Disclaimer: Harry Potter y su mundo son míos y... *Tomate* Vale. No lo son. Nada de lo que puedan reconocer es mío, todos es de la Gran JK (Amén). Esto está hecho sin fines de lucro, sólo diversión propia y de ustedes.
Summary: Su básicamente inexistente "vida" es todo lo malo que puede ser una vida porque se ha convertido lentamente en un perene infierno de eterna agonía en donde el único culpable es... ¿Pues quién va a ser? Entre la esfera, su vecina, su trabajo, su familia, su jefe y Scorpius Malfoy, iba a volverse loca. Er, más loca.
Y aquí, estando ya en los 1100 y escuchando el soundtrack de AVPSY (punto para quien sepa de qué hablo), me doy cuenta nuevamente que ese número no hubiera sido posible de no ser por ustedes. Hacen que todo valga la pena, en serio. Muchas gracias a: luna712 (Hola! Qué bueno que te gustó la intervención de Ron y la de James :D Y ya quisiera Albus que se le hubiera ocurrido semejante idea, pero al final él también hizo de las suyas. Y bueno, no publiqué el miércoles, pero aquí estoy así que seguimos felices xD Saludos!), Maya Allen, Lali Weasley, Jannette-BlackWeasley, Adarae, Bixu, Laura Sparks, Erika Dee, FYA (Hola! Jajaja vamos, que hablamos de Ron. Su entrada debía ser memorable y lo fue xD Todos alguna vez sufrimos papelón debido a un padre al menos una vez y como tú, lo mío es con mi mamá. Me hace pasar una vergüenza algunas veces! Pero el amor existe :D ¿James y Albus se portaron bien esta vez? ¡Porque eres muy exigente! xD Con respecto a tus preguntas, Dominique no tiene nada con ninguno de sus dos "pretendientes". Nada de nada. Cero. Ella es soltera y le gusta así porque odia los compromisos. Sin embargo… el compañero le envía toda esta vibra sexual y con Liam es sólo amor y ternura. Son dos energías que provienen de lo mismo y aunque ella aún no sepa esto, eso entrará en conflicto algún día :) Louis no es gay jajaja Ni siquiera yo sé su secreto, así que eso te da una pista de qué tan oculto está. ¿Lorcan y Lucy? Nada. Creo xD Besos!), Rocío (Hola! Genial que te gustara el capítulo y James en especial :D), Hermy Evans Black, Kirisuke, Roulimystic, C.M.M.A, MrsLGrint, Brianda (Si Rose es excesivamente dramática, Dominique es excesivamente perspicaz y Albus es excesivamente ingenuo, James tenía que ser excesivamente engreído. Los Weasley siempre vienen en excesos xD En cuanto a Albus, no fué una forma de resaltar que te equivocaste, sino de resaltar que TODAS y TODOS se habían equivocado con él. Es más de lo que aparenta y lo demostró :D Pero bah, yo también lo amo por ser tan distraído y dulce. Saludos!), CamiCamila y Cia (Hola! ¿Así que tu chico está de esclavo en la cocina, eh? Así es, mujeres al poder jajaja Y pues como le comentaba a Brianda, todos los Weasley vienen en excesos xD Sergio ha dicho lo mismo que tú en una forma menos poética: James ama a su familia y tiene debilidad por las chicas. Rose es una chica que es parte de su familia. Lo lógico era que agotara todos sus recursos para ayudarla :) Y procuraré no imaginarme el porqué tu novio piensa que James sí es un hombre en toda regla jajaja Con Ron y tu papá tocamos una fibra sensible, Cami xD Si me lo preguntas, si tu papá tiene al menos una mínima semejanza con Ron, yo sí le creo a Sergio jajajaja Pero es genial que a pesar de eso hayan decidido darse una oportunidad :D Albus ha brillado en el capítulo pasado y, bueno… los pensamientos trágicos de Rose ya se hacían extrañar xD En cuanto a lo del bikini y la generosa oferta… como publiqué, es obvio que no fui a la playa y sigo pálida xD Pero por Dios que me he reído de lo lindo con lo de "hasta el día que te mueras, te están cerrando el ataúd y el ojo del mal seguirá mirando traseros". Jajajaja, nunca me cansaré de ustedes chicos, no cambien :D), Shar0n EspiPPirifLautik CulleN, Annie Thompson, Astridblu, Leprechaun07, Sashabeth, Diane Potter, Mary Elizabeth Von Teese, Negrilu, Mandy Scorse, TAMYmos, Mari (Pues qué bueno que te gustara! James se ha robado los reflectores con sus ilustrativos análisis y bueno, Lucy y Lorcan son de esas cosas en un fic que no se ven, pero se sospecha que ocurre xD Ron y su entrada fueron épicas, así que me alegra que te hicieran reír :D Besos!), Lucy (Hola y muchas gracias por tu preocupación. Me encuentro en perfectas condiciones físicamente, aunque emocionalmente es distinto. En fin… dados los recientes eventos, sólo espero que todo salga bien porque la fe aún está intacta. Y espero que así como el anterior, disfrutes mucho este capítulo :D), Altea Kaur, Luna Potter Granger, Lenna Weasley, BronceCeniza16649, adry mw (Hola! Y no, tú eres más genial xD Me alegra que no sólo te haya ido bien misionando, sino que además hayas conocido a un hombre que te gusta aunque sea para amigos :) En cuanto al consejo, no te preocupes porque surgió espontáneamente en mi cabeza y me limité a comunicártelo xD Pero es un placer saber que me consideras una amiga por estos lares tan impersonales :D Si no sabes si tu chico se parece a Lorcan o James, siempre puede ser una fusión de ambos jajaja Pero él, Dominique y Lucy sí se hacen de extrañar :/ Y muchas gracias por tus deseos de buena suerte. Espero que se cumplan y que todo mejore. Slaudos!), Carla Melina y a Cora Lozar. ¡Mucho amor para ustedes!
Va para TAMYmos, que cómo no, me trajo noticias felices y fue el review número1100. ¡Sabes que se te quiere, linda!
Bien, er… cuidado. Sólo eso diré :)
(Un Poco de) Él (Y de la Esfera, claro está)
(O del cuando Rose no entendió nada completamente, pero se dejó llevar)
–No puedo creer que lo logramos –dijo Rose algo incrédula y Scorpius rió quedamente.
No era para menos. Después de haber tenido menos de quince minutos para correr, caminar, correr otra vez, fingir que volvían a sus casas luego de un pesado día de trabajo y correr una vez más cuando el tiempo de la poción se agotó, se habían trasladado vía flu al piso de James con las respiraciones erráticas por los continuos sobresaltos que habían llevado. Rose no era muy familiar con el hogar de su primo, pero no le costó mucho hallar su fiel bolso sobre la cómoda de la sala de estar mientras Scorpius se sentaba en la butaca más cercana para recuperar el aliento.
Lo siguiente que hizo fue servir un vaso de agua para ambos, explicarle a Scorpius lo que ella creía que era el funcionamiento del desiluminador para que él los llevara a ambos a Australia y maravillarse ante las ironías del destino pues el próximo en darle uso al tesoro de su padre sería nada más y nada menos que Scorpius Malfoy.
–Para ser honesto, yo tampoco –respondió él aún mirando con suspicacia aquel encendedor que Rose había denominado "desilusionador". ¿De verdad había emitido una esfera de luz que le atravesó el pecho? Fascinante. Y Rose tuvo que abrazarlo para trasladarse con él… Genial.
–¿Estás seguro de que éste es el lugar? –inquirió, ignorante de la curiosidad y satisfacción del hombre. Y es que era casi utópico estar allí. Ella jamás había visto tanta naturaleza junta y era francamente magnífico a pesar de que el frío le calaba los huesos y la humedad del lugar le empapaba la ropa.
–Segurísimo. Es precioso, ¿no? –dijo mientras le lanzaba el desiluminador sin aviso previo. Cuando Rose lo cogió en el aire, se dispuso a fulminarlo con la mirada por su escasa delicadeza y, pues… él estaba quitándose el holgado uniforme de auror sin importarle que ella estuviera allí, viéndolo desnudarse.
–¿Qué estás haciendo? –preguntó, olvidándose completamente del espectacular paisaje que la rodeaba mientras observaba como Scorpius se deshacía de los botones de su camisa con (según ella) una lentitud devastadora. Él, al principio confuso por el cambio en su voz, la miró unos momentos y tuvo que sonreír con malicia.
Rose no quitaba la vista de su abdomen parcialmente descubierto y tenía los ojos desorbitados. Aparentemente, ni siquiera las cicatrices de la noche anterior podían disimular lo marcado de su anatomía. Sin mencionar aquel sonrojo que inundaba sus mejillas de forma que casi, casi llegaba a preocuparlo.
No debía complacerle tanto eso de que Rose lo encontrara atractivo, pero lo hacía y mucho.
–No pretenderás quedarte con ese horrible y poco práctico atuendo, ¿no? –respondió sintiéndose extrañamente liviano y luego de retirar completamente la camisa, ajustó sus pantalones negros con la varita a un tamaño más apropiado para él. Con el torso completamente expuesto, Rose se vio obligada a desviar la mirada para no ser tan obvia.
Y es que, Merlín... Dominique tenía razón. Malfoy estaba como quería.
–Er, no... –balbuceó dándose la vuelta y cubriéndose los ojos sin dejar de sentirse como tonta–. Pero tampoco iré desnuda.
–Qué pena... –escuchó su voz demasiado cerca para su gusto y se volvió en medio de un respingo. Scorpius estaba a centímetros de ella y alzaba una sugestiva ceja en su dirección–. Sería algo que me gustaría ver... pero hace demasiado frío como para intentarlo.
–¡¿Qué haces?! –chilló cuando su mano rozó su cintura, pensando en cualquier cantidad de barbaridades que él podría hacerle ahora que estaban solos, lejos de Inglaterra y no estaba segura del huso horario en Australia, pero casi podía asegurar que eran cerca de las nueve de la noche.
Se sonrojó furiosamente cuando esas "barbaridades" no le horrorizaron en lo absoluto y Scorpius arqueó ambas cejas con macabra suspicacia. Ella jamás había imaginado que tenía una mente tan sucia, por Merlín...
