Inuyasha no me pertenece, pero esta versión sí
Anteriormente…
Kagome e Inuyasha finalmente se encuentran en el hospital
Kagome se entera de todo
Matrimonio
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"Nunca pensé que en la felicidad hubiera tanta tristeza."
Mario Benedetti
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Flash back omnisciente
Y en la misma habitación tan ruidosamente callada de un hospital en Tokio, Hojo miraba a Kagome, quien no podía sentir más que repulsión por aquel hombre que hoy era su esposo.
Él se dispuso a caminar lentamente por la habitación lentamente, como si levitara se desplazaba de aquí para allá y de allá por aquí. Dejó su saco en una silla suavemente colocado, era fino y no podía dejar que algo le pasara. Dejaba el saco y miraba a Kagome fijamente quien le mantenía la mirada tratando de saber qué pensaba. Y eso ponía a Kagome muy nerviosa. No tenía idea de lo que estaba en su mente, no sabía que era lo que planeaba.
Hojo trataba de lucir relajado. Caminaba y soltaba el molesto lazo de su corbata roja, que dejó finalmente caer al suelo, justo con la ignorancia de Kagome.
Hojo con una mirada tétrica hacia Kagome empezaba a desabotonar su camisa. Su torso, medio desnudo, contrastaba con la armonía del hospital y las intenciones con las que fue construida la habitación.
-¡Aléjate de mí Hojo Ikeuchi! ¡No te atrevas a acercarte!
-Kagome, querida, este debe un momento muy especial, somos una pareja recién casada y en este agitado día finalmente estamos solos. Y esa cama, tan suave, blanca y pura, tan pura… Sería un desperdicio total dejarla así a como está, tan ordenada… Te ves mejor Kagome. Tienes unos hermosos labios que me apena no estar besando ahora mismo. ¿No te sientes sola Kagome? ¿No sientes que todo está empezando a ponerse de nuestro lado? Estamos solos Kagome y esa cama se ve muy grande para ti sola…
-¡Das asco Hojo! ¿Cómo pude dejarme engatusar por ti? ¡No te acerques! ¡Aléjate!
-Shh, no grites. No queremos que el hospital se entere que estamos recién casados-dijo poniendo el dedo índice en sus finos labios-
Hojo estaba muy cerca de la camilla de Kagome, quien por la cercanía de su recién esposo, podía sentir su aliento mientras una horrible sensación invadía su cuerpo y se quedaba en su estómago. Esa sensación se acrecentaba cuando Hojo bajaba su dedo por su barbilla lentamente, pasando por su cuello tan fino y tieso. Kagome se sentía asqueada y no pudo evitar apartar su mano con un golpe.
-No te atrevas a tocarme Hojo…
Quería correr, quería gritar, quería vomitar pero su cuerpo no obedecía. Por primera vez Kagome sintió miedo al estar cerca de Hojo
-¡Aléjate Hojo! ¡O no me hago responsable de mis actos!
-¿Y qué temes? ¿Acaso no lo has hecho muchas veces ya?
-No sé de qué hablas pero ¡aléjate de mí y no me toques!
-¿A qué juegas Kagome? No pretendas inocencia y castidad. Viajando sola con un hombre… ¡a mí no me pretendas eso!-gritó Hojo haciendo que Kagome cayera en cuenta de lo que Hojo creía que había pasado entre ella e Inuyasha-
-¡No es de tu incumbencia!
-¿No lo niegas entonces? ¡¿Lo hiciste con él?!
-¡Déjate de suposiciones absurdas! ¡No te debo explicaciones entre lo que haya pasado o no conmigo e Inuyasha!
Hojo encendió en cólera con solo escuchar el nombre de Inuyasha.
-¿Absurdo? ¿Yo? ¿Acaso un hombre como Inuyasha, tan bestial y desaliñado, fue capaz de contener sus más profundos deseos y pasiones, como un caballero? ¿Acaso no cediste nunca?
-No hizo falta nada. Inuyasha jamás me tocaría un solo cabello sin que yo quisiera. ¡Porque él es un caballero! ¡Inuyasha es un verdadero hombre!
Hojo estaba furioso. Su rostro se teñía intensamente de rojo. Podían verse sus venas marcarse en sus sienes, mientras apretaba la mandíbula fuertemente.
-¿Ah? ¿Te molesta? ¡Qué bien Hojo! Date cuenta de una vez por todas que Inuyasha no es la bestia que dices que es. Inuyasha es un buen hombre, puro de corazón y palabra y que todo lo que has hecho contra él, contra nosotros es porque… ¡Te duele saber que Inuyasha es mucho mejor hombre que tú! ¡Inuyasha es más hombre, más caballero!
