- Necesito pensarlo.

Con esto, el rubio salió de la sala de juntas sin esperar la objeción de nadie. Necesitaba unos minutos para sí mismo.

Regresar a la empresa sería volver a abrir la herida de su corazón al ver a Sasuke de nuevo. Sería exponerse a ser blanco nuevamente de la burla de los miembros de la junta directiva. Pero ahora era diferente. Se sentía diferente.

Entró de nuevo al recinto y proclamó la respuesta.

- Ya lo pensé bien y me comprometo a ayudarlos. Acepto la presidencia de Akatsuki.

- ¡Ah qué bueno!

La voz de Tohma fue la primera en oírse con sorna.

- Que gusto. ¿No, Sasuke? ¿Ahora qué se supone que debemos hacer? ¿Darle las gracias licenciado?

- ¡Tohma! Por favor.

- No necesito que me dé las gracias. Lo estoy haciendo por mí, por mi tranquilidad, no por hacerle un favor a usted Seguchi-san.

- ¿Cuáles son tus condiciones Naruto?

Preguntó el mayor de los Uchiha.

- Yo no quiero quedarme en Akatsuki seis meses. Pienso resolver el problema económico lo más pronto posible y para eso necesito libertad de movimiento, no quiero depender de nadie y mucho menos recibir órdenes de Sasuke Uchiha.

Su mirada se dirigió a la del ojinegro, tratando de leer aquella oscuridad que eran sus ojos sin encontrar alguna reacción.

- Qué bueno que empezamos bien Uzumaki, yo también estoy de acuerdo en que no reciba órdenes de Sasuke porque se trata de salvar esta empresa, no de hundirla definitivamente.

- Tampoco estoy dispuesto a permitir que usted me siga ofendiendo Seguchi-san.

- ¡Entonces qué es lo que quiere! Díganos, quiere mandar aquí y hacer lo que se le dé la gana.

- Él sólo aclaró que no quiere que lo ofendas. De todas maneras, Naruto, yo creo que Tohma tiene todo el derecho de supervisar su trabajo, eso no se le puede negar.

- Por supuesto que no. Que supervise lo que quiera, pero que me respete.

- Perfecto. ¿Algo más?

- Sí Fugaku-san. Necesito hacer unos cambios en la plantilla ejecutiva. Me gustaría contar con alguien que es muy importante para mí. El señor Harry Potter.

Sasuke sintió que el mundo se le venía encima ¿Potter? ¿Potter en la empresa? ¿El maldito Potter?

- ¿Es su compañero? ¿Economista? ¿El gerente de Rage Inc?

- Sí Fugaku-san.

- Es un gran economista indiscutiblemente Fugaku-san.

Agregó Ronald.

La puerta de la sala de juntas de abrió nuevamente y por ella apareció Draco con su porte arrogante como siempre.

- Lamento interrupción, pero los Winchester y Uesugi ya llegaron.

- Hazlos pasar.

K entró e inmediatamente sintió la tensión del ambiente, entonces tomó su lugar.

- ¿Qué ha sucedido?

Entonces recabó en la presencia del antiguo asistente de presidencia.

- Gusto en verte de nuevo Naruto.

- Igualmente K-san

Eiri no saludó a nadie en especial, simplemente tomó asiento.

- Lo hice venir para informarles la resolución de la junta de comité en relación con el nuevo presidente de Akatsuki. Naruto es el nuevo presidente.

K le sonrió al rubio mientras Eiri sólo le dirigió una mirada fría. Esa era la persona que le robaba la atención de su preciado Shuichi. Un oponente sin duda.

- Naruto ocupará temporalmente la presidencia y necesitará la colaboración de todos ustedes.

Con unos cuantos asuntos más, la junta se dio por terminada. Sakura y Mikoto prácticamente salieron corriendo hacia el despacho de la primera. Los hermanos Uchiha fueron llamados a presidencia por su padre. Los abogados se retiraron mientras K, Eiri y Naruto salían a ver al club. Iruka y Kakashi habían llegado y al saber lo que sucedía, todos prácticamente se encontraban fuera de la sala de juntas esperando noticias de su blondo amigo.

Eiri llamó la atención de todos.

