gran talento floreciendo dentro de ti, querida.

―Entrenador, ¿qué quiso decir con 'tendrás mucho tiempo para tu revancha'? ―el capitán preguntó en el instante en que el mayor guardó silencio un momento.

―Eso es a lo que voy, Nijimura ―se giró hacia la chica tras responderle al chico con la misma sonrisa amigable en rostro―. Katomi García, ¿dijiste? Nombre de origen hebreo y con descendencia española, ¿cierto? ―la peli-naranja asintió sorprendida a lo que el hombre declaró, maravillándola por el hecho de que alguien supiera eso―. Katomi, iré directo al grano: ¿te gustaría pertenecer al equipo de la primera cadena de Teikō?

―¿Qué? ―exclamó la chica incrédula.

―¿¡Qué!? ―el equipo preguntó sorprendido.

―¿¡Qué!? ―los cuatro prodigios preguntaron maravillados.

―¿¡Qué!? ―el capitán preguntó molesto.

―¡Sí! ―la mánager peli-rosada exclamó victoriosa y saltando a la espalda de su amigo de la infancia, derribándolo en el proceso.

Shirogane hizo caso omiso a todas las exclamaciones de los menores y se concentró solamente en la chica, quien se quedó con una expresión inexplicable cuando el hombre soltó esa invitación― Para serte sincero, Momoi había venido a mí y me pidió dejar a una chica de otra escuela entrenar junto a los prodigios; en un principio, me negué rotundamente, pero jamás creí que esa desconocida extranjera resultara poseer gran resistencia, increíble velocidad, talento nato y pasión por el baloncesto. A pesar de que no seas estudiante de Teikō, eso no me detendrá en querer pulir tus habilidades y hacerte una de las mejores jugadoras; puede ser que estaré arriesgando mi trabajo como entrenador, pero quiero que tú, Katomi, seas parte de la "Generación Milagrosa". Debo decirte también que jamás podrás recibir un uniforme, no participarás en algún encuentro…, sólo entrenarás junto a los prodigios ―los ojos de la joven brillaron entusiasmados ante las palabras del mayor, jamás imaginando que esas mismas palabras le servirían en un futuro―. Así que, ¿qué dices, Katomi? ¿Te gustaría formar parte de…?

―¡Sí! ―no era necesario seguir escuchando al mayor, pues lo único que pedía se le estaba otorgando.

Ella no deseaba que todo ese país la viese por televisión al jugar contra demás equipos varoniles, no deseaba portar un uniforme con indefinido número plasmado en él, no deseaba formar parte de innumerables entrevistas, no deseaba asistir a sesiones fotográficas…, lo único que ella deseaba, desde que ingresó a la secundaria, era poder jugar a un lado de personas a quienes le fascinaran el baloncesto…, tal y como a ella.

El peli-blanco sonrió satisfecho, pero antes de que pudiera decirle algo más, se encontró con los prodigios acercándoseles a ambos.

―Perdón por no haberme presentado, Katomi-san, pero mi nombre es Momoi Satsuki y soy la mánager del equipo.

―Yo también espero por el continuar de nuestro juego, preciosa. Aomine Daiki, por cierto.

―S-será interesante poder trabajar contigo, Katomi-san, espero y nos llevemos bien. Me llamo Midorima Shintarō, mucho gusto.

―Me llamo Murasakibara Atsushi y sólo tengo una pregunta: ¿te gustan los dulces?

―Akashi Seijūrō, para servirte. Estoy ansioso de poder jugar juntos. Espero y ambos hagamos nuestro mejor esfuerzo y…, bienvenida a Teikō.

La sonrisa en el rostro de la chica, en lugar de desvanecerse lentamente, se hizo cada vez más amplia. Todavía no podía creerlo: hace una media hora se encontraba vagando por un lugar desconocido de Tokio y en ese momento se encontraba rodeada de los integrantes de la primera cadena del equipo más fuerte de la escuela media. Recordó también como su familia siempre le reprendía de lo curiosa que era, pero irónicamente esa misma curiosidad había abierto lo que sería el capítulo más interesante de toda su vida.

―No durarás ni una semana.

Aunque en cada historia, siempre tenía que existir un antagonista…, sólo que ella iba a tener que llamarle: 'capitán'.


¡Wohoo! Cómo pueden darse cuenta… ¡hemos entrado en el 'Artículo de Teikō'! AuA Espero y estén tan entusiasmados como yo. Nos leemos en el siguiente capítulo. Chao.