Disclaimer: Para el FC de Kai, no querría enfrentarme a su furia, (aunque sólo tenga tres miembros…)


Capítulo XXXV: Hojas secas y alianzas – I


El sonido de las sirenas se oía por todo el Seireitei. Shinigami corrían de arriba a abajo intentando detener el incendio en el que se encontraba envuelta ya gran parte de los cuarteles de la segunda división.

-¿A qué esperan? –Gritó Soi Fong a varios de sus subordinados que se encontraban por ahí sin saber qué hacer. La mujer estaba al borde la histeria -. ¡Saquen a sus compañeros de ahí, apaguen el fuego! ¡Hagan algo! ¡Oomaeda! ¡Ve tú también!

-¿Eh? Pero, capitana… ¿Y si quien hizo esto aún sigue ahí?

-¡Eres teniente, idiota! ¡Ve! –Le espetó Soi Fong, Oomaeda Marechiyo le obedeció de mala gana -. ¿Cómo ha pasado esto? ¿Cómo? –se preguntó a sí misma. De pronto, vislumbró algo -. ¡Al fin llegan! –gritó cuando apareció el treceavo escuadrón.

-¡Discúlpenos, capitana Soi Fong! –exclamó Sentarou -. Por culpa de este incidente ha habido una gran confusión y…

-¿Qué confusión? ¡Mi división ha sido la única atacada! ¡No venían a ayudarnos porque…!

-Calma, capitana Soi Fong…

La shinigami se dio la vuelta. Había llegado el capitán de la treceava división junto con el octavo escuadrón.

-Ukitake…

-Sentimos el retraso, pero ya solucionaremos esto -dijo Ukitake Jushirô afablemente.

-Nanao-chan y yo también ayudaremos –comentó Kyôraku Shunsui en su usual tono mientras Ise Nanao le veía de reojo.

Soi Fong no dijo nada, sólo se cruzó de brazos y dirigió su mirada hacia su llameante división.

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Kai rodeó la cintura de la chica con un brazo y la levantó sin mucho esfuerzo. Suspiró un tanto apesadumbrado.

-Se está saliendo de mi control… -le murmuró a Rukia aunque ella no podía oírle porque hacia unos momentos había perdido el conocimiento. El Illuminati caminó hacia el otro extremo de la sala -. Este hombre… -comentó Kai al detenerse frente al desmayado Ichigo.

Lo alzó del brazo y sin muchos miramientos puso el cuerpo del muchacho sobre su hombro.

-Pues… ya está… -dijo recorriendo la estancia con la mirada. Sin saber muy bien porqué, volvió a suspirar.

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Hirako Shinji bostezó a sus anchas. Esto le valió para que las dos rubias que se encontraban a su lado le dirigieran una mala mirada. Los Vizard estaban de pie frente a Yuko quien estaba sentada al lado de los inconscientes Mitsuoki y Arima. Atrás de ellos estaba cuidadosamente colocado el cuerpo de Oboro.

-¿Siempre es así de maleducado? -le preguntó Funaki Yuko a Hiyori.

-El pelado este ha sido así toda la vida -dijo la chica. Hirako frunció el entrecejo.

-Oye, ¡a qué vino eso, dentuda! Además no le digas eso a una Illuminati.

-Tú empezaste a hablar con ella, no yo, por cierto, respecto a esa…

Hiyori se detuvo cuando sintió un inmenso reiatsu. Del cielo cayó Ogura Basho aterrizando delante de ellos. Sin previo aviso, el Illuminati atacó a la chica con su zanpakutô y le hubiera dado de lleno en el rostro sino hubiera sido porque Hirako detuvo el ataque con su propia espada. La pequeña chica volvió a ver asustada al rubio.

-Eres bueno, Vizard -dijo el Illuminati sonriendo. Shinji no le contestó. Basho se hizo hacia atrás con la clara intención de volver a atacar, pero el grito de Yuko lo paró.

-¡Detente, Ogura!

El hombre volvió a ver a su compañera.

-¿Qué quieres, Funaki? No molestes, al menos déjame divertirme con estos.

-Para, ellos no son Ninguno.

-Ya lo sé, pero son Vizard y me estoy muriendo del aburrimiento -se dirigió hacia donde Shinji, pero Yuko, haciendo un gran esfuerzo se paró y se detuvo frente a Basho.

-No estamos para esto, Ogura -dijo la mujer intentando lucir calmada.

El Illuminati chasqueó la lengua y bajó su espada de muy malhumor. Funaki lo observó con aprensión.

-¿Qué? -gruñó Basho.

