37
Llevaba casi una hora hablando y la garganta le empezaba a picar. Pese a que dominaba bastante bien el español, a última hora había decidido dar la conferencia en inglés, sólo para fastidiar. Pero, incluso los universitarios con cara de no estar enterándose de nada, parecían estar disfrutando del evento.
Cuddy se había sentado en primera fila. Llevaba puesto el mismo vestido negro con el que le había sorprendido la noche anterior. Él intentaba no mirarla demasiado, pero los ojos se le iban y, al final, consiguió que varios curiosos se girasen a mirar a la persona que tanto parecía distraer al ponente.
A ella parecía interesarle la conferencia y estaba claro que no se sentía incómoda rodeada de estudiantes extranjeros.
Llevaba casi una hora saltando de un tema a otro, cuando empezó a hablar de las denuncias por negligencia que había acumulado a lo lardo de su carrera. Había conseguido controlar su impulso de mirar las piernas de Cuddy durante casi quince minutos, pero al final no había podido evitar desviar un poco la mirada para echarle otro vistazo.
House estaba pensando en que, si el vestido fuese un poco más corto, podría verle las bragas, cuando observó un pequeño espasmo en el muslo derecho de la mujer. Como médico obsesionado con los síntomas, el pequeño acto reflejo le preocupó, hasta que se dio cuenta de que lo que ocurría era que se estaba quedando dormida en mitad de su charla.
Tubo que girarse y hacer como que arreglaba algo en el proyector de diapositivas para evitar soltar una carcajada delante de casi quinientas personas. Pensó en lo poco que había descansado ella en los dos últimos días y en lo divertido que sería contemplar como luchaba por mantener los ojos abiertos durante el resto de la conferencia.
Acababa de pasar al tema de los principales factores que provocaban las enfermedades infecciosas, cuando Cuddy dejó caer la cabeza sobre el hombro de la chica que se sentaba a su lado, quien, por cierto, tenía casi más cara de sueño que ella.
Quedaba menos de un cuarto de hora para dar por concluida la charla, pero House se tuvo disculpar con la audiencia y salir un momento al pasillo. En cuanto se sintió libre de todas las miradas, rompió a reír. Lo que en principio fueron una serie de risotadas contenidas, acabó por convertirse en un ataque de risa que lo obligó a acuclillarse en el suelo. Una mujer de la limpieza que pasaba por allí, le tendió un pañuelo de papel para que se secase las lágrimas.
Cuando logró recomponerse, volvió al auditorio para dar por concluido el evento. Intentó no mirar a Cuddy ni un momento pero la tentación fue demasiado grande y lo que vio le provocó otro ataque histérico de risa, esta vez delante de todo el mundo.
Su chica se había resbalado en el asiento y dormía en una postura imposible sobre el brazo de su compañera de fila, quien, a su vez, apoyaba su mejilla en la cabeza de Cuddy y agitaba la mano espasmódicamente, como espantando moscas imaginarias. La cara de las dos mujeres fue lo que le hizo perder totalmente la compostura y, al final, tuvo que despedirse de su audiencia moviendo la mano e indicándoles donde estaba la puerta.
Sólo quedaban unos rezagados en la sala cuando House bajó del escenario para acercarse a Cuddy, quien seguía sumida en un profundo sueño, acompañada por la chica española.
-¡Quítate de encima!-dijo empujando a la muchacha por el hombro.
Ambas mujeres pegaron un respingo e intentaron fingir que sabían donde estaban. Cuddy se estiró el vestido para cubrirse bien las piernas, pese a que la única persona que la podía ver en ese momento era House. La estudiante sacó un espejito del bolso para asegurarse de que no se le había corrido el rimel.
-¿Tan mal ha estado la conferencia?-preguntó House fingiendo preocupación.
La chica no supo que decir y, sin dar más explicaciones, se levantó del asiento y echó a correr.
-Me ha gustado mucho la conferencia-dijo Cuddy sinceramente.
-Sí, ya.