Hojo tenía una expresión confusa, pero molesta en su rostro, las palabras de Kagome le habían caído como un balde de agua fría en la cabeza tan caliente de cólera que tenía
-¿Te duele Hojo? ¡¿TE DUELE?! ¡No tienes idea de lo que me ha dolido a mí toda esta mentira! ¡No tienes idea de cómo se ha sentido Inuyasha! Has hecho todo esto… ¿Y para qué? No tiene sentido Hojo. Nunca va a tener sentido, porque nunca has hecho las cosas como un hombre ¡Eres un cobarde!
-¡Cállate Kagome!
-¿Ahora sí me gritas a mí? ¡Bien! ¡Cobarde! ¡Cobarde! ¡Inuyasha es mucho mejor hombre que tú!
-No menciones a ese animal-decía entre dientes Hojo, luchando por mantener la compostura-Nunca vuelvas a mencionar su nombre
-¿O sino qué?
Kagome y Hojo se miraban fijamente a los ojos. Kagome retando a Hojo y Hojo tratando de no decir lo que su mente gritaba. Estaban oficialmente teniendo su primera discusión de casados. Y no es nada del otro mundo que las parejas peleen; sin embargo no es buena señal que discutan en la noche de bodas, ni que la pasaran en el hospital, ni que la esposa amara a otro hombre.
Todo ese alboroto de momentos antes había sido escuchado por el personal del piso…
-¡NO MENCIONES A ESE ANIMAL NUNCA!-gritó finalmente Hojo-
Kagome estaba realmente decidida. Esta vez ella había elegido, eligió tomar el control de su vida y que nada ni nadie le dijera qué hacer, cómo pensar o cómo comportarse.
-No voy a tolerar esta falta de tu parte Kagome.
-¡No voy a soportarlo más Hojo! ¡Aléjate de mí!
-¡No! ¡Eres mi esposa! ¡En papel y en la cama!
Y diciendo esto, Hojo se abalanzó a Kagome tratando de tomarla por la fuerza. Kagome luchaba contra él, pero, a pesar de todos los gritos, la discusión y la determinación, Kagome seguía convaleciente.
-¡No! ¡Basta Hojo! ¡No!-Kagome sollozaba mientras forcejeaba para evitar a Hojo a como fuera posible-¡Ya basta Hojo! ¡Basta! ¡NO!
-¡Eres mía Kagome! ¡Mía y de nadie más!-decía mientras se colocaba sobre el cuerpo de Kagome-
-¡Suéltame!-decía Kagome, quien pataleaba y gritaba. No quería que fuera así, no con él, no en ese lugar, no de ese modo. La noche más especial de su vida iba a ser un terrible recuerdo si no lo detenía. Y tenía que detenerlo-¡No! ¡Ayuda! ¡Ayuda!
¡Pffft!
Un calor subió de pronto al rostro de Kagome. Sintió un hilo líquido salir de su boca hacia su cuello. De todas las cosas que Hojo era capaz de hacer, ella ya no se sorprendía, pero la impresión que le dejó el golpe de Hojo la desorientó, dejándola sin saber qué pasaba durante cinco segundos.
Hojo no había desaprovechado el tiempo. Había dejado descubierto el busto de Kagome y se disponía a tocarlo cuando Kagome recobró lo que sea que haya perdido y forcejeó con él de nuevo, golpeándolo ferozmente, a cómo podía. Kagome trataba por todos su medios alejar a Hojo y cubrirse en el intento. No podía darle la satisfacción de verla ni un segundo más. Y gritaba desesperada.
-¡Basta Hojo! ¡No me toques! ¡Aléjate! ¡Ayuda! ¡Ayuda por favor!
Y sin aviso previo, una pareja mayor con mucha presencia irrumpió en la habitación. El hombre, formalmente vestido de colores oscuros y semblante tosco y firme del brazo con la mujer de aspecto perfecto a pesar de la edad que se notaba, vestida elegantemente con finas telas y el cabello tan pulcro y en su lugar como si acabara de estar en un salón de belleza.
Los señores Ikeuchi, Seijuro y Ao (1) Ikeuchi, se veían ambos cansados de la vida, y parecía que de todo, pero imponentes en el umbral de la puerta de la habitación.
-¡¿Puede explicar qué demonios significa todo esto Hojo Ikeuchi?!-Habló el hombre, su voz era tan profunda que hacía eco en las paredes de la habitación y ponía nervioso a Hojo-¿Qué crees que haces con tu esposa convaleciente? ¿Qué no miras a tu esposa? ¡Sangra! ¿Por qué le has golpeado? ¿Me has visto golpear a tu madre alguna vez? ¡Todo el hospital los escucha discutir desde hace horas! ¿Por qué la obligas? ¿Qué no tienes sentido del honor por la mujer con la que te casaste? ¡Cúbrela!
Hojo no decía palabra. Su padre era la única persona a la cual él nunca se enfrentaría.