¿Y si le estaba leyendo la mente? Esa sonrisa pícara no podía ser normal.
Aferró el desiluminador que continuaba en su mano cuando se le cortó la respiración.
¡Le estaba leyendo la mente! ¡Esa era una horrorosa invasión a la privacidad! ¡Y era ilegal! ¡Y ella tenía todo el derecho del mundo de imaginar lo que se le viniera en gana! Y no; ni siquiera el hecho de estar pensando en esas cosas lo justificaba.
Cuando ya se temía lo peor, él se limitó a chasquear la lengua divertido antes de tomar su bolso y volver a alejarse.
El mismo bolso que estaba rozando su cintura.
Técnicamente, eso significaba que la intención de Scorpius no había sido otra diferente a la de cogerlo y que ella era una pervertida.
Suspiró; sólo a ella se le podría ocurrir algo tan...tan escabroso.
–James Potter me dijo que Albus había guardado algo de ropa para mí aquí dentro. Quizás Connie también te dejó algo... –comentó sin verla, rebuscando en las profundidades del bolso antes de sacar una camiseta muggle de algodón azul. Él frunció los labios de forma pensativa antes de continuar–. Esto bastará. Tenemos que estar lo más cómodos posible si queremos llegar hasta allá.
Señaló la cascada tras ella y Rose se giró para contemplar más atentamente la preciosa caída de agua enmarcada por un paisaje boscoso y brumoso.
Era impresionante.
Desde donde estaban, el ruido del agua al caer se mezclaba con los del bosque y lograban un escenario perfecto para cualquiera que amara la naturaleza. La tierra bajo sus pies estaba húmeda y llena de hojas secas y los árboles se teñían de musgo en las raíces. La luna coronaba la montaña y su luz apenas lograba atravesar la neblina que creaba la cascada. El río a sus pies corría desenfrenado, azotando las rocas que permanecían inmóviles, inquebrantables.
Rose pensó que Scorpius, en cierta forma, se parecía a una roca. Bueno, no literalmente; es decir, no porque fuera inflexible, tuviera un aspecto tosco y fuera duro y gris. Aunque si lo consideraba cuidadosamente, sus ojos eran tan grises como el acero y ciertamente acababa de comprobar mediante la vista que su cuerpo sí era algo macizo...
Merlín, ¿En qué estaba pensando?
El punto es que ella se refería a algo más espiritual y muy filosófico. Las rocas son eternas; atraviesan ventiscas, son constantemente azotadas por corrientes de agua, son asediadas por animales feroces dispuestos a afilar sus garras en ellas y no importa por cuanto han pasado, siguen allí, inmóviles e inquebrantables. Atraviesan generaciones de desgaste y nada ha podido perturbarlas en lo más mínimo.
De alguna manera, aquella fortaleza que se reflejaba en la mirada de Scorpius era tan admirable como el paisaje mismo.
–¡Rose, despierta! –parpadeó confundida al ser arrancada de sus pensamientos tan súbitamente y lo observó con el entrecejo fruncido–. Te decía que iré a revisar el terreno para que te cambies de atuendo con libertad.
Asintió aún algo ensimismada y recibió el bolso con ambas manos cuando Scorpius lo arrojó, dejando caer el maletín en el que aún guardaban a la esfera con un gruñido. Introdujo la mano en busca de la supuesta ropa que Connie le había dejado y sonrió cuando extrajo una camiseta holgada de color rosa chillón con un arcoíris de adorno; podía visualizar a Connie vistiendo eso con nitidez pasmosa.
Echándole eventuales vistazos a su acompañante para asegurarse de que no la veía, se colocó la prenda y compuso una mueca de circunstancias al notar que su piel seguía llena de moretones y marcas cicatrizadas de leves quemaduras.
Resopló; sin duda todo aquello dejaría huella.
Sin dejar de temblar por el frío, volvió a rebuscar dentro del bolso y sorteó los frascos de poción que aún permanecían allí. Su mano se topó con algo pequeño y duro que no recordaba haber metido allí, así que lo cogió junto a los pantalones para verlo de cerca.
La casi hipotermia le ganó a su curiosidad, así que con ambas manos apretadas en un puño, se colocó como pudo los pantalones y se movió un poco para comprobar la versatilidad de los mismos, dejándose impresionar al fijarse en que Connie y ella tenían una talla parecida. Mientras guardaba el desiluminador en uno de los bolsillos y la varita en la cinturilla de la prenda, se fijó en que le quedaba algo corto de pierna, así que se arremangó las botas del pantalón hasta la rodilla y sonrió satisfecha. Finamente, se calzó unos zapatos deportivos un par de tallas más pequeños y confió en que la elasticidad del mismo no le causara ampollas mientras volvía a colgarse el bolso y a coger el maletín en donde estaba la esfera. Entonces, echó el uniforme de auror a la pila formada por Scorpius y procedió a incinerarlos.
La idea era no dejar ninguna prueba.
Con un resoplido que se intuía cansado, abrió la mano en donde aún aferraba aquella pequeña…
Era una roca.
Frunció el ceño y cerró los ojos un momento para que cuando volviera a abrirlos…
No, seguía siendo una roca. ¿De dónde había salido?
–Llevas el colgante que te regalé.
–¿Eh? –se distrajo de su análisis, miró hacia abajo y se encontró con el dije de esfera que prácticamente no abandonaba su lugar junto a su corazón y se sonrojó–. Er... me gusta. Es precioso y, er... siempre lo llevo –confesó mientras se guardaba la cadena bajo la camisa y se frotaba la nuca con incomodidad. Él la miró inexpresivo unos segundos y en ese mismo instante, Rose hubiera dado lo que fuera para saber en qué estaba pensando. No había ninguna cosa en su rostro más allá del brillo en su mirada que delatara sus sentimientos.
–Buena idea –dijo Scorpius cuando Rose se acercó a él nuevamente con vacilación, refiriéndose al pequeño arreglo que ella le había hecho a su pantalón. Internamente, agradeció que no quisiera enfatizar en el tema del colgante–. Eso nos dará más versatilidad al escalar.
–Sí, claro. Escalar –no podía decirle que ese no había sido su primer pensamiento al hacerlo, así que se limitó a desviar la mirada, fingiendo admirar el panorama antes respingar y girarse hacia él para observarlo con descrédito–. Espera, ¿escalar?
–Si puedes subir a una escoba y no caer, podrás escalar eso –le sonrió de forma burlona y Rose lo fulminó con la mirada. No era un secreto para nadie que ella era muy torpe para ese tipo de actividades; sin mencionar que le aterraba resbalarse y morir–. ¿Vamos?
–No –se sinceró sin considerarlo demasiado y él alzó las cejas–. Es decir, sí. Vamos.
Él rió por la nariz y caminó los tres metros que los distanciaban de la caída de agua. Rose fue tras él y entornó los ojos cuando las gotas heladas de la cascada comenzaron a salpicarle su hipotérmico cuerpo sin piedad.
–Ve primero –pidió sin rastro de mofa en su rostro y Rose lo miró con descrédito–. Así podré detener tu caída.
–Lo dices como si fuera algo inminente. Puede que no pase y que resulte una excelente...
–Ajá, claro –despachó él con un gesto despreocupado de la mano y Rose bufó–. Adelante. Demuéstrame tus habilidades –dijo burlón y ella lo miró desafiante antes de girarse a encarar la cascada y suspirar. ¿Cómo mierda escalaría eso? La roca a los costados de la caída era lisa y por supuesto que no intentaría ir en contra de la corriente.
Quizás podría conjurar una cuerda y buscar algún sitio firme para amarrarla en la cima, pero eso tardaría demasiado. También podría valerse de los árboles cercanos, pero luego costaría mucho saltar al interior de la cascada y sería mucho menos probable con un maletín en mano. Por otra parte, no conocía la ubicación exacta del escondite, pero existía la posibilidad de...
–¿De qué te ríes? –preguntó algo indignada y por toda respuesta, recibió otra pronunciada carcajada–. No le veo lo gracioso.
–No pensarías que escalaríamos eso, ¿cierto? Nos tomaría años antes de lograrlo y que sea de noche nos dificultaría mucho la visión –rió un poco más y Rose lo miró con los ojos entornados. Se estaba burlando de ella. Otra vez–. Ya he estado aquí, Rose. Sé que hay dos cuevas internas y que la que está arriba es la más difícil de alcanzar, así que allí esconderemos la esfera; después de todo, quien esté destinado a encontrarla no tendrá ningún problema al hacerlo sin importar cuán difícil sea acceder a ella. Por cierto... ¿Qué te parece el sitio?
Aun no se acostumbraba a sus bruscos cambios de tema, así que parpadeó unos segundos mientras asimilaba la improvisada pregunta. Y es que Scorpius parecía no saber que nadie era capaz de seguir la línea de su pensamiento.
–Si no estuvieras aquí, fuera encantador –siseó con rencor y él sonrió ladinamente.
–Sabía que te gustaría –comentó y Rose lo miró desconcertada. ¿A qué venía eso?–. Fue el primer sitio en el que estuve y desde que lo vi... sólo lo supe.
–¿El qué?
–No sé, sólo lo supe –repitió encogiéndose de hombros–. Supe que te encantaría y que algún día te traería aquí... pero nunca imaginé las circunstancias en las que vendríamos.
Eso último lo dijo mientras movía la varita con pronunciados aspavientos que probablemente eran para determinar la estabilidad de la zona o para asegurarse del nivel en donde estaba la cueva para aparecerse allí directamente.
Pero Rose sólo lo miró.
Cierto era que si no hubieran ido hasta allí con un objetivo y no tuviera la necesidad de salir huyendo, enterrarse bajo sus sábanas y dormir para no despertar nunca más, Rose hubiera estado francamente maravillada. Y él... él había pensado en ella al estar allí por primera vez.
Aferró la roca que seguía en su mano izquierda y dejó caer la cabeza, siendo completa y finalmente derrotada por sus sentimientos.
No es que fuera una gran sorpresa; él se había encargado de decir en cada una de sus cartas lo mucho que la extrañaba. Sin embargo, eso no hacía menos agradable el hecho de oírlo en persona y esa calidez que le invadió el pecho era inequívoca. Si lo sumaba al respingo de su corazón, era obvio que más que agradarle, le había encantado escucharlo de él.