-¿Cómo que qué? ¿Qué ha pasado? -le espetó Yuko. Hirako los miraba con interés.

-Oh sí… Si es por eso por lo que vine… el muy imbécil de Kai me manda de mensajero en lugar de dejarme pelear… -masculló para sí Ogura.

-¿Kai? ¿Kai ha llegado? -preguntó Funaki con una mezcla de preocupación y alivio. Ogura se sentó en una piedra y asintió-. ¿Y?

-¿Cómo que y? ¿Acaso no es obvio? Les pateó el culo, salvó a Kuchiki, al Vizard pelirrojo y de paso también a todo el mundo…

-En realidad no es Vizard del todo, sino shinigami sustituto olvidado… -murmuró Shinji rascándose la oreja. Funaki se pasó una mano por el cabello.

-Pero al Rey no le pasó nada, ¿verdad?

-No creo que si le hubiera pasado algo estaríamos aquí charlando con tanta tranquilidad -apuntó Ogura mirando de reojo a los Vizard -. Pues nada, lo único interesante ha sido que uno de los Ninguno aceptó que están trabajando con Tsuki.

-¿Sonoda Tsuki? -exclamaron Hirako, Hiyori y Funaki al mismo tiempo. Ogura asintió de nuevo.

-¿Sigue viva? -inquirió Yuko. Ogura se encogió de hombros.

Shinji entrecerró un poco los ojos con la mirada fija en el piso. Hiyori lo miró alzando una ceja. De repente, la expresión de Hirako cambió a preocupación y volvió a ver a su compañera.

-Tenemos que volver, Hiyori.

-¿Eh? ¿Qué pasa?

-No hay tiempo…-murmuró el rubio. Antes de irse, se dirigió a Yuko -. Illuminati-chan gracias por la amena conversación –Funaki frunció el entrecejo-. Si pueden, cuiden bien de Ichigo.

Hirako comenzó a caminar seguido de su malhumorada compañera.

-¿Qué hay con ellos? –preguntó Ogura.

-Nada, sólo fueron de más ayuda que mis propios compañeros Illuminati –dijo Funaki con desdén -. Déjalos ir…

-Bueno… nosotros también tenemos que volver -señaló Ogura poniéndose de pie y se acercó a sus compañeros. Sin mucho cuidado cargó a Mitsuoki y a Arima, luego caminó hacia donde Oboro.

-Deja -dijo de pronto Yuko-. La llevaré yo.

-Como quieras…

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-¡Lo que está diciendo es inaceptable! -vociferó Soi Fong fuera de sí.

Una vez lograron apagar el incendio, el comandante Yamamoto había convocado a los capitanes a una reunión de emergencia en su despacho. Sin embargo, la reunión se estaba convirtiendo en una acalorada disputa.

-¡Comandante Yamamoto! No puede pedirme que me quede aquí sin hacer nada después de que mi escuadrón haya sido atacado de esa forma. ¡Tres de mis subordinados han muerto! ¡¿Y me pide que no haga nada?!

-Tsk, qué son tres simples subordinados… -susurró Mayuri.

-Calla, capitán Kurotsuchi –dijo el capitán Hitsugaya quien estaba a su lado cruzado de brazos.

-¿Qué has dicho? -profirió el capitán del doceavo escuadrón.

-Ha dicho que te calles -le soltó Zaraki Kenpachi con una mueca burlona.

-¿Cómo te atreves, energúmeno? -exclamó Mayuri.

-¡¿Cómo me llamaste?! -gritó Kenpachi.

-Calma, calma -intentó apaciguarlos Ukitake.

-Pierdes tu tiempo… -murmuró Shunsui.

Los capitanes siguieron discutiendo entre sí, a excepción de los capitanes del cuarto y sexto escuadrón. Yamamoto estaba perdiendo su paciencia…

-¡¡Silencio!! -bramó el anciano, logrando que todos se callaran. Se puso de pie apoyándose en su bastón.

-Yo no… -comenzó a decir Soi Fong, pero una simple mirada de Yamamoto hizo que cerrara la boca.

-Capitana Soi Fong, habría esperado que entre todos fueras la primera en comprender la gravedad del asunto. Teníamos no sólo a un traidor, sino a un Ninguno colado en nuestras filas. Atacó el segundo escuadrón, asesinó a sus compañeros, nos dejó en un mar de caos y confusión…

-Y sin embargo, algo aún más terrible está ocurriendo en estos momentos. Los Ninguno no sólo estaban entre nosotros, sino también entre los Illuminati y al parecer han logrado entrar en los aposentos del Rey. Es decir, que el Rey de la Sociedad de Almas está bajo ataque, ¿comprenden lo que eso implica?