Kagome se sintió aliviada de ver a los padres de Hojo, estaba a punto de llorar, tenía un deseo enorme de romper en llanto, pero se contuvo. Cubrió a más no poder su pecho y mantuvo la quijada apretada para evitar hacer ruido alguno.
-¿Qué no obedeces? ¡Baja de ahí Hojo!-dijo fulminante el señor Seijuro-Hablaremos ahora-sentenció finalmente-Afuera.
Hojo obedeció la petición de su padre, o más bien orden de su padre.
La señora Ikeuchi se quedaba en la habitación sin hacer gesto alguno, mirando a Kagome sin emitir expresión en su rostro. Kagome por otro lado, obvió la presencia de su suegra y el dolor del golpe que Hojo le propició y soltó finalmente las lágrimas que había reprimido, sujetando fuertemente su bata. No lloraba por la voz tan aterradora de su suegro, ni porque hubiera sido encontrada en tan vergonzosa posición. Ella solo no quería que su bata se abriera de nuevo. No quería que Hojo regresara.
Fin del flash back
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No entiendo por qué hago esto Hojo, no debería disculparme. No mereces nada de esto.
¿Crees que Kagome no lo dijo? ¿Crees que no me di cuenta? Ese golpe en su rostro, su bello y perfecto rostro, se lo diste tú.
Eres una basura Hojo, una maldita basura y no mereces nada ¡Nada!
Pero yo no soy una basura de tu mismo calibre, por lo que me disculpo con esta carta.
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Flash back de Hojo y Seijuro Ikeuchi
"El padre y la madre, sin darse cuenta,
critican a sus hijos por los muchos defectos, vicios y costumbres
que sus hijos han adquirido de ellos involuntariamente,
ya sea por herencia o por el ejemplo.
¡Pero qué agradable es impedir que
tus semejantes lleguen a ser mejores que tú!"
Tony Duvert
-Tu madre y yo viajamos por horas a Hiroshima para TU boda ¿y cambias de planes así de la nada? ¿A qué crees que estás jugando niño? ¡El matrimonio no es ningún juego! ¡Eres un Ikeuchi y como tal has de comportarte!
-Lo lamento mucho padre, yo…
-Calla.
Hojo no se atrevía a ver a los ojos a su padre, nunca lo había hecho.
-Y ahora pretendes tomar a una mujer por la fuerza. ¿Qué no miras en donde estas mocoso? ¡Estamos en un hospital! ¡En mi hospital! Y tú… ¿Acaso lo quieres convertir en un burdel?
-Padre yo…
-Haz de callar Hojo. ¿Qué no te importa lo que diga la gente? Es tu esposa a la que querías deshonrar. ¿Acaso eres estúpido? ¿Cómo se te ocurre tomar a tu mujer de ese modo? ¡Ni te importó que Ao y yo viéramos su cuerpo! ¿Tan escoria eres?
Hojo solo callaba. Esta era su arma secreta. Su padre. Causarle decepción era el miedo más profundo que Hojo tenía, porque para su padre nada nunca era suficiente.
Cuando Hojo lograba sobresalir, su padre no hacía más que ignorarle. Pero un error que cometía, el sermón no se hacía esperar.
-¡Pero bajo has caído! El día de su boda, el día más importante para una mujer te atreves a golpearla. Esa mujer tiene una belleza natural que no se consigue en ningún lugar y te das el lujo de arruinarla ¡Estúpido! Nunca haces las cosas bien, si querías tener compañía en la alcoba no tenías que casarte ¡Pudiste comprar a cualquiera! Pero te empeñaste en esta mujer, ella en particular. De todas las mujeres de Japón… Teníamos la oportunidad de casarte con las mejores familias de Japón, cerrar los mejores negocios y hacer de Ikeuchi el mejor apellido del país pero te empeñaste a arruinar todo. Y por ella, ¡ella!
-Padre, yo la amo, de verdad la amo…
-¿Y por eso la golpeas? ¿Por eso la deshonras? ¿Crees que no sé nada de lo has hecho para conseguir a esta mujer? ¿Crees que no sé nada del juicio contra Inuyasha Kurosawa? ¿Crees que no sé nada del presupuesto que destinaste al laboratorio en Ube? ¿Crees que no sé nada de la mujer con amnesia que llenaste de ideas para que creyera ser la esposa de ese hombre? ¿Crees que no sé quién fue? ¿Me crees estúpido Hojo?
Hojo estaba perplejo. Su padre sabía todo.
-¿Cómo es que fuiste capaz Hojo? Si no fuera por tu madre yo no tendría hijos. Tienes mi apellido. ¡Un privilegio! ¡No te atrevas a usar mi nombre para tus caprichos! Ya no eres un niño Hojo. Eres un hombre, un Ikeuchi, eres un hombre de familia ahora. Busca la forma de meterte en la cama de tu mujer sin deshonrarla ni golpearla y dame un heredero. Obedece por primera vez en tu vida.