Todo en él le encantaba.
Vale, quizás no todo... pero casi.
Observó la piedrecilla una última vez y la reconoció inmediatamente. Fue como si el conocimiento siempre hubiera estado allí y ella sólo tenía que poner atención porque sin duda el repetir un bolso de gala estaba subestimado. La recordaba; era la piedra que Scorpius le había dado en la reunión de los Jóvenes Promesa porque sabía que Rose prefería entablar una conversación con ella que con cualquiera de los babosos que habían querido ligársela.
La estrujó una última vez antes de dejarla caer y la observó mezclarse con el resto hasta perderse dentro del riachuelo.
Probablemente la intención de él al dársela no había sido que fuera su primer obsequio, pero en ese momento se sintió de esa forma.
Y es que Scorpius era un idiota, sí. Era presumido, molesto, odioso y cada vez que lo veía no sabía si matarlo o besarlo, cosa que era bastante confusa y un poquito perturbadora.
Por si no se había notado ya, a Rose no le gustaba estar confundida y mucho menos perturbada.
Eso la ponía torpe, tonta y lenta de pensamiento. Ella prefería ser hábil, inteligente y audaz.
Pero él parecía tener ese efecto en ella y la cosa se había hecho tan rutinaria, que incluso se sentiría extraña si no viviera en un permanente estado de desconcierto.
Porque la confusión era lo único que lograba que alguien detestara y quisiera a una persona a partes iguales. Y es que gestos como ése, como el pensar en qué le gustaría o no casi desde el inicio, hacían que recordara que aparte de ser el ser más desagradable del mundo, Malfoy era atento y considerado.
Si a eso le sumaba el hecho de que era inteligente, astuto, guapo, generoso, detallista, guapo, honesto, divertido de esa manera oscura que pocos entienden y guapo, se respondía la eterna pregunta de por qué mierda se había enamorado de él.
Estar enamorada de él es absurdo, estúpido e inverosímil. Y es que el amor es así; arbitrario, improbable e incomprensible.
Quizás por eso, piensa, tiene todo el sentido del mundo.
De alguna forma, eso la hizo sentir menos loca.
–¿Nos vamos? –dijo extendiéndole la mano y frunciendo el ceño cuando vio el rostro de la chica lleno de una emoción intensa e imposible de identificar. Estaba sonrojada, se mordía el labio inferior con fuerza, aferraba el maletín entre sus manos y sacudía constantemente la cabeza como si no acabara por creerse lo que sea que estuviera pasando por su mente.
–Oh, joder… –farfulló ella soltando la valija para apretar su cabeza entre sus manos, incrédula. La confusión de Scorpius sólo aumentó cuando ella se acercó a él con los músculos tensos por la expectación–. Quiero… quiero que tengas algo muy claro, Scorpius –enterró un dedo en su pecho él se limitó a alzar las cejas por la sorpresa–. Yo… tienes que saber que nunca en mi vida odié tanto a alguien porque esto que me estás haciendo… –resopló como un toro y para él fue imposible retroceder cuando las manos de ella se cerraron sobre la camisa de algodón azul de Albus–. El punto es que creo que por fin lo entiendo aunque sigo sin hacerlo demasiado y que tengo que hacerlo ya o me moriré, ¿comprendes? Sí, creo… creo que eso es todo. ¿Alguna pregunta? –él se mantuvo estático, fallando en encontrarle algún sentido a lo que Rose le estaba diciendo y más aún, a lo que estaba viendo frente a él. El rubor ya había alcanzado ese alarmante color borgoña que tanto le fascinaba y como siguiera jugando así con su labio inferior, no respondía de sus actos. Tenía sus brillantes ojos azules desorbitados y aquella extraña cosa que veía en ellos seguía desconcertándolo–. ¿No? Vale, lo siento. ¿Sabes qué? Al diablo.
Claro que él no iba a saber que Rose quería besarlo, por supuesto que no. No podía siquiera intuirlo cuando ella acabó su balbuceo con esa última maldición tan solemne y aflojó el agarre en su camisa para deslizar sus manos hasta su nuca, prácticamente abalanzándose sobre él.
Y es que pocas veces ella había dejado qué él viera esa avidez tan cristalina en sus facciones.
Quizás por eso le sorprendió tanto cuando lo hizo. Tanto, tanto que se quedó paralizado por el asombro y por qué no, por el deseo de saber si estaba soñando. Fue incapaz de reaccionar por muchos segundos, de hecho. Tantos, tantos que Rose hizo amago de apartarse, alejando aquella mano que le acariciaba reverencialmente la nuca y luciendo repentinamente cohibida.
Y a pesar de desear ver ese delicioso sonrojo avergonzado que de seguro continuaba inundando su rostro, Scorpius no perdió ni un momento más antes de cogerla de la cintura con ambas manos y halarla hacia él con tanto ímpetu que se tambalearon, volviendo a chocar sus labios con un ansia casi enfermiza.
Y es que, joder, tenía meses esperando a que algo así ocurriera y no hablaba de forma metafórica, sino literal.
Había soñado con ese momento con un frenesí que se volvía insoportable. Él esperó muchísimo y le tocó ser de lo más paciente, pero había sido tan difícil...
Porque a pesar de sus propios deseos, no quiso asustarla. Rose le recordaba a un conejillo asustado que se sobresalta a la menor provocación y él, que era un provocador innato, había encontrado titánica la tarea de reprimirse todo el maldito tiempo.
Era difícil y ella, consciente o no, jamás colaboraba. Siempre que se enfurecía, sonreía en contra de su voluntad o se ruborizaba de forma absurda, él se veía en la necesidad de apartarse lo más posible para no abalanzarse sobre ella como un hombre hambriento que no ha probado bocado en meses.
Y Rose resultaba ser la cosa más apetitosa que había tenido la fortuna de pisar la tierra.
La apretó contra él un poco más fuerte aprovechando su buena suerte y sonrió en medio del contacto cuando ella dejó escapar un jadeo entrecortado por sus labios.
Por todo eso y más, no había sido nada sencillo. Cuando se marchó a Australia, creyó que la olvidaría con el paso del tiempo y al creer estar a punto de conseguirlo, sus manos se movían solas a alcanzar una pluma y escribir frenéticamente sobre un pergamino.
No había podido dejar de pensar en ella.
Y como él era un egoísta de los peores, cuando arribó a Inglaterra decidió que si ella estaba enamorada de su primo, él podría aprovecharse de su ingenuidad y quizás conseguir algún tipo de amistad que le permitiera estar cerca de ella. Rose, con su inocencia infinita, había accedido con una facilidad pasmosa.
Para él eso significó que tal vez sí tenía una oportunidad.
Pero ella era tan cabezota, que se vio obligado a contenerse para no incomodarla hasta el punto en que decidiera que no soportaba su compañía.
Sin embargo, en ese momento mandó a la mierda toda su convicción de darle algo de espacio, de dejarla meditar lo que sentía por él y que asumiera de una puta vez que él la amaba con una fuerza soberbia e inminente. Que se jodieran todas aquellas ideas de amistad, de compañerismo y de extremada consideración a pesar de sus sentimientos. Que les dieran a su improvisada decisión de apartarse de ella en cuanto comprobó que eran almas gemelas para que no se sintiera abrumada.
Él la quería. La quería con intensidad y si seguía besándolo así, la amaría eternamente.
Y Rose, cuando ya estaba fuera de sí acariciando con fervor el torso del hombre con aquella mano traviesa que se había colado bajo su camisa y le revolvía el cabello sin frenarse, volvió a recordar en dónde estaba, con quién, haciendo qué y...
Oh, joder, le daba igual.
Porque el corazón le latía muy rápido y sentía un desasosiego agradable que le producía el hecho de que su cuerpo fueran un hervidero de histeria y contradictoriamente, su mente estuviera en blanco. Era una sensación de ser vapor cálido y húmedo que se deshacía en el aire, ascendiendo hasta el cielo y quedando disperso en el ambiente para mezclarse con la bruma de la cascada.
Era como subir y bajar, detenerse y continuar, volar y nadar. Era todo y nada y Rose jamás había estado tan feliz por seguir un impulso.
Porque el contacto era todo lo que podía ser un beso y más. Era apasionado, cariñoso, rápido y cadencioso... y ella sólo necesitaba más. Más de él, más de su aliento colándose en sus pulmones, de sus brazos aprisionándola contra él y de sus manos acariciando firmemente su cintura.
Pero Scorpius también recordó que era el momento más inadecuado del mundo para dejarse llevar y que con algo de suerte, tendrían todo el tiempo que quisieran para hacerlo porque ahora que ella había tomado la iniciativa, él no la dejaría escapar. Así que deshizo su agarre lentamente y separó sus labios para prodigar varios besos pequeños en sus mejillas, en su frente, en la punta de la nariz... aún quería asegurarse que eso era real, que no lo estaba imaginando.
Le había pasado tantas veces que, francamente...
–Scorpius... –musitó Rose y él emitió un sonido quedo para demostrar que la escuchaba–. No estoy loca.
Rió levemente porque eso no tenía nada que ver y porque Rose era así, impredecible, contradictoria, predecible y divertida en contra de su voluntad. Todo al mismo tiempo.
–Es bueno saberlo –susurró apartándose un poco para mirarla y Rose le sonrió con los ojos brillantes de emoción.
Se dice que los ojos son las ventanas del alma y Scorpius entendió porqué lo decían cuando los miró en ese momento. Lo había hecho en tantas ocasiones... y era la primera vez que sentía que dilucidaba un fracción del enigma que Rose representaba. Porque justo allí, en ese preciso instante, esos ojos se le plasmaban en la piel como un beso, se filtraban por su ropa y le aceleraban el pulso.
Y mientras la veía así, sonriendo con el pelo húmedo por las chispas de agua de la cascada que les salpicaban, con sus ojos imposiblemente azules completamente relucientes y con sus manos acariciando lentamente su espalda bajo la camisa en una muda invitación a que no se alejara, supo que podría pasar el resto de su vida con ella y ser obscena y exageradamente feliz.