- Como coordinador del área de relaciones públicas es mi deber informarles que el joven Naruto Uzumaki será el nuevo presidente de Akatsuki

Todos aplaudieron y fueron a abrazar al ojiazul. Era hora de celebrar.

Sakura dejó la empresa con la excusa de que necesitaba estar sola. Se fue a uno de los restaurantes que solía frecuentar cuando salía con Sasuke y mientras buscaba una mesa se encontró con Deidara acompañado de un pelirrojo.

- Hola Deidara ¿Cómo estás?

- Bien Sakura, siéntate. Te presento a mi amigo Gaara no Sabaku, viene de visita a la ciudad.

- Mucho gusto en conocerla señorita Sakura.

- Igualmente.

La pelirrosa se presentó como la ejecutiva financiera de Akatsuki llamado la atención de Gaara.

- Deidara, tengo que contarte, Akatsuki se ha vuelto un infierno.

- ¿Porqué Sakura?

- No te imaginas a quien pusieron como nuevo presidente de la empresa.

- ¿A quién?

- Al fenómeno. A Naruto Uzumaki.

El rostro del pelirrojo se volvió serio.

- Entonces vámonos.

Puestos de acuerdo, los del club habían decidido que irían a un antro a festejar le nuevo nombramiento del rubio. Ya estaban a punto de entrar al elevador cuando una voz los detuvo.

- ¡Naruto!

El aludido se detuvo siendo seguido por los demás, pero no se atrevió a voltear.

- Naruto, tengo que hablar con usted un momento.

- Lo... lo siento pero quedé con mis amigos. Ya nos vamos.

Los del club no entendían la situación, después de todo, no sabían nada.

- Vamos Naru, habla con él.

Insistió Shuichi dentro de su inocencia y entonces los demás comenzaron a insistir.

- Anda, te esperamos en recepción.

Todos entraron al ascensor, dejando a rubio sólo con su antiguo jefe.

Naruto volteó, encarando al moreno. Sasuke no sabía cómo comenzar, pero suspiró y empezó a hablar.

- Naruto, desde que se fue de Akatsuki no hemos podido hablar.

- Ya no tenemos de qué hablar.

- No, no, no, al contrario, quedaron muchas cosas pendientes. Cosas muy importantes que aclarar y créame que he esperado este momento con muchas ansias Naruto.

- Sasuke, de seguro usted tiene mejores cosas que...

- No Naruto, escúcheme, tenemos que hablar, sobre todo lo de esa carta que usted leyó y que sabe que yo no escribí.

- No, y tampoco escribió las tarjetas que me daba. Yo sé que no eran suyas todas esas frases de amor Sasuke-san.

- No, no es así Naruto.

Sasuke entendía el dolor y más aún pues era el mismo que él sentía.

- Mire Sasuke-san. Ya no tiene caso. En verdad ya no tiene caso, su empresa está a salvo. En cuanto terminemos de pagar las deudas... yo se la regreso. No tiene porqué darme explicaciones porque no le he pedido ninguna.

Naruto comenzó a caminar, sacándole la vuelta al moreno, pero Sasuke lo detuvo sosteniendo su brazo.

- Naruto... No he terminado... Por favor...

- Entonces todo sería perfecto, pero creo que lo más conveniente es que le plantaran una oficina en Akatsuki. ¿No lo crees Gaara?

El pelirrojo sólo afirmó. Sakura ahora sabía que ese tal Gaara traía un proyecto grande de difusión cultural en base a pinturas y había escogido a Akatsuki como casa productora. Era una muy buena oportunidad para la empresa, además de que en la situación actual, cualquier proyecto era bienvenido.

- Creo que esa es una propuesta que te viene como anillo al dedo ¿No, Gaara?

- Por supuesto.

Y más que anillo al dedo. Ahora podría estar cerca de Naruto...

- No quiero que me recuerde como el tipo que la lastimó. Quiero que piense en mí como el hombre que está aprendiendo la lección más dura de su vida.

Naruto no pudo seguir sosteniéndole la mirada. Su entereza estaba flaqueando.

Tuvo que darle la espalda para decir lo que iba a decir.

- Sasuke-san... Yo ya no pienso en usted. No quiero que nadie se entere de que estuve hablando con usted.