-En serio. No es que estuviese aburrida, es que me caigo de sueño.
-Claro, claro.
House se giró y comenzó a caminar en dirección a la salida, haciéndose el ofendido, mientras hacía todo lo posible por no empezar a reirse de nuevo.
-¡Espera!-dijo Cuddy corriendo detrás de él.-La conferencia ha sido muy interesante y…¿original?
-No te esfuerces, Cuddy. Sé que soy un completo negado para estas cosas.
-¿De qué hablas? Si yo siguiese dirigiendo el hospital, te habría elegido a ti para que dieses las conferencias. Se te da verdaderamente bien. Acuérdate de lo que me pasó a mí en la última que di y te sentirás mejor. Aquello sí que fue un verdadero desastre.
Con esas simples palabras inocentes, la mujer consiguió que se le ensombreciese el rostro. Por mucho que intentase no pensar en ello, sabía que, en parte, él era el culpable del desastre en que se había convertido la vida de Cuddy.
-Bueno, ¿qué te parece si nos vamos a comer por ahí? Dentro de cuatro horas tengo la siguiente conferencia-dijo tomándola por la cintura e intentando no darle más vueltas a la cabeza.
-¿Te molesta si no voy? Prefiero irme a descansar un rato.
-¿A la conferencia o a comer?
-A la conferencia. Hambre sí que tengo.
-No me molesta. Ya vendrás mañana, si quieres. Al fin y al cabo siempre es lo mismo.
Comieron en un restaurante caro cerca del hotel donde se alojaban y Cuddy se preguntó si todos esos gastos correrían a cargo del hospital o si House estaría haciendo de las suyas y aprovechándose de las circunstancias.
-¿Te apetece salir esta noche? Creo que hay una gran fiesta-preguntó él.
-¿Qué clase de fiesta?
-Una de las fiestas más importantes que se celebran en Madrid. Sólo tiene lugar unas pocas veces al año.
-Bueno, ¿por qué no? ¿Qué me pongo, vestido o pantalones?
-No te preocupes, que de la ropa me encargo yo.
Cuando terminaron de comer, House la acompañó al hotel y se tumbó a su lado en la cama a hacer tiempo. Ella se había desnudado completamente y se había cubierto con las finas sábanas. House acopló su cuerpo al de Cuddy, acariciándole suavemente el pecho, hasta que supo que se había quedado dormida.
La conferencia duró relativamente poco, ya que todo el mundo se quería preparar para el acontecimiento que tendría lugar esa noche, incluido él. Antes de volver al hotel, entró en varias tiendas e hizo unas cuantas compras imprescindibles.
Cuddy seguía profundamente dormida cuando entró en la habitación. House se acercó a la cama para despertarla, pero ella se giró en dirección contraria.
-Vamos, la fiesta empieza en menos de hora y media. Aún tenemos que vestirnos y arreglarnos.
-Quiero dormir.
-Vamos, Cuddy. Tienes que venir conmigo.
-Déjame un ratito más.
-No. Tienes que vestirte.
-Vísteme tú y yo duermo mientras.
-También tienes que maquillarte. A ese fiesta es obligatorio ir con la cara pintada. Incluso yo me tengo que pintar.
-Maquíllame tú, no es tan difícil.
En vista de que Cuddy no pensaba dar su brazo a torcer, el hombre se puso manos a la obra. De la bolsa de viaje que le había comprado en el aeropuerto, sacó el conjunto de ropa interior más cómodo que encontró. Era de algodón, sencillo y blanco, con un pequeño lacito rosa a juego en las bragas y el sujetador. A House le gustó mucho.
Primero le puso el sujetador y para ello tuvo que hacerla girar un par de veces. Ella se dejó manejar, como si de una croqueta se tratase, y siguió durmiendo. House aprovechó las circunstancias para darle un par de besos en los senos y sobarla un poco.