Que le bastaría con mirar sus pecas en la mañana al despertar y en la noche antes de dormir para sentirse pleno e inmensamente satisfecho. Que su sonrisa sincera sería suficiente para él y que no necesitaría más que escucharla parlotear sin parar para tener una vida completa.
Comúnmente, a los ojos se le compara con espejos o estrellas. Los de Rose eran como dos bastos mares azules que por primera vez desde que la conocía, reflejaban paz. Siempre veía en ellos confusión y turbulencia que formaban una especie de ciclón que devastaba todo aquello en los que se posaba, incluyéndolo él. Pero esa tempestad había amainado para mostrarle un par de océanos en calma.
–Aunque... –añadió luego de unos eternos segundos porque le fascinaba fastidiarla–. Aún así, yo sigo pensando que estás demente.
Ella entornó los ojos un momento y bufó. Sin embargo, su sonrisa desmentía su molestia.
–Tenías que arruinarlo. Siempre lo haces –rió quedamente y a él ese gesto le pareció deslumbrante.
Le gustaba cuando Rose se enojaba, pero cuando reía...
Cuando lo hacía se sentía en un mundo diferente. Uno mejor, más brillante y mucho más esperanzador.
Uno en donde sí le gustaría vivir el resto de sus días.
–¿Quién sería yo si no lo hiciera?
–Alguien mucho más agradable –afirmó ella posando la cabeza sobre su hombro. Por toda respuesta, él sólo la atrajo aún más hacia sí y suspiró–. Te odio, Scorpius.
–Yo también te quiero –musitó contra su oído y la sintió estremecerse entre sus brazos.
Sonrió; ésa debía ser la declaración de amor más extraña que existía. Sin embargo, pero para ellos fue suficiente.
Para él fue suficiente.
–¿Qué pasa sí... –Rose se mordió el labio inferior y cerró los ojos un momento, hundiendo la cara en aquella confortable curva en el hombro de Scorpius. Estaba a punto de confesarle uno de sus más grandes temores y le aterraban las posibilidades–. ¿Qué pasará si se acaba?
Él sólo atinó a reír sin humor y suspirar.
–Creo... estoy convencido de que no puede haber un comienzo real cuando no hay seguridad de que terminará aún si no queramos que lo haga. Eso, Rose, es lo que da la sensación de estabilidad incluso a las cosas más fugaces, como nosotros –dijo y a Rose le tomó exactamente un minuto y tres segundos darse cuenta de que estaba bromeando.
–Scorpius... –replicó molesta empujándolo ligeramente y sintió su pecho vibrar contra su cuerpo cuando él rió un poco antes de hundir la nariz en su revoltoso cabello. No era el mejor momento para hacer chistes y menos acerca de eso.
Jodido idiota.
Ojalá se le enredara la cara en aquella mata difusa y pelirroja que tenía por cabeza. Se lo merecería con creces.
–Si me pasara toda la vida pensando que me romperás el corazón y que sufriré, simplemente no viviría –susurró con más seriedad y extrañamente, a Rose eso le pareció lo más lógico del mundo.
Y es que sorpresa, sorpresa; Scorpius volvía a tener razón.
Lo sabía porque, bueno... tenía un buen tiempo llevando una patética excusa de vida que se resumía a constantes crisis de ansiedad y a los más pintorescos ataques de pánico.
Ya había quedado claro eso de que temía sufrir, pero la cuestión era si se permitiría tomar aquella oportunidad que Scorpius le ofrecía tan diligentemente.
Crispó el puño que aún rozaba la espalda del hombre y suspiró, agotada de sí misma y agobiada por sus pensamientos.
No quería pensar más. Sólo deseaba dejarse llevar. Pero era tan difícil...
–Tú podrías romper el mío –comentó luego de infinitos minutos intentando sonar despreocupada. Y fallando estrepitosamente, claro.
Pero no podía evitarlo. Ella lo quería, sí... y ahora él lo sabía. Existen muchos peligros cuando alguien posa un corazón de cristal lleno de grietas en las manos de un hombre y lo sabe porque lo vivió.
No quería que se repitiera. De alguna manera, había sobrevivido a la primera vez pero si volvía a ocurrir, sería unas dos mil veces más difícil superarlo.
En especial porque, bueno... el hombre al que quería era alguien tan enigmático e impredecible como Scorpius Malfoy.
–Merlín, jamás te daría el gusto de tener razón –respondió luego de considerar unos segundos una respuesta que la tranquilizara. Rose rodó los ojos y alzó la cabeza para contemplarlo. Necesitaba ver en su rostro que le decía la verdad.
La aplastante determinación e inquebrantable honestidad en sus facciones la dejaron en una especie de estado catatónico. Además, él le sonreía cálidamente y sus ojos tenían un matiz travieso que se mezclaba con aquel extraño brillo que siempre tenían cuando se posaban en ella.
Su mirada irradiaba calor y seguridad y Rose lo abrazó un poco más fuerte para contagiarse de ese sentimiento.
–Eres insufrible –gruñó cuando su sonrisa se tornó ladina al notar el apretón.
Si ella tenía una terrible patología que la llevaba a ser el hazmerreír de todo sitio que pisaba, él debía tener alguna anomalía que le impedía no arruinar los momentos especiales con algún gesto odioso en su atractivo rostro o algún comentario burlón.
–Es curioso... –comenzó haciendo amago de separarse definitivamente de ella y a Rose le costó no mostrar el vacío que dejó–. Siempre pensé que eso era lo que te gustaba de mí.
No tenía como negar eso. Muy dentro de ella sabía que si Scorpius no fuera tan jodidamente idiota, le parecería de lo más aburrido y simplón. Él la retaba constantemente y bueno, a ella le gustaban los retos.
Aunque eso no significaba que fuera menos detestable, pero no sería ella quien echaría a perder el momento remarcándolo con saña. Ese tipo de actividades tan malsanas se las dejaría a él.
–Bien, er... –dijo luego de infinitos segundos cuando muy reticente, deslizó la mano por su espalda para sacarla de debajo de su camisa. ¿En qué momento la había metido allí?–. Yo... creo que debemos, ya sabes... –carraspeó sonrojada y se inclinó para coger el maletín que en algún punto de aquel demencial impulso había soltado. Scorpius, por su parte, le sonrió de forma enfermizamente satisfecha, evidentemente disfrutando de su vergüenza.
Merlín, estaba algo oxidada en los temas amorosos y le gustaría que alguien le explicara qué hacer a continuación. Es decir, luego de un beso, una declaración de amor disfrazada de odio y una promesa muda de intentar no fallarse mutuamente. Definitivamente debió escuchar a Dominique cuando le dijo que debía buscarse a un novio para no perder la práctica.
–Vamos –dijo extendiéndole la mano y Rose la tomó luego de un momento de vacilación. Lo siguiente que supo cuando el remolino de colores y la sensación de mareo desaparecieron fue que Scorpius conjuraba unas velas para iluminar la oscura y húmeda caverna en la que estaban.
Para ser una cascada tan aparentemente pequeña en comparación a otras, la cueva se veía bastante profunda a pesar de que tenía que agacharse para no golpear el techo con la cabeza. El agua le empapó los zapatos deportivos que Connie había dejado para ella y le llegaba a la mitad de la pantorrilla, haciendo mucho más complicado el avance. Scorpius la sacó de su sopor halándola ligeramente para que lo siguiera y ella obedeció sin dejar de mirar alrededor con cautela, temiendo que le esperara alguna sorpresa desagradable.
–No la dejaremos a un nivel tan profundo... la idea es que alguien la encuentre, no esfumarla de la faz de la tierra –dijo más para sí mismo que para ella, que asintió a pesar de saber que él no podía verla.
Caminaron con dificultad por unos treinta segundos porque la gruta se hacía cada vez más estrecha y los estaba forzando a ir casi a gatas. Si a eso se le sumaba el agua, el sofocante calor por la falta de oxígeno y la asfixiante humedad, Rose casi se deshace de alivio cuando Scorpius se detuvo.
–¿Ya? –preguntó esperanzada y él asintió sin dejar de darle la espalda, señalando un lugar con la punta encendida de la varita.
–Allí la dejaremos –Rose entornó los ojos para mirar a través de la densa oscuridad y se fijó en un extraño recoveco en el costado derecho de la cueva que parecía tener el exacto tamaño para ocultar a la esfera–. Dicen... dicen que dejarte empapar con las aguas de esta cascada te da buena suerte y esperanza, cosa que he comprobado de primera mano –y allí fue cuando Rose se dio cuenta de que la penumbra tenía esta característica magnifica que hace invisibles los rubores indeseados. Debería apuntárselo para el futuro, ya saben... con el desiluminador en mano, si las luces se iban cada vez que ella se sonrojara...–. No es un templo dedicado al amor, pero me parece adecuado para que descanse hasta que alguien la encuentre.
Cuando acabó de pronunciar esas palabras, Rose descolgó el maletín de su hombro y extrajo un diminuto paquete circular que apenas salió de su prisión, volvió a su tamaño normal y flotó frente a ella, emitiendo tanto brillo que toda la caverna se iluminó y los cegó por unos segundos.
Le quitó el envoltorio marrón casi con reverencia y la tomó cuidadosamente entre sus manos cuando Scorpius asintió en su dirección y se apartó, cediéndole el beneficio de ser ella quien posara la esfera sobre su lugar de descanso.
Rose, a pesar de saber que la esfera seguro tendría sus propios medios para protegerse, hechizó la pared rocosa para que la humedad y la corrosión de los años no surtieran ningún efecto en ella y la colocó sobre su nuevo trono. Era difícil creer que una pieza como esa tuviera más de dos mil años de antigüedad.
Debía ser una buena señal el hecho de que ésta titilara de alegría.
Lo han logrado.
–Prometimos que lo haríamos –respondió Rose con una sonrisa leve a pesar de su incómoda posición. Tenía que estar prácticamente arrodillada, pero eso no importó en ese momento. Lo habían logrado.
El dolor de su cuerpo, las heridas, el miedo y el frenetismo habían dado sus frutos.
Lo sé. Yo también les prometí algo... espero que sea suficiente para consolidar su relación.
–¿Nos dirás el resto de la historia? –preguntó ansiosa y Scorpius rodó los ojos. Sus ganas de saber más siempre lo impresionaban.
Oh, no. La historia ya está contada. Ahora les repetiré cómo empezó la suya.