-Padre-decía Hojo tratando de no despertar la ira de su progenitor-Padre Kagome no me ama, Kagome quiere el divorcio, Kagome quiere dejarme y… todo por ese animal…
-Sea o no culpa de ese animal no importa. Ya están casados. El divorcio no es una opción en los Ikeuchi. Los tabloides y nuestra competencia nos comerán vivos si les damos un escándalo con el divorcio. ¿Quieres que bajen nuestras acciones? Seguirás casado con esa mujer que elegiste, que obligaste y me darán un heredero. Pero esta vez no la tocarás si no quiere. ¡Y te prohíbo golpearla!
-Padre, pero ella no me ama.
-¡Compórtate como un hombre y haz que se enamore de ti! ¡No me importa el resto! Sigue mis reglas, sé un hombre.
-Padre, no sé qué hacer con Kagome. Ella no me ama y quiere irse. Ella sabe la verdad. Sabe que esa bestia no tiene mujer, sabe que yo le mentí y…
-Y que trataste de tomarla por la fuerza, sin mencionar que te atreviste a golpearla.
-Padre yo…
-Te lo pondré de este modo Hojo… ¡Dame un heredero o te desheredo!
Fin del flash back de Hojo y Seijuro Ikeuchi
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Kagome sufría mucho. Lo sé. Y era tu culpa.
El mayordomo me permitía saber cómo estaba Kagome. Él era su único amigo en ese lugar tan extraño y frío y cruel.
Okabe y yo entablamos amistad cuando derrotado y triste fui a devolver sus pertenencias. Okabe me consoló en mi tristeza y me ofreció su ayuda. Me permitió el teléfono y pude avisar a Miroku y Sango de lo sucedido, quienes no estaban muy contentos con la noticia.
A diferencia de ti, Okabe no podía soportar ver sufrir a Kagome. Por eso me agradaba, porque era como yo. Porque se alegraba con ver a Kagome sonreír. Tú, solo te alegrabas con tenerla, poseerla y que nadie más lo hiciera. Pero Kagome no era para ti y lo sabías y te la quedaste.
Eso te convierte en un ladrón.
Por Okabe sé que Kagome y tú dormían en habitaciones separadas, solo había pasado un día desde que Kagome salió del hospital y ya sabía eso. Me alegra saber que no pudiste tocarla pero me asquea que lo hayas intentado. Te creía capaz de muchas cosas y tenía la esperanza de que tu amor por Kagome fuera puro, pero estaba tan contaminado como tu alma.
Contaminaste el amor Hojo, y todo lo que provocaba el amor estaba sucio de tu mente y tus intenciones.
Esa mansión en Tokio era un lugar espantoso, no por la infraestructura de la casa, sino por todo lo que Kagome debía vivir adentro…
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Flash back omnisciente
Una habitación delicadamente decorada, pero no por eso poco lujosa, contenía Kagome alejada de todo lo demás, en donde se quedaba a esperar que pasara el tiempo. Vestía de forma sencilla, no como la señora de la casa que era pero que no quería ser.
Su suegra, la señora Ao Ikeuchi, heredera de la compañía farmacéutica más influyente y poderosa de Japón, vigilaba a su nuera tratando de hacerla ceder y que aceptara a su hijo como esposo.
-¿No vas a taparte ese golpe?-preguntó la señora entrando a la habitación sin avisar mientras Kagome miraba hacia la ventana de pie en medio de la habitación-¿Qué haces cerca de la ventana? ¿Quieres que alguien vea tu rostro? Ven acá niña.
Kagome solo volteó a verla de frente.
-No veo motivo para esconderme señora Ikeuchi.
-No me debes faltar el respeto. No permitiré hundir el nombre Ikeuchi con tus imprudencias.
-Señora Ao, basta ya. No tiene nada que estar haciendo aquí. Por favor, retírese de mi habitación.
-Ahora es tu habitación, pero esta es mi casa. Mientras vivas en este techo te comportarás como la señora de Hojo Ikeuchi que debes ser, que eres. Eres la esposa de mi hijo. ¡Qué locura! ¡Duermen en habitaciones separadas!
-¿Y usted? ¿O va a negarme que usted y el señor no duermen juntos nunca? ¿Por qué debo yo dormir con Hojo? Y más, usted vio lo que me hizo…
-Señora Kagome, deténgase. Eres una esposa, compórtate como tal. Ese hombre que tanto esperas no vendrá por ti. Y que se atreva. Eres una mujer casada, tienes un esposo al que rendirle respeto.
-¡No voy a convivir con Hojo! ¡Nunca!