Pensó en lo mucho que le gustaban su cuerpo. Sabía que estaba por debajo de su peso y que, con dos o tres kilos más, estaría mucho más exuberante, así que su siguiente meta sería hacerla engordar un poco para que esos sujetadores le quedasen apretados y no le quedase más remedio que comprar nuevos.
Ponerle las braguitas fue algo más complicado, puesto que ya había comenzado a tener problemas en su entrepierna mientras le ponía el sujetador y el tener la posibilidad de mirarla y tocarla directamente en aquella zona, transformó el problema ya existente en una auténtica alerta roja.
Se apresuró a ponerle la prenda lo más rápido posible, pero aún así no pudo evitar pasar sus dedos suavemente por su sexo y al final acabó besándola en las ingles y la vulva.
Pese a que ella seguía en su mundo, para él fue demasiado y tuvo que encerrarse en el baño para terminar con su miseria. Hacerlo delante de ella, estando dormida, le parecía una bajeza, así que decidió ocultarse unos minutos.
Cuando regresó, todo resultó más fácil. Terminó de vestirla con la camiseta y los pantalones cortos que le había comprado. Por último, le puso unos calcetines y unas zapatillas de deporte.
Después se dispuso a pintarle la cara y, utilizando lápices faciales de dos colores, en unos cuantos minutos la tuvo más que lista.
A continuación repitió todo el proceso consigo mismo. Cuando terminó, la despertó y la obligó a ponerse de pie para que observase su obra de arte.
-¿Qué se supone que soy?-preguntó la mujer mirándose horrorizada al espejo. La había vestido con una atroz atuendo deportivo y le estaba poniendo un enorme gorro a juego en forma de pelota sobre la cabeza.
-Una hincha del Real Madrid. Esta noche juega contra el Barcelona, su eterno rival. Es un acontecimiento internacional.
-¿Vas a llevarme a un partido de fútbol?
-Por supuesto. Obligué a Gale a que retrasase la fecha de la conferencia para hacerla coincidir con esto.
-¿Y tenemos que vestir así?
-Vamos, no seas aguafiestas. Es más divertido.
Cuddy se observó una vez más en el espejo y miró a House de reojo. El sombrero que llevaba él parecía un cohete y era aún más ridículo. El uniforme constaba de unos pantalones cortos azules y una camiseta deportiva con rayas azules y rojas con un escudo en la parte izquierda del pecho. Sus caras estaban pintadas de los mismos colores.
Cuando llegaron al Santiago Bernabeu, la muchedumbre abarrotaba las calles. Tras hacer cola un buen rato, consiguieron entrar y fueron a sentarse en unas gradas donde toda la gente que les rodeaba vestía pulcros uniformes blancos.
-Supongo que esos son los seguidores del Barcelona.
-Claro, claro.
La mujer en seguida observó hostilidad en la mirada de la gente que les rodeaba. El partido comenzó y House desapareció durante un cuarto de hora para comprar comida. A ella empezó a darle miedo estar allí. Se sentía en terreno enemigo.
El Real Madrid marcó el primer gol en el minuto veinte del primer tiempo. Como House aún no había llegado, Cuddy decidió no festejarlo. Pero el hombre apareció de la nada pegando saltos y gritando algo así como "¡Barça, Barçaaaaaaa!"
-¿Qué es eso de Barça?
-Es una manera cariñosa de llamar al Real Madrid.
-Oye, he estado observando y creo que hay más gente de blanco que de azul y rojo.
-Que va, alucinaciones tuyas.
-No, quiero decir que hay miles de personas vistiendo el mismo uniforme que nosotros pero hay muchas más con el uniforme del Barcelona. ¿Es normal celebrándose el partido en Madrid?
-Pues claro. Es que los españoles lo hacen todo al revés.
-Espera un momento. Mira el marcador. Hace un momento ha marcado un gol nuestro equipo pero se lo han apuntado al Barcelona.
-¿Lo ves? Los españoles son tontos.
Los españoles serían tontos pero Cuddy no lo era y en seguida comprendió que House se la estaba jugando y le pegó una tremenda colleja.