–¿Repetirnos? –preguntó desconcertada y frunció el ceño cuando miró la extraña mueca de Scorpius. Parecía complacido y a la vez concentrado en algo que ella no podía entender.
Aunque en el caso de Scorpius, sólo le confirmaré sus teorías.
–¿Qué teorías? –lo miró interrogante, pero él no pareció escucharla–. Scorpius, ¿Qué teorías?
–Pues... –carraspeó; por alguna razón, su voz había salido áspera–. ¿Recuerdas que me quedé con las posesiones del Señor Dufayel? Las llevé conmigo a Australia para estudiarlas en mi tiempo libre y aunque no estaba seguro, creo que la investigación del señor sí que dio sus frutos.
Efectivamente.
–Mientras revisaba la caja, encontré el recibo de pago de la esfera musical que me obsequiaste –y Rose lo intentó, pero no pudo ocultar su impresión ante esto–. Después de eso, habían varios de los artículos rosa que nos relacionaban a ambos y en su bitácora estaban esas teorías de que tú y yo habíamos vivido muchas vi…
–Él me preguntó para quién era el regalo… –farfulló para sí misma, atónita.
–"¿Qué amor más imposible que este?", se preguntaba él y tenía razón. Descubrí que me estuvo siguiendo la pista desde que se publicó tu artículo en El Profeta en donde decía que yo había sido quién la halló y el único que se podía acercar a la reliquia –continuó Scorpius lentamente para que Rose (y él mismo) pudiera asimilar sus palabras–. Después de allí, cada imagen mía en los periódicos era archivada por él y cuando comenzó el escándalo de nosotros, también se mantenía atento a ti. Imagino que cuando tú fuiste a comprar a su joyería, él comprobó que nosotros éramos el siguiente trabajo de la esfera y supongo que una vez que tuvo esa seguridad…
Scorpius no tuvo que decirlo. Una vez que el señor Dufayel sintió que había resuelto el enigma, pudo descansar en paz.
–Entonces explíquenme de qué se trata –exigió más sosegada aunque seguía siendo la única que no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Scorpius suspiró y la instó a esperar pacientemente a que comenzara el relato.
Hace muchas vidas, le comentaste algo importante a Scorpius, Rose. Dijiste que el destino de los príncipes o reyes pueden parecer más certeros que los grabados para el resto de ustedes, los simples mortales. Sin embargo, todos debemos escoger la manera en la que salimos al encuentro de la vida; si cumplir o no las expectativas puestas en nosotros, si actuar de forma egoísta o por el bien común, si tomar el mando de nuestras vidas o dejar que la suerte y las circunstancias se encarguen de tomar las decisiones... ustedes han demostrado su verdadera naturaleza al enfrentar sus temores más arraigados por la verdad, para salvarse a sí mismos del yugo de su subconsciente. Y lo que han logrado es más valioso de lo que imaginan.
Las frases desaparecían tan rápido, que le costaba entender el completo significado de cada una de ellas. Sin embargo, hizo un esfuerzo para mantenerse serena y no dejar relucir su impaciencia.
Siempre dicen que lo importante de la vida es creer que mientras estás vivo, nunca es tarde. Tienen razón, pero ¿Qué es la vida? Es un frenesí, una ilusión, una sombra, una ficción... la vida se esfuma, se evapora con el aire y es tan efímera, que realmente no nos percatamos de que se acaba hasta que ya es inevitable. Ahora, ¿qué hay más allá de la vida? ¿El cielo o el infierno? ¿Un patio de espíritus errantes o un verdadero lugar de paz? Más allá de la vida y la muerte, está la existencia.
–¿Hay alguna diferencia? –preguntó cuando la pausa se hizo demasiado prolongada y la esfera titiló.
En efecto. La existencia está por encima de esas banalidades; el alma de cada persona es eterna, invariable e inquebrantable. El alma, Rose, nos ofrece una gama de oportunidades para enmendar nuestros errores y tratar de conducirnos a un futuro en dónde sólo haya felicidad.
A pesar de ya suponer por dónde iría la cosa, Rose no quitó su atención de la superficie redonda de la reliquia. Necesitaba saberlo; quería leerlo y confirmarlo.
Pero no siempre es tan fácil. Si tuviéramos el conocimiento de lo que ha acontecido en otras vidas, quizás lo fuera... pero como no es así, no es tan simple. El alma nos da otra oportunidad, sí, pero su única condición es que aceptes empezar de cero, sin atarte al pasado ni intuir el futuro. Llegas a una nueva vida donde todo vuelve a ser nuevo e interesante y conoces personas y lugares que, lentamente, forjarán tu nueva personalidad y te darán las herramientas para no recaer en antiguos dilemas.
–Pero así es imposible saber exactamente qué errores has venido a enmendar –le dirigió una fugaz mirada a Scorpius, desconcertada por su mutismo–. No tienes los medios para determinar... para recordar qué hiciste mal y averiguar cómo puedes resolverlo.
He allí el detalle, Rose. Tal vez cuando reencarnas no recuerdas absolutamente de tu pasado, pero el destino no permitirá que te quedes varado. Deja que momentos concretos y ocasiones desaprovechadas se repitan... permite que te vuelvas a ver implicada en una situación en dónde, ésta vez, deberás tomar la decisión correcta.
–Entonces la reencarnación existe –no pudo evitar que en su voz se colara un poco de incredulidad, pero la idea ya era lo suficientemente descabellada para ponerla en duda.
Piensa en ella como lo harías con un dios. ¿Existen los dioses, Rose? Hay personas que no necesitan ninguna prueba física de la existencia de que hay algo que queda mucho más allá de nuestra comprensión, como demuestran los más devotos religiosos. También hay muchísima gente que piensa que sin ninguna evidencia, no hay posibilidades de que existan. Si nos guiamos por esa última convicción, podríamos asegurar que el aire no existe porque es invisible o que los sentimientos son improbables porque no podemos tocarlos.
–Eso es diferente –alegó frunciendo el ceño. Cierto era que no era la persona más devota del mundo, pero habían cosas que no se podían pasar por alto. Mucho menos para alguien con tanto sentido común como ella–. Sabemos que el aire existe porque la brisa cálida del verano nos acaricia el rostro y las ventiscas nos calan los huesos en invierno. Y, bueno, el amor existe porque es un sentimiento y ellos, pues... se sienten.
Exacto. De una u otra forma sabes que están allí porque los percibes. Quizás algunos con más fuerza que otros, pero el alma seguirá allí, intacta, llevando un fiel registro de tu paso por el mundo de los mortales. ¿Cómo puedes apreciar que tu alma está intentando comunicarse contigo? Sólo mira tú alrededor. Tu vida actual no es más que una parodia maestralmente elaborada para estar llena de felices coincidencias que te exponen a cambiar esas decisiones que perturbaron a tu ser en otras vidas.
–Esto es... muy extraño. Dame un momento –pidió frotándose las sienes con ahínco. No sólo era difícil de creer, sino que tampoco era sencillo comprenderlo todo cuando la información llegaba tan de golpe. Y también estaba el hecho de que Scorpius no había dicho absolutamente ninguna palabra desde que la conversación había comenzado–. De acuerdo, bien... ¿Existe dios?
No lo sé, ¿existe?
Rose contuvo un bufido y se removió hasta quedar sentada en un ángulo muchísimo menos incómodo sobre la piedra bajo sus pies y sin importarle el hecho de que se estuviera empapando los pantalones.
Hace algunas horas has visto con tus propios ojos a la preciosa Venus, la diosa romana del amor. Sin embargo, dudas de su existencia.
–Es que ella forma parte de la mitología. Ya no es como antes; esas creencias han pasado a ser un mito y supongo que no me di cuenta hasta ahora de la relevancia que tiene haberla visto.
Sé a lo que te refieres. Ya no hay un "dioses", sino un dios a secas. Un dios que se rodea de otras entidades y constituye aquello que los humanos llaman "seres superiores". Pero ahora te preguntaré: ¿Acaso no son los mismos sólo que llamados por otros nombres? No seré yo quien diga si ellos existen o no, pero si puedo decirte que su realidad depende de cuanta fe tengas en ella.
–Y pasa lo mismo con la reencarnación, ¿no? –preguntó por fin captando al vuelo a dónde quería llegar la jodida esfera aficionada de las metáforas y las comparaciones indescifrables.
Exacto. Que no pienses en ella como un hecho no implica que no encuentre gente que no lo haga. Tú decides si creer o no, eso depende de ti. Pero así como ya has tenido pruebas de que los dioses existen (y puedo asegurarte de que soy una de ellas), también hay muchísima evidencia en tu cabeza que comprueba la validez de la reencarnación.
–De acuerdo, he vuelto a perderme –suspiró resignada frotándose los ojos para deshacerse del cansancio. Observó a Scorpius por encima de su hombro y rodó los ojos cuando lo halló tan ensimismado–. ¿No tienes nada que agregar?
El aludido parpadeó confuso y la miró con los ojos entornados por el desconcierto antes de sonreírle quedamente y negar con la cabeza.
–Tengo más interés en saber cómo sigue la historia, pero haces bastante difícil entenderla con tus constantes interrupciones –Rose lo miró con descrédito y bufó ofendida. ¡Claro que tenía que preguntar! Alguien debía hacerlo.
–Al menos yo hablo y no parece que me hubiera tragado mi propia lengua...
–Oh, no fui yo quien intentó tragarse mi lengua hace unos minutos –Rose se atragantó con su propia saliva de forma patética y Malfoy rió alegremente mientras esperaba a que se recuperara.
Maldito idiota.
–¿Ah, sí? Bien. Jódete –se cruzó de brazos y volvió la cara alzando el mentón de forma orgullosa a pesar de su luminoso sonrojo. Debía haber imaginado que por fuerza, Scorpius hallaría la manera de avergonzarla hasta el punto de la irritación.
–No me estaba quejando –sintió su dedo acariciando lentamente su mejilla sana y suspiró. Scorpius era la persona más imposible del mundo.
Lo miró de reojo una vez más y él la estaba observando de esa manera que hacía imposible resistirse a nada que él pidiera. Poniendo los ojos en blanco, relajó su pose defensiva y él sonrió triunfante antes de buscar su mano para entrelazar sus dedos.