-¿Cuándo le han avisado de eso? –inquirió Hitsugaya.

-Hace unos minutos la Illuminati número siete me ha enviado la noticia mediante una mariposa negra.

-Disculpe, comandante –dijo Unohana Retsu, incorporándose en la conversación -. Pero, ¿no era esa la Illuminati que lideraba la misión en la que…?

-Sí, capitana Unohana, ha sido uno de los Illuminati de esa misión el traidor, pero no se preocupe. Al parecer, su quinto oficial ha salido lastimado, aunque no de gravedad.

-Gracias comandante -dijo la mujer inclinando la cabeza y, por alguna razón, lanzando una furtiva mirada hacia donde estaba el capitán del sexto escuadrón.

-Así que, capitana Soi Fong espero que entienda el por qué no podemos dejarla ir a buscar venganza así sin más. Nosotros, como los protectores de la Sociedad de Almas debemos…

El comandante Yamamoto fue interrumpido cuando, de improviso, la pared de atrás de su silla se comenzó a abrir dejando al descubierto una enorme pantalla.

-¡Ossu, shinigami!

-¡Shihouin Kai! -exclamó Yamamoto. Kai los saludaba desde el otro lado de la pantalla ante la mirada atónita de los capitanes del Seireitei.

-¿Ya han arreglado su problema? –preguntó Kai sin rodeos. Antes de que pudieran contestarle, Soi Fong se adelantó:

-¿Qué hay con el traidor? ¿Lo han capturado?

-¿Y el Rey? -preguntó Hitsugaya.

-El Rey está bien, pero los Ninguno escaparon, bueno, al menos dos de ellos. Yo me encargué del otro… Entre "las novedades", parece que Sonoda Tsuki no ha muerto y está trabajando con ellos.

-Vaya, vaya, siempre ha sido la mujer más interesante que he conocido… -comentó Mayuri.

-¡Ah! También el antiguo shinigami sustituto, Kurosaki Ichigo… -alzó el hombro para que vieran al inconsciente pelirrojo- entró en los aposentos del Rey, pero no lo consideraré una falta porque lo hizo para ayudar a la Illuminati número quince –levantó a la chica. Kuchiki Byakuya alzó un poco las cejas.

-Je, ese Ichigo nunca cambia, qué bueno verlo de nuevo ¿eh? –dijo Kenpachi sonriendo. Byakuya lo miró de mala manera.

-Ni hablar, esta vez sí que nos han dejado mal a todos… -apuntó Kai sonriendo.

-No importa –lo interrumpió Soi Fong-. Sólo necesito saber dónde se han ido esos Ninguno y…

Se calló al ver que la expresión de Kai había cambiado. Conocía muy bien al Illuminati, después de todo, era el hermano menor de Yoruichi, y verlo con ese semblante tan serio siempre le provocaba una extraña sensación.

-Seireitei, les ordeno no meterse en el problema de los Ninguno. Es trabajo de los Illuminati ahora –igual de rápido volvió a su vieja cara sonriente -. Bueno, ¡nos vemos!

La pantalla se apagó y todo se quedó en silencio.

-Ya han oído lo que ha dicho el Illuminati número uno. Intentar inmiscuirse en este problema será considerado una fuerte falta a las reglas -dijo Yamamoto rompiendo el silencio -. Colaboremos entre nosotros para reconstruir los cuarteles del segundo escuadrón y ante cualquier nueva noticia me aseguraré de llamarles de nuevo. La reunión ha terminado.

Los primeros en salir fueron Soi Fong y Kuchiki Byakuya. Ninguno de los dos podían imaginar que iban pensando lo mismo:

Qué imbécil

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A pesar de estar descansando en su cómodo futón, Funaki Yuko se sentía muy agotada y bastante apaleada. Repentinamente, tuvo una extraña sensación…

-He visto una cana…

-¡Kai, hazme el favor! -gritó la mujer, incorporándose por la sorpresa -. Oh, cómo duele… -masculló agarrándose el abdomen, levantarse de esa forma no había sido bueno.

-Perdona –dijo Kai sonriéndole. La rubia lo fulminó con la mirada.

-¿A qué has venido?

-Sólo quería ver cómo estabas. Veo que bien.

-Cállate… -Kai bajó un poco la mirada.

-Acerca de Iseya Oboro…

-No me apetece hablar de eso… -dijo Funaki también observando el piso.

-Ya…

-¿Y por qué vienes conmigo? ¿No deberías estar con Kuchiki?

Kai sonrió, pero a Yuko le pareció que era una sonrisa extraña.