-Baja la voz por favor Kagome…
-No señora Ao, por favor, ya no me retengan aquí. Yo amo a Inuyasha, él me espera. Hojo solo va a hacerme infeliz, solo vamos a ser infelices. No puedo seguir con Hojo sabiendo todo lo que ha hecho…
-Kagome ya basta-decía la señora Ao respirando fuertemente-
-¡No puedo seguir esta mentira!
Y súbitamente, como un relámpago en una noche oscura, la magnánima y perfecta Ao Ikeuchi rompió la ilusión de su apariencia y cambió la forma de tratamiento.
-Solo cállate niña.
Kagome estaba sorprendida. La señora Ikeuchi jamás le había hablado en un tono tan cercano e irrespetuoso. Era casi irreal, pero tan presente. Podía verla sufrir, era realmente una mujer muy triste. Sus ojos, que algún día brillaron llenos de la jovialidad de la juventud estaban secos como una flor marchita, como si hubieran perdido la capacidad de soñar, la capacidad de mostrar alegría, como si hubieran perdido la capacidad de llorar.
La señora Ikeuchi, tan perfecta, estaba casi rota frente a Kagome.
-Sé muy bien que no amas a Hojo, siempre lo supe. Cuando te conocí niña, tus ojos no mostraban el amor que una novia debe tener por su prometido. Nunca lo has amado y sé que nunca lo amarás…
Kagome no sabía si debía sentirse avergonzada o aliviada. Estaba escuchando la verdad desde otros labios, y quien se lo decía era su suegra. Su rostro mostraba una expresión confusa.
-No debes decir nada niña. Siempre lo supe. Nunca has amado a mi hijo Hojo, ¿Y quién podría hacerlo? ¿Quién podría amarlo?
-Señora yo… Nunca quise ofender… Yo…
-Silencio niña. Sé que no hay posibilidad alguna de que desarrolles amor por Hojo. Nadie puede amarlo. Nadie. Solo yo-los ojos de la señora Ao parecían querer llorar, pero su porte, aunque roto, podía contener las lágrimas-Solo yo puedo amar a alguien tan cruel como él. Una madre sabe lo que tiene y sé que he dado a luz a un niño malcriado e inescrupuloso, un ser maquiavélico y sin empatía. He dado luz a Hojo y estoy avergonzada y estoy frustrada y estoy desesperada y estoy arrepentida, muy arrepentida y tan poco orgullosa del humano que he traído al mundo. Lamento el daño que te ha causado. Lamento que estés lejos del hombre que amas. Lamento el sufrimiento del hombre que encoleriza tanto a Hojo. Lamento muchas cosas de él, pero es mi hijo. Es mi hijo. Mi hijo y no hay nadie que pueda amarlo. Nadie que le conozca puede amarlo, nadie que sepa lo que es, lo que hace y lo que haría podría amarlo y solo yo lo amo sabiendo tanto de él. Pero es mi hijo.
Lágrimas caían recorriendo las mejillas tan finas y delicadas de Kagome, quien no podía hacer otra cosa que dejarlas fluir.
-Señora Ao, yo… de verdad lamento que la persona que se ha casado con su hijo no lo ame, lamento que usted sufra por esto y yo…
-Kagome, debes dejar de hablar-interrumpió Ao Ikeuchi-yo sé que mi hijo no es la mejor persona del mundo y estoy muy segura de que te ha hecho mucho daño, pero por lo que más quieras, no le hagas lo mismo. No lastimes a Hojo, no lastimes a mi hijo.
-Lo que menos quiero es hacer daño, de verdad, yo no quiero que alguien sufra. Por eso, se lo ruego, por eso recurro a usted, no sé qué hacer. No puedo seguir con Hojo, no puedo condenarnos a esta infelicidad. No puedo hacerle eso a Inuyasha y estoy harta de hacerme daño a mí misma. No quiero mentirme. Amo a Inuyasha, Hojo lo sabe, Inuyasha lo sabe, yo lo sé. No puedo seguir con Hojo en esta mentira que llamamos matrimonio. Nunca voy a aceptarlo y usted lo sabe. Hojo es joven y apuesto y puede tener a la mujer que él quiera y cualquier mujer podría quererlo si él pone de su parte y empeño en eso, pero yo no. Y no quiero seguir así. No aguanto.
-No hagas esto niña…
-Señora Ao…
-¡No! Deja de resistirte y sé la esposa que eres. No hace falta más, solo dale un hijo. Un hijo y habrás cumplido tu parte. Eso es todo, solo dale un hijo a Hojo y no volverá a tocarte, y nunca deberás tocarle. Olvida a ese hombre niña. No te hará ningún bien tenerlo en tu mente. Acepta tu papel de esposa y dale un hijo a Hojo…
Y precipitadamente, de la misma forma en que la señora Ao había entrado a la habitación, Kagome se dejó caer en sus rodillas y puso su frente en suelo a los pies de la señora Ao.