Suspiró; su mano se sentía condenadamente bien junto a la de ella.
–Entonces... –dijo luego de unos segundos–. ¿A dónde quieres llegar con todo el lío de la reencarnación?
Rose... es bastante simple, pero te niegas a darte cuenta. ¿Alguna vez has tenido un sueño tan real que es difícil distinguirlo de la realidad?
–Er... –sí era la primera respuesta que le venía a la cabeza. Sí los había tenido y de todas formas y colores, pero siempre...
Siempre son monotemáticos, ¿cierto?
–No exactamente –susurró absorta, pensando en esos sueños que había tenido constantemente poco antes de navidad–. Eran de diferentes épocas y yo... –abrió muchísimo los ojos y boqueó sorprendida cuando el entendimiento le azotó la cabeza como una bludger perdida.
Al fin lo has comprendido.
–Entonces esos eran sueños de... de mis vidas pasadas –afirmó más que preguntó, estupefacta.
Esas veces que había despertado confundida, desorientada, sintiéndose ajena a su realidad... con vestidos victorianos, túnicas de la edad media y togas egipcias en la cabeza y preguntándose por un segundo antes de salir definitivamente de los sueños en dónde mierda estaba.
Miró a Scorpius para ver su reacción ante esa afirmación, pero él permanecía impasible y demasiado entretenido observándola a ella como para notar que, de hecho, aquello que acababa de descubrir era la cosa más descabellada de la tierra.
–Tú ya sabías esto, ¿cierto? –inquirió sin saber cómo sentirse. Él sólo asintió–. ¿Por qué no me lo habías dicho?
–Pensé que bien podría estar imaginando cosas. En las anotaciones del señor Dufayel decía que la esfera del amor encontraría cualquier método para ayudar a sus elegidos y dado que yo rara vez recuerdo mis sueños...
–Simplemente asumiste que tenía algo que ver, ¿no?
–No podía ser otra cosa.
Yo esperaba, Rose. Esperaba a que ustedes me dieran la oportunidad de mostrárselos.
–¿El qué?
El como ustedes han pasado vidas completas buscándose. Vidas perdidas, vidas tristes y miserables... su relación jamás estuvo exenta de dificultades y probablemente aún no lo está. Siempre, de alguna manera u otra, estaba prohibida. Fui hecha para representar los pilares esenciales en la vida de cualquier mortal y ustedes nunca pudieron reconciliar dichos pilares ni entre sí ni con el amor. Represento la fe, la amistad, la familia, el amor y la vocación… y todo inició porque estas cinco cosas se vieron en conflicto.
–Espera, aquel sueño… el último. El de…
–¿Kala y Zaid? –inquirió Scorpius con una mueca que no llegaba a ser una sonrisa en sus labios.
–¡Sí! Sí, Kala y Zaid. Ellos... –forzó su memoria al máximo intentando traer a su mente el mínimo vestigio de aquel sueño y clavó su mirada en Scorpius cuando lo logró–. Ellos crearon a la esfera. ¡Ellos te crearon! ¡Los Siete Soles!
Y por eso pienso que soy responsable de que todo haya acabado así.
–¿Y por qué… –se calló. Y el silencio de Scorpius fué suficiente para que cayera en cuenta de que a diferencia del resto de los sueños, nunca supieron cómo acabó ese.
¿Qué habría sucedido? La esfera se creía responsable, ¿Por qué?
Rose, tienes que entender que nadie, ni siquiera Kala y Zaid, esperaban que sucediera de esa forma. Los dioses no se enamoran, sólo tienen hijos y punto. Los humanos, por el contrario… al parecer Venus olvidó que a fin de cuentas, Kala y Zaid, la luna y el sol, eran mortales. Poderosos, pero mortales. Entonces, ellos traicionaron todas aquellas cosas que pusieron sobre mí porque eran amigos, eran familia, su vocación era la misma, su fe estaba posada en sus compañeros y en los cielos y de alguna forma, se enamoraron. Y esto último arruinó todo lo demás.
El silencio volvió a ser absoluto y Rose se acomodó hasta poder acariciar el brazo de Scorpius con la mano que no afirmaba la de él. Él alzó la visa para observarla y le dedicó una sonrisa triste que ella fue incapaz de corresponder.
¿Cuántos años habían pasado desde el encuentro entre Zaid y Kala? ¿Cuántos meses habían pasado desde que ella lo había entrevistado a él? Era una locura. Si todos esos sueños habían sido reales, entonces ambos fueron miserables.
Fueron miserables en tantas ocasiones y de tantas formas diferentes…
Contuvo un suspiro porque estuvo segura de que si se dejaba llevar, comenzaría a llorar.
Los nombres y las historias fluyeron en su mente lentamente. Ellos fueron Sofía y Gianlucca, fueron Alba y Abel, fueron Lena y Anna, fueron Kala y Zaid. Y estas vidas no tan ajenas a ella tuvieron conflictos familiares, religiosos, sociales y vocacionales, respectivamente. ¿Cuántas otras personas pudieron haber sido? ¿Qué otros conocimientos ignoraba? En esas historias faltaba el último pilar; ¿Serían ellos el "amor" o sus existencias englobaban todos esos factores?
Comenzó a respirar tan rápidamente que Scorpius se vio obligado a hacerle algo de espacio para que ella pudiera reponerse a sus anchas.
Vidas. Vidas completas buscándose y por fin se habían encontrado, sí… pero su existencia había estado basada en sufrir todo el tiempo porque cometieron el error de enamorarse. ¿Sería un error esta vez?
No. No, Rose. Si vuelves a pensar en eso en lo que te queda de vida, volveré a maldecirte.
Y Rose no pudo dilucidar si le estaba tomando el pelo o no, así que se limitó a cerrar los ojos unos segundos. Cuando el pálpito en sus sienes desapareció, fue consciente de que Scorpius acariciaba el dorso de su mano lentamente, como si estuviera esperando que ese gesto fuera capaz de tranquilizarla.
Apenas abrió los ojos, los clavó en Scorpius y él se inclinó sobre ella para darle un fugaz beso en los labios. Parecía ansioso por hacerla reaccionar de alguna manera y ella encontró eso tan tierno que sonrió casi en contra de su voluntad.
Él correspondió a la sonrisa.
El punto es que ustedes nunca se atrevieron a infringir las normas, a herir a quienes los rodeaban, a molestar a sus superiores... siempre hubo algo que los detuvo.
–Oh... –dijo antes de fruncir los labios, pensativa.
Incluso hoy hay bastantes factores que impiden que se junten.
Claro.
Por supuesto, sí.
Era obvio. ¿Cómo no lo vio antes?
Scorpius era hijo del enemigo natural de su familia. Aún recordaba sus caras de horror cuando lo llevó a la Madriguera; eran de extrañeza, desconcierto, desaprobación y, quizás, algo de decepción. Y justo ahora estaba comprometida con Marius.
Joder, ¡Estaba comprometida con Marius! ¿Era normal haberlo olvidado completamente? Miró a Scorpius con mortificación y él le regresó una mueca triste y apagada, comprendiendo exactamente lo que estaba pensando.
Él soltó su mano con lentitud y se aclaró la garganta para disipar aquel repentino nudo de forma infructuosa antes de volver a mirar a la esfera. Sin embargo, Rose frunció el ceño e inhaló con fuerza; eso no sería lo que los apartara esta vez.
–Eso no pasará. Yo... esta vez podría funcionar. Sí, tal vez lo haga –afirmó más para sí misma que para Scorpius y a su lado, él sonrió. Para él eso significaba muchísimo más de lo que ella podría llegar a imaginarse.
Sin embargo, había algo que sí sabía. De hecho, estaba segurísima de ello.
Merlín, tenía que decirle a Scorpius toda la verdad a penas tuviera oportunidad.
Y lo hará. Yo los he ido guiando hasta este día en el que aman a sus familias pero no les interesa su opinión, en el que pueden valerse por sí mismos porque aman su vocación, en el que aman a sus amistades más cercanas porque son su apoyo constante pero no se dejan pisotear por sus necesidades, en el que tienen fe en ustedes y en el amor… al final, han ido reconciliando ese sentimiento con varios aspectos importantes en sus vidas y aunque las cosas sigan siendo difíciles fuera de esta gruta, eso enlazará sus vidas para siempre.
A cualquiera con un poco de sentido común le asustaría esa sentencia. Para siempre significaba algo eterno, algo que nunca se acabaría. ¿Y si peleaban? ¿Si descubrían que no congeniaban y acababan por separarse? Sonaba tan definitivo que uno pensaría que el miedo de tener esa obligación moral a permanecer juntos por ser supuestas almas gemelas destruiría su relación
Pero por primera vez en su vida, Rose no tuvo miedo del amor. Fue como si Scorpius, de alguna manera, siempre hubiera estado destinada para ella.
«No sabía que era tan romántica», pensó volviendo a entrelazar sus dedos con Scorpius. «No lo sabía, pero podría acostumbrarme».
–Nuestro pasado fue muy... trágico –comentó Scorpius ausente y Rose se mordió el labio inferior, volviendo a recordar la huida de Gianlucca, la muerte de Alba, la separación de Anna y Lena y el destino incierto de la pareja que lo inició todo–. Siempre acabábamos infelices, muriendo en completa soledad y presos del despecho.
No puedes obligar a dos personas destinadas a estar juntas a que se separen y mucho menos si quien lo hace son esas mismas personas. Los caminos que tomamos son variados y pueden lucir prometedores al principio, pero cualquier paso en falso puede destruir todo. Ustedes, como muchas personas, nacieron para conocerse. Lo llevaban en ustedes, en su alma... pero sus caminos se han visto envueltos en el enredo y la confusión. Con mi intervención, eso se ha resuelto; yo me ocupé de tomar ese frágil hilo que los unía y desenredarlo con paciencia y dedicación. Ahora lo saben y me gustaría... sería agradable que jamás lo olvidaran.
–Eso sería bastante improbable –dijo riendo y removiendo ese par de lágrimas sentimentales que surgieron de la nada, pensando en que, ahora que estaba consciente de todo eso, la posibilidad de olvidarlo alguna vez estaba descartada.