- Pero...

- Mañana nos vemos en el juzgado.

- Pero Naruto... Tienes que escucharme. Es que maldita sea Naruto, esto puede sonarte ridículo y quizás no debería decírtelo, pero debes de saberlo. Yo... todavía te amo... con todas las fuerzas de mi alma...

La mirada de Naruto se enturbió. Esto era un mal juego. Debía de ser una absoluta mentira.

- En realidad, estoy perdidamente enamorado.

- ¡Es suficiente! ¿Cómo se le ocurre que voy a creerle? Le digo algo. Es obvio que usted no cambió ni un poco, pero yo sí cambié. Ya no necesito que usted me hable bonito para sentirme bien, ya aprendí a quererme y a darme a respetar entre los demás.

- Pero Naruto, yo te respeto, y si el problema es Sakura, yo quiero que se...

No terminó su oración cuando su teléfono ya estaba sonando. Naruto se le quedó viendo.

- Conteste. Conteste Sasuke-san, debe de ser ella... Sasuke-san. Por favor no vuelva a atormentarme.

- ¡Naruto!

La voz de Shuichi se escuchó y Naruto dejó al moreno para ir con sus amigos que lo esperaban.

Entonces Sasuke se quedó sólo con su teléfono que no paraba de sonar.

- Yo te amo... Yo te amo Naruto... mucho.

Al día siguiente, Sasuke, Naruto, Harry y sus correspondientes abogados se presentaron en las oficinas del juzgado y le plantearon la situación. De cómo querían un plazo para poder permitirle a Akatsuki pagar todas sus deudas. Al terminar, el juez se dirigió a Naruto.

- ¿Está usted seguro de esto?

- Por supuesto que sí, Sasuke-san y yo llegamos a ese acuerdo.

- Bueno, en ese caso y para que aprendan a respetar la justicia, les concedo una prórroga de tres meses.

Por unos segundos se sintieron aliviados más sin embargo, al mención de tres meses era irracional.

- Pero...

- Estoy dando una orden que no está sujeta a discusión. A lo largo de los tres próximos meses, Akatsuki debe cumplir el total de sus deudas. ¿A cuánto asciende?

Fue el turno de Naruto de contestar.

- A 6.5 millones de dórales.

- Correcto. Señor Uchiha, su empresa debe pagar 2.166,666 dólares mensualmente a sus acreedores, de modo que al término de esos seis meses, usted salde el total de la deuda

Gaara se estaba acomodando en su nueva oficina. Era la nueva sensación de la empresa, todos se morían por saber quién era el nuevo bombón, entre ellos los del club.

Había preguntado por Naruto a Shuichi, pero el pelirrosa le había contestado que se habían ido temprano al juzgado a pedir la prórroga.

Se había presentado con los del club, regalándole sus más sinceras sonrisas. Todos le cayeron muy bien, de seguro serían una gran compañía. Ya los conocía un poco pues Naruto les había hablado de ellos, pero conocerlos en persona era mejor.

- Espero que te sientas cómodo aquí. Trabajarás de cerca con K que es nuestro diseñador gráfico.

Sakura le terminaba de dar indicaciones.

- Sí, gracias, esta oficina es estupenda.

- Eso es todo.

Em lo que los abogados y el juez se despedía, Sasuke no se dio cuenta cuando Naruto y Potter habían abandonado su habitación.

Se habían escapado.

Bueno, eso sólo sería un rato pues de todas maneras lo volvería a ver en la empresa. Era lo que lo animaba.

Manejó de vuelta a Akatsuki y al llegar le pasó las llaves de su auto al guardia para que le guardara el auto en el estacionamiento de la empresa.

En su camino no pudo evitar con un pelirrojo.

- Lo siento mucho, iba distraído.

- No hay problema

Sasuke ofreció su mano como signo de cortesía.

- Sasuke Uchiha, mucho gusto.

El pelirrojo se le quedó viendo.

- He escuchado hablar mucho de usted.

- ¿Y eso cómo?

- Tenemos amigos en común. Soy Gaara no Sabaku.

- ¿Y qué lo trae por aquí?

- Varias cosas, entre ellas un asunto con Crawd Winchester.

- Ah, K entonces...