-¿Estás loco?-dijo en un susurro.-Estamos rodeados de enemigos.
-Hay muchos de los nuestros.
-Sí, pero nos hemos venido a sentar en medio de veinte mil camisetas blancas. Y estamos en su terreno
En ese momento, el Barça anotó su segundo gol y House saltó de su asiento como si lo elevase el demonio. Cuddy pensó que moriría de dolor al volver a poner la pierna en el suelo, pero la euforia pareció actuar como anestesia.
-Te juro que como nos linchen, te mato. Hacía mucho que no pasaba tanto miedo. Mira que cara tienen esos de ahí.
El partido fue una auténtica pesadilla para Cuddy e hizo las delicias de su pareja. Los dos goles se convirtieron en tres durante el primer tiempo y en cuatro y en cinco durante el segundo. Cuando el árbitro pitó el final del partido, el Real Madrid no había conseguido ni acercarse a puerta.
Saliendo de las gradas, House se enzarzó en una discusión con un madridista y Cuddy, viendo que iban a llegar a las manos, tiró de él para hacerle salir por una puerta auxiliar que se encontraba justo al lado de ella. Pero House la ignoró y siguió humillando en español al seguidor del equipo contrario.
Ella pensó que las cosas se pondrían serias y le dio varios toques en el hombro para llamar su atención.
-Si estás dispuesto a que te maten unos hinchas obsesivos por una mierda de partido, me parece estupendo. Yo todavía tengo cuatro hijos que mantener. Adiós.
Y sin darle tiempo a reaccionar, Cuddy desapareció tras darle un buen empujón a la puerta. Ésta daba a un amplio pasillo blanco que parecía descender en círculos. La mujer echó a correr en cuanto la puerta se cerró a sus espaldas.
No llevaba recorridos ni cien metros, cuando escuchó su nombre a sus espaldas. Se detuvo y esperó a House con una sonrisa de triunfo.
-No creo que nos sigan, pero deberíamos correr un poco más-dijo el hombre cuando llegó a su altura, cojeando.
-¿Y cómo estás seguro de que no te siguen?
-No son los típicos hinchas folloneros. Es que yo los he provocado. Tienen tan pocas ganas de palos como yo.
-¡Qué listo eres! No vuelvas a hacer algo así cuando vengas conmigo.
De repente oyeron como una puerta se abría en algún sitio. Se miraron a los ojos y echaron a correr. Cuddy lo tomó de la mano para obligarlo a ir más rápido. Habían recorrido unos veinte metros por el pasillo circular, cuando una especie de bulto blanco se llevó por delante a Cuddy, separándola de la mano de House.
El hombre miró a su alrededor, desorientado. No entendía qué había pasado y no veía a Cuddy por ningún lado, hasta que comprendió que estaba tirada en el suelo, con el bulto blanco encima. Y el bulto blanco no era más que una fanática del Real Madrid que se había chocado con ellos a gran velocidad en dirección contraria.
-¿Estás bien?-dijo House agachándose para retirar a la chica y levantar a Cuddy. La mujer se tocaba la cara y se quejaba. Ambas se habían pegado un fuerte cabezazo. La otra chica se agarraba la frente y lloraba.
House consiguió levantar a Cuddy y, tras comprobar que no había sido más que un susto, ayudó a la muchacha.
-¡No puedes ir corriendo así por un pasillo circular!-dijo House en su español más correcto.
-¡Vosotros también ibais corriendo!-dijo ella levantando la cara y desafiándolo con la mirada.
-¡Eh! Tú eres la loca que esta mañana se ha quedado dormida encima de mi chica.
-¡Tú eres el doctor House!
La chica en seguida cambió al inglés y empezó a hablar atropelladamente. Estaba claro que era una fan de House y eso a Cuddy le molestó bastante.
-Tranquilízate, tú-le dijo House intentando callarla.
-No me llamo tú, me llamo Fátima.