Se quedaron en silencio por un tiempo y Rose, presa del mismo cansancio que la seguía desde el inicio de la semana, se acomodó hasta quedar recostada en el hombro de Scorpius y cerró los ojos, imaginando que ya todo había terminado y que muy pronto se irían.
Pero él tenía una última pregunta.
–¿Por qué los sueños no eran tan frecuentes? Es decir... sé que Rose y yo comenzamos a tratarnos realmente desde principios de agosto del año pasado, pero nos conocemos desde los once años y...
Comenzaron porque yo lo quise así.
–Sí, obvio, pero... no soñaba cada vez que dormía. Sólo ocurría eventualmente.
Oh, claro. Entiendo. ¿Recuerdas que dije que su vida está llena de felices coincidencias referentes a sus vidas pasadas? Pues eso.
–No entiendo –dijo y Rose, que ya había abierto los ojos y observaba atenta, no ocultó su interés.
Ya dejamos en claro que el último sueño fue protagonizado por dos de mis creadores. Haz memoria… ¿Cuando lo tuviste?
–Fue en diciembre –dijo Scorpius automáticamente y Rose volvió a enderezarse para mirarlo con curiosidad. Ahora que lo pensaba, había sido justo después de...–. El último fue después de la primera vez que besé a Rose.
Exacto. Yo quería mostrarles el cómo su vida actual se esforzaba por enseñarles su pasado. Esos roces de mano, esos toques ligeros en la mejilla, incluso el beso; todo, absolutamente todo estaba destinado a pasar.
–Entonces cada vez que nos tocábamos...
Yo escogía mostrarles una vida en la que haya ocurrido algo parecido.
–Oh...
Pero muy diferente. No sólo la situación, no... ¿Están familiarizados con el término "Karma"?
–Tal vez demasiado –gruñó Rose pensando en cómo la vida le hacía pagar hasta aquella goma de mascar que había dejado tirada cuando encontraba una pegada a su pantalón favorito un par de días después.
–Es una... energía que deriva de los actos de las personas, ¿no? –preguntó Scorpius ignorando a Rose, que se limitó a bufar.
Su reencarnación está condicionada por los actos que han hecho en sus vidas anteriores. La primera vez que soñaron algo fue cuando Rose, presa del desespero, cubrió tu boca con una mano para silenciarte. Me pareció de lo más interesante repetir esa situación en sus sueños pero que, ésta vez, fueras tú quién cubriera la boca de Rose para pedirle silencio.
–Brillante –aceptó Scorpius con una sonrisa leve y Rose rodó los ojos.
–Sí, brillante –repitió con sarcasmo y él la miró burlón antes de reír ligeramente.
Y como la ironía de Rose demuestra, francamente divertido.
–Sí, hilarante –continuó gruñendo y la esfera titiló, al parecer muy entretenida.
–Espera un minuto –farfulló Scorpius, absorto–. En diciembre, Rose y yo nos besamos. Sin embargo, en el sueño no hubo ningún contacto explícito entre ambos. Si no son más que hechos que se repiten, ¿Por qué no…
Paciencia, Scorpius; esto puede parecer una despedida, pero yo no me iré sin mostrarles el resto de la historia. Si no hay más preguntas...
–Sí, una más –dijo rápidamente y la frase se difuminó, como a la espera de otro cuestionamiento–. ¿Qué pasó con Cleopatra y Marco Antonio?
Quizás algún día nuestros caminos vuelvan a encontrarse. Después de todo, técnicamente hablando soy de su propiedad. Pero por ahora, sus almas necesitan aprender de la humildad, la escases y del verdadero interés en el amor; una ofensa tan grave a los dioses como el desprecio suelen tener consecuencias nefastas, pero puedo asegurarte que después de dos mil años, no pasará mucho antes de que vuelvan a acudir a este fiel servidor. Tu preocupación es infundada, Rose, pero una buena demostración del por qué los he elegido como los sucesores de Cleopatra y Marco Antonio. Te aseguro que estarán bien.
–De acuerdo... –suspiró; la verdad era que su historia había sido demasiado trágica como para no preocuparse, pero confiaba en la esfera. Se giró a mirar a Scorpius y él le sonrió con calidez.
–Eres increíble –sonó tan honesto que Rose se sonrojó–. Jamás dejarás de sorprenderme.
Rose le sonrió algo avergonzada y se retiró el cabello de la cara antes de resoplar. Era hora de decir adiós.
–Eso debe será algo bueno, ¿no? –dijo intentando alargar el momento y Scorpius rió ligeramente–. Bien, creo que ha llegado la hora.
En efecto.
–Pues... pues gracias por todo lo que has hecho por nosotros –dijo indecisa, preguntándose cómo se despedía uno de una reliquia que había llegado a su vida para ayudarla a tomar el camino correcto–. Creo que nunca... nunca olvidaré, lo prometo.
Allí está el dilema, Rose.
–¿Eh?
Me gustaría que no olvidaran, pero deben hacerlo.
–Pero... –la reliquia no la dejó continuar; inmediatamente, nuevas palabras comenzaron a formarse sobre su luminosa superficie.
No sería justo para los demás que ustedes posean tan valiosa información. Muchos deben lidiar con sus propios demonios sin saber a cuenta de qué se han formado y desconocen que su procedencia está mucho más allá de su entendimiento. Ustedes no pueden recordar; sería una imposición terrible.
–No lo sería –afirmó insegura y se mordió el labio inferior; la idea de olvidar después de todo lo que había ocurrido le parecía de lo más triste.
Ya te he explicado que existe una razón por la cual las personas no pueden recordar el pasado de su alma. El destino te da una nueva oportunidad, sí... pero a cambio tienes aceptar que debes empezar desde cero, jugar con nuevas cartas y barajear renovadas opciones. Mi deber era juntarlos y ya lo he hecho. De ustedes dependerá si aceptan esta oportunidad o... o la dejan escapar nuevamente.
Rose se mordió el labio inferior y concentró todas sus fuerzas en no derrumbarse. Hasta ese momento, había considerado que saber que Scorpius y ella eran almas gemelas, le había dado una especie de seguridad que nada más podría darle.
¿Sería diferente si no lo supiera? ¿Cambiarían sus sentimientos?
Rose, ahora sí va en serio. Si lo hice una vez en contra de mi voluntad, esta vez puedo hacerlo con gusto, así que si vuelves a dudar en mi presencia te maldeciré nuevamente.
Scorpius la miró inquisitivamente, intuyendo a qué se debían las amenazas de la esfera. Ella, por su parte, estaba muy ocupada fingiendo demencia. ¿Qué una no se podía hacer preguntas ya?
Y es que era hasta gracioso pensar que no se había ni inmutado en cuando descubrió que estaban destinados, pero ahora que no tendría esa confirmación...
Se arriesgó a mirar a Scorpius, tal vez esperando encontrarlo con la misma desazón que sentía. Sin embargo, contuvo el aliento cuando notó que él parecía más preocupado por la reacción de ella que por su propia incertidumbre.
Quizás Scorpius también contaba con esa revelación para que siempre estuvieran juntos. Tal vez le preocupaba que ahora que debían olvidarlo, ella se alejara de él por las mismas inseguridades de antaño.
Sonrió; desde cierta perspectiva extraña e inimaginable, la dubitación y nerviosismo en sus ojos era adorable.
–Supongo que será más... entretenido ver cómo las cosas toman un cauce más natural –aceptó al fin apretando la mano del hombre entre sus dedos. Conociendo o no la verdad, ella lo quería.
Él la quería.
Eso debía ser suficiente.
Lo será, Rose. Cuento con ello.
–De acuerdo –su sonrisa creció un par de centímetros cuando volvió a mirar a Scorpius y lo encontró con una mueca de profundo desconcierto.
Para variar, el que estaba confundido era él. Ya era hora, a decir verdad.
Por lo demás, deben saber que he estado documentando su historia. He seguido cada uno de sus pasos y he llevado un registro de su evolución como pareja; sería bueno que se lo dijeran a Albus. Díganle que sobre el escritorio del estudio de su casa he dejado un pergamino en donde plasmé mis impresiones a manera de obsequio por su ayuda, obediencia y perseverancia. El pobre aún se come la cabeza pensando en el porqué solía brillar en momentos determinados...
–¿Eh? –inquirió sintiendo como su triunfante satisfacción se desvanecía. ¿A qué se refería?
Cada vez que se encontraban, hablaban o interactuaban de cualquier manera, me veía en la obligación de fundamentar los hechos. No repetiré el error de no hacerlo; ustedes, Rose Weasley y Scorpius Malfoy, serán una inspiración para las almas venideras que necesiten mi ayuda. Su historia será contada por generaciones y aunque ustedes lo olviden, en el futuro todos lo sabrán. Vale la pena relatar su amor y será un verdadero placer hacerlo.
Asintió lentamente y sintió a Scorpius halarla más hacia sí, quizás tan abrumado como ella por esa noticia.
El silencio que le siguió a eso fue tranquilo, pero no ausente de reticencia. Había llegado el momento de decir adiós y con eso, de olvidar.
No quería hacerlo.
Aprovechen lo que queda de la semana, mortales. Las cabezas de quienes los esperan en Inglaterra están infestadas de preguntas sin respuesta y deben moverse con rapidez para satisfacer su curiosidad. Al llegar, deben hablar con alguien que esté dispuesto a escuchar su historia con la mente abierta porque cuando cedan ante Morfeo en el octavo día, los recuerdos de sus vidas eternas buscándose se esfumarán.
–Cuando despertemos... ¿Tendremos algún recuerdo? –preguntó Scorpius luego de unos momentos y Rose apoyó su pregunta en silencio. No podían simplemente desconocer todo lo que había ocurrido, ¿O sí?
Sabrán que son especiales. Que me he encargado de juntarlos porque soy una esfera caprichosa. Sabrán que los elegí y recordarán de dónde provengo. Y también conocerán un diminuto fragmento de la verdad que incluso podría pasar desapercibido. Sin embargo, omitirán a sus vidas pasadas y a la real razón por la que me decidí a escogerlos a ambos.
Suspiró; al menos no olvidarían absolutamente todo.
Además, era un consuelo saber que la Rose desmemoriada del futuro intuiría que nadie ni nada se habría tomado tantas molestias para juntarlos de no ser por algún tipo de objetivo superior.