-Señora Ao-pedía desde el suelo-por favor, ayúdeme a divorciarme de Hojo, ayúdeme a anular el matrimonio. No puedo vivir con Hojo, no puedo dejar a Inuyasha, no voy a convivir con Hojo, no puedo perder la paz cada noche pensando que Hojo va a forzarme y que nadie va a ayudarme. No puedo tener un hijo de él, no puedo. No soy una señora de sociedad, soy maestra, una mujer sencilla que anhelaba casarse con el hombre que amaba y ser feliz. Anhelaba disfrutar las pequeñas cosas de la vida y ayudar a todos los niños para que pudieran aprender y que disfrutaran de ello. Tengo mucho que hacer y no puedo hacerlo aquí, no puedo seguir con Hojo…
-Ya basta Kagome-decía la señora Ao dándole la espalda a la joven mujer mientras se dirigía a la puerta-Olvida tus sueños y demás, olvida a ese hombre y sé una esposa.
-¿Olvidó usted acaso al hombre que amaba?-preguntó Kagome haciendo que la señora Ao se detuviera por completo. Una lágrima salió rebelde de la señora mayor, una lágrima que Kagome no vio-¿Olvidó al hombre que amaba señora Ao?
Y sin contestar, la señora Ao Ikeuchi dejó la habitación de Kagome.
Lo que Kagome no supo es que la señora Ao se fue directamente a la habitación y cerró con seguro las puertas. En la soledad buscó una cajita con una sortija muy pequeña y desgastada que al verla, la señora Ao Ikeuchi rompió en llanto.
Okabe, el mayordomo entraba a la habitación de la señora Ao, era el mayordomo. Tenía las llaves.
-Ao, ya no llores más decía el hombre desde el umbral, cerrando la puerta lentamente.
-Okabe…-decía ella sin mirarlo-No quiero hacerle lo mismo a esta niña, no quiero que pase por lo mismo.
-No tiene que castigarse de ese modo señora Ao-decía el hombre mientras se acercaba a ella, tomaba una de sus manos y le ayudaba a levantarse del suelo-
-¡Mírame! Llorando como una niña después de tantos años.
Okabe dejaba salir mientras limpiaba sus mejillas llenas de lágrimas con el pañuelo que sacó de su bolsillo y le daba una triste mirada.
-Le exigí olvidarlo, le exigí olvidar a ese hombre-decía la señora Ikeuchi mirando a los ojos al mayordomo-¿Cómo me he atrevido a pedirle que olvide a su amor si yo no he olvidado el mío?
Sin terminar la frase, la señora Ao Ikeuchi mostraba la pequeña sortija que había accionado su llanto.
-¿Cómo he podido pedirle que olvide al hombre que ama si yo no he olvidado a quien amo? ¿Cómo es que yo no he podido olvidarte Okabe?
Okabe miraba la sortija en las manos de la señora Ao y soltó una leve sonrisa por el recuerdo del día en que, jóvenes, Okabe y Ao habían confesado su amor y habían prometido estar juntos para siempre. Una promesa que se rompió, cuando ella, la heredera de una poderosa farmacéutica fue obligada a casarse con el heredero de las compañías hospitalarias más poderosas de Japón, cuando fue obligada a casarse con Seijuro Ikeuchi
Su joven amor de toda la vida, Okabe, un joven farmacéutico que decidió dejar su trabajo para estar siempre con su amada, aunque no estuvieran juntos, estaría siempre para ella.
Y soltando una sonrisa, Okabe dirigió su mirada a la señora Ao, la misma mirada que había dedicado a ella siempre.
-Yo tampoco he podido olvidarte Ao…
"Amar no es decir te quiero muchas veces,
es pensar en esa persona cada día,
cada hora, cada segundo...
y saber que harías lo que fuera por ella,
para hacerla feliz, incluso si,
para ello, tuvieras que intentar olvidarla."
Anónimo
Fin del flash back
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A pesar de todo, debía regresar a Hiroshima. Ya no podía hacer nada ahora que era tu esposa. Ya no había nada que podía hacer. Iba a dejar a Kagome atrás, pero debía verla, aunque fuera una vez más, tenía que verla.
Sentí que todo estaba perdido y que nada podía hacer, fue entonces cuando cambié de planes
.-.-.-.-.-.
Flash back
Sin pensarlo mucho y tomando las precauciones del caso, siempre con la ayuda del mayordomo de la mansión Ikeuchi, me dirigí a visitar a Kagome.
Ese día, Kagome era la única persona en la mansión. Okabe me permitió entrar por la puerta del servicio de la familia y me dio las indicaciones.
-Inuyasha, la señora Kagome se encuentra siempre en su habitación. Sube las escaleras y camina por el pasillo hasta llegar a la segunda puerta que verás. En ella se encuentra la señora Kagome.