-Tú también estabas herida y no fui a ayudarte.

-El Rey está bien, eso es lo que importa.

-¿De verdad crees eso?

-¿Eh? ¿Qué quieres decir?

-Nada… no importa…

-Kai…

-¡Mira, Yuko! En estos momentos que el Rey no está deberíamos ir a su armario y buscar…

-¡Ni de broma, Kai!

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Rukia estaba sentada en su futón en una posición un tanto encorvada y con la mirada fija en sus níveas manos.

-No fue tu culpa, Rukia -dijo Katsu Oniji con su débil voz. Kuchiki alzó el rostro y vio a su amigo. Su blanca cabellera y sus delicadas facciones hacían que luciera aún más apenado de lo que estaba.

Permanecieron en silencio. Rukia porque no sabía qué hacer y Oniji porque no podía sentirse tan triste como él quería. Así que se quedaron ahí, intercambiando miradas de desolación y deseando que su amiga estuviera con ellos.

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La puerta de la habitación de Rukia se deslizó con suavidad. Atrás de ésta estaba Kai con una bandeja en las manos.

-Ossu, Rukia, te traje té –anunció el Illuminati entrando en el cuarto. Cerró la puerta y se sentó al lado de la chica. Rukia lo volvió a ver. Kai le sonrió y ella intentó devolverle la sonrisa, pero sólo logró un débil gesto de cordialidad.

-Perdona, Kai.

-No, Rukia. Es mi responsabilidad… que les haya sucedido todo esto… Les he fallado.

-Pero yo… yo he sido… -Kai puso su mano en el hombro de la morena.

-Por favor, para Rukia. Ella odiaba cuando hacías esto.

Rukia bajó la mirada y cerró los ojos. Asquerosa herida, es tan profunda como el océano, pensó.

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Ichigo abrió los ojos. Había tenido un extraño sueño.

Soñó que tenía diez años y estaba jugando en el parque con Yuzu. No sabía cómo, ni en qué momento, pero su hermana, que hacia unos segundos estaba en los columpios, ahora no se veía por ninguna parte. Se sintió desesperado y el hecho de tener sólo diez años le hacia sentir peor. Sin embargo, ya había despertado y sólo fue un sueño, sólo un mal sueño.

Se incorporó con pesadez, examinó su habitación.

-¿Eh? ¿Y dónde estoy?

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-¿Quieres té, Rukia? –preguntó Kai señalando la bandeja. La chica asintió.

Rukia observó cómo servía el té y ver esa simple acción hizo que se le viniera a la mente un momento similar que sucedió dos años atrás. Ese momento que recordaba con afecto, pero que ahora, muy a su pesar, le hacía sentir culpable…

-¡Ossu, peque-chan! ¡Traje té! –anunció Kai al entrar a la habitación. Iba sonriendo de oreja a oreja y eso no ayudó a mejorar el malhumor de la chica.

-¡Kai! ¡Ya te he dicho que no me llames así! –exclamó Rukia desde su futón.

-Jo, peque-chan… vaya humor de perros… No es mi culpa que tu misión haya sido un asco.

-Tampoco fue mi culpa… ¡Eh! Ahora que lo pienso, eres tú quien asigna mis misiones…

-Je, je, je… ¿a que una semana sola con Yuko no fue genial?

Rukia le dedicó una mirada asesina, pero eso sólo hizo que a Kai le diera más risa.

-No tenías por qué traerme té… -murmuró Rukia girando el rostro. Kai se encogió de hombros -. Siempre me traes té y eso…

-¿Te avergüenza? –Preguntó Kai con una risita-. Bueno, si no te has fijado siempre te traigo té cuado regresas de tus misiones porque, por alguna razón, siempre te las arreglas para acabar lastimada, y nada, que me siento culpable de verte tan magullada.

-Y un té lo arregla todo… -comentó Rukia un tanto ruborizada.

-Hombre, tampoco es que merezcas un premio… -se burló Kai. Rukia se sonrojó un poco más. El muchacho quería seguir molestándola, pero la morena dejó de seguirle la corriente y su expresión pasó de abochornada a abatida.

-No merezco un premio y tampoco debería ser Illuminati… -dijo casi en un susurro.

Kai dejó de sonreír, lo que la chica había dicho era cierto. Se pasó el dorso de la mano por los labios y observó a la apesadumbrada Rukia. Se sentía un poco confundido, no sabía porqué le tenía tanto afecto a la chica, pero así era. Y era muy extraño, la verdad. Más de cien años como Illuminati y nada le había afectado como lo hacía estar con la menor de los Kuchiki.

