Hermione sonreía, mientras observaba, sentada en un banquito. A lo lejos, estaba Severus Snape cerca de los invernaderos, sosteniendo una charla con Hagrid. No duró mucho y era una monotenía, entre asentir y negar con la cabeza. Luego de hablar, Snape, caminaba hacia ella con una sonrisa.

Se sentó con calma junto a Hermione y la contempló con una sonrisa suave. Hermione, seguía mirando hacia los invernadero con mucha tranquilidad.

- Hola, Hermione- dijo, pero ella no le respondió. Supuso, que necesitaban más privacidad así que, caminaron por un pasillo largo.

- ¿Cómo te encuentras hoy?- le dijo él, con una sonrisa y Hermione ladeó la cabeza con un suspiro. Severus seguía mirándole con una sonrisa en su rostro, aunque ella no hubiera respondido aún.

- Muy bien, gracias por preguntar- dijo ella y Severus, sonrió con más deseo.

- Hermione, quisiera...- musitó, y se silenció ante lo que iba a pedirle. Hermione, se imaginaba lo que estaba pidiendo, así que dejó de caminar. Con una sonrisa ella se dio la vuelta para mirarle.

- ¿Quieres...? ¿Un beso, acaso?- dijo ella y Snape, no contestó lo que Hermione quería saber. Bien, quizás lo deseaba.

No le tomó mucho tiempo a ambos, para encontrarse juntos. Severus, sostenía a la pequeña estudiante y la había subido a un banquillo, para poder rozar sus labios con los suyos. Un beso apasionado, pero sencillo. Severus, no quería apresurar los momentos y evitar lo que habían vivido momentos antes. La contempló con calma, mientras Hermione tenía las mejillas sonrojadas y la vista, mirando al suelo.

- Gracias- le dijo y ella, asintió, bajándose del banquillo con un brinco. Con una sonrisa, Hermione colocó su mochila en su hombro y Severus, pudo proseguir su camino.

Las clases, estaban bastante calmas. Severus, parecía de "buen" humor y Harry no quería tentar su suerte. Mucho menos, Ron. Hermione, continuaba mirando a la anda con un gesto de felicidad, mientras la clase se impartía. Incluso, Severus ni se fijaba en eso y pasaba por sobresalto, que Hermione no estuviera al pendiente de él.

- ¿Qué es lo que le pasa?- preguntó Ron y Harry, se encogió de hombros- ¿Acaso Snape, volvió a embrujarla?

- Creo que...- musitó Harry, pero no logró sacar algo lógico en su cabeza- ¿Hermione?

La joven, sonrió y se dedicó a su poción. Al final de la clase, se quedó sentada, recogiendo sus cosas y Snape, caminó hasta su puesto con mucha calma. Colocó sus manos sobre el puesto y la contempló. Minutos después, ambos estaban besándose. Hacían emular a dos jovencitos infantiles, que descubrían el amor por primera vez.

Severus, abrazó a la joven y permaneció en el silencio de los vapores de las pociones condensándose y fluyendo entre matráces de vidrio. Hermione, contempló el ambiente y delineaba con la vista, las rutas que tomaban esos líquidos. Era fantástico, disfrutar del silencio.

- ¿Tienes, algo que hacer hoy?- le preguntaba el profesor y Hermione, meditaba al respecto.

- No, creo que no. Mañana es viernes y...

- Sí, libre para ir a Hogsmade- ¿Puedo, pedirte un favor?

- ¿Qué clase de favor?- musitó ella, recordando antiguos momentos.

- No es nada grave- dijo- sólo quisiera, que me hicieras compañía esta noche.

- ¿Sabe lo que pienso de...?

- Sólo eso.

Hermione asintió una vez más y Snape, la dejó ir. Al atardecer, Ginny observaba como ella se arreglaba para algo que no quería confesar. Se levantó de la cama donde estaba acostada y caminó hacia ella con lentitud. Se acomodó el cabello e intentó formular la pregunta. De todas formas, ya se imaginaba la respuesta.

- ¿Vas, al despacho de Snape?- preguntó, con una vocecilla cómplice y Hermione ladeó la cabeza. Estaba algo sonrojada.

- Voy a...¡a la biblioteca!- mintió y Ginny sonrió con picardía.

- Pues que te aprovechen los libros- confesó, caminando hacia el baño- si alguno de ellos, te muerde me avisas.

Ella le miró con una sonrisa y caminó hacia el retrato. Con un suspiro, juntó sus manos hacia el pecho y bajó las escaleras hacia las mazmorras. Llamó, pero la puerta estaba entre abierta. Con un caminar trémulo, ella entró.

Severus, estaba sentado en un sofá y leía. Ella, carraspeó para hacerse notar. El hombre, alzó la cabeza y la miró.

- Puedes cerrar la puerta. La dejé abierta, para ti- le dijo y ella, asintió en silencio- Siéntate aquí- indicó, en un pequeño taburete.

Hermione le hizo caso y en poco tiempo, ambos estaban sentados frente al fuego. Severus estaba leyendo algo, sobre la teoría mágica y Hermione, estaba contemplándolo sin mucho qué hacer. ¿Por qué?

- ¿Lista?

- ¿Para qué?

- Nos vamos a un lugar especial- dijo, con un suspiro. Hermione miró lo que sostenía entre sus manos. Un libro.

- ¿Ves este libro? Sólo dime a dónde quierer ir y en un abrir y cerrar de ojos, las llamas nos llevaran.

- ¿Pero eso...el castillo?

- No sucederá nada- confesó el hombre y le entregó el libro- ¿Algún paisaje bonito?

Hermione sonrió, mirando lo que el libro le mostraba. Berlín, París,Venecia, Madrid. Un sin fin de lugares paradisíacos.

- Una isla.

- Hermione...

- Sí lo sé, no se podrá regresar.

- No, es fantástico- dijo el hombre y Hermione, le observó con el entrecejo fruncido. ¿Por qué lo era, a ciencia cierta?

- No entiendo.

- Es el mejor lugar, para estar apartados de todo- confesó y con un suspiro, se acercó hasta las llamas- arranca la hoja y échasela a las llamas.

Hermione obedeció y osbervó como Snape, con paso militar, caminaba hacia las llamas de su chimenea. Ella, le alcanzó muy pronto y ambos podían ver el cálido fuego sobre ellos; que no quemaba ni un centímetro de piel. Luego de un par de segundos, el entorno comenzó a moverse con absoluta facilidad y Hermione sentía que su cabeza estaba dando vueltas fuera de su cuello.

En poco tiempo, estaban en aquella hermosa isla caribeña. Para fortuna de ella, no estaba deshabitada. Sin duda, hubiese sido deprimente, si se quedaban varados en un lugar como ese. ¿Qué locuras, se le estaban ocurriendo a su profesor? Visitar una isla en media semana, no sonaba nada cuerdo. Sonaba a un asunto, de Albus Dumbledore.