-¿Me abrirá la puerta?
-A la señora no le permiten colocar el seguro de su puerta…
-¡¿Qué?!
-Baje la voz Inuyasha…
-Disculpe, pero aun no entiendo cómo. Si Hojo podría…-realmente no quería decirlo siquiera, no soportaba decirlo-
-Comprendo Inuyasha, pero esté tranquilo. Yo hago guardia en la habitación de la señora. Si los Ikeuchi permiten ese tipo de atrocidades, yo no, aunque me cueste el trabajo.
De verdad estaba muy agradecido con ese hombre, no solo por ayudarme a ver a Kagome e informarme de su estado, sino porque él cuidaba de ella. Hasta me hubiera gustado que si Kagome tuviera un padre, fuera tan comprensivo y bueno como Okabe.
-Gracias por todo Okabe.
Okabe solo me dirigió una sonrisa y me despidió con un gesto de su mano derecha.
Sin esperar más, seguí las instrucciones de Okabe y llegué hasta la habitación de Kagome.
Y la vi. De pie, mirando la ventana, como había anhelado verla, en sus propias piernas y feliz. Pero feliz no estaba.
Kagome no se había percatado de mi presencia y yo, como si tuviera todo el tiempo del mundo para quedarme mirándola no hice nada. Solo la miraba y eso me bastaba, aunque no estuviéramos juntos, eso me bastaba. Pero Kagome finalmente se dio vuelta y una expresión de sorpresa apareció en su rostro…
-Inuyasha…
Yo solo podía sonreírle y hubiera seguido sonriendo de no ser porque había notado el morado golpe que tenía en la boca.
-Kagome… ¿Quién te hizo eso?-preguntaba desesperado-¿Te duele? Kagome…
Sin esperar respuesta me precipité hacia ella y la tomé en mis brazos, solo eso. Abracé a Kagome como hacía hace tanto tiempo y como hace tanto tiempo, Kagome se aferraba a mí, en un lugar en donde nada podía salir mal…
-¿Acaso Hojo te lastimó así?
-Inuyasha…-decía entre sollozos-No puedo seguir con Hojo, no quiero seguir con Hojo. No puedo dejar de amarte…
-Kagome… Te amo.
-Inuyasha, todo eso es hermoso, pero ¿de qué nos ha servido? Ahora tengo esposo y no quiero estar con él.
-Kagome pero, todo fue un malentendido, era todo…
-Lo sé Inuyasha-interrumpió- Sé que no tienes esposa, sé que es todo una confusión, sé que nunca mentiste y que siempre me amaste de la misma forma que hoy, pero nada de eso sirve ya. Me odio a mí misma por tan estúpidamente caer en todo esto y ponernos a los dos en esta situación. Todo es mi culpa Inuyasha, es mi culpa que no estemos juntos, es mi culpa tener este golpe, es mi culpa que Hojo sea tan…-no podía continuar-
-Kagome, no… no es tu culpa, yo llegué tarde, llegué demasiado tarde.
-Inuyasha, yo pude detenerlo y no lo hice. Solo me quedé ahí llorando como una niña, esperando a que llegaras a solucionar todo, solo lloré y no hice nada, justo como ahora y por eso sigo aquí. Porque no tengo la fuerza para defender el amor que siento por ti.
-¿Cómo es que pases tanto tiempo llorando Kagome? Estoy aquí, ya no llores.
-Te amo tanto Inuyasha, tanto que duele. Duele y duele siempre y el dolor no se va. Siempre duele verme en este lugar, con Hojo, lejos de ti, de mi hogar, de mi trabajo, de mis sueños, de todo lo que me importa.
Inuyasha acariciaba el rostro de Kagome suavemente, mirando sus ojos fijamente, que sollozaban.
-Ya no llores Kagome, estoy aquí. Estoy aquí Kagome. Yo te sacaré de aquí, denunciaremos a Hojo por violencia doméstica, nos iremos a Hiroshima y veremos a nuestros amigos y volverás a tu querida escuela con tus queridos alumnos y todo será hermoso y seremos felices. Pero no llores, que algo en mí se rompe y no puedo soportar la vida cuando lloras.
Kagome, sabiendo que estaba casada no se alejó de mí, se aferraba con sus delicadas manos a mí. Y supe en ese momento que ya nada más le importaba, su posición, su condición civil, el golpe de su boca, el lugar en donde estábamos, ya nada importaba, porque si alguna vez temimos, ahora estábamos juntos, sin miedo a nada (2)
-Te amo Kagome y no dejaré de amarte nunca.
-¿Ni con la distancia?
-Ni con la distancia.
-¿Aunque sea la esposa de alguien más?
-Aunque seas la esposa de alguien más.
-He cometido tantos errores Inuyasha, no es justo para ti pagar por ellos.