Aunque no le importaba mucho, en realidad, le agradaba estar con ella. Lo único molesto era ese sentimiento de culpabilidad… Y en esta situación donde ella estaba decepcionada… ¿Debería él...?

Rukia miró al pensativo Kai. ¿Estaría también pensando que ella no servía para Illuminati? Seguro pensaba en todas las horas que había perdido ayudándole en sus entrenamientos; en todas las veces que le había llevado té porque ella había resultado lastimada en sus misiones; tanto tiempo malgastado…

Era algo insólito verlo tan serio… Es más, con el entrecejo fruncido Kai hasta le parecía atractivo… Rukia parpadeó de forma un tanto inusual. ¿De dónde había salido eso?

-¿Qué pasa, Rukia? ¿Por qué esa cara? –preguntó Kai sorprendiendo a la morena. La chica carraspeó intentando disimular la vergüenza que sentía. El Illuminati comenzó a servir el té.

-No, nada… sólo creo que jamás te había visto callado por tanto tiempo.

-Je, es muy probable…- inconscientemente Kai se rascó la cabeza y ese pequeño gesto provocó una inexplicable reacción en Rukia.

El corazón le latía demasiado para su gusto y el rubor regresó a sus mejillas. Para su suerte, Kai pareció no notarlo. Shihouin le alargó la taza y Rukia se acercó para cogerla. La agarró, pero él no soltó la taza; no fue hasta entonces que la chica notó que apenas unos centímetros los separaban. Nerviosa, bajó la mirada hacia la taza.

-Té de naranja ésta vez ¿eh?

-Dicen que es bueno.

-¿Para qué? –preguntó levantando el rostro. Kai estaba aún más cerca.

-No sé, para crecer, espero

-Yo no…- No pudo terminar, porque en ese momento, sus labios se encontraron con los de Kai.

-Aquí tienes, Rukia.

La chica cogió la taza, un poco distraída.

-¿Qué pasa? Parece que acabas de tener un flash back o algo así… -comentó Kai alzando una ceja. Rukia se rió por lo bajo.

-Sólo pensaba en los beneficios del té de naranja.

-Pues para crecer no sirve, tú eres una muestra de eso… -señaló el Illuminati con sorna. Rukia le pegó en el hombro.

-¿Por cierto, no sabes cómo ha seguido Ichigo?

-¿Kurosaki? Está bien, ese tipo tiene una fuerza espiritual bastante anormal.

-Sí…

Kai suspiró lenta y profundamente.

-Dentro de poco tendremos una reunión, te dejo para que puedas descansar un poco más -dijo Shihouin. Rukia asintió.

-Gracias por el té, Kai.

-Ya sabes, es la tradición –dijo guiñándole con malicia. Se levantó y caminó hacia la puerta, pero, repentinamente, se dio la vuelta y antes de que ella pudiera preguntarle qué pasaba, él la besó con una mezcla de frenesí y abandono.

Una vez hubo salido de la habitación, Rukia no pudo evitar sentirse triste.

--/--

Dos figuras, una delgada y baja, la otra alta y corpulenta, aparecieron en la terraza del instituto de Karakura.

-"Nos deja, se va, y no ha de volver. No, que ya murió. No vendrá otra vez…"

-Cállate, idiota…


¡Hola! Tenía pensado publicar este capi el lunes, pero había una parte del capítulo que me costó bastante. Ya se imaginarán cuál…

Me costó por tres razones:

1: Era una escena Kai x Rukia y por ende no era IchiRuki…

2: No quería decepcionar al pobre FC…

3: No quería pensar en la reacción del pobre Ché…

4: No… espera, que eran sólo tres…

Sí, lo sé… ¡¿Cómo va a ser que en este fic que es IchiRuki hayan escenas IchiHime, RenjiRuki, KaiRuki (?) y nada de IchiRuki?! Yo tampoco me lo creo…

Bueno, la verdad es que ese flash back era importante para la historia y más que darme lástima Ichigo mientras lo escribía me sentía triste por Kai… (Lore, Buwa, ustedes me entienden…) ¡Pobre, si es que parece que Rukia sólo se lío con él porque le recordaba a Ichigo! Y no diré más…

¡Gracias por sus comentarios y su apoyo! Me alegra que sigan el fic y recuerden si hay algo que no les cuadra o alguna duda ustedes sólo pregunten (aunque me tarde en contestar, je, je…)

Adelanto:

Capítulo XXXV: Hojas secas y alianzas – II

-No importa, iré contigo.

-¡Pero te vas a…!

-¡Calla, idiota, ya he dicho que iré! Esta vez no estarás solo.