Ni siquiera terminó la oración cuando Gaara había retomado su andar dejándolo con la palabra en la boca.

- ¿Sasuke?

Itachi iba saliendo de la empresa y se había encontrado a su hermano.

- No me asustes hermano.

- No te asusto. ¿Y ese quién es?

- Es un amigo de K. Me cayó mal.

- Deberías dejar esos chocolates enano, si no quieres terminar como pelota. Ja ja ja.

El ácido comentario de Draco hacia Shuichi mientras comía su chocolate diario fue lo suficiente como para hacerlo bajar la golosina. Hiro que pasaba por ahí se dio cuenta, llamando a Kiba y a Shino en el proceso.

- No le hagas caso Shu, es un envidioso, el nunca podría come esos chocolates todos los días.

- Pero... ¿Estoy engordando?

Una lagrimita amenazó con salir del orbe amatista. Eso significaría problemas.

- Por supuesto que no Shuichi, al contrario, te vez radiante y toma en cuenta que en poco tiempo eso será inevitable.

Kiba trató de levantarle el ánimo.

- Maldito Malfoy

- Tengo una idea Shu.

- ¿Qué cosa Hiro?

- Algo que hará que Malfoy se muera de la vergüenza... Lo discutiremos a la hora de la comida, por cierto... ¿Ya vieron al nuevo bombón de la empresa?

Cuando Naruto regresó a la empresa, se encontró a los del club todos en el escritorio de Shuichi, aparentemente envueltos en una acalorada plática, y cuando lo vieron, lo jalaron a su "reunión".

- Naru, ¿Tu sabes quién es el nuevo bombón que anda por aquí?

Preguntó Shuichi.

- No Shu, voy llegando.

- Ah, los de otros departamentos dicen que está guapísimo y que es un ángel...

Dijo Iruka. Kakashi inmediatamente lo envolvió en un abrazo.

- Ne Iruka, no hables de otros hombres cuando estás conmigo

Dijo en un tono algo celoso ocasionando que los demás rieran.

- Shuichi...

El grupo calló cuando un rubio de ojos mieles llamó la atención del grupo, en especial del pelirrosa.

Eiri había tenido suficiente. Que su pelirrosa estuviera hablando tan entusiasmadamente de alguien más le rompía el corazón. Sus progresos eran lentos. Shuichi comía todos los chocolates que le enviaba y en las últimas semanas hasta guardaba las tarjetas en su cajón. Lo sabía porque siempre lo espiaba después de dejar la caja de chocolates y su correspondiente tarjeta.

Siempre eran mensajes cortos pero eran creaciones suyas. Misteriosamente aunque se desempeñaba estupendamente como escritor, al escribir esas notas, era un poco dificultoso. Nunca estando acostumbrado a expresar abiertamente sus sentimientos, definitivamente esas tarjetas eran todo un reto. Reto que aceptaba gustoso s la recompensa era que podría tener a Shuichi de nuevo entre sus brazos, y esta vez para siempre.

Era momento del siguiente paso. Entregar personalmente su presente. Era difícil. Estaba esperando un momento en que los del club se fueran y dejaran a su niño sólo, pero al verlo hablar tan feliz de otro hombre, no aguantó más.

Caminó hasta la bolita de empleados, quedando frente al pelirrosa quien lo mirada con una tez indescifrable.

- Esto es para ti.

Y sin decir nada más regresó a su oficina. Las palabras sobraban, esperaba que Shuichi entendiera eso.

Los muchachos voltearon a ver al pelirrosa quien sólo veía como su ex pareja regresaba a su oficina. Su mirada entonces viajó al paquete que reposaba en sus manos. Dentro del paquete venía una caja de sus chocolates y otra postal.

Extraño tu presencia, tu sonrisa tranquila, tu mirada ufana, quiero que vuelvas.

E.U.

Suspiró.

- Shuichi... ¿Has pensado en darle otra oportunidad?

- Lo pensaré después Naru...

- Naruto...

El rubio y lo demás voltearon a ver al dueño de esa melodiosa voz y el semblante de Naruto brilló.

- ¡Gaara!

- ¡Es él!

Así que ese era el hombre que estaba causando tanto revuelo en la empresa.