–Creo... creo que ha llegado la hora –musitó Scorpius contra su oído, sacándola abruptamente de sus pensamientos. Ella sólo atinó a asentir–. Gracias, Small di Sphaera.
–Por todo –añadió sintiéndose repentinamente triste por la despedida y tan agradecida que no tenía más palabras para demostrarlo.
La esfera no sólo les había dado a alguien a quién querer, sino también les había dedo paz a sus almas torturadas.
Eso era mucho más de lo que algún día podría expresar.
Sólo eso me basta. Ahora, necesito que ambos posen la punta de sus varitas sobre mi superficie.
Y compartiendo una mirada de incomprensión, Rose extrajo su varita de la cinturilla del pantalón y Scorpius agitó la muñeca izquierda para que la suya se deslizara desde su brazalete. Obedecieron sin vacilar y en lugar del habitual brillo dorado que emitía la reliquia, el resplandor pareció teñirse de los colores de las piedras preciosas que poblaban su circunferencia.
Mortales, los dejo con la seguridad de que nunca, ni en esta ni en las vidas que le siguen, se separarán. Se complementan, no son el uno sin el otro y bien sea como amigos, familia o como pareja, siempre estarán juntos –el brillo se fue apagando paulatinamente y cuando ambos retiraron las varitas, la única luz restante en la gruta fue la que emitieron estas últimas palabras–. Adiós, Rose y Scorpius; su relación será el ejemplo para cualquier par de almas que me necesiten. Tienen mi bendición y mi agradecimiento eterno por permitirme ayudarlos, pero ha llegado el momento de descansar.
La luminiscencia de la esfera se apagó definitivamente y esta vez por tiempo indefinido. Cuando lo hizo, Rose inspiró profundamente con aquella última frase revoloteando en su mente y rió un poco sin entender por qué sentía esas súbitas ganas de llorar.
–Merlín... –susurró y carraspeó para remover la sensación de ahogo de su cuerpo.
–Creo que eso es todo –dijo y Rose le sonrió; él también parecía algo afectado, pero se mantenía sereno–. ¿Nos vamos?
–No seas tan frío... –le reprochó y soltó su mano para guiar la suya a la superficie fría de la esfera, invitándolo a que hiciera lo mismo.
–No lo soy. Sólo que jamás podrás imaginarte todo lo que le debo a esta reliquia –la miró intensamente y ella sólo le regaló una sonrisa pequeña y nostálgica–. Yo... dame el colgante, Rose.
–¿Cuál colgante? –inquirió absorta en su silenciosa despedida y lo escuchó reír quedamente.
–El que te obsequié en navidad.
Sin hacerse demasiadas preguntas, se lo quitó y no pudo evitar echar en falta el calor que le proporcionaba su cercanía. Después de todo, ése había sido su único recuerdo constante de que Scorpius, de una u otra forma, no la había abandonado cuando se marchó a Australia.
Él lo tomó cuando ella se lo extendió y escaneó la superficie dorada del dije antes de cogerlo entre sus dedos y forzar un poco hasta abrirlo por la mitad.
Abrirlo por la mitad.
¿Podía abrirse?
–¿Puede abrirse? –preguntó asombrada y él alzó una ceja en su dirección con evidente mofa.
–¿No lo sabías? Pues eso derrumba tu imagen de inteligencia, ¿no crees? –al ver que Rose no respondía a la pulla por estar distraída por ese descubrimiento, suspiró y le mostró el contenido de la pequeña esfera–. Es una especie de guardapelo. Guardé aquí una foto de ambos y esperaba enseñártela cuando regresara... pero supongo que se me olvidó.
Pudo ver en su rostro que no se le había olvidado en lo absoluto y se humedeció los labios, debatiéndose entre preguntarle o dejarlo estar.
Tal vez esperaba a que ella se diera cuenta de sus propios sentimientos para mostrárselo y la expresión cautelosa de Scorpius apoyaba su hipótesis.
Decidió no ceder ante su curiosidad; ella había sufrido, pero Scorpius tampoco parecía haberlo pasado mejor que ella.
Sin embargo, sí estiró el cuello para observar la foto mientras él la desdoblaba y tuvo que sonreír. Era de aquel lejano día cuando se celebró el cumpleaños de Malfoy. Ambos bailaban apretadamente hasta que Malfoy hizo un movimiento rápido y ella acabó a tres centímetros del suelo con su brazo aferrándola firmemente por la cintura. Antes de que se reiniciara la secuencia, ella lo fulminaba con la mirada y él reía abiertamente por su terror.
–Eres un idiota –farfulló conmovida y él se encogió de hombros con una sonrisa leve antes de posar la imagen junto a la esfera y aplicar un par de hechizos para que el tiempo no pudiera deteriorar el material fotográfico.
Al acabar, se giró hacia ella con una expresión de incalculable paz y la invitó a acercarse para volver a colocar el guardapelo alrededor de su cuello. En cuanto lo hizo, Rose hizo amago de volver a guardarlo bajo la llamativa camisa de Connie, pero él contuvo el intento con una sonrisa, le dio un beso en la frente y le extendió la mano para que volviera a tomarla.
–Pero así me quieres –afirmó convencido y Rose se sonrojó, despejando cualquier duda que él pudiera tener–. Supongo que esto será un buen recuerdo de nosotros.
–Lo será –aceptó observando la foto una última vez con melancolía. Las próximas generaciones verían el ejemplo perfecto de su relación; ella estando perenemente cabreada y él, tan relajado y burlón como siempre.
Ese recuerdo era perfecto.
–No sé qué opines tú –comenzó Scorpius luego de unos segundos de permanecer inmóviles admirando la fotografía–, pero esta será una historia interesante para contarles a nuestros hijos.
–¿Nuestros... –palideció a la par que se atragantaba con las palabras y Scorpius rió encantado–. ¿Nuestros hijos?
–Oh, sí. Tendremos muchos. Unos ocho para empezar –corroboró incorporándose a medias y comenzando a avanzar hacia la salida.
–¿Ocho? –pasó saliva pesadamente y tan pronto como el color se fue de su cara, volvió con fuerza y se apresuró a seguirlo, agradeciendo que le diera la espalda.
–Para empezar –repitió completamente serio, sin rastro de burla–. Aunque sería una maldad condenarlos a tener alguno de nuestros dos llamativos colores de cabello... ¿Qué te parece la adopción?
–¡Malfoy!
–¿Muy pronto? Bien, luego podremos discutirlo –aseveró cuando llegaron a una zona en dónde podrían desaparecerse sin ninguna dificultad–. Pero lo de los ocho hijos va en serio.
Rió nerviosamente decidiendo tomárselo como un mal chiste y por separado, se aparecieron a las orillas del río cercano al desemboque de la cascada. ¿Hijos? ¿Adopción? ¿Ocho?
¿Ocho?
Tenía que ser broma.
–Er... hace unos minutos estabas bromeando, ¿cierto? –llevaban un buen rato en silencio mientras ella preparaba el desiluminador para regresar a su piso y él secaba sus ropas húmedas con la varita.
Necesitaba asegurarse.
Cuando acabó, se acercó a ella y rodeó su cintura con sus brazos antes de sonreírle.
–No lo sé, ¿lo estaba?
Y con esa enigmática frase, el cubrió con una mano a la pequeña y femenina que se aferraba al desiluminador y entre los dos, lo activaron. La bola de luz no se hizo de rogar y ambos fueron transportados casi inmediatamente.
La esfera, dentro de su nueva morada, titiló una última vez antes de apagarse definitivamente. Había hecho su trabajo y estaba segura de que esta vez no sería decepcionada.
Esta vez, damas y caballeros, sí habría un final feliz.
Hablando de finales felices… el fin. No el fin FIN, pero sí de este capítulo xD
Creo que la mayoría de este capítulo habla por sí sólo, pero la mayoría eran cosas que sencillamente debían ocurrir para terminar de desentrañar la trama.
Primero, las vidas pasadas. ¿Quedó alguna duda? Porque probablemente no me expliqué muy bien. Todo en este fic tiene una razón de ser, incluyendo a aquellos extraños brillos de la esfera. Y pues… sí. Rose y Scorpius olvidarán toda esta locura en su mayoría, pero nosotras lo recordaremos por ellos y seremos felices :)
Segundo, la despedida definitiva de la esfera. No volverá a aparecer "en persona" y este cierre de "personaje" ya era necesario. Como dije, con ella se despeja un poco el misterio y ahora queda el suspenso de lo que sucederá ahora con (y entre) nuestro protagonistas. Lo que sí sería bueno que supieran es que a diferencia de Cleopatra (que abandonó a la reliquia por despecho), Rose y Scorpius (los dos muy juntos y unidos) han dejado descansar a la esfera en paz ;)
Con respecto a lo que tanto esperaban que ocurriera… no sé a quiénes les dije esto, pero sé que lo hice. Lo que dije fue que el beso de Rose y Scorpius llegaría en el momento perfecto y llegó. ¿No creen que fue perfecto? Y es que ya llegamos a este punto en el que los personajes, la línea argumental y el desarrollo de la trama en general pedían a gritos este suceso (A ustedes no las cuento porque lo piden a gritos desde el prólogo xD) y como buena y sádica escritora, decidí acceder a las súplicas. Pero el punto es que me parece el momento perfecto por eso mismo; porque era el siguiente paso más lógico a dar. Esa escena está casi intacta desde la primera vez que la escribí porque no me parece que le falte o le sobre algo y me encanta. Espero que compartan ese sentimiento :D
Y en asuntos más serios, mi cabeza sí ha estado toda la semana por otros lares mucho menos felices y hasta el viernes en la noche, no recordaba que esta historia existía y que como no había ido a la playa por la situaciónn del país, tenía que publicar. Que sepan que cuento con ustedes para que me suban el ánimo porque como esto siga así…
En fin. No hablaré cosas tan escabrosas aquí.
Oh, y como siempre, agregué aquella escena final para despejar un poco la tensión del capítulo :D
Muchos besos, Clio :)
P.D: "Ese tipo de actividades tan malsanas se las dejaría a él". No se ustedes, pero a mí me pareció que inconsciente o no, esta pelirroja hablaba a futuro…