-Vale Fátima. Si quieres te doy un autógrafo y nos vamos.
-De eso nada. Lo que quiero es que me busques curro en Estados Unidos.
-Echa currículum, como todo el mundo.
-Eso lleva tiempo. Si tú me buscas enchufe en algún sitio, me ahorras las molestias.
-¿Y por qué tendría que hacerlo?
-Porque si no lo haces, la denuncio-dijo señalando a Cuddy.
-¿A ella? ¿Por qué?
-Por chocar conmigo frontalmente y causarme daños físicos irreparables.
-Los daños físicos irreparables ya los traías tú de fábrica, chalada.
-Eso lo decidirá un juez. Me va a tener que pagar entre mil doscientos y dos mil euros.
-¡No pienso pagarte nada!-intervino Cuddy por primera vez.-¡House!
-Os habéis chocado las dos, ninguna tiene la culpa-dijo él.
-Me da igual, pondré la denuncia y que sepáis que mi familia conoce a gente importante.
-Mira como tiemblo.
-O me consigues el trabajo o ahora mismo voy a la policía.
-¿Ah, si?-preguntó House.-¿Estás segura de que sabes con quién estás hablando?
-Ni lo sé ni me importa.
-¿No sabes quién es esta mujer?-dijo señalando a Cuddy.
-Pues no.
-¿No? Pues yo tampoco. Ale, ahora vas y le pones la denuncia a tu abuela. Si es que sabes como se llama…
Y tomando a Cuddy de la mano, la obligó a correr de nuevo hasta encontrar la salida más cercana, que les llevó fuera del Santiago Bernabeu.
Era tarde y tenían hambre, así que entraron en el primer restaurante que encontraron para picar algo. El sitio estaba abarrotado de madridista llorones que no paraban de decir que les habían robado la liga. Tuvieron que esperar un buen rato hasta conseguir mesa, ya que, al ser del Barça, el acomodador optó por ignorarlos.
-¡No puedo creer que me haya querido denunciar!-dijo Cuddy, aún resentida por lo que había pasado.
-He sido un poco duro con ella. La muchacha parecía maja. Le podría haber ayudado a encontrar un trabajo en Leeverfield. Aunque, si es cierto que su familia tiene tantos contactos como alardea, dudo que hubiese aceptado trabajar por unos míseros mil quinientos dólares.
-¿Mil quinientos dólares? ¿De qué estás hablando?
-Del trabajo que le podría haber conseguido, si no se hubiese puesto tan chula.
-¿Hay un sitio en Leeverfield dónde pagan mil quinientos dólares y no me lo dices?
-Tú ya tienes trabajo.
-Sí, donde no gano ni mil doscientos. Y tú te enteras de que hay algo mejor y estás dispuesto a decírselo a una extraña antes que a mí. No sé ni que pinto aquí.
-Tranquilízate, por favor. Nunca me has dicho que quisieses buscar otra cosa.
-Porque no hay otra cosa mejor. Lo único que me han ofrecido en estos años es trabajar como recepcionista en el hotel Vegas, el que hay en las colinas. El sueldo era un poco más elevado pero me tocaba hacer turnos de mañana, tarde o noche, dependiendo de la semana. Y eso para mis hijos era un total descontrol.
-Entiendo.
-Nunca he sabido de un sitio en el que paguen esa cantidad. ¿De qué horario estamos hablando?
-De mañanas. Ocho a cuatro, probablemente.
-¡Joder! ¿Sabes que sería perfecto para mí y se lo ofreces a la primera que se estrella contigo?
-No es un puesto de trabajo que exista ya, pero probablemente se creará en unos cuantos meses.
-No entiendo nada. Pero aún así, tendrías que habérmelo dicho a mí primero.
-Pues no.
-¿No?¿Por qué no? ¿No crees que esté capacitada para desempeñarlo?
-Por supuesto que estás capacitada. Pero para ti tengo pensado algo mejor.
-¿El qué?
-Ya lo sabrás. Si es que llega el momento