-Todo el sufrimiento no importa ahora que estamos juntos. Aunque sea mentira, me hace sentir vivo (3), estamos vivos. Hemos sobrevivido una terrible guerra, hemos perdido a quienes amamos y nos hemos encontrado para amarnos.
-Entonces ámame Inuyasha.
Y antes de que tomáramos conciencia de todo lo que nos rodeaba y el resto del mundo, Kagome y yo sentimos que solo existíamos los dos y nos dejamos sentir esas pasiones tan profundas del corazón, teniendo muchos cielos por volar, refugiándose en mí (4), refugiándome en Kagome.
Fin del flash back
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Confieso que fue la mejor sensación he tenido en toda mi vida y que no me hace sentir culpable haber tenido a tu esposa, porque legalmente es tu esposa, pero Kagome es mi mujer y su hombre soy yo.
No me arrepiento de haber tenido a Kagome en mis brazos esa noche, no me arrepiento de haberla amado en tu casa. No me arrepiento de amar a Kagome a como la amé esa vez, y a como le he amado muchas veces más.
Para mí, el amor trasciende el cuerpo y va más allá de lo que se ve y es por eso que nunca necesité tomar a Kagome antes. No me importaba si quedaba célibe el resto de la vida porque sabía que no hay mujer como ella y que nadie podría ser como ella.
Pero esa vez… Solamente pasó, nos amamos, siempre nos amamos y siempre lo supiste, no era nada raro que dejáramos que nuestros deseos nos lideraran aunque fuera una vez.
Esta mal porque es prohibido, porque estaba casada, por muchas cosas más, pero ¡Demonios! Se sintió tan bien, tan bien. Todo el amor que sentimos, que nos profesamos se convirtió en una expresión de blanco y negro a muchos colores. Aunque el amor nos duró poco, lo sentimos igual, porque el amor es un verbo, allá en su cuarto (5)…
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"Your love is a verb, here in my room,
here in my room, here in my room…"
Incubus
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Continuará…
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¡Hola! Este ha sido el capítulo 35 de la historia. Realmente no pensé que se hicieran tantos capítulos, debido a eso, no sé si notaron que hice tres capítulos en uno, manteniendo la integridad de cada uno (espero yo), si ven pasaron demasiadas cosas en este capítulo.
Por cierto, como que Inuyasha cambia mucho de planes XD que pena, pero ya lo tenía hecho así. Traté de modificarlo para que no se viera tan raro y feo entonces ahí quedó maso menos pero ojalá no haya quedado tan mal.
Mil disculpas por la tardanza, de verdad trataré de actualizar más seguido XD
Personalmente quiero agradecer a quienes leen la historia, cuando termine les haré su mención, porque sin ustedes no hay historia leída.
Haciendo números, creo que faltan alrededor de 5 capítulos para terminar la historia, así que no desesperen.
Unos asuntillos por ahí: con la parte de Hojo y Kagome en el hospital, así lo tenía planeado aunque tal vez fui muy gráfica, generalmente odio ese tipo de escenas y con la historia de la mamá de Hojo y el mayordomo fue improvisado, ya estaba a punto de subir el capítulo, lo leí buscando errores y se me ocurrió poner la historia de ellos y creo que es triste y tierna, ustedes juzgarán :D
Ah y claro, con Kagome e Inuyasha quería que esa parte se sintiera como en una canción y fue difícil elegir las canciones iban a describir los sentimientos. Originalmente iba a ser solo una canción a como lo escribía, más canciones se me venían a la mente y pues las puse, aunque dejé varias a afuera. Traté de dejar el acto en pocas palabras, espero no haber decepcionado a nadie, pero para mí el amor es algo entre dos y su máxima expresión debe ser algo más poético que solo penetrarse y ya. Espero no haber decepcionado a nadie, personalmente me gustó como quedó, no del todo satisfecha pero di, es mejor que nada. En el próximo capítulo desarrolla bien la idea.
"el amor duró poco" pues se los dejo a la imaginación, solo esperen actualización XD
Ojalá les haya gustado y hayan recibido algunas sorpresillas ¡Gracias a quienes leen y siguen la historia! Muy agradecida con todos ustedes y con ganas de escribir más y conocerlos un poco mejor a través de sus historias (me tomé la libertad de leer las historias de algunos de ustedes, son excelente escritores)
Saludos. KagomeCHAA
1. Nombres de personajes de Rurouni Kenshin (Samurai X en otros países)
2. Referencia a la canción "Sin miedo a nada" de Alex Ubago y Amaia Montero
3. Referencia a la canción "Mientes tan bien" de Sin Bandera
4. Referencia a la canción "Misterios y pasiones" de Evolución (la canción habla del coito, por si no se entendió, Kagome e Inuyasha tuvieron relaciones coitales)
5. Referencia a la canción "Here in my room" de Incubus
